CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 98 / OCTUBRE / 2007

Usted, Sr. Campoy, me salvó la vida. Por el mes de mayo del 2006 recurrí a usted por medio de mi hija Juana Mª a fin de que me indicase algún especialista para solucionar un problema de salud que llevaba arrastrando hacía varios meses. Su consejo fue recomendarme acudir a la consulta del Dr. D. Santiago de la Rosa y así lo hice. Me puse en contacto con él y me dio cita para el 12 de junio pero como estaba cada día peor no pude aguantar y el 5 de junio me personé en su consulta. Y nada más verme, me dijo: «Usted tiene una úlcera sangrante o algo peor». A continuación se puso telefónicamente en contacto con un amigo, me dio luego una carta para él y me dijo que me fuera de inmediato al Hospital Clínico San Carlos porque se encontraba allí de guardia. En la carta le decía que se me hiciese una endoscopia. El Dr. De la Rosa hasta nos indicó dónde debíamos coger el taxi para perder menos tiempo. Llegamos al Clínico sobre las 10 de la mañana y entré en Urgencias. Mi mujer entregó allí la tarjeta de la Seguridad Social y la carta para el Dr. Esteban -el médico al que nos había dirigido- y de inmediato me empezaron a hacer toda clase de pruebas. Dos horas y media después la doctora que me estaba atendiendo me dijo: «José, le vamos a mandar para casa porque en las pruebas y analítica no sale nada anormal; todo está correcto». Y yo, que casi no podía ya ni hablar ni moverme, le dije: «Doctora, no me diga eso: ¡si me estoy muriendo!». A lo que me respondió que no podía hacer otra cosa. En ese momento le repliqué que había entregado una carta en la recepción de Urgencias para el Dr. Esteban a fin de que se me hiciese una endoscopia y no me iba sin que me la hicieran. La doctora no dijo nada y se marchó pero al poco tiempo volvió y me preguntó cuánto hacía que no ingería alimentos. Le contesté que ocho o diez días. «¿Y líquidos?», insistió la doctora. Mi contestación fue que agua hacía unas tres horas, el tiempo que llevaba en Urgencias, a lo cual respondió que hasta las cuatro de la tarde no me podían hacer la endoscopia. Sobre las cuatro y veinte me subieron a una planta, se presentó el Dr. Esteban y me dijo que me iba a hacer la endoscopia tal como le había pedido el Dr. de la Rosa. Al principio decía que no se veía nada pero al fin indicó a los que estaban con él que detrás del píloro había una úlcera sangrante del tamaño de un elefante. Desde ese momento todo fue muy deprisa. Me subieron al quirófano y el Dr. Esteban eligió el cirujano que me iba a intervenir. Todo fue bien. Sin embargo, a los dos días tuve una fiebre bastante alta y decidieron operarme de nuevo. Y ante la necesidad de una nueva intervención llegué a pensar que mi ciclo vital se había terminado. Pero no fue así. Gracias al Sr. Campoy y al Dr. De la Rosa, al que desde entonces llamo Santiago Salvador. Por todo lo dicho creo que, volviendo al principio y aunque otros también hicieron lo suyo, lo cierto es que usted fue el principio de la cadena. Luego usted me salvó la vida, Sr. Campoy.

José Núñez Vecino
Garrovillas (Cáceres)

Es usted muy amable y enormemente generoso en su apreciación pero son los médicos que le atendieron -especialmente el doctor Santiago de la Rosa- quienes hicieron todo ello posible. Hay que tener muy buen ojo clínico para darse cuenta de algo así sólo con verle la cara y escuchar los síntomas. Y demuestra una vez más hasta qué punto los médicos se equivocan al fiarse más de los modernos medios diagnósticos que de escuchar al enfermo y usar el sentido común. Como demuestra hasta qué punto es una irresponsabilidad criminal que la inmensa mayoría de los médicos que trabajan en los servicios de Urgencias de los hospitales sean licenciados recién salidos de las facultades sin experiencia alguna. Por mucho que el responsable de guardia del servicio sí sepa lo que hace. En cuanto a usted, ¿qué decirle? Pues simplemente que nos alegra de verdad que haya superado el trance y que la sugerencia que en su momento le hicimos haya sido esta vez tan útil. Le deseamos la mejor de las recuperaciones.


Estimados amigos: mi esposo y yo somos suscriptores y leemos la revista cada mes con auténtica devoción. Quisiera pues, antes de nada, transmitirles nuestro reconocimiento y agradecerles su dedicación y buen hacer. Soy consciente del innumerable correo que reciben y por eso llevo algún tiempo sopesando la conveniencia de remitirles la presente. Mientras he intentado encontrar alguna solución a un problema que viene padeciendo mi madre, de 71 años, con dolores fortísimos en ambos pies que le impiden andar con normalidad. En el centro de salud que le corresponde lo atribuyeron a un problema circulatorio y le recetaron paracetamol para el dolor y un medicamento específico para la circulación. Tuvo una mala reacción al paracetamol y suspendió el tratamiento. Como no obtenía ninguna mejoría acudimos a la consulta de otro médico y éste, tras las pruebas de rigor, concluyó que se debía a los juanetes que le deformaban los pies y a una descalcificación ósea. El tratamiento prescrito fue Calcium Sandoz Forte, Fosamax, Antoprazol Madaux 40 mg. y Adolonta. Pero al iniciarlo tuvo otra reacción, aún mas virulenta, teniendo que acudir al servicio de Urgencias del hospital donde lo relacionaron con el Adolonta así que lo sustituyeron por otro analgésico. Ha transcurrido el tiempo, el dolor continúa y ya no sabemos dónde acudir por lo que rogamos tengan a bien indicarnos, si es posible, una terapia a la que recurrir o bien un profesional que pueda ayudarla. Por si fuese de interés, además de la medicación citada está tomando Ecazide para la hipertensión, Emconcor para la arritmia y Duotrav para la tensión ocular (por antecedentes de glaucoma). Les agradezco de antemano su interés. Saludos.

Emilia Fontenla Castro
(Pontevedra)

La verdad es que resulta increíble que alguien pueda tomar tantos fármacos a la vez y siga vivo. ¿Son ustedes realmente conscientes de los graves efectos de los fármacos? ¿Y de lo que pueden provocar las interacciones entre ellos? ¿Leen los prospectos? Ya sabemos que resulta mucho más cómodo «confiar» en el médico, es decir, pasarle la responsabilidad de decidir pero no es ése el camino más inteligente. A fin de cuentas salvo honrosas excepciones la mayor parte de los médicos sólo saben recetar fármacos paliativos que no curan nada. ¿Cuántas veces lo habremos dicho? ¿No le parece significativo que ante el mismo problema un médico diga que se debe a un problema circulatorio y otro a juanetes y descalcificación? Es obvio que al menos a uno de ellos habría que retirarle la licencia. Mire, lo primero que debería hacer su madre es dejar de tomar tanta sustancia tóxica y averiguar qué le pasa realmente. Y tiene usted a nuestro juicio dos alternativas: encontrar a alguien realmente competente en algún hospital público de Galicia o acudir a un centro o consulta privada donde tenga la certeza de que al menos averiguarán qué tiene su madre… pagándolo. Debe ser usted quien valore si le compensa. Nuestra sugerencia es que consulte en la Clínica Euroespes (981 78 05 05). Sólo el test farmacogenético que hacen allí le permitiría saber a qué analgésicos -y otros fármacos- es intolerante su madre. Ánimo y suerte.


Apreciados amigos: he leído con interés el artículo sobre la Dieta Budwig que apareció en el nº 94 ya que a mediados de los años 70 estuve trabajando como médico en una clínica naturista alemana donde a los enfermos de cáncer se les daba de desayuno la famosa crema de aceite de lino con requesón. Incluso dispongo de dos libros en alemán de ella. Quisiera, no obstante, hacer un par de comentarios. El aceite de lino se enrancia muy pronto y hay que tirarlo enseguida por lo que es económicamente preferible tomarlo en forma de cápsulas que lo aíslan del oxígeno ambiental. En cuanto al requesón es problemático ya que no es fácil encontrarlo en las tiendas de comestibles. El nombre alemán Quark es un tipo de queso fresco que es en lo que se basa la fórmula original de Budwig. Otro problema es que el queso contiene caseína que actúa como factor de crecimiento lo cual no es muy aconsejable en pacientes con cáncer. Si lo importante es que el aceite de lino se acompañe de aminoácidos azufrados -cistina, metionina, etc.- para mejorar su biodisponibilidad hay otros alimentos que son buenos suministradores como los lácteos, los huevos, los frutos secos (semillas de sésamo, nueces del Brasil, pistachos, anacardos, semillas de girasol…), los cereales (mijo, arroz, germen de trigo, trigo integral, etc.) y los champiñones. Sin tener pues que recurrir a fuentes de proteína animal, siempre problemáticas en este tipo de enfermos. Por otra parte, quisiera finalmente destacar que la hipótesis del Premio Nobel Otto Warburg de que la falta de oxígeno es el principal iniciador de los procesos cancerígenos estuvo siempre en discusión por la comunidad científica pero hace poco menos de un año estudios de laboratorio han demostrado que es correcta como han publicado diversos medios de comunicación alemanes. Cordialmente,

Frederic Vinyes

Le agradecemos sinceramente su aportación, sin duda alguna útil. Es más, precisamente porque somos conscientes de la dificultad que usted plantea estábamos ya elaborando un artículo que publicamos en este mismo número en el que explicamos cuál es la fuente más eficaz de ácidos grasos omega 3 que son los que necesita el organismo para las patologías a las que usted se refiere. Y en él justificamos por qué a nuestro parecer lo idóneo actualmente es el aceite de krill, producto cuya excelencia se debe en buena medida al método de extracción hace poco desarrollado que permite conservar todas sus cualidades. Y estamos seguros de que si la doctora Joanna Budwig no lo dijo así es porque cuando ella hizo su trabajo no existía tal método. Quede constancia en todo caso de su sugerencia por si alguien prefiere seguir ingiriendo el aceite de lino con proteínas sulfuradas. En cuanto a la reciente corroboración de la afirmación hecha en su día por Otto Warburg sobre la importancia de la ataxia o falta de oxígeno en el crecimiento de las células cancerosas lo conocíamos. Y de hecho, como usted sin duda sabe, hemos insistido en ese punto en varios de los artículos publicados sobre cáncer.


Estimados amigos: os felicito por vuestra gran humanidad. Gracias por ser tan cercanos a todos los lectores. Yo os siento ya como verdaderos amigos. El motivo de mi carta está relacionado con la Homeopatía: ¿no sería posible dedicar una sección a ella como con la Medicina Ortomolecular? Estaría muy bien saber cómo los especialistas en ella tratan los diversos problemas de salud y, sobre todo, qué productos son más adecuados para cada problema. Aunque habéis hecho algunos comentarios no acabo de entender bien en qué consisten los remedios de fondo. ¿Qué podéis contarnos? ¿Es cierto que los remedios de fondo suelen definir una personalidad? Lo mismo me ocurre con la Homotoxicología. ¿Podéis hablarnos un poco más sobre los nosodes y los suis? ¿Tenéis constancia de en qué casos muestran una notable efectividad? Por último, ¿qué remedios homeopáticos suelen ser los adecuados para la menopausia y, concretamente, para los sofocos? ¿Y para el asma y las alergias respiratorias? Un abrazo.

Olga Tocino

Hace unos años decidimos limitar el número de secciones de la revista porque nos obligaba a dedicar espacios cada mes a temas que muchas veces carecían de inmediatez cuando otros más urgentes requerían una atención prioritaria o de mayor alcance. Corríamos el riesgo de convertirnos en una enciclopedia de entrega mensual en lugar de ser una revista de actualidad. Por eso limitamos al mínimo las secciones. Sobre los fundamentos de la Homeopatía y de la Homotoxicología ya hemos hablado y los puede leer en nuestra web -www.dsalud.com- a la que acabamos de subir un recuadro explicando la manera de encontrar con facilidad lo que los lectores quieran buscar; aprovechando para ello las herramientas tecnológicas que Google pone gratuitamente a disposición de todos sus usuarios. Debe saber, finalmente, que la arraigada idea de que existe un fármaco para cada enfermedad o síntoma es falsa. En la Medicina alopática o farmacológica -que algunos denominan pomposamente «científica»- como en la Homeopatía, la Fitoterapia o la Medicina Ortomolecular. Existen enfermos, no enfermedades. Y cada persona requiere un tratamiento personalizado a su estado, situación y características. Otra cosa es que haya, en efecto, productos que sean útiles a nivel general para aliviar, prevenir o ayudar en patologías concretas pero creer que por ingerirlos sin más uno va a resolver su problema es generalmente falso ya que de lo que se trata es de testar el estado de salud de alguien para equilibrarlo de manera global. No se trata de sustituir el analgésico farmacológico por el analgésico fitoterapéutico u homeopático, se trata de averiguar por qué -en el caso de este ejemplo- esa persona tiene dolor para poder buscar a la causa y afrontarla.


Estimado Sr. Campoy: estoy totalmente desolada y confundida. Tengo en mi entorno una persona con cáncer de mama operada hace 2 meses y ahora con quimioterapia así como otra recientemente diagnosticada con una AR cuyo mayor problema son las muñecas. Estoy asustada y totalmente confundida porque sin ser lectora asidua de su revista tengo en mis manos los números 92 y 93 y no sé si aconsejarles que visiten al doctor Abbas, al profesor Blomgren o, simplemente, la compra de las gotas Green Sap que se anuncian en la revista. Les quedaría muy agradecida si me ayudan con sus conocimientos a salvar la vida de una persona y mejorar la calidad de vida de la otra. Atentamente,

Mª Trinidad Fernández Santurce
(Vizcaya)

Mire, son miles las personas que en los años que llevamos en la calle nos han hecho preguntas similares a la suya por teléfono, fax, carta, e-mail… Y vamos a resumir lo que entendemos que se debe hacer en estos casos. Ante todo, informe a la persona que tiene el problema -familiar, amigo o conocido- que para afrontarlo existen alternativas que probablemente no conozcan ni él ni su médico. Y que puede acceder a esa información entrando gratuitamente en nuestra web: www.dsalud.com. Porque es él -y no el familiar o amigo que conoce nuestra labor- quien tendrá que tomar la decisión ya que es su salud y su vida. Y si carece de información y además ignora la credibilidad que puede tener nuestra revista tenga por seguro de que no va a escucharla. Hará lo que le diga su médico y punto. Incluso aunque se esté jugando la vida. Es enormemente difícil razonar bien cuando se tiene miedo. Y en nuestra sociedad no abunda ni la gente valiente ni la suficientemente independiente como para tomar la batuta de su vida. Como en su día explicamos la inmensa mayoría de las personas son abdícratas, es decir, personas que abdican de su derecho a tomar decisiones haciendo que las tomen otros, especialmente cuando son complejas o difíciles. «Haré todo lo que me diga, doctor». Tal es la frase más usual ante un problema de salud grave y que normalmente se basa en la carencia de información y conocimiento, en el miedo y en la creencia de que los médicos son profesionales superpreparados que saben curar casi cualquier enfermedad. Y nada más alejado de la realidad. Resumiendo, ha de ser la persona enferma quien pida ayuda. Si no lo hace ella no servirá de nada ni su esfuerzo ni el nuestro. Y lo primero que debe hacer ésta es informarse y formarse. Por eso precisamente -y ahora hablamos de cáncer que es lo que a usted le preocupa en este momento- publicamos el libro Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo. Obra en la que además tiene una relación de médicos y terapeutas a los que se puede acudir ya que se dan direcciones, teléfonos, webs, e-mails… Y si no quiere adquirirlo no tiene más que entrar en el apartado Cáncer de nuestra web que es gratuita. Evidentemente la información es mucha y no está toda al alcance de cualquiera pero por eso siempre terminamos diciendo que lo suyo es optar por acudir a un profesional que le aconseje y oriente (no que decida por usted). En suma, nuestra sugerencia es que informe simplemente a las personas que tienen algún problema, a las que quiere y por las que se preocupa que hay alternativas que les convendría conocer. Y nada más. Aunque la angustia por la situación le quiera hacer ir más allá.


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Octubre 2007
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