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| CÁNCER:
¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (XII) ROTUNDO FRACASO DE LA QUIMIOTERAPIA
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La Quimioterapia consiste
básicamente en el tratamiento del cáncer mediante
sustancias químicas. Y éstas son, básicamente,
de dos tipos: citostáticas -intentan impedir
que las células cancerosas se multipliquen-
y citotóxicas -destruyen las células cancerígenas-.
El problema es que, al margen de su grado
de efectividad, no son "selectivas" y, por
tanto, también afectan a las células sanas.
De ahí sus brutales efectos secundarios. Aunque
lo más grave es que a pesar de tales efectos
yatrogénicos y sus prácticamente nulos resultados
se trata a la inmensa mayoría de los pacientes
con ellas.
La Quimioterapia
es uno de los tratamientos más indefendibles
de la medicina moderna. Y sólo el hecho de
que se presente por los médicos como la única
alternativa a una muerte segura permite entender
que los pacientes acepten someterse al deterioro
físico y psíquico que provoca, más cercano
casi a la tortura que a la medicina.
Hablamos de un método que nació en 1942 cuando
Alfred Gilman y Fred Phillips,
investigadores de la conocida Universidad
de Yale, decidieron estudiar las posibilidades
terapéuticas del tristemente célebre gas mostaza
o Iperita, un producto venenoso que se utilizó
como arma química por primera vez durante
la I Guerra Mundial. Estos investigadores
sabían que tras un ataque efectuado en 1917
con el gas mostaza por las tropas alemanas
un médico aliado había comprobado que muchos
soldados que resultaron afectados aun estando
lejos del lugar donde había caído la bomba
de gas morían varios días después con cuadros
infecciosos o debido a hemorragias internas,
constatándose que padecían una marcada disminución
de sus glóbulos blancos y plaquetas así como
hipoplasia (reducción del volumen de un órgano
por disminución de su número de células) medular
y linfática. Resultado todo ello de su condición
de agente alquilante, es decir, capaz de alterar
la estructura y función de las moléculas de
ADN de una célula de tal manera que impide
que ésta pueda multiplicarse. ¿Por qué no
usar pues -se preguntaron- esa propiedad para
intentar impedir la multiplicación descontrolada
de las células cancerosas?
Dicho y hecho; poco después comenzarían los
ensayos con roedores. Y a continuación, tras
los aparentes éxitos iniciales, en humanos.
En 1946 se anunciaría que se había logrado
reducir de tamaño los tumores de dos pacientes,
uno con un linfosarcoma y otro con un Linfoma
de Hodgkin. Otros investigadores -Alper,
Dameshek y Peterson- obtenían poco
después resultados similares. Sin embargo,
en los años 50 las investigaciones realizadas
por el National Cancer Institut de
Estados Unidos mostraban que los agentes alquilantes,
asociados ya con esteroides y otros fármacos,
no servían para lograr una mayor supervivencia
de los enfermos. Una esperanza nunca lograda
que desde entonces se sigue intentando. A
día de hoy, sin éxito.
La Quimioterapia nació pues como un método
que consiste básicamente en dar un veneno
con el que destruir las células cancerosas
o intentar impedir su multiplicación. Sólo
que el veneno actúa igualmente sobre las células
sanas. Basta leer los efectos secundarios
reconocidos en los prospectos de cualquiera
de los productos anticancerígenos que actualmente
se comercializan para constatar que si se
utilizaran en un persona sana -para qué hablar
de una enferma- lo más probable es que ésta
acabara muriendo. No existe lógica alguna
por tanto para la práctica de la Quimioterapia.
No hay en ello sentido común. Y sólo el miedo
a la presunta falta de alternativas explica
que se haya impuesto como terapia en el mundo.
A pesar de lo cual el principal argumento
utilizado por quienes dicen hablar "desde
la ciencia" y se niegan a aceptar tanto otras
formas de entender qué es el cáncer como la
eficacia de tratamientos alternativos a los
habituales es siempre el mismo: "La Quimioterapia
-afirman sin fundamento alguno- es,
del mal, el menor".
Kevin Murphy, un oncólogo que trabaja
en Vancouver, resume muy bien la postura convencional
en Adjuvant Chemotherap, un manual
concebido para que sus pacientes entiendan
en qué consiste el tratamiento: "La Quimioterapia
es un tratamiento difícil de entender. Tal
y como un paciente me dijo: '¿Me está
usted sugiriendo que me someta a un tratamiento
que me va a enfermar temporalmente para tratar
un cáncer que no puede usted encontrar y encima
ni siquiera sabe si hacerlo me servirá de
algo?".
Es similar a un seguro de vida. Cuando usted
paga sus primas a la compañía de seguros está
reconociendo un riesgo potencial para su vida
que puede o no puede acaecer (un accidente,
una enfermedad, un terremoto, un robo...).
Bueno, pues el tratamiento con quimioterapia
se basa en la presunción de que su aplicación
puede hacer disminuir el tamaño de los tumores
y "reducir" el riesgo de que vuelvan a aparecer
después. Las estadísticas -controladas generalmente
por quienes tienen interés en demostrar que
los fármacos que prueban funcionan- indican
que así sucede en un porcentaje significativo
cuando se trata de cánceres de mama, colon,
testículos, leucemias, linfomas y la llamada
enfermedad de Hodgkin... pero las mismas son
sólo una de las maneras posibles de presentar
las cifras. Eso sí, sirven para que la mayoría
de los enfermos crean que los posibles beneficios
compensan los riesgos y acepten ser sometidos
a Quimioterapia.
LA
MODA DE LOS CÓCTELES
Ante la evidencia de que
los fármacos anticancerígenos utilizados en
Quimioterapia no sólo no curan el cáncer sino
que ni siquiera prolongan la vida de los enfermos
se ha instaurado la moda de aplicar "un protocolo
de quimioterapia combinada". Es decir, la
utilización de "cócteles" -como en el caso
de los enfermos de SIDA- con varios productos
que se toman al mismo tiempo. Según la versión
oficial, cuando esos cócteles se toman tras
una intervención quirúrgica para extirpar
el tumor y además se ha sometido al paciente
a Radioterapia se logran "índices de curación
significativos". Claro que lo que eso significa
realmente es que la "supervivencia" en los
cinco años siguientes es algo mayor estadísticamente,
no que el cáncer se cure porque el paciente
desgraciadamente termina muriendo en la mayor
parte de los casos. Y es que ya hemos explicado
en artículos anteriores que cuando los oncólogos
hablan de "curación" no se refieren a que
uno queda libre del cáncer sino que hablan
de "curación clínica", término que se aplica
a todo enfermo que sigue vivo cinco años después
de serle diagnosticado un cáncer. Aunque al
día siguiente se muera. Un sarcasmo.
Es también evidente que aun cuando cada persona
es un mundo, la respuesta a la Quimioterapia
varía en función de las dosis, el tipo de
fármaco que se da, la duración del tratamiento
y el grado de evolución en que está la enfermedad.
En realidad sólo existe una certeza sobre
el asunto: todos los fármacos químicos que
se utilizan para tratar el cáncer son tóxicos
y, además, claramente immunodepresores, es
decir, bajan las defensas naturales del enfermo.
Y -por si fuera poco- la mayoría son también
cancerígenos. Y no ya como efecto colateral
sino como efecto primario puesto que no distinguen
entre las células cancerosas y las células
sanas. Destruyen ambas. Es más, la mayoría
atacan la médula ósea destruyendo a la vez
los glóbulos blancos cuya función es combatir
las infecciones, los glóbulos rojos que llevan
el vital oxígeno a los órganos del cuerpo
y las plaquetas que permiten la coagulación
de la sangre. Consecuentemente, todo enfermo
sometido a Quimioterapia termina con su sistema
inmunitario destruido o comprometido quedando
expuesto a otras enfermedades por lo que no
es extraño que puedan fallecer de una simple
pulmonía o de una infección común. En resumen,
la Quimioterapia es uno de los tratamientos
más devastadores -física, psíquica y emocionalmente-
a los que puede someterse una persona enferma.
Y el daño interno producido se comprueba rápidamente.
La mayoría de los fármacos oncológicos provocan,
entre otros efectos indeseables, calvicie
(el cabello puede tardar años en regresar
a la normalidad), náuseas extremas, vómitos,
encías sangrantes, debilidad extrema, llagas
alrededor de la boca, aftas y sangrado y ulceración
del tracto gastrointestinal. Muchos pacientes
aseguran que los "efectos colaterales" -entre
ellos, la fatiga- son incluso peores que la
propia enfermedad. Una dramática realidad
que no es negada por la medicina convencional.
¿Cómo iban a negar las evidencias? "Es
inevitable -argumentan sus defensores-,
el precio a pagar, el riesgo a correr para
tratar de vencer al cáncer".
Y, sin embargo, si se sabe que los productos
que se usan son tóxicos, auténticos venenos
para el organismo, ¿cómo se sustenta la idea
de que la quimioterapia es beneficiosa en
el tratamiento del cáncer? Pues se sustenta
en la creencia de los oncólogos -no demasiado
avalada por los resultados finales- de que
el cáncer es un mal localizado -por eso hablan
de muchos tipos de cáncer distintos- que se
combate de forma específica y localizada.
Con lo que en la práctica han reducido en
general la lucha contra el cáncer a la lucha
contra los tumores. Es decir, como confunden
el tumor con el cáncer utilizan medicamentos
tóxicos para intentar reducir su tamaño creyendo
que eso implica vencer al cáncer. Según la
teoría oficial, reducir el tamaño de un tumor
proporciona al paciente una mayor expectativa
de vida. Una teoría, cabe añadir, que la experiencia
ha demostrado falsa hasta la saciedad. Porque
es verdad que en algunos casos tal cosa puede
suceder pero lo cierto es que en el caso de
cánceres avanzados, al final casi todos mueren.
Antes de los cinco años en la mayoría de las
ocasiones. Con una calidad de vida, además,
mucho peor. Bueno, pues con esa simple expectativa
de aumento de vida durante unos meses o unos
pocos años... justifican la Quimioterapia
y el auténtico drama por el que se hace pasar
al enfermo. Una extraña pirueta dialéctica
que adornan con lenguaje "científico" y con
la que intentan convencernos -y autoconvencerse-
dando por válida una secuencia causa-efecto
absolutamente cuestionable. Porque,
-ES CIERTO
que hay fármacos que reducen cierto tipo de
tumores. Pero conviene saber que para pasar
el test de "efectividad" la FDA norteamericana
no exige evidencia de que los remedios salven
vidas o curen algo sino sólo de que son "efectivos
para el uso para el cual están pensados".
"El fármaco -se dice- tendrá el efecto
que se supone que tiene bajo las condiciones
de uso prescriptas, recomendadas y sugeridas
en la etiqueta" . Es decir, para que un
producto contra el cáncer se considere "efectivo"
basta que reduzca el tamaño del tumor si para
ello se prescribe. Aunque no sirva para curar
al enfermo, como ocurre en la mayoría de los
casos.
-Por tanto, NO ES
CIERTO que la reducción de un tumor
implique la curación, la recuperación de la
salud. Alan C. Nixon, ex presidente
de la American Chemical Society, escribió
al respecto: "Como químico entrenado para
interpretar datos me parece incomprensible
que los médicos ignoren la clara evidencia
de que la Quimioterapia hace mucho, pero mucho
más daño que bien".
LA
QUIMIOTERAPIA, CURAR NO CURA NADA
El Dr. Ulrich Abel,
experto en Bioestadística Oncológica en Heidelberg,
publicó en 1990 una de las obras más críticas
con la teoría oficial: Quimioterapia para
cánceres epiteliales avanzados. Al decir
"epitelial", el doctor Abel se refiere en
su obra a las formas más frecuentes de adenocarcinoma
-pulmón, mama, próstata, colon, etc-, "tipos"
de cáncer que provocan el 80% de las muertes
por esta enfermedad en los países industriales
avanzados. Pues bien, al hacer una revisión
de su obra cinco años después -que, curiosamente,
nunca fue traducida al inglés- pudo constatar
que las conclusiones seguían siendo válidas.
Es más, todavía hoy, consultado por esta revista,
considera sus resultados vigentes aun cuando
reconoce no haber continuado con sus seguimientos
estadísticos en este campo. Bueno, pues la
obra del Dr. Abel, sin que afirme la falta
de eficacia de la Quimioterapia en todos los
casos, avala con sus estudios estadísticos
las dudas de muchos médicos sobre la eficacia
de la Quimioterapia, especialmente en las
fases avanzadas. Porque, en sus propias palabras,
"un análisis sobrio y sin prejuicios de la
literatura (científica) raramente ha revelado
que los regímenes (de medicamentos) en cuestión
tengan algún beneficio terapéutico en el tratamiento
de cánceres epiteliales avanzados". Después
de diez años trabajando en el área de Estadística
en Oncología Clínica, la inquietud del Dr.
Abel acabó transformándose en certeza:
"No hay evidencia, para la gran mayoría de
los casos de cáncer, de que el tratamiento
con estos fármacos produzca resultados positivos
en los pacientes con enfermedad avanzada,
ya sea en expectativas de vida o en calidad
de vida". Y agrega: "La casi dogmática
creencia en la eficacia de la Quimioterapia
se basa con frecuencia en conclusiones falsas
extraídas de datos inapropiados".
En resumen, el minucioso trabajo del Dr. Abel
hasta 1995 -como quién dice, anteayer- pone
en evidencia que la Oncología ha sido incapaz
de proporcionar bases científicas sólidas
para justificar el uso de la terapia citotóxica
tal como se ha venido haciendo. A pesar de
lo cual la tesis de que la Quimioterapia es
eficaz está considerado un dogma de la medicina
moderna desde hace décadas. Los resultados,
empero, no justifican esa apuesta unilateral
mientras otras líneas de investigación han
sido abandonadas, descartadas o relegadas
al esfuerzo individual.
La realidad es que la tasa de mortalidad en
los cánceres más comunes -cáncer de colon,
mama, próstata, páncreas, y ovarios- ha evolucionado
muy poco en los últimos cincuenta años. Contra
los tumores malignos de pulmón tampoco se
ha avanzado mucho. En algunos casos, la diferencia
entre aplicar Quimioterapia y no hacerlo apenas
es significativa. Un estudio inglés efectuado
en 1992 concluyó que en el caso del cáncer
de mama de diagnóstico temprano se había hallado
una modesta ventaja en cuanto a extensión
de vida. Se evaluaron 31 estudios en los que
participaron 11.000 mujeres y se encontró
una leve ventaja de extensión de vida después
de diez años en pacientes que habían recibido
"poliquimioterapia" (más de un fármaco oncológico
durante más de un mes). La probabilidad de
que las mujeres estuvieran vivas diez años
después, sin embargo, eran tan sólo del 51,3%
con los medicamentos frente a un 45% sin los
medicamentos. Es decir, sólo un 6,3% de diferencia
en la esperanza de vida.
Bueno, pues a pesar de tan escasa -y discutible-
diferencia las autoridades médicas recomiendan
quimioterapia a todas las pacientes con cáncer
de mama, tengan o no signos visibles de cáncer
después de la cirugía. La teoría oficial mantiene
que, haciendo una proyección estadística con
miles de mujeres, se deduce que muchas se
pueden salvar. La verdad, sin embargo, es
que las estadísticas lo que demuestran es
que el 93,7% no sólo no se beneficiará de
la Quimioterapia sino que sus organismos serán
devastados por los efectos secundarios de
los fármacos oncológicos. ¿Y mejorará con
ello al menos su calidad de vida? Indudablemente,
no: empeorará. Porque ya hemos dicho que prácticamente
todos los agentes quimioterapéuticos son tóxicos
e inmunosupresores.
EL
DRAMA HUMANO DE LA QUIMIOTERAPIA
En suma, la Quimioterapia
no sólo no garantiza en la mayor parte de
los casos una mayor supervivencia sino que
encima provoca una calidad de vida mucho peor.
Uno de los principales efectos que modifican
determinantemente la vida de los pacientes
es la anemia, asociada a fatiga y cansancio.
Y es que entre las células sanas que destruye
la Quimioterapia se encuentran los glóbulos
rojos, encargados de transportar el oxígeno
a través de todo el cuerpo para mantener la
energía. Su pérdida puede además sobrecargar
el corazón haciendo que se esfuerce por aportar
oxígeno donde se necesita, impedir pensar
con claridad, convertir la lectura y la escritura
en una tarea hercúlea, suprimir el estímulo
sexual y convertir cualquier actividad cotidiana
en un esfuerzo agotador.
Después están las infecciones. El paciente
tendrá que luchar contra todo tipo de infecciones
oportunistas porque los fármacos destruyen
los leucocitos preparados para la defensa
del organismo. De hecho, si se contrae cualquier
infección durante el tratamiento con Quimioterapia
lo normal es que el enfermo sea hospitalizado,
algo que indudablemente lo debilita aún más
psicológicamente porque tiene que alterar
su vida y dejar sus actividades cotidianas
-incluido el trabajo-, le impide cuidar de
los hijos, debe permanecer alejado de la familia
y los amigos.... Sin olvidar que por estar
hospitalizado estará más expuesto a contraer
otras infecciones. A fin de cuentas, hoy día
los hospitales son auténticos focos de infección.
Además de los citados efectos a corto plazo
-entre otros- la Quimioterapia puede provocar
a largo plazo algunos más graves. Por ejemplo,
lesiones de corazón que pueden manifestarse
semanas, meses o años después del tratamiento.
Un trabajo publicado el año pasado apuntalaba
esta hipótesis, mantenida desde hace tiempo
por algunos investigadores. Nature Medicine
descubría que el mismo mecanismo que sirve
para luchar contra los tumores en una de las
sustancias (Herceptin) utilizadas en
el cáncer de mama es responsable a su vez
de causar daños en el corazón al hacer más
vulnerables las células cardíacas a la toxicidad
de los quimioterapéuticos que se administran
a continuación.
La Quimioterapia puede también provocar pérdida
de la fertilidad y, sobre todo, un mayor riesgo
de reaparición del cáncer. Está demostrado
que la mayoría de las productos quimoterapéuticos
pueden llegar a producir cánceres secundarios,
especialmente en el tracto gastrointestinal,
los ovarios y los pulmones. Éstos se encuentran
entre los cánceres más difíciles de tratar
y pueden aparecer cinco, diez o quince años
después de un primer tratamiento "exitoso"
con Quimioterapia. El New England Journal
of Medicine publicaba el 21 de septiembre
de 1989 lo siguiente: "Se sabe que los
cánceres secundarios son complicaciones causadas
por la quimioterapia y la irradiación empleada
para tratar linfomas y linfomas de Hodgkin
además de otros cánceres primarios". Y
un año después -el 5 de enero de 1990-
Associated Press difundía la siguiente
noticia: "Las fármacos que se usaban hace
tiempo para tratar el cáncer ovárico pueden
haber resultado tan nocivas como beneficiosas
al incrementar enormemente el riesgo de padecer
leucemia... Entre las mujeres tratadas desde
1960 hasta 1985 el riesgo de leucemia era
12 veces superior en aquellas pacientes que
recibieron Quimioterapia que en aquéllas que
sólo fueron sometidas a cirugía".
Cabe añadir que según el Dr. John Cairns,
microbiólogo de Harvard, "entre el 5 y
el 10% de los pacientes que sobreviven a la
Quimioterapia mueren luego de leucemia en
los diez años posteriores al tratamiento".
Y que cuando -como muchos oncólogos proponen-
"la Quimioterapia y la radiación se aplican
conjuntamente los tumores secundarios se dan
en una proporción aproximadamente 25 veces
mayor de lo esperable". Esta determinación
tan contundente fue realizada por el Dr. John
Laszlo siendo vicepresidente superior
de investigación de la Sociedad Americana
contra el Cáncer.
"Las nuevas combinaciones quimioterapéuticas
no están aportando ni más supervivencia ni
más calidad de vida que otros protocolos más
antiguos en los cánceres más significativos
pero están elevando la factura de forma considerable",
denunciaba hace poco. el Journal of National
Cancer en un trabajo en el que se comparaba
la eficacia y el coste de la combinación cisplatino-vinorelbina
con la de paclitaxel -el conocido Taxol-
y carboplatino. Este último protocolo, comparado
con el primero, eleva el gasto total del tratamiento
en 9.000 euros, una diferencia sustancial
sin que por ello mejoren los resultados finales.
Lo de siempre: no hay mejores resultados pero
sí más gastos en medicamentos y más ingresos
para la industria. Con la complicidad de los
ministerios de Sanidad.
LA
MEDICINA, COMO LA JUSTICIA: CIEGA
Como oficialmente se ha
decidido no trabajar en nuevas líneas de investigación
los médicos siguen basando en la Quimioterapia
buena parte de los tratamientos contra el
cáncer. Para algunos es lo "lógico" a la vista
de que sus conocimientos sólo apuntan en la
dirección de los fármacos agresivos; para
otros es un callejón sin salida. El ya citado
Dr. Abel realizó una encuesta entre cientos
de oncólogos y su conclusión fue ésta: "Las
opiniones personales de muchos oncólogos parecen
contrastar de manera llamativa con lo que
se comunica al público". Ya en un artículo
titulado Chemotherapy: Snake-Oil Remedy?
aparecido en Los Angeles Times el 1
de septiembre de 1987, el Dr. Martin F.
Shapiro denunciaba públicamente que
"mientras algunos oncólogos informan a sus
pacientes de la falta de evidencias reales
de los tratamientos... otros se dejan llevar
por los estudios científicos que manifiestan
un optimismo injustificado sobre la Quimioterapia.
Y algunos más responden sencillamente a los
incentivos económicos; los médicos pueden
ganar mucho más dinero practicando la Quimioterapia
de lo que pueden ganar proporcionando solaz
y alivio a los pacientes agonizantes
y sus familias ". El Dr. Shapiro no es,
en todo caso, el primero -ni el único- en
hacer esta denuncia. El doctor Alan Levin,
profesor de Inmunología en la Facultad de
Medicina de San Francisco, afirmó ya en 1985
durante una conferencia sobre los abusos en
la medicina lo siguiente: "Los médicos
generalistas son intimidados para seguir protocolos
que se sabe que no funcionan. Uno de los ejemplos
más evidentes es la Quimioterapia, que no
funciona en la mayoría de cánceres".Y agregó:
"A pesar de que la mayoría de los médicos
está de acuerdo con que la Quimioterapia resulta
en gran medida ineficaz se ven coaccionados
a usarla por grupos de interés especiales
que tienen intereses creados en las ganancias
que produce la industria".
En 1986 un grupo de investigadores del McGill
Cancer Center hizo una encuesta entre
118 médicos que trataban el cáncer de pulmón
con quimioterapia pidiéndoles que imaginaran
que enfermaban de cáncer y comunicaran con
qué tratamientos habituales de Quimioterapia
aceptarían ser tratados. Pues bien, 64 de
79 aseguraron que no consentirían en modo
alguno estar en ningún tratamiento que incluyera
cistaplino, un producto común en Quimioterapia.
Es más, ¡cincuenta y ocho! dijeron que los
ensayos sobre esos fármacos no eran asumibles
porque no demostraban su eficacia y en cambio
su toxicidad era inaceptable. ¿Le cabe alguna
duda aún, amigo lector, de que médicos y medicina
permanecen ciegos ante la realidad?
Ahora bien, ¿significa esto que las personas
relacionadas con las investigaciones sobre
cáncer y la industria farmacéutica forman
parte de algún tipo de conspiración para detener
la cura del cáncer? Edward Griffin,
en su obra The Politics of Cancer,
no lo cree: "(...) Afrontémoslo: esas personas
mueren de cáncer como todo el mundo (...)
Es obvio pues que no ocultan conscientemente
un posible control de la enfermedad. Lo que
significa es que el monopolio médico del cartel
(farmacéutico-químico) ha creado tal clima
de influencias en nuestro sistema educativo
que la verdad científica se sacrifica a menudo
a los intereses creados".
En esta misma línea parece apuntar la información
publicada el 26 de enero de este año en The
New York Times titulada Las ventas
de medicamentos (utilizados en quimioterapia)
producen altas ganancias a los oncólogos".
Según el diario, "en un momento en
el que el conjunto del gasto en medicamentos
de prescripción está por las nubes, los especialistas
en cáncer (en los EEUU) se están embolsando
centenares de millones de dólares cada año
vendiendo fármacos a los enfermos, una práctica
que casi ningún médico sigue". Se trata,
ante todo, de un negocio. Para la industria...
y para los oncólogos.
Según datos del Medical Group Management
Association, entre 1997 y 2001 la venta
de fármacos llevó a los oncólogos a aumentar
sus ingresos en un 40% (ganan de media casi
300.000 dólares al año, incluidas las ganancias
extras por venta de medicamentos antitumorales),
lo que les ha puesto al frente de la lista
de quienes más ganan entre los especialistas
médicos. Un grave conflicto de intereses que
fue denunciado hace ya un año por el doctor
Nicholas González, director en Estados
Unidos de un programa federal de tratamiento
del cáncer de páncreas con terapia nutricional.
González denunció públicamente que los oncólogos
muy raramente recomendaban a sus pacientes
que se trataran con esta terapia y afirmó
que, a su juicio, buena parte del problema
era "financiero": "Los oncólogos pueden
ingresar hasta 20.000 dólares con un tratamiento
de Quimioterapia para el cáncer pancreático...
aunque no funciona. Pero es el tratamiento
normal y está cubierto por el seguro. Además,
si recomendaran a un paciente entrar a formar
parte de nuestro estudio de tratamiento del
cáncer con Nutrición el enfermo dejaría de
ser tratado con fármacos y ellos perderían
esos ingresos. Ese es el problema. Algunos
llevan además sus propios estudios con Quimioterapia
y no están dispuestos a dejarnos los pacientes
a nosotros".
Hay que añadir que esta denuncia tiene su
fundamento no sólo en el hecho de que los
propios médicos venden los medicamentos -lo
que de por sí propicia la sospecha- sino en
algunos datos publicados con anterioridad.
La alarma sobre ese posible conflicto de intereses
la hizo sonar el 12 de mayo del 2001 un estudio
del Dr. Ezekiel J. Emanuel, bioético
y oncólogo que trabaja en los Institutos Nacionales
de Salud de Estados Unidos, quien levantó
una considerable polémica durante una reunión
de la Sociedad Americana de Oncología Clínica
en San Francisco. Resulta que tras estudiar
los casos de casi 8.000 pacientes de Massachussets
había constatado que en sus últimos meses
de vida a todos los enfermos de cáncer se
les daba Quimioterapia aunque se supiera que
no respondían ya al tratamiento. "Podría
entenderse -denunció- que se de Quimioterapia
para reducir el tumor y aliviar los dolores
a los pacientes que responden al tratamiento
pero hacerlo con quienes no responden es duro
de justificar". Los oncólogos se defenderían
afirmando que en muchas ocasiones son los
propios pacientes o sus familiares los que
lo piden aferrándose al tratamiento como última
esperanza.
Afortunadamente, en España los médicos no
venden directamente los medicamentos. Desafortunadamente,
las terapias complementarias siguen dejándose
oficialmente de lado.
CUESTIÓN
DE OBJETIVOS
Terminamos diciendo que
los enfermos de cáncer deberían entender que
cada caso es individual y que son muchos los
factores que intervienen en una posible remisión,
comenzando probablemente por la fe del paciente
en el propio tratamiento. Y no es nuestra
intención arrebatar la esperanza a nadie pero
el propio Mariano Barbacid ha reconocido
públicamente que el éxito de la Quimioterapia
se cifra sólo en el 10% de los casos. Y está
por demostrar si esa cifra no está engordada
con falsos positivos -personas tratada de
cáncer sin tenerlo, algo más habitual de lo
que pudiera parecer- y si se ha descontado
el 5% de error estadístico que se considera
"normal". Ciertamente, hay casos en los que
los tumores han remitido con un tratamiento
quimioterapéutico. Están constatados. Que
fueran o no realmente malignos es otro cantar.
Y que esa remisión supusiera su curación,
es decir, que el cáncer desapareciera, está
también por demostrar. A los enfermos de cáncer
no se les sigue habitualmente la pista cinco
o diez años después de finalizar el tratamiento.
Se ignora, por tanto, cuántos casos de cáncer
reales tratados con Quimioterapia se han "curado"
o han sobrevivido más de 10 años. Esas estadísticas
prácticamente no existen. No interesan.
Como no interesa dar a conocer que existen
otras formas de entender qué es el cáncer
y cómo afrontarlo. De ello les hablaremos
en próximos números.
Antonio Muro
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