Unos zapatos inadecuados pueden arruinar su salud

El calzado ha sido siempre un elemento imprescindible en la vida del ser humano como protección del frío, la humedad, las irregularidades del terreno, los golpes y las irritaciones de la piel habiendo llegado incluso a convertirse en nuestros días en un objeto estético y un claro artículo de moda. Sin embargo, si no está adaptado a la forma y funciones del pie puede convertirse en un auténtico objeto de tortura favorecedor de diversas patologías. Hasta el punto de que en los países civilizados el 80% de la población adulta sufre -en mayor o menor grado- de los pies.

CARACTERÍSTICAS DEL ZAPATO MÁS CONVENIENTE 

  • El zapato debe adaptarse a la forma anatómica de nuestro pie y no al contrario.
  • Un zapato cómodo debe respetar la armonía entre la longitud y la anchura, es decir, los perímetros del pie a diferentes niveles.
  • La capacidad debe ser la adecuada. Que nuestro pie entre no quiere decir sin más que sea el adecuado pues aunque, debido a su elasticidad, puede adaptarse, puede haber presiones excesivas en determinados puntos que lo vayan deformando.
  • Hay que procurar que el zapato pese poco.
  • El material ideal es el cuero aunque actualmente existen algunos sintéticos que cumplen la función de proteger y adaptarse al pie.
  • Es importante que el zapato permita una buena ventilación del pie.
  • Las costuras o juntas no deben coincidir con una articulación o una prominencia ósea.
  • El contrafuerte, la parte posterior del zapato, debe tener la altura justa, estando por debajo de la articulación del tobillo ya que en caso contrario ésta se verá dificultada y puede aparecer bursitis e inclinaciones no deseadas.
  • El tacón debe oscilar entre 2 y 4 centímetros. Un tacón más alto supone una irregular distribución de los esfuerzos del pie provocando una sobrecarga en el antepié, además de uñeros, juanetes, dedos en martillo, etc., haciendo incluso que al andar las rodillas y las caderas se articulen en semiflexión y que al intentar mantener estática la columna se produzca una fuerte lordosis que tarde o temprano desembocará en lumbalgias y artrosis vertebrales.
  • La suela debe ser resistente pero no demasiado rígida a fin de no oponerse al desarrollo del paso y permitir el correcto movimiento de todas las articulaciones del pie. Hoy se hacen preferiblemente de cuero -aunque es caro y se desgasta rápidamente-, de crep y de caucho sintético. Pero el principal problema es que todos ellos son materiales aislantes).
  • Son también más recomendables los zapatos con cordones, con una trabilla o sujeción con lazadas o hebillas en el empeine porque se adaptan más fácilmente a los distintos tipos de pie.
  • Hay que apretar los cordones en su punto justo. Si se atan con demasiada fuerza pueden dificultar la circulación de la sangre y si quedan flojos al andar se salen y se sujeta inconscientemente el zapato con los dedos, lo que evidentemente también es perjudicial.
  • Las punteras de los zapatos son las responsables de la mayoría de las afecciones de los dedos por lo que deben adaptarse a la forma y dimensiones de los distintos tipos de pie, que convencionalmente son: Pie griego -cuando el dedo gordo es más corto que el segundo-, pie egipcio -cuando el dedo gordo es más largo que el segundo- y pie cuadrado –cuando ambos son iguales.
  • La altura de la puntera debe ser suficiente para que no presione el dorso de los dedos.
  • Conviene tener en cuenta que la longitud del pie no es uniforme. Cuando éste no se apoya es más corto que cuando descansa en el suelo. Por tanto, delante de los dedos debe haber al menos un centímetro es espacio a fin de que permita fácilmente el aumento de longitud de los pies durante la marcha y la fácil movilidad de los dedos.
  • Ha de procurarse que el talón quede recto dentro de la parte posterior del zapato –el contrafuerte-. Éste no debe ser tan alto que impida el libre movimiento del tobillo ni tan bajo que permita que el talón se mueva dentro del zapato.

CONSEJOS PARA UNA BUENA ELECCIÓN: 

  • El volumen del pie varía con el ejercicio. Por tanto, es preferible comprarse los zapatos después de un día de actividad.
  • Los zapatos deben probarse con medias o calcetines, finos o gruesos, según el uso que se haya previsto.
  • Hay que empezar probando por el pie más grande.
  • Se debe comprobar que el dedo más grande (dedo gordo o primer dedo en el pie egipcio y cuadrado y segundo dedo en el pie griego) no toque la punta anterior del zapato al andar.
  • El zapato debe probarse de pie y andando pues el pie se alarga cuando está soportando el peso del cuerpo.
  • El extremo anterior del calzado será espacioso dejando a los dedos moverse libremente.
  • Para saber el número de zapato que necesita es importante determinar la longitud exacta del pie. Para ello, se colocará a la persona de pie sobre un papel o cartulina y con un lápiz sostenido perpendicularmente dibujar el contorno del pie, añadiendo un través de dedo por delante del más largo. Luego se recorta esta plantilla y se confronta con el interior del zapato.
  • Es importante tener en cuenta que no siempre coinciden la longitud real del zapato con la numeración que indica el fabricante.
  • No tolere el menor roce al probarlos y al andar, en particular si son debidos a costuras o pliegues.
  • Uno debe sentirse confortablemente con el calzado y no tener que esperar a que se adapte o a que ceda con el uso. Si le hacen daño al probárselos, le harán daño siempre.
  • Hay que poder ponerse y quitarse el zapato cómodamente y mantener el pie sin dureza y sin forzar las articulaciones.
  • El zapato ha de permitir el desarrollo normal del paso y asegurar el equilibrio estático y dinámico del pie.
  • El extremo anterior del calzado deberá ser espacioso dejando a los dedos moverse libremente.

ALGUNAS PREGUNTAS CON RESPUESTA 

-¿Es bueno andar descalzo?

-No sobre suelos regulares o duros porque, al no estar amortiguados los impactos del pie contra el suelo, las ondas de choque y los trastornos estáticos se agravan y se acentúan.

En cambio, sÍ es bueno andar descalzos sobre suelos irregulares y blandos (arena, grava, césped) porque se convierte en un buen ejercicio para fortalecer la musculatura y la elasticidad del pie.

-¿Es malo el uso permanente de zapatos tipo deportivo?

-No. Actualmente este calzado está mejor diseñado que la mayor parte de los zapatos de ciudad aunque tienen el inconveniente de provocar una excesiva transpiración y que son aislantes de la electricidad.

-¿Hay que llevar sólo zapatos de cuero?

-No. La piel es un material ideal pero es cara y se desgasta rápidamente. Está recomendada para los pies anchos, deformados o que sufren hipersudoración. En muchos casos los materiales sintéticos son suficientes. La suela de caucho es preferible, por su flexibilidad, contra los dolores mecánicos.

-¿Es conveniente llevar siempre el mismo zapato?

-Conviene cambiar de zapatos de vez en cuando porque así cambian los puntos de apoyo y las presiones.

Pilar Trancón Pérez
Podóloga

Recuadro:


LA IMPORTANCIA DE LAS SUELAS CONDUCTORAS DE ELECTRICIDAD 

La piel humana es ligeramente conductora de la electricidad y por eso cuando andamos descalzos facilitamos el adecuado y regular intercambio entre la electricidad corporal, la atmosférica y la terrestre. Algo que el ser humano ha hecho siempre, incluso cuando en su devenir evolutivo comenzó a fabricar utensilios prácticos como el vestido o el calzado, usando para ello pieles y fibras naturales. Sin embargo, la revolución industrial trajo cambios drásticos en todos los ámbitos, incluido el textil, y la utilización de materiales sintéticos y no conductores de la electricidad- zapatos incluidos- llevó a los hombres a sobrecargarse eléctricamente al quedar aislados del suelo.

Desde entonces, el uso generalizado de materiales sintéticos para vestir nuestros cuerpos, calzar nuestros pies e, incluso, construir nuestras viviendas, ha sido fuente de generación de electricidad estática al ser la gran mayoría de ellos aislantes eléctricos. Lo que significa que impiden o dificultan la correcta conexión a la tierra y los intercambios eléctricos necesarios, vitales para la mayoría de los procesos biológicos, metabólicos y neuronales de nuestros organismos.

Es más, el constante incremento del uso de la electricidad en los hogares y en el trabajo ha agravado el problema hasta el punto de que ya es frecuente oír hablar de “electroestrés”. En algunos países, como Suecia o Alemania, se ha identificado ya una nueva patología, la “alergia a la electricidad”, existiendo centros hospitalarios especializados en este tipo de trastornos.

Bueno, pues muchos de esos problemas quedarían paliados si fuésemos capaces de conectarnos a la tierra para equilibrar nuestra bioelectricidad y permitir un intercambio continuo de las cargas eléctricas atmosféricas -con predominio de iones positivos- y la electricidad terrestre -con predominio de iones negativos-. Algo para lo que basta caminar sobre el suelo –siempre que no sea de material aislante-, preferiblemente sobre hierba o arena, o abrazar  descalzos durante un buen rato un árbol grueso.

Porque, desgraciadamente, la gran mayoría del calzado actual no permite este correcto intercambio eléctrico. Los suelos de plástico, goma, crep, etc., de los zapatos son perfectos aislantes eléctricos que pueden venirle muy bien a los electricistas profesionales pero para los demás supone un factor de estrés y sobretensión corporal que pagamos con desarreglos físicos y mentales. Y es que cuando el organismo busca una vía de descarga de sus excesos de electricidad y se encuentra con que la más fácil, habitual y efectiva se halla bloqueada –las plantas de los pies-, la sobrecarga es inevitable.

Pues bien, en el momento en que escribo este artículo tengo constancia de dos marcas comerciales que han sacado al mercado zapatos “conductores y antiestáticos”. Una, la marca alicantina Romul’s, con una línea de calzado anatómico y antiestático destinado a los profesionales de la salud, médicos, enfermeros y terapeutas en general; la otra es la conocida marca Camper, que lleva varios años investigando y desarrollando prototipos, encabezando estas investigaciones su principal diseñador Guillem Ferrer, asesorado por GEA (Asociación de Estudios Geobiológicos). De momento, el resultado es la salida al mercado de la última edición de los clásicos y legendarios zapatos «Camaleón” de Camper, conductores, antiestáticos y fabricados con materiales ecológicos, reciclados y reciclables. Una idea que la marca quiere extender al resto de la gama que comercializan y que merece ser mencionada aunque sea publicidad directa. El trabajo bien hecho, cuando se hace en aras de la salud de todos, merece ser reconocido. Y nosotros no seremos nunca en esta revista cicateros a la hora de hacerlo.

Mariano Bueno

Recuadro:


EL CALZADO DEL NIÑO 

Hasta que empiece a gatear -y siempre que la temperatura lo permita- es aconsejable que el niño camine el máximo tiempo descalzo. Es importante que pueda mover, tocar y chupar sus pies. Luego, cuando empiece a gatear, y para proteger la piel de erosiones o traumatismos, deberá empezar a usar calzado de tela, sin suela rígida. Pero a partir del momento en que comience a andar son aconsejables los zapatos o botitas que se adapten al pie, con cordones o trabillas que permitan la movilidad del tobillo.

A la hora de comprar los primeros zapatos a un niño debemos tener en cuenta que:

  • La suela se agarre bien al pavimento, que no resbale. Los materiales más aconsejables son el crepé o cuero.
  • El zapato tenga buena superficie de apoyo.
  • No sea pesado.
  • Su capacidad permita el movimiento de todas las articulaciones y de los dedos.
  • Debe sostener y equilibrar el pie, por lo que es importante que el contrafuerte mantenga el hueso del talón recto.
  • Es importante tener cuidado al poner los calcetines y los pijamas tipo bodie (con pies) pues cuando están muy tirantes producen uñas encarnadas.
  • Más que la rigidez o la blandura del zapato es importante que no haga daño.

Al descalzar al niño debemos también observar que no haya marcas de los calcetines, costuras u hebillas ni rojeces en la piel por presiones inadecuadas.

Por supuesto, estamos hablando de pies sin ninguna patología ya que si hay algún tipo de malformación se requerirán tratamientos específicos.

Asimismo, es importante realizar una valoración de los pies del niño por parte de un profesional. El momento más adecuado para hacerlo es unos meses después de quitarle los pañales (alrededor de los dos años) pues hasta entonces las caderas no están bien articuladas y no se les puede valorar.
No podemos olvidar que una atención adecuada de nuestros pies desde la infancia eliminará el riesgo de posibles malformaciones futuras así como el asentamiento de una estructura ósea equilibrada.

Este reportaje aparece en
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Junio 1999
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