Dura crítica de la doctora Azra Raza a los tratamientos convencionales del cáncer

La doctora Azra Raza, profesora de Medicina y directora del Centro de Síndrome Mielodisplásico de la neoyorquina Universidad de Columbia, acaba de publicar un libro en el que critica con inusitada franqueza tanto la actual investigación oncológica como los tratamientos oficiales contra el cáncer afirmando que hay que abandonar las “horribles” terapias tóxicas actuales. Es más, acusa a los investigadores y a sus colegas oncólogos de arrogantes y critica a las empresas farmacéuticas por apostar por tratamientos que saben de antemano que no van a funcionar. A su juicio la enfermedad hay que afrontarla previniendo, impidiendo que las primeras células cancerosas se expandan.

ARZA

El libro que la doctora Azra Raza acaba de publicar se titula The First Cell And the Human Costs of Pursuing Cancer to the Last (La primera célula y los costos humanos de perseguir el cáncer hasta el final) y supone un auténtico varapalo a las tesis oncológicas tradicionales. Experta en el llamado síndrome mielodisplásico -que se produce cuando en lugar de desarrollarse normalmente las células sanguíneas mueren en la médula ósea o en cuanto entran en el torrente sanguíneo- la doctora Raza no solo ha estudiado y conoce a fondo el cáncer sino que se trata de alguien que lo ha vivido muy de cerca pues su marido, el doctor Harvey Preisler, falleció en 2002 a consecuencia de un linfoma siendo precisamente director del Rush Cancer Institute de Chicago (EEUU).

Hablamos de alguien que lleva más de 35 años trabajando en el campo de la Oncología y finalmente se ha atrevido a decir que el “protocolo de cirugía, quimioterapia y radiación, el enfoque de talar, envenenar y quemar para tratar el cáncer» está obsoleto. Añadiendo que los miles de millones gastados en investigación buscando genes mutados o vías de señalización defectuosas para tratar el cáncer ha sido una pérdida de tiempo y de recursos tratándose de un enfoque condenado al fracaso. Entre otras cosas porque carece de sentido estudiar células in vitro o inyectadas en ratones para provocarles tumores. Las primeras no están en el contexto real en el que se desarrollan y multiplican y los tumores no se originan de la misma forma que los que aparecen en los enfermos de cáncer. Tal sería de hecho la razón de que el 95% de los fármacos que logran resultados in vitro y animales no se aprueben nunca para su uso en humanos y que de los que lo consiguen solo un 5% logra algo y es aumentar la supervivencia como mucho en unos pocos meses a un coste disparatado. Una situación que en la revista llevamos afirmando y denunciando desde hace más de 20 años como puede comprobarse leyendo en nuestra web –www.dsalud.com– los más de 180 amplios reportajes que ya llevamos publicados sobre el cáncer. Y así lo postula ahora la doctora Raza para quien «es hora de reconocer el fracaso» y probar nuevas vías porque “nuestras vidas están en juego”. Una posición que apoya con argumentos científicos pero también con los testimonios de algunos de sus propios pacientes que demuestran la ineficacia de los actuales tratamientos contra el cáncer; incluido el caso de su marido, médico y oncólogo. Para la doctora Raza ha llegado el momento de dejar de dilapidar recursos en un modelo oncológico agotado.

Ahora bien, se trata de alguien que lo que propone es desarrollar una tecnología basada en biomarcadores que permitan detectar el rastro genético de la primera división celular aberrante; en una gota de sangre, en una de orina o en una lágrima. Biomarcadores que permitan además conocer el grado de peligrosidad del tumor para saber si hay que actuar y cuándo. La otra posibilidad sería a su juicio recurrir a dispositivos implantables que puedan detectar alteraciones orgánicas que den lugar a desarrollos tumorales.

En fin, su propuesta es tratar de identificar a la primera célula que se maligniza, que se vuelve cancerosa, propuesta que ciertamente genera dudas y suscita muchas preguntas que según la doctora deberán ir respondiéndose poco a poco. En suma, hablamos de una propuesta discutible pero la postula sabiendo que el paradigma oncológico oficial está obsoleto y es no ya ineficaz sino perjudicial. 

«ESTAMOS PERDIENDO LA BATALLA» 

Desde que el expresidente estadounidense Richard Nixon declarara en diciembre de 1971 «la guerra contra el cáncer» -en un lenguaje bélico propio de la época- y firmara la llamada Ley Nacional contra el cáncer han trascurrido 49 años y la dura realidad es que nada de lo propuesto ha funcionado. Y eso que según los cálculos se invierten cada año más de 150.000 millones de dólares en todo el mundo. Algo que ha sido posible según la doctora Raza porque quienes ganan con ello enormes fortunas se arrogaron hace tiempo el poder de decidir sobre lo que es o no oportuno y han preferido seguir lucrándose dando falsas esperanzas a los pacientes. Por eso cada poco tiempo se anuncian «nuevos» hallazgos «transcendentales», sea una diana molecular, un gen perverso que va a poder detenerse o un novedosísimo fármaco. Acaban siempre en decepción pero sirven para evitar que se cuestione el actual modelo oncológico.

En fin, pasamos a transcribir sin más la conversación que hemos mantenido con la doctora Azra Raza.

-Con sinceridad: ¿han mejorado los tratamientos contra el cáncer en las últimas décadas?

-No. Seguimos haciendo básicamente lo mismo que hace 70 años: cirugía, quimioterapia y radioterapia. Aún perdura el enfoque cortar/envenenar/quemar. El método se mantiene porque el 68% de los cánceres primarios se superan y porque se promueven las llamadas «terapias diana» ya que en algún caso, como en la leucemia mieloide crónica, existe un gen específico que causa el problema y se ha desarrollado un fármaco que funciona. Pero no es así en los cánceres avanzados donde el resultado que se obtiene hoy es el mismo que hace 50 años.

Además, ¿sabe realmente la sociedad lo terrible que es recibir quimioterápicos y radioterapia? ¿Por qué seguimos pues usando tratamientos propios de la Edad de Piedra? Es hora de reconocer que hemos fallado y de afrontar de nuevo el problema. Lo que pasa es que si ni siquiera aceptamos el fracaso es imposible. Mire, el actual paradigma del cáncer, científica y financieramente, es ya insostenible.

Pues los oncólogos siguen «vendiendo» optimismo a los enfermos…

-Estoy harta de que los actuales modelos de tratamiento se defiendan con casos anecdóticos de personas que se curaron tras someterse a quimioterápicos porque es cierto que algunas, de forma inexplicable, lograron resultados positivos con tratamientos que fracasaron en todos los demás. Anécdotas que los oncólogos cuentan una y otra vez para convencer a sus pacientes de que también a ellos puede pasarles. Por otra parte, esos «éxitos» se logran a expensas de que más del 95% de los enfermos tratados se intoxiquen gravemente. ¿Y cómo podemos justificar un modelo en el que los fármacos fracasan en el 95% de las ocasiones y encima a costa de graves daños? Porque en el 5% de los que parecen beneficiarse también se producen aunque no sean por eso suficientemente destacados.

-¿Por qué se empeñan entonces los oncólogos en defender ineficaces tratamientos cuyos decepcionantes resultados conocen tan bien?

-Esa es la pregunta que hago retóricamente en el libro. ¿Por qué seguimos utilizando quimioterápicos si sus efectos tóxicos son horripilantes? Porque los sufren ¡el 100% de los pacientes! Y encima tienen un coste injustificable. En Estados Unidos el 42% de las personas diagnosticadas de cáncer están a los dos años arruinadas económicamente a cambio de una escasísima mejora de la supervivencia. Se arruinan ellos y arruinan a veces a sus descendientes.

-Pues debería ser desesperante para quienes tratan a enfermos de cáncer…

-Cierto. Y le pongo un ejemplo personal: a Andrew, el mejor amigo de mi hija, le empezó a doler el brazo y a tener en él pinchazos con apenas 22 años. Poco tiempo después estaba tetrapléjico. Los neurocirujanos le encontraron un tumor cerebral que solo pudieron eliminar parcialmente. Sus posibilidades de supervivencia eran nulas pero, ¿sabe lo primero que dijo cuando despertó de la anestesia? “No te preocupes, mamá; llama a Azra que está a la vanguardia del cáncer y encontrará el mejor tratamiento y cura para mí». ¡Pero yo no tenía nada que ofrecerle y me sentí muy avergonzada! Me pregunté entonces a cuántos «Andrews» más íbamos a fallarles antes de que algo cambiase. Porque los oncólogos, en lugar de sentirnos avergonzados, nos hinchamos como pavos alegando que el 68% de los pacientes se cura. ¿Sabe lo que hicimos con Andrew? En los siguientes 16 meses, aunque sabíamos que su probabilidad de supervivencia era nula, le dimos quimioterapia, radioterapia y cirugía; y después de la cirugía más quimioterapia, más radiación y terapia inmunológica. Y sufrió los efectos secundarios de cada uno de los tratamientos ¡sin beneficiarse de ninguno! El problema es que no tratarlo y dejar que el tumor cerebral creciera no era una opción porque termina siendo también algo horrible. Las opciones de Andrew eran morir de cáncer o morir a consecuencia del tratamiento. Pero se iba a morir. Y la pregunta que aún me hago es por qué no se le diagnosticó su cáncer antes de que midiera ya nueve centímetros. Es necesario actuar mucho antes. 

UN MODELO IMPOSIBLE 

-Si el paradigma asumido es erróneo, los tratamientos no funcionan y los oncólogos lo saben, ¿por qué se mantiene?

-Porque excepto el paciente son muchos los que se benefician de ello. La gente cree que toda la culpa es de las empresas farmacéuticas pero si usted necesita una tirita y va a una farmacia a por un paquete le costarán cien unos cuatro dólares pero si la tirita se la ponen en un hospital pagará 75. Los hospitales se rigen por el lucro. Por eso hay por ejemplo tantos sobrediagnósticos y por esa misma razón los oncólogos dan a sus pacientes tratamientos que saben que no son útiles pero proporcionan gigantescas ganancias. Y lo sé bien porque soy uno de ellos y cada crítica que hoy hago a mis colegas se me puede aplicar a mí misma. Obviamente usted se preguntará por qué lo hago entonces y la respuesta es simple y trágica: ¡porque si no sigo los protocolos impuestos puedo terminar en la cárcel! Protocolos que ha impuesto un grupo de médicos a los que se considera los más preparados -los llamados «líderes de opinión»- alegando que ellos han revisado y valorado toda la información disponible optando por lo más adecuado y conveniente. Son lo que desarrollan las llamadas «guías médicas» que los demás nos vemos de algún modo obligados a cumplir -en todos los ámbitos, no solo en el de la Oncología- si no queremos tener problemas. Son ellos los que deciden los protocolos a seguir en cada patología. Los que deciden si en un tipo de cáncer por ejemplo hay que dar un tratamiento de «primera o segunda línea». Y los demás hacemos caso si no queremos tener serios problemas legales. ¿El resultado? Damos a los pacientes fármacos ineficaces y iatrogénicos sabiendo bien que van a hacer daño al 80%.; bueno, en realidad al final al 100%. ¿Y sabe lo peor? Que aunque se lo digamos al paciente éste suele optar por seguir adelante ya que no se le ofrecen alternativas y por pequeña que sea la posibilidad -una entre millones- te responden: ¿Qué tengo que perder? Es un sistema muy extraño. ¿Dónde ha quedado la responsabilidad individual sobre la propia vida? ¿Y la de la sociedad?

-Pues en el caso del cáncer hablamos de fármacos carísimos de resultados casi nulos.

-Cierto; pero es que estamos inmersos en un modelo en el que los fármacos se aprueban tras probarse in vitro y en modelos animales cuyos resultados seguimos empeñados en extrapolar a los humanos cuando raramente es así; y en el caso del cáncer es obvio que no funcionan. Es por tanto hora de admitir la verdad: el cáncer es demasiado complicado y aún no somos capaces de entenderlo.

¿No le parece entonces útil usar animales para probar fármacos para el cáncer?

-Quiero ser muy clara a ese respecto: los experimentos con animales me parecen muy útiles. Nos han permitido responder a un montón de preguntas. No hay duda. Mi única objeción es que no se puede crear un tumor en animales, tratarlo con un fármaco, ver que funciona y pensar que también va a hacerlo en humanos. Los modelos animales nunca han sido de utilidad para desarrollar fármacos y aún así se siguen utilizando en ensayos preclínicos. La propia FDA defiende que ningún fármaco llegue al mercado sin haber sido antes probado en animales. El problema es que se usan sobre todo ratones y el hecho de que éstos resistan la toxicidad de un fármaco no indica que los humanos podamos hacerlo igual. Las ratas viven en las cloacas sin enfermar. No puede extrapolarse pues lo que resiste una rata con lo que resiste otro animal o un humano. No podemos extrapolar los resultados de una especie a otra.

-¿A su juicio qué es lo que hay que hacer cuando alguien se siente enfermo?

-Averiguar cuanto antes lo que le pasa. En el ámbito de la Oncología lo que más mata es un diagnóstico tardío. A mi parecer hay pues que mejorar al máximo las técnicas de detección de tumores. Durante cincuenta años se han usado test, análisis, cribados, mamografías, colonoscopias, ecografías, radiografías, resonancias, TACs… y la mortalidad por cáncer solo desciende un 1% al año. Y no gracias a las nuevas drogas que llegan al mercado sino a la lucha contra el tabaco, a un mejor uso de la quimioterapia existente y a un diagnóstico precoz a través de las técnicas de imagen. Sin embargo lo obtenido hasta ahora es lo máximo que vamos a obtener de ellas. Así que lo que yo propongo en mi libro es buscar la primera célula que se maligniza en lugar de la última porque cuando esperamos los resultados son escasos o nulos.

Llevamos cincuenta años empeñados en destruir las células malignas ¡hasta la última! para que no se reproduzca. Desarrollando para ello técnicas sofisticadas que permitan identificarla molecularmente. Y para ello damos a los enfermos fármacos quimioterápicos durante mucho tiempo a fin de asegurarnos de que no quede ninguna con lo cual intoxicamos el organismo del enfermo hasta límites difícilmente tolerables. Y los resultados no son buenos. En la mayoría de los cánceres más comunes -colorrectal, pulmón, ovario, riñón, etc.- no se logra casi nada. Entiendo pues que es hora de dejar de buscar células residuales y apostar por prevenir la enfermedad. Hoy sabemos que el 90% de los tumores en fases iniciales pueden eliminarse por completo mientras que el 90% de los que se diagnostican tarde llevan a la muerte. Y eso es así en el cáncer y en cualquier enfermedad.

-Si he entendido bien usted trata entonces a los pacientes con el mismo tratamiento de hace décadas.

-Comencé a tratar a pacientes de leucemia mieloide aguda en 1977 y hoy los trato exactamente igual, con el mismo cóctel farmacológico. Atiendo a entre 30 y 40 pacientes a la semana y aplico los mismos tratamientos una y otra vez. Obviamente con los mismos resultados. Es frustrante. 

EN BUSCA DE LA PRIMERA CÉLULA 

-Propone pues usted buscar la primera célula que se canceriza pero ¿cómo?

-Desarrollando nuevas tecnologías de diagnóstico; que puedan por ejemplo detectar cambios de temperatura durante los ritmos circadianos, biomarcadores por la mañana al orinar y defecar a fin de identificar metabolitos…. Para diagnosticar el síndrome de Down en un feto se ha hecho durante años una amniocentesis introduciendo una aguja en el líquido amniótico pero después se descubrió que el feto libera ADN en la sangre materna y hoy basta analizar unas gotas de la misma para saberlo. Hay pues que buscar métodos. Una empresa japonesa acaba de anunciar por ejemplo que con una sola gota de sangre colocada en un pequeño chip del teléfono móvil se pueden detectar 12 tipos de cáncer.

-Parece ciencia ficción…

-El genoma humano se secuenció hace ya 20 años, sabemos cómo es un ADN normal y hoy podemos reconocer si existe en alguien una mutación anómala. Estamos siendo cada vez más eficaces de forma rápida. Hay por tanto que poner atención en las nuevas técnicas que se están desarrollando con el fin de elaborar estrategias.

-¿Pero cuál es exactamente su idea?

Intentar detectar las huellas que deja el cáncer en cualquier secreción: marcadores biológicos en el ADN la sangre, el sudor, la orina, las lágrimas o las heces. La tecnología avanza a pasos agigantados. Hoy se están desarrollando sábanas y colchones que te escanean mientras duermes permitiendo detectar áreas calientes. ¿Y por qué puede ser importante? Pues porque cuando se produce una masa tumoral hay un cambio en el aporte sanguíneo al estar necesitada la zona de mayor aporte nutricional y eso implica aumento de temperatura. Obviamente eso no significa que si un día se detecta una temperatura más alta de lo normal en la cabeza del páncreas haya a la mañana siguiente que abrir el abdomen. Es solo una pista y ahora lo que hay que inventar es un sistema más sofisticado de escaneado que detecte si hay un tumor y está creciendo. Podríamos entonces hacer una biopsia líquida y ver si hay algo en la sangre, la orina o la saliva. Y si aún así no se encuentra nada podemos hacer algo más: «gritarle». ¿Cómo? Utilizando ultrasonidos. Luego, una vez detectado, necesitaremos marcadores de malignidad inicial, marcadores de letalidad potencial, marcadores de agresividad… Porque no necesariamente tiene que ser un tumor agresivo; podría no matar en los próximos 80 años y no ser necesario intervenir quirúrgicamente.

-¿Cree que será posible detectar con tecnología cuándo y por qué empieza a fallar algo en nuestro organismo que de lugar a un tumor?

-Sí. De hecho estoy trabajando con ingenieros biomédicos de la Columbia University con la idea de implantar un chip bajo la piel que permita una monitorización constante del organismo. Las técnicas de escaneado que utilizamos hasta hoy han llegado a su límite. Pienso que muchos de los fármacos que no funcionan hoy podrían actuar mejor usados en las fases iniciales de la enfermedad, ser más eficaces. En la leucemia mieloide crónica se ha hallado un medicamento que lo cura… salvo si la enfermedad se acelera.

-¿Realmente cree que el cáncer puede curarse si se detecta precozmente?

-Al 100%. Cuanto antes se diagnostique un cáncer antes seremos capaces de curarlo. No es lo mismo tener que matar un millón de células malignas que 15.000 millones. Si son pocas el propio sistema inmune podría acabar con ellas potenciándolo. Y si tenemos un biomarcador dirigir fármacos contra ellas de forma selectiva. Los quimioterápicos actuales no distinguen entre las células cancerígenas y las sanas; por eso su toxicidad es tan elevada.

-¿Sabe ya qué opinan de la propuesta sus colegas?

-Todo el mundo admite hoy que la mejor estrategia es actuar precozmente y está intentando desarrollar nuevas tecnologías. El problema es que quienes tienen que aceptar las nuevas propuestas son los mismos que llevan décadas apoyando los ineficaces y peligrosos tratamientos actuales. Es verdad que las nuevas propuestas traen nuevos problemas a resolver que habrá que afrontar pero hay que apostar por la prevención. Y en el caso del cáncer pasa por detectar la primera célula que se maligniza.

-¿Admitirá la industria farmacéutica tal cambio de paradigma?

-Sin duda; porque en lugar de hacer negocio con unos cuantos millones de enfermos lo hará con la práctica totalidad de los habitantes del planeta. Ofrecerá monitorear a cada persona sana desde el nacimiento hasta su muerte para avisarle si detecta cualquier señal de enfermedad.

-Eso requeriría mucha inversión…

-En la actualidad el 95% de lo que se invierte es para tratar enfermos y un 5% en prevención y lo que hay que hacer es darle la vuelta a las cifras. Es hora de utilizar adecuadamente los conocimientos de la genómica, la proteómica, la transcriptómica y la metabolómica para comparar en los ensayos de nuevos fármacos las muestras de los pacientes en los que un medicamento funciona con las de quienes no se benefician de él y así ajustar mejor la siguiente fase del ensayo. Hay que establecer nuevas metas e incentivarlas financieramente para que la industria, los centros de investigación y todos los que participan del actual modelo oncológico estén dispuestos a replantearse la situación actual porque ya no es sostenible y dirijan sus esfuerzos a la búsqueda de la primera célula en lugar de ir detrás de la última.

-¿Y la propuesta de encontrar esa primera célula de desarrollo tumoral no puede llevar a una hipermedicalización de la sociedad?

-No si logramos la adecuada precisión en los tratamientos que además deberían ser mucho menos costosos.

 

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
PORTADA 237
237
Mayo 2020
Ver número
Última revista
Último número Marzo 2021 de la revista mensual Discovery DSalud
246 | Marzo 2021
Cartas al director Editorial Ver número