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| LOS
TRATAMIENTOS MÉDICOS SON YA ¡LA PRIMERA CAUSA DE MUERTE! |
Los tratamientos médicos constituyen ya
la primera causa de muerte. Sólo en
Estados Unidos fallecen cada año más de 780.000
personas a causa de los errores cometidos,
entre los que destacan las cirugías innecesarias,
los errores de medicación, los efectos yatrogénicos
de los fármacos y las infecciones que se cogen
en los propios hospitales. Los datos, demoledores,
demuestran la tragedia del paradigma médico
tradicional.
Se
denominan "efectos yatrogénicos" o
"yatrogenia" a las "reacciones adversas
producidas como consecuencia del uso de medicamentos
o de un determinado tratamiento médico".
Pues bien, el número de efectos yatrogénicos
está aumentando de tal modo en el mundo que
cada año hay más gente afectada -en muchos
casos con resultado de muerte- a causa de
los tratamientos que les proponen sus médicos
-en la mayor parte de los casos por reacciones
adversas de los fármacos que recetan, sean
o no los "adecuados" para la patología del
enfermo-, por infecciones adquiridas en los
propios hospitales -hoy día auténticos y peligrosos
focos masivos de contagio-, por operaciones
quirúrgicas innecesarias o por ignorancia
o falta de conocimiento, formación y experiencia
de los profesionales sanitarios.
El problema para saber la gravedad de esta
situación en nuestro país es que aquí no existe
un organismo que contabilice a nivel nacional
el número de casos. ¿Por qué? Pues porque
el conocimiento público de esos datos no interesa
ni a los médicos, ni a las enfermeras, ni
a los directores médicos y administrativos
de los hospitales, clínicas y centros de asistencia
sanitaria, ni a las compañías farmacéuticas,
ni a los colegios y otras entidades en que
se agrupan los distintos profesionales de
la salud. Ni siquiera a las autoridades sanitarias.
Y es que hay datos que si no se ocultaran
harían tambalear todo el sistema. Así que
para conocer la realidad del problema tendremos
que aproximarnos a los datos de algunos de
los países con los que compartimos nuestra
devoción por una medicina cada vez más basada
en el medicamento y la tecnología.
MUERTE A TRAVÉS DE LA
MEDICINA
Hace no mucho tiempo un grupo de investigadores,
a instancias de Nutrition Institute of
America -una organización no lucrativa
norteamericana-, se propuso conocer el alcance
del problema en Estados Unidos. Pues bien,
el estudio -desarrollado por Fary Null,
Carolyn Dean, Martin Feldman, Debora Rasio
y Dorothy Smit- sería publicado
a finales del pasado año bajo el título Death
by Medicine y en él, a través de una revisión
pormenorizada de investigaciones realizadas
en todo el país, diarios médicos y estadísticas
gubernamentales se llegaría a la conclusión
de que "la medicina norteamericana causa
más daño que beneficio". Y datos no les
faltan para soportar tan dura afirmación porque
resulta que durante el año 2001, sobre una
población de 278 millones de personas:
-Fueron hospitalizados sin necesidad 8,9 millones
de estadounidenses.
-2,2 millones de enfermos sufrieron reacciones
adversas mientras estaban en el hospital a
causa de los medicamentos que se les prescribió.
-Se prescribieron numerosos antibióticos sin
necesidad. El Dr. Richard Besser -miembro
del Centro de Control de Enfermedades (CDC)-
afirmó ya en 1995 que el número de antibióticos
innecesarios prescritos entonces anualmente
para infecciones virales alcanzaba los 20
millones. En el 2003 el propio Dr. Besser
situaba la cifra en ¡varias decenas de millones!
Y,
-Se efectuaron 7,5 millones de actos médicos
y quirúrgicos innecesarios.
Las cifras, evidentemente, son escandalosas.
Pero donde el repaso estadístico resulta ya
devastador es en el número total de muertes
causadas por el mal funcionamiento del sistema.
Y es que por causas yatrogénicas murieron
en Estados Unidos en sólo un año 783.936
personas. Según la investigación,
por las siguientes causas:
-Reacciones adversas a los medicamentos en
los hospitales: 106.000
-Reacciones adversas a los medicamentos de
carácter extrahospitalario: 199.000
-Úlceras mal tratadas: 115.000.
-Malnutrición: 108.000.
-Errores médicos: 98.000.
-Infecciones: 88.000.
-Procedimientos innecesarios: 37.136.
-Problemas relacionados con la cirugía: 32.000.
A la vista de sus propios datos, los autores
llegan a afirmar: "Es evidente que el sistema
médico americano es la causa principal de
muerte y lesión en Estados Unidos. En el 2001
la mortalidad anual por enfermedades del corazón
fue de 699.697 personas mientras la mortalidad
por cáncer alcanzó las 553.251 personas".
Cabe añadir que el trabajo aporta además la
fría cifra del coste que la yatrogenia tiene
para el sistema sanitario norteamericano:
¡282.000 millones de dólares anuales¡
Los autores hacen también una extrapolación
a diez años a partir de las cifras más conservadores
de las estadísticas utilizadas -algunos autores
emplean en sus trabajos factores de multiplicación
que podrían haberlas hecho variar al alza-
y aun trabajando con los datos más conservadores
el número de fallecidos en una década será
de ¡7,8 millones de personas! Mucho más que
la suma total de norteamericanos fallecidos
en los conflictos bélicos que ha mantenido
Estados Unidos a lo largo de toda su historia.
Las cifras pueden parecerles exageradas a
algunas personas pero en realidad sólo reflejan
los actos yatrogénicos reportados y
se calcula que éstos no llegan al 20% de los
ocurridos realmente, según señalan diferentes
estudios citados por los propios autores de
la investigación.
Es más, los autores de Death by Medicine afirman
que su estudio -y, por tanto, sus cifras-
no está completo ya que aún deben cuantificar
la morbilidad, mortalidad y pérdida financiera
consecuencia de otros factores que deberán
añadirse a los del actual estudio: exposiciones
radiológicas, uso excesivo de antibióticos,
medicamentos carcinógenos, uso de la quimioterapia,
cirugía innecesaria, terapias insuficientemente
probadas y otros. Se hace difícil imaginar
la cantidad final de fallecidos una vez contabilizados
todos los factores...
Es evidente que cuando las cifras son de tal
magnitud hablan por sí mismas. Quizás por
ello el capítulo de Conclusiones del estudio
es breve y se limita a señalar: "Cuando
la causa número uno de muerte en una sociedad
es el sistema de protección de la salud entonces
tal sistema no tiene excusa alguna para abordar
sus propias limitaciones urgentes. Es un sistema
fallido que precisa de atención inmediata.
Lo que nosotros hemos perfilado en este documento
refleja aspectos insoportables de nuestro
sistema médico contemporáneo que necesita
ser reformado desde sus mismos cimientos".
Lo más dramático es que esta realidad se vive
en silencio en todas partes. Y es que los
datos e historias individuales, en tanto afectan
a personas desconectadas entre sí y no se
registran ni publican, suelen pasar desapercibidas
para la gran mayoría de los ciudadanos que
no viven esas tragedias en sus carnes.
UN PROBLEMA EN AUMENTO
Death by Medicine es la recopilación
más exhaustiva de variantes sobre atención
médica realizada hasta el momento. Sin embargo,
sería el doctor Lucian L. Leape -uno
de los mayores expertos a nivel mundial en
errores médicos- quien abriría en 1994 la
caja de Pandora con un artículo titulado El
error en Medicina. En él reveló que en
1984, en el estado de Nueva York, hubo un
4% de dolencias yatrogénicas entre los pacientes
ingresados siendo del 14% la mortalidad. Y
extrapolando esas cifras llegaría a la conclusión
de que en Estados Unidos morían al año 180.000
personas por yatrogenia. Más tarde -en 1997-
el propio Leape reconocería que las muertes
anuales podrían ser en realidad 420.000 sólo
entre los pacientes ingresados en hospitales,
es decir, sin incluir a quienes fallecían
en sus hogares por efectos adversos colaterales
de medicamentos o como resultado de distintos
procedimientos médicos.
En 1999 la conciencia americana experimentaría
un cierto alivio al publicar el Instituto
de Medicina otro trabajo titulado Errar
es humano que estimaba la cifra de muertos
por errores médicos bajo criterios más conservadores:
entre 44.000 y 98.000. Aún así, William
Richardson, responsable del comité que
redactó el informe, afirmaría: "Estas extraordinariamente
altas proporciones de errores médicos, causa
de muertes, invalidez permanente y sufrimiento
innecesario, son absolutamente inaceptables
en un sistema médico cuya primera promesa
es 'no hacer daño'".
Un nuevo estudio publicado posteriormente
-en diciembre de 1999- en el Journal of
the American Medical Association (JAMA)
situaba la yatrogenia como la tercera causa
de muerte en Estados Unidos. Y es que el trabajo
realizado por la doctora Barbara Starfield
-de la Escuela de Higiene y Salud Pública
John Hopkins- situaba ya entonces la cifra
de muertos anuales en 250.000. Hoy, como ya
hemos visto, sólo cuatro años después, el
informe Death by Medicine eleva esa
cifra a 783.936 personas acusando al sistema
médico de ser ya ¡la primera causa de muerte!
¿Alguien cree que lo que sucede en Estados
Unidos no es extrapolable al resto de los
países occidentales?
INGLATERRA Y CANADÁ
Otro estudio, esta vez realizado el año 2001
por investigadores del University College
de Londres, concluyó que casi 70.000 pacientes
morían al año como resultado de los "incidentes
adversos" que sufrían durante su estancia
en el hospital; y desde luego, no se incluían
todas las variables de Death by Medicine.
A esa cifra hay que sumar que uno de cada
diez pacientes admitidos en un hospital británico
sufre -según el informe- un empeoramiento
en su estado de salud no justificable por
el progreso natural de su dolencia; la mitad
de ellos al menos estaba claramente causada
por errores médicos de algún tipo.
George Alberti, presidente del Royal
College of Physicians, escribió en un
editorial adjunto al informe que la "cultura
del reproche" ha conducido a doctores y enfermeras
a no reconocer los propios errores. Y añadía:
"Si queremos aprender de los errores necesitamos
saber tanto como sea posible para que puedan
tomarse las oportunas acciones correctoras…
Las principales causas de los 'incidentes
adversos' están relacionadas con errores operativos,
medicamentos, procedimientos médicos y diagnósticos.
Y todo ello es posible prevenirlo".
El año 2000 se realizó también en Canadá -por
primera vez- un estudio similar después de
que dos enfermos de diálisis murieran como
consecuencia de un tratamiento equivocado.
Bajo la supervisión de la Universidad de Calgary,
el doctor e investigador Peter Norton
y otro colega suyo publicaron Adverse
Events Study, un trabajo en el que
indicaban que durante el año 2000 se podrían
haber evitado entre 9.250 y 23.750 muertes
hospitalarias. Casi una de cada 13 personas
ingresadas en los hospitales ese año experimentó
algún tipo de "incidente adverso". También
en este caso se incidió en que para conseguir
que no vuelvan a ocurrir errores era preciso
cambiar la "cultura" que dentro de la comunidad
médica impide a los profesionales informar
de ellos. Porque en buena medida es en la
información donde radica el problema.
LA "CULTURA DEL ERROR"
Todos los estudios citados sobre yatrogenia
coinciden en dos datos fundamentales: la importancia
del problema y la necesidad de cambiar la
"cultura médica" al respecto. Según se recoge
en Death by Medicine, Janet Heinrich,
directora asociada de la U. S. General
Accounting Office (Oficina de Contabilidad
General americana, responsable de la financiación
de la salud pública), reconoció durante una
comparecencia suya ante un subcomité del Congreso
estadounidense sobre errores médicos que "recoger
la información válida y útil sobre 'incidentes
adversos' es sumamente difícil". Explicando
ante el Congreso que el miedo a ser culpado
y afrontar consecuencias legales juega un
importante papel a la hora de entender la
escasa información sobre los incidentes yatrogénicos
o adversos. La propia Asociación Médica
Americana se opone -según denunció
The Psychiatric Times- a la obligatoriedad
de informar sobre los errores médicos. A partir
de aquí es fácil de entender que si los médicos
no informan,. tampoco los auxiliares de enfermería
o personal clínico van a ser los primeros
en dar un paso adelante. De hecho, en un estudio
titulado Análisis cualitativo sobre las
actitudes del observador en la decisión de
informar o no sobre conductas inmorales se
concluía que el colectivo de enfermeras tampoco
informaba de los errores médicos... por miedo
a represalias.
Incluso cuando hay un mecanismo previsto -como
puede ser el seguimiento de reacciones adversas
a la medicación en nuestro país- la información
puede ser incompleta. En primer lugar, por
el propio desconocimiento del funcionamiento
del medicamento y de su amplia gama de interacciones
negativas lo que dejaría ocultas, a ojos de
los propios prescriptores, las consecuencias
yatrogénicas de los mismos. Pero también por
el propio temor a ser demandado por quienes
sufren el daño del medicamento prescrito.
La solución propuesta por la propia clase
médica es "la despenalización del error".
Ramón Trias Rubiés, cirujano y ex presidente
del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona,
resumía en su discurso de ingreso en la Real
Academia de Medicina de Cataluña la postura
de los médicos: "Si el error se penaliza
legal o socialmente -afirmó- los fallos se
esconderán sistemáticamente y, al no analizarlos,
se seguirán produciendo (…) La cultura en
que vivimos señala el error como un hecho
punible y culpabiliza al protagonista. En
ese contexto es muy fácil caer en la tentación
de ocultar o de no comunicar la existencia
de un error para evitar el castigo y, sobre
todo, la culpa. Es evidente que la ocultación
obstruye el análisis y, por tanto, hace difícil
detectar y aplicar métodos dirigidos a evitar
reincidencias".
Por supuesto, la percepción sobre la existencia
de errores cambia cuando se les garantiza
el anonimato a los médicos. Así lo demostraron
el doctor Robert M. Wachter -Jefe del
Departamento de Medicina de la Universidad
de California en San Francisco- y su colega
Kaveh G. Shojania quienes, tras la
publicación del informe anteriormente citado,
decidieron publicar una serie de artículos
en Annals of Internal Medicine en los
que, tras dialogar con médicos por todo el
país y después de garantizarles el anonimato,
abordaron el tema de los errores médicos desde
casos reales en un intento de prevenir nuevos
fallos. Entonces apareció una verdad diferente:
intervenciones invasivas en pacientes equivocados,
amputaciones en miembros sanos, operaciones
cerebrales en el lado equivocado, muertes
de pacientes por dosis equivocadas de medicamentos...
Grandes errores fruto de una cadena de pequeñas
equivocaciones y pequeños errores siempre
fáciles de justificar ante el paciente. Aún
hoy día es posible consultar en la revista
casos concretos en los que, respetando el
anonimato de los protagonistas, se analizan
de manera detallada los errores cometidos.
Puede que los médicos se crean de verdad que
apenas hay errores o puede que traten de protegerse.
También puede que los laboratorios tampoco
estén interesados en llegar hasta el fondo,
por razones obvias. Y puede que los gerentes
de los hospitales tengan sus dudas por no
enfrentarse a su cúpula médica... pero, ¿y
las administraciones públicas?
ESPAÑA ES DIFERENTE
Por supuesto, también en esto "España es
diferente". Porque aquí nada de eso pasa;
al menos, así lo parece. En nuestro país el
análisis global del problema de la yatrogenia
no se ha abordado con la atención que comienza
a prestársele en el exterior... ni parece
que haya intención de hacerlo. Y eso que la
propia Agencia Nacional de Medicamentos reconocía
en la nota citada sobre el Metatroxato
que "en diferentes intervenciones llevadas
a cabo en nuestro entorno -¿por qué no se
han hecho todavía en España?- se ha estimado
que entre un 4% y un 6% de los ingresos hospitalarios
se producen por errores de medicación". En
todo caso, existen algunos estudios parciales;
por ejemplo, el de la Evolución de la Prevalencia
de las Infecciones Nosocomiales en los Hospitales
Españoles (EPINE) según el cual un 6,8
% de los pacientes hospitalarios ha sufrido
alguna infección nosocomial. El problema es
que se trata de estadísticas incompletas que
no acaban de profundizar en la gravedad del
problema, ni de cuantificarlo en vidas y dinero.
Claro que en España el Ministerio de Sanidad
y Consumo considera transferidas esas competencias
a las comunidades autónomas, cada cual va
en su propia dirección y los ciudadanos tienen
cada vez más dificultades para reclamar legalmente
cuando son damnificados.
Normalmente es el paciente o la familia que
le sobrevive quien decide iniciar las acciones
oportunas de reclamación de daños o de presentación
de quejas. Eso siempre y cuando sea consciente
de que se ha cometido un error lo cual no
es fácil en determinadas ocasiones. La absurda
confianza ciega en los médicos propicia la
ignorancia que todos parecen querer mantener
como estado ideal donde todo funciona... hasta
que a uno "le toca la china". En ese momento
sólo queda recurrir a alguna de las dos asociaciones
dedicadas a ayudar a quienes han sufrido un
presunto error médico: la Asociación El
Defensor del Paciente (ADEPA) -que afirma
haber recogido el año pasado casi 12.000 reclamaciones
de las que 514 correspondieron a personas
fallecidas por presunta negligencia médica
y 102 a bebés que nacieron con alguna discapacidad
por mala atención en el parto- y la Asociación
de Víctimas de Negligencias Médicas (AVINESA),
miembro de la Federación Europea contra
las Negligencias Médicas que destaca,
por su parte, el escaso apoyo oficial que
reciben los afectados en su largo peregrinar
a la hora de buscar Justicia. Más de diez
años tardó por ejemplo la presidenta de esta
asociación, María Antonia del Moral,
para que la Justicia -y por la vía civil-
la diera la razón en el pleito iniciado tras
la muerte de su hermana en un quirófano mientras
era operada por un cirujano que utilizaba
un instrumental siguiendo las instrucciones
de representantes de una multinacional médica
presentes en el quirófano durante la intervención
sin tomar las mínimas medidas de asepsia.
Nada consiguió entonces por la vía penal y
aunque su asociación respalda y orienta a
todo aquel que considera que debe recurrir
a ella siempre que haya una muerte lo cierto
es que nos reconocería que la vía penal es
estéril; años y años de lucha, normalmente
para nada. Lo más fácil y habitual sigue siendo
buscar un "arreglo" económico (las vidas humanas
ya se "cotizan" en el mercado sanitario dependiendo
su valor del precio establecido en cada país).
La búsqueda de Justicia en el ámbito sanitario
es hoy una empresa teñida de dolor y desesperación
que la mayoría de las veces se sabe inútil
al iniciarla. "Los mejores abogados que
tienen los médicos son los jueces", nos
diría en varias ocasiones Mª Antonia Del Moral:
procedimientos que se dilatan, denuncias que
se rechazan sin esperar siquiera el informe
del forense, avisos a la familia para que
no lleven a los medios de comunicación las
que ellos consideran muerte por negligencia
o sentencias que se resuelven a menudo en
breves minutos a favor de los médicos tras
el juicio incluso existiendo testigos y peritos
que contradicen tal "inocencia". La cuestión
es clara: en nuestro país es poco menos que
imprescindible demostrar que había intención
clara de matar para conseguir la condena
penal de un médico por negligencia. Y es que
si bien existe cada vez menos corporativismo
entre los peritos médicos a la hora de pronunciarse
y que en ocasiones incluso aportan datos reveladores
e importantes a los abogados de forma anónima...
el corporativismo está muy lejos de haberse
superado.
"Nadie investiga en ese tema -nos diría
Mª Antonia Del Moral- pero la Real Academia
Española de Medicina y Cirugía no ha hecho
ningún informe favorable a los pacientes".
Además, no resulta fácil precisamente acceder
a la documentación. La presidenta de AVINESA
recuerda que para conseguir los papeles que
precisó en su caso estuvo encerrada en el
hospital, encadenada en el Ministerio y llegó
a utilizar una garrafa de gasolina como "argumento"
para conseguir los informes que necesitaba
ante la Justicia. Lamentablemente las soluciones,
cuando llegan, no pasan de ser respuestas
a problemas individuales, sin repercusión,
al tomarse de forma aislada.
Lo demuestra fehacientemente que ninguna administración
-ni estatal, ni autonómica- se ha interesado
nunca en dialogar con cualquiera de las dos
asociaciones sobre los problemas derivados
de los incidentes adversos o yatrogénicos.
Sólo ahora, después de la contaminación con
el virus de la hepatitis C de ocho pacientes
en el Hospital de Alcorcón, la Comunidad de
Madrid se ha comprometido a poner en marcha
un Observatorio que se encargue de
registrar los incidentes adversos ocurridos
en la Sanidad madrileña. Veremos en qué queda
la promesa y si se ponen los mecanismos para
el seguimiento de los mismos. Porque hasta
ahora todo se ha reducido a pésames, disculpas
-cuando se dan- y buenas palabras. De ahí
que AVINESA reclame la creación de un observatorio
a nivel estatal similar al que se va a crear
a nivel europeo que nos permita conocer cuántos
incidentes adversos se producen en España
al año, cuántas personas mueren a consecuencia
de ellos, qué se hace para evitarlos y cuánto
le cuestan a las arcas públicas.
Quienes hoy discuten el copago harían bien
en leer estas líneas de las conclusiones del
estudio realizado en la Universidad de Salamanca
sobre ingresos hospitalarios motivados por
incidentes medicamentosos. Sólo de incidentes,
no habla de muertes. Y sólo por medicamentos,
no debido a otras causas: "Se puede concluir
con rotundidad que los ingresos motivados
por medicamentos consumen una parte no desdeñable
de los presupuestos destinados a la sanidad
en los países desarrollados". A ver,
¿quién se anima a hacer números en serio en
nuestro país? Mientras tanto no estará de
más atender a las respuestas de una encuesta
realizada entre adultos en Estados Unidos
sobre las mejores soluciones para evitar los
incidentes adversos. Porque están llenas de
lógica. Así, se consideraron muy eficaces
las siguientes medidas:
-Dar a los médicos más tiempo para estar con
los pacientes: un 78%
-Requerir a los hospitales el desarrollo de
sistemas para evitar errores médicos: el 74%.
-Una mejor preparación de los profesionales
de la salud: un 73%
-La exigencia de que en las unidades de cuidados
intensivos (UCI) sólo haya especialistas:
un 73%
-Que los hospitales informen de todos los
errores médicos serios a alguna agencia estatal:
el 71%
-Aumentar el número de enfermeras en el hospital:
un 69%.
-Reducir las horas de trabajo de los médicos
en prácticas para evitar la fatiga: el 66%.
En suma, el desmesurado gasto sanitario debería
empezar a controlarse impidiendo que el dinero
se despilfarre en tratamientos médicos casi
exclusivamente paliativos o sintomáticos y,
con demasiada frecuencia, yatrogénicos. Va
siendo hora de acabar de una vez con esta
lamentable farsa.
Antonio
F. Muro
¿A más médicos... más muertes?
Todos damos por supuesto que una mayor atención
médica serviría para disminuir el número de
muertes pero uno de los datos más sorprendentes
con el que nos hemos encontrado durante la elaboración
de este reportaje es que eso no es necesariamente
así. El informe Will More Doctors Increase
or Decrease Death Rates?" (¿Incrementa o decrece
el número de muertes con más médicos?) de
Abril del 2003 dirigido por el Centro para
la evaluación de programas de salud en Australia
concluye que los datos recogidos son "consistentes
con la hipótesis de que un aumento del número
de médicos está asociado con el aumento de la
mortalidad" y de que, por tanto, el "exceso
de cuidados médicos debe considerarse una causa
de incidentes yatrogénicos". Varias son
las hipótesis barajadas para explicar este aparente
contrasentido que se constata a partir de un
cierto punto en el que se rompe el equilibrio
entre el bien causado por una presencia imprescindible
y los problemas generados por una presencia
excesiva.
La primera posibilidad contemplada en el estudio
es el gran número de eventos adversos que, al
parecer, están inevitablemente asociados con
las distintas actuaciones médicas: a mayor número
de participantes podría darse un mayor número
de incidentes.
Una segunda posibilidad es la denominada por
los investigadores "hipótesis de la dependencia"
y aquí el daño causado es responsabilidad indirecta
de los médicos. A más médicos disponibles más
dependientes se vuelven las personas de ellos
para el cuidado de su salud y menos importancia
dan por consiguiente al estilo de vida, lo que
puede tener un efecto mayor sobre su salud.
Otro concepto directamente relacionado con el
anterior explorado en el informe es el de "disonancia
cognoscitiva", efecto producido cuando una persona
tiene creencias u opiniones contradictorias,
en este caso en el tema de la salud. Muchas
personas saben que ciertos hábitos son saludables
para su salud pero al resultarles menos placenteros
en el día a día que otros menos saludables deciden
resolver el conflicto siendo indulgentes consigo
mismas, adoptando para ello una confianza exagerada
en la eficacia del cuidado médico y su habilidad
para compensar los efectos dañinos del abandono
de comportamientos saludables.
El reto del estudio australiano está claro:
"Hasta que los datos presentados sean contradichos
habrá que considerar la participación de un
número excesivo de médicos causa de incidentes
yatrogénicos".
En pocas palabras: la salud es responsabilidad
nuestra porque la salud bien entendida empieza
por uno mismo.
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