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Es eficaz en el tratamiento
del cáncer y de otras muchas patologías
CARTÍLAGO DE TIBURÓN: POTENTE ESTIMULADOR DEL SISTEMA
INMUNE |
Al ser ricas en proteínas, mucopolisacáridos,
calcio y fósforo las aletas de tiburón se han empleado en Oriente
desde tiempos inmemoriales para elaborar una exquisita sopa.
Pero no sólo por eso ya que el cartílago que las compone se
ha revelado como un potente antiinflamatorio y analgésico además
de estimulador del sistema inmune, regulador de la angiogénesis
e inhibidor del crecimiento tumoral, entre otras propiedades.
De ahí que se cuenten ya por cientos los estudios que en los
últimos treinta años se han llevado a cabo sobre este producto
alimenticio -del que no se conocen efectos adversos- cuando
se toma como coadyuvante en el tratamiento de diversas patologías,
incluido el cáncer.
De
un tiempo a esta parte cada vez más personas hacen suyo el antiquísimo
postulado hipocrático de convertir los alimentos en su medicina.
Pues bien, a la larga lista de "alimentos para la salud" hay que
sumar uno más: el cartílago de tiburón, una fuente importante
de proteínas, carbohidratos complejos, fósforo y calcio. Se trata
de un producto que ya en 1991 obtuvo la autorización de la Food
and Drug Administration (FDA) estadounidense -algo así como
nuestra Agencia Española del Medicamento- para ser comercializado
como un suplemento alimenticio al que se le reconoce la capacidad
para "inhibir el crecimiento tumoral y las metástasis, la artritis
-en particular la artritis reumatoide-, la retinopatía diabética
y el glaucoma vascular, la psoriasis y las enfermedades inflamatorias
de componente vascular". ¿La clave? En el tiburón.
¿CUÁLES SON SUS NUTRIENTES?
"Los tiburones no enferman de cáncer"
es el título de un libro publicado por I. William Lane
-bioquímico graduado en Ciencias de la Nutrición- y Linda Comac
a mediados de la década de los noventa y en él, entre otras cosas,
se afirma que el cartílago de tiburón contiene una impresionante
cantidad de sustancias biológicamente activas. Destacando entre
ellas, además de colágeno y sulfato de condroitina, una familia
de carbohidratos complejos llamados mucopolisacáridos que son
sustancias que, en la piel y en las mucosas, se asocian al colágeno
para combatir eficazmente a las bacterias. De ahí que se le reconozca
su capacidad terapéutica en el tratamiento de enfermedades como
el lupus eritematoso (vea la sección de Medicina Ortomolecular
de este mismo número) y la psoriasis. Asimismo, los mucopolisacáridos
resultan efectivos en el tratamiento de afecciones reumáticas
porque son potentísimos antiinflamatorios sin efectos secundarios
graves. Además estos componentes estimulan el sistema inmune que
trabaja sinérgicamente con las proteínas -de las que hablaremos
a continuación- mientras que el calcio y el fósforo son utilizados
por el organismo como sustancias nutritivas. En cuanto a las mencionadas
proteínas suponen casi el 40% de la composición del cartílago
de tiburón pero hay una de ellas en concreto, una macroproteína
llamada IDC (siglas que corresponden a inhibidor derivado de cartílago),
que inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos. Es decir,
impide la angiogénesis o neovascularización, capacidad ésta que
según Lane quedó demostrada hace más de 30 años y que convierte
por ello al cartílago de tiburón en una terapia efectiva para
prevenir y combatir aquellas patologías -incluido el cáncer- que
dependen de la formación de nuevas redes sanguíneas.
EFICAZ EN EL TRATAMIENTO DE DIVERSAS
PATOLOGÍAS
La psoriasis, la retinopatía diabética, el
glaucoma neovascular, la osteoartritis, la artritis reumatoide,
la enteritis, la degeneración macular de tipo húmedo o exudativo
y el cáncer son algunas de las enfermedades más comunes asociadas
a la formación de nuevos vasos sanguíneos. De hecho, los principales
tejidos afectados por el desarrollo masivo de nuevos vasos son
aquellos que originalmente son avasculares como la piel, la córnea
o el cartílago. De ahí que William Lane y muchos otros especialistas
en salud y nutrición afirmen que estas patologías angiogeno-dependientes
pueden tratarse con cartílago de tiburón.
Hay que aclarar en este punto que el cartílago es un tejido avascular,
es decir, no-vascular. Esto quiere decir que carece de vasos sanguíneos
(y también de nervios, a diferencia del hueso que posee ambas
estructuras) y por ello se le ha estudiado en busca de su contenido
en elementos inhibidores de la angiogénesis. ¿Y por qué se ha
investigado especialmente el cartílago de tiburón? Pues porque
este animal se caracteriza precisamente por la ausencia de hueso
en su cuerpo. El esqueleto del tiburón es cartílago puro. De hecho,
un tiburón contiene 1.000 veces más cartílago que cualquier mamífero
de su tamaño. Además se da la circunstancia de que el tiburón
es uno de los pocos animales que rara vez (o nunca) enferman de
cáncer. La frecuencia de cáncer en estos peces se ha estimado
en un caso -e incluso menos- por millón. Es más, en su libro William
Lane relata cómo el doctor Carl Luer -bioquímico del Laboratorio
Marino de Sarasota (Florida, Estados Unidos)- estuvo años criando
tiburones en estanques a los que añadía concentraciones de agentes
fuertemente cancerígenos ¡sin que se produjera ni un solo tumor
entre ellos! De este hecho los investigadores coligieron que el
cartílago del que están constituidos estos animales podía ser
lo que impedía que desarrollaran tumores. Treinta años después
de las primeras investigaciones al respecto (lea para mayor
información el recuadro adjunto) se sabe que las posibilidades
de que aparezca metástasis en los seres humanos se reducen significativamente
cuando se toma cartílago de tiburón. Y ello se debe a que -insistimos-
las proteínas de este alimento actúan inhibiendo la formación
de nuevos vasos sanguíneos de forma que el tumor -que para desarrollarse
necesita formar en su interior nuevos capilares por los que recibir
nutrientes- no puede alimentarse con lo que disminuirá su tamaño
y acabará desapareciendo. Y no sólo eso porque, además de favorecer
la destrucción de los tumores, este alimento estimula la actividad
del sistema inmune y previene la formación de nuevos tumores.
Al menos eso es lo que consiguió demostrar ante la FDA el doctor
Lane hace casi 15 años. Hoy el potencial terapéutico del cartílago
de tiburón ha sido especialmente investigado en oncología clínica
tanto en tumores sólidos -mama, pulmón, próstata o riñón- como
en los no sólidos -mieloma múltiple-. Además se ha comprobado
que en sólo unos pocos meses el cartílago de tiburón mejora la
conducta inmune de las células por lo que teniendo en cuenta que
no provoca efecto secundario adverso grave alguno se considera
muy útil para subir rápidamente las defensas de personas debilitadas
tras someterse a Radioterapia y Quimioterapia. Claro que también
es interesante la ingesta de cartílago de tiburón en el tratamiento
de enfermedades articulares como, por ejemplo, la artritis reumatoide.
Se trata de una enfermedad inflamatoria que produce trastornos
articulares, atrofia muscular y destrucción del hueso y del cartílago
y cuyas causas no se conocen pero sí se sabe que existe un desarrollo
capilar anormal que puede destruir el cartílago articular y, por
tanto, se considera que la angiogénesis puede ser la raíz de la
enfermedad. Lo que sí está constatado es que las personas afectadas
de artritis que han tomado cartílago de tiburón como único tratamiento
obtienen excelentes resultados en cuanto a que en ellos han desaparecido
la inflamación y el dolor sin efecto secundario grave alguno.
En cuanto a la enteritis -es decir, la inflamación crónica del
revestimiento mucoso del intestino delgado- se ha observado que
la administración oral de cartílago de tiburón estimula el sistema
inmune, inhibe la formación de nuevos vasos sanguíneos, reduce
la inflamación y permite que las personas ganen peso y, como consecuencia,
energía y vitalidad.
Asimismo, el cartílago de tiburón se ha mostrado efectivo en la
prevención y tratamiento de diversas patologías oculares -entre
ellas, la retinopatía diabética, la degeneración macular exudativa
y el glaucoma neovascular- que muchos investigadores consideran
provocadas por la angiogénesis. En estos casos el cartílago de
tiburón ha resultado efectivo tanto para prevenir esas dolencias
como para tratarlas habiendo evitado la ceguera a muchas personas
abocadas a ella por las características de sus dolencias.
Eso sí, aunque los efectos secundarios que se han constatado se
limitan a náuseas y algún vómito hay una serie de contraindicaciones
absolutas a la toma de cartílago de tiburón. Por razones obvias
-y que se refieren a la capacidad del cartílago de tiburón para
impedir la formación de nuevos vasos sanguíneos- no podrán tomarlo
las mujeres embarazadas o que se hallen en periodo de lactancia,
ni aquéllas que estén pensando en ser madres. Tampoco es recomendable
en los niños menores de 12 años, en quienes vayan a ser operados
en 15 días, en quienes se hayan sometido a cirugía menos de dos
semanas antes, en quienes hayan sufrido un paro cardiaco recientemente
o en quienes padezcan litiasis renal ya que todos ellos se encuentran
en un proceso angiogénico natural que podría verse afectado o
interrumpido por este alimento. Lo mismo ocurre con las personas
que han sufrido heridas graves o intervenciones quirúrgicas importantes
ya que necesitan nuevos vasos sanguíneos para acelerar la curación.
Ni que decir tiene que los alérgicos al pescado no deben ni probarlo.
UN "PLACEBO" MUY ESTUDIADO
Por supuesto no
faltan quienes afirman que el cartílago de tiburón no es más que
un placebo pero a estas alturas, ante la cantidad de estudios
ya realizados, tal afirmación sólo demuestra desinformación o
ignorancia. En todo caso, si se decide -tras consultarlo con su
médico- a tomar este complemento alimenticio sepa que en forma
de ampollas -es decir, como extracto líquido de cartílago de tiburón-
la concentración proteica es mayor que en forma de cápsulas o
en polvo. Siendo la dosis normal de una ampolla al día o cada
dos días disuelta en agua o zumo de frutas una hora antes de la
comida.
Laura Jimeno
Propiedades terapéuticas
-Es un potente antiangiogenésico.
-Es un antiinflamatorio muy efectivo por su alto contenido en
mucopolisacáridos.
-Es analgésico.
-Estimula el sistema inmune.
-Facilita la regeneración de tejidos y la cicatrización de heridas.
-Ayuda a prevenir y tratar diversas patologías, incluido el cáncer.
-Es una buena fuente de proteínas, carbohidratos complejos, calcio
y fósforo.
-Su ingesta es bien tolerada por el estómago.
-Carece de efectos secundarios graves. No afecta negativamente
ningún parámetro bioquímico, hemotológico o enzimológico.
Otros antiangiogenésicos naturales
Existen alternativas para bloquear la angiogénesis
aunque sus propiedades terapéuticas -especialmente en el tratamiento
del cáncer- están aún evaluándose en pruebas clínicas. Estas fuentes
naturales de moléculas antiangiogenésicas son:
-Los polifenoles del té verde.
-La curcumina de la cúrcuma.
-La genisteína de la soja.
-El licopeno del tomate.
-El perilil-alcohol de la cereza.
-Los lignanos del lino.
-El dialil-silfide del ajo.
-La luteína de la espinaca.
-El selenio.
-La vitamina E.
Resultados en Oncología
Fue en 1991 cuando el doctor I. William
Lane recibió de la FDA norteamericana la patente para comercializar
cartílago de tiburón como complemento alimenticio (después, cabe
decirlo, de haberse gastado ¡231 millones de dólares! en obtener
las pruebas y certificaciones exigidas por ese organismo para
autorizar un producto). La FDA consideraba así probadas las aportaciones
científicas de los diversos investigadores que llevaban años contrastando
en humanos la eficacia de este producto para tratar el cáncer.
Uno de los pioneros fue el doctor Judah Folkman -de la
Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (Estados Unidos)-
quien a principios de los setenta planteó la hipótesis de que
si se podía detener la angiogénesis se paralizaría el crecimiento
del tumor. Según él, bloquear la formación de nuevos vasos sanguíneos
a través de los que el tumor pudiera obtener sustancias nutritivas
y eliminar sus desechos "haría pasar hambre a las células cancerosas
hasta hacerlas morir". Una idea en apariencia sencilla que
fue recibida con un alto grado de escepticismo y rechazo a pesar
de que abría una interesante puerta hacia la comprensión del cáncer
(en 1991, veinte años después de este primer y prometedor descubrimiento,
el propio doctor Folkman afirmaría en su libro Biologic Therapy
of Cancer -Terapia Biológica del Cáncer- que el cartílago
de tiburón es la sustancia no tóxica más eficaz para impedir la
angiogénesis).
El paso siguiente lo darían dos científicos del Massachussets
Institute of Technology de Estados Unidos -los doctores
Robert Langer y Anne Lee- quienes a mediados de esa
misma década publicaron en la prestigiosa revista Science que
el cartílago de ternero es capaz de inhibir la vascularización
de los tumores sólidos. Después orientaron sus pesquisas hacia
el cartílago de tiburón porque encontraron que a igualdad de peso,
las proteínas de este producto son 1.000 veces más potentes como
inhibidoras del cáncer que las que se obtienen del cartílago de
las vacas y otros mamíferos.
Años después el doctor John Prudden sería el primero en
aplicar cartílago en enfermos de cáncer. Utilizó cartílago de
ternero para tratar a 31 personas a las que después haría un seguimiento
durante 11 años para calibrar el éxito del tratamiento a largo
plazo. En vista de los resultados tras más de diez años de aplicación
del cartílago Prudden lo recomendaba como agente principal en
la terapia contra el cáncer tanto por su utilidad como por la
carencia de efectos secundarios. Pues bien, Prudden aseguraría
que los resultados hubieran sido infinitamente mejores si se hubiera
aplicado cartílago de tiburón ya que es 1.000 veces más efectivo
como inhibidor de la angiogénesis. Numerosas investigaciones y
ensayos posteriores le darían la razón.
Por último, cabe añadir que en el libro del doctor Lane se relata
la duración del tratamiento, la evolución y los resultados obtenidos
en numerosos casos de cáncer, artritis y otras enfermedades por
diferentes doctores de países como Estados Unidos, México, Bélgica
o Alemania, entre otros.
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