Lamentable control y explotación de los médicos

La inmensa mayoría de las personas cree que los médicos –que están entre los profesionales mejor valorados por los españoles- están bien pagados y gozan de numerosos privilegios. Craso error. La mayor parte malvive con sueldos irrisorios para su categoría profesional, están sometidos a férrea vigilancia por sus propios colegios y el Ministerio de Sanidad, y se encuentran tan condicionados que no pueden ejercer con libertad su profesión.

Imagínese por un momento la siguiente situación: un día usted nota que a su coche le fallan los frenos. El vehículo ya no es lo que era y corre el riesgo de que le deje tirado en cualquier esquina o, lo que es peor, que el estado de los frenos sea la causa de un fatal accidente. Así que decide llevarlo al taller pero antes de ir, prudentemente, pregunta sobre los mecánicos que van a arreglarlo. Le cuentan entonces que son profesionales bien preparados pero que están mal pagados por sus jefes y que, como consecuencia, trabajan más de doce horas diarias lo que se traduce inevitablemente en fatiga y estrés laboral. Y que, además, como les pagan por coche arreglado han decidido intentar resolver sus problemas económicos solucionando las averías lo más rápido posible. Por último, usted se entera de que sólo les permiten utilizar determinadas piezas aunque los mecánicos piensen que podría haber otras más seguras y baratas. La pregunta es simple: ¿dejaría usted su coche y sus frenos en manos de ese taller y esos mecánicos?

Afortunadamente, no parece que esta sea una situación que se dé en el mundo del automóvil. Sin embargo, su problema, querido lector, es mucho peor porque esta es la realidad que vive hoy en día la gran mayoría de nuestros médicos, profesionales a los que acudimos a diario a confiarles nuestra salud y nuestra vida. Y es que la profesión de médico está considerada de alto riesgo pues sus profesionales están entre los que mayor índice de infartos sufren, víctimas de un estrés psicofísico y laboral que vamos a tratar de explicarles, especialmente porque es difícil pensar que todo ello no termina por afectarnos a nosotros, sus pacientes.

El paciente, quien no lo es pero lo será y, sobre todo, quien desde su ímpetu juvenil sueña con hacerse médico para ayudar a los demás deben de saber cómo, más allá de la vocación, se controla a los médicos -al menos, en nuestro país- directa e indirectamente. A fin de cuentas, el sistema sanitario español, con sus ventajas (algunas de ellas discutibles) y no pocos inconvenientes pivota con toda su complejidad sobre la figura del médico, profesional de vocación probada dispuesto a sacrificar muchos años de su vida para servir a la sociedad pero que acaba siendo víctima del propio sistema, atrapado como queda entre la ansiedad de unos pacientes que han delegado la salud exclusivamente en sus manos y los límites de las propias estructuras impuestas desde las administraciones públicas que acaban controlando su poder de curación.

Entre los médicos, como en cualquier colectivo profesional, las situaciones son hoy muy distintas -horarios, sueldos, condición profesional….- pero el hecho de que las competencias sanitarias se hayan transferido a las comunidades autónomas ha venido a empeorar su situación de forma general generando nuevas diferencias entre médicos de unas comunidades y otras, creando así médicos de primera, segunda y tercera. A pesar de lo cual -y admitiendo esas diferencias- puede decirse que la situación global de la clase médica sigue siendo mala.

Hoy, nuestra salud -y muchas veces nuestra vida- está en sus manos porque así nos han enseñado que debe ser. Les pertenece a ellos, a esos “dioses del diagnóstico” ante los que incluso los más poderosos del planeta se arrodillan. Y simplemente algo tan obvio debiera hacernos pensar que se trata de seres protegidos y privilegiados. De hecho, la imagen tradicional que la sociedad española ha venido teniendo sobre su estatus social les ha hecho, con toda probabilidad, más daño que beneficio. Pero, ¿cuál es la realidad? ¿Cuál es su realidad? Tratemos de entenderla en términos generales a partir de los parámetros o pilares que definen el grado de satisfacción de cualquier profesional en el ejercicio de su profesión:-Primero, un salario justo que recompense el tiempo de formación y dedicación así como la responsabilidad contraída. Bueno, pues resulta que los médicos españoles, como veremos después, están en general entre los peor pagados de Europa. A pesar de las leyendas urbanas, los médicos del sistema público de salud NO reciben un buen sueldo.

-Segundo, un horario equilibrado que le permita disfrutar del ejercicio de su profesión y que no le acabe produciendo fatiga y estrés. Pues bien, el sistema sanitario español condena a gran parte de los profesionales a trabajar más de diez horas diarias, en muchas ocasiones los siete días de la semana. Algo aceptado no sólo para tratar de complementar el escaso salario sino como necesidad ineludible de un sistema estructuralmente deficiente. Como consecuencia, los médicos NO trabajan un número razonable de horas sino muchas más.

-Y tercero, una formación continuada, abierta e independiente costeada por los propios empleadores que son quienes, en definitiva, se aprovechan de sus conocimientos para servir a los ciudadanos. Sin embargo, la realidad es que en el interior de nuestro sistema sanitario no existen esos cauces de formación continua que abarquen todas las maneras posibles de entender el arte de curar. Por tanto, los médicos NO disfrutan tampoco de la posibilidad de seguir ampliando conocimientos de una manera articulada y multidisciplinar.

A todo lo dicho hay que añadir que una de las actividades profesionales que más paro soporta en nuestro país es la actividad médica, lo que probablemente contribuye a que los médicos que gozan del privilegio de trabajar tengan que soportar las condiciones laborales expuestas con anterioridad. La cuestión sería saber si todas estas situaciones son inevitables o, siendo corregibles, no se abordan porque en el fondo no son sino los medios que permiten controlar a los médicos.

MÉDICOS MAL PAGADOS

Discutible o no, bueno o malo, el hecho es que una gran mayoría de los médicos de nuestro país son “funcionarios” de las distintas administraciones públicas que, a veces con un segundo empleo, tratan de completar lo que necesitan parar vivir. Y si bien su situación económica no es nueva no parece que ésta vaya a mejorar. Ya en el año 2000, en un amplio estudio titulado Condiciones laborales de los médicos en los hospitales públicos europeos realizado por el entonces Vocal Nacional de Hospitales del Consejo General de Médicos, Manuel Sánchez García, se concluía que los médicos españoles estaban a la cola de Europa en materia salarial. Un médico del más alto nivel que desarrolla su labor en un hospital público español puede llegar a ganar entre el salario base y los distintos complementos en torno a los 40.000 euros anuales (casi 6.700.000 de las antiguas pesetas) mientras un colega alemán llega a 174.000 euros (cerca de 29 millones de pesetas) y uno de Suiza a 228.000 euros (unos treinta y ocho millones de pesetas). Es más, los sueldos de los médicos en algunos países llegan a multiplicar por diez los salarios de los españoles.

Y no sólo comparándolos con países de economía mucho más sólida que la nuestra y mayor nivel de vida. En el mencionado estudio del año 2000 se recogía que hasta los médicos portugueses superaban a los españoles ya que percibían de media 48.000 euros (ocho millones de pesetas anuales). De hecho, de la veintena de países que aparecían en el estudio del doctor Sánchez García sólo Grecia, Lituania y Eslovenia estaban por debajo de España aunque la diferencia no superaba los 6.000 euros (un millón de pesetas) en ningún caso.

Pero acerquémonos aún más a la situación económica de nuestros médicos tomando como salario base mínimo medio el percibido al principio de la carrera y como salario base máximo medio el alcanzado al final de la vida laboral. En la siguiente tabla pueden percibirse esas diferencias más gráficamente:

PAÍS
SALARIO INICIAL
SALARIO FINAL
JUBILACIÓN
GASTO EN SALUD% DEL PIB
REINO UNIDO
80.000
120.000
85%
6,7
ALEMANIA
45.000
80.000
60
10,6
AUSTRIA
50.000
100.000
60% del sueldo sobrelos 15 mejores años.
8,7
BÉLGICA
75.000
87.000
75% sobre la media delos años trabajados.
8,8
FRANCIA
38.000
79.000
70 -75%
9,6
ITALIA
30.000
75.000
80% sobre losúltimos 5 años.
8,4
PORTUGAL
35.000
60.000
92%
7,8
ESPAÑA
33.000
36.000
40 -60%
7,1

(Fuente: Colegio de Médicos de Cáceres)

La subida salarial media de un médico español a lo largo de toda su vida laboral y suponiendo que alcance los cargos más altos del escalafón está estimada en unos 3.000 euros (corresponde casi toda la subida a los trienios), muy por debajo de los demás países europeos. Y la situación en el caso de los MIR (médicos internos residentes) es aún peor porque sus sueldos son incluso inferiores. Manuel González, vocal de Médicos en Desempleo, se refiere a ello en los siguientes términos: Es claramente injusto que un profesional de 25 años, con todo el esfuerzo que ha tenido que hacer para obtener el título, tenga luego que vivir con poco más de 100.000 pesetas al mes… Y es aún más grave si pensamos que en muchos casos debe trasladarse de ciudad por lo que a veces tiene hasta que pedir apoyo a sus padres para poder mantenerse”.

Las alternativas con el actual sistema público español de salud se reducen hoy a trabajar por una miseria, a no trabajar o a buscarse la vida en la medicina privada. Y es que España ocupa los primeros puestos en la tasa de paro de médicos. En los países del Norte de Europa, por contraposición, el paro médico es inexistente. En otros como Austria, Bélgica o Dinamarca la tasa de paro es también prácticamente de cero. Y otro tanto ocurre en Portugal, según el estudio comparativo anteriormente citado. Sin embargo, en España el desempleo en atención especializada es del 10%, cifra que se eleva hasta el 25 % si hablamos de atención primaria. El nivel de desempleo de nuestro país sólo es superado por Eslovenia donde oscila entre el 27% en atención especializada y el 21% en primaria. De hecho, hoy hay más de 20.000 médicos españoles en paro según la Organización Médica Colegial donde, diplomáticamente, se matiza que “más que paro lo que hay es una gran precariedad laboral. Se hacen muchas sustituciones, hay poca estabilidad y los sueldos no son muy altos…”

Nada puede extrañar que cada vez mayor número de médicos españoles empiece a plantearse emigrar a otros países europeos para ejercer. Cuarenta facultativos, junto a más de 600 profesionales de la enfermería, viven ya desde hace entre uno y dos años en Inglaterra practicando la medicina. Forman parte del plan del Gobierno británico para contratar en cinco años entre diez mil y veinte mil médicos. El National Hearth Service les ofrece un contrato fijo inicial de dos años que pueden prorrogar tanto tiempo como deseen. Con las mismas oportunidades de promoción que sus colegas británicos. Y, por si fuera poco, con unas condiciones económicas mucho mejores porque un especialista británico gana entre 91.666 y 110.000 euros anuales mientras en España su sueldo -sin complementos- oscila en torno a los 30.000 en la fase inicial de su carrera. Inglaterra importa médicos españoles con salarios de entre 60 mil y 90 mil euros anuales.

LA “ALTERNATIVA” ESPAÑOLA

La alternativa, quedarse en nuestro país dentro del sistema público de salud, implica prepararse para trabajar hasta caer desfallecido sabiendo que las horas se convertirán en días y estos en semanas, muchas de ellas sin descanso como denuncian algunos colegios y sindicatos médicos. Y al médico no le queda sino conformarse con lo que hay, situación que padecen especialmente los más desprotegidos. La Administración-denunciaría el ya mencionado Manuel González-utiliza al MIR, sobre todo en su faceta asistencial, como ‘mano de obra barata’ porque hace las mismas funciones que un adjunto de puerta -por poner sólo un ejemplo- pero con la tercera parte del sueldo… Y ello es aún más grave si pensamos que a ese mismo residente no le van a contratar cuando termine su formación porque ese puesto lo cubrirá a su vez otro residente más joven. Y así siempre, en aras de conseguir un ‘mal entendido ahorro’ a costa de tener mano de obra barata, a expensas de los profesionales y en detrimento de la calidad que es, al fin y al cabo, lo que todos nos merecemos como posibles pacientes y como médicos”.

LAS TARIFAS DE LA CONSULTA “PRIVADA”

La otra alternativa de los médicos para tratar de mejorar su situación económica es abrir una consulta privada. Sólo que la mayor parte de los que recurren a esta solución de trabajar el doble de horas tiene luego que conformarse mayoritariamente con la miseria que ingresan por atender a los pacientes… de las aseguradoras privadas. Y no hay grandes diferencias en este ámbito entre las distintas comunidades autónomas. Tomemos como referencia Asturias, por ejemplo, una comunidad donde la aseguradora que más paga a los médicos lo hace de acuerdo a las siguientes tarifas:

-1ª consulta: 12’02 €.
-2ª consulta el mismo mes: 6’31 €.
-3ª consulta o más en un mes: nada salvo informe justificativo.
-Consulta a domicilio: 12’02 €.
-Toma de tensión: 1’80 €.
-Dispensación de recetas: 0’75 €.

Bueno, pues estas tarifas tan ridículas están incluso por encima de lo habitual. Lo normal es que la aseguradoras pague al médico no más de 7 euros por la primera consulta y no más de cinco por la revisión. Con lo que los médicos repiten a nivel privado -esta vez por “voluntad” propia- la experiencia que, por razones ajenas a él, padecen en la Sanidad Pública: atender el mayor número de pacientes en el menor tiempo posible.

POCO TIEMPO POR PACIENTE

Podría pensarse que el nivel de paro responde a una adecuación inapropiada entre la oferta de plazas universitarias y las necesidades reales de la Sanidad pero lo cierto es que trabajo parece haber más que de sobra si examinamos la cifras de tiempo de asistencia por paciente. Porque en el sistema de salud español los médicos de familia son, después de los ingleses, los que dedican menos tiempo de consulta por paciente en Europa, con una media de sólo 10 minutos según la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Y en el caso de las consultas privadas, al cobrarse por paciente, el tiempo de atención llega a ser en ocasiones incluso menor. Es difícil encontrar cifras reales pero, según algunos médicos, no es exagerado hablar de 40 o 50 pacientes en 4 horas de consulta privada, lo que nos da un tiempo medio de asistencia de 5 ó 6 minutos por paciente. Algo parecido a la realidad de la Seguridad Social donde se atiende entre 8 y 10 pacientes por hora (unos 6 o 7 minutos por paciente). En el caso de una consulta pediátrica nos hablaron de hasta 50 pacientes en dos horas, es decir, menos de tres minutos por paciente. ¿Alguien cree en serio que ese tiempo es suficiente? Es evidente que no. Los pacientes tienen pues sobrados motivos para no sentirse muy satisfechos con los médicos. Pero, ¿y los médicos? ¿Están satisfechos? Obviamente, tampoco.

Resumiendo: cuando un paciente se sienta hoy ante su médico -sobre todo si este tiene vinculaciones hospitalarias- se sienta ante un profesional agobiado por una larga lista de preocupaciones de las que difícilmente puede evadirse. Y no es esa la situación ideal para concentrar su atención en el problema del enfermo que tiene delante.

A fin de cuentas, el médico sabe hoy que su profesión está caracterizada por:

-Una tasa de paro muy elevada.
-Una retribución salarial baja.
-Una clara situación de agravio comparativo con sus colegas europeos.
-Una nula formación continuada o reciclaje a costa de la empresa.
-Una clara inestabilidad laboral (hay un 40% de interinos aunque en algunos hospitales ese porcentaje llega al 90%.)
-Un aumento exagerado de las cargas de trabajo por amortización de plazas, guardias, sustituciones de verano, etc.
-Un aumento del trabajo “a destajo” sin límites horarios, incumpliéndose en muchas ocasiones la normativa europea obligatoria sobre seguridad y salud laboral.
-Una pérdida muy significativa de poder adquisitivo con el paso de los años (el 66 % en 30 años).
-El sometimiento a contratos basura para hacer guardias sin tener derecho a vacaciones y Seguridad Social tras los días de libranza.
-La escasez de camas hospitalarias, quirófanos, personal y medios del sistema público.

Y no cubrimos con esta relación -ni de lejos- todos los aspectos negativos pero tal es parte del panorama que espera a los actuales aspirantes a médicos. En todo caso, si pesa más en ellos aún así la vocación, sepa que se va a encontrar además con cosas no son lo que parecen y conviene saber.

LIBERTAD DE PRESCRIPCIÓN

La pregunta le puede parecer absurda al profano, pero, ¿tiene el médico al menos libertad de prescripción a la hora de tratar de aliviar o curar a sus pacientes? ¿Puede aplicar libremente el artículo 13 del código deontológico que habla de poner su ciencia y su conciencia al servicio de sus pacientes? Pues la verdad es que hoy en día… no. El margen es cada vez más estrecho por no decir nulo.

Hace sólo unas semanas leíamos que más de 20 médicos habían sido detenidos -muchos en sus consultas y delante de sus pacientes-, acusados del terrible delito de prescribir fórmulas magistrales, llegando a pasar hasta 9 horas en los calabozos por ello. Y eso sólo unas semanas después de que otros trece médicos fueran igualmente detenidos e incomunicados –algunos hasta 48 horas- por recetar Bio-Bac tras ser falsamente acusados de pertenecer a una red organizada. El Colegio de Médicos de Madrid tuvo que preguntar públicamente si se había decretado la “caza al médico”. Sin embargo, estos episodios parecen ser un claro intento de amedrentar o amenazar más al colectivo médico que a los propios afectados. Una forma de decirles que mientras sus actos y decisiones se muevan atendiendo los protocolos de atención hospitalarios impuestos jerárquicamente (pruebas, medicamentos y tratamientos) no tendrán problemas en su labor pero como se les ocurra pensar que pueden buscar para sus pacientes soluciones al margen de lo oficialmente establecido sin confiar ciegamente en el arsenal farmacológico sí que los tendrán. Y muchos.

En suma, ni siquiera parece que vaya a permitirse a los médicos la posibilidad de seguir prescribiendo con libertad fórmulas magistrales (combinaciones que están en la base del saber médico) como parte del tratamiento de sus pacientes, más personalizadas y baratas que las medicinas comercializadas masivamente, tema al que dedicaremos en el futuro próximo un reportaje. Resulta extraño tanto acoso hacia fórmulas que podrían contribuir -aunque fuera mínimamente- a buscar soluciones al excesivo consumo de medicamentos. Porque el sistema público de salud se gastó el año pasado en medicamentos la friolera de casi ¡ocho mil millones de euros! (alrededor de un billón trescientos mil millones de las antiguas pesetas). Claro que España cuenta con ¡diez veces más especialidades farmacéuticas que Noruega! ¿Será que los noruegos están menos preocupados por su salud? No lo parece si juzgamos su nivel de asistencia y de vida. Luego…

En suma, ¿para tratar a un paciente le vale al médico español su condición de colegiado, avalada por sus muchos años de estudio? No… cuando lo que piensa que es más adecuado para su paciente se sale de lo oficialmente aceptado. En ese caso puede encontrarse incluso con la intervención inquisitorial de su propio colegio médico al que pertenece, cuyos dirigentes se creen en la obligación de velar para que la práctica médica se realice siempre conforme a los criterios oficiales establecidos en nuestro país… aunque los mismos ni siquiera sean los únicos reconocidos internacionalmente en el ámbito ortodoxo u alopático. Esos guardianes de la ortodoxia -que raramente constituyen un comité científico independiente que analice las “posibles” desviaciones de sus heréticos colegas- suelen decidir por sí mismos –aunque su opinión sea discutible o minoritaria- y toda práctica que consideran “inadecuada” la castigan hasta con la inhabilitación. Una seria amenaza -otra más- para el médico, al que se le dice claramente que no piense, que ya lo hacen ellos por él.

Es más, su condición de colegiado no le avala ni para prescribir un tratamiento “tolerado” pero no oficialmente reconocido si quiere que la seguridad social corra con el gasto. En cambio, países como Francia -donde la mayoría de los médicos no son funcionarios del Estado- utilizan cada vez más, sobre todo a través de las aseguradoras, la fórmula de abonar directamente al paciente -en su totalidad o en parte- el tratamiento que su médico le haya prescrito. Incluso las medicinas complementarias reconocidas por la OMS. Algo impensable hoy en nuestra Sanidad… a no ser que se tenga la suerte de tener un amigo en uno de los contados hospitales públicos que, por la puerta de atrás y sin hacer demasiado ruido, han incorporado -dados sus buenos resultados- alguna de las terapias complementarias más comunes para ciertas patologías, especialmente las relacionadas con el dolor o la rehabilitación traumatológica.

Y la cosa se le complica ya hasta el límite a aquel médico al que, en un acto de lucidez, se le ocurra plantear quién y por qué se ha adoptado determinado protocolo de tratamiento y no otro. Porque la respuesta le llevará primero hasta el despacho de su jefe y de ahí tendrá que acudir a la biblioteca a empaparse bien de lo que dicen las revistas científicas, convertidas en santuarios de la medicina moderna a pesar de que cada vez se oyen más voces críticas contra los controles ejercidos sobre los datos que publican o contra el propio criterio de los artículos seleccionados. Son la “Biblia” de la Medicina o, al menos, de una parte muy interesada de practicar la medicina. Revistas por especialidades que cada vez aíslan más al especialista en su particular mundo, haciéndole más frágil al mismo tiempo que se le da más poder sobre un paciente del que conoce poco o nada y al que se limita a atender por sus síntomas. Quizás esta tendencia tenga a algo que ver con la afirmación de  Miguel Vicente -profesor de investigación del CNB en “El País” y que hace no mucho recordábamos en estas páginas- en un artículo titulado Póngame cuarto y mitad de medicinas: “¿Corren riesgo de desaparecer las medicinas que curan? –se preguntaba-.La respuesta afirmativa es excesiva pero la industria farmacéutica parece hoy en día concentrar sus esfuerzos en el desarrollo preferente de medicamentos que no curan la enfermedad sino que neutralizan los síntomas clínicos y, en el mejor de los casos, contrarrestan pero no corrigen alguna de sus causas… A largo plazo pudiera ocurrir que nos encontremos sin medicinas para curar enfermedades, como las infecciones, que ya nos parecen algo del pasado”. Es el horizonte al que parece conducir el seguidismo ciego y absurdo de las publicaciones científicas cuyos contenidos controla interesadamente -y de forma poco más bien objetiva y ecuánime- la industria farmacéutica.

¿Tiene el médico, pues, libertad para prescribir? A la vista de los datos, muy limitada. Pero es difícil que sea consciente de ello porque desde que soñó con ser médico sólo ha visto el mundo a través de unas gafas trucadas. Y ahora cree que el mundo es así.

¿Y LA FORMACIÓN?

La tecnología del siglo XXI parece haber llegado a nuestros hospitales. La globalización, no. Al menos, planteada como el entendimiento de formas distintas reconocidas internacionalmente y con resultados contrastados de tratar la enfermedad. Esa sigue lejos de nuestras universidades.

En cuanto a la formación continuada de los médicos se produce principalmente a nivel hospitalario y aquí, como en botica, hay de todo: centros de alto nivel y otros que no rozarían el aprobado comparativo. En el mejor de los casos es, sin embargo, una información dirigida, excesivamente volcada en la farmacología que no hace sino continuar el tipo de enseñanza con el que se va modelando al estudiante desde que entra en la Facultad de Medicina. De hecho, uno de los médicos que ha colaborado en la elaboración de este reportaje nos manifestaba a título de ejemplo: “De la Facultad se sale sin saber formular, solo se sale sabiendo el nombre comercial de los medicamentos…”.

Una vez dentro del sistema, uno debe de esperar más de lo mismo. Porque a pesar de que algunas medicinas consideradas como complementarias por la Organización Mundial de la Salud -como la Magnetoterapia, la Acupuntura, la Cromoterapia, la Talasoterapia o la Hipertermia, entre otras- han conseguido hacerse un hueco a codazos en algunos centros de forma aislada, en otros se puede incurrir en “herejía médica” tan sólo con mencionarlas. La formación de nuestros médicos no es, por tanto, ni integral, ni abierta ni independiente. Ni siquiera en lo que se refiere a prácticas médicas reconocidas y avaladas por la OMS. Técnicas y formas de entender la práctica médica que son habituales en Europa como la Osteopatía, la Acupuntura, la Homeopatía, la Naturopatía, la Quiropráctica o la Homotoxicología, algunas de la cuales incluso corren a cargo de la sanidad pública de países como Alemania, Francia, Chequia y otros, son aquí ignoradas cuando podrían plantearse de forma oficial en la sanidad pública española como alternativas más baratas y menos agresivas al excesivo consumo de medicamentos. No, esta clase de conocimientos sigue estando lejos de la didáctica oficial, lejos de las aulas y de los hospitales. Algo se mueve al respecto pero muy, muy despacio. La enseñanza, la formación, es la que es; o, lo que es lo mismo, es la que conviene. ¿A quién? Desde luego, el gran beneficiado de esta forma unilateral de contemplar la medicina es la industria farmacéutica que ve encantada cómo año tras año aumenta el gasto en medicamentos en nuestro país.

Resumiendo, el médico puede optar por tratar de ponerse al día con sus propios medios -lo que suele resultar costoso- o decidirse por acudir a encuentros, congresos y seminarios internacionales subvencionados por las grandes multinacionales farmacéuticas. Viajes exóticos, torneos de golf y comidas selectas forman parte de las estrategias de marketing utilizadas para atraer médicos a dichos encuentros. Esas y otras menos elegantes… Y pocas opciones más quedan. Fundaciones o asociaciones especialmente activas también organizan encuentros pero no suele ser difícil encontrarlas la vinculación con la industria del medicamento en el comité organizador encargado de seleccionar las ponencias.

La pura lógica indica que el médico, consciente o inconscientemente, se instala así en una corriente única de pensamiento que le aísla cada vez más de otras formas diferentes de entender el arte de curar y que le lleva a negar la viabilidad de cualquier otra alternativa a su forma de ejercer la medicina. En China, por ejemplo, son constantes los estudios comparativos de resultados obtenidos con la aplicación de técnicas convencionales y los obtenidos con técnicas de medicina tradicional china. En España a la gran mayoría de nuestros médicos tal posibilidad les sigue sonando a “chino”. El proceso siguiente parece lógico: casi once años siendo convencido de que debe enfrentarse a la enfermedad de una manera única; después, el puesto de trabajo y la misma forma de entender la curación sin que pueda desviarse lo más mínimo -como ya hemos visto- de lo marcado por los protocolos imperantes. Y si después de años y años de esfuerzo el médico consigue un buen puesto, es fácil -¿o no?- comprender su resistencia a hacerse el harikiri intelectual que supone poner en tela de juicio buena parte de todo lo aprendido. Ahora bien, que lo acepte como inevitable no quiere decir que le deje satisfecho.

Valga una muestra. En la página web www.medicina.tv -dedicada a los profesionales de la medicina- se pueden consultar diversas encuestas entre los médicos internautas encaminadas a conocer el sentir de los profesionales. Veamos algunos datos sobre cuestiones que hemos abordado:

-¿Considera Ud. que está al día sobre los avances científicos de su especialidad?

: 43’3 %    NO: 52’9 %    Ns/Nc: 1’8 %

-Sobre cinco, ¿cómo puntuaría la gestión de la Sanidad Pública en España?

Con un 1: 3’2 % Con un 2: 8’6% Con un 3: 67’3 % Con un 4: 9’8 % Con un 5: 11’ 2%

-¿Cree usted que el actual Sistema de Salud le permite dedicarle el tiempo suficiente a sus pacientes?

NO: 94’5% SÍ: 5’2% Ns/Nc: 0’3%

-¿Cree usted que los resultados de las investigaciones médicas publicadas en las revistas científicas son demasiado optimistas?

SÍ: 58’3% NO: 37’5 % Ns/Nc: 4’2 %

No se ve… pero se intuye. La señal de alarma está encendida. El SIMAP (Sindicato de Médicos de Asistencia Pública) hablaba en un documento de finales del pasado año de “menosprecio al paciente” y “falta de respeto a los médicos” por parte de la Administración. Y añadía una seria reflexión: “La insatisfacción, frecuentemente, puede producir efectos de cansancio, ansiedad, sensación de acoso y derrota, pérdida de la autoestima, desesperanza y desmotivación. Al persistir o aumentar sus causas puede llegar a producir una mayor merma física o psíquica, pudiendo percibirse el trabajo diario como una carga pesada e interminable, llevándoles en algunos casos al aislamiento o repercutiendo en la actividad; incluso, provocando en raros casos bajas por depresión, etc. Se asemeja o identifica con el síndrome de Moobing o acoso laboral. Esa insatisfacción ha calado en la mayoría de los facultativos hospitalarios, desmotivándoles. Y de persistir sus causas, sin corregirse a tiempo, puede acarrear graves consecuencias pasando inicialmente por el sometimiento colectivo (acoso y derrota) -no exento de riesgos- o degenerar en situaciones conflictivas que hagan tambalear el Sistema Nacional de Salud ”.

¿A quién le puede extrañar, en suma, sabiendo todo lo que está pasando, que cuando los visitadores de algunos grandes laboratorios entran en los despachos de muchos médicos, cargaditos de interesantes propuestas con las que alegrarles la vida, estos sean receptivos? Aunque esa es otra historia… de la que también vamos a hablar en la revista.

Antonio Muro

Este reportaje aparece en
48
Marzo 2003
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