Uno de cada tres españoles duerme mal

Los trastornos del sueño son cada vez mayores en nuestra sociedad. Al punto de que casi la tercera parte de los españoles padece alguno de ellos, especialmente insomnio. Pero lo más grave es que la mayoría de los médicos no está preparado ni para hacer un diagnóstico correcto ni para ofrecer el tratamiento adecuado.

Dormir es una necesidad biológica imprescindible para la vida. Tanto para el ser humano como para la mayoría de los animales. Porque es durante el sueño cuando nuestro cuerpo se recuperan de la actividad diaria. Y es que a pesar de lo que mucha gente pudiera creer, la actividad del cerebro no sólo no se detiene cuando dormimos sino que puede llegar incluso a ser mayor que cuando estamos despiertos.

Nada debe extrañarnos, pues, que la falta de sueño pueda llegar a provocar problemas graves en nuestro organismo y, en casos extremos, incluso la muerte.

Y, sin embargo, siendo el sueño una función tan trascendental en la vida del ser humano –la tercera parte de ella la pasamos durmiendo- sigue siendo aún un misterio tal que somos incapaces de dar respuesta a preguntas aparentemente tan simples como por qué o para qué soñamos. Sabemos, eso sí, que el sueño no es un proceso lineal y único sino una sucesión de ciclos o fases. Cuatro de ellas denominadas “Sueño no REM” -durante las cuales parece producirse el descanso y la restauración física- y una conocida como “Sueño REM” -en la que más ensoñaciones se producen- relacionada con la reestructuración de la psique y la memoria.

Sin embargo, la sociedad no ha puesto especial interés en estudiar el sueño y las alteraciones que se producen mientras dormimos hasta hace poco a pesar de que los trastornos afectan hoy a un importante porcentaje de la población: se calcula que un 30% padece alteraciones de forma transitoria y un 15% de forma crónica.

Por otra parte, la lista de trastornos del sueño es hoy larga estimándose en más de cincuenta según la última clasificación, si bien los más conocidos por su frecuencia son el insomnio –o falta de sueño- y la hipersomnia –o exceso de sueño-.

EL RONCAR SE VA A ACABAR 

Y empecemos por este último caso ya que el exceso de sueño o hipersomnia es algo que en general la gente tiende a considerar no como algo anormal sino incluso como un síntoma de salud. Y nada más erróneo.

La hipersomnia más frecuente se produce como consecuencia de dificultades respiratorias durante el sueño, algo que en la mayor parte de los casos se debe a una obstrucción en el paso del aire. Es el caso de la famosa Apnea Obstructiva del Sueño, una alteración que produce “cientos de paradas respiratorias” a lo largo de la noche sin que el paciente lo note aunque sí su compañero/a de cama, quien -si no tiene problemas de audición- suele ser el que, alarmado por los ronquidos constantes, lleve a su pareja a la consulta. Lo que quien la padece debería agradecer porque, además de incrementar por siete la posibilidad de verse implicado en un accidente de tráfico, existe una íntima relación entre la Apnea Obstructiva del Sueño y la hipertensión, el infarto agudo de miocardio, los accidentes cerebrovasculares y la muerte súbita.

Durante los episodios de apnea se puede llegar a producir en el organismo una reducción del oxígeno en sangre de hasta más del cincuenta por ciento, lo que suele ir acompañado de importantes alteraciones del ritmo cardiaco. Y ello con una frecuencia de una vez o más por cada minuto o minuto y medio que el paciente está dormido.

Gráficamente, podríamos decir que estos pacientes se pasan la noche “buceando”. Y menos mal que su cerebro opta por despertarles constantemente para respirar ya que en otro caso se asfixiarían. Son los llamados microdespertares que acompañan a cada una de las paradas respiratorias. Y aunque duran sólo unos pocos segundos -de los que el paciente tampoco es consciente-, quien sufre ese problema se pasa toda la noche “despertándose” una y otra vez para poder respirar, con lo que su sueño queda fragmentado en cientos de pequeñísimos periodos, casi siempre en las fases de sueño más superficiales ya que la fase más profunda no puede desarrollarse adecuadamente. Algo que les impide recuperarse física y psíquicamente; de ahí su fatiga y falta de sueño durante el día.

¿Y quién padece este tipo de problema? Pues el perfil típico del paciente con Apnea de Sueño Nocturno es el de un varón de mediana edad con sobrepeso, roncador, con excesivo sueño durante el día, cansancio y fatiga, dolores de cabeza matutinos y disminución del rendimiento profesional, social y sexual. No obstante, este trastorno también puede darse en mujeres y niños.

En suma, todo exceso de sueño diurno que interfiera con la vida profesional o de relación social de un individuo que ronca durante la noche puede ser señal de la existencia de una grave patología respiratoria que, en algunos casos, puede poner incluso en peligro la vida del paciente.

¿Y qué hacer en tales casos? Pues acudir a un especialista. Ahora bien, sea consciente de que son pocos los expertos en este problema y que lo aconsejable es acudir a algúncentro especializado en trastornos del sueño. Sólo así tendrá la seguridad de que se le diagnostica de forma correcta su problema y se le dará el tratamiento adecuado.

Hoy día el diagnóstico se realiza necesariamente por medio de una polisomnografia nocturna. En cuanto al tratamiento, la terapia más utilizada y con mejores resultados es la denominada CEPAP, que consiste en una mascarilla que inyecta a través de la nariz un flujo continuo de aire a una presión mayor que la del ambiente para salvar las obstrucciones. Obviamente, la presión debe estar ajustada para cada paciente. En cuanto a la posibilidad de operarse quirúrgicamente, sólo es adecuado en casos muy concretos y sus resultados son limitados. Sin embargo, sí es útil y efectivo, en los paciente obesos, la pérdida de peso. Por el contrario, la toma de alcohol, de hipnóticos, el tabaco, la privación de sueño o determinadas posturas en la cama y las almohadas que fuerzan a dormir boca arriba agravan las paradas respiratorias durante la noche.

EL INSOMNIO 

En cualquier caso, el sueño y la fatiga durante el día son siempre un síntoma, una señal que nos dice que algo no marcha bien y que se traduce en dificultad para dormir, no poder mantener el sueño a lo largo de toda la noche, despertarse demasiado pronto o, habiendo dormido, tener la sensación de que no se ha descansado. Casos todos que suelen definirse como insomnio.

En este punto conviene puntualizar que no hay una norma estricta de horas de descanso para todo el mundo: cada persona debe dormir, sencillamente, las horas que necesite para sentirse despejado y descansado al día siguiente. Y si bien la mayoría de los adultos lo consigue durmiendo entre siete y ocho horas hay quien no necesita más de cinco y quien precisa diez. Algo que varía, en todo caso, a medida que cumplimos años. Porque cuanto más viejos somos menor es nuestra capacidad para mantener el sueño de forma continua y menor la profundidad del mismo. Y, consecuentemente, nuestro descanso físico y psíquico también disminuye. De ahí las quejas de muchos de nuestros mayores –“Doctor, duermo muy mal”-y la gran cantidad de fármacos inductores del sueño que utilizan con el correspondiente peligro para su salud. Y, sin embargo, un diagnóstico y tratamiento correcto en estas personas puede cambiar su realidad nocturna llegando a sentir que duermen bien sin necesidad de tomar fármaco alguno.

El problema del insomnio ha alcanzado proporciones casi epidémicas en los países occidentales hasta el punto de que es el síndrome más frecuente después del dolor. En estos momentos lo padece un tercio de la población mundial y se calcula que en España más de trece millones de personas no duermen adecuadamente. Y lo grave es que si no cambiamos nuestros hábitos de vida la cosa puede empeorar.

En suma, el insomnio es un síntoma y siempre hay detrás una causa que lo esta produciendo, pudiendo el problema ser orgánico, psíquico, emocional, de hábitos, etc. Incluso hay un insomnio aprendido. Pero lo importante de verdad es que en el noventa o noventa y cinco por ciento de los casos el insomnio tiene solución siempre que el diagnóstico sea correcto, para lo que es imprescindible hallar la causa que lo está produciendo y abordarla con el tratamiento concreto. Y así, si bien es cierto que en determinados casos el especialista debe prescribir fármacos para conciliar o mantener el sueño, siempre se darán durante periodos de tiempo lo más cortos posible y mientras se instaura otra terapia ya que éstos no solucionan el problema. Es decir, si no actuamos sobre la causa que lo está originando volverá a aparecer el síntoma en el momento en que dejemos de tomar la “pastilla”, con el agravante de que éstos fármacos alteran el ciclo de sueño y producen dependencia por lo que puede, incluso, producirse un insomnio añadido en el momento en que se retiran. Y lo grave es que según los últimos estudios realizados sólo un diez por ciento de los insomnes son tratados de forma correcta.

TIERRA DE NADIE 

La falta de legislación sobre los Trastornos del Sueño hace que éstos sean tratados en la actualidad por muchas y dispares especialidades, ninguna de ellas adecuadamente preparada para abordarlos en su totalidad. Porque si bien el sueño necesita una actuación multidisciplinar debería ser un especialista en trastornos del sueño el que diagnostique la alteración y determine su tratamiento. Así ocurre desde hace años en muchos países europeos –no en el nuestro- y en Estados Unidos.

¿Y CUÁNDO DEBERÍA ACUDIR UNO AL ESPECIALISTA? 

Cualquier persona que lleve más de cuatro noches sin dormir debería visitar a un especialista porque si deja que el problema se alargue corre el riesgo de que un insomnio transitorio, de fácil y rápida solución, se convierta en un insomnio crónico. Y nadie se libra de la posibilidad de padecer insomnio ya que las causas que lo pueden originar son muchas y muy variadas. En cuanto a las edades, si bien es cierto -como ya hemos comentado- que con la edad se duerme menos, también podemos encontrar casos de insomnio en niños y en adolescentes, sobre todo en las últimas generaciones debido a las salidas nocturnas de fin de semana hasta la madrugada y que pueden provocar insomnio el resto de la semana.

Y es importante saber que el sueño es irrecuperable. Ni con una buena siesta ni durmiendo el doble al día siguiente puede compensarse. De ahí la importancia de mantener lo que los expertos llamamos una buena higiene de sueño, con horarios regulares para acostarse y levantarse.
Quisiera recordar, para finalizar, una máxima que deberíamos tener todos presente: “Dormimos en función de cómo hayamos pasado el día y nuestro día depende de cómo hayamos dormido”.

Dra. María Isabel Navarro


NORMAS DE UNA BUENA HIGIENE DEL SUEÑO 

  • Recuerde que, salvo para mantener relaciones sexuales, la cama debe usarla sólo para dormir.
  • Mantenga horarios fijos de acostarse y levantarse
  • Realice ejercicio físico en la primera parte del día.
  • Evite los estimulantes (café, colas, tés, tabaco…).
  • No beba alcohol en la cena.
  • Cene al menos dos horas antes de irse a la cama.
  • Evite las cenas pesadas.
  • No beba líquidos en exceso en la última parte del día.
  • Cuide el ambiente de su habitación y su cama.
  • No duerma siestas de más de 20 minutos.
  • Realice la misma rutina antes de irse a dormir.
  • No se lleve a la cama los problemas.
  • No se esfuerce en dormir.

CAUSAS DEL INSOMNIO 

  • Una mala Higiene del Sueño.
  • Factores medio-ambientales (temperatura, luz, humedad, ruidos…).
  • Causas psicológicas o psiquiátricas (depresión, ansiedad, estrés, alteraciones emocionales…).
  • Trastornos del viclo vigilia-sueño (jet-lag, turnos laborales…).
  • Trastornos orgánicos (fiebre, dolor…).
  • Ingesta de sustancias estimulantes
  • Toma de fármacos.
  • Altitud (ascensiones superiores a 2.800 metros).

TRATAMIENTOS DEL INSOMNIO 

  • Terapias psicológicas y del comportamiento.
  • Técnicas de relajación.
  • Hipnosis, sofrosis y Programación Neurolingüística (PNL).
  • Técnicas de imágenes y visualización.
  • Control de estímulos.
  • Restricción del tiempo en cama.
  • Intención paradójica.
  • Solución de problemas.
  • Cambio de creencias, actitudes, expectativas, valoraciones…
  • Técnicas de autoafirmación.
  • Normas de higiene de sueño.
  • Tratamiento farmacológico.

LA SIESTA, ESA SANA COSTUMBRE ESPAÑOLA 

La siesta es fisiológicamente aconsejable. Además, la mayor parte de las personas tienen un periodo natural de somnolencia que se produce entre las dos y las cuatro de la tarde, independientemente de que se haya o no comido, debido a una bajada de la temperatura central del cuerpo. De ahí los bostezos que se producen a veces antes de la comida y que suelen achacarse al hambre.

Esa es la razón de que una siesta de no más de veinte minutos después de comer pueda ser de lo más reparadora. Lo que, sin embargo, no puede decirse en el caso de los insomnes, que deberían abstenerse de hacerla.


OTROS TRASTORNOS DEL SUEÑO 

La NARCOLEPSIA 

Se trata de un trastorno del sueño de origen desconocido que se caracteriza por ataques incontrolables de sueño asociados con episodios de parálisis del tono muscular generalizado, alucinaciones en el momento de conciliar el sueño y atonía muscular en el momento del despertar. Los narcolépticos suelen deambular de médico en médico sin lograr que diagnostiquen correctamente su problema siendo a menudo tildados de vagos o irresponsables. El tratamiento correcto de estos enfermos hace que puedan llevar una vida prácticamente normal.

ALTERACIONES A CAUSA DEL TRABAJO A TURNOS 

Los trabajadores “a turnos” se quejan –con razón- de fatiga física y mental siendo su rendimiento laboral menor. Paralelamente, el riesgo de sufrir accidentes aumenta considerablemente. La causa es que estas personas están viviendo en contra de sus propios ritmos biológicos, los llamados ritmos circadianos, alterando las fases naturales de luz y oscuridad, sueño y vigilia, etc., lo que afecta a sus órganos vitales y a su equilibrio psicoemocional.

Sin embargo, y como es obvio que en nuestra sociedad no se puede prescindir de los trabajos a turnos, es preciso al menos sugerir que no se modifique el horario de los mismos continuamente para intentar que el organismo se acostumbre. Es preferible un mismo turno durante meses que ir variándolo cada semana.

EL JET-LAG 

Suele presentarse a causa de los cambios de hora cuando uno hace un viaje a otro hemisferio. Y aunque por lo general el organismo se adapta rápidamente, a veces, y según las personas y los casos, uno puede estar somnoliento o completamente despejado, con escalofríos y espasmos musculares, estreñidos o con diarrea, con falta de apetito o hambriento…

Sólo una adaptación gradual con estímulos luminosos y adaptándose al nuevo horario algún tiempo antes de realizar el viaje o la ingesta de melatonina (única indicación científicamente demostrada) puede ayudar a sobrellevar este trastorno.

OTROS TRASTORNOS DEL SUEÑO: 

Son muchos más los trastornos del sueño que impiden a la gente descansar correctamente y tener un sueño reparador. Son los casos delsonambulismo, los terrores nocturnos, las pesadillas, la somniloquia (hablar, reír o llorar durante el sueño), las piernas inquietas (hormigueo en las piernas), los calambres nocturnos en las piernas y el bruxismo(rechinar de dientes nocturno).

 María Isabel Navarro

Este reportaje aparece en
6
Junio 1999
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