El Lepidium Latifolium o “rompepiedras” desintoxica eficazmente el organismo

La salud de nuestras células depende del estado del terreno extracelular –básicamente del líquido intersticial en el que se bañan- pues es a través de él como llegan el oxígeno, los nutrientes y demás sustancias necesarias para su correcto y adecuado funcionamiento. Sin embargo el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que ingerimos están hoy contaminados por todo tipo de tóxicos que han ensuciado el estanque acuoso en el que se bañan células, tejidos y órganos dificultando –cuando no impidiendo- su normal funcionamiento. Problema que agravan el sedentarismo, las radiaciones electromagnéticas artificiales y los iatrogénicos fármacos que tomamos. Por eso el cuerpo tiene cada vez más problemas para deshacerse de ellos. Pues bien, una investigación española acaba de constatar que una conocida planta -el Lepidium latifolium, popularmente conocida como rompepiedras- ayuda de forma notable a ello; lo que además facilita todo tratamiento al mejorar el terreno para que cualquier producto -natural o no– acceda a las células. Tan seguro está de ello la empresa española Soria Natural que ha empezado a comercializar un producto basado en esa planta que no ha dudado en bautizar como CTP – El Detoxificante Perfecto.

En condiciones normales todo organismo sano está preparado para controlar y eliminar a través de sus sistemas emuntorios -piel, riñón, hígado, intestinos, sistema linfático y pulmones- determinado nivel de toxinas -diferente en cada persona- al que se conoce como umbral de tolerancia tóxica. Pero cuando ese umbral se rebasa las toxinas se acumulan en el espacio extracelular ensuciándolo –“envenenándolo”- lo que puede terminar provocando alteraciones en el ADN de las células que den lugar a anomalías patológicas que terminen conduciéndonos a la enfermedad y al envejecimiento.

Son por ello cada vez más los médicos que entienden -y no sólo los naturistas- que ante cualquier patología es no ya necesario sino imprescindible una adecuada desintoxicación antes de cualquier tratamiento porque sean naturales o químicos los remedios que puedan prescribirse éstos acceden a la célula a través del terreno extracelular así que ante todo hay que “limpiarlo”. Y para ello hay que beber a diario suficiente cantidad de agua de calidad, respirar aire puro, hacer ejercicio y ayunar temporalmente o, en su defecto, restringir -mejor eliminar- todo alimento inadecuado: grasas saturadas (sobre todo los embutidos), lácteos, azúcares (chuches incluidas), hidratos de carbono refinados –y, por tanto, el pan blanco, las galletas, los dulces, los pasteles, las tartas, los bombones, etc-, las colas y gaseosas, el alcohol, el café y la “comida basura”. Un proceso de depuración natural del organismo que en cualquier caso puede potenciarse con baños de mar, saunas, enemas, hidroterapia de colon y algunas sustancias de la naturaleza que ayudan a ello.

Pues bien, una conocida empresa española, Soria Natural, ha desarrollado durante más de una década investigaciones en su departamento de I+D+i sobre la eficacia de determinadas sustancias conocidas para descubrir cuál de ellas ayuda mejor a la detoxificación del organismo llegando a la conclusión de que la más eficaz es una conocida planta, el Lepidium latifolium, popularmente conocida como rompepiedras porque ayuda a eliminar del organismo las piedras renales. Y una vez obtenida esta información ha concentrado sus principios activos en un producto que acaba de sacar al mercado y sobre el que tiene tan pocas dudas de su eficacia que no ha tenido reparo en bautizarlo como CTP-El Detoxificante Perfecto.

Carlos Carricajo, director de investigación de Soria Natural, afirma sobre él: “Nuestro producto ofrece una forma fácil y cómoda de apoyar y estimular la capacidad de detoxificación del organismo ejerciendo un efecto beneficioso sobre la actividad de las enzimas de Fase II para transformar y eliminar las sustancias nocivas, tanto de origen exógeno como endógeno y, con ello, conservar o recuperar la salud sin necesidad de soportar las incomodidades del ayuno, sin duda el mejor sistema de detoxificación, pero que muchas personas no pueden o quieren practicar. Ayuda al organismo a depurarse al aumentar la capacidad de eliminación renal pero además protege el hígado, órgano imprescindible para una buena salud, normalizando sus parámetros bioquímicos. A todo lo cual se añade su potente acción antioxidante”.

Y es que muchos médicos han olvidado –o nunca se les ha explicado adecuadamente- que si el estanque acuoso en el que se bañan nuestras células, tejidos y órganos está “sucio” el organismo no puede funcionar bien. Es así de simple… y de ignorado.

ADELANTADOS A SU TIEMPO

Lo singular es que la importancia que tiene el “terreno” en el que habitan nuestras células, tejidos y órganos no es nueva; es tan antigua como la teoría de los gérmenes de Louis Pasteur (1822-1895) que fue sin embargo la que se impuso marcando el desarrollo de la Medicina de los siglos XIX y XX dando lugar al lucrativo negocio de los fármacos.

Y ello a pesar de que Antoine Béchamp (1816-1908), contemporáneo de Pasteur, afirmaría que las células del organismo no pueden ser afectadas por microorganismos patógenos –virus, bacterias u hongos- ¡si están sanas! El biólogo, médico y fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878), asimismo contemporáneo, postuló por su parte que las enfermedades no aparecen a causa de gérmenes patógenos sino debido a un “medio interno” -o conjunto de ”reacciones orgánicas intrínsecas”- que funciona incorrectamente. “El terreno lo es todo, el germen no es nada“, afirmaría. Rudolf Virchow (1821-1902) -uno de los más prominentes patólogos del siglo XIX- afirmaría por su parte que las enfermedades no surgen en los tejidos o en los órganos sino en células individuales. “Si pudiera empezar a vivir de nuevo –añadiría- me dedicaría a demostrar que los gérmenes buscan su hábitat natural y por eso se acumulan en los tejidos enfermos como los mosquitos se acumulan en el agua estancada. Pero los gérmenes no son la causa de que los tejidos enfermen como los mosquitos tampoco lo son de que el agua esté estancada”. Carl von Rokitansky (1804-1878) sugirió asimismo que la enfermedad se origina siempre porque el sistema de intercomunicación del organismo está dañado. Y Hans Eppinger (1878-1848), prestigioso profesor de Medicina Interna en Viena (Austria), demostró que cada célula necesita un entorno adecuado para su desarrollo. Finalmente, Alfred Pischinger (1899-1982) afirmaría que toda enfermedad se inicia en la matriz extracelular que para él constituye el “sistema básico” (nombre que le dio porque permite el funcionamiento de los otros: el muscular, el óseo, el respiratorio, el digestivo, el excretor o urinario, el circulatorio, el hormonal o endocrino, el nervioso, el reproductor, el linfático, el inmunitario y el hematopoyético). Sistema que podría definirse pues como la matriz o red que en forma de líquido engloba a todas las células, tejidos y órganos constituyendo un filtro biofísico de protección, nutrición e inervación celular así como el terreno para la respuesta inmune, angiogénesis, fibrosis y regeneración tisular. De ahí que hoy se conozca también como Sistema Básico de Pischinger.

LA IMPORTANCIA DE LA MATRIZ EXTRACELULAR

La importancia de la matriz extracelular estriba en que en nuestro organismo ¡no existe contacto directo entre las células y los capilares venosos o las fibras nerviosas terminales! Y eso significa que cada estímulo y cada proceso metabólico entre las células -por una parte- y los capilares y fibras nerviosas terminales -por otra- se realiza a través del líquido extracelular. En otras palabras, cada reacción de tipo nervioso, hormonal, vascular o inmunológico depende de la función mediadora y de transmisión del sistema básico.

La matriz extracelular se extiende en suma por todo el organismo a excepción de las capas epiteliales más superficiales de la piel y la mucosa. Es pues el único tejido corporal presente en la totalidad del organismo y, al tiempo, el único sistema orgánico que permanece en contacto directo e inmediato con la práctica totalidad de las células. Integra pues las células del tejido conectivo blando indiferenciado (reticulocitos o fibroblastos) -capaces de transformarse en formas celulares diferenciadas defensivas en función de las necesidades de adecuación al entorno de la matriz extracelular-, del líquido tisular extracelular en estado gelatinoso -con un equilibrado contenido de electrolitos pobre en proteínas y rico en mucopolisacáridos y lípidos sin saturar siendo los más importantes los ácidos grasos trienos que juegan un importante papel en las funciones inespecíficas de defensa- y los capilares y fibras vegetativas nerviosas terminales -a través de los cuales se produce su contacto con el resto del organismo- además de las numerosas vías linfáticas.

De hecho sólo gracias a la capacidad transmisora de este sistema global es posible entender las reacciones de la totalidad del organismo a los estímulos y procesos externos e internos. Y siendo su estructura global es fácil entender la enorme importancia de mantenerlo limpio y libre de estímulos irritativos y sustancias tóxicas a fin de no modificar su biopotencial; es decir, su pH, base de la vida. A fin de cuentas el sistema básico no sólo abarca las funciones de defensa inespecífica sino también funciones vitales como la regulación del uso del oxígeno, del agua, de los electrolitos y del equilibrio ácido-base. La matriz extracelular es, en suma, el “terreno” del que hablaba Bernard, el espacio extracelular a través del cual a la célula le llegan los nutrientes pero también aquellos productos tóxicos (exógenos y endógenos).

Cabe añadir que cuando surgen problemas el “sistema básico” responde con reacciones escalonadas: de lo local a lo global. Es decir, si algo no puede resolverse a nivel local se desencadena una reacción en todo el sistema cuya duración dependerá de la intensidad de los estímulos negativos.

En suma, si la Medicina convencional hubiera adoptado las tesis sobre las causas de la enfermedad de Bechamp y Bernard en lugar de aceptar la de Pasteur y hubiera dado la debida importancia a los trabajos de Pischinger y otros investigadores -como Warburg- sobre la trascendencia de mantener limpia la matriz extracelular hoy nuestra dependencia de los fármacos sería menor o inexistente.

LOS GLUCOSINOLATOS

Debe asimismo saberse que la mayoría de las sustancias tóxicas presentan tres características: son liposolubles -es decir, atraviesan fácilmente las membranas celulares-, son apolares -no son solubles en agua- y se reabsorben a nivel del túbulo renal -lo que significa que vuelven a la sangre y no se eliminan por la orina por lo que pueden permanecer mucho tiempo en el organismo-. Pues bien, uno de los mecanismos más importantes a través del cual el organismo se defiende e impide que las sustancias tóxicas le hagan daño es la biotransformación, el conjunto de reacciones químicas que permite a las células transformar sustancias tóxicas en otras polares -volverlas solubles en agua- facilitando así su eliminación. Mecanismo que el cuerpo utiliza tanto para metabolizar las sustancias exógenas como endógenas y se realiza principalmente en el hígado pero también en otros tejidos u órganos como la sangre, los riñones, los pulmones y la placenta. En la primera fase del proceso determinadas enzimas provocan un conjunto de reacciones químicas que modifican la estructura de la molécula tóxica y ésta puede entonces volverse menos dañina o también más tóxica, al liberar radicales libres. Afortunadamente en una segunda fase las moléculas resultantes las combina el organismo con otras endógenas -como ácido glucurónico, sulfato (3´-fosfoadenosil-5´-fosfosulfato o PAPS) o glutatión- que aumentan la hidrosolubilidad de los compuestos haciendo más fácil excretarlos por la orina y la bilis. El gran reto de los científicos ha sido pues encontrar sustancias que impulsen el proceso detoxificador del organismo en esa fase II de biotransformación sin añadir más tóxicos químicos -fármacos incluidos- al terreno extracelular y, por extensión, a la célula. Pues bien, al investigar las propiedades de los fitoquímicos se han descubierto en las últimas décadas unas sustancias que destacan en ese sentido sobre el resto: los glucosinolatos. Hablamos de unas sustancias naturales derivadas de la glucosa que se hallan presentes en diversas especies vegetales (principalmente de la familia de las brasicáceas (Brassicaceae) y las crucíferas (Cruciferae) -como la col, el brécol, la coliflor, los rábanos, los nabos o las coles de Bruselas y también en el Lepidium latifolium o “rompepiedras”).

Los glucosinolatos, como tales, no presentan ningún tipo de actividad detoxificante sino que ésta es desarrollada por sus productos de hidrólisis. Para que estos productos aparezcan es necesaria la presencia de una enzima, la mirosinasa, que se encuentra presente en los tejidos de las crucíferas y que es liberada cuando éstos son dañados; por ejemplo cuando un animal los mastica.

Entre los glucosinolatos uno de los más interesantes es la sinigrina -sal potásica que se encuentra en las semillas de la mostaza (marrón o negra), en la raíz del rábano picante, en las coles de bruselas, en el brócoli (brécol) y especialmente en el Lepidium latifolium– ya que según Ian Johnson y sus colegas del Instituto de Investigación sobre Alimentos del Reino Unido -uno de los principales referentes a nivel mundial sobre el estudio de nutrientes de origen natural- inhibe el desarrollo de las células precancerosas. Así lo explica en el trabajo Effects of Brassica vegetable juice on the induction of apoptosis and aberrant crypt foci in rat colonic mucosal crypts in vivo publicado en Carcinogénesis en 2003 según el cual la sinigrina protege a las ratas del cáncer de colon; y es que a las seis semanas de tratamiento constató que gran número de células precancerosas habían sido destruidas identificando al alil-isotiocianato producido a partir de la sinigrina como la causa de la apoptosis. “No es la cura milagrosa del cáncer -declaró en su momento Ian Johnson- pero demuestra que una dieta preventiva puede ser explotada de la misma manera que los fármacos. Sabemos desde hace muchos años que los productos de degradación de la sinigrina destruyen las células cancerosas pero descubrir esta parte desconocida del proceso, el hecho de que funciona de manera similar a algunos medicamentos contra el cáncer, demuestra la importancia real de la dieta a la hora de afrontar el cáncer”. Bien, pues la sinigrina está presente en el Lepidium latifolium y la generación de sus productos de hidrólisis constituye una de las claves de la eficacia del CTP-El detoxificante perfecto.

EL CTP: 10 AÑOS DE INVESTIGACIÓN

El Lepidium latifolium era ya conocido en la Antigüedad por sus propiedades terapéuticas pero hasta ahora se valoraban sobre todo sus efectos diuréticos y su capacidad para disolver cálculos en las vías urinarias aunque hay que decir que hasta ahora sólo la tradición avala tal propiedad. Sí se han comprobado en cambio sus beneficios en el tratamiento de la hiperplasia de próstata y su actividad antitumoral aunque los mecanismos de acción fueran en buena parte desconocidos. Bueno, pues las investigaciones realizadas por el departamento de I+D+i de Soria Natural ha permitido descubrir nuevas posibilidades terapéuticas. Claro que hablamos de un laboratorio que cuenta con técnicas tan sofisticadas como la HPLC-MS/MS (cromatografía líquida de alta presión acoplada a un espectrómetro de masas) que permite determinar el peso molecular de fragmentos moleculares presentes en un producto para posteriormente generar una combinación de éstos, cuya suma de pesos atómicos coincida exactamente con el peso molecular del compuesto desconocido y poder así averiguar la estructura de la molécula desconocida).

En cuanto al desarrollo del CTP-El Detoxificante Perfecto como producto patentado a partir del Lepidium latifolium es fruto de un trabajo de más de 10 años que la empresa española desarrolló primero en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela y después con el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca –organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- durante 7 años. Los primeros ensayos se desarrollaron en el 2000 y en ellos se trataron in vitro células humanas malignas con jugos frescos y extractos de 97 plantas medicinales para valorar la eficacia antitumoral de todas ellas. Llegándose ya en esa primera fase a la conclusión de que la planta que presentaba mayor y mejor actividad apoptótica –es decir, que llevaba las células cancerosas al suicido- en varios tipos de cáncer era el Lepidium latifolium. Descubierto lo cual los investigadores se centraron en averiguar su mecanismo de acción siendo eso lo que llevó al descubrimiento de la enorme capacidad detoxificadora de la planta, algo que apunta a que la toxicidad extracelular está claramente relacionada con el desarrollo de las células cancerosas.

“El Lepidium latifolium – nos explicaría Carricajo, director de investigación de Soria Naturales especialmente rico en un glucosinolato llamado sinigrina que por sí mismo no tiene actividad detoxificante pero que cuando es degradada por una enzima que se encuentra en la misma planta, la mirosina -presente por cierto también en las bacterias de nuestro intestino-, se forman moléculas que sí presentan una actividad detoxificante; en concreto el alil-isotiocianato y otra con mayor actividad inductora, el 1-ciano-2,3-epitiopropano (CETP), que no están presentes en la planta y procede de la degradación espontánea de la sinigrina apareciendo por acción enzimática al trocearla o licuarla o bien por mor del proceso digestivo. Bueno, pues la forma en la que nosotros preparamos el Lepidium latifolium permite que la práctica totalidad de la sinigrina se transforme en CETP en el sistema digestivo. Para conseguir lo cual hemos tenido que agregar a la fórmula otras sustancias como hierro, vitamina C y proteínas epitioespecíficas“.

Cabe agregar que el 1-ciano-2,3-epitiopropano o CETP es un potente inductor de la detoxificación de sustancias altamente tóxicas debido a su capacidad para estimular enzimas de la segunda fase de la biotransformación como la quinona reductasa, la glutation-S-transferasa y la glucuronosil transferasa que modifican la molécula tóxica y la hacen más hidrosoluble para facilitar su eliminación. “El CTP-El Detoxificante Perfecto –continuaría explicándonos Carricajo- produce dos acciones muy beneficiosas al estimular las enzimas de la segunda fase de la detoxificación celular: por una parte favorece y aumenta las reacciones a través de las cuales las sustancias tóxicas se hacen más hidrosolubles mejorando su excreción y evitando su acumulación en las células; y, por otra, estimula la captación y neutralización de radicales libres inhibiendo además su formación lo que puede considerarse una acción antioxidante indirecta. También potencia la acción de otros antioxidantes y los regenera. Estamos pues ante un producto que es una poderosa herramienta para neutralizar no solo las sustancias químicas potencialmente tóxicas sino los radicales libres responsables del envejecimiento y el daño celular antes de que puedan dañar el ADN e iniciar el desarrollo de distintas patologías degenerativas y otros muchos efectos perniciosos para la salud.”

Diremos para finalizar que la actividad enzimática detoxificadora del Lepidium latifolium –base del CTP-El Detoxificante Perfecto- se comparó con la del sulforafano (otro glucosinolato presente en el brócoli -concretamente un isotiocianato derivado de la hidrólisis de la glucorafanina- considerado uno de los principios activos de origen vegetal con mayor capacidad desintoxicante y antitumoral) constatándose que el producto de Soria Natural la multiplica por 2’3 -valor obtenido al comparar las células tratadas con células control- mientras el sulforafano -a la máxima dosis con la que se puede tratar células sin resultar tóxico- solamente la multiplica por 1’6. Con la ventaja de que en las pruebas ninguna de las concentraciones del Lepidium latifolium empleadas resultó tóxica. En suma, un producto realmente prometedor para detoxificar el organismo.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
160
Mayo 2013
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