Características de la anestesia psicológica

Cuando hablamos de anestesia psicológica debemos aclarar algunos puntos que permitirán al lector comprender mejor lo que este término supone.

El concepto de anestesia significa abolición de todo tipo de sensibilidad. Y lo que se consigue ordinariamente al programar una “anestesia psicológica” es una analgesia oabolición de la sensibilidad dolorosa, conservando otro tipo de sensaciones de tacto, presión, temperatura, etc. No obstante, en alguna ocasión hemos observado verdaderas anestesias psicológicas, como nos sucedió en el caso de un niño de once años que mientras le operábamos me preguntó si podía dejar de sentir sensaciones táctiles y lo logró, hasta el punto de que nos pidió un tebeo porque se aburría mientras le operábamos. Hace bastantes años de esto pero aún podemos mostrar alguna foto de su intervención.

Cuando usamos el bisturí eléctrico en un paciente psicoanalgesiado, por tanto, percibe algo de calor pero no sufre por ello. El paciente, mientras le operamos con psicoanalgesia, nota, sabe que le tocamos, que manipulamos en su cuerpo pero con bienestar. Esto nos anima a pensar que en el ser humano existe la posibilidad de saber sin sufrir, de tener información que sea útil para defendernos de una agresión pero sin el dolor.

El dolor, a mi modo de ver, es un engendro del ser humano, programado en su cerebro en un proceso de evolución inadecuado. El dolor es una realidad actual para desgracia de la especie pero pienso que se podría cambiar la programación que actualmente existe en el cerebro, que es su causa, si se siguieran los pasos necesarios en la educación de las nuevas generaciones. Mi experiencia de más de un cuarto de siglo operando con psicoanalgesia me hace pensar de esta manera.

Al alcance del hombre está la posibilidad de mejorar sustancialmente la calidad de su vida y desprogramar de su cerebro muchas cosas relacionadas con el dolor, su producción y supuesta  “misión informativa”. Claro que esto supondrá desandar un camino en la evolución, que necesitará tiempo y esfuerzo por parte de científicos, médicos y educadores.

PSICOANALGESIA VOLITIVA  

La voluntad, el deseo del paciente es determinante en la obtención de la psicoanalgesia. Por eso la llamé Psicoanalgesia Volitiva (PAV).
Cuando mi hija María Jesús decidió que le agujereara las orejas para poder usar pendientes le programé una anestesia psicológica para sus orejas. Para comprobar que había conseguido lo programado, le pellizqué en la parte superior de una de ellas y me dijo que le dolía, que ella había pensado solamente en el lóbulo de las mismas que era donde tenia que pincharle… y eso es lo que se anestesió.

Luego, ¿quién decide quién se anestesia psicológicamente?, ¿quién es el protagonista en este proceso? Evidentemente, el paciente. Él es el dueño de la computadora de su cerebro y es su pensamiento el que programará lo que desea o necesita de manera consciente o inconsciente. Por eso nunca he dicho ni diré que he anestesiado psicológicamente a nadie. Le he enseñado cómo conseguirlo a él mismo, le hago autónomo. Aunque, por supuesto, le podemos ayudar a conseguir lo que necesita con nuestra experiencia y deseo.

La psicoanalgesia se puede conseguir programándola dentro de un ejercicio de relajación o con un simple pensamiento, sin mencionar siquiera la palabra relajación, con breve entrenamiento o sin él. Pero en todos los casos el paciente estará relajado, habrá conseguido lo que he llamado una relajación indirecta, como un signo más de la respuesta biológica positiva que un pensamiento de este signo pone enmarcha.

Porque, por ejemplo, ¿qué preparación previa podían tener las personas que en más de una ocasión hemos tenido que atender en accidentes de tráfico? Hace años atendí a una niña que, al sufrir una caída de su bicicleta, su pierna derecha quedó atrapada por encima de sus tobillos, como en un cepo, en un espacio increíblemente pequeño, entre la biela y el plato sobre el que gira la cadena.

La encontré tirada en la carretera, boca abajo, rodeada de gente que no sabía qué hacer. La bicicleta era una trampa en la que se hallaba aprisionada. Rodeada de personas impotentes para consolarla e incapaces de liberarle la  pierna de aquel cepo, sus lamentos y muestras de dolor se multiplicaban hiriendo la sensibilidad de quienes la rodeaban sin saber cómo ayudarla.

Me arrodillé entonces a su lado y con un par de frases la hice pensar en el bienestar que necesitaba… Y en el acto lo consiguió. Tardamos más de un cuarto de hora en cortar la biela, esa pieza metálica al extremo de la cual se sujeta el pedal. Pero la niña no volvió a derramar una lágrima más. Y, para mi sorpresa, ni siquiera hubo fractura de tibia o peroné. ¡Ambos huesos aprisionados en un espacio en el que nadie, si da un vistazo a una bicicleta, podrá pensar que la pierna de un niño pueda penetrar! Mire el lector la foto de la niña, el pedal cortado, su piernecita y la foto que la hicimos inmediatamente después de liberarla.

UNA ANALGESIA INOCUA 

La cualidad que hace a la Psicoanalgesia absolutamente inocua es que es específica para zona y circunstancias. Y esto significa que nadie que programe una psicoanalgesia puede verse perjudicado bajo ningún concepto por ella. Que al contrario de lo que sucede en una persona bajo los efectos de una anestesia química, a la que pueden hacerle o hacer ella misma algo que pudiera agravar su proceso o lesión, la analgesia psicológica, en el caso de hacer algún movimiento o esfuerzo incorrectos, se desconecta y avisa a la persona de que está haciendo algo inconveniente.

Lo anteriormente dicho nos lo corrobora el hecho de que una persona con una fractura puede hacer desaparecer su dolor gracias a la psicoanalgesia pero en el caso de que haga algún movimiento no adecuado o cargue el miembro fracturado antes de inmovilizarlo, el dolor aparecerá avisándole de lo que no debe hacer.

Pero lo que más nos llama la atención acerca de la selectividad para zona y circunstancias es el hecho – comprobado repetidas veces en mi quirófano- de que mientras estamos operando y el paciente se encuentra con un bienestar total, en más de una ocasión avisa a alguno de mis  ayudantes de que quite el codo de encima de la pierna donde lo tiene apoyado porque le molesta. Es decir, no siente la herida sobre la que estamos trabajando… pero le molesta el codo de mi ayudante. Porque cuando luego tuve que hacer una incisión en la zona donde antes había estado ese molesto codo, mi bisturí no le molestó. Esto se debe a la selectividad que la anestesia psicológica tiene para zona y circunstancias. Esto lo comentaba hace pocos días con mis ayudantes mientras operábamos a una señora de unas importantes varices y en la que se repetía una vez más lo dicho.

Además, junto con la psicoanalgesia se pone en marcha lo que llamo una respuesta biológica global armónica positiva (RBGAP) ya que todos los mecanismos naturales de la curación se ponen en marcha en favor del restablecimiento de la normalidad.

Precisamente esta tarde (escribo este texto la noche del 25 de Octubre) he tenido el privilegio de dictar la conferencia inaugural del curso académico 1999–2000 en la sede valenciana de la Universidad Internacional de la Experiencia (UNEX), de la que espero poder hablar en otra ocasión. Pues bien, durante el animado coloquio que se celebró al final de mi disertación y proyección de un vídeo con operaciones y partos con psicoanalgesia, una de las preguntas fue: “¿Qué hizo usted para operar a su primer paciente sin tener experiencia previa?”

Y debo confesar que lo que no sabía quien tal preguntaba es que en aquella ocasión pasé el mayor apuro de mi vida porque la paciente y yo habíamos comprobado, antes de ir al quirófano, que se anestesiaba perfectamente la pierna que tenía que operarle. Pero horas antes de ingresar en la clínica tuvo una trombosis hemorroidal, con la fama de dolor que ese proceso tiene. Y sabiendo yo que cuando se practica este tipo de intervención el paciente tiene que estar con una anestesia profunda, en especial en el momento de practicar la dilatación forzada del esfínter anal, le conté que tuve que hacer un acto de fe en la naturaleza humana y pensé que si aquella persona había logrado anestesiar su pierna, la capacidad era de la persona y no de una parte del cuerpo y que, por tanto, también podría anestesiarse el periné… Y así sucedió. Es más, después de ser operada de varices en una pierna y de la trombosis hemorroidal salió por su pie del quirófano y la acompañamos a su habitación, donde al llegar nos dijo que tenía hambre y se comió un bocadillo como la cosa más natural del mundo.

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Diciembre 1999
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