¿Se justifica ingerir cetonas en lugar de seguir una dieta cetogénica?

Richard Veech, experto en Bioquímica y Biología Molecular de fama internacional considerado el «padre de la Metabolómica», falleció en Estados Unidos el pasado 2 de febrero a los 84 años. Defensor de la importancia para la salud de la cetogénesis -estado que se obtiene mediante el ayuno o siguiendo temporalmente una dieta libre de azúcares- se interesaría posteriormente por averiguar si puede conseguirse eso mismo ingiriendo ésteres de cetona y así terminaría creyéndolo y postulándolo hasta el punto de considerar el resultado de su investigación un auténtico hito en la historia de la Medicina.

CETOSIS

Richard Veech trabajó en su juventud con Hans Adolf Krebs, prestigioso bioquímico alemán que logró describir el ciclo metabólico completo del ácido cítrico por el que nuestro cuerpo genera la mayor parte de la energía necesaria para vivir: las moléculas de Adenosín Trifosfato (ATP por sus siglas en inglés). Descubrimiento tan importante que fue galardonado por ello con el Premio Nobel de Medicina y hoy los científicos de todo el mundo lo denominan en su honor Ciclo de Krebs. Hablamos de una ruta metabólica -es decir, una sucesión de reacciones químicas- que forma parte de la respiración de las células aerobias y libera energía oxidando el acetil-CoA derivado de carbohidratos, lípidos y proteínas, proceso por el cual se producen dióxido de carbono y moléculas de ATP (en las célula eucariotas el ciclo se realiza en la matriz mitocondrial).

En cuanto a Veech conseguiría pronto su propio lugar en la historia al descubrir las propiedades de una cetona denominada beta-hidroxibutirato que produce naturalmente el hígado al metabolizar las grasas para obtener ATP cuando se carece de glucosa por ayunar o seguir una dieta restrictiva en azúcares. Llegó de hecho a decir de ella que era «una molécula clave en la evolución humana» ya que fue la que nos permitió sobrevivir en los períodos de escasez de alimentos a lo largo de la historia.

Ya explicamos en su día que el organismo produce moléculas de ATP a partir de la glucosa que obtiene de la oxidación del azúcar blanco y los carbohidratos simples presentes en los alimentos pero que también puede conseguirla de la combustión de las grasas, proceso conocido como cetogénesis durante el cual las mitocondrias celulares del hígado -y en menor proporción las del riñón- generan «cuerpos cetónicos».

Se calcula que entre un 30% y un 40% de la energía consumida tras un simple ayuno de tres días ya procede de ellos. Además aunque hasta hace unas décadas se pensaba que el cerebro se alimentaba solo de glucosa hoy sabemos gracias al norteamericano George Cahill -fallecido en 2012- que también puede usar los cuerpos cetónicos.

En suma, cuando la ingesta de carbohidratos es muy baja o nula el cuerpo entra en cetosis para poder obtener energía de las grasas -ingeridas o acumuladas en el tejido adiposo-, proceso que exige un cambio metabólico que suele tardar entre 24 y 48 horas y es fácil de comprobar porque aparecen sus metabolitos en la orina (basta mojar con ella una tiras que pueden obtenerse en cualquier farmacia para saberlo). Hace apenas unas décadas se consideraba un estado patógeno cuando en realidad es un proceso natural que el organismo pone en marcha en épocas de hambruna y al que ya recurre cuando somos bebés y solo ingerimos leche materna.

El único problema que podría tener estar en ese estado cierto tiempo es padecer algún problema metabólico grave -muy inusual- que impida a la persona filtrar la sangre y expulsar los cuerpos cetónicos porque al ser éstos ácidos puede llevar al organismo a una situación de acidosis (médicamente cetoacidosis). Su aparición no tiene pues nada que ver con la insulina como sugieren algunas personas.

El caso es que Richard Veech empezó propugnando recuperar la salud en caso de estar enfermo bien ayunando, bien siguiendo una dieta cetogénica (libre de azúcares y carbohidratos refinados) afirmando que estar voluntariamente en cetosis (cetogénesis) durante largos períodos de tiempo no supone riesgo alguno: “La cetosis es un estado fisiológico normal; yo diría que es el estado normal del hombre. Lo que no es normal es tener un McDonald’s o una tienda de delicatessen en cada esquina. Lo normal es pasar hambre”.

¿Y qué son los cuerpos cetónicos? Pues hablamos de dos compuestos químicos: el ácido betahidroxibutírico (beta-hidroxibutirato en su forma ionizada) y el ácido acetoacético o acetoacetato siendo de éste último como por descarboxilación no enzimática aparece una cetona antiinflamatoria y antioxidante: la acetona. Pues bien, Richard Veech consideró el beta-hidroxibutirato un compuesto químico tan potente que a su juicio protege incluso de las radiaciones ionizantes. 

UTILIDAD EN CUALQUIER PATOLOGÍA

La forma más rápida de entrar en cetosis es no comer nada durante uno o dos días o ingerir solo proteínas y grasas saludables. Por eso el ayuno lo contemplaron todas las civilizaciones antiguas como método de recuperar la salud al enfermar. Los médicos, sin embargo, no empezaron a estudiar por qué funciona hasta el siglo XX siendo en 1921 cuando R. T. Woodyatt descubrió que tanto al ayunar como al consumir una dieta con un alto contenido en grasas y una proporción muy baja de carbohidratos aparecen en la orina acetonas y beta-hidroxibutiratos. Y poco después un médico de la Clínica Mayo, R. M. Wilder, propondría seguir una dieta que permitiese entrar en cetosis sin ayunar llamándola por ello «dieta cetogénica». La probó en personas con epilepsia ya que se había demostrado poco antes que ayunar disminuía sus convulsiones y vio que funcionaba igual.

Muy poco después -en 1925- su compañero y colega M. G. Peterman calcularía el contenido más adecuado de una dieta cetogénica postulando que debería contener diariamente 1 gramo de proteína por kilo de peso, entre 10 y 15 gramos de carbohidratos y el resto grasas saludables. Dieta que durante unos años sería utilizada con eficacia en la epilepsia pero terminaría abandonándose ante la aparición de fármacos presuntamente «mejores».

Hubo que esperar hasta principios de la década de los setenta para que alguien volviera a replantearse sus posibilidades terapéuticas y ese seria el doctor Robert Atkins quien publicaría un libro titulado La revolución dietética del Dr. Atkins que años después modificaría -en 1992- titulándolo La nueva revolución dietética del Dr. Atkins tras revisar las cantidades de grasas y proteínas permitidas en el primero. Obra que apareció pues dos años después de que en 1990 el productor de películas Jim Abrahams afirmara que su hijo Charlie, que sufría cientos de convulsiones a diario y era refractario ya a múltiples fármacos, se había curado siguiendo una dieta cetogénica.

En 2004 Richard Veech publicaría en Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids un artículo titulado Implicaciones terapéuticas de los cuerpos cetónicos y sus efectos en condiciones patológicas: cetosis, dieta cetogénica, estados redox, resistencia a la insulina y metabolismo mitocondrial en el que diría lo siguiente: “Los efectos de las cetonas en el organismo sugieren que una leve cetosis puede ofrecer potencial terapéutico en gran variedad de enfermedades comunes y otros estados. Esta deducción es consecuencia directa de los efectos metabólicos de la cetosis (…) Las grandes categorías de enfermedades para las que las cetonas pueden tener efectos terapéuticos son la resistencia a la insulina, las causadas por los radicales libres y las derivadas de la hipoxia”.

Posteriormente se propondrían distintos niveles «ideales» de cetonas en sangre según las patologías y su gravedad creándose variaciones con diferentes porcentajes de carbohidratos, proteínas y grasas que dependen de si uno hace vida normal o es deportista, culturista o atleta profesional. Algo absolutamente innecesario que solo pretende dar una apariencia más «científica» a la propuesta y convencer a la sociedad de que necesita un experto que valore «su caso». Y es que dar consejos generales válidos para todo el mundo no lleva a la gente a la consulta.

ÉSTERES DE CETONA

Ahora bien, ¿los resultados que se obtienen con una dieta cetogénica se deben solo a los cuerpos cetónicos? ¿Es su presencia lo que ayuda al organismo a recuperarse? Richard Veech decidió averiguarlo ayudado por la profesora Kieran Clark -directora del Grupo de Investigación del Metabolismo Cardíaco de la Universidad de Oxford- y para ello desarrollaron un suplemento oral basado en ésteres de cetona entendiendo que era eficaz lo que les animó a ponerse en contacto con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Defensa (DARPA por sus siglas en inglés), rama de investigación del ejército estadounidense que había anunciado la aportación de 10 millones de dólares a quien presentara el alimento más eficiente que pudieran llevar los soldados en el campo de batalla. Y el argumento que les hizo ganar fue que su producto había logrado que los corazones de los ratones con los que experimentaron bombearan un 25% más fuerte usando menos oxígeno mejorando además su función cognitiva al llevarlos al agotamiento físico.

Su trabajo sobre el desarrollo de ésteres de cetona lo darían a conocer en 2012 en Regulatory Toxicology and Pharmacology con el título Kinetics, safety and tolerability of (R)-3-hydroxybutyl (R)-3-hydroxybutyrate in healthy adult subjects (Cinética, seguridad y tolerabilidad del (R)-3-hidroxibutilo (R)-3-hidroxibutirato en adultos sanos) y en él se termina diciendo: “El monoéster de cetona puede usarse para mejorar la función cognitiva y el rendimiento físico, especialmente en los atletas que realizan ejercicios extenuantes”.

Cuatro años después -en julio de 2016- Veech publicaría en Cell Metabolism junto a Kieran Clarke y otros investigadores el trabajo Nutritional Ketosis Alters Fuel Preference and Thereby Endurance Performance in Athletes (La cetosis nutricional altera la preferencia de combustible y, por tanto, el rendimiento de resistencia en los atletas). En él se asevera que tras dar a 39 atletas de alto rendimiento ésteres de cetona su resistencia física aumentó: “La cetosis disminuye la glucólisis muscular y las concentraciones de lactato en plasma al tiempo que proporciona un sustrato alternativo para la fosforilación oxidativa. La cetosis aumentó la oxidación intramuscular de triacilglicerol durante el ejercicio, incluso en presencia de glucógeno muscular normal y de haber ingerido carbohidratos teniendo la insulina elevada». Y tras los primeros resultados decidió comercializar suplementos de ésteres de cetona.

Ahora bien, ¿indica lo constatado que ingerir éstos permite mejorar también las enfermedades crónicas como ciertamente logra una dieta cetogénica? Son muchos quienes lo dudan y además critican el alto coste de los productos de Veech que ha llegado a definirlos como «el descubrimiento más importante desde la penicilina«.

Evidentemente exageraba y mucho. Una dieta cetogénica no es eficaz solo porque produzca cuerpos cetónicos; lo es sobre todo porque elimina los azúcares y carbohidratos refinados equilibrando el pH interior al eliminar la grasa acumulada y el exceso de colesterol y, paralelamente, desacidificar, desintoxicar, desinflamar y oxigenar el organismo. Y eso no se consigue ingiriendo simplemente ésteres de cetona. Como ya se ha explicado en la revista en números anteriores hay suficiente evidencia de que una dieta cetogénica es eficaz en la mayor parte de las llamadas enfermedades, cáncer incluido. Y como no es cierto que seguir una dieta cetogénica exija cuantificar cantidades exactas de los carbohidratos, proteínas y grasas permitidas para que haya cantidades específicas de cetonas en sangre en función de parámetros inventados por razones cientificistas -que no científicas, nutritivas, biológicas o médicas- es muy fácil de seguir.

Queda agregar que la acusación de que con ella se ingieren demasiadas proteínas o grasas y es por ello insana es completamente falsa. Eso depende solo del sentido común de quien la sigue. Lo mismo que es falsa la aseveración de que es difícil de seguir por personas vegetarianas o veganas que, por otra parte, raramente la necesitan porque suelen estar sanas. Y, por supuesto, no se pasa hambre en absoluto porque salvo azúcares, carbohidratos refinados y bebidas alcohólicas se puede ingerir casi de todo: carnes, pescados, mariscos, huevos, quesos, embutidos, jamón -york e ibérico, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, setas, algas, aceites, yogures… Hasta un poco de fruta -no en zumo- entera en ayunas. ¿Cómo va a ser pues difícil seguir una dieta cetogénica?

 

Elena Santos

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