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Julio - Agosto 2012
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Nuestros alimentos están repletos de peligrosos glutamatos

¿Es la masiva e innecesaria adición de glutamatos a los alimentos la principal causa de la epidemia de obesidad que asola a la sociedad moderna así como del deterioro del sistema nervioso y de patologías tan dispares como el alzhéimer, el párkinson, el autismo, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, las migrañas, la hipertensión, la pérdida de visión, la diabetes, el tinnitus o las arritmias? Pues hay suficientes investigaciones como para sospechar que sí o que, al menos, contribuye a su aparición y/o desarrollo. Y aclaremos que con el término de glutamatos nos estamos refiriendo a las cinco sales del ácido glutámico autorizadas para su uso alimentario como aditivos: el glutamato monosódico (E621), el glutamato monopotásico (E622), el glutamato cálcico (E623), el glutamato monoamónico (E624) y el glutamato magnésico (E625). No estará pues de más que leamos las etiquetas de los alimentos que compramos para abstenernos de ingerir todos los que contengan esas nomenclaturas.