CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 210 / DICIEMBRE/ 2017

Estimado Sr. Campoy: tengo 43 años y aunque no hago deporte ni mucho ejercicio por problemas óseos en los pies me alimento desde hace tres o cuatro años de forma moderada e ingiero mucha fruta -a todas horas-, pasta, arroz, pan, cereales, frutos secos y aceite de oliva virgen así como helados, zumos de frutas y alguna cervecita o copita de anís de vez en cuando. Eso sí, no demasiada verdura, lo reconozco. Pero apenas ingiero carne, pescado, mariscos, embutidos y quesos. Vaya, a mi juicio una dieta razonable. Bueno, pues me han diagnosticado hace unos días esteatosis hepática no alcohólica, es decir, ¡hígado graso! ¿Cómo es posible? ¡Estoy asombrado! ¡Pero si apenas tomo grasas! ¿Puede ser verdad o es más probable que se trate de  un error de diagnóstico? ¿Cuál es su opinión? Y si fuera verdad, ¿qué lo puede haber causado y cómo podría resolverlo? Sinceramente, no me fío de los médicos de mi ambulatorio y en estos momentos no puedo permitirme acudir a consultas privadas. Confío en que pueda ayudarme aunque haga poco tiempo que les sigo ya que no conocí la revista hasta principios de este año (y me encanta). A la espera de su respuesta se despide

Justino Álvarez
(Bilbao)

La Esteatosis hepática no alcohólica o hígado graso lo provoca normalmente una dieta demasiada rica en azúcares -en especial de fructosa y sacarosa- y deficitaria en colina y metionina, no la ingesta de grasas. Y mejora rápidamente con una dieta libre de azúcares y carbohidratos refinados y la ingesta de colina -vitamina del grupo B de la que es rica la yema de huevo-, quercetina, metionina, levadura de cerveza, germen de trigo, leguminosas, coles de bruselas, pescado, prebióticos y probióticos (en especial L. casei). Ayudando asimismo ingerir fibra soluble, ácidos grasos omega-3, silimarina -principio activo del cardo mariano-, pycnogenol, extracto de Galega officinalis y dos minerales: cobre y zinc. Y uno o dos cafés diarios ya que éste disminuye la permeabilidad intestinal al elevar los niveles de la proteína zonulina-1. Es más, hacer esto es eficaz asimismo en casos de hepatomegalia -aumento patológico del tamaño-, inflamación, fibrosis, cirrosis e, incluso, hepatocarcinomas. Y permítanos que insistamos en la importancia de la colina porque ya en 1949 un grupo de médicos de la Universidad de Toronto demostró que incluso el exceso de alcohol y azúcar que pueden dar lugar a cirrosis y esteatosis hepática se previenen en buena medida cuando en el organismo hay suficiente colina. Y que en 2008 un numeroso grupo de investigadores ya constató que el factor de riesgo más importante para desarrollar una esteatosis hepática no alcohólica es el exceso de ¡fructosa! Siendo igualmente factores de riesgo muy importantes las bebidas gaseosas azucaradas y los carbohidratos refinados (pan, pasta, galletas, pasteles, etc.). Dicho esto añadiremos que en este mismo número de la revista damos a conocer que hay una sustancia enormemente eficaz para proteger el hígado: la hesperidina. Se trata de una flavanona glucósida que se encuentra tanto en la piel como en la capa interna blanca de los cítricos -especialmente en el limón- junto a otros conocidos flavonoides: la quercetina, la rutina y la didimina. Es más, hemos explicado igualmente que hay otras muchas sustancias naturales que protegen y/o regeneran el hígado. Las proantocianidinas por ejemplo protegen los hepatocitos y actúan a nivel genómico impidiendo la replicación del virus de la hepatitis C. El ácido glicirricinico o glicirricina presente en el regaliz es eficaz no solo frente a los virus de las hepatitis A, B y C sino también frente al herpes simple. La cúrcuma bloquea la replicación del virus de la hepatitis C al inhibir la expresión de su gen Akt-SREBP-1. El cardo mariano es hepatoprotector y no solo por la silimarina sino por otros de sus principios activos, como la silibina, la isosilibina, la silidianina y la silicristina, moléculas todas ellas antiinflamatorias, antioxidantes y antifibróticas que potencian la regeneración del hígado además de modular el sistema inmune exacerbado. Y fitonutrientes como el resveratrol, el licopeno, la capsaicina y la alicina -así como muchos otros- inhiben las vías de expresión de potentes factores inflamatorios y cancerígenos; como el factor NF-kB, la proteína activadora AP-1, la quinasa JAK-STAT y la COX-2. En suma, contra lo que usted piensa la alimentación que hace no es adecuada y explica que haya contraído hígado graso.

 

Muy Sr. Mío: soy médico con consulta privada desde hace 35 años y aunque he comprobado que la revista que usted dirige lleva casi 20 años en los kioscos no me había enterado de su existencia hasta hace unos días cuando compré un ejemplar al escuchar una animada discusión entre colegas de profesión sobre uno de sus reportajes en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid al que tuve que acudir por una caída en la que me luxé el tobillo. Hablaban de lo que publicaron en el nº 207 sobre la eficacia clínica de la Homeopatía, terapia que siempre he considerado -lo admito- sin el más mínimo fundamento. El caso es que me picó la curiosidad porque eran cinco y tres la defendían alegando precisamente lo que se planteaba en ese reportaje así como en otros que al parecer ustedes han publicado. En cualquier caso admito que lo que más me llamó la atención fue un dato que desconocía: el hecho de que los médicos que más agresiones sufren en los centros públicos de salud -ambulatorios, clínicas y hospitales- son los convencionales mientras prácticamente ninguno de los que ejercen las medicinas alternativas son agredidos. Y lo confieso: siempre creí que eran éstos quienes terminaban provocando la ira de sus pacientes ante su falta de resultados y resulta que es todo lo contrario. Me descolocó, investigué y resulta que es cierto. Lo irónico es que debí haberme dado cuenta mucho antes porque de hecho las medicinas alternativas no se practican en los centros sanitarios del sistema público de salud. Y sin embargo ni había caído en la cuenta. En fin, el caso es que he estado dos meses entrando a diario en su web y estoy perplejo. Sus textos son impecables, están muy bien documentados y aportan una información muy interesante que a mí jamás me había llegado porque reconozco leer solo revistas científicas y  muy de vez en cuando. Y aun más perplejo me quedé cuando vi quiénes están en su Consejo Asesor. Sinceramente, no entiendo cómo su publicación no es hoy referente en el ámbito de la salud. ¡Es excelente! Pensé que se debía a que a mis colegas tampoco les conocen pero luego lo he comentado con algunos y resulta que soy el único que no sabía de su existencia. Entono pues el mea culpa. Solo quería que lo supieran y que cuentan desde ahora con un lector agradecido. Están haciendo una labor encomiable. ¡Ah! Una pregunta: ¿qué datos tienen sobre las agresiones a médicos? No sé si han publicado algo recientemente pero me gustaría saberlo. Mera curiosidad. Sin otro particular, les saluda

Carlos González
(Madrid)       

Le agradecemos sinceramente sus palabras y su cortesía. En cuanto a su pregunta nosotros nos hemos limitado a dar a conocer lo que al respecto dice la propia Administración. Y es que entre 2008 y 2012 los médicos sufrieron en España más de 30.000 “agresiones”. Tanto en centros de Atención Primaria -el 51% de los casos- como en hospitales. El 80% de ellas agresiones verbales -insultos, vejaciones e intentos de coacción- pero un 20% físicas. Siendo los principales agredidos los médicos seguidos de los enfermeros. Tal fue de hecho el motivo por el que se decidió políticamente otorgarles la condición de “autoridad pública” y tengan “presunción de veracidad” en el ejercicio de sus funciones. Lo que no es tan conocido es que los médicos son asimismo agredidos en los centros del estado ¡por sus propios colegas! Y los datos son escalofriantes porque el 43,5% asegura haber sufrido algún tipo de acoso, discriminación o maltrato en su centro de trabajo durante 2016¡por sus superiores jerárquicos! Así lo recogió al menos la cuarta oleada del estudio Situación laboral de los médicos en España que elabora anualmente la Organización Médica Colegial (OMC).  Lo que se une a la ya conocida y denunciada precaria situación en que vive la mayoría. Según el informe los médicos son víctimas de insultos graves, vejaciones, comentarios despectivos o discriminatorios de tipo racial o étnico, reciben solicitudes de favores de naturaleza sexual, se les deja en ridículo o se les minusvalora ante otros profesionales sanitarios y pacientes, tienen una excesiva carga laboral y horarios de trabajo inadecuados y/o excesivos, reciben vetos para poder prosperar profesionalmente y se les excluye de forma inmotivada y prolongada de las actividades del servicio, entre otros. Problemas que sufren especialmente las  mujeres jóvenes de nacionalidad extranjera. Y hay más: el 55,3% no tiene plaza en propiedad y trabaja con contratos inestables de corta duración siendo el paro mucho más alto entre las mujeres: el 63,3%. Sin comentarios.

 

Sr. Director: quiero felicitarle por los dos últimos editoriales: La medicina convencional es una pseudociencia y La farsa criminal del cáncer. Me parecen dos textos tan importantes -y valientes- que entiendo que en MedicalNews se reprodujeran íntegramente y se hicieran llegar a los -según tengo entendido- más de 30.000 suscriptores de ese servicio gratuito. Lo que no entiendo es que nadie se haya hecho eco de ellas si como ustedes dicen llegan con él a más de un millar de periodistas, a todos los miembros de las comisiones de Sanidad del Congreso de los Diputados y el Senado, a gran número de altos cargos de las administraciones estatal y autonómica y a miles de médicos. ¿Cómo se explica el silencio ante tamañas denuncias? ¿Cómo es posible que acusaciones tan graves -y documentadas- no se hayan difundido masivamente? Se lo digo con sinceridad: estoy anonadado. Y ahora entiendo aquel editorial que publicó usted hace unos años manifestando su desazón ante la aparente inutilidad de su trabajo. Usted mismo ha reiterado en muchas ocasiones que si lo que publica la revista fuera falso ya les habían llevado a los tribunales decenas de veces y que si no ha sido así es porque todo ello está documentado. Pues bien, durante mucho tiempo creí que exageraba pero ahora entiendo que era verdad. Como entiendo que, efectivamente, la práctica totalidad de los medios de comunicación están controlados por la industria farmacéutica y la sociedad difícilmente va a saber la verdad de lo que está pasando. En fin, ahora sí entendería que cualquier día “tire la toalla”. No hace falta que me responda pero quisiera que publicara esta carta para dejar constancia de que algunos sí valoramos su trabajo. Mis más sinceras gracias.

Adolfo González
(Valencia)

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210
Diciembre 2017
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