Hace
ya medio siglo que el cáncer se trata con
éxito por numerosos médicos y otros terapeutas
-especialmente en Estados Unidos- con Medicina
Ortomolecular. La base de este tratamiento
está en desintoxicar el organismo, seguir
una alimentación adecuada y complementar la
dieta con nutrientes ortomoleculares específicos
a fin de crear la condiciones óptimas favorables
que permitan un correcto funcionamiento celular
elevando simultáneamente el sistema inmune
del enfermo. Un método natural no agresivo,
eficaz y poco conocido.
Está
constatado que gran parte de los casos de
cáncer son consecuencia de un incorrecto comportamiento
vital o de las características del ambiente
en el que se vive. Y, por tanto, que es posible
prevenirlos. La evidencia de que es así es
amplia pero lo corroboran sobre todo cuatro
hechos estadísticos: las diferencias en la
incidencia de determinados tipos de cáncer
entre personas de una misma comunidad radicadas
en distintos lugares, las diferencias entre
los que emigraron de una comunidad y los que
no emigraron, la variación en el tiempo dentro
de una comunidad dada y la identificación
real de gran número de causas específicas
y controlables (de las que vamos a hablar
a continuación).
Como ya se ha explicado en artículos anteriores
de la revista, un cáncer se caracteriza por
la proliferación descontrolada de una célula
o grupo de células -parece que a causa de
una mutación genética por causas que pueden
ser variadas- y la adquisición por éstas de
"capacidad invasiva" lo que permite su diseminación
-metástasis- por todo el organismo. De ahí
que el equilibrio entre la división y la muerte
celular sea indispensable para que no aparezca
el cáncer, algo de lo que al parecer se encargan
los denominados "genes supresores de tumor"
codificando unas proteínas que impiden la
proliferación descontrolada. Una de ellas
es la conocida proteína "P53" que cuando no
logra frenar el crecimiento anormal provoca
además la apóptosis o "suicidio" de la célula.
Y existen también otros genes llamados "reparadores
de ADN" que codifican otras proteínas cuya
función es corregir los errores que surgen
cuando las células duplican su ADN antes de
la división.
Ya en el número 35 de la revista se mencionaron
todas las causas que pueden dar lugar a un
cáncer e invitamos al lector a repasarlas
(www.dsalud.com).
En todo caso, es oportuno recordar algunas
de ellas para entender por qué la Medicina
Ortomolecular es útil en el tratamiento del
cáncer. Especialmente porque para prevenirlo
es preciso conocer las sustancias y/o los
hábitos relacionados con su aparición. Obviamente,
no mencionamos todos. Piense el lector que
la décima edición de la lista oficial de carcinógenos
humanos conocidos se ha hecho pública recientemente
y en el nuevo listado aparecen ya 228 sustancias.
Veamos sólo, pues, los principales agentes
carcinógenos.
-Las radiaciones
ionizantes.
Penetran en los tejidos y pueden dañar el
ADN. Todas ellas (se explicó en el artículo
sobre los peligros de la telefonía móvil en
el nº 38 de la revista).
-Los medicamentos.
Algunas de las medicinas que se han estado
comercializando durante años provocaban cáncer
ya que -hoy lo sabemos- interferían en el
ADN. La mayor parte fueron retiradas por ello
del mercado pero otras se siguen utilizando
como es el caso de los estrógenos y los anticonceptivos
esteroideos. Los primeros han sido recetados
en muchos países de forma sistemática para
tratar los síntomas posmenopáusicos y prevenir
la osteoporosis provocando un notable aumento
de cánceres endometriales. En algún momento,
llegándose a duplicar la incidencia normal.
-Los rayos del sol.
El cáncer de piel causado por
la exposición a los rayos del sol es el más
frecuente. Los melanomas son los cánceres
potencialmente más letales.
-El tabaco.
El hábito de fumar mata a más de 1.000.000
de personas cada año por cáncer de pulmón
y otras neoplasias. Las mutaciones del gen
P53 son frecuentes en los cánceres relacionados
con el tabaco. Está probado que determinadas
sustancias presentes en los cigarrillos están
directamente relacionadas con el cáncer como
son los hidrocarburos aromáticos policíclicos
(HAP) y las nitrosaminas derivadas de la nicotina.
Piénsese que sólo en el humo del tabaco se
encuentran más de 4.000 agentes químicos,
muchos de los cuales son carcinogénicos.
-Algunos virus.
El VPH o virus humano del papiloma
es uno de ellos y está íntimamente relacionado
con el cáncer de cuello de útero. Se transmite
por contacto sexual.
-Las nitrosaminas.
Esta sustancia la podemos encontrar en el
tocino frito, las carnes curadas, algunas
hortalizas frescas, la cerveza, la leche seca
sin materia grasa, los productos del tabaco,
algunos productos de goma, los pesticidas,
ciertos cosméticos y productos de la industria
del metal.
Las nitrosaminas se forman a partir de los
nitratos añadidos a algunos alimentos que,
bien por las bacterias que hay en las carnes
que los contienen o por las propias de nuestro
organismo, se oxidan convirtiéndose en nitritos
así como de las aminas biógenas generadas
a partir de la degradación de las proteínas.
Además, hay determinados alimentos a los que
se les añaden nitratos como el beicon, el
jamón cocido, el salami, el salchichón, el
chorizo, etc., con el fin de inhibir el crecimiento
de la bacteria Clostridium botullinum, causante
del botulismo.
También hay nitratos en los conservantes E249,
E250, E251 y E252.
-El amoniaco.
Los productos nitrogenados generan NH3 por
acción de las bacterias lo que aumenta la
proliferación celular y altera la síntesis
de ADN.
-Los fenoles.
Producidos por el metabolismo de
la fenilalanina y la tirosina se relacionan
con el cáncer de piel y colon.
-Las aflotoxinas.
El más tóxico de esta familia es la aflotoxina
B1, sustancia tóxica (hongo), mutagénica e
intensamente cancerígena. Está presente en
algunas semillas.
-Los compuestos químicos
agrícolas.
Nos referimos a aquellos encaminados tanto
a incrementar la productividad de las cosechas
como a favorecer su conservación. Muchos son
potencialmente cancerígenos. Hablamos de los
acaricidas, nematicidas, fungicidas, rodenticidas
y herbicidas (compuestos químicos como DDT,
dieldrin, lindano, metoxiclor, malation, aldrín,
etc.).
-Las grasas saturadas.
Una alimentación rica en grasas saturadas
favorece el desarrollo del cáncer. Está especialmente
demostrado en el caso del cáncer de mama.
Al parecer, podría deberse a que su consumo
eleva las cifras de estrógenos en sangre según
las investigaciones desarrolladas en las universidades
de Harvard y Minnesota. Por otra parte, un
estudio llevado a cabo por la Fundación
Estadounidense para la Salud y el Centro
Hospitalario St.Luke's-Roossevelt de Nueva
York apunta que una ingesta excesiva de grasas
-tanto de origen animal como los aceites vegetales
omega 6- adormece el mecanismo de vigilancia
tumoral del sistema inmunitario.
-La leche de vaca.
Un estudio llevado a cabo en la Universidad
de Bergen (Noruega) con leche de vaca fresca
constató que el consumo de 2 vasos diarios
implica un riesgo 3,4 veces mayor de padecer
linfomas que quienes beben menos de esa cantidad.
Y un grupo de investigadores holandeses demostró
en 1989 que las personas que toman tres o
más vasos de leche de vaca diaria tienen dos
veces más probabilidad de desarrollar cáncer
de pulmón que los que no beben leche.
Cabe añadir que también investigadores de
la Universidad de Harvard encontraron una
relación positiva y fuerte entre el cáncer
del páncreas y el consumo de leche, huevos
y carne.
Entiéndase, en todo caso, que hablamos de
la leche de vaca entera, sin tratar industrialmente.
Porque tanto lo que hoy se comercializa como
leche de vaca así como sus derivados lácteos
tienen más bien poco que ver con la leche
de vaca natural. Hablaremos de ello extensamente
en un próximo artículo.
-El café torrefacto.
El café torrefacto contiene hidrocarburos
tostados liberadores de benzopirenos, productos
altamente cancerígenos. Además contiene metil
glioxal, un poderoso mutágeno en las bacterias.
Una simple taza de café recién hecho contiene
0.5 mg de ese compuesto que ha demostrado
ser cancerígeno en ratas. De hecho, la Unión
Europea intentó hace año y medio regular esta
situación sin conseguirlo debido a las presiones
ejercidas. Sépalo.
-El alcohol.
El alcohol también podría actuar como un carcinógeno,
no de forma directa sino a través de su metabolito,
el acetildehído. Además tiene una reconocida
acción inmunodepresora.
Por otra parte, un estudio presentado por
la Agencia Internacional para la Investigación
sobre el Cáncer en Lyon indica que la
mezcla de alcohol y tabaco aumenta 43 veces
la probabilidad de contraer cáncer de garganta.
-Mecanismos indirectos.
La ingesta exagerada de alimentos también
puede influir en la aparición del cáncer.
Así lo demostró ya Tannenbaum en ratones
durante la II Guerra Mundial constatando que
la aparición de tumores espontáneos de pulmón
y mama así como los de una variedad de tumores
producidos experimentalmente con cancerígenos
conocidos podía reducirse a la mitad restringiendo
la ingesta de alimentos sin modificar las
proporciones de los constituyentes individuales.
Esto último sería luego contrastado en reiteradas
ocasiones.
En el caso de la fibra y su influencia sobre
el cáncer -y otras enfermedades degenerativas
del intestino- Burkitt ya lo sugirió en sus
observaciones: el cáncer era más común en
los países donde se procesaban los cereales
para eliminar la fibra que en aquellos en
donde eso no se hacía.
Hay que recordar, finalmente, que los métodos
utilizados para la preparación industrial
de alimentos pueden ser potencialmente peligrosos
debido a la intervención de carcinógenos como
los hidrocarburos aromáticos policíclicos
y las aminas aromáticas heterocíclicas. Y
ambas se forman durante la combustión del
carbón y la lisis de proteínas durante el
asado de la carne con carbón vegetal, en la
fritura y en el ahumado.
LA
NECESARIA PRUDENCIA
Lo expuesto nos insta pues a ser muy prudentes
y a seguir unas reglas mínimas si queremos
disminuir los factores de riesgo del cáncer:
Nuestros consejos para lograrlo son sencillos:
-Deje de fumar.
-Evite el exceso de peso.
-Tome entre 20 y 35 gramos de fibra al día.
-Consuma diariamente frutas y vegetales frescos.
-Elimine o reduzca al mínimo la ingesta de
alcohol.
-Evite la exposición prolongada al sol.
-Reduzca la ingesta de proteínas animales.
-No consuma alimentos fritos ni ahumados.
-No consuma más de un 10% de grasas saturadas
en su comida diaria.
-Reduzca el consumo total de grasas a menos
del 30% del aporte calórico total.
-Realice diariamente ejercicio físico según
sus características y posibilidades.
-Respete las instrucciones de seguridad en
los lugares de trabajo, sobre todo si en él
se manipulan sustancias cancerígenas.
PRODUCTOS
CON ACTIVIDAD ANTICANCERÍGENA
Además de seguir las recomendaciones anteriores
conviene que sepa que hay determinados alimentos
y sustancias que tienen un especial interés
tanto por su acción preventiva como por su
actividad anticancerígena. Hablemos de ellos.
-El ajo y la cebolla.
En ambos alimentos se han encontrado multitud
de sustancias con reconocida acción anticancerígena,
entre ellas el sulfuro de dialilo o la alinasa,
con capacidad para bloquear -por ejemplo-
sustancias tan agresivas como las nitrosaminas
y la aflotoxina, ambas relacionadas con los
cánceres de estómago, pulmón e hígado.
Uno de los principales investigadores de la
acción del ajo es el doctor Michael Wargovich,
experto del Centro del Cáncer M.D. Anderson
de Houston. En un experimento administró a
un grupo de ratones el principio activo del
ajo mientras a otros sólo les dio comida.
A continuación aplicó a los ratones de ambos
grupos potentes carcinógenos. Pues bien, los
ratones que habían ingerido ajo presentaron
un 75% menos de incidencia de cáncer, tanto
de colon como de otros tipos.
-El tomate.
El mismo pigmento que proporciona al tomate
su color rojo, el licopeno, es la sustancia
responsable de su poder anticancerígeno. El
licopeno es hasta dos veces más potente que
el betacaroteno y actúa como destructor del
oxígeno libre. Además, está demostrado que
esta misma sustancia reduce el daño causado
en el ADN y ayuda a prevenir el cáncer de
próstata. (Journal of the Nacional Cancer
Institute, 19/12/2001).
-El té.
Estudios realizados en China, Japón y EEUU
confirman que el té bloquea en gran medida
el desarrollo de diversos tipos de cáncer
en los animales, lo que se debe principalmente
a su concentración en catequinas, de las que
una de ellas es especialmente potente: la
epigalocatequina (EGCG).
-La col, el brécol
y las coles de Bruselas.
Estas hortalizas contienen una sustancia -el
indol-3-carbinol- que tiene la propiedad de
acelerar el metabolismo de los estrógenos
impidiendo así que pueda ser utilizado por
las células cancerígenas. Así lo han demostrado
los estudios del Instituto de Investigación
Hormonal de Nueva York.
-El cartílago de
tiburón.
El cartílago de tiburón posee un compuesto
que -al menos, en laboratorio- tiene efectos
anticancerígenos. Exactamente son sus compuestos
de glucoproteínas las que tienen un efecto
sobre la angiogénesis.
El crecimiento de un tumor requiere su vascularización.
Sin la cercanía de vasos sanguíneos las células
tumorales no sólo no pueden diseminarse sino
que mueren por deficiencia de nutrientes y
oxígeno así como por falta de eliminación
de anhídrido carbónico, ácido láctico y otras
sustancias de desecho. La angiogénesis o formación
de nuevos vasos sanguíneos a partir de otros
preexistentes es fundamental en el proceso
de carcinogénesis.
-El extracto de aceite de hígado de tiburón.
Esta sustancia contiene ácidos grasos poliinsaturados
así como vitaminas A, D y E además de escualeno
y alcoxigliceroles.
La vitamina A tiene un destacado papel preventivo
en el cáncer y, en particular, frente al cáncer
bronquial y el de vejiga, además de tener
una acción antioxidante global como las vitaminas
D y la E.
La vitamina D2 por su parte, es precursora
de la tumosterona, sustancia utilizada por
las células asesinas para destruir las células
cancerosas.
En cuanto al escualeno que contiene es un
triterpenoide precursor de la DHEA (deshidroxiepiandrosterona),
una sustancia que tiene el poder de ralentizar
el envejecimiento celular y cuya presencia
es indispensable en los glóbulos rojos para
combatir las células cancerosas.
Por último -como ya hemos señalado-, contiene
alcoxigliceroles, que son derivados lipídicos
presentes sobre todo en los tejidos portadores
de células inmunitarias. Los alcoxigliceroles
han demostrado en ratas un claro efecto inhibidor
del crecimiento tumoral bloqueando en ratas
diversos tumores experimentales: linfoma LAA,
carcinoma mamario C3H, melanoma B12, etc.
-El ácido alfa lipoico.
Se trata de un compuesto antioxidante que
en su forma libre tiene la capacidad de proteger
el material genético del ADN. Además impide
la liberación excesiva de FN-kappa-B, una
sustancia con capacidad para fijarse al ADN
en los genes y causar cambios en la información
génica.
-La vitamina A.
Dado que la vitamina A puede resultar tóxica
si se toma en cantidades altas es importante
comprender la diferencia entre ella y los
carotenoides. El betacaroteno -y los demás
carotenoides- son atóxicos. Y en el interior
del cuerpo humano son transformados enzimáticamente
de tal manera que de una molécula de betacaroteno
surgen dos moléculas de vitamina A.
Otra diferencia importante es que la carotinoidemia
depende proporcionalmente de la ingesta mientras
que la vitamina A mantiene niveles sanguíneos
bastante constantes dado que toda cantidad
"extra" es eliminada de la sangre y almacenada
en el hígado.
De los 20 carotenoides que se encuentran en
la alimentación humana, el betacaroteno es
el mejor protector contra el cáncer.
La primera demostración de que la vitamina
A tenía propiedades protectoras contra el
cáncer se obtuvo poco después de su descubrimiento
en 1913 por Mc Collum y Davis.
A principios de los años 20 los trabajos de
Mori (1922) y Wolbach (1925)
asociaron el déficit de vitamina A con alteraciones
cancerígenas en células de la tráquea, laringe
y bronquios. Varios estudios realizados entre
los años 30 y 50 confirmaron que la vitamina
A mantiene el funcionamiento normal de los
tejidos además de controlar el crecimiento
celular y que las deficiencias de dicha vitamina
producen cambios metaplásicos.
Así pues, la vitamina A regula de una manera
casi hormonal el crecimiento y el desarrollo
celular, da protección antioxidante contra
los radicales libres y aumenta la comunicación
intercelular de tal forma que las células
mutantes no pueden provocar que otras células,
también mutantes, crezcan (influye en la síntesis
de la proteína conocida como conexina).
En 1929 Hirayama publicó un estudio
realizado en 25.000 japoneses demostrando
que el betacaroteno protege contra los cánceres
de pulmón, estómago, colon, próstata y cérvix.
-La vitamina B17.
Tras muchos años de estudios, el químico estadounidense
Ernest Krebs, Jr. descubrió en 1950
una nueva vitamina que categorizó como B17
y que también es llamada laetril y amigdalina.
Ya en varios documentos de civilizaciones
antiguas -como los egipcios en la época de
los faraones y en China más de 2.500 años
antes de Cristo- se menciona el uso terapéutico
de los derivados de las almendras amargas.
Papiros egipcios de 5.000 años de antigüedad
mencionan el uso de Aquí Amygdalorum, para
el tratamiento de tumores dermatológicos.
Sin embargo, el estudio sistematizado de la
amigdalina no comenzó hasta la primera mitad
del siglo pasado cuando el famoso químico
Dr. Bohn descubrió en 1802 que durante
el proceso de destilación del agua proveniente
de almendras amargas se obtenía ácido hidrociánico.
La vitamina B17 es un agente quimioterapéutico
completamente natural que se encuentra en
más de 1.200 plantas, particularmente en las
semillas de frutas comunes como el albaricoque,
el durazno, las manzanas y las cerezas. Se
trata de un diglucósido con una molécula de
cianuro que es extremadamente bioaccesible.
Esto significa que penetra en la membrana
celular alcanzando fácilmente un alto nivel
de concentración dentro de la célula. Esta
molécula de cianuro causó cierta controversia
aunque, atendiendo a las afirmaciones de quienes
la utilizan, es inofensiva porque "las
células normales del organismo contienen un
enzima llamada glucosidasa que la neutraliza
impidiendo la liberación del cianuro. De esta
forma, la vitamina B17 sólo actúa como glucosa
en las células saludables produciendo energía.
Las células malignas no contienen esta enzima
pero tienen otra llamada rodanasa; al estar
ausente la glucosidasa y presente la rodanasa,
la vitamina B17 se activa liberando la molécula
de cianuro dentro de la célula maligna causando
su destrucción".
El uso del laetril es legal en 24 estados
americanos y en otros 17 países como México,
Alemania, Gran Bretaña, Italia, Bélgica y
Filipinas.
-La vitamina C.
Existen numerosas evidencias de que la vitamina
C es esencial para el buen funcionamiento
del sistema inmunitario. En los mecanismos
de éste intervienen ciertas moléculas -principalmente
moléculas de proteínas- que se encuentran
en solución en los fluidos del cuerpo así
como en determinadas células y la vitamina
C actúa tanto en la síntesis de muchas de
ellas como en la producción y en el adecuado
funcionamiento. Pues bien, se sabe desde hace
tiempo que la vitamina C inhibe la formación
de nitrosaminas carcinogénicas formadas por
la reacción entre los nitritos existentes
en las carnes conservadas y las aminas dietéticas.
También la vitamina C, unida a la quercetina
y otros polifenoles, pueden combatir el cáncer.
La aparición del cáncer de esófago, páncreas,
colon, recto, cuello de útero, vejiga, piel,
mama y laringe aparece mucho más raramente
en quienes siguen una dieta rica en frutas
y vegetales con alto contenido en vitamina
C.
Estudios en animales de experimentación realizados
por el Premio Nobel Linus Pauling y
sus colaboradores muestran que una ingesta
elevada de vitamina C atrasó el comienzo de
tumores mamarios espontáneos en ratones; y
evidencian también una pronunciada disminución
o retraso en la aparición de tumores malignos
en ratones que habían sido expuestos a la
luz ultravioleta.
Otros investigadores también han demostrado
la efectividad de esta vitamina y sus derivados
en la prevención del cáncer de piel. Y en
ratones expuestos a fibra de vidrio en polvo
se comprobó una inhibición significativa del
cáncer de pulmón. Científicos japoneses demostraron
además recientemente el efecto anticancerígeno
en tumores humanos de ovario, estómago, páncreas,
útero y pulmón.
Tras lo dicho, es insólito comprobar que el
Instituto Nacional de Salud Americano, tras
el estudio que realizó sobre esta vitamina,
concluyera diciendo que la cantidad recomendable
de vitamina C es de 60 mg, al día. Cientos
de investigadores afirman que esa cifra debería
ser aumentada a 200 mg diarios como mínimo.
Exactamente la misma recomendación que hizo
Linus Pauling hace casi veinte años y pocos
científicos aceptaron.
-La vitamina E.
Esta vitamina es un poderoso antioxidante
pero posiblemente necesite de la sinergia
de otros nutrientes para poder ser además
protectora contra el cáncer. Es el caso del
estudio de Knekt (1991) publicado en
Annals of Medicine que confirma el
papel protector de la vitamina E -en combinación
con otros nutrientes- en la profilaxis del
cáncer.
Es importante tener en cuenta la sinergia
entre esta vitamina y el selenio, conocida
desde 1983. Según el Dr. Horvart, "la vitamina
E facilita la acción anticarcinogénica del
selenio sólo cuando se encuentra presente
durante las fases de promoción o proliferación".
En 1984 un equipo de investigadores dirigidos
por el Dr. Wald estudió la vitamina
E y el betacaroteno en la prevención del cáncer
mamario. Se extrajo sangre de 5.000 mujeres
en Guernsey entre 1968 y 1975 que se almacenó
congelada. A finales de 1982, 39 de las mujeres
habían desarrollado cáncer. Comparándolas
con el grupo de control de mujeres de edad,
en estado menopáusico, antecedentes familiares
y antecedentes de enfermedad mamaria benigna
similares, las víctimas de cáncer mostraron
niveles sanguíneos más bajos de vitamina E.
Cabe señalar que la vitamina E tiene una acción
directa sobre algunas sustancias químicas
cancerígenas inactivándolas (nitritos y nitratos).
Por otra parte, la vitamina E también desempeña
un papel importante como terapia adjunta a
la quimioterapia. Así, prácticamente todos
los pacientes que reciben adriamicina pierden
el cabello mientras que el 70% de los que
reciben 1.600 UI de vitamina E desde varios
días antes de la quimioterapia no sufrieron
una pérdida de cabello digna de mención. (Wood,
1985).
-La coenzima Q10.
Además de su papel en la producción de energía,
la coenzima Q10 es un elemento muy a tener
en cuenta en los pacientes con cáncer pues
ayuda a reducir los radicales libres; se trata,
pues, de una sustancia antioxidante.
-El calcio.
Según un estudio publicado en el New England
Journal of Medicine -enero de 1999- el
papel del calcio en la prevención de pólipos
en el colon es evidente. Los autores del trabajo
son tajantes en sus conclusiones: los suplementos
de calcio se asocian con una reducción significativa
del riesgo de padecer adenoma colorrectal
recurrente. El trabajo fue dirigido por el
doctor J. A. Baron -del Darthmouth-Hitchcock
Medical Center (New Hampshire, EE.UU)-
a lo largo de cuatro años.
-El germanio.
En 1967 el Dr. Kazuhiko Asai consiguió
sintetizar el germanio 132, una forma de germanio
ligado orgánicamente y no tóxico. En su forma
orgánica cada átomo de germanio está ligado
a tres átomos de oxígeno convirtiéndose en
un excelente transportador de oxígeno.
El Dr. Otto Warburg -investigador del
cáncer y premio Nobel- descubrió que las células
cancerosas no pueden metabolizar adecuadamente
el oxígeno. Y el germanio 132 actúa como transportador
facilitando el movimiento del oxígeno a través
de las membranas celulares para introducirlo
en la célula. Refuerza además muchas funciones
del sistema inmunitario. Varios estudios han
informado de la capacidad del germanio 132
administrado por vía oral de aumentar la actividad
de las células asesinas naturales.
En un estudio publicado en el Journal of
Interferon Research se concluía que
"el germanio orgánico restaura el funcionamiento
normal de células-T y linfocitos-B. El germanio
orgánico tiene actividades fisiológicas excepcionales,
es capaz de estimular la producción de gamma-interferón,
tanto en animales como en seres humanos, sin
efectos colaterales ni toxicidad".
-El selenio.
Un trabajo realizado por Margaret Rayman
-del Centro de Nutrición y Seguridad Alimentaria
de la Universidad de Surrey (Reino Unido)-
y publicado en The Lancet ha repasado
los problemas que acarrea la deficiencia de
selenio y ha dado la voz de alarma ya que
en muchos países no se consume en cantidad
suficiente.
El déficit de selenio disminuye la eficacia
del sistema inmune. Varios trabajos han comprobado
que un aporte adicional de este antioxidante
estimula la producción de linfocitos T y mejora
la respuesta de las células asesinas.
Desde hace tres décadas se conoce el papel
preventivo del selenio frente a ciertos tumores.
De hecho, en los países en los que la dieta
es rica en este mineral las cifras de mortandad
por cáncer son inferiores a las de otros lugares
donde no se consume tanto. En la mayoría del
continente europeo se consumen cantidades
insuficientes de selenio.
-El NADH.
El NADH es una sustancia natural presente
en todos los organismos vivos que se conoce
también como coenzima I. Se le han atribuido
más de un millar de funciones bioquímicas
y está considerado el antioxidante más eficaz
conocido. Una de las acciones principales
es su actividad en la producción de energía
en la célula. Cuanto más NADH libre hay en
la célula mayor energía puede producir ésta.
Aunque existe NADH en todos los alimentos
ésta es destruida por el proceso de cocción;
incluso cuando ingerimos alimentos crudos
la absorción de NADH no mejora debido a que
los ácidos gástricos lo degradan.
De ahí la importancia de la suplementación
oral de NADH siempre que esté estabilizado
y su forma galénica de administración sea
gastrorresistente para asegurar su absorción
y biodisponibilidad.
Sus acciones principales son:
-Aumenta la producción de energía celular
(cada molécula de NADH produce 3 moléculas
de ATP).
-Interviene en la regulación celular y reparación
del ADN.
-Potencia el sistema inmune (sobre todo, aumenta
notablemente la Interleukina-6 o IL-6).
-Es un potentísimo antioxidante. Actúa regenerando
los antioxidantes naturales de nuestro organismo.
-La chlorella pyrenoidosa.
La chlorella es un alga unicelular cultivada
originalmente para países del Tercer Mundo
como sustituto barato de las carnes de animales
pero acabó ofreciéndonos mucho más que proteínas.
De hecho, podría ser el antídoto perfecto
para algunos de los problemas de salud causados
por los alimentos refinados, las dietas deficientes
en nutrientes y nuestro ambiente tóxico.
La chlorella está cargada de nutrientes y
otros compuestos únicos incluyendo las vitaminas
del grupo B (contiene más ácido pantoténico
que cualquier otra fuente natural), magnesio
y otros minerales menores. Su alta concentración
de clorofila -un pigmento verde con cualidades
limpiadoras notables- es necesaria en cualquier
programa de desintoxicación del cuerpo y como
fuente de hierro orgánica. También ayuda al
cuerpo a eliminar cadmio y uranio, dos metales
tóxicos. El amplio espectro de carotenoides
del alga es superior al betacaroteno para
defender las células contra la oxidación.
Otro de sus constituyentes químicos, el clorelano,
fortalece nuestro sistema inmune al contribuir
a la producción de interferón.
-El extracto de arabinogalactano.
El extracto de arabinogalactano es una sustancia
extraída del salvado de arroz que ha sido
modificado enzimáticamente para aumentar su
función inmunomoduladora.
Se ha demostrado en pruebas in vivo
que esta sustancia es capaz de modificar la
respuesta biológica con posibles efectos anticancerígenos.
Así, fue capaz -en pruebas de laboratorio-
de aumentar la actividad de las células asesinas
naturales, primera línea de defensa contra
el desarrollo de tumores.
-La Uncaria Tomentosa
o uña de gato.
La Uncaria Tomentosa o Uña de Gato es una
planta que crece de forma salvaje en las zonas
altas del amazonas peruano. Está compuesta
fundamentalmente por alcaloides indólicos
y pentacíclicos además de por flavonoides,
taninos catéquicos, triterpenos y esteroides.
El estudio de esta planta se ha centrado en
su composición alcaloídica. Tiene acción inmunoestimulante,
antivírica, antiinflamatoria, antimutagénica,
antioxidante, citostática, antileucémica,
antiagregante plaquetaria, hipotensora y diurética.
En suma, hay muchos agentes anticancerígenos
que, combinados adecuadamente, permiten tratar
cualquier patología cancerosa. Obviamente,
el tratamiento -qué productos, en qué dosis,
durante cuánto tiempo...- debe ser individualizado
y ser el especialista quien lo determine.
Téngalo en cuenta.
José Ramón Llorente
Presidente
de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.
Para
más información:
José Ramón Llorente
E-mail: jrllorente@telefonica.net
Tlf.:
96 392 41 66