Una doctora supera una esclerosis múltiple con un protocolo dietético desarrollado por ella misma

La doctora Terry Wahls -profesora de Medicina de la Universidad de Iowa- ha logrado superar la esclerosis múltiple avanzada que padecía modificando simplemente su alimentación y siguiendo un protocolo desarrollado por ella misma basado en la Dieta Paleolítica. Lo llamativo es que era vegetariana y tuvo que volver a comer carne y pescado para recuperarse. Y es que tras estudiar todo lo que hay publicado sobre esta enfermedad considerada incurable llegó a la conclusión de que puede superarse por completo si el enfermo deja de ingerir lo que le hace daño y se asegura de recibir todas las vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos, enzimas, probióticos, ácidos grasos y oligoelementos que el organismo necesita, se potencia el funcionamiento mitocondrial celular y se reparan los daños neuronales. Damos cuenta de su singular experiencia y de lo que propone para superar tan grave patología y otras muchas.

ESCLEROSIS

Terry Lynn Wahls es profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Iowa (EEUU) donde actualmente realiza investigaciones clínicas sobre cómo una dieta y un estilo de vida adecuado permiten resolver problemas cognitivos graves e incluso enfermedades autoinmunes crónicas consideradas hasta ahora incurables. Lo explica en su obra The Wahls Protocol: How I Beat Progressive MS Using Paleo Principles and Functional Medicine (El Protocolo Wahls: cómo vencí una esclerosis múltiple progresiva utilizando los principios paleo y la medicina funcional) que se complementa con el libro de cocina The Wahls Protocol Cooking for Life: The Revolutionary Modern Paleo Plan (Cocinando para la vida con el Protocolo Wahls: revolucionario plan paleo moderno).

Médica e investigadora de prestigio no habla sin embargo en sus libros de propuestas que hay que investigar y valorar sino de lo que hizo en la práctica para superar la esclerosis múltiple secundaria progresiva que se le diagnosticó en el año 2003 -la más avanzada- y la llevó en noviembre de 2007 a no poder permanecer siquiera sentada. “Tenía que estar recostada en una silla reclinable de ‘gravedad cero’ –cuenta– tanto en casa como en el trabajo o bien en la cama. Solo podía recorrer distancias cortas y usando bastones. Perdía a menudo las llaves, el teléfono… En fin, era evidente que con el tiempo sería inevitable quedarme definitivamente en cama debido a mi enfermedad. Me encontraba en una auténtica encrucijada”.

Sería entonces cuando decidió leerse todo lo que hay publicado en la literatura científica sobre esclerosis múltiple entrando en Internet e infirió que lo más adecuado no era consumir fármacos sino cambiar radicalmente sus hábitos nutricionales, algo que por cierto confiesa le costó mucho hacer porque llevaba 15 años siendo vegetariana. Con un inesperado y sorprendente resultado como ella misma explica: “Tres meses después podía caminar por las consultas apoyándome solo en un bastón y un mes después por todo el hospital sin él. A los cinco meses pude ya montar en bicicleta -por vez primera en diez años- y pedalear dando una vuelta a la manzana. Y en cuanto seguí durante nueve meses la dieta que diseñé pude pedalear 18 millas y al año siguiente pasear a caballo por las Montañas Rocosas de Canadá́”.

A quien no conozca qué es la esclerosis múltiple lo explicado quizás no le parezca un logro extraordinario pero estamos hablando de una patología neurodegenerativa desmielinizante y crónica del sistema nervioso central cuya causa -o causas- sigue siendo desconocida y, por tanto, se considera incurable. Patología que se caracteriza básicamente por la pérdida de la vaina de mielina -sustancia grasa que rodea y aísla los nervios del cerebro y la médula espinal permitiendo transmitir la información rápidamente- lo que termina llevando a que la zona se inflame y la barrera hematoencefálica se haga permeable permitiendo que tanto toxinas como posibles patógenos accedan a ella al igual que los leucocitos mononucleares del sistema inmune que de inmediato acuden para ayudar. Ayuda que cuando no es suficiente lleva a la muerte masiva de neuronas en las zonas afectadas y a la aparición de las llamadas placas escleróticas.

Cabe agregar que la teoría más aceptada hasta el momento sobre el origen de la esclerosis múltiple es que se debe a un “auto-ataque” del propio sistema inmune -como daño colateral- al detectar y combatir algún antígeno, virus, radical libre o sustancia extraña al organismo que de alguna forma se mimetiza con los tejidos neuronales.

UNA PESADILLA INTERMINABLE

Obviamente la progresión de la enfermedad es distinta en cada enfermo porque depende del grado de desmielinización neuronal y aunque médicamente se habla de «tipos de esclerosis múltiple» lo correcto sería hablar de «estadios» de la enfermedad. El caso es que los médicos hablan por eso de…

Esclerosis múltiple recurrente-remitente (EMRR) cuando los síntomas aparecen esporádicamente en forma de «brotes» que duran unos días, unas semanas o unos meses; aparecen y desaparecen pudiendo a veces provocar daños neurológicos. Es la fase incipiente.

…Esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP) cuando empieza a haber cada vez más síntomas afectando ya -sobre todo- a la capacidad para caminar.

Esclerosis múltiple secundaria progresiva (EMSP) cuando al pasar los años el deterioro neurológico es ya grave y afecta claramente a la movilidad o la cognición. Los grados de deterioro son variados porque la enfermedad progresa -con o sin brotes- de forma distinta en cada persona. Este era el caso de la doctora Wahls.

En cuanto a los síntomas dependen de los daños que se hayan producido en el sistema nervioso central y son pues muy numerosos los que pueden manifestarse: calambres, cosquilleo, apatía, astenia, adormecimiento, ansiedad, agresividad, descoordinación en los movimientos, depresión, disfagia (problemas al tragar), disartria (problemas al hablar), disfunción sexual, disnea (problemas al respirar), espasticidad (rigidez muscular), espasmos musculares, fasciculaciones musculares (pequeñas pero generalizadas vibraciones musculares), labilidad emocional (risas y llantos inapropiados sin afectación psicológica), insuficiencia respiratoria, pérdida de memoria a corto plazo, pérdida de masa muscular, problemas cognoscitivos (dificultad de realizar tareas simultáneas), problemas para seguir instrucciones detalladas, problemas de visión (pérdida, doble visión o nistagmo), pseudodepresión (o por el contrario desinhibición, impulsividad, irascibilidad, infantilismo…), estreñimiento (por inmovilidad) y parálisis.

De ello se habló ya ampliamente en nuestra revista por lo que invitamos a las personas interesadas en conocer los aspectos biológicos de la enfermedad, sus distintas causas y posibles mecanismos fisiológicos a que lean en nuestra web –www.dsalud.com- el documentado reportaje que con el título Qué es la esclerosis múltiple y cómo tratarla publicó el director de esta revista José Antonio Campoy y apareció hace ya casi seis años -2014- en dos partes dada su extensión (en los números 172 y 173).

El caso es que como los médicos aseguran que la causa de la enfermedad se ignora no pueden obviamente ni prevenirla ni curarla así que se limitan a recetar fármacos paliativos siendo los medicamentos pautados más habituales inmunomoduladores -como el interferón β y el acetato de glatiramero-, anticuerpos monoclonales, antiinflamatorios, esteroides, medicamentos para reducir la espasticidad muscular, fármacos de acción colinérgica, antidepresivos, ansiolíticos, presuntos neuroprotectores, etc. La mayoría de los cuales son sintomáticos provocando casi todos graves efectos secundarios.

Dicho esto y dada la propuesta de la doctora Wahls debemos recordar que son muchas las personas con esclerosis múltiple que son además celiacas o, al menos, intolerantes al gluten; de hecho todas mejoran cuando siguen una dieta libre de gluten. E igualmente se ha constatado que son alérgicas o intolerantes a la leche, muy especialmente a la de vaca. Y a las lectinas que se encuentran en los granos y legumbres.

Por el contrario, los polifenoles -que entre otros alimentos se encuentran en frutas, verduras, hierbas, nueces, té, vino tinto, algas, café, chocolate, aceitunas y aceite de oliva-, los carotenoides -presentes en frutas, verduras, aceitunas, algas y mariscos-, los ácidos grasos poliinsaturados -están sobre todo en las nueces, semillas, aceite de oliva virgen, algas y pescado-, la vitamina D -se encuentra en hongos, pescados e hígado- y minerales como el selenio -que se encuentra en nueces, pescado y mariscos- y el zinc -que se encuentra en nueces y semillas- tienen el potencial de regular la expresión de las moléculas inflamatorias, interferir con la señalización celular que precede a la inflamación y contrarrestar los procesos de estrés oxidativo.

Además las vitaminas del grupo B -que se encuentran en la levadura, el hígado y las verduras-, la vitamina E -presente en nueces, aceites, verduras y frutas- y la vitamina K -que se encuentra en las verduras y el hígado- así como cofactores antioxidantes y energéticos -como el ácido alfa lipoico que se encuentra en las vísceras de la carne, las verduras y la levadura- y la ubiquinona o coenzima Q10 -presente en las verduras, el aceite de oliva, la carne y el pescado- mejoran el funcionamiento mitocondrial y ayudan a quienes padecen la enfermedad.

Datos que aportamos para entender por qué la doctora Terry Wahls desarrolló un protocolo dietético y no farmacológico; bueno, eso y su experiencia vital por lo que es oportuno explicar brevemente algo de su vida.

¿INCURABLE? ¡NO!

Terry Lynn Wahls nació el 9 de noviembre de 1955 y creció en una granja rural de Iowa (EEUU) en la que ayudó muchas veces a sus padres a sacrificar gallinas y pavos hasta que en 1972, estando en el último año de Secundaria, leyó el libro de Frances Moore Lappé titulado Diet for a Small Planet (Dieta para un pequeño planeta) y se hizo vegetariana. Aquella lectura le hizo pensar que era moralmente incorrecto criar y matar animales para alimentarse y además asumió que una dieta vegetariana es más sostenible para el medio ambiente. De hecho cuenta que cuando estudiaba en la Facultad de Medicina se alimentaba básicamente de verduras, legumbres, arroz, pan integral y frutas añadiendo huevos y queso para asegurarse de que obtenía suficientes grasas y proteínas. Una vez tuvo hijos añadiría a su dieta el pescado pero los alimentos básicos seguirían siendo los citados, especialmente las legumbres, los granos, los huevos y los productos lácteos.

Pues bien, en la década de los ochenta ya empezó a notar que algo no iba bien aunque aun sin inferir qué le pasaba. “Un día comencé a sentir como fugaces punzadas de dolor eléctrico en mis sienes -cuenta en su libro- que en los días siguientes se volvieron más incómodas y eléctricas hasta que finalmente sentí un fuerte pinchazo en la cara, como si hubiera sufrido una descarga de 10.000 voltios”.

Luego aparecerían síntomas nuevos que no supo a qué achacar y fueron en aumento hasta que en el año 2000 la diagnosticaron una Esclerosis Múltiple Remitente Recurrente. Lógicamente preocupada buscó un centro especializado en la enfermedad llegando así a una clínica de Cleveland en la que según cuenta nadie le preguntó ni por su tipo de vida, ni qué comía o bebía. Solo la dijeron que lo importante era medicarse para intentar reducir los brotes, evitar sufrir un ataque agudo o tener recaídas para lo cual la recetaron una serie de carísimos fármacos que costaban cerca de 1.000 dólares al mes -su precio es hoy de más de 5.000- y tienen una larguísima lista de efectos secundarios: dolor, depresión, llagas, problemas cardíacos, mayor riesgo de infecciones potencialmente mortales e, incluso, la muerte. Desconocedora de la enfermedad y siendo médica aceptaría finalmente tomarlos pero su estado siguió deteriorándose progresivamente.

Eso sí, consciente de que no mejoraba se dedicó mientras a buscar alternativas llegando así al trabajo de un colega médico llamado Ashton Embry cuyo hijo padecía la enfermedad y aseveraba que en ella influía sin duda alguna la alimentación y había que eliminar de la dieta los granos y los lácteos e incluir la carne. Aquello le chocó siendo vegetariana y consumidora de lácteos y granos pero no lo rechazó: “Decidí que valía la pena intentarlo -escribiría luego-. Al principio la idea de comer carne me daba asco tanto física como moralmente pero quería sanar desesperadamente y estaba dispuesta a intentar casi cualquier cosa”.

Poco después -en 2002- llegaría a sus manos la obra The Paleo Diet (La Dieta Paleo) de Loren Cordain, profesor emérito del Departamento de Salud y Ciencias del Ejercicio de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU) y miembro del Instituto de Nutrición Norteamericano y de la Sociedad de Nutrición Clínica Norteamericana. Se trata de una dieta basada en lo que comían nuestros ancestros cavernícolas en el Paleolítico -de ahí lo de Dieta Paleo- que se basa en consumir verduras, frutas, carne y pescado y se excluyen los granos, los lácteos y también las legumbres. Diversos estudios han demostrado que disminuye el riesgo de enfermedad cardíaca, reduce el peso y la presión arterial, mejora los niveles lipídicos en sangre, mejora la sensibilidad a la insulina y disminuye la grasa hepática. La propuesta sorprendió de nuevo a Terry Wahls pero como seguía sin mejorar con el tratamiento farmacológico decidió probarla. Así lo explica: “Me pregunté si sería capaz de comer animales tras tanto tiempo siendo vegetariana y tener además que renunciar a mis queridos pan, judías y arroz. Pasé un tiempo reflexionando sobre la vida en la naturaleza y entendí finalmente que en ella todos nos consumimos, que unos se comen a otros. Nuestros propios átomos y moléculas se reciclan continuamente. Todos los seres vivos que no cuentan con el beneficio de la fotosíntesis deben consumir otros seres: plantas, hongos, bacterias y animales. Y al final a mí también me consumirán. Así que comencé poniendo carne en la sopa; pequeñas cantidades y en pequeños trozos. Y poco a poco, a medida que me fui acostumbrando al sabor, la carne comenzó a saberme mejor y comencé a sentirme más fuerte. Finalmente haría la transición a la dieta de estilo paleolítico abandonando todos los granos, legumbres y productos lácteos”.

Fueron sin embargo solo unos meses y si bien el deterioro físico pareció ralentizarse la enfermedad siguió avanzando.

De hecho en 2003 se le diagnosticaría ya una Esclerosis múltiple secundaria progresiva -el estadio más avanzado de la enfermedad- por lo que, asustada, comenzó a consumir los fármacos de quimioterapia que le recomendaron; primero Tysabri y luego CellCept. Y es que se encontraba ya la mayor parte del tiempo en una silla de ruedas reclinable porque no podía permanecer sentada mucho tiempo.

“Me di cuenta pronto -explicaría luego- de que la medicina convencional me estaba fallando. Tenía cada vez más miedo, tanto por mí como por mi familia, porque estaba claro para todos que pronto estaría postrada en cama. Y fue queriendo evitar eso mientras pudiera por lo que emprendí una desesperada búsqueda de información. Me daría cuenta así de que en la esclerosis múltiple el cerebro se contrae con el tiempo al igual que sucede en la enfermedad de Huntington, el parkinson y el alzheimer y busqué en PubMed las últimas investigaciones sobre todas esas enfermedades descubriendo que había un punto en común: la disfunción mitocondrial. Las mitocondrias son los orgánulos que se encuentran en el interior de las células y se ocupan de producir energía y vi que en todas esas enfermedades no funcionan bien siendo eso lo que provoca la muerte prematura de las células cerebrales y la reducción del cerebro. Constatado eso me propuse saber qué proponían hacer los investigadores y tras nuevas búsquedas encontré estudios murinos en los que se habían logrado proteger cerebros de ratones dándoles aceite de pescado, creatina y coenzima Q. Y preparada como estaba para probar cualquier cosa calculé las dosis que debía tomar un ser humano en función de las dadas a los ratones y comencé una primera ronda de auto-experimentación. Sin embargo aunque el avance de la enfermedad se ralentizó continuaba progresando. La ingesta de esos suplementos tampoco fueron suficientes”.

En 2007 el deterioro era ya tal que pensó en dejar el trabajo y solicitar la discapacidad pero a pesar de la fatiga y de su “niebla mental” siguió estudiando todas las noches hasta hacer dos nuevos hallazgos que cambiarían su vida. El primero fue el descubrimiento de los dispositivos de electroestimulación neuromuscular que utilizan muchos atletas y comprobar tras encontrar 212 artículos en PubMed que también se utiliza en personas con lesiones de la médula espinal así como en quienes han sufrido un derrame cerebral o parálisis. No encontró sin embargo trabajo alguno que hubiese estudiado su eficacia en casos de esclerosis múltiple pero ello no le impidió decidir probarlo y comenzar un programa diario de ejercicios para intentar mejorar la movilidad.

Su segundo descubrimiento fue un curso titulado Neuroprotección: un enfoque de medicina funcional para síndromes neurológicos comunes y poco comunes que impartía el Instituto de Medicina Funcional. Y es que fue gracias a él como supo que para fabricar mielina el organismo necesita sobre todo grandes cantidades de vitaminas del grupo B -especialmente B1 (tiamina), B9 (ácido fólico) y B12 (cobalamina)-, ácidos grasos omega 3 y yodo; y que para producir neurotransmisores se precisa sobre todo vitamina B6 (piridoxina) y azufre. Información que complementaría averiguando qué necesita el cuerpo para potenciar el funcionamiento de las mitocondrias lo que le llevaría a elaborar finalmente una relación de 21 nutrientes esenciales: ocho vitaminas (retinol, B1, B3, B6, B9, B12, E y K), siete minerales (calcio, fósforo, magnesio, hierro, zinc, cobre y selenio) y seis ácidos grasos (palmítico, linoleico, linolénico, araquidónico, eicosapentaenoico y docosahexaenoico).

Wahls comenzaría a tomarlos en forma de suplementos y lentamente empezó a sentirse cada vez mejor por lo que luego se planteó si no serían más eficaces esos nutrientes obteniéndolos directamente de sus fuentes, es decir, de los propios alimentos. Decidió averiguarlo y gracias a la información encontrada en Internet consiguió sustituir todos ellos por los alimentos que los contenían. Nacería así el protocolo dietético que diseñó específicamente para lograr que el cuerpo aumentara la producción de mielina y neurotransmisores además de potenciar el funcionamiento mitocondrial.

¿El resultado? Así lo cuenta ella misma: “Fue entonces cuando la magia acaeció. Al mes siguiente mi energía era mucho mayor y la niebla del cerebro había desaparecido. Dos meses después podía ya caminar entre las consultas con ayuda de un bastón. Seis meses después monté en bicicleta por primera vez en casi seis años. Y a los nueve meses completé un paseo en bicicleta de 18 millas con mi familia. Mi mundo había cambiado por completo. Y finalmente me permití aceptarlo: estaba mejorando, estaba haciendo historia porque nadie antes con una esclerosis secundaria progresiva había recuperado las funciones perdidas. Mi futuro estaba siendo reescrito y la antigua yo, la doctora de Medicina Interna convencional que tenía muy poca paciencia con la medicina complementaria o alternativa había sido derribada de su caballo como Pablo en el camino a Damasco”.

ALERGIAS Y TOXICIDAD AMBIENTAL 

Terry Wahls no se detendría sin embargo ahí sino que decidió examinar los trabajos publicados sobre los factores medioambientales que se han asociado a problemas cognitivos encontrando dos asuntos que le parecieron especialmente relevantes: las alergias alimentarias y los tóxicos ambientales. Se enteraría así de que las alergias alimentarias son responsables de numerosos síntomas que cursan a menudo de forma silente sin siquiera molestias abdominales y podrían estar relacionados con la aparición de la esclerosis múltiple por lo que añadió a su protocolo la eliminación de los alérgenos más comunes: el gluten, los huevos y los lácteos. Y hasta tal punto acertó en su decisión que hoy reconoce que cuando se expone accidentalmente a cualquier alimento que los contiene le aparece de nuevo un dolor facial tan intenso -a las 6-12 horas- que durante tres días se ve obligada a tomar altas dosis de prednisolona o esteroides.

Por lo que a los tóxicos se refiere encontró especialmente relevante la cantidad de personas que hay intoxicadas por mercurio -sin duda debido a las amalgamas dentales, a algunos antiácidos y a las vacunas- y por pesticidas. Obviamente no estaba en condiciones de determinar qué productos químicos tóxicos registrados en la Agencia de Protección Ambiental podrían haberla afectado a ella tras pasar años en la granja de sus padres donde se usaron diversos pesticidas y herbicidas pero consciente de que podía ser así y haber contribuido a su enfermedad buscó la mejor manera de contrarrestar sus posibles efectos optando por excretar las toxinas internas para lo que propone agregar a la dieta fibra, aminoácidos azufrados y vitaminas B9 y B12 metiladas.

Es importante reseñar también que cuando empezaba su nueva dieta se le encomendó tratar a pacientes con lesiones cerebrales traumáticas y lo que hizo irritó enormemente a sus colegas. “Antes de que interviniera yo se les decía a los pacientes que iban a ser tratados psiquiátricamente según fuera necesario para luego ver qué pasaba. Cuando yo me hice cargo de algunos sugerí a los pacientes con lesiones cerebrales otras cosas que podían hacer y mis colegas se pusieron fuera de sí, con quejas continuas manifestando que ese no era el protocolo estándar de actuación. Tuve que acudir al jefe de personal para explicarle por qué les hablaba de las vitaminas del grupo B, del aceite de pescado, de una dieta sin gluten y de la ingesta de vegetales para tratar lesiones traumáticas cerebrales. Tuve que explicarle las ‘locuras’ que según las quejas estaba haciendo. Al final reconoció que había fundamentación científica en lo que proponía y podía seguir haciéndolo mientras no hubiera evidencia alguna de daños”.

Dos años después las mejoras obtenidas en sus pacientes fueron tan evidentes que el Jefe de Medicina del centro le pediría que dejara de trabajar en Atención Primaria para crear un departamento especializado en lesiones cerebrales en el que aplicar su método; dos semanas después el director del hospital lo autorizaba. De hecho su experiencia en ese campo la llevaría a trabajar luego para el Departamento de Veteranos de Guerra en la Clínica de Lesiones Cerebrales Traumáticas.

Quizás lo más difícil de explicar para la doctora Wahls haya sido su abandono de la dieta vegetariana. “Una vez fui vegetariana por convicción -dice- pero ahora, como médico, no puedo recomendarla. Es una cuestión de conciencia. Hoy sé que la dieta del ‘cazador-recolector’ es más nutritiva que la dieta de la Asociacion Americana del Corazón, más nutritiva que la dieta de la Asociacion Americana de la Diabetes y más nutritiva que la pirámide de los alimentos del United States Department of Agriculture (USDA)”. 

TRES PLATOS, NUEVE TAZAS 

¿Y cuál es la dieta que propone la doctora Wahls? Pues se basa en consumir diariamente tres copiosos platos «en los que no se vea el fondo»:

1) Un primer plato compuesto de vegetales de hoja verde (lechuga, acelgas, espinacas, repollo, col, berros, etc.), brócoli y remolacha. Crudas en ensalada o ligeramente cocidas. Se trata de verduras ricas en vitaminas del grupo B, A, C y K así como minerales. Verduras entre las que destaca la col rizada ya que la considera un superalimento al contener más nutrientes por caloría que ninguna otra planta; contiene altos niveles de las vitaminas antes citadas y además 45 flavonoides que protegen de la oxidación. Recordemos que, entre otras funciones, las vitaminas del grupo B protegen las neuronas y potencian la producción de energía por las mitocondrias, que las vitaminas A y C ayudan a las células del sistema inmune, que la vitamina K ayuda a mantener en buen estado los vasos sanguíneos y los huesos y que los minerales son cofactores imprescindibles en cientos de reacciones enzimáticas.

2) Un segundo plato copioso -unas tres tazas grandes- de verduras ricas en azufre -maximizan la desintoxicación del organismo- con abundancia de cebollas, cebolletas, puerros, cebollinos, apio, chirivía, ortigas, verdolagas, espinacas, ajos, diente de león, espárragos y perejil así como crucíferas: rábanos, berros, col, col lombarda, repollo… Plato al que pueden agregarse setas como la shiitake (Lentinus edodes), el reishi (Ganoderma lucidum) y la melena de león (Hericium erinaceus) además de champiñones como el Agaricus bisporus. Y,

3) Un tercer plato compuesto por una macedonia de vegetales de colores cortados en trozos no excesivamente pequeños, a poder ser distintos cada día. Como se sabe los colores se deben a los pigmentos, es decir, a los flavonoides y polifenoles presentes en ellos, potentes antioxidantes beneficiosos para las mitocondrias y las neuronas que además ayudan a eliminar toxinas. Hablamos de remolachas, zanahorias, bayas, etc.

A esos tres platos pueden añadirse al final frutas: peras, manzanas, plátanos…

La doctora Wahls recomienda asimismo tomar a diario bien 100 gramos de carne, bien entre 200 y 300 gramos de pescado, preferentemente criado en libertad; siendo especialmente recomendables los pescados azules como el salmón y el arenque. Asimismo apuesta por consumir vísceras una vez a la semana ya que son fuentes concentradas de vitaminas y minerales fácilmente absorbibles y de coenzima Q: hígado encebollado (el hígado no almacena toxinas), corazón, lengua, mollejas, ojos…

También forman parte de su dieta las algas -una vez a la semana- al ser ricas en yodo -este mineral ayuda a crear mielina y a eliminar toxinas y metales pesados- y selenio. Y como sustituto de la leche de vaca leche de coco a la que considera un «súper-combustible» para el cerebro.

Finalmente también recomienda la práctica de la meditación.

UN CAMBIO DE PARADIGMA

Terminamos indicando que la propuesta dietética de la que hablamos ha sido ya objeto de dos estudios publicados en 2019. En febrero apareció en Nutrients el trabajo Review of Two Popular Eating Plans within the Multiple Sclerosis Community: Low Saturated Fat and Modified Paleolithic (Revisión de dos planes de alimentación populares dentro de la comunidad de esclerosis múltiple: bajo contenido en grasas saturadas y paleolítico modificado) que fue efectuado por la propia doctora Wahls en colaboración con los investigadores C. A. Chenard y L. G. Snetselaar y la conclusión es que tanto la llamada Dieta Swank como la de Wahls “tienen series de casos y datos piloto que muestran un impacto favorable en los síntomas de la esclerosis múltiple”.

Y en marzo se publicó en la misma revista el trabajo Nutrient Composition Comparison between a Modified Paleolithic Diet for Multiple Sclerosis and the Recommended Healthy U.S.-Style Eating Pattern

(Comparación de la composición de nutrientes entre una dieta paleolítica modificada para la esclerosis múltiple y el patrón estadounidense de alimentación saludable recomendado) elaborado bajo la supervisión de la misma doctora Wahls por los dos autores antes citados a los que se unió el investigador L. M. Rubenstein.

Cabe agregar que según asevera la doctora Wahls su protocolo se ha probado ya parcialmente en 20 pacientes con esclerosis múltiple observándose mejoras sustanciales en sus niveles de energía, calidad de vida, cognición, razonamiento espacial y lenguaje así como menos ansiedad y menor depresión.

Cabe agregar que según asevera la doctora Wahls su protocolo se ha probado ya parcialmente en 20 pacientes con esclerosis múltiple observándose mejoras sustanciales en sus niveles de energía, calidad de vida, cognición, razonamiento espacial y lenguaje así como menos ansiedad y menor depresión. Consciente sin embargo de que probar su eficacia en gran número de pacientes escapa a sus posibilidades ya que requiere una gran inversión y su protocolo no es patentable decidió escribir un libro contando su experiencia a fin de que cualquier enfermo pueda seguir sus sugerencias e informar luego voluntariamente de los resultados. Una decisión que obviamente no gustó a quienes tratan con meros fármacos sintomáticos a estos pacientes y fue por ello duramente criticada a pesar de que su propuesta no interfiere con los protocolos convencionalmente admitidos, nada eficaces en la cura de la esclerosis.

Cuando decidí escribir mi libro para el público -explicaba la doctora Wahls en una entrevista- hubo un gran rechazo. A mis colegas les preocupaba que apareciera antes de hacerse una investigación a doble ciego pero entendí que lo correcto éticamente era contar lo que estaba haciendo dando las razones científicas, los límites y los estudios propuestos. La National Multiple Sclerosis Society manifestó su temor a que creara falsas expectativas y expresó su desacuerdo pero a pesar de ello el libro se publicó y a partir de ese momento las cosas cambiaron. De pronto los afectados por la esclerosis múltiple dejaron de hablar de fármacos y empezaron a hacerlo de mi protocolo, de cambios en la dieta y el estilo de vida y de la medicina funcional. Y eso llevó a la National Multiple Sclerosis Society a reevaluar sus prioridades de investigación en términos de dieta y estilo de vida. Se celebró una reunión a la que fui invitada y les animé a revisar su estrategia y realizar investigaciones sobre la importancia de la dieta y el estilo de vida. Y no solo yo: comenzaron a recibir grandes presiones de sus donantes para que financiasen investigaciones sobre la Dieta Swank basada en el trabajo del doctor Roy Swank -autor de La dieta de la esclerosis múltiple– y sobre la mía. De hecho presentamos una propuesta para hacer eso y nos dieron más de un millón de dólares para nuestro estudio”.

Finalizamos indicando que lo siguiente que quiere investigar la doctora Wahls es averiguar el papel exacto que juega el microbioma en la esclerosis múltiple. Está convencida de que todas las personas con esclerosis múltiple padecen disbiosis pero ante la gran variedad de posibles combinaciones en la composición del microbioma hay que estudiarlo a fondo. De hecho a su juicio la solución para equilibrar un microbioma alterado no es tomar cápsulas con probióticos sino ingerir gran cantidad de verduras diferentes.

Antonio F. Muro

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