Estados Unidos encarga un arma que provoque un dolor insoportable

Las Fuerzas Armadas norteamericanas quieren aprovechar los últimos conocimientos médicos para crear un arma que les permita provocar en las personas desde dos kilómetros de distancia un dolor tan intenso que las deje paralizadas aunque sin dañar sus órganos ni provocarles la muerte. Tal fue el objeto del contrato que la Oficina de Investigación Naval suscribió con la Universidad de Florida en Gainsville y cuyaexistencia ha desvelado a través de Internet la organización no gubernamental Sunshine Project en virtud del Acta de Libertad de Información así como un reportaje publicado recientemente en New Scientist. La noticia ha causado conmoción entre los investigadores del dolor que, una vez más, comprueban cómo la ciencia médica puede ser retorcida y puesta al servicio de los intereses militares.

Tras los pavorosos resultados de las bombas atómicas lanzadas en agosto de 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki,Albert Einstein -que no formó parte del Comité Asesor sobre Uranio ni del Proyecto Manhattan que dio origen a las bombas- se sintió a pesar de todo tan abrumado que llegó a declarar: “Hubiera preferido ser fontanero”. Pues bien, muchos de los científicos dedicados a combatir el dolor mediante el estudio de sus mecanismos neurológicos deben haber sentido algo similar tras conocer el artículo de David Hambling publicado el pasado 2 de marzo en New Scientist con el título “El dolor máximo como objetivo de una nueva arma norteamericana” y cuyo comienzo resume las intenciones del Ejército estadounidense. “El ejército americano –comienza diciendo el artículo- está impulsando el desarrollo de un arma capaz de producir momentos de dolor insoportable desde una distancia de 2 kilómetros. Pensada para usarse contra los alborotadores deja a las víctimas ilesas. Los investigadores del dolor están indignados porque los trabajos realizados para controlarlo terapéuticamente están siendo utilizados para desarrollar un arma. Es más, temen que esa tecnología sea usada para la tortura”. El artículo da a conocer los documentos desvelados por la organización Sunshine Project, entidad sin ánimo de lucro con sedes en Texas y Hamburgo que se dedica desde hace años a sacar a la luz proyectos sobre nuevas armas. Los documentos -conocidos en virtud del Acta de Libertad de Información de los Estados Unidos- revelan la existencia de un contrato firmado en julio del 2003 entre la Oficina de Investigación Naval y la Universidad de Florida en Gainesville (EEUU) que forma parte de los proyectos puestos en marcha por la Joint Non-Lethal Weapons DirectorateJNLWD (Dirección Conjunta de Armas no Letales) creada por el Congreso de Estados Unidos en 1997 bajo el comando del famoso Marine Corps (Cuerpo de Infantería de Marina). Bueno, pues en el apartado Suministros y Servicios del contrato puede leerse: “Estudio de armas no letales. Consecuencias sensoriales de pulsos electromagnéticos emitidos por plasmas inducidos por láser”. Y un simple análisis de ese documento sirve para entender cómo los esfuerzos destinados a desentrañar los misterios de la generación y transmisión del dolor están siendo pervertidos para conseguir un arma capaz de producir dolor a distancia sin causar daños físicos orgánicos. El proyecto forma parte de una nueva estrategia de las autoridades norteamericanas puesta en marcha después de los incidentes de Somalia en 1993 destinada a conseguir lo que eufemísticamente se conocen como “armas no letales” (que de momento escapan al control de los organismos internacionales).
La simple lectura de los apartados del contrato -un documento que por su carácter oficial aparece censurado en muchos de sus párrafos- permite comprender perfectamente las intenciones finales del proyecto. Así, en el apartado “Objetivos/Tareas/Conceptos” se empieza por reconocer que los nuevos adelantos tecnológicos en “armas de energía dirigida” permiten graduar su impacto convirtiendo una misma arma de no letal en letal. “Nuestros experimentos – se afirma- examinarán la viabilidad del Proyectil de Pulso Electromagnético (PEP) como una nueva generación de armas no letales. Los pulsos de energía pueden ser configurados para producir plasmas de alta energía. (…) En los estudios descritos abajo determinaremos la viabilidad de usar el plasma derivado de los Pulsos Electromagnéticos a fin de inducir el dolor necesario para desarmar y detener individuos o formar barreras ante el movimiento de grandes grupos hostiles. (…) La eficiencia y letalidad de las armas PEP son sencillos. Las propiedades no balísticas e instantáneas de los Sistemas de Energía permiten precisar el objetivo fácilmente. Pueden emitirse cantidades terroríficas de energía a grandes distancias con exactitud precisa. (…) El dolor inducido sería relativamente instantáneo y su duración se limitaría al tiempo de aplicación”.

El dolor es pues el componente primario de toda Arma No Letal (No Lethal Weapons – NLW), por su capacidad para detener a las personas provocando a voluntad su inmovilización. De ahí que el punto de partida del proyecto sea precisamente el de los estudios realizados hasta ahora para conocer los mecanismos neuronales que, de pronto, han pasado a servir para ayudar a fijar los umbrales de un posible dolor máximo que no cause destrozo en los tejidos. Algo en lo que las últimas investigaciones sobre nociceptores (abreviación del término nocirreceptores) -su naturaleza, sus tipos y sus formas de activación- juega un papel fundamental.

EL DOLOR Y LOS NOCICEPTORES

Los nociceptoresforman de hecho el núcleo del proyecto de estas nuevas “armas no letales”. Son uno de los principales hallazgos neurológicos relacionados con el dolor ya que se trata de los receptores sensoriales especializados encargados de transmitir información sobre los daños en los tejidos a través del sistema nervioso central. “La Nocicepción –escribe José Carlos Dávila, profesor titular del Biología Celular- comienza cuando un estímulo lo suficientemente intenso como para provocar daño tisular afecta a alguna parte del organismo activando los nociceptores localizados en esa zona. Los nociceptores de la piel -y probablemente de cualquier otro órgano- no son más que terminaciones nerviosas libres (ramas terminales desnudas de axones) que penetran entre las células de la epidermis o dermis”. Hasta el momento los nociceptores presentes en la piel se han clasificado según el tipo de estímulo que los activa. Unos responden sólo a estímulos mecánicos intensos (pinchazos, cortes..) y su activación está asociada con sensaciones de dolor agudo o punzante. Otros se activan por una gran variedad de estímulos, entre los que están los mecánicos, de temperatura (calor por encima de 40-45 grados y frío intenso) y las sustancias químicas liberadas por los tejidos dañados o inflamados.

Una vez que se produce el estímulo la señal se propaga en forma de impulso eléctrico a lo largo de las fibras nerviosas nociceptivas hasta la médula espinal. En ella las fibras nociceptivas forman conexiones (establecen sinapsis de carácter excitador) con diferentes tipos de neuronas de la sustancia gris de la médula espinal, entre ellas las denominadas neuronas de proyección espino-talámicas que dirigen sus axones hacia el tálamo. Y es en éste, en el tálamo, el centro nervioso donde se procesa la mayor parte de la información sensorial que va hacia la corteza cerebral, donde en principio parece tener lugar el procesamiento de la información y percepción del dolor.

Bueno, pues lo que quieren hacer los investigadores que participan del proyecto PEP sobre el dolor es –siempre según el contrato- “examinar la influencia de los plasmas de láseren la activación de nociceptores y determinar cuál es el límite para que sea eficaz sin trauma”. Es decir, provocar el máximo dolor sin generar daño mecánico en los tejidos. Y para ello se proponen aislar los nociceptores sensibles a los pulsos electromagnéticos y conocer la intensidad y frecuencia que los disparan sin que al mismo tiempo dañen con su energía calorífica los tejidos.

De lo expuesto en el documento -donde se recogen las referencias científicas utilizadas- se desprende cuáles son los nociceptores que les interesa activar. “Hemos utilizado lípidos solubles fluorescentes para definir la distribución específica de nociceptores en las vísceras, cartílagos y piel. Los estudios preliminares indican que las poblaciones nociceptivas de la piel incluyen los tipos 1,2,4, y 5 de células sensoriales. Son estos nociceptores los que son proclives a recibir el estallido máximo (…) de los plasmas de láser”. Saben también el mecanismo de actuación: las proteínas de las membranas celulares. Al actuar como transductores de los estímulos nocivos (calor, mecánico, químico) las proteínas inician un complejo mecanismo bioquímico en la célula. Cada nociceptor emite un código en forma de serie de potenciales de acción que se producen en una frecuencia proporcional a la corriente iónica del estímulo transducido siendo los canales de sodio de la célula los responsables del aumento del potencial de acción y los canales de potasio los responsables del descenso. “Proteínas específicas–puede leerse en el apartado del contrato dedicado al Sistema Periférico del Dolor- alteran la estructura de la membrana en presencia del calor o agentes químicos. De esta manera se abren poros submicroscópicos para permitir a los iones pasar a lo largo de sus gradientes electroquímicas. Es probable que la radiación microondas, vista su capacidad para calentar el tejido, actúe recíprocamente con ciertas proteínas sensibles al calor que están diferenciadas en las subpoblaciones de nociceptores. Es probable que tales proteínas sean el objetivo último de la radiación de ondas milimétricas de los ADS (Sistemas de rechazo activo)”.

En el documento se describe también cómo conducir la investigación. “La célula (20-45 µm diámetro) es centrada en el dispositivo –apartado “Procedimientos: La activación de los Nociceptores”-. El microscopio se configura para la introducción de un par de electrodos de acero limpios que han sido preposicionados para agrupar las células bajo investigación(3 mm separaciones).Durante las grabaciones se exponen las células a pulsos de nanosegundos y microsegundos. (…). Estos dispositivos pueden producir pulsos de duración desde 10 nanosegundos a 100 microsegundos (…). Los estudios definirán las características de campo mínimas para producir la activación de los nociceptores y entonces se procederá con ráfagas de frecuencias más altas de más larga duración y más intensos campos para determinar los límites de activación y el punto en el que el trauma ocurre”.

Por último, están perfectamente diferenciadas las fases del proyecto para la creación de un arma de dolor: “Como primer objetivo determinaremos la influencia (…) sobre la activación de los nociceptores enfocando la investigación específicamente sobre los nociceptores cutáneos presentes en la superficie de la piel (la epidermis) y en el tejido subyacente (la dermis). La fuerza requerida para inducir la activación, la duración del pulso y la frecuencia del estallido se definirán en experimentos herméticamente controlados in vitro. Estos datos serán muy útiles en la interpretación de los efectos humanos potenciales de los Laser Induced Plasma y su potencial como Arma No Letal”. Luego sólo quedará construir físicamente el arma.

LOS CALMANTES USADOS COMO ARMAS

Llegados a este punto debemos decirle al lector que si bien los trabajos para crear un arma paralizante mediante la generación a distancia de dolor intenso está aún en su fase de desarrollo no puede decirse lo mismo del uso de armas basadas en calmantes y otras drogas. Ya en octubre del 2002 Sunshine Project -la misma organización que ha denunciado las investigaciones de las que hablamos- hacía públicos una serie de documentos en los que se pone de manifiesto el interés del Directorio de Armas No Letales por usar drogas como armas, particularmente las denominadas “calmativos”, término militar para definir a las drogas capaces de producir alteraciones en la mente o provocar situaciones incapacitantes. “Nuestra revisión -se lee en los documentos revelados- ha confirmado la relevancia y el impacto potencial alto de calmativos (…) Si se usan exclusivamente solos o como adyuvante … los agentes farmacológicos pueden actuar eficazmente en los tejidos del sistema nervioso central y pueden producir una conducta menos ansiosa, menos agresiva, más tranquila…” .

Basándose en una extensa revisión de la literatura médica y en los nuevos desarrollos de la industria farmacéutica el informe de los investigadores de la Universidad de Pennsilvanya para el Pentágono concluye que “el desarrollo y uso de [las armas psicofarmacológicas] es posible y deseable”. En una terminología médica más común estaríamos hablando de drogas depresivas del sistema nervioso central, la mayoría sintéticas y algunas naturales, entre las que se incluirían los opiáceos (drogas tipo morfina) y las benzodiazepinas como el Valium (diazepam).

Parece existir cierta preferencia por las armas con posibilidades convulsivas y las “drugs Club”, sustancias generalmente ilegales con las que se trafica en los clubes. Entre ellas están las ketaminas (“Special K”), el GHB (Gamma-hydroxybutrate, “éxtasis líquido”) y el rohypnol (“Roofies”). La mayoría está en la lista de la Agencia Antidroga de los Estados Unidos y su tráfico está castigado con cadena perpetua.

El Departamento de Defensa negó que hubiera costeado la investigación desarrollada en el Laboratorio de Investigación Aplicada de la Universidad Estatal de Pennsylvania pero es indudable su interés en ésta y otras iniciativas que le son ofrecidas en el marco del desarrollo de las “armas no letales” y su receptividad a este tipo de iniciativas. De hecho, uno de los documentos desvelados por Sunshine Project es una presentación del Departamento de Defensa titulada “Hacía el futuro: capacidades no letales en el siglo XXI”. Tal y como define el documento, las principales armas no letales serán calmativas y atacarán las capacidades sensoriales, motoras o cognitivas del objetivo.

Al parecerlos investigadores están desarrollado para posibles usos militares una masiva base de datos de calmativos y se mantienen al día de las investigaciones biomédicas en mecanismos de adicción de drogas, alivio de dolor y alteración de la conciencia. En esta línea podría estar siguiéndose la investigación de la cholecystokinina, un neurotransmisor involucrado en ataques de pánico en personas sanas y que se relaciona con desórdenes psiquiátricos.

Otros agentes mencionados militarmente como útiles en los documentos son algunos fármacos que no superaron los ensayos para ser comercializados como medicamentos debido a sus efectos colaterales dañinos. En uno de los testimonios citados al respecto podía leerse: “A menudo un efecto colateral no deseado… determinará el desarrollo de un nuevo compuesto farmacéutico prometedor. En la variedad de situaciones en que se usan las técnicas no-letales puede haber menor necesidad de tener en cuenta los efectos colaterales negativos (…) Quizás el ‘calmative’ ideal ya se ha sintetizado y se espera a que sea de interés”.

Además, según estas denuncias la JNLWD Joint Non-Lethal Weapons DirectorateJNLWD (Dirección Conjunta de Armas no Letales) tendría un programa avanzado de desarrollo de dispositivos de gran alcance para lanzar estas sustancias, en especial una bala de mortero de 81 mm ‘no letal’ con un alcance de 2,5 kilómetros especialmente diseñada para funcionar con armas militares estándar del Ejército norteamericano como el mortero M252. Sería una más ente las formas de aplicación previstas: en el agua potable, a través de la piel, rociada en aerosoles, en balas de caucho rellenas de drogas, etc. Los ambientes identificados como específicos abarcan acciones militares frente a ejércitos enemigos y situaciones civiles comprometidas que incluyen desde refugiados hambrientos excitados ante la distribución de comida hasta su utilización en campos de prisioneros pasando por su uso ante poblaciones agitadas o en tomas de rehenes.

Entre los analistas sobre armas modernas no falta quien opina que lo ocurrido en octubre del 2002 durante el asalto al teatro Dubrovka de Moscú -donde murieron 129 rehenes y 41 guerrilleros en la operación de rescate- fue producto del uso de este nuevo tipo de armas, sobre todo teniendo en cuenta que el Embajador de Estados Unidos en Moscú declaró entonces al Washington Post que funcionarios rusos le habían confirmado que se había utilizado un producto químico “calmante”. “El gas utilizado en Moscú –afirma Ed Hammond, dirigente de Sunshine Projectes el equivalente ruso del programa de Estados Unidos para producir las llamadas armas químicas no-letales o ‘incapacitantes’. Pueden ‘incapacitar’ hasta el punto de causar muertes masivas”.

¿MEDICINA PARA CURAR… O PARA MATAR?

Los que se oponen a estas prácticas sostienen que todas estas drogas están prohibidas por la Convención sobre Armas Químicas firmada en 1993 pero sus quejas no han servido de nada por el momento. Mientras tanto, los ejércitos -en plural porque sería de ingenuos pensar que sólo en Estados Unidos se desarrollan este tipo de armas- continúan aprovechándose del vacío legal a nivel internacional. Para los militares se trata de “poder desarmar y detener individuos o formar barreras para impedir el movimiento de grandes grupos hostiles” pero para los investigadores se abre la puerta a una realidad tenebrosa.
Paul Root Wolpe-profesor del Centro de Bioética de la Universidad de Pennsilvanya en la que se desarrollaron algunos de los principales trabajos sobre los calmativos y director de Bioética en la NASA- entiende que los problemas causados por el desarrollo de esta nueva tecnología son similares a los ocasionados por el desarrollo de las armas nucleares. En su opinión comenzará una nueva carrera armamentista médica una vez que los terroristas u otros gobiernos comprendan que los conocimientos médicos pueden ser utilizados para adormecer a sus ejércitos sin disparar un tiro. “Esta cuestión –ha afirmado a Stephen Kerr en su artículo “Un nuevo tipo de guerra química”- ha sido discutida durante miles de años. La filosofía clásica, el corpus hipocrático y Sócrates discuten la cuestión de si un medico debe ayudar al estado. El consenso general solía ser que un médico debe ayudar al estado en la medida en que éste favorezca la salud pública pero no debería ayudar en ningún otro tipo de actividad, especialmente en actividades bélicas si quiere ser considerado a la luz de la ética”. En otras declaraciones recogidas por Toronto On Line, Wolpe afirmó: “Drogar a la gente contra su voluntad es fundamentalmente anti-ético. ¿Bajo qué autoridad pueden introducirse medicamentos en el cuerpo de las personas sin su consentimiento? La respuesta es…¡ nunca!”.

La misma cuestión es aplicable al dolor. Andrew Arroz, consultor en Medicina del dolor en el Chelsea and Westminster Hospital de Londres, afirmó al ser consultado por New Scientist: “Aún cuando el uso de dolor severo temporal pueda ser justificado como una medida represora, que no lo creo, los efectos físicos y psicológicos a largo plazo son desconocidos”. John Wood, del University College de Londres, un experto en cómo el cerebro percibe el dolor, no exime de responsabilidad a los investigadores involucrados en el proyecto. “Podría usarse para la tortura -afirma- Los investigadores deben ser conscientes de ello”. Y no sólo eso sino que además se prescinde en el estudio de cualquier referencia al impacto psicológico de la experiencia o de sus efectos a largo plazo. Amanda Williams, psicóloga clínica también en el University College de Londres, declaró a la revista: “El dolor persistente puede ser el resultado de un rango de estímulos supuestamente no destructivos que, no obstante, cambien el funcionamiento del sistema nervioso”. Al mismo tiempo se mostró convencida de que los estudios sobre cultivos celulares no servirán para demostrar un nivel seguro para un estallido de plasma. “Los cultivos celulares –declaró– nada pueden decirnos sobre el dolor y las consecuencias psicológicas de tal experiencia dolorosa”.

En suma, una nueva caja de Pandora parece abrirse ante todos nosotros aunque lleve la etiqueta de “Armas No Letales”. Bueno, nueva porque la mayoría de nosotros nos enteramos ahora pero tiene más de treinta años de desarrollo a sus espaldas. Antes de morir de cáncer en el 2002 Eldon Byrd, un investigador que trabajó para el Ejército Norteamericano entre 1980 y 1983, en una carta que hizo pública para apoyar a Cheryl Welsh -fundadora de la organización Mind Justice, dedicada a denunciar tácticas de control mental con tecnología de microondas- afirmó: “Estoy cualificado para evaluar la tecnología involucrada, después de haber estado a cargo de los US Marine Corps Electromagnetic Non-lethal Weapons Development Project, a comienzos de los años 80, en el que se demostró que era posible alterar la conducta de animales con campos magnéticos y afectar las ondas cerebrales humanas de forma remota. Desde entonces la tecnología ha progresado hasta el punto de que incluso la ingeniería genética con campos es posible y demostrable. Que la tecnología para conseguir el control de la mente en los seres humanos existe está más allá de cualquier duda. Lo que la tecnología ha destapado pues y destapará es importante para el futuro de la humanidad, independientemente de si está usándose o no ahora mismo porque lo importante es que su potencial para el abuso es muy real y de gran preocupación para todos”.

Evidentemente son muchos los interrogantes que se les plantean a los científicos cuyos trabajos se han usado para desarrollar las llamadas “armas no letales”. Porque aunque jamás lo hayan deseado sus nombres –Martenson, Cardenas, Petruska, Cooper, Caerina, Tominaga, Colmillo, Djouri, etc- van a quedar inevitablemente unidos al desarrollo de las armas basadas en el dolor. Estamos pues seguros de que más de uno, como Einstein, tras saberlo habrá tenido la tentación de decir: “Hubiera preferido ser fontanero”.

 Francisco San Martín

 Recuadro:


Armas de ciencia ficción

El documento oficial firmado por la Oficina de Investigación Naval para el desarrollo de armas paralizantes con dolor supone una confirmación más del interés cada vez mayor del Ejército norteamericano por las armas que utilizan proyectiles de pulsos de energía que pueden graduar su capacidad de daño. Muchos se acordarán leyendo estas líneas de las aventuras de la mítica serie de televisión Star Trek, de los capitanes Kirk y Pickard, o de Spock y Data, pero sobre todo de los Phasers, sus armas láser individuales capaces de ajustar su potencia y llevar a sus enemigos desde al aturdimiento al dolor o a la muerte. La ciencia ficción comienza pues a hacerse realidad con los proyectos de Armas de Energía y Armas No Letales e, incluso, con iniciativas individuales. De hecho en 1997 un inventor californiano presentó un arma de su invención en una feria de San Diego capaz de bombardear con pulsos eléctricos blancos humanos en los que podía producir aturdimiento, convulsiones dolorosas o, aún peor, provocar un ataque al corazón. Su diseño utiliza un rayo láser intenso de luz ultravioleta para crear un canal de plasma cargado a lo largo del cual se descarga una corriente eléctrica sobre su víctima. El único inconveniente que ha impedido a Hans Eric Herr comercializar su invento ha sido que, a diferencia de los Phasers, su arma tendría como poco el tamaño de una mesa de cocina. Algo que para un arma individual es más bien incómodo sólo que es poco probable que eso haya detenido al Ejército norteamericano.

Seis años después New Scientist afirma haber visto videos en el Simposio Europeo de Armas No Letalescelebrado en Karlsruhe (Alemania) de un prototipo de “Plasma-Taser”, un arma que sin necesidad de alambres descarga un choque eléctrico capaz de debilitar a su víctima. El Plasma-Taser, desarrollado por la compañía Rheinmetall W&M en Ratingen, es similar al arma Taser usado por la policía americana. En un Taser ordinario un par de flechas se disparan sobre un blanco liberando una descarga eléctrica de alto-voltaje a través de los cables de metal unidos a las flechas. Cincuenta mil voltios de choque eléctrico aturden al intruso bloqueando su sistema nervioso temporalmente. Por el contrario, el Plasma-Taser no necesitará ningún alambre porque -según afirman sus diseñadores- dispara un rocío de aerosol hacia su objetivo que actúa de cauce conductivo para un shock eléctrico. La compañía, en el colmo del cinismo, se limitó a confirmar que el material del aerosol no es tóxico.

Está claro, en contra de lo que puedan pensar algunos o nos quieran hacer creer otros, que la carrera por encontrar nuevas armas nada tiene que ver con el auge del terrorismo internacional, ni con lo ocurrido a partir del 11 de Septiembre con el atentado a las Torres Gemelas. Simplemente con consultar la hemeroteca especializada encontraremos que durante la Guerra del Golfo de 1991 ya se usaron misiles con cabeza de pulsos electromagnéticos (EMP) contra las defensas iraquíes, como se publicó en Defense News en abril de 1992, una publicación de asuntos militares. Posteriormente, en septiembre de 1992, el Sunday Telegraph británico publicó una información -confirmada posteriormente por el Ministerio de Defensa inglés- sobre el desarrollo de una “bomba de microondas”. El articulo explicaba que la bomba “funciona emitiendo un impulso masivo de energía que dejaría inconscientes a las personas al trastornar zonas neuronales en el cerebro pero sin causar daños duraderos”. El artículo del Telegraph, al referirse a las ondas emitidas, dice que “resuenan a una frecuencia establecida”. Esto significa que los militares han identificado una frecuencia particular que afecta al cerebro humano y que no se limitan a buscar los efectos que se pueden conseguir con un amplio espectro de frecuencias. Claro que para conseguir tal grado de eficacia… habrán tenido que experimentar con personas.

El arsenal de las armas de ciencia ficción que se han hecho ya realidad o pueden hacerse en breve no deja de crecer: Armas microondas, armas por ultrasonidos, proyectiles de pulsos electromagnéticos, plasmas que causan dolor paralizante, armas cuyo desarrollo parece destinado a modificar los comportamientos sexuales de las tropas enemigas y -no lo olvidemos- armas de control mental. No son de hoy. Se lleva trabajando desde hace décadas en ellas y en otras que ni siquiera nos atrevemos a imaginar. El doctor Robert O. Becker, en su libro “El cuerpo eléctrico, el electromagnetismo y la formación de la vida” –publicado en 1985- escribió: “Una señal fuerte de microondas genera una presión de 120 decibelios, aproximadamente el nivel cercano a un motor a reacción en el momento del despegue. Evidentemente tal haz podría causar a los humanos dolor severo e impedir toda comunicación a través de la voz. Que el mismo efecto puede usarse más sutilmente fue demostrado en 1973 por el doctor Joseph C. Sharp quien, sirviendo como sujeto en una prueba, oyó y entendió palabras habladas que se le hicieron llegar en una cámara de aislamiento vía audiograma en un pulso de microondas (un análogo de las vibraciones de sonido de las palabras) emitido sobre su cerebro. Tal dispositivo tiene aplicaciones obvias en operaciones encubiertas destinadas a volver a un objetivo loco con ‘voces’ o entregar instrucciones indetectables a un asesino programado”.

En suma, la ciencia ficción más tenebrosa hace tiempo que se materializó… y nosotros sin enterarnos.

Este reportaje aparece en
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Mayo 2005
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