Muchos accidentes inexplicables se deben a una saturación de información del cerebro

 

El altísimo flujo de información que llega al cerebro en nuestra tecnificada sociedad hace que éste se colapse a veces y necesite “desconectarse” del cuerpo para poder hacer un proceso de “puesta a punto”, algo que deja al organismo sin control y expuesto a numerosos riesgos. Le contamos las causas que llevan a este caos patológico, a ese desconcertante “bloqueo cerebral transitorio” y cómo se puede evitar de forma rápida e inocua.

 “El gigantesco avance científico de las últimas décadas exige hoy al cerebro humano en las sociedades industrializadas procesar tanta información que a veces éste se satura inevitablemente y queda inactivo mientras se ‘reprograma’ -lo que en términos informáticos llamaríamos ‘resetear el disco duro”-, algo que puede incluso poner en peligro nuestra vida”.Al menos eso es lo que afirma Antonio Lamarca con el que ya hablamos hace unos meses sobre los peligrosos efectos del ruido en la salud (vea Discovery DSALUD nº 34). Pues bien, en esta ocasión hemos querido dar un paso más allá y hablar sobre lo que este experto define como “bloqueo cerebral transitorio”, consecuencia de los abusos al que sometemos a nuestro cerebro.

“En el siglo XIX–comenzaría explicándonos Antonio Lamarca- en la sociedad predominaba el esfuerzo físico, del cual dependía la riqueza y la prosperidad. Los conocimientos científicos y el uso del intelecto no eran condiciones prioritarias para la supervivencia. En consecuencia, sólo la enfermedad y la falta de fuerza física atentaban seriamente contra la vida. Sin embargo, hoy -sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX- el esfuerzo físicose ha sustituidopor el intelectual en los campos laboral, doméstico, de ocio, etc. Y desde entonces la ‘parte’ intelectual del cerebro está a veces sobreutilizada con consecuencias que muchos desconocen”.

Un cambio que -según este investigador- explicaría el consumo creciente de tranquilizantes, sedantes, ansiolíticos y antidepresivos a los que hoy recurrimos para aplacar unos síntomas y sensaciones a las que muchas veces no sabemos dar explicación. Para Lamarca, empero, todas esas extrañas sensaciones que los médicos encasillan como “enfermedades” (estrés, depresión, ansiedad, falta de autoestima, etc.) no serían más que síntomas psicosomáticos (o “no-enfermedades”, como las llama) que el cerebro emplea para avisar de que se está bloqueando y dejando al cuerpo sin control.

“Claro, la Medicina, al no saber interpretar esos síntomas -nos diría- busca las causas en lo inmaterial en lugar de hacerlo en el funcionamiento de los sentidos y, por ende, en el ordenador central que es el cerebro. Y mientras, esos colapsos, que los médicos etiquetan como ‘ataques de pánico’, se siguen produciendo, aumentan, se repiten y generan una espiral de temor en quien los padece. Es lógico, pues, que en algunos casos lleguen a producirse daños psíquicos e, incluso, suicidios. De ahí que intente dar a la sociedad la información que poseo a fin de que se sepa que existen límites cerebrales y qué se puede hacer en el caso de notar alguna alteración mental. Porque ello permitiría evitar muchos accidentes de fatales consecuencias”. 

UN ORDENADOR CENTRAL

Lamarca nos explicaría que en el cerebro humano el trabajo sensorial se reparte proporcionalmente según la función, complejidad y cantidad de energía que cada una requiere. Y nos explicaría también que todos disponemos de sensores que detectan constantemente la presencia de fenómenos físicos, térmicos, mecánicos y electromagnéticos… cada uno de los cuales consume una determinada cantidad de energía. Por ejemplo, los órganos de la audición y de la visión –por su sofisticación- son los que requieren más “memoria” -valga la expresión- del ordenador-generador de sensaciones que es el cerebro. En lo que se refiere a la carga sensorial, le sigue en importancia el aparato locomotor ya que de sus cientos de músculos dependen todas las interacciones, tanto internas como externas y de relación con los demás. Y luego el órgano más diseminado del cuerpo humano, la piel, con sus terminaciones sensibles al calor, tacto, corte, presión y punción -entre otras- que, en situaciones extremas, pueden solicitar del cerebro toda su capacidad. En suma, el ser humano depende del control cerebral consciente e inconsciente. Unos controles que se activan simultáneamente por los estímulos procedentes de cualquier órgano, glándula, músculo, etc. Es entonces cuando el cerebro valora toda la información y genera respuestas –internas y externas- adecuadas a cada fin dando órdenes concretas a cada órgano, glándula, músculo, etc., para resolver la situación planteada en cada instante.

Pero, ¿qué sucede si el área de procesamiento del cerebro se “satura” –valga el símil informático- o agota -en términos bioquímicos? Pues según Lamarca, como el cerebro está diseñado para la vida y no permite ser destruido pone en marcha los mecanismos oportunos para sobrevivir a la situación. Para lo cual reduce la precisión de control de los órganos y músculos y, a la vez, alerta al afectado. En esos casos éste, instintivamente, busca un entorno seguro y silencioso evitando la proximidad de sus semejantes. Y si aún así la situación de sobrecarga no se reduce el cerebro provoca entonces un rápido “reset” o “puesta a punto”, proceso que suele durar entre 10 y 20 minutos. Es decir, se “desconecta” totalmente con lo que la persona pierde por completo el control del cuerpo experimentando una sensación de caos horrible. Esa situación ha sido médicamente etiquetada como “tormenta vegetativa” o “ataque de pánico” aunque Lamarca la llama “bloqueo cerebral transitorio”. En tales casos ninguna ayuda externa sirve.

BLOQUEO CEREBRAL TRANSITORIO: EL QUID

“Le puedo asegurar –nos diría-que es la sensación más terrible que un ser humano puede sentir”. Algo que asevera con rotundidad porque él mismo la ha sufrido ¡en más de 200 ocasiones! Es decir, queAntonio Lamarca se adentró en la búsqueda de respuestas a este problema -como tantos otros enfermos de muy distintas enfermedades- para intentar encontrar una explicación a lo que le sucedía ante la falta de respuesta de la Medicina convencional. Unas investigaciones que le llevaron a comprender que el cerebro tiene un límite de saturación y que cuando éste se sobrepasa se desconecta automáticamente. “Es como si fuera un ordenador y el disco duro se llenara y precisara reconfigurarse para seguir funcionando. En tales situaciones la “computadora cerebral” tiene que dejarlo todo y dedicarse exclusivamente a hacer el ‘programa de mantenimiento’. Es decir,el cerebro, en situación límite y con el informe de su reloj interno de que faltan muchas horas para que el sueño reponga sus circuitos, opta por hacer un ’reset’ -total o parcial- desconectándose del cuerpo y reconectándose luego ordenadamente ’cuando el procesador ya está en orden’, al menos para los órganos principales del mantenimiento de la vida”. Un proceso que dura -según nos diría- entre 10 y 15 minutos y que si bien médicamente se conoce como “ataque de pánico” en realidad no sería sino una especie de desconexión transitoria.

Eso sí, en tales momentos la situación del afectado es caótica porque la desconexión del cerebro hace que la persona sea hipersensible al hábitat, a la meteorología, al mareo por movimiento, a los cambios de la presión, a las turbulencias y estratos del aire, a los cambios térmicos, a la aceleración y desaceleración en cualquier plano, a los infrasonidos, a los focos de luz, al ruido, etc. Es decir, prácticamente a todo. En resumen, durante esos minutos el ser humano está completamente indefenso.

Al preguntarle qué se puede hacer en esa situación la respuesta fue clara: “Nada. Limitarse a esperar a que el cerebro, por sí solo, se reconecte con el cuerpo y vuelva a la situación normal”.

Quisimos saber si además del exceso de información que llega al cerebro a través de los sentidos hay algún otro elemento que pueda provocar esta situación. “Pues sí. Verá –nos respondió-, en ocasiones sucede que incluso si se eliminan los agentes causales de tipo auditivo o visual los síntomas no desaparecen y también se produce el bloqueo cerebral transitorio. El seguimiento de estos casos determinó que también se puede generar sobrecarga cerebral por la radiación electromagnética del infrarrojo en su amplio espectro y que tal circunstancia se daba si el área de evolución del afectado resultaba ser de radiación heterogénea, o sea, si existían en torno a él dos o más longitudes de onda en lugar de una homogénea, es decir, con una sola longitud de onda. He observado que de la radiación homogénea depende la correcta fluidez de la neurotransmisión y que la radiación heterogénea produce sobrecarga cerebral hasta que, incluso por sí misma, provoca el bloqueo”(vea el recuadro sobre radiaciones homogéneas y heterogéneas).

EL PROCESADOR CEREBRAL 

También ha observado Antonio Lamarca en estos veinte años de investigación que los bloqueos cerebrales aparecen y desaparecen de forma aleatoria sin que puedan determinarse las razones exactas que los desencadenan aunque se sepa que es sólo una la causa: un informe sensorial erróneo y/o excesivo. Un hallazgo que dio base a las siguientes premisas:

-El cerebro humano puede bloquearse transitoriamente por sobrecarga informativa, bien por no disponer de más capacidad para procesar datos -por ejemplo, por agotamiento o por no haber dormido lo suficiente-, bien por algún proceso bioquímico que lo afecte.
-La capacidad cerebral para procesar datos ininterrumpidamente supera las 24 horas y quizás pueda llegar a las 100. En todo caso, lo adecuado es dormir correctamente 8 de cada 24 horas sin recibir ningún tipo de estímulo sensorial.
-Cuando los ojos o los oídos sufren una alteración física y la información que llega al cerebro no es correcta éste tiene en tales casos que trabajar tanto que puede consumir su capacidad de procesamiento en menos de 16 horas. En ese punto es imposible ya que puedan reponerse todos los circuitos cerebrales en las ocho horas de descanso, lo que se empeora si el tiempo de dormir es alterado por nocturnidad, vigilia, etc. “Todos podemos estar una noche sin dormir –explica Antonio Lamarca- pero a las 48 horas el cerebro empieza a tener problemas para controlar los órganos”.
-En situación de alta carga cerebral el ser humano es muy vulnerable a los cambios atmosféricos o del hábitat, incluidas las radiaciones de todo tipo.
-Las sensaciones y síntomas psicosomáticos leves son el indicador que alerta de que el bloqueo cerebral está próximo y de que la vida peligra si la situación en esos momentos es de alto riesgo (conducción de vehículos, trabajos en altura, etc.) por lo que se tiene que reducir inmediatamente el flujo informativo hacia el cerebro para evitar ese bloqueo.

SOLUCIONES SIMPLES

“Una característica de la sintomatología psicosomática –aclara nuestro entrevistado- es que la sobrecarga cerebral provocada por cualquier vía o sentido forma una sinergia negativa que potencia los síntomas generados por cualquier otra vía. De ahí que se recomiende ir poco a poco eliminando la carga sensorial para ayudar al cerebro en su proceso de reseteado”. Por ejemplo -y como ya explicábamos en el número 34 de nuestra revista-, para reducir la carga cerebral provocada por vía auditiva existe un procedimiento muy simple que consiste en atenuar el ruido ambiental por medio de filtros auditivos de espuma. Es decir, con unos simples tapones se puede reducir la carga cerebral en más de un 80% y se puede pasar de una situación caótica -con más de 40 de los síntomas (ver recuadro adjunto)- a sentirse bien y seguro en menos de 30 minutos.

Si esto no es suficiente se recomienda cerrar un ojo -o los dos- durante 3 o 4 minutos, o bien no utilizar la visión para distancias cortas hasta que remitan los síntomas. Esta es la forma de atenuar la sobrecarga por el sentido de la vista.

Ahora bien, Lamarca también cita la influencia de las radiaciones electromagnéticas en la sobrecarga cerebral humana. Y, a ese respecto, ofrece una solución sencilla para obtener una zona de “sombra” sin radiación. Para conseguirla sólo es necesario reflejar todo el espectro óptico con una lámina reflectante, por ejemplo, un espejo. Para que se entienda: la persona que se sitúa en la parte trasera del espejo -la no reflectante- no recibe la influencia del campo electromagnético al que pueda estar sometida la zona en que se encuentra ya que éste “rebota” en la cara reflectante. Lamarca recomienda pues colocar un espejo bajo la cama. De esa forma, durante el descanso, la persona deja de recibir las radiaciones que -sin saberlo- mantienen en alerta al cerebro y le impiden eliminar la carga cerebral acumulada. Así se reduce la sobrecarga cerebral provocada por la neurotransmisión.

Es más, Lamarca dice que “las ondas de la telefonía móvil de un repetidor único no entrarían en el ámbito de este artículo por ser la longitud de onda muy larga pero es posible que muchos repetidores en el mismo punto más los teléfonos de los usuarios por superposición de portadoras y por la característica de la modulación generen trenes de ondas en la zona del infrarrojo que sí afectarían a la neurotransmisión y, en todo caso, a la correcta replicación celular. Y lo mismo se puede pensar de las redes de alta tensión, aunque yo creo que no sería por ser de alta tensión simplemente. En todo caso, el problema se podría generar en las fugas de los aisladores que soportan la red. De ser así, la solución estaría también habitando zonas con sombra electromagnética en el infrarrojo, o sea, la banda óptica (la luminosa es sólo una parte de la óptica). Es necesario, pues, investigar en este campo.”

Para terminar, y respecto de los oídos, Antonio Lamarca insistió en la necesidad de advertir a los lectores de la importancia de evitar la entrada de agua y productos de limpieza en ellos durante el aseo personal. Nada, pues, de usar constantemente palillos con algodones. La entrada de líquido en el pabellón auditivo o la simple humectación del tímpano puede alterar el mensaje hacia el cerebro de tal forma que el mero hecho de evitarlo –por medio de tapones adecuados- resuelve en muchos casos los llamados “ataques de pánico”. “La sutileza del cerebro en la interpretación de los impulsos electronerviosos provenientes de cada oído hace que el simple hecho de humectar los tímpanos aumente el trabajo cerebral exageradamente. Se puede pues imaginar qué puede suceder en el cerebro si en un oído hay un problema cualquiera, por ejemplo, exceso de cerumen o una infección. En cualquiera de esas situaciones, y en presencia de ruido ambiental continuo, es normal que el afectado tenga los llamados ataques de pánico”.

Sólo nos resta añadir que los resultados prácticos están hoy dando la razón a Antonio Lamarca cuyas propuestas son fáciles de comprender y de experimentar. Con la ventaja de que las soluciones que aporta son sencillas, inocuas y económicas.

L. J.

Recuadro


 

Sintomatología psicosomática

Estos son algunos de los síntomas y sensaciones que según Antonio Lamarca provoca el cerebro para hacernos saber que está próximo a bloquearse:

-Visión de puntos negros y cadenitas plateadas; sensación de presión interna en la cabeza; lengua de color blanco; dolor de estómago y pérdida de apetito; movimientos musculares incontrolables; ruidos, zumbidos y siseos en los oídos; insomnio progresivo con nerviosismo agobiante; pérdida de la actividad y cansancio; molestias en el tórax y respiración dificultosa; sensación de inestabilidad al estar de pie; frío extraño sin temblores (incluso en verano); boca seca y sin saliva aun masticando; pérdida de sensibilidad al tacto; alteración en el ritmo del corazón; sudoración de la mitad superior del cuerpo; orinar muy a menudo de forma incolora; palidez exagerada; temor a problemas del corazón; necesidad inexplicable de cambiar del lugar; miedo a la luz solar; turbidez mental; sensación de desmayo inminente; angustia desesperante y temor a un fin cercano; visión con barras en el campo visual periférico; reducción del campo visual y deformación de las imágenes; pérdida de la capacidad de percibir la tercera dimensión (profundidad); visión en blanco y negro o visión doble; zumbido y explosión potente en la cabeza; ataque de pánico; deslumbramientos con luz normal; luces centelleantes en el campo visual; dolor de cabeza entre presión y migraña; sensaciones raras e indefinibles en el cuerpo; síntomas de mareo en mayor o menor grado; dificultad de concentración mental; náuseas, vómitos y dolor de cabeza residual; pérdida de control sobre uno mismo.

 


 

Espacios electromagnéticos homogéneos y heterogéneos

Los espacios -por naturaleza o artificio- pueden ser homogéneos o heterogéneos, fijos o móviles. Como ejemplo podemos citar:

Homogéneos fijos: cuando el subsuelo es uniforme, generalmente en llanos, playas arenosas, construcciones de madera, suelos sin cambio de densidad o forma, etc.
Homogéneos móviles: radiación solar no interferida, radiación lunar no interferida y desplazamientos a velocidad constante.
Heterogéneos fijos: subsuelos rocosos agrietados o nivelados con materiales de derribo y piedras de gran volumen, estructuras de los edificios en todos los planos, cuevas subterráneas, interrupciones y saltos por desnivel en los cauces de aguas subterráneas, proximidad a las paredes de montaña, márgenes, entresuelos, alcantarillados, túneles, máquinas grandes en plantas inferiores y/o superiores, garajes subterráneos, etc.
Heterogéneos móviles: radiación solar o lunar con interferencias naturales o estructurales (de las construcciones, edificios, etc.), aglomeraciones de personas (supermercados, colas, grupos, espectáculos, formaciones, etc.), vehículos con aceleración y desaceleración repetitiva (transporte público urbano, marcha en caravana, ascensores, etc.), oscilación lateral o frontal (embarcaciones, aviones, etc.), edificios de gran altura, borrascas tormentosas (por radiación transversal propia o reflejada -aún no estando al alcance de la visión- o perpendicular cuando está cerca o encima).

Además, partiendo de la base de que las radiaciones las emiten todos los cuerpos y a cualquier temperatura y de que el alcance depende del espesor de la materia, de la temperatura en grados kelvin (0 ºk = -273 ºC)), de la constante del material -conociendo también que el suelo, por sí mismo, es emisor de radiaciones además del sol, la luna y de algunos fenómenos atmosféricos-, al incluir en este medio, por ejemplo, un edificio, en su interior nos encontraremos:

-Interferencia del subsuelo, fundación y estructura (jácenas, vigas, etc.), con la emisión propia del suelo -de abajo hacia arriba y en horizontal en los sótanos y entresuelos-, sin olvidar las propias del interior del terreno también en horizontal.
-Emisión propia de cada jácena y viga pues, al estar alineadas, se suman sus valores radiantes.
-Divisiones de la planta con habitaciones de diferentes dimensiones pues las paredes intermedias de las habitaciones pequeñas afectan a las grandes. Pero no sólo habrá que considerar la distribución del propio edificio sino la de los edificios contiguos.
-Estructuras de soporte de refuerzo en los diferentes niveles (ejemplo de garajes subterráneos, plantas con maquinaria pesadas, incluidos vehículos, túneles, pozos, alcantarillado, etc).

Cabe añadir que las radiaciones celestes también han de tenerse en cuenta ya que el sol, la luna y las nubes tormentosas hacen el mismo efecto que la Tierra pero al revés, es decir, de arriba hacia abajo con la complicación de que al ser emisores o reflectores móviles varían continuamente su inclinación, aparecen, se desplazan y desaparecen las zonas heterogéneas.

Y todo ello formando sinergia con las sobrecargas cerebrales causadas por la audición, la visión y el aparato locomotor.
 

Este reportaje aparece en
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Octubre 2002
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