Ébola: ¿otra falsa pandemia?

Todo indica que varias multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas han implementado de nuevo -con la complicidad de las agencias estadounidenses de salud y de la desprestigiada Organización Mundial de la Salud (OMS) otra supuesta pandemia. Con la habitual estrategia: sembrar el terror ante otra amenaza -tan invisible como incontrolable- que no solo asegure el negocio a corto sino a medio y largo plazo. Terror con el que “animar” a millones de personas a vacunarse “preventivamente” o a tomar “novedosos” fármacos “experimentales” cuando estén infectados cuya eficacia, por supuesto, solo se podrá constatar tras utilizarles como cobayas humanas. Terror que en este caso quiere propagarse usando el Ébolavirus Zaire en una representación que va a contar con los mismos actores protagonistas y de reparto y en la que miles de víctimas harán de extras prescindibles. ¿Volverá a caer la sociedad en la trampa como ya pasó con la gripe A? ¿Volverán los medios de comunicación al servicio del poder a hacerles el juego?

“No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira. Es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día”
(
Agustín García Calvo)

Estamos seguros de que a los lectores la mera posibilidad de que pueda haber personas e instituciones dispuestas a hacer grandes cantidades de dinero aprovechándose de la buena fe de la población en las instituciones -especialmente en el caso de la salud- y que ello pueda llevar a muchas a enfermar o a la muerte les repugnará. Pero pasa todos los días porque la inmensa mayoría de los fármacos no sirven ni para prevenir enfermedades ni para curarlas; es más, son la causa de millones de problemas de salud y muertes cada año. En esta revista lo hemos denunciado ya muchas veces como el lector puede comprobar entrando en nuestra web –www.dsalud.com– y pinchando en los apartados sobre vacunas y, especialmente, en los que aparecen con los epígrafes Fraudes y falsedades en el ámbito médico y El peligro de los fármacos cuyos respectivos enlaces son éstos: www.dsalud.com/index.php?pagina=fraudes y www.dsalud.com/index.php?pagina=farmacos.

Hagamos en todo caso una breve explicación de cómo funcionan tales instituciones y de los intereses que hay en juego para poner en antecedentes a quienes no hayan leído esos extensos y esclarecedores reportajes. Para empezar es importante saber que el servicio de salud estadounidense controla o condiciona todos los sistemas sanitarios del planeta. Y ello con independencia de las relaciones políticas o económicas que pueda tener Estados Unidos con sus gobiernos. Influyen en ellos por muy importantes que sean ideológica y económicamente las diferencias que los separan; al menos en Occidente. Desde Cuba hasta Rusia pasando por Venezuela, Bolivia o Ecuador. Y es que más allá de los enfrentamientos geoestratégicos es el aparato sanitario estadounidense el que define las estrategias de salud mundiales -la OMS hace lo que le dictan los norteamericanos- siendo claves varias agencias de las que ya hemos hablado ampliamente: la FDA, los CDC y los NIH. Recordemos pues brevemente qué son y a qué se dedican estos organismos.

LA FDA: UNA AUTÉNTICA GESTAPO SANITARIA

La FDA (por las siglas en inglés de Food and Drugs Administration) es la agencia encargada en Estados Unidos de autorizar la venta de alimentos, complementos alimenticios, cosméticos, medicamentos, productos biológicos, dispositivos médicos, técnicas de análisis y otros productos similares. Y para ello una labor clave que debe realizar es la regulación y vigilancia de los experimentos biomédicos que aportan la evidencia en la que basará sus autorizaciones. De hecho existe un Reglamento de Buenas Prácticas Clínicas que sirve de marco para asegurar que el procedimiento se lleva a cabo correctamente desde el punto de vista científico-técnico y ético… pero en la práctica las cosas suceden de modo muy diferente; y es que gran parte del dinero que la FDA recibe en concepto de “fondos de investigación” procede de las compañías farmacéuticas a las que debe regular. Añadamos a esto el fenómeno conocido como “puertas giratorias”, es decir, el hecho de que cargos medios y altos de la agencia pasan a menudo a ser empleados en las industrias que inspeccionaron y viceversa. En ocasiones, tras haber autorizado recientemente sus productos.

Y por si fuera poco se sabe que decenas de responsables de la FDA tienen importantes inversiones en laboratorios farmacéuticos. Son los casos -por poner algunos ejemplos significativos- de Michael A. Friedman -comisionado de la FDA y posteriormente vicepresidente para temas clínicos de GD Searle & Co (fusionada con Monsanto)-, Arthur Hull Hayes -comisionado de la FDA y posteriormente consultor de Searle-, Michael Taylor -comisionado de la FDA y luego abogado de Monsanto y director de su oficina en Washington-, Margaret Miller -en 1985 trabajaba para Monsanto, presentó un informe a la FDA para que la agencia valorara la seguridad de la rBGH (Hormona recombinante de Crecimiento Bovino) y poco después era nombrada Subdirectora de la FDA encargándose ella misma  de supervisar el informe que había presentado-… E insistimos: son meros ejemplos; si quiere comprobarlo sepa que los detalles de estos y de otros muchos casos pueden consultarse en la web http://occupy-monsanto.com.

La dinámica de estas prácticas la resume perfectamente una viñeta gráfica aparecida en la prensa estadounidense en la que aparecen las diversas agencias gubernamentales y la industria farmacéutica y en cuyo pie se dice: “Nos hemos investigado a nosotros mismos y hemos concluido que no hicimos nada incorrecto”.

Ya sabe pues por qué se autorizan tantos fármacos que producen tan enormes beneficios económicos a los grandes laboratorios y pocos o ninguno a la salud de la gente. Productos cuyos riesgos a menudo no se han evaluado o de los que no se informa e, incluso, que son causa de graves problemas de salud.

FABRICANDO EPIDEMIAS

Otra pieza clave en la maquinaria de control mundial de la Sanidad la constituyen los CDC (por las siglas en inglés de Centers for Disease Control o Centros para el Control de las Enfermedades,) organismo cuya existencia solo se justifica con la aparición periódica de “brotes”, “alertas”, “epidemias” o “pandemias” ya que se la dotó de las herramientas y recursos humanos necesarios para tales casos. Así que es el primer organismo interesado en que existan tales situaciones alarmantes ya que de no ser así podría ser cerrado y sus trabajadores irse al paro. Y eso explica por qué desde su creación elaboran todo tipo de informes y comunicados para lanzar “alertas” que en realidad justifican ¡con manipulaciones estadísticas! Para todo ello crearon en 1951 el Servicio de Inteligencia de Epidemias (EIS por las siglas en inglés de Epidemic Intelligent Service), auténtica CIA de las enfermedades infecciosas como ya describimos pormenorizadamente en el artículo que con el título La política sanitaria mundial la determina un grupo de agencias estadounidenses publicamos en el nº 128.

Bueno, pues entre los “socios” de los CDC están la propia OMS, el Banco Mundial, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, el Departamento de Estado norteamericano -que facilita mediante el personal diplomático de las embajadas la labor de sus agentes en el extranjero- y las fundaciones Rockefeller, Bill Gates y Jimmy Carter así como la UNICEF y la Cruz Roja.

Agregaremos que las iniciativas encaminadas a asegurarse de que haya “brotes epidémicos” son incontables y se reparten por los cinco continentes. En 1980 por ejemplo la OMS puso en marcha -por iniciativa de los CDC y el EIS– lo que se convertiría en TEPHINET, una red de programas de entrenamiento epidemiológico con miles de agentes del EIS destacados en 43 países -España incluida- infiltrados en puestos de la más alta responsabilidad tanto en los ministerios de Sanidad como en las sociedades médicas y sanitarias, los organismos relacionados con la salud, las universidades, los colegios médicos, las revistas científicas, las organizaciones de consumidores, los grandes medios de comunicación e, incluso, un sinfín de ONGs.

Como complemento del EIS destacan los NIH (por las siglas en inglés de National Institutes of Health o Institutos Nacionales de Salud) que tienen un centro dedicado a las en­­­fer­medades infecciosas y a la “biodefensa” con decenas de programas de in­­vestigación. Bueno, pues en su documento La amenaza global de las enfermedades infecciosas y sus implicaciones para Estados Unidos la Federación Americana de Científicos (FAS) incluye un epígrafe titulado La infecciosidad de las enfermedades no infecciosas en el que relacionan “patógenos infecciosos” con enfermedades como la diabetes, el cáncer, úlceras y padecimientos cardíacos en el que se afirma que “se creían causadas por factores medioambientales y de estilos de vida” (pueden consultarse los detalles en el siguiente enlace: www.fas.org/irp/threat/nie99-17d.htm).

Es importante señalar que la existencia de los CDC ya se puso en entredicho hace años tras alertar de peligros en realidad inexistentes  En 1949 alertó de un presunto ataque biológico que nunca se produjo, en 1957 de una inexistente epidemia de gripe y en 1976 de una nueva epidemia de gripe que llevó a vacunar a millones de estadounidenses provocando al menos mil casos de parálisis cerebral y decenas de muertos. Y son varios los analistas que afirman que fueron los propios responsables de los CDC y de la EIS los que advertidos de que el Congreso iba a aprobar un drástico recorte de fondos en ambos organismos diseñaron el montaje de la pandemia VIH-SIDA, el más “exitoso” hasta el momento ya que les garantizó amplios fondos y una expansión sin precedentes. De hecho el presupuesto inicial de esos organismos era de apenas diez millones de dólares anuales y en 2011 había alcanzado los 2.400 millones pasando de 400 empleados a 150.000. Sin comentarios.

LA ACTUAL OMS

¿Y qué decir de la Organización Mundial de la Salud (OMS)? Porque su comportamiento solo se explica sabiendo quiénes diseñan sus políticas e informes y toman sus recomendaciones y decisiones. De hecho basta prestar atención a su comportamiento en la última década para poder descalificarla totalmente. Y es que la OMS está algo más que infiltrada por las agencias que acabamos de mencionar: desde su misma creación está principalmente financiada -y por tanto controlada- ¡por la industria farmacéutica! Que obviamente la utiliza como instrumento al estar revestida de una aureola de autoridad que, aunque mermada en los últimos años, se mantiene gracias al servilismo de los numerosos testaferros que tiene bien colocados en gobiernos, instituciones universitarias, científicas, médicas y judiciales y, por supuesto, en los grandes medios de comunicación.

Sabemos desde la Edad Media que la versión sanitaria del “estado de sitio” son las cuarentenas ya que dan lugar a una gestión militarizada que permite actuar a quienes la decretan con la misma impunidad que en tiempos de guerra. Y de hecho hoy el principal dogma de la medicina moderna es la teoría microbiana de la enfermedad, versión militar de la Sanidad en la que la salud se pierde a causa de una serie de “enemigos” externos -los microbios (priones, virus, bacterias, hongos…) que hay que “aislar” y “combatir” con todo el “arsenal” de “armas” posible. Microbios patógenos que constituyen el “enemigo” y la “amenaza mortal” que justifica su “destrucción” y “aniquilación”. Y es que el lenguaje sanitario es un lenguaje bélico. Siendo lo más importante de esta concepción que permite justificar “medidas extraordinarias” como la autorización de vacunas y fármacos insuficientemente testados, experimentar con ellos sin las debidas garantías, verse quienes toman las decisiones liberados de responsabilidad civil y penal alegando si sus decisiones provocan graves daños que se trataba de “una situación de excepcionalidad”, obligar a vacunar a cualquiera incluso en contra de su voluntad y sin que haya garantías no ya de que la vacuna funcione sino al menos de que no provoca daños graves e incluso la muerte y, llegado el caso, hasta encerrar a miles de personas declarando cuarentenas para poder hacer con ellas lo que se quiera en nombre de la “seguridad” de la “mayoría”.

Y no hablamos de ciencia ficción. A principios del pasado mes de septiembre el Gobierno de Sierra Leona decretó una cuarentena total de tres días -19, 20 y 21 de septiembre- prohibiendo a sus casi seis millones de habitantes circular por las calles -salvo el personal sanitario y las fuerzas de seguridad- “para tratar de contener el avance de la epidemia de Ébola”. ¿Y para qué anunció algo así con dos semanas de antelación? ¿Para que durante ese tiempo el contagio prosiga y la gente pueda salir del país? Y es que hay decisiones esperpénticas que nadie puede entender.

La verdad es que la alarma por el virus del ébola es pura estrategia militar. Claro que, como ya hemos explicado, el Servicio de Salud estadounidense nació y creció en el seno del Ejército. Y muchos de los responsables de sus numerosas agencias son militares de alta graduación. Inevitable pues que ello se refleje tanto en la práctica -con fuerte escenografía belicista- como en los documentos. Compárese si no lo que dice este párrafo extraído de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos durante el mandato de George Bush“Con el fin de apoyar nuestras opciones de prevención debemos conseguir mayor capacidad de integración en materia de inteligencia para obtener información oportuna y precisa de cualquier amenaza que pueda surgir, evaluar las amenazas más peligrosas y continuar la transformación de nuestras fuerzas armadas para garantizar su capacidad de llevar a cabo operaciones rápidas y precisas que logren resultados decisivos”- con este otro de los CDC en el que se describen los objetivos y metodología del EIS: “Mayor capacidad de detección, diagnóstico y tratamiento de los brotes de enfermedades (…), fortalecimiento de la capacidad de respuesta de salud pública para controlar y contener tales situaciones de emergencia (…) Infraestructura de tecnología (…) Información para trasladar rápidamente los datos y la información necesaria a fin de prepararse y responder a estos eventos (…) Mejorar la capacidad de detectar y responder a las nuevas cepas de enfermedades que suponen una amenaza o un peligro potencial para los intereses de Estados Unidos (…)”

INSEPARABLES: MIEDO Y MENTIRA

¿Y qué decir de los titulares y comentarios en prensa, radio y televisión de las últimas semanas en los grandes medios de comunicación? Porque son señal inequívoca de que realmente se ha puesto en marcha una campaña para aterrorizar todo lo posible a la población a fin de que -una vez más- esté dispuesta a hacer y permitir lo que sea. Y es que el miedo es un ingrediente fundamental en el ejercicio del poder: acalla, paraliza, dificulta la reflexión o la anula y favorece la obediencia, la transformación de poblaciones libres en masas aborregadas dispuestas a aceptar soluciones cómodas y rápidas aunque ello implique renunciar a derechos fundamentales o violentarlos por parte de quienes dirigen la operación de control. El miedo -y no digamos ya el terror- facilita el control así que quienes quieren imponerlo potencian toda información negativa que conecte con los dogmas implantados porque funcionan como dispositivos que disparan reacciones automáticas, especialmente cuando se logra generar pánico ante amenazas de enfermedad, dolor, sufrimiento y muerte. Y ello explotando la total confianza del público en las autoridades médicas y científicas para que, una vez se haya logrado el objetivo de generar inseguridad y necesidad de protección, éste delegue en ellas la responsabilidad de actuar logrando de la gente una obediencia ciega.

Obviamente en toda representación es imprescindible un buen atrezzo. Y el utilizado en el caso del ébola ha sido sin duda muy adecuado. Los traslados de los europeos infectados a sus países acompañados de personas embutidas en esos trajes aislantes que parecen sacados de Expediente X fueron muy eficaces. A pesar de lo estúpido que resulta tratándose de un virus que no se contagia por vía aérea sino solo por contacto físico. Pero eso ¡qué más da! Si funcionó en 2009 con la falsa pandemia de Gripe A, ¿por qué no aprovecharlo?

Lo lamentable es el papel dinamizador del terror que juega la OMS para la que -titular de El País del 15 de agosto- “el mundo subestima la magnitud del actual brote de Ébola”; añadiendo: “Es necesario tomar medidas extraordinarias para detener la enfermedad” y por eso “está coordinando un masivo aumento de la respuesta internacional en un intento de detener la peor epidemia de fiebre hemorrágica desde que fue descubierta en 1976”.

Y detrás de la OMS vienen los lacayos; unos de modo consciente y otros simplemente arrastrados por la manipulación o por el miedo a disentir. La presidenta de Médicos Sin Fronteras, Joanne Liu, declaraba por ejemplo pocas horas después que “la situación se deteriora más allá de nuestra capacidad (…) Nunca podremos estabilizar la región”. Por su parte, Mª Paz Sánchez Seco, del Centro de Microbiología del Instituto Carlos III, reclamaba en Diario Médico el necesario “equilibrio entre alarmismo y cautela”. Hasta un medio de comunicación en las antípodas ideológicas de Estados Unidos como Cubadebate recogía las alarmantes declaraciones de la Directora Adjunta de la OMS, Marie-Paule Kieny: “La mayoría de las dosis experimentales del ZMapp han ido a Liberia pero no se puede realizar una distribución justa para un tratamiento cuya escasez es tan grande”.

Agregaremos que un ingrediente fundamental en este tipo de montajes en el de la cifra de afectados; aunque mucho más importante que los números en sí es la forma de presentarlos para graduar el impacto que producen. Un ejemplo clarificador es afirmar que en un determinado lugar la tasa de mortalidad fue del 100% y comprobar luego consultando la tabla correspondiente que allí hubo un solo afectado. Así que no “mienten”: hubo un solo afectado que murió luego es verdad que la mortalidad fue del 100%.

Otro recurso es sumar casos y muertes que no se han producido realmente. Y no nos estamos inventando nada: consultando las propias tablas de la OMS puede comprobarse que las cifras totales de casos y “muertes” incluyen ¡los “confirmados“, los “probables” y los “posibles“! Pura manipulación.

Además, ¿cómo puede “confirmarse” que alguien ha fallecido realmente a causa del virus del ébola… si en lugar de practicarse las autopsias y pruebas correspondientes se les incinera de inmediato al fallecer? Es más, ¿cómo saber en los casos en los que recibieron fármacos experimentales que no murieron por éstos y no por el ébola? ¿Por qué se incineró de inmediato al sacerdote español Miguel Pajares que falleció muy poco después de recibir el fármaco que se probó con él? ¿Por qué no se practicó la autopsia para ver cómo había afectado al organismo? ¿Se intento ocultar algo al hacerlo? Porque insistimos: es un virus que no se contagia por vía aérea y por tanto el riesgo de contagio es controlable. Demasiadas preguntas sin respuesta ¡porque nadie las hace!

EL NEGOCIO

En suma, todo indica que uno de los motivos fundamentales para esta nueva falsa pandemia es abrir mercado para un nuevo negocio así que veamos quiénes están en la trastienda en esta ocasión. Las principales agencias e instituciones estadounidenses implicadas en la investigación de tratamientos y vacunas para el ébola son las siguientes:

-El Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Institutos Nacionales de Salud (NIAID y NIH respectivamente por las siglas en inglés de National Institute of Allergy and Infectious Diseases y National Institutes of Health).

-La Agencia de Reducción de Amenazas del Departamento de Defensa (DTRA por las siglas en inglés de Defense Thereat Reduction Agency).

-La Autoridad Biomédica Avanzada para Investigación y Desarrollo (BARDA por las siglas en inglés de Biomedical Advanced Research and Development Authority).

Con la colaboración de estas agencias se están “investigando, desarrollando y testando” una serie de tratamientos y vacunas.

Uno de ellos es el “suero milagroso” denominado ZMapp, suero inmunológico experimental a base de anticuerpos monoclonales desarrollado en colaboración por las empresas Mapp Biopharmaceutical, LeafBio y Defyrus -las dos últimas canadienses y la primera estadounidense-. Es el que se administró a los dos cooperantes estadounidenses y al sacerdote español que falleció poco después de recibirlo arrojando serias dudas sobre su supuesto carácter “milagroso”.

Tekmira Pharmaceuticals Corp. -empresa fundada en 1992 con sede en Canadá pero de ventas exclusivas y accionariado en Estados Unidos- está especializada por su parte en unas pocas terapias de interferencia de ARN y nanopartículas. Y, qué casualidad, dedicada últimamente a desarrollar un medicamento contra el ébola denominado TMK-Ébola que actuaría precisamente contra la cepa Zaire que es la protagonista del actual brote. Como casualidad es también que en enero de este año, tres meses antes de iniciarse el brote, esta desconocida y poco rentable compañía recibió una inyección millonaria de dinero ¡por parte de Monsanto! Y por si todo esto no fuera suficientemente sospechoso resulta que el 5 de marzo de este año Tekmira dio a conocer que había firmado un contrato por valor de 140 millones de dólares ¡con la FDA! para, de forma genérica y sin especificar, “facilitar el desarrollo y acelerar la revisión de medicamentos para una necesidad médica no satisfecha”. ¡Y solo 19 días después la OMS daba su primer comunicado alertando del brote de ébola! Disparando así el oscilógrafo del miedo que es la Bolsa que, merced a ello, hizo revalorizar las acciones de Tekmira ¡un 20%!

Añadiremos que el Departamento de Defensa norteamericano trabaja también con Newlink para desarrollar una posible “vacuna” y los Institutos Nacionales de Salud con Biocryst en el desarrollo de un antiviral que entraría en fase 1 este año.

Institutos Nacionales de Salud que el 28 de agosto de este año ya habían anunciado que iban a probar en humanos una vacuna para el ébola codesarrollada por el NIAID y la farmacéutica GlaxoSmithKline en el Centro Clínico de los NIH de Maryland así como con voluntarios sanos de Reino Unido y África Occidental; estas últimas en colaboración con un consorcio internacional que incluye a la Wellcome Trust de Rockefeller.

Y como demostración palpable de que en esta representación todo está previsto el 5 de septiembre la OMS anunciaba que había ya seleccionado una lista de ocho tratamientos experimentales y dos vacunas:

la VSV-EBO de Newlink Genetic y la ChAd-EBO de GlaxoSmithKline. Vacunas que proponen en principio administrar ¡al personal sanitario! Queda por ver cuántos médicos y demás profesionales sanitarios ingenuos acceden a hacer de cobayas…

DATOS SIGNIFICATIVOS SOBRE EL ÉBOLA

¿Y en realidad qué se sabe del virus del ébola? La propia OMS reconoce que tanto el Ébolavirus como el Marburgvirus -virus ambos que provocan fiebre hemorrágica de elevada mortalidad-  son “patógenos que no se conocen completamente”. Es más, los síntomas que se dice identifican a quienes se han infectado con ellos son inespecíficos y pueden confundirse con los del paludismo, la fiebre tifoidea, la shigelosis, el cólera, la leptospirosis, la peste, la rickettiosis, la fiebre recurrente, la meningitis, la hepatitis y otras patologías

Y entonces, ¿por qué se dice que hay pruebas que permiten confirmar o descartar un contagio por el virus del ébola? Bien, lo que se hace es utilizar el llamado test ELISA, acrónimo de la expresión inglesa Enzyme-Linked ImmunoSorbent Assay o Ensayo por Inmunoabsorción Ligado a Enzimas. Hablamos de una técnica que se supone detecta antígenos mediante anticuerpos que al enlazarse con una enzima provocan un cambio de color que se detecta mediante espectrofotometría o de otro tipo. Es decir, permite teóricamente determinar si un anticuerpo concreto está presente en la sangre del paciente. Lo que pasa es que su fiabilidad es relativa porque aunque el procedimiento es sencillo muchas cosas pueden variar el resultado: como la incorrecta elección del reactivo, una temperatura inadecuada o una errónea medición de volúmenes y tiempos. Por otra parte se sabe que un resultado “positivo” -que confirma la presencia de anticuerpos- no significa necesariamente que el paciente esté enfermo: el organismo de una persona que ha estado infectada y ha superado esa enfermedad puede seguir produciendo anticuerpos dando lugar a un “falso positivo” (al menos ésta es la explicación oficial para justificar tantos errores). Como puede haber  un “falso negativo“, expresión que se utiliza para justificar que a alguien se le diga que no está infectado cuando sí lo está alegando que el “error” se debe a que su organismo produce pocos anticuerpos; algo habitual entre quienes tienen una inmunodeficiencia a pesar de lo cual esta prueba se usa como test para detectar el VIH -presunto virus responsable del Sida cuya existencia en  realidad jamás se ha demostrado- dando lugar a tantos y tantos diagnósticos “positivos” carentes de credibilidad. Es más, el test puede dar también un “falso positivo” cuando hay inespecificidad antígeno-anticuerpo.

E igualmente se usa la técnica PCR (por sus siglas en inglés de Polymerase Chain Reaction) desarrollada por Kary B. Mullis -quien recibió por ella el Premio Nobel de Química de 1993-, bioquímico estadounidense que niega que la PCR cuantitativa utilizada en los llamados “test de carga viral” sirva para detectar un virus; es más, es de los científicos reputados que niega que el VIH produzca el Sida y así lo sostiene en un capítulo de su autobiografía: Dancing naked in the mind field. De hecho aceptó escribir el prólogo del libro Inventing the AIDS virus de Peter Duesberg, máximo exponente de los llamados “disidentes del Sida“.

Por si lo dicho no bastara agregaremos que desde 1976 -año en el que se descubrió el virus del ébola- ha habido ya 24 brotes pero siempre en los países más pobres de África. Curioso. En cuanto su tremenda peligrosidad -aterradoras películas de Hollywood aparte- conviene saber que en todos esos años -cifras oficiales- el virus del ébola ha sido relacionado solo con la muerte de unas 2.500 personas cuando la tuberculosis llevó a la muerte en 2012 a 1.300.000 personas y la malaria mata a 2.000.000 cada año.

Eso sí, la OMS dice ahora que en esta ocasión el virus del ébola ha matado ya a más personas en unos días que en los últimos 38 años. Y es que hay que aterrorizar a la gente para que la población asuma que sus gobiernos contribuyan económicamente a solventar la situación (léase para enriquecer rápida y fácilmente a quienes han montado el tinglado). Para lo cual algunos ya han hecho presuntos “gestos filantrópicos” de cara a la galería que “anime” a los gobiernos indecisos. Como la Bill & Melinda Gates Foundation que a primeros de septiembre se comprometió a dar 50 millones de dólares “para contener el brote de ébola en África occidental e interrumpir la transmisión del virus”. Dinero que irá a la ONU, a sus organizaciones internacionales implicadas y a trabajar con sus socios del sector público y privado a fin de “acelerar el desarrollo de terapias, vacunas y diagnósticos que puedan ayudar a terminar con esta epidemia y prevenir brotes futuros”.  Cantidad que se une a los  5 millones de dólares que ya antes dio a la OMS para “operaciones de emergencia y evaluaciones de I+D” y a los 5 millones que dio a UNICEF para adquirir suministros médicos… que obviamente vende la industria sanitaria y que es a donde al final va a parar todo lo recaudado.

LA HISTORIA SE REPITE. ¿POR QUÉ?

El biólogo y profesor español de Ecología Humana Máximo Sandín -que ha dedicado gran parte de su carrera a investigar los virus, a los que en su primer gran libro denominaría “mensajeros de Lamarck” en alusión al papel de trasmisión de información genética que han jugado en el proceso evolutivo no darwiniano que la Nueva Biología lleva años poniendo en evidencia- nos aseguraría por su parte que los “ébolavirus” y otros similares son en realidad de origen endógeno tal y como en su día evidenciaron Vladimir A. Belyi, Arnold J. Levine y Anna Marie Skaka, investigadores de Princeton y Philadelphia que en el volumen 6-7 de julio de 2010 de Plos Pahogens publicaron sobre ello un artículo titulado Una herencia inesperada: múltiples integraciones de secuencias de Bornavirus y Ebolavirus/Marburgvirus en genomas de vertebrados (puede leerlo íntegramente en www.plospathogens.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.ppat.1001030). Según se explica en ese trabajo los investigadores encontraron fragmentos de al menos 80 virus -entre ellos el ébola- integrados en el genoma de 19 vertebrados, primates y humanos incluidos, integración que pudo producirse hace 40 millones de años. ¿Puede ser realmente “patógeno” un virus que ha convivido con nosotros tanto tiempo? ¿Es posible que sean intervenciones humanas totalmente irracionales las que hayan desequilibrado nuestra convivencia con esos virus afectando a personas especialmente débiles?

El médico valenciano Enric Costa nos recordaría por su parte que las fiebres hemorrágicas -como las que se dice provoca el ébola- no son algo nuevo pues aparecen descritas en la literatura médica más antigua, apareciendo habitualmente acompañadas de inflamación de hígado, órgano implicado de modo particular en los procesos de coagulación de la sangre. Ejemplo muy conocido es el de la Peste Bubónica o Peste Negra que afectó a Europa a mediados del siglo XIV y se considera la pandemia más devastadora de la historia cuyos síntomas son los mismos -fiebres hemorrágicas e inflamación de hígado- y se produjo “casualmente” cuando se disparó el crecimiento de la población y el sistema feudal había entrado en crisis provocando una caída de la productividad, hambruna y hacinamiento en las principales ciudades de Europa. De ahí que según el Dr. Costa “no puede descartarse que los orígenes o el agravamiento de las alteraciones que ahora se nos presentan como brotes tóxicos que alteran el metabolismo de coagulación y el sistema homeostático -bien por venenos, bien por enfermedades digestivas, afectando al hígado y mermando drásticamente sus funciones- no esté en la ingesta de medicamentos tóxicos -muchas veces se toman caducados en esas zonas-, en alguno de los múltiples fármacos y vacunas con los que se experimenta en los países africanos e, incluso, en los pesticidas y herbicidas empleados en esas zonas empobrecidas. Porque estamos ante un caso muy similar al del SIDA en el que la definición clínica oficial en África se hace coincidir con condiciones endémicas de las zonas afectadas”.

En pocas palabras, no es descartable que los problemas de salud que se achacan al virus del ébola puedan en realidad estar provocados por fármacos en mal estado, vacunas o medicamentos experimentales y pesticidas cuyos efectos se vean agravados por una pésima higiene, agua contaminada, desnutrición y, por ende, un sistema inmune debilitado. Pero, claro, eso cuestionaría los dogmas de la medicina moderna farmacológica y por supuesto no se resuelve vendiendo material sanitario, vacunas y fármacos. No es negocio para los laboratorios farmacéuticos que controlan todos los organismos decisorios en el ámbito de la Sanidad.

Jesús García Blanca

Este reportaje aparece en
175
Octubre 2014
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