Constatada utilidad de un fármaco en la diabetes tipo 2

La metformina es un fármaco de síntesis inspirado en las moléculas de la planta Galega officinalis que se empezó a utilizar hace ya medio siglo para reducir en sangre los niveles de azúcar, del llamado colesterol «malo» (LDL) y de los triglicéridos comprobándose posteriormente que ayuda terapéuticamente en problemas de salud tan dispares como la esteatohepatitis no alcohólica, los ovarios poliquísticos, el deterioro cognitivo, la depresión y el cáncer teniendo asimismo propiedades antienvejecimiento. Lo llamativo es que no está aún claro el mecanismo biomolecular que lo explica aunque todo indica que se debe -al menos en parte- a su actividad sobre el microbioma intestinal. Y como prácticamente no se une a las proteínas plasmáticas y no es metabolizada ni en el hígado ni en el tracto gastrointestinal el 90% se excreta de forma inalterada por los riñones en menos de doce horas.

DIABETES METFORMINA

La diabetes era una enfermedad prácticamente inexistente hace apenas 75 años que hoy se clasifica en dos «tipos»: si el problema es que el páncreas no segrega insulina se dice que se padece diabetes tipo 1 y si lo produce pero en cantidad insuficiente diabetes tipo 2. Y la situación ha cambiado tanto que se estima que actualmente cerca de 400 millones de personas padecen diabetes tipo 2; con un agravante: antes la padecían sobre todo los adultos -por eso empezó hablándose de «diabetes del adulto»- y ahora cada vez más adolescentes. Dolencia que empezó manifestándose primero en el mundo más industrializado pero que hoy afecta a países como China o India donde el número de diabéticos sobrepasa ya ampliamente al de Estados Unidos. ¿La causa? El brutal aumento del consumo de azúcar. Y es que a lo largo de esos años se ha añadido a todo tipo de bebidas -especialmente a refrescos y colas- y comidas -especialmente las envasadas- además de expandirse masivamente la venta de panes, bollos, galletas, pasteles, dulces, helados, chuches y toda suerte de productos elaborados con carbohidratos refinados.

Lo inteligente pues en caso de diabetes es dejar de consumir productos azucarados para dejar que el organismo se recupere ya que el azúcar lo acidifica e intoxica pero como eso no representa negocio alguno la industria decidió comercializar insulina para tratar de forma crónica a los afectados y fármacos para bajar el nivel de azúcar en sangre -un «parche» que no resuelve el problema- entre los que destaca la metformina.

Hablamos pues de un medicamento que puede ayudar pero en absoluto es la solución. Lo constató T. J. Orchard -coordinador del Diabetes Prevention Program Research Group de la George Washington University de Estados Unidos- publicando en 2005 en Annals of Internal Medicine un estudio clínico aleatorizado titulado The Effect of Diet and Exercise or Metformin on the Metabolic Syndrome (El efecto de la dieta y el ejercicio o bien de la metformina sobre el síndrome metabólico). Hablamos de un trabajo que siguió durante 10 años a 3.234 personas constatando que las que seguían una estricta dieta baja en grasas saturadas y hacían ejercicio que además tomaban metformina -850 mg dos veces al día- vieron disminuir un 18% la posibilidad de desarrollar diabetes tipo 2 entre los pacientes de alto riesgo y un 34% entre los de bajo riesgo. Pero además comprobaron que seguir una dieta y hacer ejercicio a diario sin ingerir fármaco alguno era dos veces más eficaz que tomar solo metformina. 

UN POCO DE HISTORIA

La metformina es, en suma, un producto de síntesis que decidió fabricarse imitando las moléculas de la planta Galega officinalis con la que en la Edad Media se hacían infusiones como remedio para tratar los escasos casos de micción frecuente, síntoma de que los riñones intentan eliminar el exceso de glucosa en sangre. Obviamente se trataba de un problema que afectaba solo a las personas adineradas con fácil y abundante acceso a productos ricos en azúcares, como las frutas, la miel y -desde la colonización de América sobre todo- la sacarosa del azúcar extraído de la caña y la remolacha. Y es que la Galega officinalis es una planta anti-diurética, algo excepcional ya que casi todas las plantas son diuréticas, es decir, potencian la micción.

En el famoso Herbario de Culpeper se afirmaba ya en 1653 que se trata de una planta eficaz en distintas enfermedades agregando en 1772 el herbalista británico John Hill que es especialmente útil en casos de sed frecuente y micción recurrente, claros signos de diabetes. Lo curioso es que en esa época los ganaderos europeos recomendaban agregar al heno algunas semillas de sus vainas para aumentar la producción de leche vacuna porque es galactogoga, algo que explica su nombre ya que la palabra galega deriva del griego y significa “estimular la leche”.

Sería sin embargo a mediados del siglo XIX cuando se logró primero aislar las sustancias a las que se atribuyeron las propiedades de la planta -la guanidina y la galegina (un isoamileno de la primera)- y después sintetizarlas. Se crearía así la biguanida afirmando quienes la obtuvieron que es menos tóxica para los mamíferos que la guanidina natural. Fue en todo caso el investigador japonés C. K. Watanabe quien en 1918 demostraría mediante ensayos con animales que la biguanida tiene efectos hipoglucemiantes empezando en los años siguientes a utilizarse para tratar la diabetes; hasta que empezó a dejar de usarse durante la II Guerra Mundial debido tanto a su relativa toxicidad como al uso preferente de la insulina.

Pronto se comprobaría sin embargo que además es antimalárica (antiparasitaria), antivírica y antiséptica; de hecho la moderna clorhexidina contenida en los enjuagues bucales y el antiséptico pre-quirúrgico favorito hoy es uno de los diversos tipos de biguanidas que actualmente se comercializan.

Cabe agregar que en 1950 el médico filipino E. Y. Garcia sintetizaría otra biguanida a la que denominó flunamina demostrando que es también antivírica -eficaz frente a la gripe-, analgésica e hipoglucemiante.

No sería en cualquier caso hasta 1958 cuando un equipo de los Laboratorios Aron dirigido por el doctor J. Sterne demostraría clínicamente en el Hospital de La Pitié-Salpêtrière de Paris (Francia) la efectividad hipoglucemiante de las biguanidas denominándolas por ello glucófagas (comedoras de azúcar). Ensayos clínicos que demostrarían que si bien la metformina permite liberar de la insulina a los enfermos de diabetes tipo 2 no lo logra en los casos de diabetes 1.

El caso es que ese mismo año se aprobaría el uso de hidrocloro 1,1-dimetilbiguanida con el nombre de metformina para tratar la diabetes en Reino Unido y otros países europeos autorizándolo posteriormente la FDA norteamericana e incluyéndose en 2011 en la lista de “medicamentos esenciales” de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Dicho esto no cabe ocultar que la experiencia clínica demuestra que las biguanidas sintéticas no son inocuas. De hecho se desaconsejan abiertamente algunas, como la fenformina, la buformina y otras porque pueden provocar acidosis láctica al inhibir la eliminación por el hígado del exceso de ácido láctico. Riesgo de acidosis láctica que en el caso de quienes usan metformina es en cambio relativamente bajo: 6 casos por cada 100.000.

Ya en 1998 se publicó un trabajo titulado Estudio sobre el futuro de la diabetes en el Reino Unido -más conocido como Estudio UKPDS 24-, ensayo aleatorizado sobre 2.078 pacientes con diabetes tipo 2 tratados en 18 hospitales británicos porque no aseguraban no poder controlar sus niveles de glucosa solo mediante una dieta terapéutica. Divididos en varios grupos a unos se les administró metformina, a otros sulfonilurea y a los demás insulina durante más de una década. Se constataría así que además de hipoglucemiante la metformina reduce la posibilidad de sufrir un accidente cardiovascular y prolonga la vida media. Entre otras cosas pues según las conclusiones del trabajo la metformina…

…reduce la resistencia a la insulina logrando mayor disponibilidad de la glucosa por la musculatura periférica y mejora el metabolismo de la glucosa por el microbioma anaeróbico.

…disminuye la gluconeogénesis hepática.

…reduce la hiperinsulemia postprandial (después de las comidas).

…disminuye la adiposidad abdominal en las personas obesas y de forma leve su hipertensión.

…mejora levemente la hipercolesterolemia y el nivel de triglicéridos.

…mejora levemente la inflamación sistémica ya que reduce em sangre el nivel de proteína C reactiva.

…disminuye levemente la agregación plaquetaria y el nivel de fibrinógeno.

…reduce los depósitos de ateromas en las carótidas y el número de infartos de miocardio.

…aumenta la vida media.

Y lo más importante: aumenta la transducción de señales de la insulina lo que se traduce en una mayor captación celular de la glucosa. En otras palabras: resuelve la resistencia celular a la insulina, base de la diabetes, la obesidad y las afecciones incluidas en el Síndrome Metabólico.

La metformina incrementa además la utilización de ácidos grasos por las mitocondrias aumentando así la producción de moléculas de adenosín trifosfato (ATP) –y por tanto la energía disponible- y disminuye la cantidad de radicales libres resultantes de la “quema” de glucosa así como los niveles de colesterol “malo” (LDL) y triglicéridos en sangre. Y como quiera que la metformina no afecta a la normal secreción de insulina por el páncreas no se genera ni hipoglucemia ni hiperinsulemia, algo que lo diferencia positivamente de fármacos hipoglucemiantes como las sulfonilureas.

El doctor William C. Knowler -del National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, centro de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos- publicaría por su parte en 2015 un nuevo estudio sobre el tratamiento de la diabetes tipo 2 con metformina y comparó de nuevo las terapias basadas en este fármaco con el de dieta y ejercicio así como con un placebo. Denominado Diabetes Prevention Program (DDP) el diseño era similar al británico UKPDS de 1998 ya mencionado y tras tres años se comprobó que tanto la metformina como la simple dieta y el ejercicio físico reducen la incidencia de diabetes tipo 2 en un 31%. Algo que el propio Knowler acaba de confirmar en 2019 explicando además que 1.066 de los participantes perdieron más de un 5% de peso en los 15 años del programa de los que el 63% estaba en el grupo de los que hicieron un cambio de estilo de vida –dieta y ejercicio-, el 28% en el de la metformina y el 9% en el grupo placebo.

En cuanto a la dosis sugerida de metformina de liberación inmediata en caso de diabetes tipo 2 –sea fórmula líquida o sólida- es de 500 a 1.000 miligramos habiéndose comprobado que alcanza en sangre su máxima concentración a las dos horas y media de la ingesta y su eliminación entre 7 y 12 horas si el paciente no tiene problemas renales. Eliminación por vía urinaria completa ya que el organismo no la metaboliza y de ahí que esté contraindicada en casos de insuficiencia renal así como de insuficiencia hepática, respiratoria o infección severa.

Por lo que a los efectos secundarios se refiere solo se ha constatado que puede provocar diarreas frecuentes -por sus efectos sobre el microbioma digestivo- y una baja absorción intestinal de sustancias vitales, muy especialmente de folatos y vitamina B12.

METFORMINA PARA EL TRATAMIENTO DE OTRAS ENFERMEDADES

Debemos añadir que con el tiempo se comprobaría que hay otras dolencias que también mejoran con metformina; veámoslas en detalle:

Ovarios poliquísticos. Enfermedad endocrina de origen desconocido se caracteriza por el desarrollo de quistes en los ovarios provocando en un 10% de las mujeres alteraciones del ciclo menstrual, hirsutismo, acné, infertilidad y retrasos en la pubertad. Pues bien, en 2003 J. M. Lord -del Derriford Hospital de Inglaterra- efectuó junto a dos colaboradores australianos un metaanálisis sobre 13 ensayos clínicos aleatorizados efectuados en 543 mujeres con ovarios poliquísticos y su conclusión fue que la metformina ayuda en tales casos pero no tanto como para no hacer además dieta y ejercicio físico.

Infertilidad. Un equipo de la Universidad Austral de Chile coordinado por el doctor W. G. Rosa realizó en 2004 un ensayo clínico con 18 pacientes infértiles anovulatorias -9 nulíparas (mujeres que no han dado a luz) y 9 con antecedentes de aborto o parto- que además presentaban síntomas de resistencia a la insulina. Pues bien, tratadas con 850 mg de metformina dos veces al día se logró que 11 de ellas quedaran embarazadas consiguiéndose 9 partos exitosos y 2 abortos en el primer trimestre. Ahora bien, 12 eran obesas y las otras 6 tenían sobrepeso y todas siguieron paralelamente una dieta controlada con ejercicio.

Pubertad precoz y desarrollo en niñas. Un equipo de la Universidad de Barcelona (España) encabezado por el doctor L. Ibáñez publicó en 2006 en The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism un trabajo titulado Metformin treatment to prevent early puberty in girls with precocious pubarche (Tratamiento con metformina preventivo de la pubertad temprana en niñas con pubarquia prematura). Se trató de un ensayo clínico con 38 niñas pre-púberes -pelo púbico antes de los 8 años y bajo peso al nacer- que fueron divididas en dos grupos recibiendo las de uno de ellos –el otro ejerció de control- 425 mg diarios de metformina durante 2 años y según afirman su talla se incrementó normalizándose, se redujo el inicio de la menarquía y tenían menos tejido adiposo.

Esteatohepatitis no alcohólica (EHNA). Un grupo de investigadores de la Universidad de Bolonia (Italia) coordinado por G. Marchesini publicó en 2001 un estudio clínico demostrativo de que la metformina es eficaz para tratar la esteatohepatitis no alcohólica tras dar a 20 pacientes durante 4 meses 500 mg 3 veces al día y comprobar que se normalizaban los niveles de transaminasas y se reducía la inflamación hepática en la mitad de los pacientes. Una eficacia similar pues a la de seguir una dieta reductora de peso acompañada de ejercicio.

Unos años después un grupo de la Ankara University Faculty of Medicine (Turquía) encabezado por R. Idilman realizó un ensayo clínico aleatorizado de 48 semanas de duración con 74 pacientes que fueron divididos en dos grupos. Sometidos ambos a una dieta basada en un 60% de glúcidos, un 25% de grasas y un 15% proteínas así como a ejercicio físico a los miembros de uno de ellos se les dio además varias dosis diarias de metformina. La conclusión fue que ésta optimiza las mejoras derivadas de la dieta y el ejercicio ayudando a normalizar la función hepática, reducir el grado de esteatosis no alcohólica –se comprobó mediante biopsias- y disminuir la inflamación sistémica. Mejoras que se mantuvieron en los 6 meses siguientes.

Cáncer. En 2005 un equipo de la Universidad de Dundee (Escocia) encabezado por la doctora Josie M. M. Evans publicó los resultados de un estudio clínico realizado entre 1993 y 2001 sobre 314.127 personas de las que 11.876 habían sido diagnosticas con diabetes tipo 2 a 923 de las cuales se les diagnosticó posteriormente algún tipo de cáncer. Pues bien, se constató estadísticamente que la metformina reduce el riesgo de padecer cáncer en los enfermos de diabetes tipo 2. Y es que estudios anteriores han comprobado que uno de los principales efectos farmacológicos de la metformina deriva de su papel sobre la AMPK (proteína-kinasa activadora), enzima controlada a su vez por la proteína LKB1 supresora de tumores. Activación de la AMPK que igualmente logra, por cierto, el ejercicio físico.

Cinco años después -en 2009- un equipo del Cardiff MediCenter (Reino Unido) encabezado por C. J. Currie publicaría un estudio de cohorte similar sobre 62.809 personas afectas de diabetes tipo 2 a las que se dividió en 4 grupos dando a uno solo metformina, a otro solo sulfonilurea, al tercero una combinación de ambos fármacos y al cuarto insulina. Y según las estadísticas quienes tomaron metformina tuvieron menor riesgo de contraer cáncer de colon y páncreas sin que sin embargo hubiera diferencias en los cánceres de mama y próstata.

Un año después un grupo de investigadores del National Cancer Institute de Estados Unidos encabezado por R. M. Memmot publicó los resultados de una serie de ensayos murinos según los cuales la metformina inhibió el desarrollo de cáncer de pulmón en el 72% de los ratones tratados con él infiriendo que ello se debe a que su ingesta inhibe la acción del factor insulínico IGF-1.

Ese mismo año -2010- un grupo del INSERM de Niza coordinado por I. Ben Sahra publicó un artículo dando cuenta de evidencias epidemiológicas y experimentales según las cuales la metformina presenta actividad anticancerígena que también atribuyeron a la activación de la enzima AMPK que regula la función energética de las mitocondrias.

En 2016 un numeroso grupo de oncólogos de la Yokohama City University School of Medicine coordinado por el doctor T. Higurashi presentó un ensayo clínico aleatorizado sobre 151 adultos no diabéticos a los que se habían extraído pólipos mediante colonoscopia en 5 hospitales japoneses a los que se dividió en dos grupos dando 250 mg diarios de metformina a 89 y un placebo a los otros 62. Pues bien, al cabo de un año se les hicieron nuevas colonoscopias y se encontraron nuevos pólipos y adenomas en el 38% de quienes tomaron metformina y en el 57% de los que tomaron el placebo. De lo que dedujeron que incluso a dosis bajas dosis la metformina parece ayudar a prevenir el cáncer colorrectal en pacientes de alto riesgo (con pólipos y adenomas ya extirpados quirúrgicamente).

Terminamos este apartado indicando que en 2018 un equipo del hospital de la Nanachang University de China encabezado Zi Fuming publicó un extenso artículo según el cual las evidencias existentes indican que tanto in vitro como in vivo la metformina inhibe la proliferación de células tumorales e induce la apoptosis y autofagia de las células cancerosas por mecanismos biomoleculares no suficientemente dilucidados aunque la mayoría de los estudios apuntan a la importancia de sus efectos sobre la insulina y sus factores de crecimiento circulantes en la sangre periférica.

Enfermedades mentales y neuronales. Un equipo del Hospital for Sick Children de Toronto (Canadá) encabezado por Jing Wang publicó en 2012 los resultados de varios ensayos murinos según los cuales la metformina promueve la neurogénesis activando dos vías biomoleculares: la ruta supresora tumoral PKC-CBP (transductora proteína-quinasa C) y la proteína CBP codificada por el gen CREBBP.2 en las células madre neuronales.

Dos años después -en 2014- un grupo de investigadores de la National University of Singapore coordinado por el doctor T. P. Ng publicó los resultados de un extenso estudio clínico con 365 diabéticos de más de 55 años diagnosticados de alzheimer leve (MMSE menor de 23) a los que se controló durante 6 años tras dar a 204 metformina y a 161 no. Corregidas distintas variables estadísticas los resultados indicaron que el deterioro cognitivo era significativamente menor entre los que tomaron metformina.

Ese mismo año un equipo de la Harbin Medical University de China dirigido por M. Guo efectuó un ensayo clínico con 58 enfermos de diabetes tipo 2 que además sufrían depresión tratando a unos con metformina y al otro con placebo durante 24 semanas comprobando al terminar la prueba que los que la tomaron mejoraron de su depresión.

En 2017 un numeroso grupo de la Universidad de Pennsylvania (EEUU) encabezado por el doctor A. M. Koenig realizó por su parte un ensayo clínico aleatorizado sobre 20 personas no diabéticas de entre 55 y 80 años diagnosticadas de alzheimer leve (MMSE medio menor de 20) a parte de las cuales se dio metformina durante 8 semanas y a las demás un placebo constatándose luego que en las primeras había mayor flujo sanguíneo cerebral en la región frontal y mejoraban sus funciones cognitivas, especialmente la memoria y la atención. Lo que se constató tras someterles a escáneres cerebrales y test cognitivos.

Ese mismo año un grupo de investigadores de la Medical University of Lodz de Polonia encabezado por la doctora Magdalena Markowicz-Piasecka publicaría una extensa revisión de las evidencias experimentales que avalan la actividad neuroprotectora de la metformina frente al parkinson, el alzheimer y la depresión -incluyendo a personas con lesiones medulares- destacando que tanto los estudios in vitro como murinos demuestran que es antiinflamatoria y antioxidante.

Epilepsia. Un grupo de investigadores de la Mekelle University de Etiopia coordinado por E. M. Yimer ha publicado este mismo año -2019- una revisión actualizada de 11 artículos que recogen los ensayos experimentales publicados entre 2010 y 2018 sobre el efecto de la metformina en la epilepsia inducida a ratones constatando que su ingesta la mejora. Dato de interés porque según afirman el riesgo de epilepsia entre los diabéticos es alto, especialmente entre los de más edad.

Antienvejecimiento. Un equipo del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York (EEUU) dirigido por N. Barzilai publicó en 2016 un artículo con el provocativo título de Metformin as a Tool to Target Aging (La metformina como instrumento contra el envejecimiento) que fue la base para el reciente lanzamiento del ambicioso programa TAME (Apuntando hacia el envejecimiento con metformina) que durante varios años estudiará si la metformina ayuda a envejecer más lentamente. Se trata de un artículo que revisa los efectos antienvejecimiento de la metformina tanto en relación a la inhibición del señalamiento del factor insulínico IGF-1 como a sus efectos sobre la generación de ATP mitocondrial a partir de ácidos grasos y la consecuente reducción de la generación de radicales libres oxidativos (ROS) y, por tanto, de los daños en la metilación del ADN (mADN) y el ADN nuclear. Asimismo se analizan otras posibles vías de influencia antidegenerativas y antienvejecimiento como los efectos antiinflamatorios, la promoción de la autofagia y la senescencia celular, solo comprobados por ahora in vitro y con animales. Y es que en los ensayos murinos se ha comprobado que administrar metformina siguiendo una dieta adecuada mejora los parámetros metabólicos prolongando la vida de los ratones entre un 4% y un 40%.

En todo caso el estudio más relevante sobre este asunto es el realizado por un grupo del Cochrane Institute de la Universidad de Cardiff (Reino Unido) coordinado por C. A. Bannister publicado en 2014 y basado en los datos extraídos de las observaciones del UK Clinical Practice Research Data Link (CPDR) del año 2000. En él se compararon los resultados de 78.241 personas tratadas con metformina, 12.222 tratadas con sulfonilurea y 90.463 no diabéticos a lo largo de varios años habiéndose producido al terminarlo 7.498 muertes y según los datos la supervivencia entre los tratados con metformina fue un 38% mayor que entre los tratados con sulfonilurea e incluso un 15% superior a la de las personas no diabéticas.

LA METFORMINA Y EL MICROBIOMA

Llegados a este punto conviene explicar que las investigaciones efectuadas revelan un dato importante: la actividad de la metformina parece estar estrechamente ligada a su acción sobre el microbioma. En 2014 un grupo de investigadores de la Seul National University (Corea del Sur) encabezado por H. Lee y G. Ko publicó un artículo titulado Effect of Metformin on Metabolic Improvement and Gut Microbiota (Efecto de la metformina en la mejora metabólica y la microbiota intestinal) según el cual sometieron a ratones a una dieta rica en grasas para volverles obesos pero dando a parte de ellos metformina y éstos no engordaron tanto y sus niveles en sangre de azúcar y colesterol fueron menores; algo que achacaron a que su microbiota estaba también en mejor estado.

El propio H. Lee efectuaría posteriormente otro trabajo con otro grupo de distintas universidades coreanas publicando los resultados en 2018 y se corroborarían los resultados anteriores pero revelando además que la metformina disminuye el número de citoquinas proinflamatorias IL-1beta e IL-6 en el tejido adiposo. Comprobando asimismo que si se transfiere materia fecal de los ratones tratados a los ratones obesos no tratados con metformina mejoran sus perfiles metabólicos. De lo que concluyeron que la metformina modula la constitución del microbioma mejorando los perfiles metabólicos gracias a una menor respuesta del sistema inmune.

Hallazgo que acaba de complementar un grupo de investigadores de distintas instituciones italianas coordinado por el doctor A. Pascale publicando el pasado mes de abril de 2019 un trabajo según el cual el microbioma de las personas con diabetes tipo 2 posee una menor diversidad bacteriana -lo que se asocia con inflamación, resistencia a la insulina y aumento del tejido adiposo- favoreciendo la metformina distintas asociaciones bacterianas -especialmente las productoras de butiratos y otros ácidos grasos de cadena corta- así como modificaciones en la generación de ácidos biliares.

Terminamos indicando que ya en 2015 un equipo de 61 personas de distintas universidades coordinado por el doctor K. Forslund -del European Molecular Biology Laboratory, Structural and Computational Biology Unit de Heidelberg (Alemania)- publicó un completo estudio realizado en Dinamarca titulado Danish MetaHIT sobre los efectos de la metformina en el microbioma intestinal. Y según el mismo los enfermos de diabetes tipo 2 se caracterizan tanto por la baja diversidad de especies bacterianas como por la ausencia de bacterias productoras de butiratos facilitando ello la acción de patógenos oportunistas. Infirieron además que las bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta -especialmente butiratos y propionatos- mejoran la hiperglucemia.

CONCLUSIÓN

Los trabajos citados demuestran, en suma, que la metformina permite reducir en sangre los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos, mejora el estado del microbioma, tiene efecto antiinflamatorio y es pues útil para los diabéticos tipo 2 pero recuérdese que no hay fármaco que mejore los resultados que se obtienen con una dieta sana pobre en azúcares y carbohidratos refinados que se acompañe de ejercicio físico continuado. El propio estudio de T. J. Orchard ya citado deja claro que es incluso mejor que ingerir metformina cuya eficacia parece deberse sobre todo a que favorece a las especies bacterianas generadoras de butiratos en el microbioma intestinal, ácidos grasos de cadena corta favorecedores de la neurogénesis.

Paula Mirre

Este reportaje aparece en
227
Junio 2019
Ver número
Última revista
Último número Octubre 2021 de la revista mensual Discovery DSalud
252 | Octubre 2021
Cartas al director Editorial Ver número