REPORTAJES
NÚMERO 17 / JUNIO / 2000
   OMEGA-3: EL SECRETO DE GROENLANDIA


A nivel popular el consumo de grasas y aceites se relaciona de inmediato con problemas de colesterol, enfermedades coronarias y obesidad. Sin embargo, hoy existen pruebas que evidencian que determinados tipos de grasas no sólo no son negativas sino que son necesarias para una óptima conservación de la salud.

Los aceites y las grasas -químicamente clasificadas como lípidos- son sustancias cuyo origen puede ser animal o vegetal y constituyen, junto a las proteínas y los hidratos de carbono, el grupo de los tres nutrientes más importantes de nuestro organismo. Básicamente tienen tres funciones:

-Servir como almacén de energía y protegernos del frío y de otros agentes medioambientales.
-Actuar como constituyentes estructurales de la membrana celular y son, por tanto, responsables de la elasticidad de la piel. Y,
-Ser precursores de las prostaglandinas, los tromboxanos y los leucotrienos, sustancias implicadas en el desarrollo normal del sistema nervioso, la regulación de la presión sanguínea, las reacciones inflamatorias, los mecanismos de defensa del sistema inmune y la acción de determinadas hormonas.

Los ácidos grasos se clasifican atendiendo al número de dobles enlaces que se integran en sus moléculas; así nos encontramos con:

-Ácidos grasos saturados: no contienen ningún doble enlace.
-Ácidos grasos monoinsaturados: poseen un solo enlace.
-Ácidos grasos poliinsaturados: con dos o más dobles enlaces (a este tipo pertenecen, entre otros, los ácidos omega-3 y omega-6). 

ÁCIDOS GRASOS ESENCIALES 

Se llaman esenciales a aquellos ácidos grasos que no pueden ser sintetizados por nuestro organismo y que, al igual que sucede con las vitaminas, deben ser obtenidos a través de los alimentos o, en su defecto, de los suplementos nutricionales. Existen dos familias de ácidos grasos esenciales: los omega-3 y los omega-6. Su estructura es en cadena larga y la posición que ocupa en ella el doble enlace da lugar a sus nombres; así, la posición tercera se corresponde con los omega-3 mientras que la sexta lo hace con los omega-6.
Los principales ácidos grasos omega-3 son el alfa-linolénico y sus metabolitos -el eicosapentaenoico (EPA) y el docosohexaenoico (DHA)-, mientras que el ácido linoleico y sus correspondientes metabolitos -el gamma-linolénico (GLA) y el araquidónico (AA)– son los representantes de la familia omega-6.  

UNA DOSIS DE SALUD 

Ambos ácidos grasos son precursores de los eicosanoides, sustancias activas a muy baja dosis y de potentes efectos biológicos. Sin embargo, mientras que los omega-3 potencian un tipo de ecosanoides que actúan fluidificando la sangre, los omega-6 lo hacen sobre otros y el efecto es completamente opuesto favoreciendo la formación de coágulos. Este antagonismo es vital para nuestra salud, siempre y cuando ambos ácidos grasos se encuentren en la proporción adecuada.
Aún no existe consenso sobre cuál es la cantidad de lípidos que diariamente debemos consumir pero la mayoría de los expertos en nutrición aconsejan que el aporte de grasa no supere el 35% de las calorías totales. Una cantidad muy por debajo de la media occidental. La British Nutrition Foundation, por su parte, recomienda que en la edad adulta el aporte de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga ha de ser del 7,5% de la grasa total (un 6% como omega-6 y  un 1,5% como omega-3). 

PROTECCIÓN Y PREVENCIÓN 

Fue una investigación realizada en Groenlandia la que puso de manifiesto las virtudes de los ácidos omega-3. Científicos daneses observaron que los esquimales que vivían en esta parte del mundo presentaban una incidencia de muerte por accidente cardiovascular ocho veces menor que la de los esquimales que habían emigrado a Dinamarca. Sin embargo, su dieta era muy rica en grasas. La explicación la hallaron en los altos niveles de omega-3 que presentaban en la sangre, fruto de un consumo elevado de aceite de pescado. Ahí comenzó a considerarse la posible influencia positiva de estos ácidos grasos en la prevención de la arterioesclerosis. Hoy se sabe con certeza que tanto los omega-6 como los omega-3 tienen múltiples virtudes que los convierten en un espléndido aliado para nuestra salud. 

PRINCIPALES PROPIEDADES DE LOS OMEGA-3 

-Prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares.
-Reducción de los triglicéridos.
-Descenso de la presión sanguínea, sobre todo si se padece hipertensión.
-Contribución al perfecto desarrollo del bebé antes y después del parto.
-Alivio del dolor y la rigidez en casos de artritis reumatoide.
-Mejora de la dermatitis seborreica infantil y de la dermatitis pañal.
-Protección de los fumadores frente a la Enfermedad Pulmonar Crónica Obstructiva.
-Reducción de la probabilidad de recaída en la Enfermedad de Crohn (inflamación crónica del tracto gastrointestinal y de otros órganos). 

PRINCIPALES PROPIEDADES DE LOS OMEGA-6 

-Mantenimiento de la piel tersa y flexible.
-Regulación de la temperatura corporal.
-Protección de la piel frente a heridas e infecciones.
-Aconsejados en los casos de psoriasis y eczema atópico.

Las propiedades hidratantes de los omega-6 así como su acción sobre ciertas alteraciones cutáneas han hecho que este lípido se emplee cada vez más en cosmética (cremas hidratantes, champús, jabones, aceites corporales, etc.) Por otro lado, se cree que los ácidos poliinsaturados de cadena larga tienen también efectos beneficiosos sobre otros trastornos como el síndrome premenstrual, la diabetes, la esclerosis múltiple, la migraña, la depresión y el cáncer. 

OJO CON LOS EXCESOS 

Recuerde el lector, en todo caso, que si la carencia de estos ácidos es negativa no menos peligroso es el exceso. Por eso, cuando se recomienda una dosis de ácidos grasos poliinsaturados del 7,5% respecto de las calorías totales se está estableciendo un límite mínimo pero también existe un máximo y de ahí que si el porcentaje se eleva por encima del 12% puede producirse un descenso del HDL (colesterol bueno) al tiempo que puede aumentar el riesgo de formación de cálculos biliares. Otros estudios apuntan a problemas de tipo inmunitario, de coagulación de la sangre y glicemia en los diabéticos aunque aún no se sabe con exactitud si es así. Además, un aporte elevado de ácidos omega-3 dificulta la absorción digestiva de la vitamina E. Por tanto, lo mejor es no pasarse con la dosis y, a ser posible, procurar que esta proceda de la alimentación.

 

Raquel González Arias



FUENTES NATURALESDE OMEGA-3 

-Espinacas, repollo, lechuga y brécol.
-Pescados grasos (arenque, caballa, sardina, salmón...).
-Aceite de pescado.
-Aceites de colza, de soja y de germen de trigo. 

FUENTES NATURALESDE OMEGA-6

-Aceites de soja, coco, maíz, girasol, borraja y onagra.
 



LA IMPORTANCIA DE LOS OMEGA-3 DURANTE EL EMBARAZO 

Los ácidos araquidónico (de la familia de los omega-6) y DHA (de los omega-3) son esenciales tanto para el desarrollo del feto como durante los primeros meses de vida del bebé. Los bebés son incapaces de producir ambos ácidos y por eso es preciso que reciban el aporte suficiente de esos nutrientes antes y después del parto. De hecho, la futura madre ha de tener una reserva adecuada de ácidos grasos poliinsaturados antes incluso de quedar embarazada. El embarazo y la lactancia también son momentos clave ya que la madre es la encargada de alimentar al niño y sólo a través de ella éste puede satisfacer sus necesidades nutricionales. Los niños prematuros están más afectados por esta deficiencia ya que su organismo no tiene la capacidad adecuada para sintetizar el DHA, pudiendo esto obstaculizar el correcto desarrollo del cerebro y la retina.
La leche materna suele ser una buena fuente de omega-3 aunque se ha demostrado que la cantidad de DHA que contiene decrece a partir del primer hijo. Y es importante porque diversos estudios han puesto de manifiesto que los niños alimentados con leches artificiales sin DHA presentaban un desarrollo más lento de la vista que los que eran amamantados o consumían leches infantiles enriquecidas con esta sustancia. 



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