Anne Katharina Zschocke: «Las bacterias son nuestras compañeras»

Médico naturista y homeópata Anne Katharina Zschocke trabajó en el Instituto de Inmunología del Central Middlesex Hospital de Londres hasta que conoció al profesor de Agricultura Adolf Daenecke y éste le explicó la importancia terapéutica de los «microorganismos efectivos». De hecho su obra EM: las bacterias como origen y guía de toda la vida -aparecida en 2012- ha reescrito de alguna forma la historia de la Microbiología. Es asimismo autora de obras como Los increíbles poderes de los microorganismos efectivos, EM kompakt: microorganismos efectivos y su aplicación práctica, Microbioma: una forma de superar enfermedadesSanos en cuerpo y almaBacterias intestinales, claves en la salud La revolución de los microorganismo eficaces. Y de todo ello hemos hablado con ella.

ANNE BACTERIAS

La gente asocia inconscientemente bacterias a enfermedad desde que Luis Pasteur asegurara que son las principales responsables de gran cantidad de dolencias y trastornos; y de ahí que le parezca un gran logro el desarrollo de fármacos antibióticos destinados a acabar con ellas. Sin embargo la posible patogenicidad de las bacterias depende de otros factores que apenas se han tenido en cuenta; especialmente del «terreno» en el que asientan. Y tampoco se ha tenido suficientemente en cuenta que muchos de los agresivos antibióticos sintéticos desarrollados pueden provocar disfunciones tan o más graves que las que se pretende afrontar con ellos. Son muchos los expertos que ya lo han denunciado estando entre ellos la Dra. Anne Katharina Zschocke, pionera en un ámbito aún poco desarrollado: el de tratar las infecciones y otras muchas patologías equilibrando el microbioma con los llamados microorganismos eficaces. Algo que explica ampliamente en una obra que acaba de aparecer en España con el significativo título de Nuestras amigas las bacterias (Ed. Macroedizione). Hablamos de una persona experta en Medicina Holística que además estudió Homeopatía y Naturopatía en Friburgo, Filderstadt (Alemania) y Londres (Reino Unido) -país éste en el que realizó investigaciones en Inmunología- y es además profesora especializada en el uso de «microorganismos efectivos» con la cual hemos tenido oportunidad de hablar de todo ello.

-Díganos, doctora: ¿puede hablarse de bacterias «amigas» y «enemigas»?

-En realidad, no. Esos son conceptos bélicos que los humanos proyectamos absurdamente sobre ellas. Son «compañeras». Viven en todas partes adaptándose a las circunstancias, son flexibles y pueden cambiar sus propiedades cuando cambian las condiciones ambientales. De hecho recientes investigaciones han descubierto en órganos sanos bacterias que antes se consideraban “patógenas”. Una misma bacteria puede ser beneficiosa o perjudicial. Depende de su interacción con las células y otros organismos unicelulares y, sobre todo, del terreno. Si el pH del intestino delgado cambia a causa de la acidez estomacal, por ejemplo, las bacterias que viven en él de forma inocua pueden llevarnos a enfermar.

LAS BACTERIAS NO SON NUESTRAS ENEMIGAS

-Entonces hablar de bacterias «buenas» y «malas» carece igualmente de sentido….

Es igualmente un error porque se trata de términos morales que solo pueden aplicarse a seres que viven en libertad y pueden elegir. Y al contrario que las personas, que están dotadas de un “yo” consciente, las bacterias son sencillamente la expresión de una corriente de vida y que se expresen de una u otra manera depende de unas circunstancias vitales que en gran medida decidimos nosotros. Porque somos nosotros los responsables del entorno en el que viven.

Luis Pasteur y Robert Koch vivieron inmersos en una época en la que se asumía que la vida era consecuencia de una lucha constante por la supervivencia. Tenían la concepción de que nuestros organismos eran estériles -libres de infecciones- y la enfermedad aparecía por culpa de unas bacterias ajenas a nosotros que se introducían en nuestros cuerpos, que nos invadían agrediéndonos. Bacterias que eran pues «malas» y «enemigas» a las que había que «combatir». Y así se formó a médicos y bacteriólogos convirtiéndoles en una especie de soldados en guerra. Proyectaron la manera belicista de pensar de la época en las bacterias. Y encima los resultados de sus investigaciones en laboratorio se extrapolaron directamente a los animales y seres humanos, craso error que se mantiene aún hoy.

-Y no es así…

-En absoluto. Aun puede leerse en algunos libros de texto que la bacteria Escherichia coli se duplica en el intestino cada 20 minutos cuando no es verdad. Sucede así cuando se cultiva en una Placa de Petri pero en su hábitat natural la tasa de reproducción la regula la comunidad, es decir, depende de las bacterias y células con las que convive. De hecho se reproducen solo de dos a tres veces al día. ¡Imagínese que se duplicaran cada veinte minutos! ¡Si así fuera nuestros estómagos estallarían ante tal masa bacteriana! En fin, es hora de mirar a las bacterias bajo una nueva óptica libre de prejuicios.

-Pues la medicina convencional considera los antibióticos y las vacunas como sus mayores triunfos.

-Basta conocer la historia de la Bacteriología para saber que los investigadores raramente están de acuerdo sobre la vida bacteriana. El punto de vista que en su día prevaleció finalmente dependía más de la capacidad del bacteriólogo para “venderse” y se utilizó políticamente.

Lo que de hecho convirtió a los antibióticos en agentes destacados de la Medicina fueron las dos guerras mundiales y la cantidad de infecciones oportunistas a que dieron lugar. Al punto de que llegó a creerse seriamente que los antibióticos podrían erradicar todas las enfermedades infecciosas. Hasta que se constató que a veces daban lugar a resistencias bacterianas que conducían a cuadros clínicos muy severos. De hecho hoy nos hallamos ante una gran paradoja: ¡hay más enfermedades infecciosas que antes! Es más, los antibióticos provocan anualmente cientos de miles de enfermos y miles de muertes. Un fracaso que nos recuerda que debemos aceptar las condiciones de vida del planeta en lugar de intentar manipularlas. Porque la vida está orientada a la comunidad y la cooperación, no al enfrentamiento. La investigación más reciente muestra que incluso las moléculas de agua tienden siempre a moverse unas hacia otras. Es hora pues de seguir las leyes naturales. Tendremos así éxito además de alegría, libertad y paz.

-Lo que plantea usted es una revolución en Medicina…

-Es puro sentido común. He aprendido mucho con el uso práctico de las bacterias. Si proporcionamos las bacterias adecuadas a un grupo de animales enfermos, a las algas maltrechas de un estanque o a una herida infectada ¡sanan rápidamente! Es asombroso pero lo he constatado y por eso he aprendido a confiar en las bacterias y en sus habilidades. Si las dejamos trabajar regulan la vida de acuerdo a un orden que está hoy por encima de nuestra comprensión. A fin de cuentas somos recién llegados al planeta ya que los organismos unicelulares existen en él desde hace 3.800 millones de años y el homo sapiens apareció hace apenas unas decenas de miles de años.

Afortunadamente todo esto empieza a asumirse en el mundo académico; especialmente porque ahora se disponen de nuevas investigaciones sobre las bacterias que chocan con la idea de que hay que crear antibióticos cada vez más potentes.

-Una auténtica paradoja…

-Es que los humanos somos propensos a la inercia. Además ¡es tan «conveniente» pensar en un enemigo a quien culpar y que si lo elimino todo irá bien! La experiencia de la humanidad demuestra sin embargo que toda lucha supone pérdidas en ambas partes. Necesitamos una imagen diferente del ser humano aunque eso suponga para muchos una “revolución”. Le digo más: el ser humano no está tan claramente definido como muchos piensan ya que absorbemos y liberamos bacterias. Estamos llenos de vida, somos una cooperativa llena de movimiento. El ser humano libera cada hora alrededor de un millón de partículas vivas a través de su piel y del aliento. Es más, entre la mitad y dos tercios del volumen de nuestras heces son bacterias. Somos pues multiplicadores portadores y distribuidores de bacterias.

-¿Cómo se entienden la salud y la enfermedad desde esta óptica?

-Desde este punto de vista la salud es un estado de equilibrio. Y los requisitos para mantenerlo son la diversidad, la abundancia y el orden en la comunicación de las bacterias. Cuanto mayor sea la diversidad bacteriana de un organismo más capacidad tendrá para reaccionar de forma saludable a las influencias del entorno. En la enfermedad hay pobreza bacteriana, preponderancia de ciertas especies o confusión general. Las «enfermedades» de la civilización son de hecho más bien déficits bacterianos.

No debemos olvidar en todo caso que la enfermedad física es también reflejo del alma, de algo importante que queremos o necesitamos hacer. Fíjese que la mayor diversidad de bacterias se ha encontrado en personas que viven muy cerca de la naturaleza; como los indios en la selva o los pueblos primitivos de África y Asia. En cambio los habitantes de las sociedades industrializadas tenemos muchas menos especies bacterianas, déficit que reduce la calidad de vida debido a que importantes tareas del metabolismo, el equilibrio energético, la regulación hormonal y el sistema nervioso se ven afectadas.

-¿Y de qué depende que se manifieste una u otra enfermedad?

-De muchos factores, incluyendo la constitución de la persona. Ninguna enfermedad puede rastrearse hasta un tipo de bacteria o de su ausencia.

LA IMPORTANCIA DEL MICROBIOMA

-La importancia de la flora intestinal es hoy conocida incluso a nivel popular pero usted habla de microbioma.

-La mayoría de las personas cree que las bacterias viven unas al lado de otras en los intestinos como si fueran flores en el suelo. Imaginan una pared intestinal recubierta de «vegetación» en la que las bacterias pueden eliminarse o reponerse pero no es así. Existe una gran comunidad microbiana con innumerables “equipos” interconectados que se comunican para trabajar juntos como un todo. De hecho el término “microbioma” se acuñó en 2001 para sustituir a lo que antes se llamaba “organismo comunitario”. La palabra “microbioma” se refiere pues a la totalidad de las bacterias de un hábitat. Por eso se habla de un microbioma oral, de un microbioma podal, de un microbioma del estómago… y así sucesivamente. La verdad es que cada ser humano tiene un microbioma personal y único con bacterias propias y peculiaridades específicas. Incluso los espacios y paisajes tienen su microbioma. Hasta la Tierra: el llamado “pangenoma”.

-¿Y cuáles son las funciones más importantes de un microbioma?

-El microbioma representa el puente entre el mundo invisible y el visible en todos los seres vivos; y, por tanto, también en los humanos. Y es particularmente intenso en las interfaces, es decir, en la piel y en las membranas mucosas. Traduce la conciencia y media entre el mundo y el ser humano. Siendo especialmente importante el microbioma en la nutrición: solo pueden llegar alimentos sanos a las células cuando la digestión es adecuada. Si faltan bacterias en las interfaces, el alimento o el aire no se toleran.

En pocas palabras: el microbioma está involucrado en todas las funciones corporales. Sus organismos unicelulares forman grupos funcionales involucrados en numerosas tareas: en el equilibrio hormonal, en el sistema nervioso, en el ritmo sueño-vigilia… Y no se trata de que cada tipo de bacteria tenga una función asignada sino de que diversos grupos trabajan en distintas funciones e incluso cuando se pierden cepas por efecto de los antibióticos otros grupos las sustituyen. Por eso no me gusta hacer clasificaciones: los humanos no debemos forzar a los microbios a formar cadenas simples de causa y efecto porque las bacterias viven multidimensionalmente y es así como debemos entender el microbioma.

-¿Cuál es la importancia del microbioma en el proceso concepción-embarazo-parto-lactancia-crianza?

-Sin un microbioma sano la procreación y la concepción no son posibles. La experiencia ha demostrado que las parejas con un deseo insatisfecho de tener hijos pueden solucionarlo con terapia microbiana ya que las bacterias forman importantes contactos con las primeras células del cuerpo después de la fertilización y estimulan un crecimiento saludable. En el útero las bacterias del intestino llegan al embrión a través de la sangre del cordón umbilical y durante el nacimiento se añaden las bacterias del canal del parto y luego las del entorno tras el nacimiento. De ahí la importancia de saber dónde y cómo nace el bebé. Por supuesto, luego recibe las bacterias y la fibra de la madre a través de la leche materna durante la lactancia. Todas las bacterias desarrollan entonces su comunicación entre sí y con las células del cuerpo necesitándose unos tres años para que el microbioma individual dinámico se estabilice en el niño (siempre y cuando no se haya perturbado en ese tiempo). De hecho numerosos estudios muestran que las alteraciones microbianas tempranas conducen a problemas de salud en niños y adultos: tendencia al sobrepeso, asma, alergias, inflamación intestinal y trastornos del sistema nervioso, entre otros.

-Entonces el microbioma se hereda en parte pero se completa después…

-Exacto. El microbioma se conforma a partir de todo lo que se experimenta. Por supuesto también del encuentro con el padre. Las bacterias se duplican y así es como llevamos en nosotros las que han sido trasmitidas desde tiempos inmemoriales a través de generaciones. Luego depende del estilo de vida: cuanto más contacto tengan entre sí con el suelo, las plantas y los animales más sano y versátil podrá desarrollarse el microbioma. Por eso los niños que no tienen contacto con la naturaleza son más susceptibles a enfermar.

-Parece obvio en tal caso que si realizan funciones tan importantes y complejas deben estar organizadas y comunicarse de algún modo…

-Por supuesto. Los organismos unicelulares se comunican a diferentes niveles y aún no los conocemos todos. Pueden comunicarse a través de señales mensajeras, intercambiar genes, emitir impulsos eléctricos y cuántos de luz o cortar partículas, enzimas, genes o lo que necesiten de su interior en pequeñas vesículas de membrana que migran luego a través de la sangre y la linfa. De hecho nuestra sangre está llena de mensajes bacterianos. Podemos pues decir que todo lo que sucede en las bacterias y en el cuerpo está regulado por el intercambio de información.

-Luego en el concepto de microbioma no solo se incluyen las bacterias sino todos los microorganismos que conviven en nuestro cuerpo, virus incluidos.

-Los microorganismos del cuerpo incluyen hongos, arqueas, protozoos, parásitos, virus, bacteriófagos… Muchos más de los que imaginábamos. Y todos viven en un equilibrio saludable. Sin embargo si se eliminan por ejemplo las bacterias predominarán los virus o los hongos. Por eso en caso de enfermedades fúngicas o virales puede restablecerse el equilibrio mediante la ingesta de las bacterias adecuadas.

UN MICROBIOMA DAÑADO PUEDE DAR LUGAR A MUCHAS PATOLOGÍAS

-¿Qué sucede cuando se producen desequilibrios o daños en el microbioma?

-Se lo explicaré con el ejemplo del necesario equilibrio del microbioma digestivo. Los intestinos se han investigado a fondo y sabemos que en el intestino delgado las bacterias viven en la membrana mucosa y hacen que el moco se forme allí de modo que la digestión fina de los alimentos se produce en esa capa antes de que entren en contacto con los enterocitos que los absorben. Si no hay bacterias la cantidad de moco se reduce, no hay digestión fina y como consecuencia las células reaccionan con inflamación y las conexiones flexibles entre las células pierden su capacidad de funcionamiento. Esto lo consideramos “intolerancia alimentaria” y más tarde “síndrome del intestino irritable”. Los alimentos llegan casi sin metabolizar a la sangre y al hígado y se produce una inflamación hepática silenciosa que a largo plazo puede afectar al resto del cuerpo y provocar nuevas inflamaciones -cistitis, sinusitis, gingivitis, etc.- y trastornos en el metabolismo de las grasas, diabetes, cardiopatías coronarias…

Y no es todo: los cambios microbianos en el intestino afectan también a los contactos entre las células nerviosas pudiendo ello provocar depresión, parkinson, TDAH y otras patologías que igualmente pueden atribuirse a deficiencias microbianas. Está claramente constatado que la dieta determina la composición de las bacterias en el intestino por lo que es muy importante adoptar una dieta favorable a ellas.

De ahí la importancia de la fibra en la alimentación…

-La fibra es de hecho un “alimento bacteriano”. Los organismos unicelulares digieren las fibras principalmente en el intestino grueso y liberan energía de tal modo que las enzimas puedan trabajar correctamente. Productos metabólicos bacterianos como los ácidos grasos forman asimismo compuestos necesarios para el organismo. El ácido butírico, por ejemplo, es vital para los neurotransmisores.

En fin, al promover el crecimiento de bacterias en el intestino las fibras dietéticas aumentan el volumen de las heces lo que alivia la pared intestinal y previene los divertículos. Por el contrario, la deficiencia de fibra está asociada a un mayor riesgo de cáncer de colon. Y como las verduras, frutas y cereales contienen mucha fibra dietética es conveniente ingerirlos a diario.

¿Cómo se diagnostica el estado del microbioma?

-Puede conocerse mediante percepciones corporales y pruebas de laboratorio, caso por caso. Téngase en cuenta que el microbioma está involucrado de alguna forma en todas las enfermedades aunque sea con intensidad diferente. Por eso es mejor acudir a un médico que tenga conocimientos microbianos. En mis libros describo la terapia microbiana que he desarrollado durante muchos años con estudios de casos y consejos que son fáciles de poner en práctica; como comer sin productos químicos y masticar bien. Merece la pena plantearse qué consecuencias tiene lo que uno hace en su vida diaria en relación con esta pregunta: ¿qué bacterias estoy promoviendo, modificando o eliminando de mi cuerpo?

-Hace ya varios años publicamos un artículo sobre los microorganismos efectivos, si bien centrando su utilidad en la agricultura y el medio ambiente. ¿Puede explicarnos cómo y para qué los utiliza usted terapéuticamente?

-Hablamos de una mezcla de diferentes microbios que se utilizan específicamente para formar una comunidad microbiana, un equipo vivo. Es lo que los distingue fundamentalmente de los probióticos comunes que no son sino una mezcla de preparaciones bacterianas. Si inyectamos microorganismos efectivos en un microbioma perturbado se produce una reorganización de éste que permite un equilibrio saludable. Inicialmente se usaron para equilibrar el microbioma del suelo pero son ya universalmente utilizados. De hecho se comercializan ya microorganismos efectivos que fueron aprobados para consumo humano como Mikroveda Life Pur o Multi-Impuls. Además se pueden aplicar externamente en la piel enferma, hacer gárgaras con ellos para tratar el dolor de garganta, tomarlos en gotas… Lográndose a veces curaciones asombrosamente rápidas debido a la capacidad de comunicación del microbioma.

USO TERAPÉUTICO DE LAS BACTERIAS

-El uso terapéutico de bacterias es una práctica muy antigua…

-Cierto. Todas las culturas antiguas usaron bacterias para tratar dolencias; a menudo mediante alimentos fermentados por bacterias como la cerveza, el vino, el yogur o la leche agria. Pero también usaron excrementos de animales por los microbios que contenían. Hoy día eso ya no es posible porque la agricultura se ha transformado en algo artificial. Es importante por ello buscar nuestro camino de regreso a un ciclo de vida saludable con los organismos unicelulares del suelo, las plantas, los animales, el agua, el aire y la tierra.

Deberíamos entender que en buena medida estamos todos conectados a todo ¡a través de las bacterias! Y que lo que hacemos con los microbios vuelve a nosotros. Tenemos libertad para actuar sobre la tierra pero eso supone una enorme responsabilidad. Si por ejemplo usamos ropa hecha de fibras naturales o cuero estamos promoviendo en la piel bacterias que pertenecen a los seres humanos, lo cual es saludable. Por el contrario, la ropa sintética promueve microbios que tratan de descomponer esa sustancia artificial y afectan al cuerpo. Es más, con cada lavado las partículas microplásticas del material sintético entran en el agua y llegan a los ríos y océanos provocando una proliferación de bacterias plásticas degradantes que contribuyen al desequilibrio microbiano en esos medios. Es solo un pequeño ejemplo pero podemos aplicar lo mismo a los productos higiénicos dentales, a los cosméticos, a los productos de limpieza para el hogar… ¡La destrucción que ha causado ya nuestra civilización moderna es evidente en todas partes! No podemos pues continuar así.

-Es evidente que las bacterias determinan también el funcionamiento del sistema inmune.

-Evidentemente. El sistema inmunitario es de hecho lo que permite a una persona mantenerse en equilibrio. Ayuda a que seamos capaces de cambiar en situaciones conflictivas y aún así mantener una forma constante. En la faringe y en los intestinos hay células “microplegadas” -o células M- especialmente diseñadas para recibir impulsos bacterianos y traducirlos en inmunoglobulinas asegurándonos así de contactar con el mundo de manera saludable a través de las zonas húmedas del cuerpo: ojos, nariz, pulmones, vejiga… Yo concibo el sistema inmune como un órgano de diálogo especializado en contactos, comunicación y regulación pero también puedo imaginarlo como algo móvil cuyo equilibrio depende de muchos pequeños equilibrios. ¿No es de hecho un milagro que los humanos no nos disolvamos en el mundo ni nos congelemos en él? Eso se lo debemos a las células inmunitarias que el microbioma produce constantemente. Si faltan las bacterias y el diálogo entonces falta algo crucial en el sistema inmune y se producirá demasiada inflamación o demasiado endurecimiento; es decir, esclerosis y calcificación o autoinmunidad. Afortunadamente una adecuada terapia microbiana puede ayudar a reequilibrar el sistema inmune.

-¿Es tan preocupante como parece la resistencia bacteriana a los antibióticos?

-Sin duda. Aunque lo que llamamos “resistencia” habría que llamarlo “estrategia de supervivencia”. Y la solución es sencilla porque cuando las bacterias no tienen que luchar por sobrevivir los genes que activan tales “resistencias” se desactivan rápidamente. Las bacterias son seres vivos que conviven en armonía con nosotros y ya es hora de que aprendamos a hacerlo bien. De hecho son las que nos han permitido evolucionar durante miles de millones de años así que deberíamos ser más agradecidos con ellas.

Mi experiencia en los últimos 19 años de cooperación con las bacterias muestra que las “resistencias” que tantos problemas causan en hospitales y asilos de ancianos simplemente desaparecen cuando se las trata adecuada y pacíficamente de forma inteligente.

-Aclárenos por cierto una cosa: ¿a su juicio son realmente eficaces los prebióticos y probióticos? ¿Es necesario realmente consumirlos en forma de complementos?

-Llevando una vida saludable apropiada para las bacterias, no. Ahora bien, ¿es posible eso hoy día? La verdad es que pueden ser útiles en algunas situaciones pero lo que es absurdo es comer mal e ingerirlos luego en forma de preparados. Además es necesario evaluar bien el estado de la persona antes de decidirse a ingerir probióticos o prebióticos y saber cuáles son los que cada uno precisa. Un ejemplo: la inulina que contienen algunos da lugar a fructosa y las personas con déficit de fructasa pueden tener problemas.

Es asimismo erróneo sugerir tratamientos microbianos para contrarrestar la medicación convencional. E incluso sugerir su consumo afirmando sin más que ayudan en casos de depresión, síndrome del intestino irritable o diabetes. Eso sería continuar con la actual comercialización que nos ha llevado a enfermar. Si realmente queremos contribuir a la sanación de la tierra y de las personas la alternativa es seguir simplemente una vida más natural.

-¿Y de verdad reacciona el microbioma a los impactos emocionales, psíquicos y espirituales?

-No hay duda de que los microorganismos unicelulares los perciben y son sensibles a las vibraciones que provocan los sentimientos, emociones y pensamientos. Todo indica que la conciencia penetra en el microbioma, auténtica matriz y red de comunicación entre los microorganismos de nuestro organismo.

-Permítame una última pregunta: ¿cuál sería su «receta» para una convivencia sana y ecológica con nuestras bacterias?

-Lograr que nuestros microorganismos –muy especialmente las bacterias- y nuestras células convivan en armonía. Lo mismo que hacen las plantas y animales. Es una cuestión de cultura, palabra que proviene de la palabra latina cuidado -que originalmente significaba “cultivo de la tierra”- pero también de cultus que significaba “sentidos refinados” e incluso “adoración”. Se trata en suma de respetar la sabiduría del mundo microbiano y de mantener con él una relación armónica. Tal vez pudiéramos resumirlo con la frase “ama a tus bacterias como a ti mismo”.

-Gracias, doctora.

-A ustedes por la difusión de mis trabajos.

Jesús García Blanca

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