Las afectadas por la vacuna del VPH no quieren ser olvidadas

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Karla y Raquel, las niñas que padecieron un largo calvario hospitalario tras recibir Gardasil –la llamada vacuna contra el Virus del Papiloma Humano-se encuentran ya en casa. Pero ni para ellas ni para muchas otras niñas ha terminado la pesadilla. Sus males siguen y configuran una larga lista de problemas -dolores de cabeza, pérdida de fuerza en los miembros, fiebre alta, convulsiones…-que no pueden justificarse recurriendo a un inexistente Síncope del Adolescente y mucho menos a trastornos psicológicos. Es vergonzoso que hayan sido tratadas como histéricas. Las autoridades sanitarias, incapaces de reconocer que no saben cómo ayudarlas, intentan que nos olvidemos de sus casos. Pues bien, la pesadilla de todas ellas comenzó tras recibir la vacuna. Y vamos a recordarlo tantas veces como sea necesario.

Lo habíamos denunciado reiteradamente en nuestra revista: la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano además de no justificarse clínicamente no contaba con suficientes datos que avalaran su seguridad. Cientos de científicos en nuestro país, incluido el actual Director General de Salud Pública, Ildefonso Hernández, habían incidido por eso en los mismos argumentos para solicitar una moratoria de la vacunación masiva impulsada inexplicablemente desde el Gobierno socialista. El país vivía -y vive- inundado por información sesgada: se habla de las presuntas bondades de la vacuna pero no de sus problemas. Todo parecía ir pues sobre ruedas hasta que a primeros de febrero saltó a los medios la noticia de que dos niñas habían sido ingresadas con una diferencia de pocos días en la UCI del Hospital Clínico Universitario de Valencia sufriendo episodios graves de convulsiones después de haber recibido la segunda dosis de la vacuna.

Una vez se descartó que el lote de la vacuna que habían recibido estuviera en malas condiciones se inició una pugna mediática. Por un lado las autoridades sanitarias y la Dirección del Hospital tratando de presentar a las niñas como víctimas de sus propias “invenciones”. Del otro los padres pidiendo que se investigara lo que les estaba pasando a sus hijas apuntando a la vacuna como causa directa. Hoy, cuatro meses después, esas dos niñas están en casa y nadie se acuerda de ellas a pesar de que una, Raquel, no puede andar bien aún. En el ambiente se ha querido dejar la idea de que todo tiene un origen psicológico. Y existe la clara intención de enterrar el episodio y proseguir adelante con la campaña de vacunación masiva. Pero no va a ser así porque la verdad que se oculta es que hay decenas de niñas en toda España que poco después de ponerse la vacuna sufren los mismos síntomas -con mayor o menor intensidad- que Karla y Raquel: dolores de cabeza, dolores articulares que llegan a la parálisis, problemas de visión, pérdida de sensibilidad y pérdida de cabello, entre otros. Y todas ellas merecen que no se ignore su sufrimiento. De ahí que sus padres, con el apoyo de una asociación de distintos bufetes –Abogados en Defensa de la Salud-, hayan creado una asociación que ayude a todas las familias afectadas a hacer valer sus derechos ante la Administración y la opinión pública. Y nosotros seguimos dispuestos a darles voz y denunciar el absurdo de la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano con Gardasil.

UN DRAMA SIN CONCLUIR

Juan Domínguezes profesor y padre de Raquel, la niña de Valencia que peor lo ha pasado tras recibir la segunda dosis de Gardasil. Ahora está más tranquilo porque a pesar de que su hija, cuatro meses después, no puede andar y tiene que estar en silla de ruedas ve una salida al final del túnel. Lo que realmente le indigna es el trato recibido por su hija en el Clínico de Valencia, el cinismo de las autoridades políticas que han manipulado información sensible para sacar adelante la vacunación masiva y la perversión que supone esconder la ignorancia sobre los efectos que la vacuna puede ocasionar presentando a las niñas como histéricas.

-Señor Domínguez ¿cómo empezó todo?

-Comenzó el día 4 de febrero de este mismo año. Soy docente de un colegio y se me había asignado la responsabilidad de acudir con un grupo de alumnas -entre las que estaba mi hija- que habían sido citadas para ponerse la vacuna Gardasil y cumplir con el calendario de vacunación señalado por la Consejería de Sanidad de la Generalitat valenciana. Bueno, pues a los 15 minutos de recibir la inyección mi hija me dijo que se mareaba e inmediatamente perdió el conocimiento. Ví cómo empezó a temblar y le eché una chaqueta por encima. Le pregunté qué le pasaba pero no me contestó y empezó a tener convulsiones. Llamé entonces a una enfermera, la pusieron en una camilla y le dieron medicación pero no respondió a ella. Así que llamaron al SAMUR que se presentó de inmediato y la llevaron al Clínico donde ha estado hospitalizada tres meses y dos días. Cuando llegó allí continuaban las crisis convulsivas. Ingresó alrededor de las dos de la tarde. Desde ese momento empezaron a hacerle prueba tras prueba, TAC, punción lumbar, todo tipo de muestras de sangre… pero no encontraban nada. Las crisis convulsivas continuaron a medida que pasaba la tarde hasta que decidieron pasarla a una UCI. No tenían claro qué podía ser. Hablaron de encefalitis, de meningitis, de epilepsia… Y a las tres y media de la madrugada, viendo que la niña presentaba una taquicardia tremenda con apnea y podía correr riesgo su vida nos dijeron que había que entubarla. Dimos la autorización y a partir de ahí estuvo dos días en coma barbitúrico. Totalmente sedada para ver si “apagando” su cerebro la niña empezaba a responder. Y al principio respondió bien pero al poco tiempo tuvieron que volver a entubarla porque de nuevo comenzaron las crisis. Hasta cuatro veces tuvieron que entubarla mientras estuvo allí. Al principio lo más que quisieron admitir es que podría tratarse de algún tipo de epilepsia disfrazada que la vacuna hubiera desencadenado o una meningitis por un virus latente activado por ella. Se plantearon cualquier explicación menos que podían ser efectos secundarios de la vacuna.

Esto fue un miércoles. Y a los dos días llegó otra niña: Karla. En esa ocasión se llevaron aparte a sus padres y se les pidió que fueran muy discretos. Se les dijo que arriba, en la UCI, había una niña con efectos secundarios de la vacuna. Para entonces tenían los resultados de las pruebas y todo parecía normal excepto los períodos de crisis, normalmente acompañados de fiebre -hasta 39º- y taquicardias que podían llegar a superar los 180 latidos. ¡Una barbaridad! E insistieron en que no comentaran absolutamente nada del tema, que fueran discretos.

-Sin embargo, tras varias semanas sin hallar respuestas los médicos del Clínico pasaron repentinamente de no saber qué les ocurría a las niñas a tener muy claro que su problema era ¡psicológico!

-Al mes y pico de iniciarse el proceso pedimos una segunda opinión. Mi hija había sido entubada varias veces y no veíamos ningún avance en su mejoría. Siempre volvíamos al origen, a la situación posterior a la vacunación. Había una progresión de un día o dos y después volvían las crisis convulsivas. Me propusieron la presencia de un neurólogo especialista en casos de epilepsia del Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Aceptamos. El 9 de marzo vino el especialista y vio a las niñas. Nosotros no estuvimos delante pero después nos comentó que aunque las pruebas eran normales sospechaba la existencia de una inflamación en el cerebelo o en el tronco, posiblemente en éste. Y propuso una serie de pruebas nuevas con isótopos radiactivos para poder demostrarlo que ¡nunca se llevaron a cabo! Hasta esa fecha se habían barajado dos hipótesis: que la niña pudiera tener un problema autoinmune y que se tratara de un problema de toxicidad, que hubiera manifestado alergia a alguno de los componentes de la vacuna. El especialista de Barcelona se inclinó por la primera hipótesis y apuntó la posibilidad de que aunque no se hubiera producido lesión sí pudiera existir una inflamación a nivel del tronco. Por eso una vez se marchó pensamos que las actuaciones médicas irían en esa dirección. Sin embargo ocurrió todo lo contrario. Hubo de improviso un cambio radical porque al día siguiente el equipo del Clínico, al completo, empezó a decir que las crisis de mi hija eran psicológicas, que se trataba de pseudo-crisis y, por tanto, como la medicación anticonvulsionante no servía había que retirarla. Decían que posiblemente estaba somatizándolo todo a nivel inconsciente. Obviamente nosotros no podíamos entender cómo se podía somatizar o simular una crisis convulsiva de tres o cinco horas en la UCI estando entubada y sedada. Además, ¿qué beneficios iba a obtener de eso la niña? Bueno, pues se limitaron a responder que a partir de ese momento deberíamos estar en contacto con el psiquiatra infantil. Y aunque al principio nos opusimos después accedimos porque estábamos seguros de que no era un problema psiquiátrico. Y teníamos razón. Tras hablar con nuestra hija en la UCI el psiquiatra nos reconoció que la niña, cuando estaba consciente, era totalmente normal y tampoco podía entender el beneficio que podía encontrar en entrar en crisis cuando estaba inconsciente. En suma, nos dijo que no se podía afirmar que fuera algún tipo de trastorno histérico.

-¿Cambiaron las cosas tras la intervención del psiquiatra?

-Sí… pero no para bien. Porque a partir de ese momento empezamos a tener enfrentamientos constantes con el equipo médico y con la dirección del centro. A los pocos días la bajaron a planta. Y es indignante que durante el último mes la neuróloga del centro no bajara a ver a mi hija ni una sola vez a pesar de las crisis convulsivas que padeció. Solicitamos tres veces que acudiera a verla pero no se dignó a hablar ni con ella ni con nosotros. Para ellos había pasado a ser un tema psicológico y por eso procedieron a retirar la medicación. Se la fueron retirando progresivamente a pesar de lo cual, cuando bajó de la UCI, mi hija seguía con crisis todos los días. Pero les daba igual: seguían insistiendo en que no necesitaba ningún tipo de anticonvulsionante. Y eso que la niña no se podía ni sentar porque cuando lo intentaba comenzaba a ver borroso, a tener vértigos, entraba en crisis y a partir de ahí sufría convulsiones durante dos o tres horas.

Y es fácil demostrar que no quisieron hacer nada una vez asumieron que todo era “psicológico”. Tras el segundo diagnóstico, cuando nos hablaron de una posible toxicidad, pedimos que se le hiciera un mineralograma de orina y otro de cabello para ver si existían posibles alergias o había señales de intoxicación por metales pesados producto de la vacuna. Sin embargo se negaron aduciendo que no veían base científica para hacerlo. Decidimos entonces actuar por nuestra cuenta y lo preparamos todo para hacer los mineralogramas en laboratorios de Alemania y Estados Unidos y cuando llegaron los resultados, ¡oh sorpresa!, nos dicen que la niña presenta una toxicidad altísima, que se sale de la gráfica en el caso del mercurio y del antimonio -familia del arsénico- estando en los límites superiores supuestamente tolerables de aluminio. También sabemos por unos análisis que se realizaron en el Hospital Clínico de Valencia que es alérgica al níquel al igual que otras dos de las niñas afectadas. Cuando recibimos esos resultados hablamos con el equipo médico y la dirección del centro y les preguntamos si iban a hacer algo al respecto. Bueno, pues su respuesta fue decirnos ¡que podíamos haber manipulado las muestras! Ante lo que les invité a repetir los análisis en el hospital ¡y tanto el equipo médico como la Dirección se negaron en redondo!

NO ESTÁN LOCAS

Quizás uno de los episodios más sórdidos de esos días se produjo cuando los medios de comunicación, citando la web de la Asociación contra el Cáncer de Cuello de Útero de España (Accudes) -que indudablemente busca respaldar la teoría del Clínico-, insinuaron que Raquel había sufrido una crisis de ceguera que la llevó a visitar la consulta de un oftalmólogo, algo que en los titulares se transformó en “ceguera histérica”.

Utilizaron de forma rastrera un informe hecho en otro hospital. Mi hija, como cualquier otra estudiante, ha podido llevar gafas en el pasado y no llevarlas ahora porque no le hacen falta. Pero eso no quiere decir que mi hija haya tenido una ceguera histérica como ellos filtraron, trastorno de conversión que consiste en transformar un problema psicológico en un síntoma físico. Ese día se rebasaron todos los límites éticos al filtrar datos médicos de una menor. Entendemos que todo puede tener que ver con una revisión que mi hija pasó en el Hospital La Fe al que acudió porque afirmaba ver mejor sin gafas que con ellas. Cualquiera puede entender que ciertos problemas de astigmatismo pueden corregirse con el tiempo a esas edades. Lo que es difícil de entender es cómo se pasa de eso a acusar abiertamente a una niña de 14 años de “ceguera histérica”. Menos mal que en este caso el Clínico no compartió en ningún momento ese diagnóstico de trastorno de conversión insinuado más tarde por el panel de expertos del que se hizo eco la prensa. Ni siquiera el psiquiatra del Clínico lo firmó porque le parecía un engaño.

-Y dentro de la misma estrategia de eludir la posible responsabilidad de la vacuna y dar “peso científico” a la teoría del trastorno de conversión surge de repente esa entidad fantasma conocida como “panel de expertos”. ¿Sabe cómo se gestó?

Al Conseller de Sanidad, Manuel Cervera, le interesó políticamente llegar a un compromiso público con nosotros sobre la creación de un panel de expertos que estudiara lo que estaba ocurriendo. Yo le pedí que ese panel, que en teoría iba a estar formado por diversos especialistas, nos informara periódicamente a los padres de los avances que fuera obteniendo. El 5 de marzo se nos anunció que se ponía en marcha. Y un mes después me llamó por teléfono el Secretario General del entonces ministro Bernat Soria para decirme que el panel de expertos ¡ya tenía las conclusiones! Cuando no habíamos tenido hasta ese momento noticia alguna ni de quiénes lo componían ni de qué habían hablado. Lo pregunté en la dirección del Clínico. Nadie supo responderme. Se lo pregunté entonces al Secretario General y lo único que me contestó fue que entre quienes lo componían había también médicos del Clínico. Lo que explica sin más que una de las conclusiones del mismo fuera “alabar la buena labor de los médicos del Hospital”. En suma, ese panel afirmó que no se había demostrado que las crisis de las niñas tuvieran relación con la vacuna aunque no podían descartar que hubiera actuado de desencadenante. Lo singular es que a día de hoy nadie me ha dicho los nombres de quienes componían el panel. Y no creo tampoco que sus conclusiones fueran claras. Pienso que su creación sólo tuvo como objeto proteger los intereses políticos y económicos de quienes se benefician de la campaña de vacunación masiva. De hecho sus conclusiones casi coincidieron –incluso en el tiempo- con las de otro grupo de “expertos” reunidos en un congreso internacional en Francia ¡patrocinado por los laboratorios fabricantes de la vacuna!

-¿Las resoluciones del panel que le comunican están firmadas por alguien como director o responsable del grupo de expertos?

En absoluto. Es más, yo me enteré de las “conclusiones” del panel porque me las envió una periodista con la que he mantenido contacto casi a diario. Ni siquiera nos las enviaron por escrito. Es indignante.

¿Le consta que algún médico del panel, al margen de los del Clínico, visitara a las niñas?

Absolutamente nadie. No me consta que ninguno de los miembros del panel ajenos al hospital viera nunca a la niña. Nadie que yo sepa excepto los propios médicos de la UCI.

DESINTOXICACIÓN NATURAL

-¿Cuando empiezan a ver la salida del túnel?

-En este punto tengo que hacer una mención especial de reconocimiento y agradecimiento a la Asociación para Vencer el Autismo (AVA) de Barcelona porque han estado a nuestro lado en todo momento. Fueron ellos los que se ofrecieron a ayudarnos para hacer los mineralogramas. Y especialmente agradecido le estamos a una de sus doctoras, pediatra y especialista en toxicidad producida por vacunas gracias a la cual mi hija comenzó a mejorar. Lleva 30 años investigando cómo las vacunas con mercurio y las vacunas con aluminio influyen en el autismo. Según nos comentó es algo más que una coincidencia estadística que casi el 95% de los niños autistas presenten altos niveles de metales tóxicos. Ella fue la que nos dijo que con los niveles de toxicidad que registraban los mineralogramas realizados en Alemania y Estados Unidos y, sobre todo, con semejantes niveles de mercurio era muy lógico que la niña tuviera esas crisis convulsivas. Su recomendación fue que las desintoxicáramos para que poco a poco, a través de la eliminación por orina y heces, se fueran eliminando los tóxicos. Le hicimos caso y a partir de ese momento fue cuando mi hija empezó a mejorar. Nosotros mismos recomendamos a una familia de Sevilla que tenía a su hija también afectada que hiciera los mimos análisis de toxicidad y también les dio mercurio y antimonio alto estando asimismo el aluminio en los límites superiores.

El 6 de mayo en el Clínico decidieron dar de alta a mi hija a pesar de que no podía aún ni permanecer sentada. Decían que la veían fenomenal. Y si aceptamos sin resistencia el alta y abandonamos el centro en ambulancia fue porque sabíamos que allí no iban a hacer absolutamente nada por nuestra hija. Desde allí la llevamos a la Clínica La Salud de Valencia, una clínica privada, buscamos un neurólogo a nivel privado y éste nos confirmaría tras un examen neurológico que sufría hemiparesia izquierda (debilidad motora de un brazo y una pierna del mismo lado) y ataxia (trastorno caracterizado por la disminución de la capacidad de coordinar los movimientos) por un problema autoinmune o posible desmielinización causada por inflamación en el tronco o cerebelo. Por eso mi hija no puede aún caminar y en estos momentos tiene que hacer rehabilitación a diario. Necesita una silla de ruedas y tenemos que ayudarla en todo momento.

¿Cuál es su tratamiento actualmente?

-Es un tratamiento natural a base de vitaminas y minerales que la ayudan a limpiar el organismo a través de la orina y las heces que se complementa con una medicación pautada por el neurólogo para las mioclonias y así tratar de reconstituir la mielina de los axones. La niña ha evolucionado muy bien y ahora hace rehabilitación a diario. Nos han comentado que posiblemente en cuestión de mes o mes y medio podrá volver a caminar pero ya llevamos seis meses de infierno.

En suma, después de 4 meses mi hija ha mejorado mucho pero gracias a los consejos y recomendaciones del neurólogo y de la doctora de la asociación AVA. No por los diagnósticos ni tratamientos del Clínico. Para el equipo de la UCI del Clínico no tengo palabras que expliquen la enorme indignación que siento hacia ellos y puedan reproducirse públicamente. En su momento puse una reclamación por escrito -con sus nombres y apellidos- llegando a pedir su inhabilitación porque a mi hija se la maltrató psicológicamente. Dos ejemplos: se la grabó en video en la UCI sin pedirle permiso; ni a ella ni a nosotros por lo que la Dirección del centro falta a la verdad cuando en su respuesta dice que sí lo hicimos. Lo que nosotros consentimos fue grabar su estado encefalográfico durante 24 horas pero de lo que yo acusé y acuso al jefe de la UCI pediátrica es de que miembros de su equipo médico hicieran una grabación con cámara en mano de nuestra hija sin consentimiento. De hecho cuando la niña despertó de la crisis pidió que no la grabaran y no le hicieron ningún caso. Y ese mismo día -en otro episodio que refleja el trato recibido y por el que también presenté una reclamación- fue sometida a estímulos dolorosos y al sentirse mal y estar llorando pidió estar a solas con nosotros. Pues bien, nos impidieron quedarnos ni un solo un instante a solas con ella para poder hablar. Así que allí estuvimos, rodeados por todo el equipo médico, porque desconfiaban de nosotros y de lo que nuestra hija pudiera contarnos.

¿Qué pasó con la denuncia penal que presentaron por presunto delito contra la salud pública?

-Nuestros abogados recurrieron ante la Audiencia Provincial la primera decisión judicial de rechazarla y se admitió a trámite. Se trata de una denuncia por delito contra la salud pública, lesiones por imprudencia grave y delito contra el consumo. Pienso que los dos primeros están plenamente justificados por todo lo que ya hemos contado pero además creemos que ha habido publicidad engañosa. A mí, como padre y docente, se me encargó la responsabilidad de llevar a un grupo de niñas a vacunar cuando no se me había ni informado ni formado absolutamente de nada; ni de los posibles efectos secundarios ni del tiempo que debíamos esperar por prudencia. De nada. Me he enterado de todo después. Realmente se han dado unas pinceladas sobre lo buena que es la vacuna pero lo cierto es que creo que no a todo el mundo le sienta bien y existe un riesgo alto que hubiera requerido haber experimentado durante más tiempo. Todos los padres y docentes hemos tenido una desinformación alta y por ello, lógicamente, hablamos en la demanda de publicidad engañosa.

-Con la colaboración del grupo Abogados en Defensa de la Salud habéis puesto en marcha una asociación. ¿Con qué objetivos?

El mensaje final que el panel de “expertos” y el Ministerio de Sanidad y Consumo han hecho llegar a través de los medios de comunicación es que lo ocurrido tras la vacunación con nuestras hijas es un tema psicológico, que las niñas están somatizando, que se lo están inventando. Y ése no es el mensaje que vamos a permitir que perciba la población. Lo que queremos, formando esta asociación, es que todo el mundo sepa que las niñas que en toda España han padecido y siguen padeciendo una serie de síntomas graves como consecuencia de la vacuna no son culpables de nada. Son víctimas de una vacuna rechazada por parte de la comunidad científica nacional e internacional. Y es muy lamentable que por querer justificar decisiones tomadas en foros políticos encima se les eche la culpa de lo que les está ocurriendo. De momento conocemos ya los casos de 14 niñas afectadas en España pero quizás haya más sufriendo en silencio a las que sus médicos les han dicho que es imposible que sus síntomas tengan que ver con la vacuna. Por lo que recomendaría especial atención ahora que nos acercamos a las fechas en que la tercera dosis será aplicada.

Antonio F. Muro

Recuadro:


En España hay al menos 14 niñas afectadas

Los conocidos casos de Raquel y Clara no son los únicos. En distintos lugares de España un número todavía indeterminado de niñas han desarrollado graves efectos secundarios asociados en el tiempo a la vacuna Gardasil. Éstas son algunas de sus historias. Analizados de forma objetiva y en conjunto no es difícil encontrar rasgos comunes.

ROSA (14 años). Sevilla.

La primera dosis la recibió el 21 de octubre del 2008. A partir de ahí comenzó a desarrollar síntomas similares a los provocados por los ataques de ansiedad: palpitaciones y problemas para respirar que le hacen acudir en varias ocasiones al ambulatorio de Cantillana. El 1 de diciembre recibe la segunda dosis. A los pocos días comenzó un proceso similar al de una otitis que acabaría con un ingreso por Urgencias con fuertes dolores. Durante los meses siguientes se suceden las visitas a Urgencias y las consultas con diversos especialistas -otorrinos, neurólogos, etc.- sin que haya respuesta a lo que la ocurre. El 7 de abril se produce un nuevo ingreso. La niña a esas alturas tuerce la boca hacia el lado del oído enfermo, el derecho, ve borroso por el ojo del mismo lado y tiene pérdida de sensibilidad y fuerza en el brazo y pierna del mismo lado. Los médicos les dicen a sus padres que se trata de un cuadro psiquiátrico. Semanas después un neurólogo pondrá por escrito “Neuralgia trigeminal del lado derecho de la cara. Posible encefalitis postvacunal Virus del Papiloma Humano”. Estudios realizados fuera de España han detectado en la niña altos niveles de mercurio y arsénico. A día de hoy se mantienen los síntomas que la llevaron al Hospital: sigue con dolores de oído -más distanciados-, se ha quedado prácticamente sorda del oído derecho, tiene visión borrosa de ese mismo ojo, la boca la tiene torcida hacia el lado derecho y ha perdido fuerza y sensibilidad en toda la parte derecha del cuerpo.

MARÍA (15 años recién cumplidos; 14 cuando todo empezó). Sevilla.

El 13 de noviembre del 2008 recibe la primera dosis. La primera convulsión se produce a los siete días tras una práctica deportiva escolar. Al recuperarse rápidamente no se la ingresa. Al día siguiente hay dos episodios más. Como consecuencia de las convulsiones el lado derecho se le queda paralizado aunque lo recupera progresivamente. Comienza así el rosario de visitas médicas e ingresos hospitalarios. Al día siguiente se vuelve a producir un nuevo episodio y queda ingresada en observación. Cuando sale precisa nuevamente de ayuda ya que el lado derecho le ha vuelto a quedar afectado. La pasan a consultas externas aunque prácticamente no puede andar. El 3 de diciembre queda ingresada. Tras las pruebas les dicen a los padres que todo puede ser nervioso. Se descarta la epilepsia y comienza a hablarse de problemas inventados. Los padres acceden a que la vea un psiquiatra que descarta el origen psiquiátrico. El viernes 17 de abril la crisis convulsiva duró desde las nueve y media de la noche hasta la una y media de la madrugada. Tras ese último episodio la niña pierde visión. Después de padecer dolor de ojos con pérdida de visión y pérdida de sensibilidad muscular y fuerza en ambas extremidades -hasta el punto de no poder andar sin ayuda- en la actualidad atraviesa una fase de clara mejoría.

LOLA (14 años). Madrid.

Niña sana y deportista, antes de ser vacunada practicaba fútbol femenino. A finales de octubre le ponen la primera dosis junto a la vacuna del tétanos (a pesar de que no se conoce ningún estudio de compatibilidad de la vacuna de Gardasil con la del tétanos). El 6 de noviembre, mientras está desayunando, pierde la consciencia durante seis minutos y sufre convulsiones. Permanece ingresada ocho días en los que se descarta una patología epiléptica. No obstante le recomiendan Depakine cuya dosis aumentan en media pastilla en el mes de diciembre. A pesar de los antecedentes le ponen la segunda dosis de Gardasil en diciembre. Desde entonces se fatiga mucho, sufre fuertes dolores de cabeza, dolores articulares, pérdida de equilibrio, pérdida de concentración -los profesores han llamado a los padres ante el descenso en su rendimiento- e irregularidad en la menstruación. La niña ha dejado el fútbol y práctica natación para poder descansar más a menudo.

PILAR (15 años). Alicante.

Se vacuna el 22 de julio del 2008. Nunca antes había tenido ningún problema emocional o físico ni en ese momento los tenía. El mismo día de la vacuna comenzó a marearse camino de su casa. En los días siguientes comienzan los sofocos, la sensación de angustia, le empiezan a aparecer pintitas por el cuerpo y después urticaria. En agosto comienza a caérsele el pelo. A la vuelta a clase en una excursión se desmaya y llega a casa con eccemas en el cuerpo. Tras la visita a Urgencias el dermatólogo le dice que es una reacción a la vacuna. A partir de septiembre y con una periodicidad irregular sufre de dolores de cabeza, en las articulaciones, sofocos, calambres en las piernas, hinchazón de las rodillas y de las piernas, no le crecen las uñas y le salen estrías en los pechos. Afirma haber perdido la cuenta del número de visitas al médico y a Urgencias. Y no ha ido prácticamente un solo día al colegio este año. En los últimos meses ha sufrido insensibilidad en las extremidades, falta de fuerza y en ocasiones ha llegado a no notar los pies. Fue tratada por una psicóloga que confirmó que a nivel mental estaba perfectamente. A día de hoy tiene la piel seca, el pelo se le cae, no le crecen las uñas y tiene nódulos en pies, codos, manos y rodillas. Toma 6 pastillas pero reproduce rápidamente los efectos secundarios.

TERESA (15 años). Alicante.

El 4 de noviembre se pone la primera dosis. Pocos minutos después aparecen los primeros síntomas: mareo y un fuerte dolor en el brazo derecho que va en aumento los días siguientes hasta el punto de que durante dos meses prácticamente no puede moverlo. En enero presenta adormecimiento en manos y rodillas con dolores articulares generalizados en muñecas, rodillas, cuello y espalda. En febrero sufre parestesia (pérdida de sensibilidad) en el lado izquierdo de la cara y continúan los dolores en las articulaciones. Con el tiempo la situación, lejos de mejorar, se sigue complicando. Y en marzo al dolor en la rodilla y pie derechos se añade hinchazón, se le duermen las piernas y manifiesta dolores en pies, talón y tobillos. Se le cae el pelo, aparece la fiebre, presenta sofocos en la cara, mareos y una debilidad que le lleva a no poder estar mucho tiempo de pie. En abril los dolores son generalizados al simple contacto, le crujen los huesos con cualquier movimiento y siente dolor en el centro del pecho y dificultad para respirar. En las semanas siguientes comienza a tener dificultades de visión en ambos ojos. Siete meses de calvario sin solución.

KARLA (15 años). Valencia.

El 6 de febrero del 2009 Karla, una niña que gozaba de una excelente salud, recibe la vacuna Gardasil a las 9:30 en el brazo izquierdo. A las 10 de la mañana, mientras se encontraba en el patio del colegio, se desmayó. Después de 30 minutos sin respuesta se la traslada al Hospital Clínico donde sufre episodios de convulsiones. Su permanencia en el hospital duró cerca de dos meses con ingresos en varias ocasiones en la UCI. En este momento se encuentra en casa con unas secuelas que no le permiten tener ni hacer vida normal pues sufre fuertes dolores de cabeza, dolores musculares en los pies, temblores en las manos y otros síntomas que se presentan de forma inesperada.

CRISTINA (14 años). Madrid.

Recibe la primera dosis el 19 de Septiembre del 2008 junto a la vacuna del tétanos-difteria (una en cada brazo). A la hora y media comienzan los síntomas: ardor, enrojecimiento y entumecimiento del brazo junto con fiebre ascendente que no remitiría en los días siguientes. Tras pasar por Urgencias y un cambio en el tratamiento la fiebre desaparece pero más tarde aparecen otros síntomas –entre ellos vértigos- que le impiden ir al colegio. El otorrino no aclara nada y aconseja consultar con otros especialistas (cardiólogo y endocrinólogo). Nuevas consultas, pruebas y análisis. Todos los resultados dan normales. Se descarta también la patología psiquiátrica o psicológica. Así se llega al 4 de diciembre, fecha en que recibe la segunda dosis. Semanas más tarde la niña comienza a sufrir pérdidas de conocimiento. La consulta con el neurólogo tampoco aclara nada. Los síntomas se fueron agravando: visión borrosa, más vértigos, más mareos, más movimientos oculares involuntarios e incontrolables, debilidad en piernas y pérdida de tono muscular con cambios en la posición postural. Alguna vez, al andar, se inclinaba hacia un lado llegando a perder el control del cuerpo. Se suceden las hospitalizaciones. Tras la primera -del 5 al 10 de Febrero- aparecen temblores y calambres en las piernas y tras la segunda -del 18 de Febrero al 4 de Marzo- comienzan a espaciarse los episodios de mareos siendo menor el número y la intensidad aunque a veces muestra dificultad para andar y pierde el equilibrio. Desde su salida del hospital no ha vuelto a sufrir vértigos ni mareos pero suele sentir pesadez en las piernas y su tono corporal no es el mismo que el que tenía antes de la administración de la vacuna encontrándose en general cansada sin motivo aparente para ello. Muestra insensibilidad al sabor salado y sensibilidad alterada al frío y al calor -nunca antes de la vacuna había dado muestras de ello- siendo sus períodos menstruales muy irregulares. Padece insomnio.


Abogados en defensa de la salud

Un grupo de despachos de abogados –Peña & Oria, Pajares & Asociados– y el bufete deFernando Osuna, reunidos bajo el nombre de Asociación de Abogados en Defensa de la Salud, ha colaborado activamente con los padres de las niñas afectadas por la vacuna del Virus del Papiloma Humano para poner en marcha una asociación de afectadas que proteja sus derechos ante los tribunales y la Administración. Este grupo de despachos ha ejercido ya diferentes acciones legales junto con la Asociación Mundial para la Investigación del Cáncer (WACR ) buscando siempre defender el derecho de los ciudadanos a la salud en campos donde la indefensión de los mismos viene siendo la norma habitual. De ahí que entre sus objetivos esté la defensa de afectados en casos como el de los daños por las vacunas, los daños provocados por los campos electromagnéticos o la contaminación por tóxicos como el amianto o los productos cancerígenos -desconocidos por los propios fumadores- presentes en el tabaco.

La Asociación de Abogados en Defensa de la Salud tiene amplia experiencia y una estructura internacional sólidamente especializada que le permite actuar contra potenciales responsables o causantes de daños a nivel internacional. De hecho entre las firmas asociadas más destacadas se encuentra la norteamericana Seeger Weiss Llp, uno de las más importantes bufetes de abogados de Estados Unidos en reclamaciones por daños -en acciones individuales y colectivas- en variedad de áreas: daños farmacéuticos, fraudes financieros, protección de consumidores, daños medioambientales y tóxicos, mala práctica médica, productos defectuosos, “antitrust” y litigios comerciales.

 

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Julio - Agosto 2009
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