Los zumos, salud líquida

 

Los zumos de frutas y verduras tienen propiedades diuréticas, alcalinizantes, antioxidantes, remineralizantes y tonificantes. Además poseen cualidades desintoxicantes, previenen el cáncer, regulan el tracto intestinal y evitan las enfermedades cardiovasculares. ¿Le parecen suficientes razones para incorporarlas a su dieta diaria?

Quien quiera gozar de buena salud debería incluir de forma habitual en su dieta frutas y verduras frescas ya que son fuente fundamental de vitaminas, minerales y enzimas. Es más, ingerir estos alimentos a lo largo de todo el año es casi garantía de no enfermar. Ahora bien, como a muchas personas les resulta pesado tomar frutas y verduras las proponemos una forma agradable de hacerlo: en zumo. Naranja, manzana, piña, limón, melocotón… Puede usted “beber” frutas de todo tipo, sabor y procedencia. Ahora bien, no se limite a las frutas porque casi todas las hortalizas -como la zanahoria, el tomate, la cebolla, el puerro, el apio, etc.- pueden ser ingeridas también en zumo y poseen múltiples propiedades. Por ejemplo, ¿sabía que el zumo de zanahoria combinado con espinaca, lechuga o espárragos ayuda a combatir el acné o a mejorar los eczemas? Vea el recuadro adjunto.
En suma, nuestra refinada, manufacturada, azucarada  y engrasada dieta puede encontrar en los zumos un filón para obtener los nutrientes y la glucosa necesarios para sostener los requerimientos básicos del organismo. Con la ventaja de que sus vitaminas, minerales, oligoelementos y enzimas pasan directamente a la sangre sin necesidad de digestión previa ni de desgaste energético. Y si bien las frutas y hortalizas no son alimentos “completos” proporcionan cantidades notables de algunos nutrientes que no están presentes en la dieta habitual o de los que existen importantes deficiencias como es el caso de las vitaminas C, B9 (ácido fólico) y el betacaroteno así como algunos minerales como el calcio, el magnesio y el hierro. Micronutrientes que aseguran un óptimo funcionamiento cerebral (hierro y vitaminas C y B9), desempeñan un papel destacado en la construcción y el mantenimiento de los huesos (calcio, magnesio y vitamina C) y ejercen una importante acción antioxidante (vitaminas C y B9).
Además, es interesante destacar que, por carecer de proteínas, los zumos vegetales no estimulan la secreción de los jugos gástricos por lo que no producen acidez ni úlceras de estómago. Otra ventaja terapéutica es que son alcalinizadores de la sangre de manera que favorecen el equilibrio de su pH y facilitan la capacidad de las células tanto para absorber nutrientes del flujo sanguíneo como para excretar desechos metabólicos, aumentando así la capacidad depuradora y desintoxicadora del cuerpo. Sepa, en cualquier caso, que muchos expertos en Nutrición desaconsejan ingerir conjuntamente las frutas ácidas con las dulces.
Además, tomar zumos como complemento de la dieta nos ayudará a asimilar el resto de los alimentos gracias a su gran contenido en enzimas que contribuyen a la transformación y proceso metabólico de los alimentos. Pero, ojo, sepa que las enzimas que contienen las frutas y verduras se destruyen con el calor de la cocción por lo que es indispensable que a la hora de consumirlos como zumo se licúen “en crudo”.
Y otro dato: el alto contenido en agua de estos alimentos -que puede llegar hasta el 90%- es en su totalidad “orgánica” y, por ello, resulta más fácil de asimilar. El agua de manantial, con ser pura y recomendable, no tiene esa virtud.
En suma, los zumos tienen propiedades diuréticas, alcalinizantes, antioxidantes, remineralizantes y tonificantes. Además, la fruta posee cualidades desintoxicantes, previene el cáncer, regula el tracto intestinal y evita las enfermedades cardiovasculares.
En resumen, dos o tres vasos diarios de buen zumo natural elaborado con frutas o verduras de temporada es una excelente fuente de salud.

CÓMO PREPARAR UN ZUMO NATURAL DE CALIDAD

Ahora bien, ¿sabe cómo preparar un zumo para que conserve todas sus propiedades? En primer lugar, elija frutas y hortalizas de temporada asegurándose de que estén en su punto óptimo. Así, elegiremos las que tengan colores intensos, textura firme y aroma agradable. El resultado será aún mejor si los productos proceden de cultivo biológico ya que no habrán sido tratados con plaguicidas.
Una vez en casa es importante guardar las frutas y hortalizas en el frigorífico sacándolas de él justo cuando las vayamos a utilizar. Hay que lavarlas directamente debajo del grifo de agua fría y no deben dejarse en remojo porque podrían perder vitaminas. Además, si para preparar el zumo necesita pelar la fruta hágalo con el menor número de cortes posible.
El siguiente paso será convertir la fruta u hortaliza sólida en líquido ya sea –según los casos- licuándola, exprimiéndola o batiéndola. ¡Ah!, y no añada azúcar. No es necesario ni siquiera en el caso de las frutas muy ácidas.
Una vez obtenido el zumo deberemos tomarlo inmediatamente  para que no se resienta su contenido nutricional, su sabor y su color evitando la oxidación de sus sustancias activas. Esto ocurre porque las vitaminas que contienen los zumos son muy sensibles a agentes físico-químicos como la luz, el oxígeno y la temperatura y se pierden en contacto con ellos. Este proceso se puede retrasar añadiendo al preparado unas gotas de zumo de limón o conservando la bebida en el frigorífico pero tenga en cuenta que la degeneración del zumo no se detiene. En todo caso, si quiere conservar los nutrientes del zumo puede congelarlo, algo que además le permitirá preparar refrescantes y nutritivos “polos” si vierte la bebida en los moldes adecuados.

LOS ZUMOS INDUSTRIALES

Como hemos mencionado, los zumos naturales constituyen una excelente fuente de nutrientes esenciales para nuestro organismo pero, ¿y los zumos industriales? ¿Se pierden sus propiedades nutricionales en el proceso de elaboración? Pues hay que decir que, parcialmente, sí: un porcentaje –variable- de sus vitaminas, minerales y enzimas se pierde en los procesos a los que son sometidas las materias primas y que van desde el calentamiento al enfriamiento pasando por el tratamiento enzimático, la centrifugación y la desaireación. Un problema que muchas empresas resuelven añadiendo de nuevo esas vitaminas a los zumos que preparan.
Por otra parte, hay que saber que existen numerosos productos distintos que se diferencian básicamente entre sí en razón de las materias primas de las que se obtienen (fruta fresca o concentrados de fruta) y por el proceso de elaboración (envasado recién exprimido, producto pasteurizado, zumo sometido a tratamientos con calor, con frío, con enzimas, etc.). Tales datos se encuentran en la etiqueta del producto ya que así lo exige la ley. En consecuencia, deberá aprender a distinguir entre zumo recién exprimido, puro zumo, zumo 100%, néctar, néctar sin azúcar, refresco a base de zumo y zumo enriquecido (vea el recuadro adjunto). 

 


 

¿Qué afecciones pueden tratarse con zumos?

Además de aportar numerosos nutrientes al organismo, las frutas y hortalizas se han utilizado tradicionalmente para prevenir y tratar distintas afecciones. Les proponemos algunas posibilidades (hay muchas más):

Afecciones bucales. Enjuáguese la boca 3 veces al día con zumo de moras, fruta muy rica en vitaminas A y C.

Anemia. Añada a un cuarto de litro de zumo de albaricoque una infusión de 25 gramos de ortiga blanca. La mezcla aumenta el número de glóbulos rojos.

Artritis. Son útiles el zumo de cereza y el de piña.

Calambres. Tome zumo de piña fresca ya que contiene bromelaína, un relajante muscular.

Diarrea. A un zumo de manzana añádale 1 cucharada de salvado de trigo. Tómelo después de comer.

Dolor de espalda. Tome como preventivo un vaso de zumo de uvas frescas diariamente y fuera de las comidas.

Estreñimiento. Comience el día con un zumo de manzana y pera. El zumo de manzana contiene sorbitol, un azúcar natural con propiedades laxantes.

Fatiga. Tome un zumo elaborado con 25 g. de manzana, 250 g. de naranja y 50 g. de limón. Es un buen reconstituyente.

Fiebre. Tome un zumo hecho con 100 g. de fresas y otros 100 de grosellas 3 veces al día.

Gripe. Los zumos de manzana y de uva negra descongestionan la nariz. La uva negra contiene además taninos, unos compuestos con propiedades antivirales. Tome estos zumos a temperatura ambiente y fuera de las comidas.

Infección urinaria. El zumo de arándano es un excelente remedio para la prevención y tratamiento de las infecciones del aparato urinario. El arándano contiene una sustancia que evita que las bacterias se adhieran a la membrana de las vías urinarias y de la vejiga.

Irritación de garganta. Tanto el jengibre como la piña contienen agentes naturales antiinflamatorios que pueden acelerar la curación de una garganta irritada.

Migrañas. Licue 100 gramos de fresas y 50 de manzana y añada a la mezcla un plátano batido.

Resfriados. El zumo de naranja es ideal para prevenir los resfriados por su alto contenido en vitamina C. Empiece el día con un vaso de zumo de naranja.

Síndrome premenstrual. Para evitar la retención de líquidos pruebe con un zumo de uvas frescas o zumo de melón una vez al día. Son diuréticos naturales.

Sinusitis. Beba zumos de manzana o de uva. Se recomienda tomarlos a temperatura ambiente y fuera de las comidas.

Tendinitis. Tome dos vasos al día de zumo de cereza negra mientras sienta molestias. Mezcle el zumo con igual cantidad de agua.

Tos y bronquitis. Mezcle medio litro de zumo de piña con medio mango y 3 ciruelas licuadas. Lubrifica las membranas de la garganta.

Resaca. Si se ha pasado con el alcohol y sufre resaca hágase un zumo licuando un tomate, un pepino, la cuarta parte de una cebolla pequeña y una cucharada de aceite de oliva. Tómelo antes de dormir y repita la operación a la mañana siguiente.

 


 

Tipos de zumos envasados

Estos son los distintos zumos envasados que se comercializan actualmente cuya composición y procedimiento de obtención están regulados por ley:

Zumo de fruta recién exprimido/directo. Es el obtenido para consumir en el acto sin mediar ningún tratamiento térmico para la destrucción de la flora microbiana ni para su conservación. Es el que hacemos en casa o el que se puede encontrar en las cámaras refrigeradoras de los supermercados. Su contenido en frutas es del 100%.

Zumo de fruta. Se entiende por “zumo o jugo de fruta” el obtenido por procedimientos mecánicos, susceptible de fermentación pero sin fermentar, que posea el color, el aroma y el sabor característicos de las frutas de que proviene.

Zumo de fruta concentrado. Es el que se obtiene eliminando –mediante tratamientos térmicos- el agua de constitución de las frutas. Una vez obtenido el concentrado se le añade agua y aromas. Se ha establecido que ese concentrado de frutas debe contener, al menos, un 50% de materia prima.   

Néctar de fruta. Es el producto que se obtiene al añadir agua y azúcares, miel o edulcorantes artificiales al zumo de fruta. Es decir, es zumo más agua y azúcares. En el caso de los zumos industriales de naranja, el contenido mínimo en fruta es de un 50%. En el del melocotón, el zumo mínimo es del 45%. En otras frutas, como las grosellas y los limones, un néctar es tal con un contenido del 25% de zumo. Por otro lado, el néctar sin azúcar es igual que el néctar pero el azúcar se sustituye por edulcorantes.

Refresco a base de zumo. Debe tener un mínimo del 12% de zumo en el de uva, un 10% en el de melocotón y un 8% en el de naranja. El porcentaje mínimo exigido baja al 6% en el de limón y al 4% en el de pomelo o piña. Está permitido añadir al refresco azúcar, aromas, conservantes y colorantes.

Zumo enriquecido. Es el “zumo de fruta” enriquecido con vitaminas y/o minerales para compensar la pérdida que de estos elementos se produce durante el proceso de elaboración.

Este reportaje aparece en
47
Febrero 2003
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