Del
agua se ha dicho -entre otras muchas cosas- que es nuestro alimento primario,
la medicina más barata y el principio de todo lo que existe. Incluso se la ha
relacionado con la inmortalidad y se la ha otorgado memoria, conciencia y hasta
sentimientos
(consulte los distintos reportajes publicados: http://www.dsalud.com/agua.htm).
Es tal su importancia para la vida -no en vano constituye el 75% de nuestro cuerpo
y cubre el 70% de la superficie terrestre- que cada vez más científicos coinciden
en afirmar que muchas de las actuales enfermedades podrían evitarse simplemente
bebiendo suficiente agua de calidad, es decir, agua viva y estructurada en lugar
del agua químicamente potable pero físicamente muerta que hoy tomamos.
EL AGUA, IMPRESCINDIBLE PARA LA VIDA El agua es
el constituyente primordial de las células de todos los tejidos animales y vegetales.
Por tanto, donde no hay agua no es posible la vida -al menos tal como la conocemos-
ya que en ella se desarrollan todas las reacciones bioquímicas de los seres vivos.
Sencillamente es el fundamento de la vida porque la vida ha nacido en ella. Es
la base de todo lo vivo. Ya el filósofo, matemático y astrónomo griego
Tales
de Mileto -que vivió hace más de 2.500 años- la consideró
"el principio
de todo lo que existe". También el doctor
Alexis Carrel -premiado con
el Nobel de Medicina en 1912- reconocía su importancia relacionándola incluso
con la inmortalidad al afirmar:
"La célula es inmortal. En realidad es el fluido
en el que flota, básicamente agua, lo que degenera. Por tanto, renovando ese fluido
a intervalos proporcionaríamos a las células lo que necesitan para su alimentación
y, hasta donde nosotros conocemos, el pulso de la vida continuaría para siempre".
Obviamente, la ciencia ha conseguido luego desvelar otros secretos del agua. Así,
por ejemplo, se sabe que de todas las sustancias naturales el agua es la que más
se aproxima al solvente químico universal y al medio de disolución ideal ya que
casi todas las sustancias pueden disolverse en agua y prácticamente todos los
procesos destacables de intercambio y transformación necesarios para la obtención
de energía se desarrollan en ella. Sin ella, por ejemplo, no podríamos disolver
los alimentos que comemos a fin de que sus nutrientes puedan ser absorbidos.
El agua es además un medio de transporte efectivo e insustituible. La mayor parte
de los procesos de intercambio de sustancias entre células y tejidos depende fundamentalmente
de ella como medio de transporte. El agua circula por todo el cuerpo llevando
oxígeno y alimentos diluidos hasta todos los órganos y estructuras celulares y,
al mismo tiempo, recoge los residuos para llevarlos a los órganos responsables
de su eliminación y transporta el anhídrido carbónico hasta los pulmones para
intercambiarlo por oxígeno. También se encarga de regular la temperatura corporal.
Es imprescindible igualmente para mantener la estructura y la arquitectura celular
de nuestro cuerpo. Como una especie de "pegamento", el agua une las estructuras
fijas dentro de la membrana celular. De ahí que si no hay suficiente agua las
células se desequen; a mayor o menor velocidad, en mayor o menor grado, pero se
desecan. Cabe añadir que en medios líquidos no saturados se produce mejor funcionalidad
de proteínas, enzimas, etc., que en medios más espesos (es decir, con menos composición
de agua).
En fin, es tal la cantidad de procesos metabólicos, orgánicos,
sistémicos, etc., en los que interviene el agua que resulta fácil entender cuáles
pueden ser las consecuencias para la salud cuando su carencia es prolongada.
"La
deshidratación crónica -llega a afirmar en su obra
Su cuerpo reclama agua
llorando a gritos el médico iraní
Feydoon Batmanghelidj-
es la raíz
de la mayor parte de las enfermedades degenerativas del cuerpo humano y la tragedia
más grande de la historia de la Medicina es que los médicos sigan sin entender
la diversidad de señales que emite un cuerpo cuando, simplemente, reclama agua".
De hecho, para
Batmanghelidj (lea en nuestra web -www.dsalud.com-
los artículos publicados en los números 55
y 56 sobre lo que afirma)
el más importante descubrimiento médico de los últimos tiempos es la comprensión
de que
el agua es la mejor medicina natural para gran número de dolencias.
Hasta el punto de que lo que para muchos de sus colegas es un "cuerpo enfermo"
para Batmanghelidj no es, en muchas ocasiones, sino un "cuerpo sediento" al que
se puede devolver la salud dándole simplemente la cantidad de agua adecuada. Es
más, este singular médico asegura que
"la deshidratación crónica es el estresante
principal del cuerpo y la responsable desconocida de la muerte de millones de
personas. A mi juicio es la responsable de la mayor parte de fallecimientos por
enfermedad, muy por encima de cualquier otra afección. Sin embargo, los arrogantes
sistemas sanitarios de los países supuestamente avanzados no la consideran importante
y siguen tratando a los enfermos con productos químicos en vez de con simple agua
hasta que, al final, logran que aparezcan problemas de verdad". Eso sí,
es fundamental que el agua que ingiramos sea de calidad, es decir, estructurada,
limpia y energéticamente viva... cosa harto difícil cuando hoy el agua extraída
del subsuelo, de los ríos o de los lagos ha de ser sometida a veces a cerca de
250 procesos -químicos, biológicos o mecánicos- diferentes antes de ser considerada
"apta para el consumo humano" según los diferentes criterios legales y sanitarios
de cada país. Esto significa que el agua que llevamos a nuestra mesa está químicamente
clorada, purificada, filtrada, desintoxicada... y así hasta 250 tratamientos.
Pero en realidad basta una sola palabra para definirla: energéticamente
muerta.
Y, por tanto, muy limitada para realizar las funciones que debe cumplir en nuestro
cuerpo.
Pero, ¿qué es el
agua viva? Pues es aquella que conserva -o
que recupera- su potencial energético y la estructura ordenada y estable que presenta
de forma natural. Conviene recordar llegados a este punto lo ya publicado en otros
números de la revista sobre el hecho de que el agua "absorbe" -por resonancia-
las frecuencias de cada materia con la que entra en contacto. Dicho de otra forma:
el agua tiene
memoria ya que almacena la "información" -en forma de frecuencias
electromagnéticas- de toda sustancia con la que ha estado en contacto -radiaciones,
plantas, colores, etc., incluidos, consecuentemente, metales pesados, fosfatos,
productos fitosanitarios, abonos, nitratos, etc. Y según algunos científicos -entre
ellos el ingeniero alemán
Peter Gross sobre el que hablamos ya en el número
53 de la revista- tales frecuencias
-difíciles de borrar, por otra parte- logran a veces romper la estructura natural
del agua convirtiéndola en un líquido
energéticamente muerto y físicamente
desestructurado que además nos transmite las frecuencias negativas que han
"volcado" en ella las sustancias nocivas con las que ha entrado en contacto durante
su recorrido previo antes de llegar a nuestra mesa.
Es más, si recordamos
lo afirmado por el científico japonés
Masaru Emoto -del que hablamos en
el número
52- el agua no sólo tendría memoria
y capacidad de almacenar y transmitir información sino además "conciencia" y "sentimientos"
en la medida en que los pensamientos y las emociones humanas pueden alterar su
estructura molecular como reacción a cualquier mensaje que recibe, tanto positivo
como negativo. Algo que ha demostrado con numerosos experimentos recogidos en
miles de microfotografías.
Pues bien, a todas estas definiciones y caracterizaciones
del agua como principio de vida, medicina preventiva, archivo de datos y elemento
consciente se suma ahora la aportación del naturalista austriaco
Johann Grander
quien hace ya más de 20 años ideó una tecnología que -afirma- permite no sólo
vitalizar el agua devolviéndole su potencial natural sino además hacerla más resistente
a la contaminación por microorganismos patógenos. Es decir, sus aparatos consiguen
crear lo que se podría llamar un "sistema inmune del agua" para, haciéndola más
fuerte y devolviéndola su propia capacidad para purificarse, conservarla vitalizada
y estructurada por más tiempo.
LA ESTRUCTURA DEL
AGUA Como ya hemos contado en textos anteriores se pueden extraer del
agua muchas de las sustancias nocivas que contiene mediante, al menos, 250 métodos.
Pero con ninguno de ellos se eliminan las miles de informaciones -o "patrones
de frecuencias electromagnéticas", como se prefiera- almacenadas en su estructura
y que luego transmiten sus efectos a los sistemas biológicos de los seres humanos,
animales y plantas. De ahí que muchos hombres de ciencia se hayan dedicado a ingeniar
sistemas que permitan "borrar" esas informaciones y devolver el agua a su estado
primigenio, puro, no contaminado, cristalino y de estructura geométricamente regular
que pueda transmitir energía, es decir, información beneficiosa para el organismo
de quien la bebe.
A este respecto, el propio Peter Gross -al que mencionamos
anteriormente- tiene patentado un aparato -el
GIE- con el que afirma revitalizar
el agua aprovechando "su memoria". Para lo cual somete el agua muerta en el interior
del aparato a 15 procesos diferentes que la reestructuran y la convierten en agua
magnética viva.
Pues bien, otra propuesta es la de
Johann Grander,
un naturalista austriaco al que después de 20 años de investigaciones -y tras
haber sido objeto de escarnio por parte de muchos de esos que se autocalifican
de "científicos"- hoy se le reconoce que su método para vitalizar agua es
"científicamente
efectivo".
¿Y en qué consiste su método? Pues en
vitalizar un
agua especialmente pura mediante lo que hoy se conoce como
Tecnología Grander
-método exclusivo que se ha tratado de imitar sin conseguir la misma eficacia-
lo que permite a ese agua transmitir luego su "información" a otras aguas. Por
eso se la llama "agua portadora de informacion Grander". Y hay que aclarar que
se trata de un proceso que no elimina los elementos tóxicos del agua sino la "información
negativa" de todo elemento tóxico que haya estado en contacto con ella. De hecho,
si se analiza la cantidad de cloro que hay en el agua antes y después de pasar
por el vitalizador nos encontraremos con que es la misma a pesar de lo cual se
constata que el sabor y olor a cloro es menor y se consigue una clara reducción
del impacto negativo del cloro -y de sus derivados orgánicos- en el organismo
(así lo demuestran los estudios de científicos rusos). Es más, en los estudios
del Dr. Felch se observa cómo los efectos tóxicos de algunos metales pesados (plomo,
cadmio y mercurio) son menores en el agua vitalizada que en el agua sin vitalizar.
Hay que añadir que tampoco se utiliza cualquier agua para, vitalizándola, dar
lugar al "agua Grander". Sólo se usa el agua de una fuente situada en la región
austriaca de Jochberg que es conocida como "fuente Stephanie" y de la que emana
un agua pura especialmente "útil". Y lo decimos porque lo que hace Grander es
simplemente, basándose en la comentada capacidad del agua para recoger información
y transmitirla a otras aguas, llenar unos depósitos con el agua cristalina, pura
y estructurada de dicha fuente y hacer pasar a través de ellos el agua muerta
que se quiere "reinformar". De manera tan simple -afirma- el agua muerta "copia"
instantáneamente la información que recibe del "agua portadora de información
biológicamente adecuada" y reproduce su estructura reconvirtiéndose en un agua
vitalizada que adquiere las propiedades originales de las aguas de la fuente Stephanie.
Es decir, que de forma completamente ecológica y sin consumo energético alguno
cambia la estructura interna del agua y, mediante la transferencia de información,
la revitaliza, la energetiza, potencia su capacidad de regeneración y la devuelve
a un estado de alto orden molecular. Y no crea el lector que se trata de una afirmación
gratuita porque así lo ha reconocido ya al menos la Academia Rusa de las Ciencias
Naturales quien, con tal motivo, condecoró a Grander el año 2000 con su máxima
distinción reconociendo que
"mediante su método es posible reforzar las propiedades
energéticas y de información del agua y, por tanto, hacerla más valiosa desde
el punto de vista biológico". Es más, el doctor
Yuri Rachmanin -director
de la citada academia- afirmaría que
"el descubrimiento de Grander promueve,
a través de nuevos conocimientos sobre la estructura del agua, un desarrollo ulterior
de la ciencia y la economía por lo que es de gran valor e importancia mundial".
Y es que a nadie se le escapa que un método que permite energetizar el agua de
forma tan simple, sin consumo de energía y sin adición de productos químicos puede
permitir que se disponga ilimitadamente de agua potable de calidad que además,
como veremos, puede ser conservada durante años sin que pierda sus facultades
por lo que, si continúa la desertización galopante de nuestro planeta, quizás
llegue el día en que el método Grander sea necesario para la supervivencia de
millones de personas.
AGUA... ¿ETERNA?
Como decimos, una de las características más importantes del agua obtenida por
el método Grander es que puede ser almacenada durante años -actualmente se considera
que al menos hasta cuatro- sin que se modifiquen las facultades que la convierten
en un agua pura y estructurada. Y todo ello sin necesidad de añadirle ningún agente
químico que, al tiempo que facilita su conservación, afecte a la estructura cristalina
del agua.
Y es que el agua es nuestro alimento más importante pero, simultáneamente,
uno de los más perecederos. Ello es así porque el contacto con los distintos estratos
terrestres conlleva que todas las aguas subterráneas, al aflorar a la superficie,
contengan microorganismos, unos patógenos y otros no. Aunque la cuestión está
en que mientras las aguas permanecen bajo tierra los microorganismos que contienen
están generalmente inertes y no se multiplican a causa de las bajas temperaturas
a las que se encuentran en el subsuelo pero una vez se extraen y alcanzan la temperatura
ambiente aumenta -en mayor o menor grado- la actividad microbiana. Pues bien,
como valor de referencia se ha consensuado que para considerar potable un agua
ésta no debe contener más de 100 unidades formadoras de colonias (UFC) por mililitro.
Y en ese sentido el agua de la fuente Stephanie es excepcional.
"El agua
de la fuente que se utiliza en la preparación del agua Grander -explica el
doctor
Horst Felsch, un doctor en Química que desde hace más de diez años
investiga como científico independiente los fenómenos de la tecnología Grander
-
contiene sólo entre 1 y 2 gérmenes por mililitro por lo que desde el punto de
vista bioquímico se trata de un agua muy pura. Mi experimento sirvió para comprobar
que, con el Método Grander, además se consigue que sea eterna". El experimento
al que se refiere Felsch se llevó a cabo en el Instituto de Ingeniería Hidráulica
Urbana de la
Universidad para el Cultivo del Suelo de Viena (Austria).
Lo que hizo fue tomar una muestra de agua y comprobar que presentaba 25 UFC/ml.
Al cabo de tres días, a temperatura ambiente, volvió a medir el número de gérmenes
de la muestra y constató que en sólo 72 horas había subido a 160 UFC/ml, con lo
que ya no se la podía considerar potable. Transcurridos cinco días la cifra llegaba
ya a 200 con lo que en menos de una semana ¡se había octuplicado! la cantidad.
Luego el número se estabilizó ya pues a los 30 días la cifra medida fue de 210
unidades formadoras de colonias por mililitro.
Pues bien, Felsch tomó parte
de la misma muestra de agua, la sometió a la tecnología Grander y constató que
cinco días después de vitalizarla el número de
pin points -término que
describe pequeñas colonias de gérmenes que, según Grander, se forman al vitalizar
el agua y que indican que la vitalización se está llevando a cabo con éxito- había
aumentado hasta 650. Curiosamente, también a partir de ese momento la cantidad
empezó a disminuir hasta que a los 30 días ya no fue posible registrar la presencia
de ningún
pin point. ¿Y qué significan estas medidas y valores? Pues
según Felsch hay que recordar que los microorganismos son ante todo seres vivos
y que, como tales, necesitan alimentos para mantener sus funciones. Y en este
caso, para medir las "reservas de alimentos" de que disponen los microorganismos
presentes en el agua basta con conocer su contenido en carbono. ¿Cómo?
"El
método -explica el propio doctor Felsch-
se denomina determinación del
carbono orgánico asimilable (de forma abreviada se dice AOC). En este caso, asimilable
significa 'disponible para los microorganismos'. Según la literatura científica
sólo existe multiplicación de gérmenes en el agua si su contenido en AOC es superior
a 10 g/l, (" "es el símbolo de micro y corresponde a la "millonésima parte"
de algo; luego un microgramo es la millonésima parte de un gramo).
Por encima
de estos valores se considera que el agua sufrirá inevitablemente lo que llamamos
'repululación'. Por tanto, sólo serían microbiológicamente estables las aguas
con un contenido inferior a 10 gAOC/l, cosa harto difícil porque sólo el proceso
de llenado de las botellas hace que aumente el nivel de contaminación del agua
y se produzca una repululación de los gérmenes. Sin embargo, los resultados que
en este sentido se obtienen con el método de Johann Grander son, simplemente,
sorprendentes". Felch se refiere a que durante el transcurso del experimento
analizó el contenido en AOC de dos muestras del agua procedente de la fuente Stephanie,
por un lado, y de tres muestras distintas del agua ya vitalizada por el método
Grander. Y los resultados no dejaron lugar a dudas. El valor medio de AOC de la
fuente Stephanie fue de 113,4 g/l mientras que el valor medio de las tres aguas
Grander -medido un mes después de su obtención- era de tan sólo 39,8 g/l.
"Es
decir -explica Felsch- el agua Grander muestra un valor de AOC un 65% menor que
el agua fresca y pura de la fuente Stephanie. Realmente eso nos sorprendió porque,
con sinceridad, lo que esperábamos era que el agua Grander embotellada durante
un mes presentara valores superiores a los del agua de la fuente recién cogida.
No en vano son inevitables pequeñas contaminaciones por el proceso de embotellado
y esas contaminaciones son una fuente de AOC. Por eso en el informe que se elaboró
tras el experimento se puede leer textualmente: 'De forma totalmente contradictoria
a todos los análisis efectuados por nosotros hasta ahora e incluso a todos los
datos de la literatura las dos muestras del agua de la fuente presentaron mayores
valores de AOC que las muestras del agua Grander. Debido a los valores de UFC
determinados era de esperar que sucediera el caso totalmente contrario'. Esto
significa que mediante la vitalización se degradan las fuentes de nutrientes orgánicos
-carbono, principalmente- por lo que los microorganismos no tienen de qué alimentarse
y desaparecen". Ahora bien, quedaba una cuestión en el aire: ¿qué cataboliza
ese carbono? Los científicos, con Felsch a la cabeza, no tienen dudas: "Los pin
points formados por la vitalización". Es decir, que el agua vitalizada por Grander
se convierte en una especie de "entidad viva" que dispone de su propio "sistema
inmune" para combatir la "infección" que representa la presencia en el agua de
compuestos que contienen carbono.
"Ese sistema inmune -continúa Felsch-,
caracterizado por la formación de pin points, reacciona inmediatamente ante
la presencia de gérmenes y de carbono y elimina la contaminación. Es decir, purifican
el agua o, lo que es lo mismo, otorgan a ésta la capacidad de autodepurarse y
después desaparecen. Pero, además, por la reducción del contenido en AOC se impide
la multiplicación de los microorganismos lo que da lugar a una estabilidad más
duradera del agua. Tan duradera que investigaciones posteriores concluyeron que
unas ocho semanas después del embotellado del agua Grander el valor AOC estaba
en los 12 g/l y sin repululaciones. A día de hoy el tiempo de estabilidad demostrable
del agua Grander embotellada es de cuatro años. No conozco ninguna otra que presente
una estabilidad tal sin aditivos". De ahí -comprenderá ahora mejor el
lector- que se diga que este agua puede convertirse en el futuro en un elemento
imprescindible para la supervivencia de las personas que viven en lugares donde
este elemento empieza a escasear.
"Además -concluye Felsch-
hay que
tener en cuenta que con este método se pueden vitalizar y estabilizar microbiológicamente
las aguas que estos países almacenan en tanques o cisternas para los tiempos de
escasez. Si se vitalizaran esas reservas se las podría mantener más tiempo estables
sin necesidad de renovarlas cada poco o de estabilizarlas mediante productos químicos
que acaban con su pureza. Por otro lado, ¿conoce usted algún otro método -natural
y económico además de efectivo e inagotable- que permita recuperar el agua de
lluvia para su consumo humano? Yo no". NUMEROSOS
ESTUDIOS Como ocurre con muchos otros visionarios, Johann Grander realizó
sus investigaciones durante décadas sin el apoyo que normalmente reciben los "científicos
oficiales". Únicamente su voluntad y el convencimiento de estar en lo cierto le
condujeron a unos resultados por los que hoy le premia la comunidad científica
que antes le rechazaba. Y es que actualmente todas las propiedades que Grander
afirma que poseen sus aguas vitalizadas han sido acreditadas científicamente.
Primero fue la Academia Rusa de las Ciencias Naturales quien así lo reconoció.
Después, el propio Ministerio para la Formación, la Ciencia y la Cultura de Austria
-durante el acto de entrega a Grander de la
Cruz Austriaca de Honor de la Ciencia
y la Cultura- reconocería que
"se ha comprobado científicamente que su
método es efectivo y así puede rebatir a los críticos que no le han tratado bien
en el pasado". Más tarde vendrían los reconocimientos por parte del Instituto
Sintef de Noruega, la Academia China de Agronomía, la Asociación para la Defensa
del Consumidor de Austria, el Centro de Investigación y Formación Aplicadas al
Cultivo Intensivo de Tecnología Avanzada de España (CIFACITA), etc.
En
suma, tras numerosos estudios científicos llevados a cabo en diferentes países
se ha llegado a la conclusión de que los resultados más importantes que se obtienen
con la tecnología Grander se pueden resumir en que:
1)
Disminuye la radiactividad del agua potable. Esto es de vital importancia
especialmente para aquellas zonas del mundo en las que las condiciones medioambientales
son tales que existe una radioactividad elevada en el agua, el suelo y, por tanto,
en los alimentos. La tecnología Grander abre pues nuevas expectativas que actualmente
se están investigando.
2)
Mejora la situación microbiológica del agua. Como se ha explicado, la capacidad
del agua vitalizada para autolimpiarse es notoriamente elevada y la proliferación
de bacterias disminuye mucho más rápidamente en el agua vitalizada que en la que
no lo está. Esto lo confirman numerosos análisis microbiológicos realizados con
diferentes microorganismos (salmonella, bacterias coli, legionella, etc.). Y,
3) Disminuye la mutagenidad
(modificación de la información genética) en el agua potable hasta en un 70% del
valor inicial. La mutagenidad de las aguas potables cloradas y de los subproductos
que se forman es un problema para el cual aún no existe solución ya que es muy
difícil desintegrar los compuestos orgánicos en los que interviene el cloro.
UN AGUA... ESPECIAL Hay que agregar que además
de restablecer la fuerza original del agua, potenciar su capacidad de autorregeneración
y autodepuración, disminuir la radiactividad y aumentar su resistencia frente
a influencias externas negativas el "agua portadora de información Grander" -así
se la denomina en los círculos científicos- presenta otras valiosas facultades.
Por ejemplo, presenta una viscosidad menor que le confiere un mayor poder solvente
(esto, por ejemplo, permite ahorrar en detergentes y productos de limpieza). Asimismo,
quienes la han probado afirman que es un agua más suave y más clara, tiene un
sabor más fino y agradable -lo que se debe a que disminuye el sabor y el olor
del cloro- y aumenta el deseo de beber agua ayudando a mejorar la sensación de
bienestar. Y encima deja la piel y el cabello mucho más suaves.
Por otro
lado, se ha comprobado que conserva más tiempo frescos y con sabor alimentos como
frutas y verduras; que elimina poco a poco la cal acumulada en tuberías y aparatos
de uso doméstico y que permite una mejor transmisión de energía, lo que, por ejemplo,
supone un menor gasto en combustibles para calderas.
En lo que se refiere
estrictamente a la salud se han recogido testimonios acerca de que el uso habitual
de esta
agua vitalizada potencia los efectos de los medicamentos homeopáticos,
mitiga el dolor, favorece la rápida curación de infecciones y enfermedades de
la piel, acorta el tiempo de convalecencia en caso de lesiones musculares, estimula
la capacidad de autosanación del cuerpo y, en general, energetiza el organismo
y ayuda a conservar la salud. Asimismo, se considera que el agua Grander cumple
-aunque mejoradas y potenciadas- las mismas funciones que realizan otras aguas
terapéuticas. Es decir, actúa como regulador de todos los sistemas del cuerpo
(circulatorio, nervioso, locomotor, digestivo, respiratorio, excretor, reproductor
y endocrino), además de actuar como drenante general del organismo, favorecer
la actividad pancreática, aumentar los movimientos peristálticos del intestino
o regular la presión arterial, entre otras propiedades.
APLICACIONES
DE LOS APARATOS GRANDER En las imágenes que ilustran este texto puede
comprobarse, por otra parte, la sencillez de los aparatos Grander. Se trata de
dispositivos que trabajan sin electricidad ni ninguna otra forma de energía, sin
productos químicos y sin filtros. Funcionan con energía natural y al no estar
integrados por ninguna pieza removible o mecánica no requieren mantenimiento ni
gastos adicionales de ningún tipo.
Algunos de los aparatos están diseñados
para conectarse a las tuberías por las que entra agua pero otros -los pensados
para estanques, piscinas, depósitos, etc.- se utilizan simplemente sumergiéndolos
en el agua que se pretenda vitalizar. Lo común a ambos modelos es que el agua
"muerta" se pone en contacto con un pequeño -o grande, según el dispositivo- depósito
de
agua Grander contenida en cada aparato. Como hemos explicado, por simple
proximidad, el agua desvitalizada copia la estructura física del agua vitalizada
y adquiere las propiedades de ésta.
En la actualidad son ya cientos de miles
los hogares que en todo el mundo disponen de un dispositivo de estas características
conectado a la llave de paso de entrada de agua a la casa pero también son cada
vez más los hospitales, hoteles, balnearios, industrias, granjas o explotaciones
agrícolas que se están beneficiando de las ventajas que ofrece esta tecnología.
Igualmente se puede emplear para la vitalización y estabilización microbiológica
del agua de pozos, fuentes, piscinas, estanques, depósitos, etc., y para, utilizándola
para vitalizar estiércoles, aumentar las posibilidades de recoger cosechas más
generosas. A este respecto, en España disponemos del informe del CIFACITA donde
se compara el desarrollo de distintos cultivos cuando son regados con agua vitalizada
y cuando reciben agua normal. La diferencia entre uno y otro caso es de hasta
un 27% de mejora de la productividad cuando se emplea agua vitalizada.
Asimismo,
se comercializan muchos otros productos de los que "el agua portadora de información
Grander" es el principal componente. Además de agua Grander embotellada se pueden
encontrar geles de ducha, champús, lociones para el cuerpo, cremas de protección
solar, varillas llenas de agua Grander para remover cualquier bebida y vitalizarla
de forma inmediata, vitalizadores de aire, mangueras de agua vitalizada para colocar
en la cama, etc.
ASEQUIBLE
PARA TODOS LOS BOLSILLOS
Afortunadamente, cada vez más personas son
conscientes de la importancia de la calidad del agua que beben para su salud.
No en vano el agua constituye -como empezamos este reportaje recordando- el 75%
de nuestro cuerpo y sin ella no hay vida. Pero si además, como afirma el doctor
Batmanghelidj, admitimos que es la más barata y efectiva de las medicinas preventivas
será casi obligado procurarse diariamente agua de calidad y en cantidad suficiente
si queremos prevenir y/o tratar múltiples enfermedades.
Y sepa que no necesariamente
las aguas minerales que se encuentran en el mercado cumplen los requisitos de
calidad que requiere nuestro cuerpo. Lo decimos porque la mayoría contiene minerales
inorgánicos que no pueden ser absorbidos por nuestras células y que se van depositando
en los tejidos. Por lo que la posibilidad más fiable hoy es adquirir un vitalizador
que nos permita devolver al agua su saludable estructura original. A este respecto
encontrará diferentes ofertas en el mercado. Pregunte, infórmese y elija lo que
mejor le parezca pero no se deje engañar y si le dicen "Grander" sepa que se trata
de una tecnología suficientemente contrastada y, además, económicamente mucho
más asequible -incluso hasta un 50% más barata- que otros vitalizadores.
L.J.