La importancia de un mineral como antivírico

El zinc es imprescindible para la vida ya que interviene en más de 300 reacciones enzimáticas, participa en la estructuración del ADN y el ARN, interviene en la creación de glóbulos blancos y rojos, reduce los efectos dañinos que provocan los radicales libres, estimula el timo, activa los linfocitos T y favorece el desarrollo de los B, estimula las funciones de los neutrófilos y las células natural killers, mejora la fagocitosis y es vital en la producción de anticuerpos, especialmente de las inmunoglobulinas G. Y eso explica que se haya constatado su eficacia ante 40 tipos distintos de virus, incluidos los de la gripe, el catarro y el herpes. Todo indica pues que debería ser igualmente eficaz ante cualquier otro virus patógeno.

La ingesta suplementaria de zinc se ha demostrado eficaz en tantas patologías que recuerda a la de la vitamina C y de ahí que la ingesta conjunta de ambas moléculas sea casi imprescindible ante cualquier problema de salud. De hecho está avalado por numerosos trabajos científicos que el zinc es eficaz en casos de alzheimer, demencia senil, síndrome de déficit de atención, anorexia nerviosa, cistitis, colitis ulcerativa, enfermedad de Crohn, lupus, psoriasis, diabetes, degeneración macular, cataratas, impotencia, hiperplasia prostática benigna, problemas hipofisiarios y tiroideos, osteoporosis y disfunciones ginecológicas, hepáticas y renales.

De todo ello ya se habló en su día en la revista pero es oportuno recordarlo ahora dada la actual situación que vive el mundo con la Covid-19. De hecho los investigadores de la Universidad Tecnológica de Michigan (EEUU) M. O. Shittu y O. I. Afolami acaban de publicar un trabajo en Le Infezioni in Medicina titulado Mejorar la eficacia de la cloroquina y la hidroxicloroquina contra el SARS-CoV-2 puede requerir aditivos de zinc: una mejor sinergia para futuros ensayos clínicos de COVID-19 según el cual aunque «aún no se conoce un agente farmacéutico efectivo contra el virus SARS-CoV-2″ la ingesta de zinc ayuda a la cloroquina a introducirse en el interior de las células permitiendo ello inhibir la enzima replicasa y, por ende, la replicación del ARN viral en el interior del citoplasma celular. Veamos pues algunos de los trabajos que hablan de la importancia de ingerir zinc ante cualquier infección vírica.

En 2003 el doctor Ananda S. Prasad -entonces en la Wayne State University School of Medicine (EEUU)- publicó en el British Medical Journal un trabajo titulado Zinc deficiency (Déficit de zinc) en el que recuerda que hasta 1961 nadie pensaba que un humano pudiera tener carencia de zinc y eso dar problemas de salud siendo a partir de entonces cuando el asunto decidió investigarse. Gracias a ello se descubriría que en el mundo subdesarrollado muchos casos de diarrea infantil se deben a déficit de zinc (se achacan a su carencia unas 800.000 muertes anuales) siendo asimismo causa de crecimiento anómalo en niños, discapacidad cognitiva y baja resistencia a las infecciones.

Un año después C. F. Walker y R. E. Black -de la Johns Hopkins University (EEUU)- publicarían en Annual Review of Nutrition el trabajo Zinc and the Risk for Infectious Disease (El zinc y el riesgo de enfermedades infecciosas) en el que se revisaron ensayos clínicos realizados anteriormente que demuestran que la suplementación con zinc logra reducir un 18% las diarreas y un 41% las pulmonías habiendo indicios de una menor incidencia de malaria. Y en dos de ellos se afirmaba que su suplementación disminuye un 50% la mortandad infantil en los países subdesarrollados.

Ese mismo año -2004- los doctores Pamela J. Fraker y L. E. King -de la misma universidad que los anteriores- publicarían en la misma revista una revisión sobre el papel del zinc en la inmunidad según el cual su carencia hace disminuir el número de células inmunitarias B y T (mueren por apoptosis) aumentando el de glucocorticoides. Además se reduce la linfopoyesis y se atrofia el timo si bien se conserva la mielopoyesis en la médula ósea aunque con cambios en la expresión genética de la producción de citoquinas. En pocas palabras, hay clara pérdida de la respuesta inmune.

Un grupo de la Universidad de Florida (EEUU) dirigido por T. B. Aydemir realizaría por su parte un singular ensayo con un grupo de voluntarios jóvenes que tomaron durante 10 días un suplemento de 15 miligramos diarios de zinc a los que se analizaron las variables sanguíneas antes y después. Pues bien, las analíticas demostraron que el zinc activó los leucocitos produciendo un aumento en la expresión de los genes productores de citoquinas. El trabajo se publicó en 2006 en Proceedings of the National Academy of Sciences USA constatando que basta una pequeña cantidad de zinc para activar la inmunidad.

En 1984 se publicó un ensayo clínico aleatorizado puntero efectuado por el farmacéutico G. A. Ebyy que apareció en Antimicrobial Agents and Chemotherapy con el título Reduction in Duration of Common Colds by Zinc Gluconate Lozenges in a Double-Blind Study (Reducción de la duración del resfriado común por tabletas de gluconato de zinc según un ensayo a doble ciego) cuyo título es por sí mismo suficientemente explícito para requerir comentario alguno. Una conclusión que sería posteriormente refrendada por más de una decena de ensayos clínicos nuevos.

En 2017 aparecería un trabajo hecho por Harri Hemilä –de la Universidad de Helsinki (Finlandia)- que se publicó en Journal of the Royal Society of Medicine Open con el título Zinc lozenges and the common cold: a meta-analysis comparing zinc acetate and zinc gluconate, and the role of zinc dosage (Tabletas de zinc y resfriado común: metaanálisis comparando acetato y gluconato de zinc y la importancia de la dosis). Se trata de un metaanálisis que evaluó mediante métodos estadísticos avanzados todos los ensayos clínicos publicados hasta finales de 2016 y entre sus conclusiones destaca una: tomar más de 75 miligramos diarios de zinc de cualquiera de ellos reduce de media la duración de un resfriado un 33%. A partir de esa dosis la eficacia no parece aumentar y de ahí que el trabajo sugiera una ingesta diaria de 80 mg (sal de zinc pura porque la inclusión de otros ácidos o aceites puede inhibir la acción iónica). Además la disolución de las tabletas en la boca debe ser muy lenta para que el zinc actúe sobre la totalidad de los epitelios del tracto respiratorio alto antes de ir al tracto digestivo.

EL ZINC ES CRUCIAL SOBRE TODO PARA LOS MAYORES

Hace una década se descubrió que en todos los mamíferos -humanos incluidos- existe una proteína de zinc que destruye los virus ARN patógenos ajenos a la que se denominó Zinc Antiviral Protein (ZAP). Cuando un virus penetra en el interior de la célula para liberar su ARN y replicarse esa proteína lo detecta y activa el endosoma para destruirlo. Y hoy sabemos que muchas personas de edad tienen dificultad metabólica para extraer el zinc de los alimentos y que según estudios nutricionales el 12% de los norteamericanos tienen déficit de zinc, porcentaje que sube hasta el 40% entre los mayores de 65.

Pues bien, un equipo de la Universidad de Leiden (Holanda) dirigido por Aartjan J. W. te Velthuis determinó en su día que la entrada de zinc en las células puede bloquearla la ARN polimerasa que los coronavirus necesitan para duplicarse. Lo explicaron detalladamente en 2010 en PLoS Pathogens.

Y hace solo unos meses -a finales de 2019- un grupo de investigadores de la Universidad de Sídney (Australia) coordinado por el doctor Scott A. Read publicó por su parte en Advances in Nutrition un trabajo titulado The Role of Zinc Antiviral Immunity (El papel de zinc en la inmunidad antiviral) según el cual el zinc estimula claramente el sistema inmunitario y el piritionato de zinc concretamente -complejo organosulfurado de zinc- inhibe la replicación del ARN viral.

Se trata de trabajos recientes que corroboran otros anteriores no menos interesantes. Como el realizado por un equipo de la Universidad de Lübeck (Alemania) encabezado por la doctora Irem Cakman que trató con zinc a 16 personas de más de 72 años con distintas infecciones y se incrementó en todos la producción de interferón-alfa llegando a producir tanta como un grupo de 16 jóvenes de 28 años de media. El trabajo apareció en 1997 en Journal of Interferon Cytokine Research.

Años después un grupo del International Centre for Diarrhoeal Disease Research de Bangladés (India) encabezado por W. A. Brooks realizó un ensayo clínico aleatorizado en el Hospital Matlab con 270 niños de entre 2 y 23 meses que sufrían neumonía severa a los que se trató con antibióticos pero dando a una parte además 20 miligramos diarios de zinc. Pues bien, según detallarían en el trabajo que publicaron en 2004 en The Lancet los tratados con zinc redujeron su estancia hospitalaria en un día y mejoraron significativamente su función respiratoria reduciendo también la necesidad de antibióticos.

Tres años después el ya citado Ananda S. Prasad -de la Universidad de Michigan (EEUU)- realizó un ensayo clínico aleatorizado con 50 personas de entre 55 y 87 años a la mitad de las cuales se les dio 45 miligramos diarios de gluconato de zinc durante 12 meses comprobando que se reducía la producción de citoquinas pro-inflamatorias como el TNF-alfa así como el estrés oxidativo y sufrían menos eventos infecciosos que los que tomaron un placebo. Detallaron la experiencia en 2007 en American Journal of Clinical Nutrition.

Ese mismo año -2007- un numeroso grupo de la Tufts University de Boston (EEUU) encabezado por la doctora Simin N. Meydani publicó en American Journal of Clinical Nutrition un artículo titulado Serum Zinc and Pneumonia in Nursing Home Elderly (Zinc en el suero y neumonía en las residencias geriátricas). Se trató de un ensayo clínico aleatorizado en el que participaron 420 personas  mayores de distintas residencias a las que durante un año se suministró a una parte complementos vitamínicos que incluían zinc y a las demás un placebo y las conclusiones fueron claras: la suplementación con zinc redujo la incidencia de neumonía.

Tres años más tarde -en 2010- un equipo de la Harvard School of Public Health coordinado por la doctora Junaidah B. Barnett publicaría en Nutrition Reviews un trabajo con el explícito título de Low Zinc Status: A New Risk Factor for Pneumonia in the Elderly? (¿Tener bajo el nivel de zinc es un nuevo factor de riesgo para que los mayores contraigan pulmonía?). El estudio revisó todos los trabajos publicados sobre el déficit de zinc en las personas mayores y concluye que ello les lleva a padecer una deficiencia inmunológica y a un aumento en la incidencia y duración de las neumonías.

Ese mismo año un grupo de la Florida International University encabezado por la doctora Marianna K. Baum efectuó un estudio clínico aleatorizado en el que se administró diariamente durante 18 meses 15 miligramos diarios de zinc a 231 adultos de ambos sexos que dieron positivo a los test del HIV y si bien no se redujo la mortandad disminuyó la bajada de linfocitos CD4 y los episodios de diarreas. El trabajo se publicó en Clinical Infectious Diseases.

Terminamos dando cuenta del trabajo de un grupo del Translational Health Science and Technology Institute de la India encabezado por N. Kaushik que se publicó en 2017 en Journal of Virology. Se trató de una serie de ensayos in vitro que demostró la actividad inhibidora de las sales de zinc sobre la ARN polimerasa del virus de la hepatitis E. De ahí que propongan que las embarazadas ingieran zinc en caso de padecerse esta infección viral ya que causa una mortandad del 30% entre ellas.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES 

Los referenciados son solo algunos de los numerosos ensayos clínicos que demuestran que el zinc tiene actividad antivírica siendo muchos más los ensayos in vitro y murinos que así lo apoyan. Hablamos de un mineral que puede utilizarse pues tanto para prevenir el contagio de virus patógenos ajenos como para combatirlos una vez se está infectado. Y es importante saber que  hoy día la dieta occidental habitual es a menudo deficitaria en zinc, especialmente entre los veganos y vegetarianos estrictos.

Cabe agregar que los alimentos más ricos en zinc son las ostras (entre 25 y 50 miligramos cada 100 gramos) seguidas de los mariscos (10-15 miligramos) y las carnes y pescados (10 miligramos). Los vegetales tienen contenidos menores y además el zinc se encuentra bajo la forma de fitatos por lo que su absorción intestinal es menor si bien algunas setas pueden superar los 10 miligramos destacando las trompetas de la muerte deshidratadas que pueden aproximarse a los valores de las ostras.

La otra opción es la ingesta suplementaria de zinc en forma de gluconatos, citratos o acetatos a dosis de 80 a 100 miligramos diarios pero dejándolas disolver lentamente en la boca para que entre en las mucosas y epitelios del sistema buconasal que es por donde suelen acceder al organismo los virus del exterior. No conviene ingerir más de esa cantidad para no afectar a su equilibrio con el cobre, mineral igualmente importante para la salud del que que se habló extensamente en el nº 167 de la revista.

Paula M. Mirre

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DSalud 238
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