De sabor agradable -aunque ligeramente
ácido- y más dulces cuanto más maduros los del madroño son algo
más que simples frutos ya que son fuente de flavonoides, taninos,
pectina y vitamina P que les confieren propiedades astringentes,
antisépticas, antiinflamatorias, antibacterianas, cardioprotectoras,
antioxidantes y hasta anticancerígenas. Son tan variadas sus
cualidades que se ha observado que el madroño puede ser útil
incluso en casos de alopecia. Una planta legendaria, símbolo
-junto al oso- de la capital de España de la que ahora empezamos
a descubrir algunos secretos.
Recoge la mitología que de la sangre vertida
por el gigante Gerión cuando fue muerto por Heracles
nació un árbol que florece y da frutos al mismo tiempo; y siempre
en la época en que las Pléyades relucen especialmente en el firmamento.
Con el tiempo se coligió que ese árbol es el madroño ya que efectivamente
florece y fructifica a la vez -los frutos son del año anterior-
y siempre entre noviembre y diciembre justo cuando las Pléyades
-un cúmulo de 7 estrellas de la constelación de Tauro- son particularmente
visibles.
Leyenda o realidad, el caso es que las propiedades del madroño
son conocidas desde hace siglos. De hecho, en el año I de nuestra
era el médico griego Pedanio Dioscórides ya lo mencionaba
en el capítulo 138 de su Materia médica, obra que durante
15 siglos fue la máxima autoridad en botánica y farmacología.
Asimismo, Gaius Plinius Secundus -filósofo y escritor pero
también naturalista romano que ha pasado a la historia como Plinio
el Viejo- aconsejaba en su monumental Historia natural,
refiriéndose a este fruto, comer unus edo, es decir, "uno
sólo". Y es que ya por entonces se sabía que los madroños empiezan
a fermentar en el árbol y cada fruto puede llegar a contener hasta
un 0,5% de alcohol. De ahí que su nombre científico sea Arbutus
unedo -del latín Arbutus que significa "arbolillo"-
y de unus-edo -que, como ya hemos comentado, se traduce
por "uno-sólo"- lo que recuerda que su consumo excesivo puede
conducir incluso a la embriaguez.
EL ARBUTUS UNEDO: COMPONENTES Y PROPIEDADES
Madroño, madroñero, alborocera, aborio, borto, albedro, borrachín
o árbol de las fresas. Todos esos nombres se refieren al mismo
árbol, caracterizado desde el punto de vista de la botánica porque
sus frutos, sus hojas y su corteza contienen sustancias con importantes
propiedades terapéuticas. Así, por ejemplo, el madroño contiene
glucósidos -y, de entre ellos, flavonoides y fenólicos-, taninos,
pectina y vitamina P. Básicamente pues, además de poder conducir
a la embriaguez su efecto es astringente -es decir, provoca estreñimiento-
por lo que no conviene abusar de ellos. Pero vayamos por partes.
Glucósidos
Los frutos del madroño contienen glucósidos, es decir, compuestos
que por la acción del agua se producen en el metabolismo secundario
de las plantas y que básicamente contienen un azúcar -que ayuda
en la absorción y solubilidad- y aglucón o genina que es la sustancia
que posee propiedades terapéuticas. Pues bien, se sabe que los
flavonoides contenidos en los frutos del madroño participan en
el mantenimiento del buen funcionamiento cardiaco y en la normal
circulación de la sangre. De hecho, fortalecen los capilares sanguíneos,
mejoran las funciones de oxigenación de los tejidos, impiden la
formación de trombos en los vasos sanguíneos y son hemostáticos
(contribuyen a detener hemorragias espontáneas). Pero además los
flavonoides son potentes antioxidantes y eliminadores de radicales
libres (más incluso que la vitamina C y el betacaroteno) y se
han demostrado sus efectos antiinflamatorios, analgésicos, hepatoprotectores,
antimicrobianos y su papel protector frente a enfermedades cardiovasculares
o cáncer, entre otras. Por otro lado, a los flavonoides se les
considera aliados de la piel ya que, al contribuir a que los vasos
sanguíneos cumplan bien su función, pueden llevar más oxígeno
y nutrientes a las papilas dérmicas, células que a través de la
sudoración mantienen humectada la capa superficial. Asimismo,
según Llorenç Pons -consultor farmacéutico y miembro externo
del Comité Europeo de Cosmetología con sede en Bruselas-
hay bibliografía científica que cita la inhibición de la 5-alfa
reductasa por parte de algunos flavonoides lo cual podría favorecer
la normalización de los ciclos capilares acelerados que se desarrollan
durante los procesos de alopecia androgenética. Es decir, que
la ciencia viene a respaldar la creencia popular de que el madroño
hace tener "buen pelo" y de ahí que existan en el mercado productos
para el tratamiento de la alopecia cuyo principal componente es
precisamente el madroño.
Arbutina
El madroño también contiene -tanto en sus hojas como en la corteza-
glucósidos fenólicos, entre ellos la arbutina de la que
es la principal fuente. Se trata de una hidroquinona que tiene
acción antiséptica y antiinflamatoria sobre el sistema urinario
además de antibacteriana y nefroprotectora por lo que se utiliza
para combatir las infecciones urinarias, las cistitis, los cálculos
y cólicos renales así como las diarreas y disenterías.
Taninos
En cuanto a los taninos se les relaciona principalmente
con el vino pero lo cierto es que también se encuentran de forma
importante en plantas de la familia de las ericáceas -a la que
pertenece el madroño- que los contiene tanto en sus frutos como
en sus hojas y corteza. Son sustancias complejas a las que no
es posible clasificar dentro de una estructura química única pero
se sabe que presentan interesantes propiedades antiinflamatorias,
antibacterianas, tonificantes y antisépticas. Y además son astringentes
por lo que resultan eficaces en el tratamiento de la diarrea,
ayudan a que la sangre coagule, son hemostáticos, producen vasoconstricción
y son beneficiosos en el tratamientos de las hemorroides. También
se les atribuye acción antioxidante. Pero, ¡ojo!, los taninos
ingeridos en altas concentraciones pueden limitar o incluso impedir
la absorción de otros nutrientes como el hierro, el calcio o las
proteínas.
Pectina
La pectina es otro de los componentes del madroño, concretamente
de sus frutos. Se trata de un hidrato de carbono que forma parte
de las células vegetales de la piel o de la cáscara de muchas
frutas, verduras y hortalizas, entre ellas la naranja, la manzana
o la cebolla. En cuanto a sus propiedades destaca la de ayudar
a reducir los niveles de colesterol en el cuerpo favoreciendo
su excreción. Lo que hace la pectina es unirse a los ácidos biliares
-producto de la degradación del colesterol- facilitando su expulsión
a través de las heces. Esto disminuye el riesgo de padecer diferentes
enfermedades cardiovasculares. Otra propiedad de la pectina es
la de neutralizar los ácidos biliares en el intestino por lo que
es útil en el tratamiento de problemas intestinales. También se
sabe que se asocia a metales tóxicos facilitando su eliminación
del organismo. Además su ingesta puede ser adecuada para personas
con diabetes ya que la pectina disminuye la velocidad de paso
de los azúcares del estómago al duodeno lo que evita que aumenten
bruscamente los niveles de azúcar en sangre.
Vitamina P
También en los frutos del madroño se puede encontrar la vitamina
P. Está compuesta por un complejo de bioflavonoides cítricos,
rutina y hespiridina. Es soluble en agua y fue descubierta en
1930 por el Premio Nobel Szent György al estudiar las partes
blancas de los cítricos aunque posteriormente se advirtió su presencia
también en el jugo, si bien en menor proporción. Una de las principales
funciones es aumentar la fortaleza de los capilares y permitirles
una mayor permeabilidad (de ahí la letra P que designa a esta
vitamina) pero también tiene otras propiedades no menos importantes.
Por ejemplo, impide que la vitamina C sea destruida por la oxidación
y aumenta su efectividad; ayuda a prevenir y curar las encías
sangrantes; es importante en el tratamiento del edema y los mareos
debidos a dolencias del oído interno; aumenta la resistencia frente
a las infecciones -tanto de bacterias o virus como de hongos o
parásitos-; actúa como antiinflamatorio y tiene capacidad desintoxicante
frente a algunos metales como el cobre o el plomo.
En suma, el madroño -sus frutos, sus hojas y su corteza- posee
unas propiedades terapéuticas considerables. Por hacer un resumen,
diremos que sus compuestos le otorgan funciones astringentes,
antisépticas, antiinflamatorias, antimicrobianas, protectoras
del corazón, del hígado y de los riñones, tonificantes, desintoxicantes,
hipocolesterolemiantes, antioxidantes y analgésicas además de
impedir la formación de trombos, fortalecer los vasos sanguíneos,
ayudar a detener hemorragias, estimular el crecimiento del cabello
y ayudar en la prevención de enfermedades como el cáncer.
Eso sí, a pesar de que sea un producto sin efectos secundarios
graves -excepción hecha del estado de embriaguez o de estreñimiento
al que puede conducir su consumo excesivo- es absolutamente necesario
que consulte con un médico o profesional de la salud antes de
utilizarlo para tratar situaciones en las que ha demostrado eficacia
como la alopecia, las infecciones urinarias, los cálculos y cólicos
renales, las hemorroides y las encías sangrantes así como las
diarreas, la disentería y otras infecciones intestinales.
Varda Galán
El madroño... en el escudo de Madrid
El arraigo ibérico del madroño lo demuestra el hecho de que constituye,
junto al oso, las figuras que integran el escudo de Madrid. Y
es que, según la tradición popular, cuando los osos -al igual
que los madroños- poblaban las tierras de Madrid era muy común
verles comer los frutos de ese árbol. Hay quien dice que el gusto
de los osos por los madroños se debe a que conocen sus propiedades
para mantener el pelo en buen estado aunque hay otros que afirman
que los comían porque, fermentados en el árbol, los madroños son
muy dulces y contienen cierta cantidad de alcohol que resultaría
agradable al paladar osuno.
Otra curiosidad es la recogida por Pío Font Quer, doctor
en Farmacia, licenciado en Ciencias Químicas y profesor de Botánica
-fallecido en 1964-, que en su libro "Plantas medicinales.
El Dioscórides renovado (1961) dice del madroño: "Parécese
a muchas cortesanas de Roma, las cuales en lo exterior diréis
que son unas ninfas, según van llenas de mil reclamos; empero,
si las especuláis debajo de aquellas ropas hallaréis que son verdadero
retrato del mal francés. Dígolo porque este fruto, defuera se
muestra hermoso en extremo y, comido, hincha de ventosidad el
estómago y da gran dolor de cabeza; lo cual fue causa de que los
latinos le diesen el nombre unedo, amonestando que nadie comiese
de él más de uno".
Recetas con madroño
Decocciones
Se cuecen 30 gramos de corteza o de hoja de madroño por cada litro
de agua. Se deja reposar unos minutos y ya está listo para tomar.
De este preparado se pueden ingerir 2 o 3 tazas diarias en caso
de afección urinaria y hasta 5 en caso de diarrea.
Mermeladas
Con los frutos del madroño se pueden elaborar mermeladas y confituras
de dulce sabor y que nos permiten beneficiarnos de las saludables
propiedades de este producto. Para ello necesitaremos:
-2 kilos de madroños bien maduros.
-½ litro de agua.
-1.750 g de azúcar.
-250 g de sorbitol. Y,
-el zumo de 2 limones
Lo que debe hacerse es triturar los madroños, mezclarlos con agua
y 250 gramos del azúcar y poner la mezcla a calentar en un cazo
a temperatura media (unos 40º C). Cuando aún esté caliente se
pasa por el pasapuré para eliminar los granillos que envuelven
el fruto. A esa pulpa limpia se le añade el azúcar restante, el
sorbitol y el zumo de los limones y se lleva todo a hervor durante
unos 4 minutos aunque el tiempo será mayor o menor en función
de la viscosidad que queramos que tenga nuestra mermelada.
Bebidas
En Córcega o Argelia se utilizan los madroños para elaborar
una bebida alcohólica muy similar al aguardiente.
Madroño y cabello
Todo indica que los nutrientes del madroño refuerzan el cabello
y reducen su caída. A pesar de lo cual son pocos los productos
para el pelo que lo utilizan. Sí es el caso, sin embargo, de una
pequeña empresa mallorquina -Isis- que fabrica artesanalmente
una loción para el cabello cuyo uso, según numerosos testimonios
de usuarios a los que esta revista ha accedido, logra suavizar
el cuero cabelludo, favorecer la regeneración capilar y reducir
de forma notable su caída.