Si un científico dijera
haber encontrado un remedio que tuviera eficacia
en más de una decena de enfermedades graves
-incluyendo el cáncer, el infarto, la úlcera
y el asma- y fuera al mismo tiempo capaz de
aliviar el dolor más agudo o de devolver la
movilidad a las articulaciones, sin duda sería
calificado de loco o de genio. Sin embargo,
ese "medicamento" milagroso existe y, además,
no cuesta nada: es el placebo.
El placebo es una sustancia inocua -es decir,
sin propiedades terapéuticas- que a pesar
de ello induce cambios y mejoras en los enfermos
al creer éstos que sí las tienen. La sustancia
puede ser cualquier cosa, desde terrones de
azúcar a agua coloreada: lo importante es
que quien la reciba piense que puede ayudarle
ya que es su mente la que desencadena el proceso
curativo.
La capacidad de la mente para despertar el
mecanismo que conduce a la curación es tan
desconocido como ilimitado. Uno de los casos
más conocidos en la literatura científica
es el de es el de un paciente apellidado
Wright al que en 1957 le diagnosticaron
un tumor linfático muy avanzado. Los tumores,
del tamaño de naranjas, estaban diseminados
por todo su cuerpo. Los médicos le daban varios
días de vida. Pero este hombre oyó hablar
de un nuevo fármaco en fase de ensayo llamado
Krebiozen. No estaba diseñado para pacientes
con tumores tan avanzados pero insistió tanto
a su médico que éste accedió a administrárselo.
Era viernes y su médico pensaba encontrarlo
muerto para el lunes. Sin embargo, el día
de su previsible fallecimiento estaba paseando
por la sala y hablando con las enfermeras.
"Las masas tumorales habían disminuido
como bolas de nieve en una estufa y sólo en
unos pocos días se habían reducido a la mitad
de su tamaño original", escribió en su
informe.
A los diez días el paciente había sido dado
de alta y sus constantes eran normales. Sin
embargo, tras dos meses de gozar de una salud
de hierro, empezaron a aparecer en los diarios
informes negativos sobre el fármaco. La consecuencia
fue que el señor Wright volvió a su estado
anterior. Entonces, el médico tuvo una feliz
idea: le dijo que el medicamento tenía excelentes
resultados pero había habido unas partidas
defectuosas. Al día siguiente llegaría una
nueva fórmula, corregida y con el doble de
potencia. Esa "nueva" formulación era agua,
que le inyectó. La recuperación fue incluso
más espectacular que la primera vez. Pero
al cabo de unos meses la prensa publicó que
Krebiozen no tenía ninguna eficacia.
La fe del señor Wright se derrumbó y murió
en 48 horas.
USO HABITUAL
La intención del
médico era buena aunque hoy en día un facultativo
que quisiera emular la conducta del médico
de Wright lo tendría muy complicado debido
a las demandas a las que podría enfrentarse.
De hecho, la utilización del placebo no es
habitual en Estados Unidos "porque los
abogados te pueden acusar de engaño",
según explicó el profesor de Epidemiología
de la Universidad de Boston Kenneth J.
Rothman en su última visita a España.
En nuestro país no es tan habitual la presión
judicial sobre los médicos y uno de los mayores
expertos nacionales en placebo, el doctor
Fernando García Alonso, director del Fondo
de Investigaciones Sanitarias, reconoce que
muchos facultativos españoles "utilizan
habitualmente el placebo, sobre todo para
combatir el dolor, la depresión y algunas
enfermedades digestivas, como la dispepsia".
Y es que cada vez que se realiza un ensayo
clínico con un nuevo fármaco, el placebo revela
su eficacia en todo tipo de afecciones. Un
estudio con un remedio para la calvicie detectó
que detenía la caída del cabello en un 86
por ciento de los varones; pero el placebo
también demostró un magnífico resultado: un
42 por ciento de quienes lo recibieron experimentaron
cómo su pelo dejaba de caerse.
En Japón, a unas personas alérgicas a una
hiedra venenosa se les frotó un brazo con
la planta diciendo que era inocua y el otro
brazo con una hiedra inofensiva asegurando
que era venenosa. Los 13 pacientes tuvieron
sarpullidos en el brazo frotado con la planta
inofensiva y sólo dos presentaron reacciones
a la hiedra venenosa.
Lejos de replantearse su actitud hacia el
enfermo, los partidarios de la medicina oficialista
encuentran en estos resultados una confirmación
sobre sus acusaciones a la medicina natural
o alternativa de beneficiarse del efecto placebo.
Sin embargo, los estudios realizados con Acupuntura,
Homeopatía y plantas medicinales, entre otros,
han demostrado que no es así, por lo menos
no más que con los tratamientos farmacológicos.
ALERGIA Y ASMA
La alergia y el
asma son dos de las enfermedades cuya evolución
está más vinculada a los factores psicológicos
que afloran con el placebo. Un experimento
con niños asmáticos comprobó que si se les
hacía oler vainilla al mismo tiempo que se
les administraba un broncodilatador, al retirarles
el fármaco la vainilla conseguía los mismos
resultados que el fármaco en uno de cada tres
casos.
"Las alergias son un ejemplo claro de enfermedad
debido a factores etiológicos de distinto
tipo -destaca Antonio Cano, presidente
de la Sociedad Española para el Estudio de
la Ansiedad y el Estrés-. En la alergia,
un antígeno produce una reacción del sistema
inmune, que también se ve alterado por las
emociones. Los dos factores influyen aunque
no sabemos en qué medida lo hace uno u otro".
Lo mismo ocurre, afirma, "cuando nos sale
una pupa". Los virus que la provocan "están
ahí, los tenemos todos, pero las emociones
negativas debilitan las defensas y posibilitan
el desarrollo del virus".
Emociones como el estrés y la ansiedad deprimen
nuestro sistema inmunitario, al igual que
la depresión. Un reciente estudio de la Universidad
de Ohio ha revelado que las personas deprimidas
están expuestas a un mayor riesgo de sufrir
enfermedades cardiovasculares y, en el caso
de los hombres, incrementa el riesgo de muerte
por cualquier enfermedad. Por el contrario,
la confianza en el tratamiento aumenta las
perspectivas de curación. Un trabajo de la
Universidad de Texas realizó un curioso experimento
con pacientes con rodillas inflamadas y dolorosas.
Los médicos anestesiaban a los pacientes,
les realizaban tres pequeños cortes y fingían
que operaban. Dos años después, aquellos que
habían sido sometidos a una cirugía falsa
sentían el mismo alivio del dolor y la hinchazón
que los que realmente habían sido operados.
TOLERANCIA AL DOLOR
Es en la tolerancia
al dolor donde el placebo ha demostrado su
mayor eficacia y donde existe una constancia
documentada más antigua de su efecto, hace
más de un siglo. En 1890 una mujer inglesa
demandó a su médico por haberle inyectado
agua en vez de morfina para aliviar sus dolores.
El tribunal condenó al médico pero reconoció
que el tratamiento había conseguido cesar
el dolor de la dama.
Lo que ni el tribunal ni el propio médico
sabían es que probablemente era una droga
similar a la morfina la que consiguió ese
efecto, aunque no fue necesario inyectarla
ya que fue la mente de la paciente la que
la produjo. Cuando esperamos ser curados,
el cerebro libera sustancias opiáceas como
las endorfinas. Sin embargo, cada vez son
más los científicos que aseguran también que
hay otros mecanismos implicados. Uno de ellos
es el psiquiatra Irving Kirsch, de
la Universidad de Connecticut, una de las
mayores autoridades mundiales en el placebo.
Según el doctor Kirch, los tratamientos médicos
que se reciben durante la vida son condicionantes
que generan una respuesta instantánea e inconsciente
en forma de expectativa de alivio. El cerebro
procesa esa información y la transmite a todo
el organismo de múltiples maneras. Aunque
más que de transmisión habría que hablar de
interacción entre los sistemas neurológico,
inmunitario y endocrino.
Este especialista asegura que entre un 55
y un 60 por ciento de los casos, el placebo
presenta una eficacia similar a la mayor parte
de los medicamentos activos en el tratamiento
del dolor. Lo mismo puede decirse al comparar
el placebo con fármacos indicados en una amplia
variedad de enfermedades. Un estudio del Instituto
Médico Mente-Cuerpo, de la Universidad de
Harvard, en Estados Unidos, revela que
"el placebo ejerce beneficios clínicos entre
un 60 y un 90 por ciento de enfermedades,
incluyendo la angina de pecho, el asma bronquial,
el herpes simple y la úlcera duodenal".
CREENCIAS DEL MÉDICO
El estudio, dirigido
por uno de los autores que más ha investigado
sobre las relaciones entre la mente y el cuerpo,
el doctor Herbert Benson, destaca que
el efecto placebo se debe a tres factores:
las creencias y esperanzas positivas por parte
del paciente, las creencias y expectativas
del médico o profesional de la salud, y la
relación entre ambos.
Curiosamente, cuando se habla del efecto placebo
casi siempre se menciona al paciente como
único factor. Sin embargo -como recuerda el
doctor Benson-, el papel del médico es fundamental
en el proceso curativo. Una investigación
de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.) demostró
que en un 90 por ciento de los casos la intervención
de las enfermeras originaba un efecto placebo.
El estudio concluía señalando que "las
enfermeras necesitan controlar los efectos
del placebo al comprobar si una intervención
tiene las consecuencias deseadas pero una
vez que esos efectos han sido demostrados
pueden hacer uso del placebo para mejorar
el impacto de sus intervenciones".
De la misma opinión es el psicólogo Antonio
Cano. Para él, la relación entre médico y
paciente es fundamental para favorecer el
cumplimiento terapéutico y la respuesta al
tratamiento: "Está demostrado que un 40
por ciento de los pacientes ni siquiera acuden
a la farmacia a adquirir el fármaco prescrito
por el médico ya que desconoce los efectos
secundarios. Ello se debe a que, por lo general,
el médico solo dispone de tres minutos para
atenderle".
CÁNCER
En el caso del
cáncer, la actitud del médico influye decisivamente
en la evolución del enfermo según la presidenta
de la Sociedad Española de Psico-Oncología,
la doctora Elena Ibáñez. Para Elena Ibáñez,
los factores psicosociales juegan un papel
importante en el cáncer porque, aunque no
son la causa de la enfermedad, "sí repercuten
en que aparezca antes o después y que evolucione
mejor o peor".
El escritor y científico Larry Dossey
tiene recogidos numerosos ejemplos de cómo
los experimentos realizados por médicos que
creían en la bondad de un fármaco mostraban
mejores resultados que los de quienes no confiaban
en él. A raíz de estas divergencias, el doctor
Dossey se plantea si podemos fiarnos de los
ensayos clínicos, incluso los de doble ciego,
en los que ni el paciente ni el investigador
sabe qué grupo está siendo tratado.
Larry Dossey reconoce que la mejor de las
situaciones para la curación es que la confianza
en la terapia sea compartida tanto por el
médico como por el paciente; y la peor -más
habitual de lo que debiera-, cuando ninguno
de los dos cree en ella. "Dos conjuntos
de creencias negativas -asegura- pueden llegar
a deformar los resultados de la terapia, que
puede acabar convirtiéndose en un verdadero
desastre terapéutico".
Otro estudioso del papel del médico en la
curación, el doctor Bernie Siegel,
afirma en uno de sus libros que "el médico
que realmente cree que cada paciente es especial
y único puede obtener efectos que van más
allá de lo mecánico". El doctor Siegel
es el fundador de una de las muchas redes
de autoayuda existentes en Estados Unidos,
Pacientes Excepcionales del Cáncer,
un nombre que se debe a la voluntad de superación
de los enfermos y a las curaciones que se
producen en ellos por efecto de su fe.
En nuestro país aún siguen siendo escasos
los grupos de apoyo organizados en las unidades
de oncología y tan sólo contamos con una unidad
autónoma de Psico-Oncología, la que está situada
en el Hospital Valle Hebrón de Barcelona.
Su director, el psicólogo Francisco Gil,
reconoce que la mente y el estado anímico
de los enfermos influye en la evolución del
cáncer, a pesar de lo cual los oncólogos no
suelen recomendar a sus pacientes que busquen
apoyo emocional "por desconocimiento"
al carecer de la formación adecuada. Sin embargo,
confiesa que "la tendencia está cambiando
y en el Instituto Catalán de Oncología se
está trabajando en la recomendación de este
apoyo psicológico".
AFECTO CURATIVO
Y es que el efecto
placebo no sólo tiene lugar cuando se ingiere
una pastilla. Nuestro organismo cuenta con
mecanismos para sanarse o desterrar el dolor
cuando nos sentimos atendidos o acompañados.
Según un experimento de la Clínica Mayo
de Rochester, aquellos pacientes que consiguen
mantener el apoyo afectivo que necesitan pueden
soportar dolores más intensos. La investigación
se realizó con mujeres con cáncer de mama
o algún tipo de tumor de naturaleza ginecológica
y en todos los casos se pudo establecer el
vínculo entre sus relaciones y la tolerancia
al dolor.
El amor que se recibe en momentos de necesidad
no sólo está relacionado con la resistencia
al dolor sino también con la supervivencia.
Un ensayo del Colegio Médico de UCLA (EE.UU.)
con pacientes que sufrían cáncer de piel demostró
que aquellos que se sometieron a terapias
de grupo tuvieron un 9 por ciento de mortalidad
frente al 29 por ciento del resto. En el primer
grupo de pacientes no se produjo ningún fallecimiento
hasta pasados cuatro años y medio.
La esperanza es también un poderoso sentimiento
capaz de afectar a la evolución del tumor.
Una investigación realizada por el Instituto
de Investigación del Cáncer y del Hospital
Royal Marsden de Londres detectó que los sentimientos
de desesperación e impotencia ante un cáncer
están estadísticamente relacionados con un
peor pronóstico de la enfermedad.
CURACIONES ESPONTÁNEAS
Por el contrario,
una actitud positiva puede conseguir curaciones
espontáneas, auténticos "milagros", incluso
en casos de tumores metastásicos como señala
el doctor Andrew Weil, que ha estudiado
a cientos de enfermos que consiguieron curarse
de forma inesperada. En todos los casos el
doctor Weil encontró varios puntos comunes:
no perdieron la esperanza, buscaron ayuda
activamente, se pusieron en contacto con otras
personas que se habían curado, mantuvieron
una buena relación con sus médicos, no les
importó hacer cambios radicales en su vida,
asumieron su enfermedad como un reto y se
aceptaron a sí mismos.
El placebo sólo puede funcionar si el paciente
no sabe que es inocuo pero puede resultarle
de gran ayuda "tener toda la información
posible sobre el tratamiento", según Antonio
Cano. Otra alternativa es la que plantea el
psiquiatra, Walter Brown, de la Universidad
de Brown, quien en el caso de la depresión
leve o moderada propone utilizar placebos
como tratamiento inicial. En realidad, el
32 por ciento de los enfermos con depresión
mejora tras recibir placebo.
Pero mentir al paciente para conseguir su
curación plantea muchos problemas éticos y
por eso Brown propone decirle: "Estos comprimidos
no tienen ingredientes activos pero algunos
estudios han descubierto que surten efecto
en muchos casos".
CÁPSULAS ROJAS O
NEGRAS
En este caso,
el médico haría bien en informarse del color
de los medicamentos que prescribe. Un estudio
de la Universidad de Amsterdam demostró que
los comprimidos de color rojo o negro tienen
mayor "eficacia" que el resto. Y es que los
blancos son percibidos como "más débiles",
los rojos, amarillos o anaranjados se consideran
estimulantes y los azules o verdes consiguen
transmitir tranquilidad. Las cápsulas, además,
son más eficaces que las pastillas.
Se ha comprobado que los analgésicos más caros
son los que mejor curan el dolor de cabeza
mientras que las tabletas más baratas, cuando
se sabe que lo son, a veces no resultan eficaces.
Los medicamentos inyectados consiguen mejores
resultados que los orales pero la que se lleva
la palma es la cirugía, aunque tan sólo consista
en abrir y cerrar al paciente. Además, la
eficacia de una terapia puede aumentar entre
un 25 y un 75 por ciento si se dice que el
tratamiento es muy potente, que la administración
es complicada y que la terapia es muy moderna
y eficaz.
A la vista de los resultados del placebo,
superiores en muchas ocasiones a los de cualquier
fármaco, la pregunta que algunos expertos
se plantean es si es necesario gastar sumas
ingentes en nuevos medicamentos con escasa
diferencia de resultados en comparación al
placebo sin haberse ganado la confianza de
los pacientes en el tratamiento. Sin duda,
no será posible sin antes haber cambiado la
actitud del médico.
Carlos Mateos