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| GASES: UN SUPLICIO SENCILLO
DE SOLUCIONAR |
Comer deprisa o con prisa sin ensalivar
la comida y masticarla adecuadamente, tomar excesivos hidratos
de carbono refinados, fibra o alimentos flatulentos, ingerir
bebidas gaseosas, hablar mucho durante la comida, el nerviosismo,
la ansiedad, el estrés, el sedentarismo, la intolerancia a algunos
alimentos, determinados fármacos, ciertas disfunciones estomacales
o intestinales y, especialmente, la carencia de las enzimas
adecuadas en suficiente cantidad son los principales factores
de la generación excesiva de gases en el aparato digestivo.
Un molesto problema que no sólo provoca dolores abdominales
más o menos intensos sino también una enorme tensión en quien
lo sufre porque el cuerpo busca la forma de eliminar ese gas...
a veces del modo y en el momento más inoportunos.
Todos
hemos sufrido en algún momento de nuestra vida los molestos e
incómodos gases. De hecho, es una de las quejas más frecuentes
de los pacientes que acuden al médico. Bueno, eso cuando la persona
vence las barreras de la vergüenza y "se atreve" a exponer su
situación.
La sintomatología se asocia a dilatación del estómago o de los
intestinos (conocida médicamente como meteorismo), eructación
excesiva, sensación de pesadez bajo el esternón, hinchazón, necesidad
anormal de ventosear (en adultos se considera normal entre 14
y 23 flatos o pedos diarios), etc. Claro que éstas son sólo algunas
de las manifestaciones de este problema que muchos especialistas
califican de "dolencia nerviosa" ya que si bien es normal que
se formen gases -se generan en el intestino grueso de forma natural
por fermentación de los alimentos en una cantidad máxima de 200
mililitros diarios, parte de la cual se expulsa principalmente
por el recto- el hecho de que se produzca en cantidades excesivas
se debe a otras causas que, por lo general, son relativamente
fáciles de prevenir ya que muchas tienen que ver con nuestros
hábitos al comer.
¿POR QUÉ SUFRIMOS GASES?
Como decimos, una de las principales causas
del exceso de gases es nuestro estilo de vida. Y es que la mayoría
comemos hoy de prisa, estresados, con nervios y ansiedad... y
además de no masticar y ensalivar bien los alimentos hablamos
mientras lo hacemos con lo que tragamos -literalmente- aire. Algo
que se traduce en la conocida aerofagia -del griego aeros (aire)
y fagein (comer)-. Y otro tanto ocurre cuando se mastica chicle
y se fuma. Bueno, en el aire puro hay en realidad un 78% de nitrógeno
y un 21% de oxígeno suponiendo la suma del resto de elementos
un simple 1%. En cambio, los gases que se forman durante la digestión
tienen un 60% de nitrógeno, un 20% de hidrógeno, un 10% de anhídrido
carbónico, un 6% de metano y sólo un 4% de oxígeno.
En unos casos, como hemos visto, a causa de la aerofagia. En otros
porque los alimentos ingeridos son de por sí flatulentos, es decir,
provocan inevitablemente la formación de gases. Es el caso de
los cereales -salvo el arroz-, de las legumbres -especialmente
los garbanzos, las alubias y las lentejas-, de ciertas verduras
(sobre todo brócoli, cebolla, col, col rizada, coliflor, colinabo,
coles de Bruselas, espárragos, patatas, pepinos y rábanos) y de
las frutas (cuando no se toman solas), entre otros alimentos.
Otras veces la explicación de la formación de estos gases hay
que buscarla en la falta de flora intestinal o de determinadas
enzimas necesarias para digerir ciertos azúcares, especialmente
de la lactasa, imprescindible para metabolizar la lactosa de la
leche (por eso muchas personas resuelven sus problemas intestinales
y de aerofagia simplemente eliminando todos los lácteos).
Ahora bien, también el consumo de bebidas gaseadas -una práctica
absurda que perjudica notablemente la salud-, tomar excesivos
hidratos de carbono refinados o fibra, hablar mucho durante la
comida, el nerviosismo, la ansiedad, el estrés, el sedentarismo,
la intolerancia a algunos alimentos, la carencia de las enzimas
adecuadas en suficiente cantidad, padecer estreñimiento o sufrir
problemas pancreáticos, úlceras gástricas, colon irritable o síndrome
de Crohn (todos ellos trastornos que generan gases o que provocan
dificultades para expulsarlos por vía rectal) así como tomar determinados
medicamentos que alteran la flora intestinal -caso de los antibióticos
y los antiácidos- son otras de las circunstancias que pueden dar
lugar a la aparición de los molestos gases intestinales.
Un problema que no sólo puede llegar a ser doloroso sino provocar
disnea, palpitaciones, ahogos, dolores cardiacos y sensaciones
similares a la angina de pecho ya que la acumulación de gas en
el estómago puede elevar el hemidiafragma, músculo que separa
la cavidad abdominal del tórax y provocar sensación de angustia.
Y que, como todos sabemos, puede ocasionarnos situaciones incómodas
en el momento más inoportuno alterando nuestra vida social y laboral
porque a veces el "alivio" se produce públicamente -sin que podamos
controlarlo- expulsándolos "por arriba" mediante eructos -los
que han quedado retenidos en el estómago- o "por abajo" a través
de ventosidades -los que han pasado a los intestinos.
Y no es que el organismo carezca de soluciones menos "drásticas".
De hecho, los gases se absorben a lo largo del tubo digestivo,
pasan a la sangre y ésta los conduce a los pulmones donde son
eliminados. Asimismo, también existen en el cuerpo bacterias que,
en pequeñas cantidades, los metabolizan y los hacen desaparecer.
El problema, pues, está en su exceso. Porque cuando así sucede
no puede ser eliminado y entonces queda en nuestro interior produciendo
hinchazón y, a veces, dolor.
Consecuentemente lo más oportuno -e inteligente- es evitar en
la medida de lo posible que se formen esos gases. Eso es lo que
hacen los medicamentos que contienen dimeticona, una sustancia
que impide que se formen burbujas en el intestino de manera que
los gases son expulsados con mayor facilidad. Aunque siempre que
este trastorno no tenga su origen en una patología concreta o
en la administración de ciertos fármacos lo inteligente es, simplemente,
cambiar nuestros hábitos alimentarios.
CAMBIO DE HÁBITOS
Estos son nuestros
consejos para evitar la aerofagia:
Averigüe
mediante un test si es usted intolerante a algún alimento.
Suprima
de su vida las bebidas con gas y las azucaradas.
No
tome jamás fruta durante las comidas. Las frutas deben tomarse
siempre solas y en ayunas.
No
mezcle nunca proteínas con hidratos de carbono refinados.
Coma
y beba despacio. Masticando y ensalivando bien los alimentos y
asegurándose de que los trozos que introduce en la boca sean pequeños
(del tamaño de un dado como máximo). Cómodamente sentado y relajado.
Procurando no hablar nunca de cuestiones que le estresen. Luego,
una vez termine de comer procure relajarse al menos unos minutos.
Y a continuación de un paseo de 15-20 minutos.
Si
tiene problemas en la dentadura o le faltan piezas dentales asegúrese
de masticar durante más tiempo.
Procure no hacer comidas copiosas ni muy condimentadas.
Procure no consumir alimentos fritos.
Evite
la leche animal y sustitúyala por leche vegetal (de soja, de almendras,
de avena, etc) y no consuma quesos fermentados.
Evite todo alimento rico en carbohidratos como el pan, las patatas,
los cereales, las verduras flatulentas (coliflor, espinacas, alcachofas,
guisantes, coles, etc.) y las legumbres (especialmente las alubias,
los judiones, las lentejas y los garbanzos). Sepa en todo caso
que si las remoja durante ocho horas o si rompe el hervor a mitad
de cocción disminuyen las posibilidades de que las legumbres causen
flatulencia. Si aun así le sientan mal pruebe a pasarlas por el
pasapurés. Lo que ocurre con estos grupos de alimentos (principalmente
con la fibra, algunos carbohidratos y almidones) es que no son
digeridos y absorbidos en el duodeno y yeyuno y llegan intactos
al íleon y al colon donde son fermentados por las bacterias allí
presentes y dan lugar a la formación de gases (los citados anteriormente
y otro más: el anhídrido sulfúrico, causante del mal olor característico
de los pedos) y de ácidos grasos volátiles (como los gases acético,
propiónico y butírico) y, por tanto, a la flatulencia.
Cueza
muy bien la pasta para que no le dé problemas en el momento de
la digestión.
Ingiera
alimentos prebióticos.
Procure no tomar lácteos salvo yogures ricos en bacterias (acidofilus,
bífidus, etc.) ya que le ayudarán a equilibrar la flora intestinal
y a evitar las fermentaciones intestinales. De hecho, se ha comprobado
que el tipo de alimentación y la diferencia de la flora intestinal
hace que algunas personas produzcan más gases que otras y que
algunos alimentos flatulentos para algunas personas no produzcan
ese problema en otras.
Asegúrese de que su organismo produce suficientes enzimas digestivas.
Se trata de unas sustancias químicas que segregan fundamentalmente
el páncreas, el hígado, el estómago y el intestino y que son absolutamente
indispensables para poder digerir los alimentos. Básicamente son
de tres tipos: las proteasas -encargadas de descomponer
las proteínas-, las amilasas -encargadas de convertir los hidratos
de carbono en azúcares simples- y las lipasas -responsables de
la metabolización de los lípidos-. Basta con que ingiera abundante
fruta (especialmente, manzana, piña y papaya) y vegetales. Ahora
bien, sepa que hay otro alimento que contiene las tres enzimas
de forma significativa: la yema del huevo crudo. Aunque no es
menos cierto que hoy también puede encontrar preparados enzimáticos
tanto en herbolarios como en farmacias.
Suprima el café y el té cargado y sustitúyalos por infusiones
digestivas.
Evite el estreñimiento ya que ésa es una causa importante de que
se produzcan gases.
QUÉ HACER SI YA TENEMOS GASES
Lo dicho hasta
ahora evitará que tenga usted gases. Pero si ya los tiene y quiere
eliminarlos -tras asegurarse de que sigue nuestras recomendaciones
para evitar otra vez su producción ya que si no será la pescadilla
que se muerde la cola- puede hacer lo siguiente:
Ingiera
carbón vegetal. Absorbe los gases y los expulsa a través de las
heces. Se trata de un tipo de carbón que se obtiene mediante la
carbonización de la cáscara de coco y que encontrará fácilmente
en cualquier herbolario.
Tome diariamente alguna infusión con hierbas carminativas (se
llaman así a las que ayudan a eliminar los gases). Por ejemplo,
de anís estrellado, manzanilla, salvia, tomillo, menta, poleo,
hinojo, hierbaluisa, orégano, azafrán, canela, clavo, comino y
semillas de apio. Obviamente puede tomar una infusión mezclando
algunas.
Túmbese de lado sobre el costado izquierdo en posición fetal.
Se trata de una postura que facilita notablemente la expulsión
de gases.
Laura
Jimeno
¿No
será intolerante a algún alimento?
Algunas
personas que presentan frecuentes episodios de flatulencia los
padecen porque, sin saberlo, son intolerantes a alguno -o algunos-
de los alimentos que ingieren de manera habitual. Es con frecuencia,
por ejemplo, el caso de la lactosa de la leche, del gluten y de
los edulcorantes. Una parte importante de la población es intolerante
a una u otra sustancia -o a las tres- sin saberlo. Consecuentemente,
si tiene alguna sospecha de que puede ser su caso hágase cuanto
antes un test de intolerancia alimentaria.
Tenga en cuenta además que la producción excesiva de gases, aunque
no es una enfermedad en sí misma puede ser síntoma de algún trastorno
más serio como una úlcera gástrica o duodenal, dispepsia intestinal,
colon irritable, síndrome de Crohn, problemas de páncreas o un
funcionamiento anormal de los músculos del esófago o del estómago.
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