Dientes más blancos… en una hora

Y decimos “más blancos” porque no existe hoy por hoy ningún método que permita a alguien poseer unos dientes perfectamente blancos… salvo que ya los tenga bajo la capa de suciedad superficial que los recubre. Ni las pastas blanqueadoras, ni los geles ni el más avanzado láser. Lo máximo que puede conseguir el mejor de los productos mencionados es limpiar el esmalte ensuciado y lograr así aclararlo o “blanquearlo”. Por tanto, si usted tiene los dientes amarillentos conseguirá que el esmalte aparezca limpio y con un tono más claro pero no obtendrá una dentadura perfecta de blancura inmaculada.

El láser de diodo es lo último en blanqueamiento dental. Ahora bien, se trata de un método que no mejora el resultado del blanqueamiento con gel y luz de plasma practicado hasta ahora: sólo lo iguala. El inconveniente es que es algo más caro, la ventaja que es más rápido y uno se evita desplazamientos, visitas y sesiones. De hecho, los resultados pueden apreciarse en tan sólo una hora. Bastan dos visitas al odontólogo y tres días de preparación antes de someterse al láser para solucionar un problema que afecta a un gran número de personas y que, más allá de la mera cuestión estética, permite también mejorar la autoestima y sonreír sin miedo a mostrar los estragos que el café, las bebidas de cola y el tabaco, entre otros productos, causan en nuestro esmalte.

En cuanto a las pastas dentífricas blanqueadoras que se venden en el mercado, los últimos estudios (ver el recuadro) indican que no son útiles.

LA IMPORTANCIA DE UNA BOCA SANA 

El lector debe saber que para someterse a cualquier tratamiento blanqueador es preciso primero tener una boca sana. De ahí que el objetivo de la primera consulta sea precisamente el de realizar una escrupulosa exploración en la que se valoren la existencia de caries abiertas, la presencia de obturaciones –empastes- en el frente dental y el estado de las encías. En el caso de que existan piezas dañadas será necesaria la previa restauración de las mismas, del mismo modo que si hay un problema de encías éste debe solucionarse antes del blanqueamiento.

La importancia de que haya o no obturaciones en el frente dental radica en que ningún tratamiento es capaz de aclarar el tono del composite o resina –material comúnmente empleado para restaurar las piezas con caries-. Por eso se advierte al paciente de que una vez se hayan blanqueado sus dientes deberá cambiarse el composite de las piezas más visibles. Esto, obviamente, puede alargar el proceso pero si la boca está sana el odontólogo indicará en esa primera consulta cuál es el tratamiento previo que conviene seguir para ir preparando los dientes y lograr la mayor eficacia.

PREPARARSE PARA EL LÁSER 

El tratamiento previo consiste en la aplicación ambulatoria de peróxido de carbamida, un agente blanqueante mucho más suave que el que se aplica con el láser y que permite optimizar los resultados. Para ello se confecciona una férula de acrílico blando específica para la persona, es decir, un molde que se adapta a la forma de la boca. Luego, en cada uno de los huecos de la férula se coloca una gota de peróxido de carbamida. Hecho esto, el paciente deberá dormir con ella puesta durante las tres noches previas a la intervención con láser. En ocasiones puede resultar muy incómodo así que se recomienda llevarla durante el día aproximadamente tres horas.

UNA HORA, UNA SONRISA 

Una vez nos hayamos aplicado el peróxido de carbamida estaremos listos para que el odontólogo proceda al blanqueamiento. Pero previamente éste deberá confirmar que nuestro estado bucodental es correcto y luego proceder a proteger las partes de nuestra boca que no deben entrar en contacto con la sustancia blanqueadora, en esta ocasión peróxido de hidrógeno, un agente mucho más efectivo que el que se utiliza habitualmente en otros tratamientos pero que también es más irritante. Por ese motivo se aíslan las encías mediante tiras de cera que se adhieren perfectamente al cuello de los dientes. Además, en zonas como los labios, por ejemplo, se aplica un neutralizador del peróxido de hidrógeno. Asimismo, para facilitar la labor del odontólogo y que el paciente esté más cómodo se trabaja siempre con un abrebocas. Decir, por último, que siempre que se trabaja con láser es preciso utilizar, como medida de seguridad, unas gafas especiales.

Tomadas todas las precauciones se pasa a extender el peróxido de hidrógeno sobre la superficie de los dientes anteriores, es decir, los que comprenden del segundo premolar izquierdo al segundo premolar derecho y que son los estéticamente más importantes. A continuación se aplica la luz del láser cuya función es activar la sustancia blanqueadora y facilitar su penetración en el diente. La operación se realiza diente a diente y, por lo general, se repite hasta tres veces. La duración total es aproximadamente de una hora y no requiere de anestesia; de hecho, eso permite al odontólogo guiar la intervención en función de la sensibilidad que el paciente manifieste en cada momento. De esa forma empleará una potencia u otra aunque ésta suele estar en torno a los 1,8 o 2 watios. El tiempo de exposición de cada pieza al láser suele ser de 30 segundos en cada uno de los tres barridos. En cualquier caso, éste vendrá determinado por la potencia que se haya decidido aplicar. La sensibilidad permite también advertir de si el láser está penetrando demasiado en la estructura dental en cuyo caso se reducirá la potencia o se dará por finalizado el tratamiento ya que llegar a la parte viva del diente puede causar daños muy importantes.

En realidad, no todos los pacientes manifiestan sensibilidad. De hecho, son una minoría los que sienten molestias y éstas aparecen casi al final del tratamiento.

Ahora bien, como con cualquier tratamiento blanqueador, el diente se debilita y es preciso reforzarlo. Algo que se hace inmediatamente después de la aplicación del láser y que consiste simplemente en la aplicación de flúor.

RESULTADOS 

“Hay que matizar–nos comentaría la Dra. Silvana Escuder, especialista en Odontología– que el tratamiento no blanquea la dentadura sino que la aclara dos o tres tonos, siempre respetando su color natural. Esto sucede con cualquier tipo de tratamiento blanqueador, no sólo con el láser”. Y agrega: “Además, en cada paciente se obtienen diferentes resultados. Ello depende principalmente de la calidad del diente, del color base que tenga y del tipo de tinción. Es difícil, pues, valorar la eficacia de una forma general. No obstante, la tecnología láser está consiguiendo muy buenos resultados”.

Hay que añadir que si bien en principio el tono que se obtiene tras el blanqueamiento puede durar toda la vida no siempre es así y, en ocasiones, conviene someterse a un retoque para aclararlo nuevamente. En este sentido, la Dra. Escuder apunta que “la duración del blanqueamiento depende de nuestros hábitos alimenticios; no obstante, no hay que olvidar que los dientes están en la boca y que por ella pasan diversos productos capaces de teñirlos. A veces es pues necesario un retoque”. Ese es el motivo de que se recomiende –sobre todo, durante la primera semana- prescindir de bebidas como el café, el té o la cola. Y, por supuesto, del tabaco. Sólo así se prolongará la acción del tratamiento. De lo contrario, la inversión que supone –alrededor de las 150.000 pesetas– habrá sido muy cara para mejorar la sonrisa apenas unos meses.

 Ake de Goya

Recuadro:


LA TETRACICLINA Y LOS DIENTES AMARILLENTOS 

Muchos de los dientes amarillentos que “lucen” buena parte de los españoles se deben a los efectos secundarios de la tetraciclina que contienen determinados fármacos. Y a día de hoy no existe nada capaz de acabar con esas tinciones. Un problema que se agrava porque suelen ser manchas no uniformes y, en consecuencia, cuando se aplica un tratamiento blanqueador se aclara el tono general de todos los dientes pero las diferencias entre unos y otros, aunque menores, permanecen.


EL FRAUDE DE LAS PASTAS BLANQUEADORAS 

Según un estudio realizado por investigadores del Colegio de Odontólogos británico y publicado en la última edición del British Dental Journal la mayoría de las pastas de dientes que se venden como blanqueadoras no tienen en realidad ese efecto. De hecho, de la gran variedad de dentífricos analizados sólo dos (denominadas Macleans Whitening y Aquafresh Whitening) demostraron blanquear el esmalte. Por otro lado, contrariamente a lo que siempre se ha sostenido sobre la mayor abrasión de este tipo de pastas, el estudio reflejó que no existían diferencias entre las blanqueadoras y las convencionales. Por tanto, si bien no eliminan las manchas parece que tampoco perjudican el esmalte. Algo que, en cualquier caso, no justifica ni lo fraudulento de las campañas publicitarias ni el alto coste de sus productos.

Este reportaje aparece en
19
Agosto 2000
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