CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 183 / JUNIO / 2015

Sr. Director: quería preguntarles si es cierto que el té verde puede dañar el hígado como he leído en la noticia de prensa que les adjunto. En ella se cuenta que un hepatólogo del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) de Lugo llamado Abel González recibe en su consulta al menos a un paciente al mes con daño hepático causado por el consumo de preparados de hierbas o suplementos dietéticos y éste, en sus consejos, agrega que no deben consumir té verde quienes sufran trastornos de ansiedad porque la cafeína que lleva puede aumentarla lo mismo que el riesgo de sangrado además de producir arritmias, afectar al control de azúcar en sangre, subir la presión ocular, provocar osteoporosis al aumentar la eliminación de calcio por la orina e incluso causar daño hepático. Agregando que tampoco se debe consumir té verde si se toman estos medicamentos: adenosina (empleada para hacer pruebas de esfuerzo), antibióticos de quinolona, medicamentos utilizados en el tratamiento del cáncer y el asma o que retarden la coagulación sanguínea, clozapina (antipsicótico), dipiridamol (vasodilatador cardiaco), estrógenos (incluidos medicamentos anticonceptivos), fluvoxamina y litio (antidepresivos), riluzole (útil en la esclerosis lateral amiotrófica) y verapamilo (empleado en arritmias supraventriculares). Y por si fuera poco dice que el té verde puede disminuir la absorción de hierro y ácido fólico así como aumentar los efectos estimulantes de la efedra -una planta natural- e incrementar los riesgos de daño hepático si además se consumen otros productos naturales como borraja y la uva ursi. Eso es todo. Gracias y un abrazo inmenso.

María del Pilar

La cafeína es un alcaloide del grupo de las xantinas que recibe otros nombres según su procedencia (llamándose teína a la que se halla en el té así como guaranina a la que se halla en la guaraná, conocida fruta tropical). Ahora bien, en el té hay además una serie de polifenoles -presentes en gran cantidad- que ralentizan la absorción de la cafeína por lo que su efecto es más lento aunque más duradero que el café. En cuanto a su mecanismo de acción cabe decir que básicamente estimula el sistema nervioso central de forma temporal ayudando así a evitar la somnolencia que produce el cansancio. Por eso se echa en muchos refrescos, especialmente en las colas y en las llamadas «bebidas energéticas» que gozan de gran popularidad y la gente ingiere masivamente al creer que no son peligrosas… de forma claramente errónea. Cafeína que desaparece por cierto en buena medida cuando el café se tuesta. En cuanto al té pasa como con el café: unos tipos tienen más cafeína que otros. Pues bien, la cafeína la metaboliza el hígado -por el sistema enzimático del Citocromo P450 oxidasa- y tanto cuando el mismo está dañado como cuando se está obeso se acumula siendo entonces tóxica. Además dificulta su metabolización el alcohol, el zumo de pomelo y muchos fármacos; entre ellos el ketoconazol, la fluoxetina, la paroxetina… En cambio la cafeína puede aumentar la absorción de paracetamol, el ácido acetilsalicílico y la ergotamina aumentando su biodisponibilidad. Como puede aumentar las concentraciones de teofilina y clozapina por interaccionar en su proceso de eliminación. Dicho esto cabe añadir que la cafeína, ingerida en altas dosis, tiene interacciones farmacocinéticas y farmacodinámicas con los antipsicóticos y benzodiacepinas como el diazepam. En definitiva, lo que el médico que cita explica es que el exceso de cafeína -y por tanto de té verde aunque en menor medida- puede dañar el hígado; lo mismo que el exceso de otras plantas de consumo habitual. Se refiere pues a personas que la ingieren EN EXCESO. Y eso es infinitamente más probable entre quienes ingieren bebidas como Red- Bull (y citamos ésta por ser la más conocida pero hay decenas de marcas). Bebidas que vienen a tener una concentración de unos 32 mg por cada 100 ml (160 mg en un refresco de medio litro). Bastando ingerir un litro para que pueda producirse una intoxicación AGUDA y aparezcan síntomas de inquietud, nerviosismo, insomnio, enrojecimiento de la cara, aumento de micción, trastornos gastrointestinales, contracciones musculares, irritabilidad, ritmo cardiaco irregular, agitación psicomotora, miopatía, hipercalcemia, debilidad muscular, nauseas, vómitos, diarrea y pérdida de peso. Pudiendo llevar a la MUERTE si se ingieren 150 mg de cafeína por kilo de peso o la misma se acumula porque el organismo no ha podido metabolizarla o expulsarla. En definitiva, el ABUSO de té verde podría ser perjudicial tomado solo en altísimas dosis o si se tiene el hígado dañado. Eso sí, interacciona negativamente con todos los fármacos que usted recoge en su carta a dosis notablemente menores por lo que NO SE DEBEN INGERIR ESOS FÁRMACOS. Y no solo porque interaccionen con el té o el café sino porque la mayoría de los mencionados son manifiestamente ineficaces además de peligrosos dados sus negativos efectos secundarios.


Sr. Director: tengo 13 años, consulto habitualmente su revista online y quería consultarles un problema. Tengo desde hace unos años dermatitis seborreica en el cuero cabelludo pero desde que volví de un viaje de estudios a Francia hace un mes se me ha acentuado bastante. Ahora tengo ya costras que me agrupan los mechones de pelo y están como en carne viva, con heridas. Es más, se me ha extendido a la parte posterior de la oreja. La doctora me ha recetado Peitel loción -una aplicación cada 48 horas- y lavarme con un champú para pieles atópicas pero no mejoré demasiado y a los 10 días me recomendó que me lavase con Sebiprox. También me aplico aceite de oliva virgen extra ecológico para hidratar la piel. En ocasiones anteriores la aplicación de Sebacur lograba controlar más o menos la dermatitis. En fin, me dirijo a ustedes para ver si me pueden orientar y si no puede curarse intentar al menos controlar los «brotes». ¿Han tratado el problema en algún número anterior de la revista¿ ¿Hay algún producto natural o recomendación que puedan hacerme? Les doy las gracias de antemano por su respuesta y por la labor que hacen con la revista.

Ángel García

Ya explicamos hace tres años que cada vez más expertos achacan la dermatitis seborreica a una infección por hongos, especialmente del llamado Malassezia furfur cuya presencia es habitual en la piel y al que también se achaca la Pitiriasis versicolor que normalmente no causa problemas hasta que es afectado por algunos de los principios activos de muchos cosméticos. De ahí que deba plantearse dejar de usar champús, geles, acondicionadores y otros productos sintéticos que pueden haber provocado o agravado el problema. De hecho el pelo mejora usando champús que contengan ácido salicílico, alquitrán de hulla, zinc, resorcina, ketoconazol o selenio e, incluso, corticosteroides (no le aconsejamos en cambio el uso de esas cremas clasificadas como “inmunomoduladoras tópicas”). En suma, por si acaso la causa es un hongo lávese la zona afectada –cuero cabelludo incluido- con zumo de limón y/o agua ozonizada y aplíquese un emplaste hecho con simple bicarbonato sódico y agua. Podría bastar para resolver el problema. Agregaremos que si bien los dermatólogos la consideran una patología crónica sin cura se ha constatado que en muchos casos hay un déficit de biotina o vitamina B7; así sucede por ejemplo cuando se padece fenilcetonuria, desorden metabólico por el que el organismo no puede metabolizar el aminoácido fenilalanina. Nuestra sugerencia pues es que evite una temporada los alimentos que lo contienen como es el caso de la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, los espárragos, los garbanzos, las lentejas, los cacahuetes y la soja así como los dulces. Sepa además que la fenilalanina se encuentra presente en muchas de las drogas psicotrópicas usadas habitualmente, como los antidepresivos. Asimismo está presente en el aspartamo, edulcorante artificial que se usa en numerosos alimentos dietéticos y bebidas, especialmente en las colas. Conviene pues que ingiera un complejo B rico en biotina o vitamina B7. Agregaremos que la arcilla ha demostrado ser útil aplicada sobre las escamas lo que a nuestro juicio se debe sobre todo a su riqueza en sílice. De ahí que le sugiramos asimismo la ingesta de silicio orgánico y se aplique en la zona afectada una crema que contenga ese mineral.


Sr. Director: soy estudiante de la Universidad de Granada y hace un año, con motivo de un trabajo sobre el medio ambiente, indagué sobre los efectos adversos del mercurio en la salud y vi que la principal fuente de absorción de este metal pesado entre la población es el consumo de grandes pescados -como el atún- pero ahora compruebo que también se halla en los empastes y resulta que yo tengo al menos cinco. La pregunta es obvia: ¿pueden realmente estarme afectando? ¿Dónde podría realizarme las pertinentes pruebas cerca de mi domicilio? ¿A quién puedo acudir para encontrar información clara, apoyo y soluciones? Muchas gracias por su atención y un cordial saludo.

Mario García Álvarez

Reiteramos a nuestros lectores que antes de enviarnos consultas entren en la sección de Cartas al Director de nuestra web para comprobar si ya ha hemos respondido en el mismo sentido a algún otro lector ya que para ello nos hemos molestado en agruparlas todas en seis bloques. Por lo que se refiere a las pruebas para saber si se está contaminado con mercurio se puede hacer en cualquier laboratorio ya que no es una analítica complicada. Basta un test de saliva o pelo. Dicho esto reiteramos lo que ya explicamos en su día y es que los tratamientos para eliminar el mercurio del organismo –que se suele acumular en los riñones, el cerebro y los nervios pudiendo provocar fatiga crónica, hipertensión arterial, alteraciones cognitivas y de la memoria, disfunciones en los neurotransmisores, infecciones recidivantes, alteraciones del sistema inmune, cambios olfativos y gustativos, desórdenes neuromusculares, anemia, alteraciones cardiovasculares, infertilidad, problemas digestivos, candidiasis y otras patologías- pueden variar en función del terapeuta porque hay muchas posibilidades. Lo contamos en el reportaje titulado Cómo eliminar los metales pesados del organismo que apareció en el nº 165 puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com– en el que explicamos que hay varias sustancias quelantes que son útiles: el Ácido alfa lipoico, el Ácido dimercaptosuccínico (DMSA por sus siglas en inglés), el Dimercaptopropanol-sulfonato (DMPS por sus siglas en inglés), la Penicilamina, el cilantro (Coriandrum sativum), la Chlorella pyrenoidosa, el Metilsulfonilmetano (MSM por sus siglas sin inglés) y sus derivados (el DMSO y el DMS) ayudando además a ello –por distintas razones- la vitamina E, el ácido orótico o vitamina B13, los carotenos, el selenio, la coenzima Q10, los ácidos grasos esenciales, el sulforafano, el vinagre de manzana, el centeno, el arroz integral y los alimentos ricos en pectinas, histidina y glutation. Dimos asimismo más información de este problema en el artículo que apareció en el nº 54 con el título Las amalgamas de mercurio son peligrosas recordando en él que la propia Food and Drug Administration (FDA) terminaría reconociendo en junio de 2008 tras décadas de ocultación e informaciones contradictorias e interesadas -tanto por parte de esa agencia como de los odontólogos- que «las amalgamas dentales que contienen mercurio pueden tener efectos neurotóxicos sobre el sistema nervioso durante el desarrollo de los niños y los fetos» (así podía leerse ya sin ambages en la web de la FDA). Y la asunción de que es así se tomó tras llegar a un acuerdo con varias asociaciones norteamericanas que habían acudido a la justicia para exigir su retirada por entender que el mercurio de las amalgamas es causa de numerosas enfermedades, algo que la FDA y los dentistas se pasaron décadas negando con la manida excusa de que “no había pruebas científicas de su peligrosidad”. Ahora bien, ante todo debe quitarse las amalgamas con alguien que sepa hacerlo para no correr el riego de intoxicarse con la extracción. Le sugerimos pues que entre en la web de la Asociación Española de Afectados por Mercurio de Amalgamas Dentales y Otras Situaciones que preside Servando Pérez Domínguez quien es a su vez vicepresidente primero de la World Alliance for Mercury-Free Dentistry (Alianza Mundial por una Odontología Sin Mercurio) y siga sus instrucciones: www.mercuriados.org.


Sr. Director: he decidido contactar con ustedes a fin de contarles mi caso para que lo publiquen si lo consideran oportuno y poder ayudar a que otras personas afectadas de asma intrínseco como yo puedan beneficiarse y recuperar la salud sin fármaco alguno. Verá, hace 20 años que soy asmática -me he estado tratando con Urbasón e inhaladores- y tuve que dejar de practicar mis aficiones preferidas; como el baile, el senderismo y el deporte. Es más, para llegar a tiempo al trabajo y contrarrestar la asfixia que me provocaba el simple hecho de caminar tenía que adelantar el despertador y salir de casa antes en muchas ocasiones. Y no hablemos ya de lo que me suponía subir unas escaleras. El caso es que cada vez estaba peor; de hecho sufrí también poliposis nasal teniendo que operarme en dos ocasiones a raíz de lo cual perdí el olfato por completo. El caso es que harta de que los médicos me dijeran que el asma es crónico y no hay nada para curarlo decidí probar durante todos esos años distintas disciplinas alternativas -Acupuntura, Homeopatía, Naturopatía etc.- pero tampoco conseguí ningún avance. Y como no estaba dispuesta rendirme buceé por Internet hasta que, por fin, ¡encontré el origen de mi asma! Son los sulfitos, productos que se agregan a numerosos alimentos como antioxidantes y de hecho están aprobados identificándose en las etiquetas con las siglas que van de la E-220 a la E-228. En muchos más de lo que la gente cree porque la ley no obliga al fabricante a hacerlo constar si no se rebasan los 10 mg por kilo de peso o los 10 mg por litro (vamos, que si se añaden 9,9 mg por litro no hay que declararlo). Estando especialmente presentes en las bebidas fermentadas: cerveza, sidra, cava, champán, vino… Pues bien, bastó que evitara todo alimento y bebida con sulfitos durante 2 días -han leído bien, DOS DÍAS– para que la vida volviera a mi cuerpo y el aire que respiraba llegara hasta mis pulmones perfectamente. A partir de ese momento dejé de ingerir productos con sulfitos así como todos los fármacos y a día de hoy sigo en perfecto estado de salud. A mi familia y a mí misma aun nos cuesta creerlo pero no hay duda alguna de la relación causa-efecto. Al menos funciona en el llamado «asma intrínseco» que es mi caso. En suma, he querido facilitarles esta información por si les parece oportuna darla a conocer y que otros enfermos de «asma intrínseco» puedan recuperar su calidad de vida y volver a hacer vida normal. Algo que me alegraría muchísimo ya que la salud es lo más importante. Un cordial saludo

Marisa Casado

Le agradecemos sinceramente su carta que publicamos para conocimiento de nuestros lectores al ser información de obvia utilidad para quienes, como usted, padecen el mismo problema. Por lo que se refiere a los derivados del azufre conocidos como sulfitos -que se emplean sobre todo para evitar el crecimiento de ciertas bacterias, mohos y levaduras, prevenir la oxidación de aceites y grasas y evitar la decoloración o el oscurecimiento de los alimentos (principalmente de vegetales y crustáceos)- se sabe ya que pueden dar lugar a numerosas reacciones a pesar de que se postula que son prácticamente inocuos. Sencillamente, no es verdad. Su consumo puede dar lugar a reacciones de tipo alérgico como enrojecimiento, picor de la piel y de la boca e, incluso, asma. Está probado que pueden dar lugar a bronconstricción y exacerbación del asma. Y pueden identificarse porque aparecen en las etiquetas de los alimentos con siglas que van de E-220 a E-228. Son éstos concretamente: dióxido de azufre (E220), sulfito sódico (E221), sulfito ácido de sodio (E222), metabisulfito sódico (E223), metabisulfito potásico (E224), sulfito cálcico (E226), sulfito ácido de calcio (E227) y sulfito ácido de potasio (E228). Añadiremos que es verdad que los sulfitos se encuentran también de manera natural en las bebidas fermentadas como las que usted misma cita pero en concentraciones muy bajas. Es el caso del vino, producto que cada vez más gente está dejando de ingerir dada la imposición legal de agregarle sulfitos añadidos que dan lugar a jaquecas, migrañas, mareos, malestar intestinal, hinchazón y dolor abdominal además de a problemas como los ya citados. Las autoridades lo niegan pero la lechuga por ejemplo contiene anhídrido sulfuroso en forma libre y al igual que los sulfitos del vino pueden desencadenar asma. Conocimiento que hizo que en 1986 la FDA prohibiera el uso de sulfitos en frutas y hortalizas… pero solo cuando se van a consumir en fresco (excepto en las patatas frescas que sí está permitido). En cuanto a España no se permite añadirlos a las carnes, pescados y mariscos porque destruyen su vitamina B1) pero están presentes en las frutas desecadas, los productos de bollería y pastelería con frutas desecadas, las gelatinas de frutas, mermeladas, frutas glaseadas, aderezos para ensalada, sucedáneos de carne, pescado y crustáceos, salchichas y longanizas frescas, crustáceos frescos, congelados y ultracongelados (gambas y camarones), crustáceos y moluscos cocidos, patatas procesadas y. como ya explicamos, en las bebidas fermentadas, incluidos los zumos, los vinos, las cervezas, las sidras y los cavas). Terminamos indicando que legalmente la Dosis Diaria Admisible (DDA) de sulfitos es de 0,7 mg por kilo de peso corporal y día. Se consideran pues muy poco tóxicos pero lo cierto es que es obligatorio que los alimentos y las bebidas que contienen sulfitos lo adviertan en el etiquetado. Por algo será. 


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183
Junio 2015
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