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| LA
NECESIDAD DE CUIDAR LA PIEL A PARTIR DE LOS 40 |
A
partir de los 40 años la pérdida de tersura
y luminosidad de la piel así como la aparición
de arrugas se convierte en una experiencia
que viven con mayor o menor preocupación
la mayor parte de los seres humanos, muy
especialmente las mujeres. Pues bien, afortunadamente
existen hoy diferentes posibilidades para
retrasar su inevitable aparición.
Dicen
que de jóvenes tenemos el rostro que
nos ha "tocado" y de mayores lucimos
el que corresponde a la vida que hemos
llevado. Bueno, pues esta máxima de
la sabiduría popular está siendo refrendada
por la ciencia ya que los expertos calculan
que, en efecto, el 80% de los signos
de envejecimiento que se aprecian en
un rostro de 40 años no se deben al
"paso del tiempo" sino al estilo de
vida. Es decir, que la piel reflejará
si nos hemos protegido o no hasta entonces
al tomar el sol, si lo hemos hecho durante
demasiado tiempo y a horas inadecuadas,
si hemos seguido una alimentación pobre
en vitaminas, minerales, aminoácidos,
enzimas y otros oligoelementos, si hemos
bebido suficiente agua diariamente,
si nos hemos contaminado con los cientos
de sustancias tóxicas del tabaco (la
nicotina es una de las sustancias que
más daña el colágeno), si estamos intoxicados
por exceso de café, alcohol y otras
sustancias tóxicas, si hemos hecho o
no ejercicio, si hemos tomado de forma
periódica fármacos -todos ellos tóxicos-,
si anidan en nuestra mente y corazón
pensamientos o emociones negativas...
Todo ello influye en la aparición de
las arrugas y en la buena o mala textura
y color de la piel así como en la pérdida
de luminosidad, flacidez, poros visibles,
manchas, sequedad cutánea... Obviamente
cuando la piel es joven se renueva con
frecuencia y sus sistemas de resistencia
son eficaces para combatir los ataques...
pero no hay que olvidar que la piel
tiene "memoria" y que los excesos cometidos
en la juventud se acaban pagando más
adelante en forma de arrugas prematuras,
pérdida de elasticidad, manchas... Además
en el caso de la mujer es importante
tener en cuenta que, con el paso de
los años, se reduce la secreción de
estrógenos lo que puede agudizar, entre
otros, los problemas de la piel. Afortunadamente
existen hoy en el mercado múltiples
productos especializados que ayudan
a tratar los problemas específicos de
cada tipo de piel en las distintas edades.
EL PASO DEL TIEMPO
Caballo de batalla y motivo de preocupación
para muchas mujeres, las primeras arrugas
-llamadas gestuales- surgen alrededor
de los 30 años. Se producen en la capa
intermedia de la piel o dermis, formada
por una compleja estructura de fibras
de colágeno y elastina que dan a la
piel sus propiedades de elasticidad
y densidad. Además a partir de los 35
el óvalo de la cara empieza a desdibujarse
y el cuello pierde firmeza ya que los
glicanos -sustancias que influyen en
la síntesis de dichas fibras- van desapareciendo
con la edad con el consiguiente aflojamiento
del tejido cutáneo. También surgen arrugas
más profundas en el entrecejo y en torno
a la boca y aparecen incipientes patas
de gallo.
Luego, a partir de los 40 años -como
norma general- la piel empieza a resecarse
y a perder firmeza. Durante los siguientes
diez años se hacen ya evidentes los
primeros signos de descolgamiento, se
marcan las ojeras y el contorno de la
boca pierde precisión. Además, el paso
de los años hace que la piel adelgace
progresivamente, pierda su textura,
humedad y elasticidad, se muestre más
blanda y áspera y aumente su transparencia.
Para evitarlo es imprescindible pues
que a partir de los 40 años se utilicen
cada día cremas humectantes, regeneradoras
y reafirmantes. A este respecto, en
la actualidad las estrellas de los productos
antienvejecimiento son el retinol, los
ácidos láctico y glicólico, los antioxidantes
y la coenzima Q-10. Todos estimulan
la renovación celular (ralentizada a
esta edad) y regeneran la epidermis
reduciendo visiblemente las arrugas
y la flacidez. Eso sí, su uso no elimina
la necesidad diaria de hidratación y
protección por lo que la crema hidratante
o nutritiva ha de ser compañera inseparable
del protector solar aunque no sea verano.
No lo olvide.
LOS "CLASICOS"
DEL CUIDADO ANTIENVEJECIMIENTO
Aunque algunas arrugas marcadas ya sean
visibles a los 40 el rostro de una persona
madura puede seguir mostrando un espléndido
aspecto. Bastará con procurarse cuidados
cosméticos constantes y acertados, de
efectos nada desdeñables en la lucha
contra los años. Y decimos acertados
porque antes de decidirse por una crema
u otra -tarea complicada dada la cantidad
y variedad de la oferta y el bombardeo
publicitario constante- es absolutamente
necesario que un especialista determine
cuál es su tipo específico de piel.
Esto es importante porque dependiendo
de que su piel sea seca, grasa, mixta
o normal necesitará unos u otros cuidados.
Una vez conozca su tipo de piel sepa
que a partir de esta edad las cremas
nutritivas, las reparadoras y las antiarrugas
se vuelven imprescindibles. En cuanto
a sus ingredientes, la mayoría de ellas
incluyen a los que podemos llamar "clásicos"
y que son:
-Vitaminas
C y E.
Su acción se achaca a que previenen
la acción de los radicales libres, presuntos
responsables de acelerar el proceso
de envejecimiento. De ahí que estas
vitaminas, de reconocido efecto antioxidante,
formen parte de prácticamente la totalidad
de las cremas antienvejecimiento que
existen en el mercado. En todo caso,
sea por ese poder antioxidante o por
otra causa -se está cuestionando que
los radicales libres sean responsables
de los problemas que se les achaca como
el lector puede leer en este mismo número
de la revista- sí está contrastado que
reafirman los tejidos y aclaran las
manchas de la piel. En concreto, la
vitamina E aumenta el flujo sanguíneo
-por lo que mejora la elasticidad de
la piel- y es un protector natural contra
los rayos ultravioleta. En cuanto a
la vitamina C, además de reafirmar y
proporcionar mayor elasticidad a la
piel estimula la producción de colágeno
y reduce las manchas al tiempo que unifica
el tono de todo el cuerpo. Además es
un poderoso fotoprotector biológico
contra la radiación solar y hace que
la piel parezca más fina al tacto.
-Vitamina
A.
Más concretamente el
retinol, que es una forma pura y activa
de la vitamina A que suele asociarse
a otras para potenciar su efecto. Actúa
a un nivel profundo de la dermis -onde
se originan las arrugas- frenando su
aparición y atenuando las ya existentes.
Estimula la regeneración celular y la
producción de colágeno. Asimismo, combate
la piel seca proporcionándola una mayor
elasticidad y firmeza. Si se ingiere
conjuntamente con vitaminas C y E el
retinol resiste más tiempo la degradación.
-Pantenol.
Perteneciente al grupo
de vitaminas B, aumenta el nivel de
humedad en la piel, es antiinflamatorio
y ayuda a la dermis a reponerse tras
un daño o un tratamiento exfoliador.
Además proporciona elasticidad y suavidad
a la piel.
-Coenzima
Q-10.
Imprescindible en cualquier tratamiento
antienvejecimiento, los estudios dermatológicos
han probado que es capaz de reducir
la profundidad de las arrugas y estimular
la actividad celular.
-Isoflavonas.
Especialmente las de soja. Son hormonas
vegetales de propiedades nutritivas,
hidratantes, regeneradoras, protectoras
y suavizantes para la epidermis. Entre
sus efectos más evidentes está el de
estimular la renovación celular y evitar
la pérdida de colágeno. Asimismo, se
afirma que neutralizan los radicales
libres con una eficacia diez veces superior
a la vitamina E.
OTROS TRATAMIENTOS
PARA LA PIEL MADURA
Investigaciones recientes han puesto
de manifiesto que, además de los ya
mencionados, existen otros productos
eficaces para el cuidado de la piel
madura. De ahí que los laboratorios
especializados en cosméticos se afanen
hoy en elaborar cremas que los contengan
para conseguir mantener durante más
tiempo la tersura de la piel sin necesidad
de recurrir a la aguja o al bisturí.
Básicamente son:
-Aceite
de onagra.
De sus semillas se obtienen dos valiosos
y escasos ácidos grasos esenciales:
los ácidos linoléico y g-linoléico que
no sólo son excelentes hidratantes sino
que además previenen la aparición de
arrugas y proporcionan elasticidad a
la piel. Es especialmente recomendable
para personas con la piel seca.
-Levadura
de cerveza.
Se trata de un hongo que se encuentra
en la piel de determinadas frutas y
en el mosto de la cerveza. Es rico en
vitamina B, sales minerales y aminoácidos.
Los expertos consideran que su presencia
en la dieta es interesante para el cuidado
de la piel pero también del cabello
y de las uñas.
-Té.
Recientemente se ha incorporado
a la industria cosmética el té blanco,
considerado dos veces más eficaz que
el verde en la lucha contra los radicales
libres.
-Las cremas
elaboradas con alfahidroxiácidos.
Hoy son muy utilizadas
en la batalla contra la vejez ya que
estimulan la producción de colágeno
y elastina. De ellos, los ácidos
láctico y glicólico (AHA)
son los que más se usan en los productos
de belleza por facilitar la descamación
de las células muertas y dar a la piel
envejecida un aspecto sonrosado y juvenil.
Ambos se encuentran en algunas frutas
como la manzana, la pera o el limón
y pueden actuar sobre la capa córnea
de la epidermis reduciendo su grosor
y regulando la hidratación.
Cabe agregar que la función renovadora
de los fitonutrientes del gingko
biloba, el ginseng, la lavanda
y el romero tampoco ha pasado
desapercibida para los investigadores.
Lo mismo que el aloe vera, poderoso
humectante que nutre la piel y ayuda
a reparar las lesiones cutáneas. También
el citrus ha empezado a ser ingrediente
de muchas cremas por ser un poderoso
bioflavonoide que descongestiona y protege
la piel. La manzanilla, por último,
se ha convertido igualmente en elemento
imprescindible de las cremas destinadas
a pieles sensibles.
EMPIECE A CUIDARSE...
¡YA!
Encontrar la fórmula de la eterna juventud
es un viejo sueño humano. O, al menos,
aparentarla. Pero seguramente la clave
para acercarse a ese sueño está en cuidarse,
eliminar malos hábitos, comer y dormir
bien y hacer ejercicio. Y cuidar la
piel manteniéndola siempre hidratada
y protegida del sol con productos adecuados.
En ese sentido, no olvide que tan importante
como elegir un buen producto es aplicarlo
correctamente. Por ejemplo, los masajes
suaves facilitan la penetración de la
crema y los golpecitos sobre el rostro
y el cuello reactivan la circulación
sanguínea que mantiene los músculos
tonificados.
Sara
Muñoz
Piel
y menopausia
Aunque los principales responsables
del envejecimiento de la piel son la
edad, el sol y los malos hábitos en
el caso de la mujer existe otro factor
que tiene que ver con las hormonas.
Y es que los estrógenos -las hormonas
femeninas cuyo número va descendiendo
significativamente con la edad hasta
casi desaparecer en la menopausia- tienen
unos efectos positivos sobre la piel
que desaparecen progresivamente. Por
eso a medida que, con los años, el cuerpo
de la mujer deja de producirlos se produce
la aceleración del proceso de envejecimiento
cutáneo cuya primera manifestación es
una mayor sequedad de la piel. Además
el descenso del nivel de estrógenos
ralentiza el metabolismo y, como consecuencia,
endurece las fibras de colágeno con
lo que queda anulado su papel de soporte.
También se pierde grosor y elasticidad.
Todo esto facilita la aparición de arrugas,
flacidez, descolgamiento, pérdida de
definición del óvalo de la cara, etc.,
y hace que la piel resulte más delicada
y áspera.
Claves
para el cuidado de la piel
Un buen limpiador, un desmaquillador
de ojos, una crema hidratante, una exfoliante,
una mascarilla, crema para el contorno
de ojos, un protector solar y una crema
para las manos son los productos básicos
para mantener la piel en estado óptimo.
La piel tiene que estar limpia para
que respire adecuadamente. Además precisa
rehidratación para reponer sus aceites
naturales. Una rutina básica y que debe
practicar a diario consistirá en limpiar
la piel por la mañana y por la noche
prestando atención especial a la higiene
del contorno de ojos. La crema hidratante
para el rostro y el cuello así como
un humectante para la zona que rodea
los ojos no debiera faltar nunca antes
de comenzar la jornada diaria, sin olvidar
que la hidratante debe ofrecernos además
una adecuada protección solar. A estos
cuidados básicos conviene añadir una
exfoliación y el uso de una mascarilla
al menos una vez por semana. Estas son
las recomendaciones mínimas. Luego,
además, con los años y las necesidades
especiales, se pueden añadir productos
más específicos.
No
olvide cuello y escote
La piel del cuello y la zona adyacente
al busto son áreas muy sensibles al
envejecimiento y en las que se muestran
con toda claridad la sequedad y las
líneas horizontales que delatan el paso
del tiempo. El músculo del cuello es
muy propenso a perder elasticidad por
su bajo contenido en grasa y sus escasas
glándulas sebáceas que tornan la piel
seca y favorecen las arrugas. El cuidado
diario resulta pues imprescindible.
Conviene exfoliar esas zonas con frecuencia,
aplicarse crema humectante dos veces
al día con movimientos ascendentes,
alternar los baños fríos y calientes
para fortalecer el tejido conectivo
y usar mascarillas humectantes. No lo
olvide: el cuidado de la piel no termina
en la barbilla pues las impurezas y
la sequedad también se manifiestan en
cuello y escote.
Consejos
básicos para lucir una bonita piel
-Protéjase de la exposición solar.
-Beba al menos dos litros de agua al
día.
-Procure dormir bien: la piel se regenera
durante los periodos de sueño.
-Utilice una buena crema hidratante.
-Elimine o reduzca los cigarrillos:
fumar avejenta la piel de forma prematura.
-Use con frecuencia una crema exfoliante
suave para eliminar las células muertas.
-Practique alguna técnica relajante:
los baños con aceites esenciales dan
excelentes resultados.
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