¿Son peligrosos los nuevos contadores de la luz?

Las compañías de electricidad –y todo indica que las de gas y agua van a hacerlo después- están cambiando sus actuales contadores por otros electrónicos con la excusa de que mejoran la calidad del servicio. Telegestión llaman a su propuesta que no tiene otro objetivo que poder controlar nuestros datos de consumo eléctrico desde la central sin tener que mandar personal a leerlos; sólo que el sistema elegido funciona en muchos casos emitiendo 24 horas al día microondas -es decir, radiaciones electromagnéticas- con el riesgo que eso supone para la salud además de inyectar altas frecuencias en la red -para emitir datos- algo no realizado hasta ahora de manera masiva por lo que se desconoce su posible impacto en la salud. Lo lamentable es que la medida la ha impuesto la Comisión Europea, órgano integrado por 27 comisarios -uno por cada país de la Unión- en el que el representante español es Joaquín Almunia. En suma, los nuevos contadores pueden perjudicar la salud de los ciudadanos. Se lo explicamos.

La propuesta de cambiar los actuales contadores en fábricas, oficinas y domicilios particulares por otros que permitan a las empresas controlarlos a distancia para ahorrarse el coste que les supone tener que enviar alguien a leerlos se puso en marcha hace ya años, cuando aún existían algunas dudas sobre los peligros de las radiaciones electromagnéticas de las microondas en la salud. Solo que hoy tales dudas sólo existen entre las personas desinformadas o mal informadas.

En España la regulación de este cambio se inició en el ámbito de la electricidad mediante la Orden ITC/3860/2007, de 28 de diciembre –publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de 29 de diciembre de 2007- que establecía que todos los contadores de potencia inferior a 15 kW debían sustituirse antes del 31 de diciembre de 2018 por equipos que permitan la telegestión. El 35% antes de que finalice 2014, otro 35% cuando acabe 2016 y el 30% restante antes de que termine 2018. Pudiendo los clientes optar por comprar el contador o alquilarlo pero teniendo que hacerse cargo en el caso de Iberdrola de los costes de instalación. Es decir, se cambian para beneficiar a las empresas pero lo tienen que pagar los consumidores ¡por decisión del Gobierno! Y es que ya se sabe que nuestra clase política está al servicio del poder económico.

Pues bien, para ello hay que empezar sustituyendo los antiguos contadores de electricidad -aparatos presuntamente caducos aunque funcionan perfectamente- por otros electrónicos que permitan que los datos puedan transmitirse hasta la central. ¿Cómo? Pues merced al llamado Sistema PLC -por sus siglas en inglés de Power Line Communications o Comunicaciones por Línea Eléctrica-, método que permite enviar datos usando como soporte los propios cables de la red eléctrica convencional ya que la convierte en una línea digital de alta velocidad al usar altas frecuencias; es decir, por encima de los 50 herzios que es la frecuencia normal de la red. De esa manera el propio contador hace llegar la información correspondiente de cada usuario hasta la compañía. En unos casos porque el mismo contador cuenta con una antena que emite directamente los datos a la central -que es lo que al parecer está haciendo Iberdrola–  y en otros porque la señal va desde el contador individual hasta un aparato –un concentrador– ubicado en el interior del centro de transformación de la zona y desde éste se emite luego la información a la central a través de una antena –que es por lo que ha optado Endesa-. Con lo que en unos casos desde todas las viviendas de cada edificio se emiten radiaciones de microondas y en otros desde cada centro de transformación (normalmente uno por urbanización o manzana).  Y a eso es a lo que se llama telegestión: a no tener que ir hasta cada contador a hacer la lectura del consumo de luz porque ésta se transmite vía aérea.

En suma, los concentradores -uno en cada centro de transformación- recogen y ordenan los datos de cada usuario provenientes de los contadores situados en los portales y los envían a los centros de control de cada ciudad o zona, bien utilizando la red actual de comunicaciones inalámbricas -de la que forman parte las antenas de telefonía móvil que vemos repartidas por todo el territorio-, bien instalando nuevas antenas.

Y se hace mediante Wimax -siglas de la expresión inglesa Worldwide Interoperability for Microwave Access o Interoperabilidad mundial para el acceso por microondas-, método de transmisión de datos que utiliza ondas de radio con frecuencias de entre 2,3 y 3,5 gigahercios. Es decir, se trata de un sistema similar al WiFi solo que de mayor potencia y alcance.

Y aquí radica el principal problema: si ya la red de antenas de telefonía en España es absolutamente inadmisible resulta que ahora va a aumentarse de forma brutal haciéndola mucho más densa. De lo que cabe inferir que la radiación electromagnética de nuestro entorno será en breve enorme. Justo cuando todos los organismos internacionales están recomendando sustituir las antenas de telefonía, los WiFi y los Wimax por fibra óptica. Kafkiano.

Obviamente autorizar contadores individuales que por sí mismos emitan radiaciones en cada casa es ya criminal. Más aún que instalar “sólo” antenas en cada centro de transformación porque no es lo mismo que en una urbanización de 100 vecinos se emita radiación a través de una sola antena –caso Endesa– que el que haya 100 emisores –caso Iberdrola-. Aunque no es menos cierto que el sistema de Endesa requiere que los datos de los centros de control de cada zona se envíen luego hasta la central de operaciones y eso implica también miles de antenas.

¿Y se ha hecho antes de aprobar todo esto algún estudio del impacto que puede tener en la salud de las personas? La respuesta, por incomprensible que resulte, es NO.

LA CALLADA POR RESPUESTA

Según los datos técnicos de los contadores que Iberdrola ya está instalando –hemos revisado los de Bilbao, Castellón de la Plana y Portugalete- sus aparatos irradian 0’000037 V/m… pero no dicen si cuando están en estado de reposo o emitiendo información a la central. Se limitan a decir que cumplen la norma europea IEC50065-1. Y eso contrasta con lo que asevera la organización independiente francesa Next-Up –dedicada a la lucha contra la contaminación electromagnética- que ha llegado a medir 17’16 V/m en la habitación de un bebé. Es decir, una radiación ¡46 millones de veces superior a la declarada!

Alarmados ante la situación decidimos preguntar en primer lugar tanto a Endesa e Iberdrola como al Ministerio de Industria si el sistema PLC y los aparatos inalámbricos del pomposamente llamado “sistema de telegestión” son inocuos, si se ha realizado algún estudio para saber si pueden causar daños en el medio natural y en las personas… y ni los responsables de Iberdrola ni los del ministerio se dignaron a respondernos. Y es obvio que si existiera nos lo habrían dicho y enviado encantados. Endesa en cambio, a través de una portavoz de su departamento de  Comunicación, no tuvo reparo en reconocer que ellos no han realizado ningún estudio de impacto ambiental. Eso sí, nos aseguraron con énfasis que ya se han cambiado 35 millones de contadores en todo el mundo “sin que haya habido problemas”.

Carlos Requejo, arquitecto interiorista y consultor ambiental especializado en contaminación electromagnética, nos diría al respecto: “Existen diversos sistemas de conexión -tipo RTC, GPRS o TCP/IP- que realizan la lectura y el envío remoto de datos siendo el sistema más usado en el mundo el GSM/GPRS (el de la red de comunicaciones inalámbricas). Luego al ser inalámbrico emite microondas y el riesgo biológico es comparable al de la red WiFi. De hecho a mí me han llegado quejas porque al menos en algunos sitiosse están instalando contadores con modem GSM/GPRS -es decir, que emiten microondas- y se han medido entre 20 y 50 mV/m; o sea, unos 10 µW/m2. Afortunadamente como la emisión es de baja potencia el apantallado de microondas es relativamente sencillo. Pero hay que hacerlo”.

En suma, ante la falta de información fiable numerosas personas están procediendo a hacer ellos mismos mediciones o a encargarlas a expertos. Y si bien sus resultados no tienen el valor de un estudio científico dejan entrever que los datos obtenidos no coinciden a menudo con los expuestos por las compañías. Un ingeniero de Gijón con el que hablamos -en la mayoría de Oviedo y Gijón se han cambiado ya casi todos los contadores de electricidad- realizó mediciones en un contador inalámbrico instalado en el concejo de Lena (Asturias) -en casa de sus padres- y los valores oscilaban entre 10 y 20 mV/m. Nada que ver pues con lo que dice la compañía que los instala.

EL PRECIO DEL CAMBIO Y LA SEGURIDAD DE LOS DATOS

Y a todo esto, ¿sabe el lector cuánto le va a costar cambiar su contador para que las compañías eléctricas necesiten menos empleados y ganen más dinero? Los responsables consultados de Endesa nos aseguraron que “el ciudadano no tiene que pagar nada por sustituir los contadores tradicionales por los nuevos inteligentes que permiten la telegestión. Se mantiene el alquiler del terminal, fijado por ley, que también existía hasta la fecha. Ademásno precisa ninguna obra adicional. Es muy simple; solo hay que retirar el contador tradicional, sustituirlo por el nuevo  por técnicos autorizados, conectarlo a la red y precintar el contador. Otra cosa es que el domicilio o bloque de viviendas no tuviera la instalación eléctrica en condiciones que eso ya no es responsabilidad de la compañía distribuidora”. Sin embargo un grupo de clientes asturianos de esa compañía discrepan. El ingeniero antes citado -que nos pidió quedar en el anonimato – nos diría: “A mí nome cobran nada en concepto de alquiler pero resulta que el consumo se ha disparado inexplicablemente. Tengo registrados los consumos de la vivienda desde 1995 y el cómputo mensual es de 285 kWh/mes (en la amplitud total de muestra). Promedio que llegó a alcanzar en años recientes los 400 kWh en meses puntuales. Bueno, pues desde el 2 de marzo de este año las facturas indican que ahora consumo entre 800 y 1.000 kWh/mes. He cursado la oportuna reclamación ante la comercializadora –EON- pero aún no me han contestado”.

Y es que ésa es otra: ¿cómo podemos saber los consumidores si los contadores son de fiar? ¿Cómo podemos saber que el consumo que marcan es real? Es más, ¿pueden manipularse los nuevos contadores desde la central de la compañía eléctrica? Porque resulta sospechoso que muchas de las personas a las que hemos consultado les haya pasado lo mismo. Aunque en ello tenga mucho que ver que más del 43% de lo que se nos factura corresponde ya ¡a recargos e impuestos!

A lo dicho hay que añadir la preocupación por la confidencialidad de los datos de los clientes ya que con las mediciones “en tiempo real” y los nuevos servicios de telegestión que tienen previsto ofertar las compañías se pueden obtener datos de nuestros hábitos de consumo.Algo que según Endesa se ha previsto asegurando que “la encriptación y autentificación de los datos garantiza al cien por cien la privacidad y seguridad de la información que circulará por los contadores”; sólo que eso no impide que ella pueda ejercer un mayor controlde nuestra vida privada.

Cabe añadir queEndesa, pionera en telegestión, cuenta en la actualidad con el mayor número de contadores electrónicos instalados ya que empezó a cambiarlos en junio de 2010 merced al proyecto Ciudad inteligente de Smartcity de Málaga por lo que a finales de 2011 ya había colocado un millón en los territorios en los que opera: Cataluña, Aragón, Baleares, Canarias, Andalucía y parte de Extremadura. Y espera tener instalados entre 2011 y 2018 unos 13 millones.

Iberdrola, por su parte, puso en marcha su despliegue de contadores de telegestión –denominado Proyecto STAR (Sistemas de Telegestión y Automatización de la Red)- en Castellón de la Plana. Finalizada en 2011 la primera fase y cambiar unos 100.000 contadores en estos momentos aborda la segunda fase -en colaboración con el Gobierno Vasco- a través del Ente Vasco de la Energía (EVE) previendo sustituir 230.000 contadores e instalar concentradores inalámbricos en más de 1.100 centros de transformación.

Otro proyecto en marcha -entre Iberdrola y otras compañías eléctricas- es el denominado PRICE para instalar unos 200.000 contadores nuevos y modificar 1.600 centros de transformación en el madrileño Corredor del Henares y Guadalajara. Y la misma operación va a hacerse en Murcia, Extremadura, la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Castilla y León, algo que espera culminarse en 2018. Para entonces se habrán sustituido 10,3 millones de contadores tradicionales por los nuevos equipos electrónicos y se habrán adaptado unos 80.000 centros de transformación.

Bueno, pues sepa el lector que detrás de las compañías eléctricas van a venir las de agua y gas ¡a hacer lo mismo!

Evidentemente detrás de todo esto hay un intento de automatizar las lecturas y gestionar mejor los cobros de las facturas y nadie debería tener reparos al respecto pero es que lo inadmisible es que el coste lo están pagando los ciudadanos sin que se les haya consultado ni dado la posibilidad de negarse -porque el Gobierno lo consiente y promueve- y, sobre todo, que se esté haciendo poniendo en peligro la salud y la vida de los ciudadanos ya que este operativo implica instalar cientos de miles de antenas y/o emisores de radiaciones electromagnéticas que van a terminar convirtiendo España en el país electromagnéticamente más contaminado del mundo con la falaz excusa de que lo estamos “modernizando”.

Es hora pues de que la ciudadanía se conciencie y actúe. De hecho en otras naciones ya se están movilizando; países como Estados Unidos, Inglaterra u Holanda. En suma, la controversia y el rechazo aumentan. El New York Times se hizo eco de ello cuando la Academia Americana de Medicina Ambiental manifestó públicamente su oposición a la instalación de tales contadores, especialmente en las escuelas y en los hogares. Incluso se ha creado una página web –www.smartmeterhelp.com- que busca aglutinar a quienes quieren paralizar este operativo.

Para el abogado español especializado en temas de salud, medioambiente y protección de datos Francisco Almodóvarestamos ante un asunto donde convergen varios derechos. Por un lado está el derecho de la empresa a utilizar aquellas tecnologías que le permitan prestar un mejor servicio al cliente, ahorrar costes y hacer marketing. Pero ese derecho no es absoluto y puede entrar en colisión con dos derechos fundamentales: el derecho a la salud y el derecho a la protección de datos personales”.

¿Y entonces nos podemos negar los españoles a que se instalen tales contadores en nuestras casas? Pues a su juicio sí. Según Almodóvar “porque tenemos derecho a que se nos facilite la información sobre salud relacionada con ese producto y no se nos está ofreciendo”.

En pocas palabras: hay argumentos jurídicos sólidos como para que cualquier ciudadano pueda oponerse a que le instalen un dispositivo cuya inocuidad para la salud no ha sido demostrada. Luego ¡ejerzamos ese derecho y paralicemos tamaño sinsentido!

Miguel Jara

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Julio - Agosto 2012
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