El sinsentido de las medidas gubernamentales ante la Covid-19

Los gobiernos de casi todo el mundo -incluido el español – han adoptado medidas para afrontar la pandemia que falsamente dicen asola al mundo y se achaca a un coronavirus bautizado como SARS-CoV-2 que no solo no han resuelto el presunto problema sino que han llevado a muchos países a graves problemas económicos -algunos como España están al borde de la quiebra-, a millones de personas y empresarios al paro o a la ruina, a decenas de millones de niños y adolescentes a ver menguada su formación y a mucha gente a padecer situaciones que en algunos casos les hacen pensar en el suicidio. Lo grotesco es que los fríos datos demuestran que los muertos en España son similares a los de años precedentes, que la mayor parte de las medidas adoptadas han sido contraproducentes y que el confinamiento de la población ha sido un gigantesco error.

MEDIDAS

Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad en España había en el momento de llevar este número a imprenta -19 de mayo- 231.606 «contagiados» y 27.709 fallecidos (fuentes no oficiales hablan de más de 40.000) lo que indicaría una tasa de mortalidad del 11,96%, cifra muy alta. El Instituto de Salud Carlos III -órgano oficial dependiente del Ministerio de Sanidad- ha extrapolado sin embargo los datos a toda la población y calcula que el número de «contagiados» sería de 2.300.000. Pues bien, aun admitiendo que el número de fallecidos fuera de casi el doble -unos 50.000- porque contáramos a los que murieron en las residencias -con o sin test- y en sus casas el porcentaje bajaría al 2’1%. Una cifra más creíble que coincide con la ofrecida por el trabajo Likelihood of survival of coronavirus disease 2019 (Probabildad de supervivencia de la enfermedad por coronavirus 2019) publicado en The Lancet Infectious Diseases según el cual la tasa de letalidad entre los afectados oscilaría entre el 2% y el 3%, muy por debajo de lo que se infirió tras los primeros datos obtenidos en China.

El Estudio nacional de sero-epidemiología de la infección por SARS-CoV-2 en España realizado por el Instituto de Salud Carlos III aporta por su parte otro dato: sólo el 5% de quienes se han sometido al test para detectar inmunoglobulinas G (IgG) han dado positivo y serían pues los que tendrían anticuerpos infiriéndose de ello que en algún momento estuvieron infectados por el SARS-CoV-2. Lo cierto sin embargo es que las IgG pueden estar presentes por otras infecciones ajenas al coronavirus que dicen ha causado la Covid-19 por lo que el porcentaje incluso podría ser menor. Es un test no específico -aunque se intente hacer creer así- de menor fiabilidad aún que la PCR y la de esta prueba es escasa porque la propia OMS así lo reconoce en su web contradiciendo a nuestro gobierno.

Es en cualquier caso lo que ha llevado a los «expertos» a inferir que el 95% de los casi 45 millones de españoles no habría entrado en contacto con el coronavirus y por tanto nuestra sociedad estaría lejos de alcanzar la llamada inmunidad de grupo o de rebaño -más bien de esto último- porque eso requiere que al menos tenga anticuerpos el 60% de la población. Y con tal dato -que, insistimos, no es fiable- el Gobierno ha decidido prolongar el estado de alarma y un confinamiento masivo que ni siquiera la OMS ha propuesto.

Lamentablemente no podemos comparar el porcentaje global de letalidad del presunto SARS-CoV-2 con el del virus de la gripe estacional porque se ignora cuántas personas se contagian de gripe cada año a nivel nacional. No hay datos. Sí existen en cambio de la mortalidad entre las personas hospitalizadas y según las cifras del Sistema de Vigilancia de la Gripe el SARS-CoV-2 es menos letal. La tasa de letalidad del virus de la gripe fue del 15’6% en la temporada 2016-2017, del 17’4% en la 2017-2018 y del 17’5% en la 2018-2019 y la del coronavirus de un 11’9% ¡Luego el SARS-CoV-2 sería menos letal que el virus de la gripe!

¿Y las muertes por ambos virus se producen en los mismos segmentos de población? La respuesta es afirmativa. En España el 95% de las víctimas mortales tenía en ambos casos más de 60 años superando la gran mayoría los 80. El número de fallecidos con menos de 50 años es ínfimo. Y otro dato común: el 99% tenía enfermedades previas graves. Y lo mismo pasa en el país europeo que junto al nuestro más casos tiene registrados: Italia. Lo ha constatado un reciente estudio realizado por sus autoridades sanitarias titulado Report sulle caratteristiche dei pazienti deceduti positivi a COVID-19 in Italia.

En pocas palabras: según Euro Momo este año no hay en el mundo más muertes que en años pasados por la gripe. ¡Pero esta vez se han colapsado las UCI!, alegan algunos. Cierto; pero por el terror inoculado a la población por la OMS en colaboración con los grandes medios de comunicación. Y aún así cabe recordar que la saturación de las unidades de cuidados intensivos (UCI) en las temporadas de gripe tiene lugar todos los años llegándose a veces al colapso. De hecho todos los medios se hacen eco de ello año tras año con titulares tan llamativos como La gripe colapsa los hospitales de media España (El Mundo) o Urgencias: entre todos la mataron y ella sola se murió (eldiario.es) y siempre con el mismo objetivo: que la gente se asuste y se vacune. Pasa año tras año en España y en otros muchos países. Nada nuevo por tanto.

UN CONFINAMIENTO INJUSTIFICADO

En suma, el número de casos graves y muertes por el supuesto SARS-CoV-2 entre las personas de menos de 60 años es muy pequeño y claramente inferior al que provoca la gripe estacional. ¿Puede pues explicarnos alguien por qué se ha confinado a los niños y a la población sana trabajadora? En España hay entre los 20 y 60 años -el principal grupo en edad laboral- 26.092.048 personas. Pues bien, hasta el 18 de mayo solo 898 habrían fallecido por el SARS-CoV-2. Y eso representa ¡el 0’003% de los trabajadores! Cifra que bajo ningún concepto justifica su confinamiento.

Es más, según el Gobierno en el momento de cerrar este número -19 de mayo- se habían «confirmado» por PCR 231.606 contagiados -unos 48.000 de ellos sanitarios- y 27.709 fallecidos de los que entre 35 (cifra oficial) y 76 (cifra extraoficial) serían sanitarios. Admitamos esta última cifra ya que es la mayor pero es que aun así eso indica que habría habido entre los sanitarios 76 muertos entre unos 48.000 contagiados -el 0,15%- y entre los no sanitarios 27.633 fallecidos de 183.600 contagiados (15,05%). Es decir, 100 veces más muertos entre los no sanitarios que entre los sanitarios. La «explicación» oficial es que el 97% de los fallecimientos se produjo entre mayores de 65 años pero si es así ¿por qué se ha confinado a los menores de esa edad, especialmente a los niños?

En definitiva, no ha habido una sola justificación médica o sanitaria para que se haya confinado a la mayor parte de la población. E insistimos en que ni siquiera la OMS propuso tal cosa; se limitó a decir que se vigilara de cerca a las personas de más edad con patologías previas. Y eso indica que las decisiones de confinar a la población tomadas por gobiernos de todo el mundo no han tenido nunca una justificación sanitaria y obedece a razones de otro tipo por lo que más vale que averigüemos por qué se he hecho y quién ha orquestado la actual pantomima.

Es más, es el terror creado el que ha hecho que muchas personas murieran en los hospitales ante el colapso, la falta de camas, la no disponibilidad de espacio en las UCI, la falta de equipos e instrumental y la inexistencia de tratamientos adecuados. De hecho a muchas personas ancianas se las sedó en ellos directamente para que murieran sin sufrir alegando «falta de medios» en una decisión que puede y debe calificarse de criminal. Además otras muchas murieron en las residencias de mayores porque se les impidió ingresar en los hospitales y no recibieron atención sanitaria en ellas. Eso es lo que realmente ha marcado la diferencia entre esta crisis y las que producen las gripes estacionales.

El presidente de la Federación Empresarial de la Dependencia (la patronal de las empresas de residencias de ancianos en España) Ignacio Fernández Cid declararía en Es la tarde de Dieter -programa radiofónico de esRadio- lo siguiente: “Los medicamentos que han estado funcionando, que han ido cambiando según los médicos sabían más del virus, no nos los han enviado y por eso la mortandad ha crecido mucho. No nos daban la medicación correcta, esos medicamentos no nos los han enviado pero sí morfina para sedación”.

El estudio de sero-epidemiología del Instituto de Salud Carlos III antes mencionado desvela además otro dato que nuestras incompetentes autoridades han decidido ignorar: el porcentaje de infectados entre las personas que estuvieron bajo cuarentena (6’3%) ha sido mayor que el de quienes fueron a trabajar (5’3%).

En suma, el confinamiento no ha tenido nunca justificación. De hecho los países europeos con más muertes achacadas a la pandemia respecto a su población son San Marino, España, Italia, Reino Unido, Francia y Bélgica, precisamente los que impusieron las medidas más restrictivas aunque en ninguno de ellos tan severas como en el nuestro. Muchos más «contagiados» y «muertos por» que otros como Alemania, Suecia, Japón o Corea del Sur que prefirieron apoyarse en el distanciamiento social; de hecho la OMS alabó a Suecia poniéndola como modelo ejemplar de lo que había que hacer.

Pero sigamos con los fríos datos del Instituto de Salud Carlos III y del Instituto Nacional de Estadística (INE). Hemos buscado el número de muertos que ha habido en España por todas las causas en los últimos años y en qué meses se produjeron y resulta que en abril de este año han sido 50.181 los fallecidos cuando en enero de 2017 -durante la época de gripe estacional- murieron 49.370. Además en enero de 2005 la cifra fue de 48.801 y en enero de 2018 de 47.911. Otros años ha habido pues cifras similares ¡y a nadie se le ocurrió provocar un estado de terror social!

Y si lo que se compara es la mortalidad anual resulta que entre el 1 mayo de 2017 y el 30 de abril de 2018 murieron por ejemplo 431.127 personas y entre el 1 de mayo de 2019 y el 30 de abril de 2020 fallecieron 424.562. Es decir, el último año ha habido 6.565 muertes menos por todas las causas a pesar de que oficialmente se asegura que hemos vivido en los cuatro primeros meses de este año una mortandad como jamás se había visto

Otra de las farsas de esta pandemia -que ya denunció nuestra revista el pasado mes- es que las autoridades y los medios de comunicación hablen de «infectados» o «contagiados» para referirse a quienes han dado «positivo» a test de escasa o nula fiabilidad. Como igualmente lo es hablar de muertos «por» en lugar de muertos «con«. No pueden achacarse al SARS-CoV-2 todas las muertes de quienes dieron positivo a un test, ni siquiera en el caso de que fueran fiables.

El Dr. Sucharit Bhakdi, Director del Instituto de Microbiología Médica de Alemania, envió de hecho el pasado 26 de marzo una carta a la Canciller alemana Ángela Merkel recordándoselo: “Se comete el error en todo el mundo de informar sobre muertes relacionadas con el virus tan pronto como se establece que el virus estaba presente en el momento de la muerte, independientemente de otros factores. Esto viola un principio básico en Infectología: solo cuando es seguro que un agente ha desempeñado un papel importante en la enfermedad o la muerte se puede hacer un diagnóstico”.

Y NO ES TAN FÁCIL «CONTAGIARSE» 

Las medidas adoptadas para evitar el contagio no están tampoco justificadas médica y sanitariamente. Una de ellas es el uso de mascarillas por parte de la población en general que ahora pretende imponer el Gobierno obligando a llevarlas no solo en los transportes masivos -como el metro, los autobuses, los trenes, los aviones y otros- sino en todo lugar público cerrado y hasta en la calle si no puede respetarse la distancia de dos metros con otros viandantes. Una decisión manifiestamente caprichosa e injustificada porque ni la OMS sugiere tal cosa ya que solo recomienda que se las pongan -sanitarios o personas de riesgo aparte- quienes tengan síntomas respiratorios o estén cuidando a alguien que los tenga.

De hecho el trabajo Report of the WHO-China Joint Mission on Coronavirus Disease 2019 (Informe de la misión conjunta OMS-China sobre la enfermedad por coronavirus de 2019) no cree que la propagación aérea del supuesto virus sea importante según las evidencias disponibles.

El propio Gobierno británico dice en la web dedicada a asuntos de salud pública que para que una persona infectada con un coronavirus pueda contagiar a alguien debe haber contacto cercano y sostenido. Y lo especifica: “Eso significa pasar más de 15 minutos a menos de dos metros de una persona infectada”. Algo que corroboraría el profesor del Departamento de Imunobiología y Microbiología de la Universidad de Copenhague Allan Randrup Thomsen: “La Junta Nacional de Salud de Dinamarca considera un contacto relevante estar a menos de dos metros de una persona infectada durante 15 minutos”.

¿Y qué decir del contagio tocando pomos, manijas, puertas, muebles, teclados de ordenador y oros objetos? Pues que las evidencias de que eso pueda ser así son en realidad ¡inexistentes! por lo que el uso de guantes no solo es absurdo sino incluso contraproducente. No se tiene constancia de que algún investigador haya logrado replicar en el laboratorio un virus procedente de una superficie contaminada.

Así lo asevera por ejemplo el virólogo Hendrik Streeck -director del Instituto de Virología en el Hospital Universitario de Bonn (Alemania)- que ha estudiado a fondo dónde y cómo comenzó el contagio en su país concluyendo que tras concentraciones masivas -como acaece en los partidos de fútbol o las manifestaciones- los casos sí aumentan añadiendo luego: “No hay transmisiones comprobadas al comprar, en la peluquería o procedentes de algún supermercado, carnicería o restaurante. No hay riesgo de infectar a otra persona mientras se compra. Los contagios son fruto de una relación cercana durante mucho tiempo”. Los virus encontrados por Streeck en picaportes de puertas, fregaderos, objetos, móviles y superficies en los hogares de personas infectadas estaban desactivados o solo fueron viables por un tiempo muy corto.

¿Y qué pasa con el caso de los niños y adolescentes? ¿Se justifica haberlos sacado de las guarderías, escuelas, institutos o universidades? ¿Y qué sentido ha tenido cerrar parques, prohibir hacer ejercicio en lugares públicos no saturados, campos, bosques o montes que permitan oxigenar los organismos? ¿Por qué se ha impedido tomar el sol en la playa, pasear por ella o bañarse en el mar? ¿Qué sentido tiene impedir hacer “jogging” o montar en bicicleta? ¿Por qué se prohibió ir en coche a personas que viven juntas y respiran el mismo aire en casa? ¿Qué sentido ha tenido confinar a tanta gente que vive en pisos interiores sin luz y aire fresco puro porque sus ventanas dan a patios interiores? ¿Por qué se ha promovido con la cuarentena el aburrimiento y el consiguiente uso y abuso de radiaciones nocivas al dedicarse millones de personas a utilizar móviles, tablets, wifis, bluetooth, teléfonos inalámbricos, televisores, etc.?

El New England Journal of Medicine ha hecho público un estudio realizado en Islandia entre el 15 de marzo y el 4 de abril titulado Extensión del SARS-CoV-2 entre la población islandesa y su conclusión es que los menores de 10 años tienen menos posibilidades de infectarse que los adultos y, por tanto, de contagiar a otras personas. En el trabajo publicado en The Lancet a primeros de abril pasado con el título Prácticas de cierre y gestión escolar durante brotes de coronavirus, incluido el de la Covid-19: una revisión sistemática rápida se concluye que no existe evidencia alguna que respalde el cierre de los centros educativos añadiendo que los supuestos beneficios para la salud pública no justifican los costes sociales y económicos para los niños y sus familias. Según el trabajo Los niños no son súper-contagiadores de Covid-19 -publicado en British Medical Journal– los menores apenas propagan el virus y de ahí que propusieran reabrirlos de inmediato. Terminamos este apartado indicando que según un artículo aparecido también en abril pero en Clinical Infectious Diseases un niño infectado por Covid-19 levemente sintomático no infectó a ninguno de los 172 niños y profesores con los que estuvo en contacto en tres colegios diferentes del sudeste francés.

En fin, las medidas adoptadas están arruinando a millones de personas y haciendo un daño colateral enorme que no solo afecta a la economía. Como dijo hace unos días el doctor Jeffrey Barke, miembro de la Academia Americana de Médicos de Familia y profesor clínico de la Universidad de California (EEUU), “a medida que aumenta el desempleo por la situación de confinamiento vemos aumentar también los suicidios, la violencia doméstica, el abuso infantil y el consumo abusivo de alcohol y drogas. Y todo porque el Gobierno ha excedido sus límites. Al final veremos que las medidas adoptadas serán peores que el virus mismo. El desempleo alcanza ya cifras inimaginables, cada vez más personas se vuelven dependientes del estado y eso siempre lleva a gobiernos más grandes y tiránicos”.

En definitiva, el Gobierno español -y otros muchos- lleva meses contando mentiras o medias verdades y con su manifiesta incompetencia y el silencio cómplice de toda la oposición ha llevado a España a la quiebra. Eso sin contar con los trapicheos y medidas arbitrarias e ilegales que ha tomado sobre las que dudamos respondan alguna vez sus miembros ante los tribunales.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
DSalud 238
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