Constatan la eficacia en la hipertensión de varias plantas y averiguan cómo actúan

Un grupo de investigadores de la Universidad de California ha constatado tras estudiar en laboratorio la presunta eficacia terapéutica para controlar la hipertensión de diez conocidas plantas que todas utilizan un mecanismo bioquímico ignorado hasta ahora por la industria y los médicos: la activación de un canal de potasio bautizado como KCNQ5 presente en los músculos lisos vasculares que recubren los vasos sanguíneos. Posteriormente comprobarían que la más activa para reducir las subidas de tensión es la Lavanda angustifolia. El trabajo se publicó el pasado 30 de septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences. En cualquier no son los únicos vegetales que han demostrado en ensayos publicados eficacia hipotensora por lo que damos asimismo cuenta de los que también tienen esta propiedad.

Hipertensión

La hipertensión se asocia normalmente hoy a las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares (ictus), es decir, a la insuficiencia cardíaca (cuando el miocardio se vuelve rígido o débil y no puede bombear suficiente sangre oxigenada), a la arritmia (ritmo cardíaco irregular porque el sistema eléctrico del corazón no funciona correctamente y palpita demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular), al infarto de miocardio (destrucción de parte del músculo cardíaco al obstruirse por completo una arteria coronaria), a la apoplejía (derrame cerebral), a la arteriopatía periférica (cuando el estrechamiento de las arterias se da en piernas y pies reduciendo o bloqueando el flujo sanguíneo) y a los daños en las válvulas cardíacas: cuando una de las cuatro válvulas del corazón -mitral, tricúspide, pulmonar y aórtica- no funciona bien y ello da lugar a un prolapso (as aletas de las válvulas no se cierran correctamente y provoca que la sangre regrese al corazón) o a una estenosis valvular (las aletas engrosan o se vuelven rígidas disminuyendo o bloqueando el flujo sanguíneo).

En pocas palabras, la hipertensión suele aparecer cuando disminuye el flujo de sangre en las arterias y venas, bloqueo parcial o total que puede dañar el cerebro, el corazón y las extremidades pero también los ojos, los riñones, el hígado, el bazo y el páncreas. Y aunque algunos postulan que es una enfermedad de la «vida moderna» porque hoy se producen muchos más casos que antaño hay evidencias documentales de que se conocía en el 2.600 antes de Cristo y de que en la Edad Media se la llamaba “enfermedad del pulso duro” tratándose -según las culturas- bien con sangrías para reducir la presión, bien provocando sangrados aplicando sanguijuelas, bien ingiriendo plantas e, incluso, usando agujas de acupuntura.

En la actualidad se la considera responsable del 17% de las muertes que cada año se producen en el mundo -de ellas un 45% por cardiopatías y un 51% por accidente cerebrovascular- estimando la Organización Mundial de la Salud (OMS) que en 2030 morirán anualmente por ella en el mundo veintitrés millones y medio de personas, cifra no muy alta por cierto si tiene razón la Fundación Española del Corazón que según asevera padece hipertensión en nuestro país ¡el 43%! de los adultos (diabéticos y prediabéticos incluidos). Claro que luego alega que el 37’4 % no lo sabe porque estaría «sin diagnosticar» al vivir muchas personas al límite de lo que se considera hipertensión leve y no tienen síntomas que les hagan ir al médico.

En cuanto a la presión es la fuerza que tiene que hacer el corazón para bombear sangre y ésta circule por las arterias, arteriolas, venas y capilares del sistema circulatorio por lo que será mayor o menor según las dificultades que encuentre ya que algunas vías pueden tener menor diámetro del normal o estar parcialmente obstruidas. Presión que se mide -en milímetros de mercurio (mmHg)- en el momento de la sístole del corazón -cuando se contrae al latir- y la diástole -cuando se expande-, cifras que en todo caso no son constantes pues ambas presiones varían constantemente y para saber la situación real hay que medirla varias veces al día y siempre en reposo tras al menos cinco minutos sentado relajadamente. Por eso la que pueda medir el médico o el farmacéutico de forma puntual no es significativa; es más, el paciente suele estar nervioso en tales casos y a menudo se tensa por lo que la presión arterial resultante suele ser mayor que la real. Es un fenómeno constatado que se conoce como “hipertensión de bata blanca” y conduce a menudo al consumo innecesario e irresponsable de medicinas (vea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo titulado ¡Cientos de miles de personas toman fármacos para la hipertensión sin padecerla realmente! que apareció en el nº 141).

Cabe añadir que lo que hoy se considera «normal» -parámetro subjetivo que se adoptó por consenso- es una presión sistólica de 120 mmHg y una diastólica de 80 mmHg entendiendo que puede hablarse de hipertensión leve si está entre 140 y 159 la sistólica y entre 90 y 99 la diastólica, media-grave si está entre 160 y 179 la sistólica y entre 100 y 109 la diastólica y grave si tiene más de 180 la sistólica y más de 110 la diastólica.

La Asociación Americana del Corazón propuso sin embargo en 2017 que una presión de 130/80 mmHg -rebajando la presión sistólica pues de 140 a 130- debería ya considerarse hipertensión leve, medida que beneficiaría principalmente a los vendedores de antihipertensivos. Una propuesta que en junio de 2018 fue «respondida» por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC) postulando que no debe hablarse de hipertensión sino se supera el «tándem» 140/90 (subiendo pues la presión diastólica a 90).

El coordinador nacional del grupo de trabajo sobre hipertensión de la SEMFYC, el Dr. Eduardo Guija, declararía ya entonces que la propuesta estadounidense aumentaba el riesgo de «falsos positivos» y «tratamientos innecesarios»; añadiendo: «Creemos que las decisiones sobre el umbral de intervención y cifra objetivo a conseguir deben individualizarse en función de las comorbilidades de los pacientes, sus tratamientos, sus factores de riesgo asociados, la expectativa de vida, la fragilidad, el estado cognitivo y sus preferencias y recursos; considerando los potenciales beneficios y perjuicios llevando a cabo decisiones informadas y compartidas”.

Y tiene razón porque la hipertensión puede deberse a varias causas y ningún fármaco o producto natural puede pues prevenirla o tratarla con eficacia sin afrontar a la vez la causa subyacente por mucho que se pretenda hacer creer. Hoy se sabe que la hipertensión -especialmente la leve, que es la más corriente y es llamada por ello primaria o esencial- suele deberse a una incorrecta alimentación y a un estilo de vida poco sanos, con hábitos entre los que destacan el excesivo consumo de sal de mesa y azúcares pero también de alimentos salados, platos preparados o en conserva, los cereales refinados, los productos con grasas «trans», el estrés, el alcohol, el exceso de café, la ingesta de toxinas, el sedentarismo, la falta de ejercicio, el sobrepeso y la obesidad. En suma, la hipertensión no es más que un síntoma más de un organismo desequilibrado y enfermo, es decir, desequilibrado, intoxicado, poco oxigenado, mal nutrido y acidificado. Hipertensión que se agrava -y entonces se dice que es secundaria- cuando hay ya problemas orgánicos: obesidad, artrosis, artritis, osteopenia, osteoporosis, diabetes, problemas renales, pancreáticos y hepáticos, hipertiroidismo…

En pocas palabras, la hipertensión desaparece sin más si se hace vida sana y se ingieren sobre todo verduras y frutas enteras frescas, legumbres, frutos secos, semillas, especias, alimentos ricos en probióticos, pescado rico en omega-3 y carnes blancas y dejan de consumirse una larga temporada alimentos salados, fritos, preparados, en conserva, aceites vegetales hidrogenados, grasas «trans», cereales refinados, aditivos alimentarios, cafeína y alcohol En suma, siguiendo una alimentación como la que postula La Dieta Definitiva de la que tantas veces hemos hablado y es garantía de salud. Además una alimentación equilibrada supone un manejo adecuado del peso corporal y un menor esfuerzo para el corazón a la hora de bombear la sangre.

En suma, se trata de recuperar integralmente la salud porque todas las llamadas «enfermedades» no son más que síntomas de que el organismo está enfermo y el desequilibrio que ello conlleva puede provocar, entre otras muchas disfunciones, una hipertensión que difícilmente podrá resolverse ingiriendo diuréticos, betabloqueantes, alfabloqueantes, bloqueadores de los canales de calcio, agonistas centrales, inhibidores adrenérgicos periféricos, vasodilatadores, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) o bloqueadores de los receptores de angiotensina. No afrontan las posibles causas reales, no van a resolver pues la hipertensión y encima son iatrogénicos (la lista de sus efectos secundarios negativos constituye un auténtico catálogo de horrores).

Dicho esto agregaremos que existen plantas cuya eficacia es mayor y ayudan -tampoco resuelven el problema- careciendo de los efectos secundarios de los fármacos sintéticos; plantas que hasta hace unos años no se tenían en cuenta por los médicos alegando que se desconocían sus mecanismos de acción algo que hoy afortunadamente ya no es así y se conocen cada vez mejor como demuestra -entre otros- un trabajo que acaba de aparecer. 

EL CANAL KCNQ5

Un grupo de investigadores de la Universidad de California de Irvine (EEUU) coordinado por el doctor Geoff Abbott decidió averiguar por qué funcionan algunas de las plantas utilizadas tradicionalmente para la hipertensión y así lo hizo publicando su trabajo el pasado 30 de septiembre en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) con el título High blood pressure: Herbal remedies may inspire future treatments (Hipertensión: remedios herbales que pueden inspirar futuros tratamientos). Y lo que han hecho es lo antes comentado: buscar sus mecanismos de acción para poder usar luego ese conocimiento en nuevos fármacos (además si bien las plantas no pueden patentarse sí es patentable su uso terapéutico concreto). Y de ahí que decidieran investigar 10 plantas medicinales -de distintas clases y órdenes- usadas por las distintas culturas para rebajar la tensión arterial: las hojas y flores de la lavanda fresca (c) y la manzanilla alemana (Matricaria chamomilla), las hojas de albahaca fresca (Ocimum basilicum), orégano (Origanum vulgaris), mejorana (Origanum majorana) y tomillo (Thymus vulgaris), las semillas de hinojo (Foeniculum vulgare), el rizoma seco del jengibre (Zingiber officinale), las raíces secas de la Sophora (Sophora flavescens) y la raíz y rizoma secos de la Sophora vietnamita (Sophora tonkinensis).

Bueno, pues terminado el estudio -efectuado en laboratorio con arterias de ratas- constatarían que todas las plantas -las diez- reducen la tensión activando el canal iónico celular de potasio conocido como KCNQ5. Los canales iónicos son proteínas que se encuentran en las membranas celulares y facilitan el paso de los iones de calcio, potasio, sodio y cloro. Son estructuralmente como canales o poros que abren la célula permitiendo entrar moléculas al recibir las correspondientes señales, bien eléctricas -por cambio de voltaje-, bien químicas, bien mecánicas. Es eso de hecho lo que, entre otros mecanismos, controla la contracción muscular y, por tanto, los latidos del corazón además de intervenir en procesos biológicos tan diversos como la activación y proliferación celular, el control del volumen celular o la secreción de insulina. Por eso las patologías que se deben a disfunciones de esas proteínas se conocen como canalopatías.

Pues bien, el KCNQ5 es una proteína que en los humanos está codificada por el gen KCNQ5. Se trata de un miembro de la subfamilia de canales dependientes de voltaje de potasio KQT que se expresa en subregiones del cerebro y en el músculo esquelético y produce corrientes que se activan lentamente con la despolarización y pueden formar canales heteroméricos con la proteína codificada por el gen KCNQ3. El KCNQ5 es, en suma, un canal de potasio presente en los músculos lisos vasculares que recubren los vasos sanguíneos y por eso cuando éstos se contraen la presión arterial aumenta y cuando se relajan baja. Bueno, pues es sobre este canal sobre el que actúan las diez plantas probadas.

Averiguado el mecanismo de acción los investigadores decidirían saber cuál de las diez plantas actúa más eficazmente sobre ese canal y pronto constataron que es la Lavandula angustifolia.

Cabe agregar que lo más sorprendente de este trabajo es que ninguno de los antihipertensivos que se pautan hoy por los médicos actúa sobre el canal KCNQ5 y de ahí que lo descubierto haga que ya se estén estudiando fármacos que así lo hagan; a fin de cuentas no se gana dinero diciéndole a la gente que consuma simplemente infusiones de plantas inocuas. Algo que ya es posible porque también han averiguado cuál es el principal compuesto vegetal que activa ese canal: un alcaloide conocido como aloperina que según la literatura botánica protege el corazón -ahora sabemos que es verdad y por qué- y es además antiarrítmico, antibacteriano, antiinflamatorio y antitumoral.

LA LAVANDA 

La lavanda o lavándula es un género de la familia de las lamiáceas que contiene unas 60 especies y se consume desde hace siglos en infusión para regular el sistema nervioso ayudando en casos de estrés, ansiedad e insomnio así como para bajar la tensión; y de forma externa para eliminar hongos y bacterias -siendo especialmente útil en las candidiasis e infecciones vaginales- pero también para mejorar la digestión y disminuir la pérdida de cabello así como analgésico en casos de tortícolis y dolor lumbar.

Ahora bien, centrémonos en la planta concreta estudiada -lo que no quiere decir que las demás no puedan ser útiles- que es la Lavandula angustifolia. Hablamos de un arbusto perenne mediterráneo muy aromático conocido comúnmente como espliego que es fácil identificar por ser sus flores de color azul-púrpura y se agrupan en espigas. Su aceite esencial lo forman mayoritariamente alcoholes como el linalol (20-50%) -del que el acetato de linalilo (25-46%) es su principal derivado- pero contiene además derivados cumarínicos, flavonoides, esteroles, triterpenos, taninos y ácidos fenilcarboxílicos como el rosmarínico. Todas las culturas han usado lavanda para fabricar perfumes -dado su agradable aroma- pero también pomadas y medicinas, algo que hoy sabemos se justifica porque hay ya más de 200 trabajos publicados sobre su eficacia en el tratamiento de la ansiedad, el estrés y la presión arterial.

De hecho el Comité de Medicamentos a base de Plantas de la Agencia Europea del Medicamento reconoce oficialmente que el aceite esencial de lavanda alivia el estrés mental y el agotamiento ayudando a dormir; por eso está incluida en la categoría de “medicamentos a base de plantas”. Y la incluyó «basándose en la experiencia adquirida por su larga tradición de uso”, expresión que viene a decir que si bien no existen suficientes ensayos clínicos para considerarla un «fármaco» se la considera «medicamento a base de plantas» porque se ha constatado que es eficaz y su uso y consumo seguro; de hecho no requiere supervisión médica. Es más, la lavanda puede inhalarse y es de hecho una de las plantas más utilizadas en Aromaterapia porque así sus principios activos llegan directamente al cerebro.

EL ACEITE DE LAVANDA

En 2018 se publicó en World Journal of Biological Psychiatry un trabajo titulado Silexan in anxiety disorders: Clinical data and pharmacological background (Silexan en trastornos de ansiedad: datos clínicos y antecedentes farmacológicos), revisión de siete ensayos clínicos que analizaron frente a placebo la eficacia terapéutica en casos de ansiedad generalizada -según la Escala de Calificación de Ansiedad de Hamilton- de un aceite esencial de lavanda que se comercializa en cápsulas de 80 mg. Y el resultado fue que su eficacia es buena y comparable a la que obtienen fármacos como Lorazepam y Paroxetina solo que sin los indeseables efectos de ambos; solo provoca a veces leves molestias gastrointestinales. Es más, al contrario que esos medicamentos carece de interacciones medicamentosas, no provoca somnolencia y no da lugar a síntomas de abstinencia al dejarlo si se toman entre 80 o 160 mg diarios. Y por si fuera poco se constató que el aceite esencial de lavanda ayuda cuando hay dificultad para dormir, trastornos somáticos y depresión comórbida.

Ese mismo año -2018- un equipo de la Universidad de Kagoshima (Japón) publicó en Frontiers in Behavioral Neuroscience un trabajo –Linalool Odor-Induced Anxiolytic Effects in Mice (Efectos ansiolíticos inducidos por olores de linalol)- que analizó en ratones el efecto de oler linalol -alcohol terpénico presente en la lavanda- descubriendo que es ansiolítico y que, a diferencia de los fármacos comúnmente usados, sus moléculas activan los receptores GABA-A de las neuronas olfativas de la nariz sin pasar a los pulmones. Es pues terapéuticamente más adecuado que las benzodiacepinas y de ahí que propongan usarlo al menos -la resistencia médica a no recetar fármacos sintéticos iatrogénicos es inaudita- en los preoperatorios, con los bebés y por quienes tienen dificultades para tragar comprimidos o rechazan los supositorios.

Que la lavanda es también eficaz en casos de insomnio -otro de los problemas que se asocian a la hipertensión- lo había ya comprobado un trabajo de la Clinica Mayo tras constatar que dormir menos de 5 horas al día aumenta con el tiempo el riesgo de desarrollar hipertensión -o de empeorarla-, algo que achacan en principio a que disminuye la capacidad del cuerpo para regular las hormonas del estrés. Pues bien, en 2014 se publicó en American Journal of Critical Care un trabajo titulado Effect of lavender aromatherapy on vital signs and perceived quality of sleep in the intermediate care unit: a pilot study (Efecto aromaterápico de la lavanda en los signos vitales y la calidad percibida del sueño en la Unidad de Cuidados Intermedios: un estudio piloto) según el cual inhalar el aroma de aceite de lavanda ayuda a relajarse y dormir por lo que es interesante su uso en las unidades de cuidados. Lo comprobaron en un estudio controlado aleatorio de 50 pacientes a parte de los cuales se les ofreció la atención habitual y a los demás se les puso junto a la cama entre las 10 de la noche y las seis de la mañana un frasco de vidrio que apenas contenía 3 ml de aceite de lavanda 100% puro. ¿El resultado? La presión arterial de éstos fue ligeramente menor entre la medianoche y las 4 de la mañana.

Otro estudio en esta misma línea publicado en 2017 en Evidence Based Complementary and Alternative Medicine con el título The Effects of Aromatherapy on Intensive Care Unit Patients’ Stress and Sleep Quality: A Nonrandomised Controlled Trial (Efectos de la aromaterapia en el estrés y calidad del sueño de pacientes de la Unidad de Cuidados Intensivos: ensayo controlado no aleatorizado) concluyó que las moléculas odoríferas del aceite de lavanda alivia el estrés y mejora la calidad del sueño de las personas que se hallan en las unidades de cuidados intensivos. Y se probó durante apenas 2 días.

La lavanda también ha demostrado potencial para disminuir la agitación en pacientes con trastornos cognitivos. Una investigación publicada en 2017 en Journal of Drug Assessment con el título Evaluating the effects of diffused lavender in an adult day care center for patients with dementia in an effort to decrease behavioral issues: a pilot study (Evaluación de los efectos de la lavanda en un centro de cuidados de adultos para pacientes con demencia en un esfuerzo por disminuir los problemas de comportamiento: un estudio piloto) demostró que hacer oler lavanda dos veces al día a ancianos con demencia reduce su agitación siendo particularmente eficaz en los pacientes de entre 70 y 85 años.

LA LAVANDA ES ANTIMICROBIANA

El aceite esencial de lavanda -concretamente el de Lavandula angustifolia- se ha usado durante milenios por la Medicina Tradicional China como antibacteriano y antifúngico y hoy sabemos que ello se debe -existe numerosa literatura científica al respecto- que se debe a dos de sus principales componentes: el linalol y el acetato de linalilo. Ambos inhiben su crecimiento o directamente los eliminan. Son muchos los estudios que así lo acreditan pero vamos a limitarnos a citar dos por razones de espacio.

Uno de ellos es el que con el título Lavender oil has potent antifungal effect (El aceite de lavanda tiene un potente efecto antifúngico) se publicó en 2011 en Journal of Medical Microbiology. Lo efectuó un grupo de investigadores de la Universidad de Coimbra (Portugal) que aplicó externamente aceite de lavanda en piel, cabello y uñas infectadas por diferentes hongos patógenos constatando que elimina eficazmente las cepas conocidas como dermatofitos y varias especies de cándidas. Los dermatofitos se alimentan de queratina y son responsables de afecciones como el pie de atleta y la tiña pero también infectan el cuero cabelludo y las uñas. Y es igualmente eficaz ante las cándidas como corroboró el siguiente trabajo que queremos mencionar.

Nos referimos al efectuado sobre la Candida Albicans por un equipo de la Babol University of Medical Sciences de Irán que se publicó en 2015 en Scientifica con el título Antifungal Effect of Lavender Essential Oil (Lavandula angustifolia) and Clotrimazole on Candida albicans: An In Vitro Study (Efecto antifúngico del aceite esencial de lavanda (Lavandula angustifolia ) y clotrimazol en Candida albicans: un estudio in vitro). Se trata de un trabajo que confirmó los efectos antifúngicos del aceite de lavanda tras tratar in vitro células infectadas; según explican funciona mejor que el clotrimazol. Y no solo es más barato sino que sus efectos secundarios son mínimos comparados con los de los distintos fármacos que se utilizan para ello.

OTRAS PLANTAS ÚTILES EN LA HIPERTENSIÓN 

Lo llamativo es que son muchos los vegetales que ayudan a regular la tensión arterial; y no solo hojas, raíces o flores de plantas sino frutos. Está ampliamente constatado aunque los defensores a ultranza de los iatrogénicos fármacos de síntesis lo nieguen. La cantidad de trabajos que así lo demuestran es de hecho tan abrumadora que resulta imposible citarlos todos porque se precisarían cientos de páginas así que vamos a limitarnos a hablar de algunos y a mencionar unos pocos pero significativos trabajos elaborados con vegetales:

El ajo (Allium sativum). La capacidad hipotensora del ajo es bien conocida pero es que además posee propiedades antiinflamatorias, antioxidantes, antibacterianas, hipocolesterolémicas y anticancerígenas. Pues bien, un ensayo aleatorizado controlado con placebo publicado en 2013 en Pakistan Journal of Historical Studies con el título Effects of Allium sativum (garlic) on systolic and diastolic blood pressure in patients with essential hypertension (Efectos de Allium sativum (ajo) sobre la presión arterial sistólica y diastólica en pacientes con hipertensión esencial) demostró que basta ingerir entre 300 y 1.500 mg diarios de ajo durante 24 semanas para reducir significativamente en personas hipertensas la presión sistólica y diastólica.

Lo corroboraría dos años después otro ensayo aleatorizado y controlado publicado en 2015 en The Journal of Clinical Hypertension con el título Effect of garlic on blood pressure: a meta-analysis (Efecto del ajo sobre la presión arterial: un metaanálisis aleatorizado) según el cual el consumo de ajo baja -de media- la presión sistólica 3’75 mmHg y la diastólica 3’39 mmHg..

El apio (Apium graveolens). El apio ha demostrado ser hipotensor en varios estudios con animales. En 2013 se publico un trabajo sobre la eficacia de un extracto de sus semillas en ratas con hipertensión y se redujo claramente su presión arterial. Dos años después -en 2015- aparecería en Progress in Cardiovascular Diseases otro titulado Nutraceuticals, vitamins, antioxidants and minerals in the prevention and treatment of hypertension (Nutracéuticos, vitaminas, antioxidantes y minerales en la prevención y tratamiento de la hipertensión) que confirmaría que el extracto de apio también reduce la presión arterial en humanos infiriendo que lo logra al disminuir los niveles de catecolaminas circulantes y disminuir la resistencia vascular

El té verde (Camellia sinensis). El té verde -que suele hacerse con la Camellia sinensis y es una de las bebidas más consumidas de mundo- es eficaz en la hipertensión. Lo constató un metaanálisis sobre 13 ensayos controlados aleatorios que se publicó en 2014 en Scientific Reports con el título Effect of green tea consumption on blood pressure: a meta-analysis of 13 randomized controlled trials (Efecto del consumo de té verde sobre la presión arterial: metaanálisis de 13 ensayos controlados aleatorios) según el cual reduce tanto la presión arterial sistólica como la diastólica (en 1’98 y 1’92 mmHg de media respectivamente). Y lo mismo hace el té negro aunque según los estudios efectuados en menor medida.

Claro que el té verde no solo ayuda en la hipertensión. Lo demostró un ensayo a doble ciego controlado con placebo que se publicó en 2012 en Nutrition Research con el significativo título de Green tea extract reduces blood pressure, inflammatory biomarkers, and oxidative stress and improves parameters associated with insulin resistance in obese, hypertensive patients (El extracto de té verde reduce la presión arterial, los biomarcadores inflamatorios y el estrés oxidativo y mejora los parámetros asociados con la resistencia a la insulina en pacientes obesos e hipertensos). Según se explica en él redujo de media en 4 mmHg tanto la presión arterial sistólica como la diastólica de hipertensos obesos que recibieron durante 12 semanas 379 mg de extracto de té verde.

Ese mismo año se publicaría por cierto en Research Letter otro ensayo de características similares pero sobre té negro con el título Effects of black tea on blood pressure: a randomized controlled trial (Efectos del té negro en la presión arterial: ensayo controlado aleatorio) que asimismo constató cómo personas hipertensas que consumieron durante 24 semanas 4.479 mg diarios -unas tres tazas de té negro- vieron reducir de forma significativa su tensión.

El espino blanco (Crataegus curvisepala). Espino es el nombre genérico con el que se conoce a las plantas que tienen espinas y hay cientos de especies muchas de las cuales se han utilizado terapéuticamente durante miles de años. Pues bien, al menos una de ellas, el Espino blanco o Crataegus curvisepala, es claramente hipotensora. Lo han constatado varios trabajos, entre ellos el publicado en 2002 en Phytotherapy Research con el título Promising hypotensive effect of hawthorn extract: a randomized double-blind pilot study of mild, essential hypertension (Prometedor efecto hipotensor del extracto de espino: estudio piloto aleatorio doble ciego de hipertensión arterial leve y esencial) según el cual bastan 500 mg de extracto de espino blanco para reducir la presión diastólica.

Dos años después -en 2004- se publicaría en Drugs under Experimental and Clinical Research el trabajo aleatorizado doble ciego controlado con placebo Antihypertensive effect of Iranian Crataegus curvisepala Lind (Efecto antihipertensivo del Crataegus curvisepala Lind iraní) según el cual la ingesta durante 3 meses de un extracto hidroalcohólico de flores de espino blanco redujo significativamente en personas hipertensas de entre 40 y 60 años su presión arterial.

El azafrán (Crocus sativus). El azafrán disminuye la hipertensión al actuar la crocetina -uno de sus principios activos- sobre la musculatura endotelial aórtica por vía del óxido nítrico. Lo constató un grupo de investigadores de la Universidad de L’Aquila (Italia) coordinado por el doctor A. Mancini realizando una serie de ensayos murinos cuyos resultados se publicaron en 2014 en Journal of Vascular Research. Efectos que fueron recientemente confirmados por un extenso metaanálisis realizado por los doctores de la Universidad de Atenas (Grecia) K. Hatziagapiou y G. I. Lambrou cuyo trabajo se publicó en 2018 en Current Cardiology Reviews; según se asevera en él el azafrán actúa como protector cardiovascular beneficiando especialmente a los afectados por isquemia, hipertensión e hiperlipidemia.

El hibisco (Hibiscus sabdariffa). Conocido también como roselle el hibisco se ha usado tradicionalmente en la medicina popular para el tratamiento de la hipertensión, la fiebre y otras enfermedades y sus efectos han sido ampliamente demostrados en estudios animales y humanos. Es el caso del ensayo controlado aleatorizado publicado en 2004 en The Journal of Nutrition con el título Hibiscus sabdariffa L. tea (tisane) lowers blood pressure in prehypertensive and mildly hypertensive adults (Una tisana de Hibiscus sabdariffa L. reduce la presión arterial en adultos prehipertensivos y levemente hipertensos) según el cual basta ingerir 10 gramos diarios durante 4 semanas para reducir la tensión significativamente.

Tres años después -en 2007- se publicaría un ensayo clínico en Planta Medica con el título Clinical effects produced by a standardized herbal medicinal product of Hibiscus sabdariffa on patients with hypertension. A randomized, double-blind, lisinopril-controlled clinical trial (Efectos clínicos producidos por un medicamento herbal estandarizado de Hibiscus sabdariffa en pacientes con hipertensión. Un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, controlado con Lisinopril). El trabajo constató que la ingesta diaria de 250 mg de ese producto durante 4 semanas por personas levemente hipertensas reducía claramente su presión arterial de 14/9 a 12/8 mmHg.

El comino negro (Nigella sativa). El comino negro -conocido en Oriente como Habbatul barakah (semilla de bendición)– se ha utilizado durante siglos como antihipertensivo así como en casos de diabetes y enfermedades gastrointestinales. Pues bien, su eficacia en la hipertensión arterial la constató el ensayo clínico aleatorizado doble ciego controlado con placebo aparecido en 2008 en Phytotherapy Research con el título Blood pressure lowering effect of Nigella sativa L. seed oil in healthy volunteers: a randomized, double-blind, placebo-controlled clinical trial (Efecto reductor de la presión arterial del aceite de semilla de Nigella sativa L. en voluntarios sanos: un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo). Se trata de un estudio que demostró que la ingesta por hipertensos leves durante 8 semanas de entre 100 y 200 mg de aceite esencial de comino disminuye significativamente la tensión.

Cinco años después -en 2013- lo confirmaría otro estudio aleatorizado doble ciego controlado con placebo sobre 70 personas sanas publicado en el mismo medio –Phytotherapy Research- con el título Blood pressure lowering effect of Nigella sativa L. seed oil in healthy volunteers: a randomized, double-blind, placebo-controlled clinical trial (Efecto reductor de la presión arterial con aceite de semilla de Nigella sativa L. en voluntarios sanos).

Las hojas de olivo (Olea europeo). El principal compuesto activo de las hojas del olivo es la oleuropeína, fenol antioxidante de elevada biodisponibilidad que reduce claramente la tensión arterial como han constatado numerosos trabajos entre los que vamos a citar dos.

El primero es un estudio clínico doble ciego aleatorizado aparecido en 2011 en Fitomedicina titulado Olive (Olea europaea) leaf extract effective in patients with stage-1 hypertension: comparison with Captopril (El extracto de hoja de olivo (Olea europaea) es eficaz en pacientes con hipertensión en etapa 1: comparación con Captopril) y según el mismo ingerir dos veces al día 500 mg de un extracto de hoja de olivo es igual de eficaz para reducir en personas con hipertensión leve tanto la presión arterial sistólica como la diastólica que el Captopril pero sin los efectos secundarios de éste.

El segundo apareció en 2017 en European Journal of Nutrition; se trató de un ensayo aleatorizado doble ciego controlado y titulado Impact of phenolic-rich olive leaf extract on blood pressure, plasma lipids and inflammatory markers: a randomised controlled trial (Impacto del extracto de hoja de olivo rico en fenólicos sobre la presión arterial, los lípidos plasmáticos y los marcadores inflamatorios: ensayo controlado aleatorio) según el cual la ingesta de la hoja de olivo es claramente hipotensor y además hipolipemiante.

El ginseng. Hay muchas especies de ginseng aunque cuatro de ellas son las más comunes y usadas terapéuticamente: el coreano, el americano, el japonés y el chino, conocido éste como Panax Ginseng. Pues bien, en 2012 se publicó en Journal of Ethnopharmacology un ensayo aleatorizado doble ciego controlado con placebo titulado Effect of American ginseng (Panax quinquefolius L.) on arterial stiffness in subjects with type-2 diabetes and concomitant hypertension (Efecto del ginseng americano (Panax quinquefolius L.) sobre la rigidez arterial en sujetos con diabetes tipo 2 e hipertensión concomitante) y según el mismo basta ingerir durante 12 semanas tres gramos diarios de ginseng americano para que la presión sistólica disminuya un 11,7% y mejore la rigidez arterial.

Dos años después -en 2104- se publicaría un nuevo ensayo en Journal of the American Society of Hypertension titulado Effect of Rg3-enriched Korean red ginseng (Panax ginseng) on arterial stiffness and blood pressure in healthy individuals: a randomized controlled trial (Efecto del ginseng rojo coreano enriquecido en Rg3 (Panax ginseng) sobre la rigidez arterial y la presión arterial en perdonas sanas: ensayo controlado aleatorio) y según se afirma en él incluso la tensión de personas sanas se reduce significativamente pocas horas después de tomar ginseng enriquecido con ginsenósidos.

El jengibre (Zingiber officinale). Ingrediente culinario común de evidentes propiedades hipotensivas. Según un estudio clínico aparecido en 1984 en Journal of Pharmacobio-Dynamics con el título Pharmacological studies on ginger. I. Pharmacological actions of pungent constitutents (Estudios farmacológicos sobre jengibre. I. Acciones farmacológicas de los componentes picantes) basta ingerir entre 70 y 140 mg por kilo de peso de jengibre para conseguirlo gracias a dos de sus principales ingredientes: el 6-gingerol y el 6-hogoal.

Francisco Sanmartín

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