Cómo prevenir y tratar eficazmente de forma natural los problemas de próstata (II)

En la revista del pasado mes explicamos de forma amplia y documentada que ni la prueba del PSA sirve para detectar un cáncer de próstata ni los tratamientos convencionales permiten afrontar eficazmente ni éste ni la hiperplasia benigna de próstata. Ni la terapia antiandrogénica, ni la prostatectomía radical, ni la castración química con Finasteride son una opción aceptable según demuestran ya numerosos trabajos publicados en revistas científicas. Lo inteligente pues es entender las posibles causas para evitarlas y afrontarlas luego con métodos naturales, algo que exige saber qué factores o agentes lo están provocando. No acepte pues ni tratamientos sintomáticos ni radicales porque el mejor médico es su propio organismo. Vamos por tanto a permitimos sugerirle qué hacer.

Cómo prevenir y tratar eficazmente de forma natural los problemas de próstata (II)

Que el abusivo consumo de azúcares y carbohidratos refinados da lugar a una constante producción de insulina que puede llevar a la obesidad, la diabetes y la acidificación del organismo es bien sabido pero es que cada vez son más numerosos los trabajos que indican que además podría estar detrás de la hiperplasia benigna de próstata y del cáncer prostático. Uno de los primeros en inferirlo así fue un equipo de la Stanford University School of Medicine (EEUU) coordinado por el doctor D. M. Peehl al constatar in vitro que las células de la próstata tienen receptores para el factor de crecimiento insulínico (IGF-1) y ello facilita su actividad mitogénica pudiendo dar lugar tanto a hiperplasia benigna de próstata como al cáncer de próstata; el trabajo se publicó en 1995 en World Journal of Urology.

Posteriormente un grupo de investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) coordinado por el doctor A. Wolk realizaría un estudio clínico similar. Lo que hicieron fue comparar los niveles séricos de IGF-1 de 210 pacientes con cáncer no tratados con el de 224 personas de control y según cuentan en su trabajo -publicado en 1998 en Journal of the National Cancer Institute- la asociación entre ese cáncer y un alto nivel en sangre del factor IGF-1 es tan evidente que llegaron a proponerlo como indicador del riesgo de padecerlo. Además el IGF-1 inhibe el mecanismo de apoptosis de las células cancerosas.

Dos años después -en 2000- un equipo de investigadores del Tenovus Cancer Research Centre de Cardiff (Reino Unido) coordinado por el doctor A. Turkes publicó en Prostate Cancer and Prostatic Diseases un interesante trabajo que confirmaba la relación alertando de nuevo de que demasiado IGF-1 en sangre se relaciona con el cáncer de próstata.

Apenas un año después un equipo de la Louisiana State University Health Sciences Center (EEUU) integrado por los doctores R. Shi, H. J. Berkel y H. Yu realizó un metaanálisis que incluyó 14 estudios de control demostrando claramente que entre las personas con cáncer de próstata el nivel de IGF-1 en sangre es demasiado alto. Lo contarían en un artículo publicado en 2001 en British Journal of Cancer.

Y en noviembre de 2002 un equipo de la Universidad de California-Los Ángeles (EEUU) coordinado por el doctor R. J. Barnard publicaría en Obesity Reviews el trabajo Cáncer de próstata: ¿otro aspecto del síndrome de resistencia a la insulina? en el que nuevamente se relacionó la hiperinsulemia con la estimulación de la producción del factor IGF-1 y su acción mitogénica.

Ya en 2008 un equipo de la McGill University de Quebec (Canadá) coordinado por el doctor M. Pollak publicó en Nature Reviews Cancer un artículo sobre la importancia de la vía de señalización de la insulina y su factor IGF-1 en el desarrollo del cáncer, algo que evidencian tanto investigaciones de laboratorio como estudios clínicos y epidemiológicos. Lo curioso es que uno de los factores que regula el exceso en sangre del factor IGF-1 es ¡la restricción calórica! En él se recuerda además que el mismo equipo de investigadores ya había inferido en 1997 con otro trabajo -se publicó en Journal of the National Cancer Institute- que la vitamina D parece inhibir el nivel de IGF-1 al actuar sobre la proteína transportadora IGFBP-5.

Un equipo conjunto de las Universidades de Osnabruck y Regensburg (Alemania) coordinado por el doctor B. C. Melnik publicaría por su parte en 2011 en Nutrition & Metabolism un artículo titulado La sobreestimulación de la vía de señalización de la insulina/IGF-1 por la dieta occidental podría fomentar las enfermedades del mundo civilizado: lo que nos enseña el Síndrome de Laron en el que se explica que entre quienes padecen esta patología hay déficit del factor IGF-1 y ello reduce la incidencia de acné, diabetes y cáncer. Y como las dietas ricas en carbohidratos estimulan su producción recomiendan evitarlos.

Agregaremos que un grupo de médicos del Postgraduate Institute of Medical Education and Research de Chandigarh (India) y de la Queen Mary University de Londres (Reino Unido) coordinado por el doctor Santosh Kumar siguió clínicamente a 53 personas con acromegalia -crecimiento desmesurado de manos, pies, mandíbulas y/o nariz- y comprobó que entre ellos el índice en sangre del factor IGF-1 es muy alto habiendo más casos de los normales de hiperplasia benigna de próstata y cáncer prostático. El trabajo se publicó en 2015 en European Journal of Endocrinology.

Y hay más: un numeroso equipo de la Public Health Agency of Canada coordinado por el doctor J. Hu publicó en 2013 en Annals of Oncology los resultados de un estudio -controlado durante varios años- sobre 20.384 pacientes con distintos tipos de cáncer confirmados histológicamente -1.799 de ellos de próstata- que se comparó con 5.039 personas sanas y se constató que los cánceres de próstata, colorrectal y pancreático son más frecuentes entre quienes siguen una dieta rica en alimentos de alto índice glicémico (IG) y alta carga glicémica (CG); o sea, rica en azúcares y carbohidratos refinados.

Ya en 2004 el mismo grupo de investigadores -esa vez dirigido por el doctor de la Universidad de Toronto (Canadá) L. S. Agustín– había publicado en International Journal of Cancer un artículo que relacionó claramente las dietas de alto índice glucémico con el riesgo de padecer cáncer de próstata; el estudio se basó en 1.204 casos de este tipo de cáncer confirmados histológicamente.

Terminamos este apartado indicando que un equipo de la Duke University Medical Center (EEUU) coordinado por el doctor P. H. Lin aseveraría en un artículo publicado en 2015 en BMC Medicine que hay evidencias epidemiológicas, experimentales y clínicas de que el aumento de casos de cáncer de próstata parece deberse efectivamente a la actual dieta de los países industrializados destacando que consumir pocos azúcares y carbohidratos refinados e incrementar la ingesta de verduras, frutas y grasas omega-3 reduce el riesgo de padecer cáncer de próstata.

TERAPIAS NATURALES EFICACES

A continuación vamos a mencionar qué sustancias naturales permiten prevenir y afrontar tanto la hiperplasia benigna de próstata como el cáncer de próstata pero no sin antes remarcar que lo fundamental es restringir la ingesta de azúcares, carbohidratos refinados y alimentos procesados industrialmente; estos son los principales:

El licopeno. Se trata de un pigmento carotenoide que es el que da color rojo a muchas frutas y verduras siendo especialmente abundante en el tomate; sobre todo en el deshidratado y en la salsa que se hace con ellos. Son numerosas las investigaciones -experimentales y clínicas- que evidencian su papel anticancerígeno en general y, en especial, frente al cáncer de próstata, órgano por cierto que concentra la mayor cantidad de licopeno en sus tejidos.

Entre ellas la efectuada en la Harvard Medical School (EEUU) que dirigida por el doctor E. Giovannucci controló durante 12 años a un grupo de 47.365 profesionales de la salud -mediante cuestionarios dietéticos- de los que 2.481 contrajeron cáncer de próstata. El trabajo se publicó en 2002 en Journal of the National Cancer Institute y concluyó aseverando que el riesgo de padecerlo disminuye de forma proporcional a la cantidad de tomate -en sus distintas formas- que se ingiere; sugiriendo consumir unas 10 raciones semanales.

La mayoría de los expertos postula que la acción antitumoral del licopeno -como la otros betacarotenos- se debe a su actividad antioxidante pero hace poco un grupo de investigadores de la Ben-Gurion University del Negev (Israel) coordinado por el doctor Y. Sharoni aseveró que más bien se debe a que inhibe la actividad de transcripción tanto de las hormonas sexuales como del factor insulínico IGF-1; el trabajo se publicó en 2012 en American Journal of Clinical Nutrition.

El doctor M. A. Feitelson dirigió por su parte en la Temple University de Filadelfia (EEUU) un equipo multidisciplinar de 28 expertos de distintas universidades que en un extenso artículo publicado en diciembre de 2015 en Seminars in Cancer Biology resume los mecanismos moleculares por las que determinadas sustancias naturales actúan como agentes anticancerígenos. Y en él se destaca que el licopeno, al igual que el resveratrol, el sulforafano y la curcumina, bloquean los receptores de IGF-1 inhibiendo el crecimiento de las células cancerosas y promoviendo su apoptosis.

Eficacia que corroboraría el mismo año un grupo de investigadores de la Wuhan University de China dirigido por el doctor P. Chen con un extenso metaanálisis publicado en Medicine (Baltimore) sobre 26 estudios en los que participaron 563.299 personas de las que 17.517 contrajeron cáncer de próstata. Según los autores el riesgo de cáncer se reduce ingiriendo al menos entre 9 y 21 miligramos diarios, lo que equivale a medio kilo de tomate o 100 gramos de salsa de tomate al día.

La granada. Rica en antioxidantes, potasio, calcio, magnesio y vitamina C el fruto del granado ha demostrado ser antiinflamatorio e inhibir el desarrollo tumoral y la angiogénesis, al menos in vitro y en ratones. Y no solo la granada sino casi todas las partes del árbol como recordaron los doctores de la Punisyn Pharmaceuticals de Israel E. P. Lansky y R. A. Newman en un trabajo publicado en 2007 en Journal of Ethnopharmacology

¿La razón? La presencia de ácido elágico -un polifenol-, luteolina -un flavonoide- y ácido punícico -un omega 5-. Lo constató un equipo de la Universidad de California-Riverside coordinado por los doctores L. Wang y M. Martins-Green en un artículo publicado en 2014 en International Journal of Molecular Sciences según el cual tienen efectos antiproliferativos y antiangiogénicos en las células tumorales. El doctor C. Usta y sus compañeros de la Akdeniz University de Antalya (Turquía) constatarían por su parte en un trabajo publicado un año antes -en 2013- en International Journal of Food Sciences and Nutrition que el ácido elágico -presente también en alimentos como las fresas y las nueces- es antiinflamatorio, antioxidante, vasodilatador y antilipemiante.

Las pipas y el aceite de calabaza. Hay casi un centenar de trabajos de investigación sobre la acción terapéutica de las semillas y el aceite de calabaza (Curcubita pepo) frente a la hiperplasia benigna de próstata, algunos con resultados contradictorios. Nosotros no vamos sin embargo a entrar en la polémica y nos limitaremos a destacar cuatro que consideramos ilustrativos.

El primero se publicó en 2000 en Froschende Komplementarmedizin und Klassische Naturheilkunde, lo realizaron tres investigadores de los laboratorios SmithKline Beecham de Alemania dirigidos por el doctor M. Friederich y se trató de una investigación clínica con 2.245 pacientes de hiperplasia benigna de próstata a los que se dio durante 12 semanas 2 cápsulas diarias de un extracto seco de aceite de semillas de calabaza tras la cual el 46% notó sensibles mejorías en su micción; sin efecto secundario negativo alguno.

En 2006 los doctores de la University of West Indies de Jamaica M. Gossell-Williams, A. Davis y N. O’Connor publicaron en Journal of Medicinal Food un trabajo con ratones según el cual el aceite de pipas de calabaza agregado a la dieta inhibió en ellos la secreción de testosterona y redujo el tamaño de la próstata.

Y ya en noviembre de 2012 la Agencia Europea de Medicamentos publicó un informe de evaluación sobre las semillas de calabaza y su aceite según el cual hay evidencias de su efecto terapéutico sobre la función urinaria así como acción antiandrogénica y antiinflamatoria además de evidencias -menores- de efectos antifúngicos y antiparasitarios. La agencia aconseja su uso en casos de hiperplasia benigna de próstata solo si se excluyen otras dolencias de más gravedad.

El cuarto lo publicó un grupo de investigadores de la Hokkaido University de Japón coordinado por el doctor M. Nishimura y se trató de un ensayo clínico sobre 45 pacientes con desórdenes urinarios a los que durante 12 semanas se suministró 10 gramos diarios de aceite de pipas de calabaza obteniendo visibles mejorías. El artículo se publicó en 2014 en Journal of Traditional and Complementary Medicine y en él no se hace referencia ni a la hiperplasia benigna de próstata ni al cáncer de próstata limitándose a decir que “mejora los desórdenes urinarios de una vejiga hiperactiva”.

El melón amargo. Dos equipos médicos de la Saint Louis University de Missouri y la University of Hawaii en Honolulú coordinados por el doctor Peng Ru realizaron varios ensayos murinos demostrando que el extracto de melón amargo (Momordica charantia) administrado junto con la dieta habitual bloquea la mitogénesis de las células tumorales y frena el desarrollo de la neoplasia de la próstata; según publicaron en 2011 en Cancer Research decidieron comprobar mediante ensayos en ratones lo previamente observado in vitro con células tumorales de próstata.

Ya en 1983 un grupo de científicos de la Kansas State University y la University of California-Los Angeles (EEUU) coordinados por el doctor C. Jilka habían publicado en Cancer Research cómo tras inyectar extractos de melón amargo a ratones con procesos tumorales se estimulaba su sistema inmunitario y ello les permitía afrontar el cáncer. Coligiéndose que el efecto podría atribuirse a la charantina, glucósido presente en este fruto muy similar al beta-sitosterol.

El ciruelo africano. Se trata de un árbol -el Pygeum africanum– utilizado desde hace siglos para distintas dolencias en África y Asia que en los últimos 20 años ha sido objeto de estudio en más de un centenar de trabajos por sus propiedades terapéuticas frente a la hiperplasia benigna de próstata y el cáncer de próstata.

En 2007 un equipo de la Universidad de Missouri-Columbia (EEUU) coordinado por el doctor N. S. Shenouda publicó en Endocrine unas investigaciones -in vitro y murinas- según las cuales agregar extracto alcohólico de la corteza del ciruelo africano a la dieta habitual de ratones cancerosos disminuía significativamente el desarrollo de sus tumores. Dos años después un grupo de expertos de la Universidad Friedrich-Schiller de Jena (Alemania) coordinado por el doctor M. Papaioannou identificó en ella el ácido atrarico como la molécula que actuaba de antagonista para los receptores andrógenos de la próstata. Al bloquear la recepción de andrógenos el ácido atrarico logra disminuir no solo la hiperplasia benigna sino el crecimiento tumoral. Lo explicaron en un artículo publicado en 2009 en Journal of Cellular and Molecular Medicine. Un año después -en diciembre de 2010- el mismo grupo informaría en Investigational New Drugs del hallazgo de una nueva molécula que es igualmente antagonista de los receptores androgénicos de las células prostáticas: el N-butilbenceno-sulfonamida (NBBS).

De ahí que el extracto de P. africanum se venda ya como medicamento para tratar la hiperplasia benigna de próstata en las farmacias de varios países europeos y africanos con el nombre de Tadenan (normalmente en cápsulas de 50 miligramos); no se dice sin embargo nada de sus posibles efectos terapéuticos en el cáncer de próstata.

La palmera enana. También llamada Saw Palmeto o Sabal serrulata (Serenoa repens) los frutos de esta palmera caribeña los utilizan los nativos americanos desde tiempo inmemorial para los problemas urinarios habiéndose descubierto hace algunas décadas que el aceite del fruto contiene inhibidores de la 5-alfa reductasa así como beta-sistosterol. Y si bien hay estudios contradictorios sobre la eficacia de los extractos de estos frutos frente a la hiperplasia benigna de próstata queremos mencionar el trabajo publicado en 2007 en International Urology & Nephrology por los doctores del Oncology Education and Research Hospital de Ankara (Turquía) F. Hizli y M. C. Uygur. Se trata de un ensayo clínico que comparó la eficacia del extracto de sabal frente a la tamsulosina -comercialmente Flomax, alfa-bloqueante relajante de los músculos lisos de la próstata- en el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata. ¿El resultado? El extracto de sabal es igual de eficaz… pero sin ninguno de los efectos secundarios del Flomax.

La silimarina. En 2008 se publicó en Cancer Letters un trabajo de síntesis de los doctores de la Universidad de Colorado en Denver (EEUU) K. Ramasamy y R. Agarwal en el que se asevera que la silimarina -principal principio activo del cardo mariano- es antiinflamatoria, regula el ciclo celular, inhibe la angiogénesis y la metástasis y lleva a la apoptosis a las células cancerosas. Constatándose que al menos in vitro inhibe la proliferación de las células tumorales características de los cánceres de próstata y otros. Siete años después -en 2015- un grupo de científicos de la Keimyung University de Corea coordinado por el doctor S. M. Woo corroboraría que la silimarina bloquea in vitro la invasión de los tejidos sanos llevando a la apoptosis a las células tumorales; lo explicaron en el número de marzo de Molecular Carcinogénesis.

Y ese mismo año aparecería en Cancer Treatment Reviews un trabajo de los doctores J. Bosh-Barrera y J. A. Menéndez según el cual la silimarina inhibe el factor de transcripción pSTAT3 que permite la metástasis de los cánceres pulmonar, mamario, colon y próstata.

Agregaremos que hay personas intolerantes a la silimarina que sin embargo toleran bien el cardo mariano, dato a tener muy en cuenta.

Raíz de ortiga. Botánicamente denominada Urtica dioica es otra de las plantas utilizadas desde tiempo inmemorial para los problemas urinarios habiéndose efectuado ya varios ensayos que han permitido validar la eficacia de los extractos de su raíz en el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata.

Un equipo del Departamento de Ciencias Farmacéuticas de Sagar (Madhya Pradesh, India) coordinado por los doctores A. Nahata y V. K. Dixit realizó una serie de ensayos -primero in vitro- demostrando que las moléculas más activas de la planta son el beta-sitosterol y la escopoletina comparándose luego en ensayos murinos el efecto de los extractos de ortiga con un concentrado de beta-sitosterol y el fármaco Finasteride. Pues, según las conclusiones -el trabajo se publicó en 2012 en Andrología– el volumen prostático y los niveles de PSA -siglas en inglés de Antígeno Prostático Específico, proteína producida por las células de la glándula prostática cuya concentración suele ser elevada en los hombres con cáncer de próstata- y testosterona así como los exámenes histológicos de las próstatas tratadas fueron similares en los tres grupos; y de ahí que los investigadores aconsejen la raíz de la ortiga para el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata.

Cabe añadir que en 2007 apareció en Phytomedicine un estudio de la Universidad de Friburgo (Alemania) coordinado por el doctor J. F. Chrubasik según el cual su acción terapéutica se debe más que a la inhibición de la 5-alfa reductasa a que los componentes parecen actuar sobre receptores a los factores de crecimiento inhibiendo la aromatasa.

El reishi. Nahata y Nixit, autores antes mencionados, realizaron también ensayos murinos con el reishi -seta medicinal botánicamente conocida como Ganoderma lucidum– tras comprobar primero in vitro la actividad del beta-sitosterol de su extracto. Según explicaron en un artículo publicado en 2012 en Andrologia los ensayos murinos probaron que su eficacia en la hiperplasia benigna de próstata es similar a la del Finasteride observándose en los estudios histológicos posteriores una notable mejora del tejido prostático.

Y el reishi también actúa en el cáncer de próstata según un grupo de trabajo del Methodist Research Institute de Indianápolis (EEUU) dirigido por el doctor J. Jiang; el trabajo se publicó en 2004 en International Journal of Oncology constatándose que inhibe in vitro el crecimiento y proliferación de las células tumorales de forma dosis-dependiente; es más, induce su apoptosis

El beta-sitosterol. Se trata de un fitoesterol -el colesterol vegetal- que abunda en frutos grasos como los aguacates, las nueces, los anacardos, los pistachos y la mayoría de los aceites vegetales. Pues bien, en 2000 uno de los estudios de la Cochrane Database of Systematic Reviews coordinado por el doctor T. Wilt y sus colaboradores del Veterans Affairs Coordinating Centre de Minneapolis reconoció sus efectos positivos en los problemas urinarios característicos de la edad si bien los autores se resistieron a considerarlos paliativos en la hiperplasia benigna de próstata. Y ello a pesar de que el beta-sitosterol ha demostrado en numerosos trabajos su positivo efecto terapéutico frente a esta patología.

El efecto sinérgico de la granada, el té verde, el brócoli y la cúrcuma. Un equipo integrado por investigadores británicos del Bedford Hospital, la Cranfield University y la Universidad de Cambridge coordinado por el doctor R. Thomas realizó un amplio ensayo aleatorizado con un suplemento alimenticio que contiene concentrados ricos en polifenoles de los alimentos antes indicados trabajando con 199 varones con cáncer de próstata y 74 años de edad media que durante seis meses tomaron bien una cápsula diaria del concentrado, bien un placebo. Pues bien, entre los que tomaron el suplemento el PSA subió de media un 14,7% que contrasta con la subida media del 78,5% de los que tomaron el placebo. El trabajo apareció en 2104 en Prostate Cancer and Prostatic Diseases.

TRES IMPORTANTES MINERALES

Boro. En agosto de 2015 un conocido divulgador de la medicina natural, el doctor L. Pizzorno, publicó en Integrative Medicine un interesante artículo sobre el papel del boro en el metabolismo de plantas, animales y humanos destacando sus efectos preventivos y terapéuticos frente al cáncer de próstata. Texto en el que recordaba que en 2004 se publicó en Oncology Reports un estudio clínico-estadístico realizado por un equipo de la Universidad de California-Los Ángeles (EEUU) dirigido por el doctor Y. Cui en el que se constató que quienes padecen cáncer de próstata tienen déficit de boro.

Y ese mismo año apareció en Toxicologic Pathology un trabajo efectuado en el National Institute of Environmental Health Sciences coordinado por el doctor M. T. Gallardo-Williams según el cual agregar ácido bórico a la dieta normal -se probó en ratones de laboratorio con tumores- inhibe la expresión del factor de crecimiento insulínico IGF-1 en las células cancerosas de la próstata. Es más, se redujo el volumen prostático entre un 25% y 38% y el PSA en un 87%.

Zinc. Este mineral interviene en más de 300 reacciones enzimáticas y participa en la estructuración de las proteínas, el ADN, el ARN, los hidratos de carbono, los lípidos y la insulina. Pues bien, el órgano que más zinc concentra en sus tejidos es la próstata y ello sugiere que juega un destacado papel en su metabolismo; de hecho la concentración llega a ser hasta 100 mayor que la de la sangre. Además varios estudios han demostrado que su presencia inhibe la transformación de la testosterona en dihidrotestosterona (DHT) y si bien no se sabe cuál es el mecanismo algunos expertos sostienen que actúa inhibiendo la 5-alfa reductasa.

En abril de 2016 los doctores de la Universidad de Maryland (EEUU) L. C. Costello y R. B. Franklin publicaron en Archives of Biochemistry and Biophysics un trabajo en el que revelan que un alto contenido de zinc en las células epiteliales de la próstata hace segregar grandes cantidades de citrato, efecto que las células tumorales evitan inhibiendo el gen ZIP que transcribe las proteínas de transporte y acumulación del mineral. De ahí que propongan estudiar el zinc como posible agente para combatir el cáncer de próstata.

  1. B. Franklin efectuaría posteriormente, en colaboración con científicos de la Universidad de Maryland (EEUU), una serie de ensayos con ratones a los que dio clioquinol (5-cloro-7-yodo-hidroxiquinolina), quelante del zinc que promueve su absorción desde el medio extracelular y posterior acumulación en el tejido prostático alcanzando un nivel citotóxico en el 85% de las células tumorales. El trabajo, publicado en 2016 en International Journal on Cancer and Clinical Research, recuerda que el clioquinol se utilizó durante años como antimicrobiano para tratar las enterocolitis tropicales, aplicación que se prohibió en muchos países en la década de los setenta del siglo XX al asociarse con una epidemia de enfermedades nerviosas en Japón. Lo llamativo es que en la actualidad se investiga su potencial aplicación en enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer o el parkinson.

Cabe agregar que en mayo de este mismo año -2016- un grupo de la Third Military Medical University de Chongqing (China) coordinado por el doctor J. Zhao publicó en Scientific Reports un interesante artículo de síntesis según el cual la concentración de zinc en la próstata es alta si se trata de una hiperplasia benigna y baja si se trata de cáncer llegándose a proponer por ello usar el nivel de zinc para valorar si se trata de uno u otro caso. El estudio recuerda que son varios los expertos que han constatado también que los procesos inflamatorios parecen influir en las proteínas transportadoras del zinc ZIP y ZnT y que éstos se deben a menudo a factores nutricionales.

Dicho esto conviene recordar que la seta medicinal shiitake (Lentinula edodes) destaca por su riqueza en zinc (8 mg/100 gr).

Yodo. La frecuencia del cáncer de próstata en Japón es cuatro veces menor que en Estados Unidos y todo indica que se debe a la alimentación porque un equipo de investigadores de la Universidad British Columbia de Canadá dirigido por el doctor S. A. H. Cann constató que cuando los japoneses adoptan la dieta occidental el número de casos de cáncer de próstata aumenta rápidamente. Lo explicaron en un artículo publicado en 2007 en Nutrition and Cancer destacando también que las células de la próstata expresan el gen de la proteína hNIS transportadora del yodo y eso significa que este mineral también juega un papel importante en el metabolismo de la glándula.

Un equipo del Imperial Cancer Research Fund dirigido por el doctor T. J. Key realizó de hecho un estudio estadístico -se publicó en 2007 en British Journal of Cancer– comparando las dietas de 328 varones con cáncer de próstata y menos de 75 años con la de 328 personas sanas a fin de analizar varios nutrientes comprobando que el riesgo de cáncer disminuye cuando se siguen dietas relativamente altas en zinc y/o yodo.

Añadiremos que un equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México coordinado por la Dra. Carmen Aceves demostró que el riesgo de hiperplasia benigna de próstata se reduce ingiriendo a diario 5 mg de la conocida Solución de Lugol, que consiste en 20 gramos de yodo metálico y 40 gramos de yoduro potásico disueltos en 1 litro de agua destilada. Lo explicaron en un trabajo dado a conocer en el XIV Congreso Internacional sobre Tiroides celebrado en Paris en 2010 que se publicó ampliado -en 2013- en Thyroid.

La vitamina D. Finalizamos este texto indicando que el déficit de vitamina D también aumenta significativamente el riesgo de padecer cáncer de próstata. Lo constató un equipo conjunto de la Northwestern University, la University of Illinois y la Arizona University (EEUU) coordinado por el doctor de la Cleveland Clinic de Ohio (EEUU) Y. A. Nyame en un trabajo que se publicó en 2016 en Journal of Clinical Oncology. Hablamos de un estudio de cohorte con 1.760 pacientes a los que se controló entre 2009 y 2014 de los que 190 sufrió cáncer de próstata comprobando que todos ellos tenían niveles de vitamina D muy inferiores al resto. Corroboraba así un estudio anterior publicado en 2014 en Clinical Cancer Research por el doctor de la Northwestern University A. B. Murphy.

Es más, la vitamina D hace disminuir el tamaño de los tumores de próstata. Lo comprobó un equipo de la Medical University of South Carolina (EEUU) coordinado por el doctor D. T. Marshall administrando a 44 personas con cáncer de próstata 4.000 IU diarias –el equivalente tomar el sol apenas 6 minutos– y constatar que el Índice Gleason -que mide la disminución del tejido tumoral- había disminuido en el 55% de los casos y aumentado en un 11% no habiendo cambios en el resto. El artículo se publicó en 2012 en Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism concluyendo que en la mayoría de los casos -no en todos- la vitamina D inhibe la progresión del cáncer de próstata.

Terminamos mencionando un trabajo publicado en 2003 en Cancer Letters por un equipo de médicos del North Staffordshire Hospital (Reino Unido) dirigido por el doctor D. Bodiwala en el que se evaluó a 212 personas con cáncer de próstata y a 135 con hiperplasia benigna comprobándose que entre los que habían tomado baños de sol de forma regular a lo largo de su vida -pasaban sus vacaciones en lugares soleados- el riesgo de contraer cáncer de próstata era significativamente menor. Pues bien, sepa el lector que una persona sana de piel clara puede sintetizar tomando simplemente el sol hasta 40.000 UI de vitamina D por hora.

Paula Mirre

Este reportaje aparece en
197
Octubre 2016
Ver número