Dr. Dwight Lundell: “Las patologías cardiacas no las provoca el colesterol sino la inflamación arterial”

El Dr. Dwight Lundell, prestigioso cirujano cardiovascular estadounidense que efectuó más de 5.000 intervenciones quirúrgicas de corazón -fue pionero de las operaciones a corazón abierto- así como responsable de la especialidad en importantes centros hospitalarios asegura que la principal causa de los problemas de corazón es ¡la inflamación arterial! negando de forma expresa que un nivel alto de colesterol en sangre sea -como en esta revista hemos dicho muchas veces- factor de riesgo cardiovascular. De hecho es autor de una obra de título tan significativo como La gran mentira del colesterol. Hemos hablado con él.

El doctor Dwight Lundell ejerció 25 años como cirujano cardiovascular habiendo realizado más de 5.000 operaciones quirúrgicas de corazón por lo que se trata de un médico de reconocido prestigio que siempre fue muy respetado entre sus compañeros de profesión… hasta que hizo públicas sus discrepancias con las teorías mayoritariamente asumidas sobre el origen y tratamiento de las patologías cardiacas. Y eso que hablamos de un pionero en las operaciones de cirugía a corazón abierto -sin circulación extracorpórea- que durante mucho tiempo fue considerado líder de opinión en su campo habiendo estado incluido en el Top Doctors de la revista Phoenix Magazine durante una década. De hecho fue Jefe de Residentes en la estadounidense Universidad de Arizona y Jefe Médico y Jefe de Cirugía del Hospital Banner del Corazón en Mesa (Arizona) así como uno de los fundadores del Hospital Luterano del Corazón, centro que con el tiempo se convertiría en el segundo hospital especializado en Cardiología más grande de Estados Unidos. Es más, precisamente por la alta consideración profesional que se le tenía fue consultor y asesor de algunos de los principales fabricantes de dispositivos médicos: Cardio Thoracic Systems, A-Med y Medtronic. Y que a sus 69 años –está retirado- continúa en gran forma física y mental lo demuestra que hace sólo dos quedó entre los primeros de su grupo de edad en triatlón Ironman, una de las pruebas deportivas más duras.

Bueno, pues su gran meta actualmente es convencer a sus colegas -y a la gente de la calle- de que la principal causa de las patologías del corazón es la inflamación arterial y no el exceso de colesterol. Y que por tanto es mucho más eficaz y útil un tratamiento nutricional que el consumo de estatinas, fármacos que salvo en muy contadas excepciones considera inútiles y dañinos. Así lo explica en sus libros The Cure for Heart Disease (La cura de la enfermedad del corazón) y The Great Cholesterol Lie (La gran mentira del colesterol). Y sobre ello accedió amablemente a hablar con nosotros.

-Es usted autor de un polémico libro titulado La gran mentira del colesterol en el que desafía las teorías médicas aceptadas sobre él como causa de las patologías del corazón. Y no es muy habitual encontrar a una figura médica capaz de reconocer que las bases científicas de lo que ha constituido su quehacer profesional están equivocadas. ¿Por qué lo ha hecho?

-En mi condición de cirujano cardiovascular con 25 años de experiencia y después de haber realizado miles de cirugías a corazón abierto creo que estoy en la obligación moral de cambiar mi enfoque sobre los tratamientos realizados en las últimas etapas de mi carrera profesional, de lo que ahora sé que es una enfermedad prevenible, para centrarme en una intervención temprana verdaderamente eficaz e, incluso, preventiva. Los médicos, con toda nuestra formación, conocimiento y autoridad, sufrimos de un exceso de ego que hace que nos sea difícil admitir que estamos equivocados. Pero yo estoy dispuesto a reconocerlo tantas veces como haga falta. Lo hice ya en una Carta Abierta y lo volveré a hacer cada vez que me lo pidan. Y a ese error he contribuido junto a otros colegas creadores de opinión sosteniendo que la única terapia válida para las dolencias del corazón es la cirugía o la prescripción de medicamentos para bajar el colesterol acompañados de una dieta capaz de restringir drásticamente la ingesta de grasas. Nosotros insistíamos en que esas medidas bajarían el colesterol y con ello se reducirían las enfermedades del corazón. Pues bien, es mentira. El colesterol no es el principal responsable de las dolencias cardíacas. Hoy ya se sabe –bueno, se sabe desde hace años- que son los procesos inflamatorios los causantes de las enfermedades del corazón.

-¿Y cómo habría que valorar entonces las actuales recomendaciones dietéticas sobre el colesterol que se supone están basadas en “datos científicos”?

-Las recomendaciones dietéticas sobre el colesterol -que se establecieron hace ya tiempo- no son hoy ni científica ni moralmente defendibles. Lo que han hecho realmente ha sido crear epidemias de obesidad y diabetes cuyas consecuencias en términos de mortalidad, sufrimiento humano y coste económico eclipsarían a cualquiera de las plagas históricas sufridas por la humanidad. A pesar de que el 25% de la población toma costosos medicamentos a base de estatinas y de que hemos reducido el contenido graso de nuestra dieta en Estados Unidos -por ponerle el ejemplo para mí más cercano- morirán este año más personas que nunca por enfermedades del corazón. El descubrimiento hace unos años de la inflamación de la pared arterial como causa real de la enfermedad cardíaca debe dar paso pues a un cambio de paradigma sobre la forma en que deben tratarse las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas. En pocas palabras, si no existe inflamación en el cuerpo el colesterol no se acumula en las paredes de los vasos sanguíneos causando los problemas cardíacos y las apoplejías. Es pues la inflamación lo que hace que el colesterol se deposite en ellas.

-Pero la inflamación no deja de ser un proceso natural, un mecanismo de defensa del organismo que revela un problema subyacente…

-En principio así es. La inflamación es efectivamente un mecanismo natural de defensa que se pone en marcha, por ejemplo, cuando el organismo se ve agredido, bien por un golpe traumático o una quemadura, bien por invasores externos patógenos: toxinas, bacterias, virus, hongos… Se trata de un ciclo perfecto para proteger al cuerpo. Si sufrimos un corte o una abrasión en la piel sabemos lo que va a pasar desde hace siglos: primero sentiremos en la zona calor, luego dolor y posteriormente enrojecimiento e hinchazón. Es un ciclo natural que indica que el cuerpo se está auto-curando. Y de hecho lo normal es que en un corto período de tiempo –depende de la gravedad de la agresión- la hinchazón y el enrojecimiento hayan desaparecido. Sin embargo si infligimos una y otra vez daño en el mismo lugar, todos los días, nunca se curará; independientemente de dónde se produzca el daño, sea en nuestro interior o en el exterior. La inflamación será entonces permanente. Y eso es así tanto si se trata de un golpe o una quemadura como si la agresión se debe a microbios, a toxinas o a alimentos que el cuerpo humano es incapaz de procesar. En tales casos se produce una inflamación crónica que es para el organismo tan dañina como beneficiosa es la inflamación puntual aguda.

Bueno, pues a nivel interno la inflamación crónica suele deberse en la mayor parte de los casos a un exceso de toxinas y a una dieta rica en hidratos de carbono refinados como el azúcar, el pan blanco, el arroz no integral, etc. Eso es lo que lesiona los vasos sanguíneos, los inflama de manera crónica y lleva a la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardíacas, incluidos los accidentes cerebrovasculares. Y permítame reiterar esto: la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos se debe en buena medida a la dieta baja en grasas sanas que recomienda desde hace años la Medicina convencional o más bien a la dieta alta en hidratos de carbono que se ha generalizado.

LIJANDO LAS ARTERIAS

-¿Cuáles son a su juicio los principales responsables de la inflamación crónica?

Las causas más comunes son básicamente cuatro. La primera es el excesivo consumo de hidratos de carbono simples y granos refinados. Cada vez que consumimos un delicioso dulce repleto de azúcar y harina aumenta nuestro nivel de glucosa en sangre; y cada vez que eso sucede se daña el delicado revestimiento de nuestros vasos sanguíneos. No hay prueba más evidente -o triste- que observar cómo los pacientes con diabetes tipo II pierden la visión y se deterioran su función renal y las extremidades muriendo prematuramente de algún problema cardiaco.

La segunda es el excesivo consumo de alimentos ricos en ácidos grasos omega 6, especialmente de aceites vegetales como los degirasol, soja, coco, maíz, borraja y onagra. Se ha advertido a la población de forma reiterada de que debe evitar todas las grasas animales y consumir en su lugar grasas poliinsaturadas vegetales porque se supone que son más sanas y es verdad que los omega-6 son esenciales ya que forman parte de la membrana celular y sirven para controlar lo que entra y sale de la célula pero deben estar siempre en equilibrio con los omega-3; equilibrio que puede romper un elevado consumo de alimentos ricos en omega-6 haciendo que la membrana de la célula produzca en ese caso unas sustancias químicas llamadas citoquinas que causan inflamación. Pues bien, hoy día la dieta americana dominante es absolutamente desequilibrada. La relación de desequilibrio llega a ser hasta de 30 a 1 a favor de los ácidos grasos omega-6 –lo que supone la producción de una enorme cantidad de citoquinas proinflamatorias- cuando la proporción óptima y saludable de la comida sería de 3 a 1 pero a favor de los omega-3.

La tercera causa es obviamente pues el déficit de ácidos grasos omega 3, potentes agentes antiinflamatorios naturales que -está documentado en la literatura médica- pueden ayudar a reducir la muerte súbita por ataque al corazón, estabilizar la placa de ateroma vulnerable y prevenir el alzheimer y otras patologías neurológicas. Alrededor del 80% de la población de Estados Unidos es deficiente en omega 3 porque no ingiere suficiente pescado y tampoco toma suplementos ricos en esos ácidos grasos.

Y la cuarta es, finalmente, el estrés oxidativo. Es decir, la presencia en el organismo de más radicales libres que antioxidantes. Está fehacientemente demostrado que el estrés oxidativo es perjudicial para la salud humana y se ha asociado a múltiples enfermedades degenerativas -especialmente las cerebrales y nerviosas- así como a las enfermedades del corazón.

Agregaré que, para empeorar más las cosas, ese tipo de alimentación lleva a una sobrecarga de grasa en las células que las hace verter grandes cantidades de sustancias químicas proinflamatorias que se suman al daño que ya causa por sí mismo el azúcar en los vasos sanguíneos.
Y todo eso es lo que termina llevando al sobrepeso y la obesidad, la diabetes, la hipertensión, los problemas cardiovasculares e, incluso, al alzheimer.

-¿Pero todo eso cómo afecta concretamente a las arterias?

Visualícese frotándose la piel con un cepillo duro de forma reiterada: la piel se pondrá primero muy roja y finalmente sangrará. Bueno, pues ahora imagínese haciendo eso varias veces al día, todos los días y durante años. Es obvio que de hacerlo así –suponiendo que pudiera tolerar el dolor- esa zona de la piel terminaría estando sanguinolenta e hinchada. Empeorando aún más si además se infectara. Bien, pues ese proceso está teniendo lugar ahora mismo… en el interior de muchas personas. Lo he visto miles de veces en la sala de operaciones. He mirado en el interior de miles de arterias y le aseguro que una arteria enferma aparece como si la hubieran frotado con un cepillo. Porque varias veces al día, todos los días y durante años hay alimentos que generan pequeños daños que inciden en otros daños anteriores haciendo que el cuerpo responda de forma continua y adecuada… ¡con el correspondiente proceso inflamatorio! La gente no es consciente de esto pero cada vez que paladea un pastel o cualquier otro alimento rico en azúcar su cuerpo responde como si un invasor le hubiera declarado la guerra.
Mire, los alimentos azucarados, los hidratos de carbono refinados y los alimentos ricos en ácidos grasos omega-6 –como los aceites vegetales antes mencionados- constituyen la base alimentaria de los estadounidenses -y de muchos extranjeros- desde hace seis décadas. Y nos han ido poco a poco envenenando a todos.

-¿Comer un simple pastel o un dulce crea una cascada inflamatoria?

-Cuando consumimos hidratos de carbono simples -como el azúcar- el nivel de glucosa en sangre se eleva rápidamente y como respuesta el páncreas segrega insulina a fin de llevarla al interior de las células para producir energía. Obviamente si la célula no la necesita en ese momento la rechaza y entonces el organismo opta por transformar el exceso de glucosa en grasa y almacenarla. Bueno, pues esas moléculas de azúcar que terminan teniendo que estar tanto tiempo en sangre se terminan adhiriendo a una amplia variedad de proteínas que, dado su exceso, dañan las paredes de los vasos sanguíneos. Pequeña lesión que si se repite una y otra vez oxida la pared y desencadena un proceso inflamatorio y la reacción de los leucocitos. Elevar el nivel de azúcar en sangre varias veces al día todos los días del año es en suma como raspar con papel de lija el interior de los delicados vasos sanguíneos. Puedo asegurarle tras operar a más de 5.000 pacientes en 25 años que todos ellos tenían un denominador común: la inflamación de sus arterias.

-¿Y qué hay hacer para evitar el proceso inflamatorio?

-Prevenirlo. Mire, no hay más que una solución: volver a ingerir los alimentos en su estado natural; y mientras ayudar al organismo. Por ejemplo comiendo suficientes proteínas para producir antioxidantes. E ingerir carbohidratos complejos y no refinados; como las frutas y verduras. Se debe asimismo evitar -o reducir al máximo- el consumo de ácidos grasos omega-6, especialmente el de los aceites vegetales que lo contienen; es decir, los degirasol, soja, coco, maíz, borraja y onagra. Y por supuesto el de todos los alimentos procesados que los contienen que son hoy muy numerosos.
Téngase en cuenta que una simple cucharada de aceite de maíz contiene 7.280 mg de ácidos grasos omega-6. Y el de soja 6.940 mg. En cambio el aceite de oliva, tan consumido por los españoles, no contiene omega-6. Y si no se tiene aceite de oliva es mejor usar mantequilla procedente de la leche de ganado alimentado con pasto; mejor pues ecológica. A fin de cuenta las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 que los mencionados aceites vegetales y causan menos inflamación.

En fin, lo suyo es tomar alimentos integrales y no consumir los alimentos manufacturados que inundan hoy los supermercados.

Y, por supuesto, rechazar todos esos alimentos industriales llenos de azúcares y aceites vegetales como las chuches, las patatas chips, las galletas, la bollería, los productos de panadería, los pasteles, los dulces, los bombones y tantos otros.

Son ya varios los metaanálisis que han demostrado claramente que el consumo de colesterol y grasas saturadas no tiene relación alguna con las patologías del corazón. En cambio eliminar de nuestra dieta todos los alimentos inflamatorios –y eso incluye muchos de los aditivos alimentarios usados en los productos procesados- y alimentarse de productos naturales frescos, crudos e integrales puede ayudar a revertir los daños causados en las arterias, en los vasos sanguíneos y en el resto del organismo.

-¿Cuándo llegó usted a la conclusión de que la verdadera causa de la enfermedad cardíaca es la inflamación de arterias y vasos?

-Yo he dedicado toda mi vida al tratamiento de las enfermedades del corazón: mi pasión ha sido salvar vidas. En 1980 la operación de bypass coronario era el único tratamiento eficaz para las personas que sufrían de enfermedad coronaria severa y el consenso científico en ese momento era que el exceso de colesterol en sangre provocaba que éste se depositase gradualmente en el lumen de los vasos sanguíneos por lo que era necesario hacer dos cosas: reducir los niveles de colesterol en sangre y/o hacer una operación para desviar la sangre alrededor de la grasa acumulada a fin de restablecer el flujo y la función cardíaca. Insisto: todo el mundo tenía entonces claro que la solución era tan simple como controlar el colesterol. Así que había poco interés en conocer cuál era la causa de la placa, del ateroma que obstruye la arteria.

El siguiente paso en la investigación vino de la mano de la industria y de la ciencia no básica. Una vez que la angioplastia con globo se generalizó como alternativa a la cirugía a corazón abierto las empresas que los fabricaban comenzaron a preocuparse ante las altas tasas de restenosis –es decir, de nuevo estrechamiento de las arterias a pesar de haberse insertado en ellas un stent- y comenzaron a financiar estudios para comprender exactamente lo que estaba sucediendo biológicamente. Eso estimuló una gran cantidad de investigación que culminó en un artículo publicado en 1999 en New England Journal of Medicine en el que se anunció que “la aterosclerosis es una enfermedad inflamatoria”.

La verdad es que aquello me impactó. Porque en la sala de operaciones yo ya había observado los signos clásicos de inflamación alrededor de las arterias coronarias y era cada vez más consciente de que la cirugía, aunque eficaz en el alivio de los síntomas y en la prolongación de la vida, no es una cura para el enfermedades del corazón. Muchos científicos brillantes y centros universitarios continuaron investigando para confirmar que la base de la enfermedad coronaria es la inflamación crónica pero lamentablemente la atención se dirigió a la búsqueda de una terapia en vez de a la búsqueda de la causa. Claro que debe tenerse en cuenta que la investigación es muy costosa, hoy está principalmente financiada por las compañías farmacéuticas y éstas han conseguido ganar miles de millones de dólares vendiendo estatinas para bajar el colesterol…

UN NEGOCIO SIN FUNDAMENTO

-¿Hay que reescribir pues lo que se nos ha dicho sobre las enfermedades del corazón y muy especialmente de lo que se afirma falsamente del colesterol?

-Olvídese de la “ciencia” que nos han metido en la cabeza desde hace décadas. La ciencia que dice que la grasa saturada por sí sola enferma el corazón… no existe. Y la ciencia que dice que la grasa saturada aumenta el colesterol en la sangre tiene una base muy frágil. Desde que sabemos que el colesterol no es la causa de la enfermedad cardíaca la preocupación por la grasa saturada resulta aún más absurda. Fue la teoría del colesterol la que llevó a los alimentos sin grasa y a recomendar consumir productos bajos en ella y ahora resulta que son esos alimentos los que están causando una auténtica epidemia de enfermedades inflamatorias. La medicina convencional cometió un terrible error cuando aconsejó a la gente que evitara las grasas saturadas en favor de alimentos ricos en grasas omega-6.

-Luego las estatinas no solo no sirven para nada bueno sino que pueden ser perjudiciales para la salud…

-En efecto, tomar medicamentos para reducir el nivel de colesterol en sangre -como las estatinas- es una colosal pérdida de tiempo y dinero además de una fuente de sufrimiento humano a consecuencia de sus efectos secundarios. Mire, en enero de 2009 se publicó en American Heart Journal un estudio en el que se midió el nivel en sangre de colesterol a los pacientes ingresados por ataque cardiaco de 500 hospitales norteamericanos y los hallazgos fueron reveladores: el 75% tenía su nivel de colesterol LDL –el erróneamente conocido como “colesterol malo”- por debajo de las actuales directrices del National Cholesterol Education Program (NCEP) de 130 miligramos. El 50% estaba por debajo de 100 miligramos y el 17% por debajo de 70 mg, el límite que se pretende imponer ahora con unas directrices más estrictas.

Luego cada vez está más claro que el colesterol no tiene nada que ver con los ataques al corazón. La verdad es que el colesterol es absolutamente esencial para la vida; de hecho si no lo obtenemos en cantidad suficiente con los alimentos el propio cuerpo lo fabrica. Tan vital es. El colesterol es uno de los componentes clave de la pared celular y el organismo lo conduce al lugar de la lesión para reparar las células dañadas, cuando se oxida las células blancas activadas lo consumen y se empieza a formar la placa que al romperse puede provocar un ataque al corazón. Además innumerables estudios clínicos han demostrado que la reducción de la cantidad de colesterol en la dieta tiene pocos o ningún efecto sobre la cantidad que, en última instancia, circula por el torrente sanguíneo.

-¿Por qué los médicos no informan adecuadamente a los pacientes de los efectos secundarios de las estatinas?

Los formadores de opinión médica que promocionan las estatinas no suelen dedicar ni una sola palabra a las múltiples reacciones cognitivas provocadas por las estatinas que se manifiestan en diversas formas de amnesia, confusión, pérdida de memoria, desorientación y demencia; síntomas muy parecidos por cierto a los del alzheimer. E igualmente callan respecto a las reacciones emocionales y conductuales que provocan: depresión, agresividad, hipersensibilidad, paranoia, hostilidad, ideas suicidas, ideas homicidas, combatividad e ira. Tanto la base de datos sobre los efectos secundarios de las estatinas del San Diego College -dirigida por la doctora Beatrice Golomb– como los recogidos en www.spacedoc.net por el doctor Duane Graveline ponen de manifiesto que las reacciones cognitivas y emocionales aparecen en los pacientes tan a menudo como los informes sobre diversos problemas neuromusculares. La mayoría de las autoridades están de acuerdo en que la incidencia de miopatías (enfermedades musculares) que coinciden con el uso de estatinas está hoy más cerca del 15% que del 2% que reconocieron las compañías farmacéuticas cuando empezaron a comercializar sus estatinas. Y lo grave es que según la doctora Golomb en el 68% de esos casos la miopatía será permanente porque difícilmente responderá a tratamiento alguno. Así que dada la gran cantidad de información existente sobre reacciones adversas asociadas al uso de las estatinas, ¿cómo pueden seguir ocultando mis colegas médicos esta información a sus pacientes? ¿Y cómo pueden dormir los formadores de opinión médica sabiendo que lo que dicen no se corresponde con la verdad? (los lectores tienen en nuestra web –www.dsalud.com– varios textos en los que hemos hablado de esto; es el caso de los artículosLa injustificable demonización del colesterol, ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas? y Las estatinas, además de peligrosas, no sirven para prevenir patologías que aparecieron en los números90, 91 y 131 respectivamente).

-¿Hay alguna situación concreta en la que a su juicio se justifique consumir estatinas?

-Hay estudios según los cuales podrían ser algo beneficiosas para un reducido grupo de personas: los varones de mediana edad con un ataque cardiaco previo; pero nunca se ha documentado que beneficien a las mujeres, independientemente de su edad y condición. Ni se ha documentado que ayuden a quienes nunca han sufrido un ataque cardíaco. El estudio Júpiter, que parecía sostener que sí ayuda, está hoy desacreditado por la metodología empleada, el evidente conflicto de intereses de la mayoría de sus autores y el hecho de que se concluyera antes de lo previsto llevando a conclusiones falsas. Pero le voy a decir más: las estatinas son peligrosas no sólo a causa de sus efectos secundarios -que pueden ser incapacitantes o mortales- sino porque desvían la atención de la auténtica comprensión y prevención de las enfermedades del corazón. Fíjese que algunos de los cardiólogos más destacados de mi país, a pesar de haber escrito extensamente sobre la inflamación como causa real de la enfermedad cardíaca, no ofrecen soluciones alternativas y siguen recomendando las estatinas a pesar de que éstas tienen una acción antiinflamatoria muy pequeña. ¿Por qué? Pienso que los más de 30.000 millones de dólares en ventas mundiales de estatinas tienen mucho que ver en ello…

LAS ENFERMEDADES DEL CORAZÓN SE PUEDEN PREVENIR

-¿Qué más se necesita para que los médicos admitan que no existe correlación entre el colesterol y las patologías cardiacas?

-Yo pensaba que la abrumadora evidencia de que la reducción de los niveles de colesterol no previene la enfermedad cardíaca sería suficiente; y también pensaba que todo médico, como científico, está dispuesto a volver a examinar una teoría cuando la evidencia en contra es clara. Sin embargo la propuesta de los investigadores patrocinados por la American Heart Association es sólo la de reducir los niveles aceptables de colesterol aún más aumentando indefinida e innecesariamente el número de personas que consumirán estatinas. Lo que demuestra una vez más el gran éxito logrado por los vendedores de medicamentos reductores del colesterol. Su influencia sobre los médicos, las agencias gubernamentales y los organismos profesionales no permite que nadie se atreva a cuestionar la teoría del colesterol sin temor al ridículo y sin correr el riesgo de suicidarse profesionalmente.

-Sabemos que cuando usted dejó la práctica de la Medicina un comité decidió retirarle la licencia tras examinar algunos de sus casos y considerar que estaban incompletos. Incluso llegaron a aseverar que en alguno de ellos no había obrado correctamente. ¿Tuvo que ver esa decisión con su actual posición?

-Me retiraron la licencia para ejercer en Arizona ¡cuatro años después de que me hubiera jubilado! Y la operación fue una auténtica farsa. Escenificaron ese montaje en cuanto apareció mi libro sobre la cura de las enfermedades del corazón en el que expreso mis opiniones críticas sobre la forma en que se siguen tratando. De hecho la amenaza de desprestigiarles profesionalmente es una de las razones por las que muchos médicos no se atreven a hablar; prefieren seguir ejerciendo coaccionados la Medicina para poder mantener a sus familias.

-Permítanos una última pregunta: ¿pueden revertirse las patologías del corazón?

-La respuesta es sí… pero maticemos. Los resultados de los modernos cuidados del corazón son excelentes en el tratamiento de la enfermedad cardíaca sintomática y a la hora de intervenir en una crisis pero son muy pobres en la prevención y predicción de acontecimientos futuros. La razón, ya expuesta, es que todo se ha centrado en el nivel de colesterol ignorando la causa real de por qué se forman las placas de ateroma y por qué se rompen: ¡la inflamación! Ahora bien, tampoco conseguiremos revertir una patología si en vez de evitarla lo que se propone es bloquear la respuesta inflamatoria mediante un medicamento con el que seguir obteniendo sumas astronómicas de dinero.

Dado que la inflamación es una respuesta natural de defensa y recuperación de nuestro organismo para revertir una patología coronaria hay que hacer dos cosas: evitar nuevos daños -y para ello hay que entender qué daña nuestras arterias como antes hemos explicado- y comprender el proceso inflamatorio conociendo los productos y pautas naturales que modulan las respuestas de modo que podamos aprovecharlo al máximo; y sin los efectos secundarios de la mayoría de los medicamentos. Si paramos el daño detendremos el crecimiento de la placa de ateroma facilitando la curación. No tengo ningún gran estudio estadístico que avale lo que le digo pero cuento con las observaciones de pacientes que tuvieron una reducción muy significativa de la cantidad de placa en sus arterias siguiendo simplemente un programa para prevenir y reducir la inflamación. Sí, la inflamación puede ser controlada y las enfermedades del corazón se pueden prevenir y resolver. No tengo duda alguna.

Antonio Muro

Este reportaje aparece en
150
Junio 2012
Ver número