El médico alemán
Berthold Kern sostuvo durante décadas que los infartos nos los provoca -como se afirma- la obstrucción de las coronarias. Y lo aseveraría porque entre 1930 y 1940 realizó numerosas autopsias y tal hipótesis no se corroboró. Estudios posteriores avalarían su convicción. Luego, con el tiempo, postularía que los infartos son consecuencia de la acidosis metabólica del tejido del ventrículo izquierdo, problema que según él puede corregirse. ¿Cómo? Con un tónico cardiaco, concretamente con la ingesta de
estrofantina, glucósido derivado de la planta africana
strophantus gratus. Lo singular es que los estudios que realizó y las experiencias de numerosos médicos alemanes apoyan sus conclusiones pero a día de hoy los cardiólogos han optado incomprensiblemente por ignorar sus descubrimientos.
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