Niegan el calentamiento global de la Tierra y que el dióxido de carbono sea el culpable

Que el dióxido de carbono es uno de los principales culpables del calentamiento global y hay pues que evitar rápidamente sus emisiones lo defiende la inmensa mayoría de los científicos porque asumen las tesis oficiales, no porque lo hayan investigado y constatado. Lo asumen sin más al igual que los responsables políticos y los grandes medios de comunicación que llegan a hablar de un posible apocalipsis climático. Pues bien, hay quienes lo niegan en todo el mundo aunque casi nadie les haga caso. Y una de esas personas es el catedrático emérito de Estratigrafía de la Universidad de las Islas Baleares Luis Pomar, una de las máximas autoridades en Sedimentología que acaba de recibir en Canadá la Medalla Sorby. Hemos hablado con él de ello.

CAMBIO CLIMÁTICO

Tras un verano con picos de calor africanos y pedriscos destructivos parece una provocación navegar contra la corriente mayoritaria que sostiene que vivimos inmersos en un brutal cambio climático del que el dióxido de carbono (CO2) sería el gran responsable. A diario nos lo repiten y nos aseguran que existe consenso absoluto entre los científicos… aunque lo difundan siempre los mismos medios de comunicación y muchos de los mismos científicos que hace ya tres décadas nos amenazaban con una nueva era glacial. Hasta se nos «cuantifica» el consenso y es común escuchar que el 97% de los miembros de la «comunidad científica» coincide en que un continuo aumento de CO2 nos conducirá a un apocalipsis climático. Quienes sin embargo llevamos ya tanto tiempo investigando en el ámbito de la salud sabemos bien que muchos de los presuntos «consensos científicos» no existen -los han impuesto quienes controlan el sistema- y que quienes se atreven a discrepar de las «verdades oficiales» son ninguneados, silenciados o desacreditados. Y lo mismo pasa con el supuesto calentamiento global: ¿es un problema real o se trata de un proceso natural del planeta? Y si realmente existiera, ¿qué responsabilidad tendríamos de verdad los seres humanos? ¿Sería además tan grave como se nos vaticina?

Y es que los modelos matemáticos que desde hace tres décadas nos alertan de las presuntas catástrofes que nos esperan ¡no se están cumpliendo! Es verdad que la temperatura ha aumentado unas décimas en los últimos años pero no de igual forma en todo el planeta; de hecho las temperaturas más altas se han registrado en las áreas urbanas donde es obvio que el aumento lo ha generado el hombre. Datos de las ciudades que se han utilizado para distorsionar los datos globales. Se habla por ejemplo de la ola de calor que sufrió Europa el pasado verano pero se obvia mencionar que hace sólo dos años vimos nieve en el Mediterráneo y que el viejo continente sufrió una ola de frío histórica llegándose a alcanzar un 7 de enero en Rusia ¡la temperatura más baja en un siglo! Hasta la calurosa Atenas padeció 15 grados bajo cero.

¿Y qué decir de los tornados violentos -de los tipos F3 a F5- cuya cantidad y virulencia iba a aumentar? Porque en Estados Unidos hubo 56 entre 1950 y 1985 y solo 34 entre 1986 y 2018. Se cita como ejemplos del problema climático los tornados que asolaron Oklahoma en 2013 y Alabama el pasado 3 de marzo pero se obvia que el Tri-State Twister mató en 1925 a 695 personas y batió los récords de velocidad y tiempo: 354 km por hora y 3’5 horas.

En cuanto a los huracanes hubo 10 de categorías 3 a 5 entre 1920 y 1940, 11 entre 1960 y 1980, 10 entre 1981 y 2000 y 9 entre 2001 y 2018. ¿Dónde está el aumento? Es más, los huracanes Harvey e Irma de 2017 fueron los primeros de categoría 3 a 5 en tocar tierra tras ¡doce años!

Y según la Evaluación Nacional del Clima de Estados Unidos de 2018 no hay conexión sólida alguna entre el supuesto cambio climático y el clima extremo: sigue habiendo huracanes, tornados, sequías, lluvias e inundaciones pero nada que permita aventurar qué ocurrirá en los próximos años.

UN PLANETA MÁS VERDE 

¿Y qué podemos decir del «peligroso» dióxido de carbono (CO2)? Pues para empezar que se trata de una molécula sin la cual la vida en la Tierra sería imposible. Y después que cuanto más CO2 hay en el aire ¡más rápido y mejor crecen las plantas, los bosques y los pastizales y mejor se soportan las sequías! Buena prueba de ello es el trabajo Ecologización de la Tierra y sus causas publicado en 2016 en Nature Climate Change con la colaboración de la NASA según el cual el aumento de los niveles de dióxido de carbono ha tenido en las últimas tres décadas un impacto enormemente positivo en la reverdificación o enverdecimiento -más hojas en plantas y árboles- habiendo aumentado la vida vegetal en algunas regiones más del 50%.

Y hablamos de un estudio internacional efectuado por 32 personas de 24 instituciones de ocho países que para determinar el área de cobertura foliar usó datos satelitales del Espectrómetro de Imágenes de Resolución Moderada de la NASA y los instrumentos del Radiómetro Avanzado de Muy Alta Resolución de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. El trabajo es contundente: «Hay un aumento persistente y generalizado del ámbito foliar creciendo más plantas entre el 25% y el ​​50% durante la temporada de crecimiento (ecologización) y menos de un 4% en el mundo de decrecimiento (pardeamiento). Las simulaciones factoriales con múltiples modelos de ecosistemas globales sugieren que los efectos de fertilización del CO2 explican el 70% de la tendencia observada de enverdecimiento seguido por la deposición de nitrógeno (9%), el cambio climático (8%) y el cambio de la cobertura de la tierra (LCC) (4%). Los efectos de la fertilización por CO2 explican la mayoría de las tendencias de restauración ecológica de los trópicos estando el cambio climático restaurando incluso las zonas altas de la meseta tibetana». En otras palabras, gracias al aumento de CO2 ¡el planeta se está volviendo más verde!

La propia NASA publicó en 2015 en su web el artículo Carbon dioxide fertilization greennig earth, study finds (Un estudio constata que la fertilización con dióxido de carbono está volviendo verde la Tierra). “Las hojas verdes -se explica en él- utilizan la energía de la luz solar mediante fotosíntesis para combinar químicamente el dióxido de carbono extraído del aire con el agua y los nutrientes extraídos del suelo a fin de producir azúcares, principal fuente de alimentos, fibra y combustible para la vida de la Tierra. Y nuestros estudios demuestran que el aumento de la concentración de dióxido de carbono aumenta la fotosíntesis estimulando el crecimiento de las plantas”.

¿UN 97% DE CONSENSO ENTRE LOS CIENTÍFICOS? 

Suponemos que el lector estará atónito y preguntándose cómo es entonces posible que llevemos décadas escuchando que «el 97%» de los científicos afirma que estamos ante «un peligroso cambio climático principalmente causado por el exceso de CO2. Quizás porque nunca se haya preguntado algo tan simple como ¿Cuándo -y dónde- se reunieron los meteorólogos, climatólogos, biólogos, geoquímicos, geofísicos, oceanógrafos, hidrólogos, paleontólogos, físicos y matemáticos del mundo que llegaron a semejante conclusión? Y la respuesta es simple: NUNCA

Lo de que «el 97% de los científicos» está de acuerdo en que asistimos a un peligroso calentamiento global que amenaza la vida en la Tierra es un camelo o, al menos, algo indemostrable. Y ha sido de hecho denunciado tantas veces que quienes promueven la farsa quisieron dejar en evidencia a los críticos con un «trabajo» en el que participaron 16 investigadores a los que se pidió que valoraran los principales estudios publicados sobre el tema, conclusiones que publicarían en 2016 en Environmental Research Letters con el título Consensus on consensus: a synthesis of consensus estimates on human-caused global warming (Consenso sobre consenso: una síntesis de las estimaciones de consenso sobre el calentamiento global causado por el hombre). Pues bien, en él se dice que el calentamiento global es real y lo estamos provocando los humanos porque así lo afirman entre el 90% y 100% de los artículos publicados en las revistas especializadas en climatología. ¿Y qué valoraron? Pues el resultado de 13 trabajos publicados entre 1991 y 2015 que resumían diversas encuestas y trabajos publicados previamente; teniéndose solo en cuenta los publicados en el caso de los que se basaron en artículos. Los presentados pero no publicados se obviaron… y ya se sabe que todo trabajo que discrepa de la corriente científica dominante -en cualquier especialidad- suele acabar olvidado en un cajón. En cambio se aceptó publicar algunos que se basaban ¡en meras encuestas!… hechas generalmente a los científicos que más publican.

Un ejemplo: Rosenberg publicó en 2010 una encuesta hecha a 433 investigadores y según afirma el 88’5% se manifestó a favor de la tesis oficial. Dato que corroboraba el trabajo de P. Doran y M. Kendall-Zimmerman que un año antes -en 2009- publicaron en Eos (Earth and Space Science News) -la revista de la American Geophysical Union– una encuesta hecha a 3.146 «científicos de la Tierra» -así se les presentaba- entre los que se supone había profesores de departamentos académicos relevantes y empleados de establecimientos gubernamentales. Pues bien, entre ellos había un subgrupo de 77 que eran los que más habían publicado sobre «problemas del clima» y fue solo entre los mismos donde hubo el famoso «consenso del 97%» elevándose luego la opinión del grupito a la categoría de «opinión científica mundial». No se explica pues por qué alguien hace caso de esa encuesta -especialmente los medios de comunicación-, máxime teniendo en cuenta que no se cita el nombre de ninguno de los 77 encuestados que además se limitaron a responder a dos preguntas ambiguas:

1) ¿El clima se ha calentado, enfriado o mantenido constante en comparación con el período anterior a 1800? Solo que tal pregunta es tramposa ya que solo tiene una respuesta: «Se ha calentado”. ¿Por qué’ Pues porque la referencia “antes de 1800” retrotrae a la denominada Pequeña Edad de Hielo que terminó alrededor de 1800; si se hubiese preguntado en cambio “en comparación con 1998”’ entonces la respuesta hubiera sido la de «Se ha enfriado”.

2) ¿Cree que la actividad humana es un factor significativo en el cambio de temperatura media global? Pregunta acientífica que ya riza el rizo porque la respuesta depende de lo que cada cual entienda por “significativo” y de lo que suponga que incluye la “actividad humana”. Del potencial efecto en el clima de la deforestación, los incendios, los cambios en las prácticas agrícolas, el abuso de las aguas subterráneas, el uso de pesticidas, la construcción de megalópolis y demás prácticas ¡ni una palabra!

Y una última observación: solo en 3 de los 13 trabajos evaluados los encuestados dijeron que la causa del calentamiento global se debía a los «gases»; el resto habla de «actividad humana» de forma genérica.

SILENCIADOS POR LOS GRANDES MEDIOS DE COMUNICACIÓN

En suma, los grandes medios de comunicación llevan años reiterando que el 97% de los científicos están de acuerdo en que la Tierra se está calentando y la principal causa es el dióxido de carbono aunque se trata de una afirmación gratuita jamás probada que no se sostiene con un solo trabajo serio ignorando a los prestigiosos científicos de renombre que lo niegan y alegan que la Tierra y la humanidad ya han atravesado antes épocas de hielo y períodos cálidos con sequías prolongadas y nosotros no tenemos nada que ver con lo que pasa en la actualidad. Y ha bastado para silenciarles que algunos energúmenos les tachen de “escépticos” del clima.

¿Cuántos lectores han oído hablar por ejemplo de la Declaración de Consenso de Hohenkammer firmada en 2006 por 32 de los principales científicos internacionales del ámbito de la climatología según la cual no hay bases científicas para afirmar que el supuesto calentamiento global se deba a los llamados «gases de efecto invernadero»?

¿Y cuántos del manifiesto With all due respect Mr. President, that is not true (Con el debido respeto, señor Presidente, eso no es cierto) firmado por 100 científicos norteamericanos y publicado en marzo de 2009 en diversos diarios norteamericanos… pagando porque se negaban a informar de ello?

¿Y cuántos de la Carta Abierta a la Canciller alemana Ángela Merkel firmada en julio de 2009 por 60 científicos alemanes en el mismo sentido?

¿Y cuántos del manifiesto que en 2010 firmaron 1.000 investigadores de diversos países y disciplinas científicas que se presentó en 2010 en la Conferencia sobre el Clima de la Organización de Naciones Unidas (ONU)?

Es evidente que muy pocos porque fueron ignorados por los grandes medios de comunicación.

Pues bien, al contrario de los testimonios anónimos -y por tanto de veracidad incomprobable- de quienes se supone estaban en un 97% de acuerdo -algo suficiente para los crédulos sin criterio- vamos a ofrecer lo dicho por algunos de quienes niegan las verdades oficiales impuestas sobre el clima y que firmaron el último manifiesto citado:

*A pesar de lo que haya escuchado en los medios de comunicación no hay consenso entre los científicos de que estemos ante un problema. Hasta dentro de 150 años al menos no podrá saberse estadísticamente si hay cambios climatologicos”. Tom Tripp (del Panel Climático de la ONU).

* «Mantengan la calma: la Tierra se curará sola. El clima está más allá de nuestro poder de control. A la Tierra no le importan los gobiernos ni su legislación. No se puede encontrar mucho calentamiento global real en las observaciones meteorológicas actuales. El cambio climático es una cuestión de tiempos geológicos, algo que la Tierra hace de manera rutinaria por sí misma sin pedir permiso o explicar«. Dr. Robert B. Laughlin (Premio Nobel de Física de 1998).

*La energía que genera la humanidad es tan pequeña en comparación con la cantidad total de energía del planeta que, simplemente, no puede afectar al clima (…) El clima del planeta está haciendo lo suyo y no podemos identificar tendencias significativas en los cambios debido a que se remonta a millones de años y su estudio comenzó hace poco. Somos hijos del sol. Simplemente, nos faltan datos para sacar conclusiones adecuadas”. Dr. Anatoly Levitin (Jefe del Laboratorio de Variaciones Geomagnéticas del Instituto de Magnetismo Terrestre, Ionosfera y Propagación de Radioondas de la Academia de Ciencias de Rusia).

*Se han despilfarrado cientos de miles de millones de dólares en el intento de imponer una teoría del Calentamiento Global Antropogénico (AGW) que no está respaldada por evidencias del mundo físico. Esta teoría ha sido impuesta a la fuerza por medio de un aluvión de historias de miedo y adoctrinamiento que comienza ya en los libros de texto escolares de Primaria”. Geraldo Luís Lino (geólogo brasileño autor del libro El fraude del calentamiento global: cómo un fenómeno natural se convirtió en una falsa emergencia mundial”).

* La naturaleza disfuncional de las ciencias del clima no es más que un escándalo. La ciencia es demasiado importante para que nuestra sociedad sea utilizada de manera incorrecta como se ha hecho dentro de la comunidad de la Ciencia del Clima. El establishment del calentamiento global ha suprimido activamente los resultados de investigación presentados por los investigadores que no cumplen con el dogma del IPCC”. Dr. Hans Jelbring (climatólogo de la Unidad de Paleogeofísica y Geodinámica de la Universidad de Estocolmo).

* «Tanto la temperatura como la salinidad suben y bajan de forma cíclica. Son ciclos relacionados con la actividad solar (…) En mi opinión y en la de nuestro instituto los problemas relacionados con la actual etapa de calentamiento se están exagerando. No estamos afrontando un calentamiento global de la atmósfera y los océanos”. Pavel Makarevich (miembro del Instituto Biológico de la Academia de Ciencias de Rusia).

*El efecto invernadero es temporal y no permanente; y la predicción del IPCC de que durante el siglo XXI se producirá un calentamiento global significativo no está respaldada por datos”. Dr. Michael Beenstock (profesor de la Universidad Hebrea y miembro honorario del Instituto de Asuntos Económicos).

Agregaremos que Patrick Moore, uno de los cofundadores de Greenpeace -hoy repudiado por la organización acusado de ser lobista de la industria nuclear- afirmó en marzo pasado en una entrevista aparecida en Breitbart News Tonight lo siguiente:El miedo se ha utilizado a lo largo de la historia para controlar las mentes y las billeteras de las personas. Y la catástrofe climática es, estrictamente, una campaña de miedo; bueno, de miedo y culpa. Tienes miedo de  estar matando a tus hijos porque los llevas en vehículos que emiten dióxido de carbono a la atmósfera y te sientes culpable por hacerlo”. Y añadió: “El movimiento verde difunde historias que infunden miedo entre el público para lo que cuentan con la cámara de resonancia de los medios, con noticias falsas que repiten una y otra vez insistiendo en que estamos matando a nuestros hijos. Y luego están los políticos verdes que compran a científicos con dinero del Gobierno para inducir miedo mediante materiales de apariencia científica (…), los negocios ecológicos -los capitalistas que aprovechan los subsidios masivos, las enormes amortizaciones de impuestos y los decisiones gubernamentales para proponer tecnologías con las que hacer fortuna- y, por supuesto, científicos bien dispuestos porque dependen de las subvenciones gubernamentales”.

DISIDENCIA ESPAÑOLA

Lamentablemente todo esto lo ignora la población y no son muchos quienes en España están dispuestos a hablar públicamente de ello aunque afortunadamente hay al menos un científico valiente y honesto que sí lo hace. Nos referimos a Luis Pomar, catedrático emérito de Estratigrafía de la Universidad de las Islas Baleares recién premiado en Canadá con la Medalla Sorby -una de las máximas distinciones mundiales en este ámbito- quien accedió amablemente a hablar con nosotros:

-Si le parece bien situemos antes de nada al lector: ¿qué es la Estratigrafía?

-La rama de la Geología que estudia e interpreta las rocas sedimentarias y las identifica, describe y secuencia -tanto vertical como horizontalmente- cartografiándolas y correlacionándolas con la historia.

Rocas formadas por acumulación de sedimentos debidos a la erosión de los continentes o de restos de organismos. Por eso en ellas podemos leer –cada vez con mayor detalle- la Historia de la Tierra desde su formación así como la evolución de la vida. Nos ayuda a entender cómo eran las condiciones climáticas en cada momento y cómo han evolucionado a lo largo de milenios; incluyendo qué gases había en la atmósfera y en qué cantidad así como el impacto que han tenido los seres vivos, desde las bacterias a los seres humanos.

-¿Y según los datos que ustedes tienen estamos asistiendo a un calentamiento global de la Tierra?

-Rotundamente, NO. Lo que se vislumbra hoy es lo contrario: una tendencia al enfriamiento. La Tierra ya ha sufrido a lo largo de millones de años numerosos ciclos de calentamiento y enfriamiento. Si analizamos los últimos cincuenta millones nos estamos enfriando pero si lo que analizamos son los últimos 16.000 se está calentando. En cambio si analizamos los 10.000 últimos se está enfriando, lo mismo que en los últimos 2.000 y en los últimos 700. Y si de nuevo concretamos más y hablamos solo de los últimos 100 años… entonces se está calentando. Insisto: es cíclico. La Tierra se está enfriando y calentando constantemente desde hace millones de años.

El período romano en el que se obtenía el trigo del norte de África resultó ser más cálido que el medieval; de hecho se le conoce como «período cálido romano» y llegó a su punto álgido en el 400 d.C. Más tarde  vivimos el «óptimo medieval» -época de calentamiento- al que siguió la llamada «pequeña edad del hielo» que terminó hacia 1800. Todo depende del período de tiempo que queramos valorar.

En cuanto al momento actual no hay dato o registro alguno que apoye que estemos ante un calentamiento más rápido de lo normal. Y desde luego no hay un solo dato que apoye la supuesta relación entre la temperatura global de la Tierra y el dióxido de carbono (CO2).

-¿Entonces niega usted la veracidad de la tesis comúnmente aceptada de que las emisiones de CO2 procedentes de la combustión de hidrocarburos sea una de las principales causas del calentamiento global que se dice vive la Tierra? ¿No está demostrada acaso la relación entre el CO2 y la temperatura?

-El CO2 actúa como gas invernadero pero es de los que tienen menos incidencia; mucho menor de la que tiene por ejemplo el vapor de agua cuya concentración en la atmósfera es notablemente mayor. Entiéndase que la temperatura del planeta no está determinada solo por los niveles de CO2. Ni existe correlación entre la concentración de CO2 en la atmósfera y la temperatura global. No existe ni a escalas de millones de años, ni de cientos de miles de años; ni siquiera a escala de miles de años. Esa correlación no existe. En los ciclos de corta duración -de once años- y en los de los últimos miles de años lo que determina la temperatura es la actividad solar. Y en los ciclos largos -de 100.000 años- depende de  las variaciones de la excentricidad de la órbita terrestre ya que la energía que llega a la Tierra desde el Sol varía en intensidad dependiendo de la distancia entre ambos. Estos ciclos de 100.000 años son los que han determinado las glaciaciones y los periodos cálidos interglaciares. Resumiendo: ni el aumento ni la disminución de la temperatura de nuestro planeta tienen que ver con el CO2.

-Pues la tesis oficial es que la Tierra se está calentando porque emitimos excesivo CO2 a la atmósfera…

-Algo paradójico porque ¡en la actualidad hay menos CO2 en la atmósfera que en ningún otro momento de la historia de la Tierra! A excepción quizás del final del Paleozoico cuando hubo posiblemente un nivel parecido al actual. De hecho las plantas han ido adaptándose a niveles cada vez más bajos de CO2:

Hoy tenemos dos grandes grupos de plantas: las C3 -como el arroz y el trigo- y las C4 -maíz, remolacha, caña de azúcar, etc.-. Las C3 crecen actualmente a la mitad de su potencial, cuando si se duplicara la cantidad de CO2 se duplicaría su crecimiento. Es pues absurdo intentar disminuir drásticamente el nivel de CO2 porque si lo lográramos -que lo dudo- contribuiríamos a provocar una gran hambruna y no un calentamiento global. Hoy la concentración atmosférica de CO2 está -según mediciones hechas en Hawai- ligeramente por encima de las 400 ppm (partes por millón) y la de 200 ppm que algunos proponen alcanzar se corresponde con el índice de las épocas glaciales. Tendría pues consecuencias devastadoras.

SUICIDIO COLECTIVO 

-¿Tan devastador sería pasar de una concentración de CO2 en la atmósfera del 0’04% al 0’02%?

-El desastre sería total. En la Antártida se están haciendo sondeos porque allí se puede calcular la edad del hielo y analizar la concentración de gases que había en la atmósfera en un momento determinado y hasta la cantidad de polvo. Y se ha descubierto que en las últimas fases glaciales la cantidad de polvo en la atmósfera fue tremenda. ¿Y eso qué significa? Pues que como el polvo tiene que subir desde el suelo a la estratosfera para poder alcanzar la Antártida eso indica que la tierra era muy árida durante los períodos glaciares. Y claro, como los humanos vivimos relativamente poco tiempo asociamos siempre aridez con falta de agua. No se nos ocurre pensar que en realidad la aridez la produce ¡el déficit de CO2! Porque hoy sabemos que la fotosíntesis -de la cual depende toda la vida de la Tierra, incluidos nosotros- requiere agua y CO2 para formar la materia orgánica dejando como residuo el oxígeno. En otras palabras: si usted no riega una maceta la planta no crece ¡pero si le quita el CO2 tampoco!

Insisto pues: si en lugar de reducir las actuales 400 ppm de CO2 de la atmósfera a 200 ppm aumentáramos su cantidad a 800 ppm ¡las plantas crecerían el doble! Lo sabe cualquier agricultor que por eso en los invernaderos inyecta CO2 a fin de que sus plantas crezcan más y mejor. Y los que tienen plantas acuáticas y algas en los acuarios que saben que suministrándolas CO2 crecen mucho más rápidamente. Si aumenta la temperatura y aumenta el CO2 la fotosíntesis es más rápida y la producción orgánica mayor. Y lo llamativo es que está tan constatado que es un procedimiento subvencionado.

Por el contrario, bajar el nivel a 200 ppm lo que haría es provocar una desertización; y no por falta de agua sino por déficit de CO2. Sería un suicidio colectivo. Afortunadamente dudo que eso sea posible.

-¿Entonces la industrialización no ha provocado ni acelerado cambio climático alguno?

-Quizás la combustión fósil haya podido aumentar algo la temperatura pero no hay datos fiables que indiquen cuánto. Insisto en cualquier caso en que el cambio climático del que se habla como algo preocupante provocado por el ser humano es un fenómeno natural que lleva produciéndose desde el comienzo de la existencia de la Tierra. Es más, el planeta ha llegado a congelarse totalmente dos veces, una de ellas justo antes de la aparición de los seres multicelulares.

Si en cambio retrocedemos solo hasta el Jurásico, período de los grandes monstruos carnívoros, es evidente que para alimentarse precisaban de la existencia de muchos herbívoros. Y si éstos se alimentaban de vegetales que en esa época eran de un valor nutritivo mucho menor es que había muchos y de considerable tamaño. Pues bien, hoy sabemos que en el Jurásico el nivel de CO2 era ¡de 10 a 100 veces mayor que hoy! La concentración era enorme así como la temperatura. ¿Qué sentido tiene pues demonizar al dióxido de carbono (CO2)?

-¿Se están obviando entonces intencionadamente otras variables provocadas por el hombre? Me refiero a la construcción de las grandes ciudades, los incendios, la deforestación, las malas prácticas agrícolas…

– Creo que, efectivamente, no se han tenido en cuenta muchas otras variables; al menos no con la seriedad debida… aunque no pueden ponerse en el mismo saco. Es obvio que no podemos seguir consumiendo y contaminando alegremente. Es de lógica elemental: gestión inteligente de los recursos. Pero las razones que aportan los gurús sobre el calentamiento global son falsas.

-¿Cómo vislumbra usted el futuro cercano?

-Hay que ser muy precavido a la hora hacer predicciones pero según tres agencias de investigación independientes de prestigio en los dos próximos ciclos de actividad solar la emisión solar va a disminuir y ello hará que las temperaturas sean cada vez más frescas, con inviernos más fríos y veranos más irregulares. Si esas predicciones se cumplen en el período 2030-2050 la actividad solar será mínima. Y en ese escenario no solo no vamos hacia un calentamiento global sino que en un par de décadas podemos entrar en una mini-fase de enfriamiento parecida a la que tuvo lugar entre 1645 y 1715 y que se conoció como el Mínimo de Maunder, período en el que la actividad del sol descendió de forma drástica.

Un periodo paradójico en el que se alternaron en Europa años de sequía y calor mortal con olas de frío que llegaron a congelar ríos como el Támesis y permitir patinar en los canales de Venecia. El clima parecía haberse vuelto loco.

Y no fue el único caso. Quesada Sal cuenta en su obra Nuestro porvenir climático: ¿un escenario de aridez? que entre 1505 y 1789 el Ebro se heló siete veces. Y que tanto en 1788 como en 1789 permaneció helado quince días. Es más, habla de una extensa red pozos de nieve, ventisqueros y glaciares entre los siglos XVI y XIX a lo largo del Mediterráneo oriental, algunos de ellos ubicados en zonas en las que en la actualidad no nieva un solo día al año.

Lo curioso es que el hecho de que coincida el descenso de energía solar con una atmósfera sobrecargada de CO2 podría librarnos de ese período de congelación. Sería irónico pues que se esté tratando de eliminar lo que en un futuro próximo podría ser nuestra salvación. Seamos por tanto claros: un planeta más frío y con menos dióxido de carbono reduciría enormemente la extensión de tierra cultivable, las estaciones de crecimiento, los hábitats de vida silvestre, la producción de los cultivos y nuestra capacidad para alimentar a la humanidad.

EL DISIDENTE NO SALE EN LA FOTO…NI RECIBE DINERO 

-En 2010 se dieron a conocer numerosos correos electrónicos «robados» que demostraban que un grupo de científicos influyentes manipuló los datos que apoyan la teoría del cambio climático antropogénico y lograron que quienes lo niegan pudieran publicar nada en revistas de prestigio a fin de presentarla como algo irrefutable, no discutido por nadie. El escándalo se conoció como Climagate pero nadie parece haberse enterado…

-La comunidad científica camina en paralelo a la sociedad civil. Hay una pérdida de ética y de seriedad totales. Se habla ya sin datos reales manejándose incertidumbres y modelos inconsistentes. Aseguran con total desfachatez y sobre muchas cosas que un alto porcentaje de la «comunidad científica» está de acuerdo, que existe un consenso cercano al 100% aunque no sea verdad en absoluto. Llegan a inventarse sin más las cifras. Estamos ante una vergonzosa manipulación basada en falsas premisas. Y al que no quiera aceptarlo se le deja fuera del sistema. ¿Quieres dinero para demostrar una verdad oficial? Te lo dan. ¿Lo quieres para investigar y publicar los resultados sin manipularlos? No te lo dan. Conocí a un catedrático de Física con el que hablé mucho sobre el CO2 y el calentamiento global y al igual que yo negaba la relación… hasta que lo nombraron miembro del panel climático. Sin comentarios.

-Permítame una última pregunta: ¿qué sentido tiene apoyar la teoría de que estamos abocados a un rápido calentamiento global y que el principal responsable es el dióxido de carbono (CO2)? No se entiende fácilmente…

-Hace unos años estuve convencido de que tenía que ver con la geoestrategia del petróleo porque como el 50% de las reservas mundiales están en el Golfo Pérsico había que buscar alternativas y se trataba de convencer a la sociedad del peligro de seguir quemando hidrocarburos para apoyar la energía nuclear. El diario El Pais recogió en diciembre de 2009 la propuesta que hizo el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero de modificar su posición respecto a la energía nuclear y en febrero de 2010 las declaraciones de su Ministro de Industria Miguel Sebastián que auguraba que la energía nuclear sería “una renovable más”. Fukushima y el recuerdo de Chernóbil darían al traste con esa estrategia pero hoy se sigue con ella aunque el objetivo haya cambiado y éste sea el de la llamada «energía limpia» que sale en realidad mucho más cara pero tras la cual hay muchos intereses y cientos de miles de millones de dólares en juego; de hecho para poder sostenerla nos van a freír a impuestos, incluido el de los pedos de las vacas que está estudiando Bruselas. Nuestro flamante Ministerio para la Transición Ecológica ya ha puesto de hecho a nuestra disposición calculadoras de la huella del carbono. ¿Es pues esa la razón? Lo ignoro aunque la fragilidad geoestratégica del uso de los hidrocarburos fósiles es muy patente y obviamente exige su sustitución por otras energías con menor fragilidad de suministro.

Lo que es científicamente objetivo y riguroso es que no estamos ante un proceso de calentamiento global de la Tierra y que aún si hubiese sido así el dióxido de carbono (CO2) no sería desde luego el responsable.

Antonio F. Muro

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