El Par Biomagnético, objeto de una tesis doctoral universitaria

En la revista hemos publicado varios artículos y dedicado varios videos al Par Biomagnético, terapia practicada en la actualidad por miles de terapeutas -muchos de ellos médicos- sin que las autoridades sanitarias se decidan a evaluarla con rigor y seriedad. Pues bien, hemos podido hablar sobre ella con el médico español Enrique de Juan que precisamente obtuvo su título de doctorado con una tesis titulada Efectos biológicos de la terapia del Par Biomagnético que dirigió el profesor Jose Luis Bardasano Rubio -Presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud– y leída en la Universidad de Alcalá de Henares hace ya más de cuatro años.

Enrique de Juan González de Castejón se licenció en Medicina y Cirugía en las correspondientes facultades de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares y la francesa Universidad de Montpellier comenzando su formación clínica en el servicio de Endocrinología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid ayudando en la investigación del metabolismo óseo. Médico paliativo en la unidad del Banco de España y de ASISA se ha formado en Ozonoterapia en la Universidad de Sevilla, en Medicina Biorreguladora en la Universidad de Alcalá de Henares, en Terapia Neural de la mano de David Vignes -director del máster de esta disciplina en la Universidad de Barcelona-, en Musicoterapia -disciplina basada en los trabajos del Dr. Alfred Tomatis- en el Mozart Brain Laboratory de Bélgica y en Auriculoterapia. Cabe añadir que actualmente se forma en Medicina Tradicional China en la Universidad Europea del Atlántico donde cursa el cuarto 4 año de carrera y que investiga desde hace años en Psicosomática atendiendo a los postulados del conocido médico alemán Ryke Geerd Hammer

Terminamos indicando que ha investigado durante varios años en las áreas de Bacteriología Clínica y Proteómica y posee amplia experiencia en el tratamiento no farmacológico de las enfermedades, especialmente en tratamientos alternativos y complementarios en casos de cáncer.

En cuanto a la razón de que le entrevistemos es simple: obtuvo su título de doctorado con una tesis titulada Efectos biológicos de la terapia del Par Biomagnético dirigida por el profesor Jose Luis Bardasano, Presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud.

Como nuestros lectores habituales saben el Par Biomagnético es una disciplina terapéutica desarrollada hace años por el mexicano Isaac Goiz Durán según la cual toda enfermedad infecciosa se manifiesta en dos puntos relacionados –lo que denomina «par biomagnético»– en uno de los cuales existe siempre acidificación y en el otro alcalinización. Y asegura que una vez localizados -mediante una sencilla técnica kinesiológica- basta colocar dos simples imanes de una potencia superior a 1.000 gauss sobre ellos para equilibrar el pH en ese par y lograr que los microorganismos pierdan su capacidad patógena pudiéndose resolver de forma tan sencilla un gran número de enfermedades. Siendo casi nulos –aunque algunos hay- los riesgos de la terapia.

Y se basa en algo bien sabido: que cada tejido y órgano del organismo tiene un grado de acidez o alcalinidad propio que puede conocerse determinando su potencial de hidrogeniones o pH; como igualmente se sabe que la mayoría de las personas enfermas tiene exceso de iones electropositivos (toxinas, radicales libres…) que acidifican sus células, sangre, órganos y secreciones.

Todo empezó cuando Isaac Goiz se enteró de que Richard Broeringhmeyer había descubierto que los campos magnéticos permiten conocer el pH interno de los órganos mediante unos sencillos test musculares de Kinesiología que se basan en el principio de respuesta muscular inteligente descubierto por el Dr. George Goodheart en los años sesenta. Goiz utilizaría entonces durante años la técnica hasta acabar descubriendo que cuando en una parte del cuerpo hay acumulación de ácido aparece en otra parte del mismo una zona muy alcalina. Es decir, que -de forma similar a lo que pasa en una pila- en el organismo enfermo o desequilibrado hay «pares biomagnéticos», zonas relacionadas entre sí con polaridades distintas. Ello le permitiría con los años llegar a la constatación práctica de la existencia de más de 200 “pares biomagnéticos” que, por cierto, no tienen nada que ver con los nadis y meridianos energéticos de la Medicina Tradicional China.

Asimismo descubriría que cada par se asocia a una patología y, a la vez, a determinados microorganismos. Verificando luego que en el polo “positivo” -de entorno ácido- se acumulan los virus y los hongos mientras en el polo negativo -de entorno alcalino- se concentran las bacterias y parásitos. Y que en cada patología están presentes los mismos microorganismos patógenos conformando siempre el mismo par. En suma, que cada enfermedad tiene su correspondiente par y éste unos microbios asociados.

El último paso que dió Goiz fue aprender cómo afrontar las enfermedades sabiendo todo eso y descubrió que podía hacerlo aplicando en los “polos” de cada par unos imanes de potencia superior a 1.000 gauss. Basta situar el polo positivo del imán en un par y el polo negativo en el otro para crear una corriente magnética que «empujaría» las cargas positivas contra las negativas reequilibrándolos y acabando de paso con los microorganismos relacionados con la patología correspondiente a ese par.

Obviamente si una persona padece varias patologías los imanes deberán colocarse en cada uno de los pares detectados siendo suficientes de veinte a treinta minutos por sesión. Y si bien muchas veces basta con una sesión otras requieren tres o cuatro. Claro que aunque todo parece muy simple lo cierto es que hay que saber dónde se halla cada par, cuál es el polo positivo y cuál el negativo en cada uno de ellos y qué microorganismos hay relacionados con cada patología.

OTRAS POSIBLES EXPLICACIONES

Debemos agregar que posteriormente algunos discípulos de Goiz -que no dudan ni de la eficacia diagnóstica ni de la eficacia terapéutica de la disciplina- plantearían otras potenciales explicaciones para la existencia de los pares biomagnéticos. Es el caso de uno de los primeros discípulos de Goiz en España, Juan Carlos Albendea, según el cual «sabemos que la terapia funciona pero a mi juicio aún no está claro por qué así que estamos abiertos a toda posible hipótesis. Es evidente que al colocar los imanes magnetizamos el hierro de la hemoglobina de esa zona aumentando la cantidad de oxígeno a nivel celular. Por otra parte, todo microorganismo tiene –como el ser humano mismo- sus propios ejes electromagnéticos y de aquí que cada uno tenga un nivel propio de vibración; ahí están, entre otros, los estudios de Royal Raymond Rife y de Hulda Clark. Pues bien, cuando imponemos un campo magnético por medio de imanes en una zona tisular es posible que lo que provoquemos sea una reorientación del plasma o nube electrónica que recubre a todo ser vivo –microorganismos incluidos- eliminando así su defensa electromagnética permitiendo ello que se reequilibre la zona y que los diferentes agentes del sistema inmune puedan eliminarlos al haberse quedado los patógenos indefensos».

Tal es su hipótesis que basa -entre otras cosas- en los trabajos sobre el comportamiento de las bacterias en presencia de magnetita. «En 1975 -nos diría- el microbiólogo Richard Blakemore descubrió de forma casual en los sedimentos pantanosos unas bacterias que al ser colocadas sobre una platina bajo el microscopio se desplazaban hacia el extremo de la gota. Inicialmente pensó que se movían en dirección a la luz pero luego comprobó que pasaba lo mismo en ausencia de estímulo luminoso. Finalmente comprobaría que las bacterias se movían paralelamente a las líneas del campo magnético; es decir, que su desplazamiento era sensible a la presencia de un campo magnético y de ahí que decidiera llamarlas magnetotácticas y al fenómeno magnetotaxis. En suma, demostró que las bacterias nadaban siempre a lo largo de las líneas del campo magnético. Quiso comprobar luego si existía entonces material ferromagnético en ellas y las sometió a un campo magnético de 0,1 teslas haciendo que las bacterias buscaran el Sur en lugar del Norte infiriendo así que el campo magnético había invertido la polaridad interior. Posteriores análisis con microscopía electrónica y otras técnicas constatarían que en el citoplasma de esas bacterias hay cristales de magnetita llamándose desde entonces magnetosoma a esa parte. Con el tiempo se descubriría que esas estructuras se hallan también en palomas, abejas, peces, pájaros y algunos primates y que los magnetosomas -formados por oxido férrico- se encuentran ubicados en los senos etmoidales, la glándula pineal y las suprarrenales así como en la masa cerebral. Bien, pues en un experimento in vitro realizado en el Laboratorio de Jóvenes por la Investigación del Centro Universitario México A.C. se impactó con imanes a varios estafilococos aureus y a bacterias del género Vibrio cholerae colocados en una placa de Petri y éstos seguían después vivos y conservando su capacidad reproductiva; incluso aunque el pH se llevase a un estado de neutralidad cercano al 7. La pregunta era obvia: ¿por qué? ¿Qué hace que los microbios patógenos no mueran si se les coloca unos imanes estando en una placa de Petri? Quizás se deba a que fuera del cuerpo no hay nada que se encargue de eliminarlos».

Y es que a juicio de Albendea lo que los imanes harían es «alterar el campo electromagnético que envuelve y protege a los microorganismos patógenos siendo eso lo que permite luego a las defensas del sistema inmune destruirlos».

Hasta aquí lo que nuestros lectores habituales ya saben porque lo hemos explicado en números anteriores. Centrémonos pues ahora en la tesis doctoral del doctor Enrique de Juan pero no sin destacar antes que quien se la dirigió es uno de los mayores expertos del mundo en Electromagnetismo.

Nos referimos al médico y doctor en Ciencias Biológicas Jose Luis Bardasano, Presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud, excatedrático de Anatomía Patológica en la madrileña Universidad de Alcalá de Henares, exdirector del Departamento de Especialidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares, expresidente del Instituto de Bioelectromagnetismo Alonso Santa Cruz, exvicepresidente de la Sociedad de Investigación y Terapéutica por Electromagnetismo (SITEM), exvicepresidente de la Asociación Española de Bioelectromagnetismo y Glándula Pineal (AEDP), socio Fundador de la Asociación Española de Histología, miembro del Comité Asesor Internacional para el Estudio de los Efectos Biológicos de los Campos Electromagnéticos y exasesor de la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados. Cabe añadir que posee la Cruz Oficial al Mérito de Francia y el Premio Schwarz Pharma, es autor de 15 libros y coautor de otros 30 -entre los que destaca el de Bioelectromagnetismo: ciencia y salud– y es asimismo miembro del Consejo Asesor de nuestra revista desde su creación.

UNA TESIS DOCTORAL QUE ARROJA LUZ

Agregaremos que si bien la tesis doctoral de la que ahora nos hacemos eco fue aprobada en 2015 no nos hemos hecho eco de ella antes dada la vergonzosa campaña de acoso contra las pseudoterapias encabezada por la actual directiva de la Organización Médica Colegial (OMC) y que entre las que pretende demonizar se encuentra precisamente esta nueva disciplina terapéutica. Nuestra primera pregunta al doctor De Juan fue pues sobre ello:

-Sorprende que se animara usted a hacer nada menos que una tesis doctoral sobre una disciplina tan poco conocida y considerada por muchos colegas suyos una terapia «no fundamentada científicamente»…

-No entiendo la campaña contra las medicinas alternativas, máxime cuando muchas de las que se critican las avala la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). Ni entiendo que se alegue que con ellas se hace daño a los pacientes cuando la inmensa mayoría son inocuas. Además, para perseguir a quienes en el ámbito de la salud cometen actos ilegales y peligrosos ya están los jueces y los delitos tipificados en el Código Penal. Y la verdad es que llama mucho la atención que los medios de comunicación informen tan mal sobre todo esto; en ese sentido su revista es un faro de luz ante tanta penumbra.

-Gracias. Hablemos directamente ya de la terapia del Par Biomagnético si le parece. Sabemos que usted se formó en ella, la utiliza desde hace años en su consulta y precisamente porque constató en numerosos pacientes su eficacia es por lo que decidió hacer una tesis doctoral sobre ella. ¿Cuándo y dónde la presentó?

-En la Universidad de Alcalá de Henares en mayo de 2015. Me la dirigió el profesor Jose Luis Bardasano, uno de los científicos más reconocidos del mundo en Bioelectromagnetismo que al saber que hay cientos de médicos de muchos países utilizándola quiso saber si podía valorarse con rigor académico su eficacia. El trabajo tuvo pues como objetivo académico valorarla, no validarla; si el resultado hubiera sido otro el trabajo, desde el punto de visto clínico, sería igualmente válido.

Sabemos que sobre Magnetoterapia hay mucho escrito pero no sobre «pares magnéticos».

-Es verdad. Y el más conocido probablemente sea el médico alemán Franz Anton Mesmer porque fue quien descubrió lo que llamó «magnetismo animal» siendo sus ideas y prácticas lo que llevaron a James Braid a desarrollar la hipnosis en 1842. El caso es que Mesmer publicó en 1766 una tesis cuyo título en latín fue De planetarum influxu in corpus humanum en el que estudió la influencia de la luna y los planetas sobre el cuerpo humano y su incidencia en algunas enfermedades.

En todo caso el Par Biomagnético desarrollado por Isaac Goiz se aplica a la Medicina y tiene como fundamento detectar, clasificar, medir y corregir las alteraciones funcionales del pH de los órganos vivos; algo que se le ocurrió por cierto tras asistir a un curso de biomagnetismo impartido por el Dr. Richard Broeringhmeyer.

-Hay médicos que no la consideran una terapia fiable al utilizar como método de diagnóstico la Kinesiología, técnica que no se enseña en las facultades de Medicina.

-Cierto, pero la Kinesiología es una disciplina bien fundamentada y ampliamente utilizada desde hace décadas que, entre otras muchas cosas, permite testar la existencia de disfunciones músculo-esqueléticas para intentar luego compensar las tensiones mecánicas patógenas. En todo caso a mí me interesa sobre todo como método de diagnóstico inocuo y rápido ya que es excelente para testar, de hecho se usa actualmente a menudo para detectar a qué alimentos, medicamentos o suplementos es intolerante o alérgico una persona así como para saber cuáles le sientan bien. Y lo mismo cabe decir en los casos de infecciones ya que permite detectar qué microorganismos patógenos son los responsables.

-Vayamos pues a las conclusiones.de su trabajo. ¿Cuáles han sido?

-La primera y más importante que es un método de diagnóstico y tratamiento que tiene efecto regulador sobre la excitabilidad neuromuscular, la segunda que puede hablarse de la existencia en el organismo de un nuevo signo de excitabilidad neuromuscular -el Reflejo Magneto-podal-, la tercera que es una técnica de bajo coste y gran eficacia clínica que debería considerarse de interés sanitario y la cuarta que el uso de la excitabilidad neuromuscular permite conocer el estado del sistema nervioso vegetativo del paciente con todo lo que eso implica a nivel médico.

-¿Qué quiere usted decir con excitabilidad neuromuscular?

-Todo estímulo químico, eléctrico o físico incide en el tejido neuromuscular al modificar su potencial de membrana en reposo transformándolo en un potencial de acción. Fue Duchenne de Boulogne quien constataría que la excitabilidad de algunos músculos indica degeneración nerviosa y Du Bois Reymond quien explicó que la excitación muscular y nerviosa se produce por variaciones en las corrientes eléctricas de los músculos llegando a medir las corrientes asociadas a los distintos impulsos musculares.

Posteriormente numerosos investigadores completarían esos estudios: Fick (1864-1943). Erb (1867-1931), Engelman (1843-1909), Hoorweg (1866-1952) y, sobre todo, Louis Lapicque (1866 1952), neurólogo que a principios del pasado siglo XX demostró que el momento de excitabilidad muscular es independiente del tiempo estableciendo las bases jerárquicas del sistema nervioso central en las que en buena medida se basa la Neurociencia actual. Algo para lo cual estableció los conceptos de cronaxia y reobase así como las propiedades matemáticas de las neuronas. Muchos lo consideran de hecho el padre de la inteligencia artificial.

Algo más tarde un contemporáneo suyo también francés llamado Henrit Laborit -descubridor por cierto del primer fármaco neuroléptico del mundo y autor de varios libros demostrativos de cómo el estrés y las situaciones emocionales influyen en el organismo- ampliaría sus trabajos introduciendo el uso de la cronaxia y la reobase en Medicina. Serían en todo caso J. Delons y R. Guiot quienes estudiarían a fondo la curva de las enfermedades -la dieron a conocer en su obra Mesure de l’excitabilité neuromusculaire (Medición de la excitabilidad neuromuscular)- que permite saber con anticipación por ejemplo si un fármaco va a tener o no efectos secundarios -valorando el estado del terreno celular- y si tiende a la simpaticotonía o a la parasimpaticotonía.

-¿Puede explicarlo mejor?

-Le pongo un ejemplo: hay personas que tras ingerir una aspirina o ácido acetilsalicílico sufren una hemorragia intestinal; pues bien, eso solo se produce en pacientes en estado catabólico hiperexcitable. Y eso es algo que se mide con el reotomo, medidor de la cronaxia.

-¿Quiere decir que si se valorase de esa manera a los enfermos podría saberse antes de que ingiera un medicamento si éste va a hacerle o no daño?

-Efectivamente.

-Continúe por favor.

-El caso es que gracias a todas las personas que he citado -y a otras muchas- hoy sabemos que la excitabilidad neuromuscular depende de la adaptación metabólica que tenga el músculo con su entorno. Pues bien, Goiz afirma que cuando los tejidos y órganos no tienen su nivel energético normal pierden el equilibrio -lo que denomina Nivel Energético Neutro (NEN)- y se modifica en ellos el pH al perderse numerosos transportadores de membrana por fallo de la bomba de protones. Y como bien se sabe mantener un equilibrio dinámico entre el pH intracelular y el pH extracelular es fundamental para el equilibrio de la vida y la célula funcione correctamente. Algo que estudió muy bien por cierto el conocido cardiólogo mexicano ya fallecido Demetrio Sodi Pallarés cuyos trabajos, principios y postulados puede seguir de cerca gracias a la buena relación que mantengo con su discípulo más cercano, el ingeniero químico Alvaro Guzmán.

El caso es que según Goiz los microorganismos no viven aislados, se comunican entre sí y están en biorresonancia de forma simbiótica con el resto del cuerpo. Por otra parte, la energía la obtiene el organismo a través de las mitocondrias celulares -de origen bacteriano, no se olvide- en varias fases. En la primera los electrones de alta energía son transferidos a la membrana mitocondrial y liberan energía que utilizan para bombear hidrogeniones al interior celular generando un gradiente electroquímico de protones.

En la segunda, gracias a la fuerza creada por el gradiente, la ATP sintetasa produce ATP (adenosín trifosfato) a través de ADP (adenosín difosfato) y P (fosfato) con lo que las células eucariotas acoplan el flujo de gradiente de hidrogeniones al transportar determinados metabolitos. En las bacterias el ATP es utilizado para generar el gradiente y para procesos de transporte donde existe un flagelo que lleva a cabo su rotación permitiendo el movimiento de la bacteria gracias a la bomba de hidrogeniones. Ésta rotación del flagelo es sensible a las modificaciones del pH y por eso éste cambia en las bacterias su orientación.

 -Tenemos entendido que para probar la eficacia del Par Biomagnético ustedes han comprobado con dispositivos que la colocación de unos imanes en el cuerpo incide realmente en tejidos y órganos…

-Así es. Usando imanes de 0,1 teslas forrados y con la misma orientación de campo geomagnético y testando 1 de los más de 200 pares hoy conocidos. Para ello valoramos a 55 personas sanas de entre 25 y 65 años -tanto hombres como mujeres y en proporción similar- que no tomaban medicación de las que 25 se incluyeron en el grupo de control. E hicimos todas las mediciones en la misma ciudad -Madrid-, entre las 10.00 y 13:00 horas -para evitar la alteración del ciclo del cortisol-, en condiciones espacio-temporales similares, a la misma temperatura y ambiente y en calma magnética, algo que se valoró con un calibrador de ambiente magnético de protones.

Y testamos la eficacia de los pares biomagnéticos con un dispositivo Reotomo RH32 fabricado en Francia que consta de dos electrodos, un potenciómetro, una pantalla y una impresora (véase la imagen). Ello nos permitió valorar la excitabilidad de sus sistemas nerviosos.

-¿Puede explicarlo más detalladamente?

-Como supongo usted sabe el sistema nervioso vegetativo está constituido por los sistemas simpático y parasimpático y como inervan las mismas vísceras se entiende que sus funciones son antagónicas. De hecho se asume que el aumento de tono de uno de ellos acarrea trastornos funcionales al perturbar el equilibrio nervioso visceral. El caso es que el sistema simpático tiende a excitar y el parasimpático a relajar; y hoy puede saberse qué sistema predomina en un momento dado. Es más, como el sistema vegetativo responde a estímulos externos es posible saber si se está en simpaticotonía o parasimpaticotonía, algo que depende del estado de excitabilidad neuromuscular.

Bueno, pues hoy sabemos que el predominio de uno de ellos puede provocar trastornos funcionales; de hecho por eso la exploración del sistema nervioso se utiliza para saber rápidamente por ejemplo qué daños hay tras un accidente agudo.

-Entiendo; continúe por favor.

-El sistema nervioso se encarga de acortar o elongar los músculos de forma refleja, automática; son movimientos coordinados complejos que ponen en acción grupos musculares sinérgicos aunque estén anatómicamente distantes. Y puede saberse su estado realizando una exploración eléctrica de los nervios motores y los músculos. No es complicado. Hoy se utilizan corrientes galvánicas para conocer el estado funcional de las lesiones encefálicas; la excitación galvánica determina una contracción en el momento del cierre y otra en el momento de la apertura que es más intensa en el polo negativo que en el positivo.

Pues bien, todo imán estático de suficiente potencia genera al entrar en contacto con el cuerpo una corriente que da lugar a una excitación que sí es intensa hace acortarse la pierna derecha. A ese hecho es a lo que Goiz llama Reflejo Simpático Magneto-podal.

ENSAYO AVALADO POR TRABAJOS ANTERIORES 

-Podemos sabe qué voluntarios participaron en la investigación?

-Dieron su libre consentimiento para el uso de la información y se los podría presentar pero no pueden citarse sus nombres porque les garantizamos la privacidad. El trabajo se ha realizado acorde a los criterios éticos y respetando la Declaración de Helsinki.

-¿Constataron la incidencia de los imanes en el organismo en todas las pruebas? Porque antes dijo que testaron un par magnético…

-Sí. Medimos los niveles antes y después y en todos los casos se demostró la incidencia de los imanes en la excitabilidad neuromuscular; los datos fueron estadísticamente significativos. Ahora bien, la complejidad del método del Par Biomagnético nos hizo limitar el estudio a un solo par: el occipital- lumbar. Obviamente hemos continuado luego las investigaciones con otros pares y los resultados son prometedores

-¿Y cómo interpretan ustedes los resultados?

-Las curvas de excitabilidad registradas constatan que la aplicación de imanes estáticos en los pares magnéticos tiene una clara repercusión biológica: las células se vuelven más excitables con menor intensidad de estímulo tendiendo a la parasimpaticotonía y recuperan antes su potencial de membrana. Esto indica que la aplicación de campos magnéticos estáticos incide sobre el metabolismo celular optimizando sus recursos energéticos. Para la misma acción se requiere menos energía porque la célula ha mejorado su rendimiento; por eso el primer efecto que se siente después de una terapia con el Par Biomagnético es una disminución significativa del cansancio así como una mejoría del sueño que se vuelve más reparador. Lo cual incide directamente sobre el estado vegetativo del paciente.

-¿Puede entonces inferirse que los campos magnéticos estáticos modifican el estado de las propiedades diamagnéticas del cuerpo?

-Sí. Y de hecho existen referencias en la literatura que así lo apoyan; las cito en mi tesis doctoral. Le pongo algunos ejemplos: según Juraj Gmitrov la sensibilidad barométrica de las arterias aumenta en presencia de campos magnéticos estáticos estimulando los barorreceptores carotideos, Miyakoshi Iwasaka constató por su parte que bajo un fuerte campo magnético se modifican las propiedades diamagnéticas de las células afectando a la morfología de los músculos lisos y S. Ichioka, M. Iwasaka, M. Shibata, K. Harii, A. Kamiya y S. Ueno que los imanes estáticos parecen modificar la microcirculación así como la tasa de creatinina lo que se detecta tanto en la orina como en la sangre. Y no son, insisto, más que meros ejemplos.

Hay ya numerosos trabajos que demuestran que los imanes estáticos pueden influir en los fluidos corporales, en la membrana celular, en las proteínas plasmáticas y en las concentraciones de hierro y zinc, que modifican la orientación de los cristales de ácido úrico a temperatura ambiente, que al influir en la despolarización de la membrana celular reducen el calcio intracelular, alteran los nucleótidos en los ganglios y aumentan el volumen de cuerpos celulares, que afectan a la difusión de las partículas biológicas en soluciones a través de la fuerza de Lorentz y estrés de Maxwell, que afectan a la bomba sodio/potasio, que pueden bloquear el potencial de acción en los ganglios de la raíz dorsal, que afectan a la disposición de los fosfolípidos de membrana…. La lista de acciones es extensa.

-¿Y hay trabajos que demuestren específicamente que los campos magnéticos afectan a las bacterias?

-Por supuesto: muchos. Se ha comprobado que pueden acelerar o inhibir su crecimiento, dañar sus membranas y eliminarlas. En muy distintos tipos de bacterias. Claro que también afectan a la microcirculación del organismo, al crecimiento de las células-madre, a la formación de condrocitos e incluso al ADN. Los campos magnéticos pueden incluso proteger de la apoptosis inducida químicamente.

En fin, hay numerosos trabajos publicados en revistas científicas sobre todo esto. Unas veces positivas, otras negativas.

Uno de ellos constató por ejemplo que los campos magnéticos ayudan a la proliferación osteoblástica de las células madre derivadas de la médula ósea humana. Y otro que aumentan el potencial de diferenciación de algunas líneas celulares mediante la activación intracelular de la vía MAPK y la concentración de Ca 2+. Hasta se ha comprobado que los campos magnéticos de moderada resistencia magnética estática inciden en la diferenciación condrogénica de células derivadas de la médula ósea del estroma, hallazgo de aplicaciones potencialmente importantes en la ingeniería de tejidos cartilaginosos.

-¿Sabe si hay otros investigadores trabajando sobre los efectos de los imanes estáticos en la salud?

-Me consta que hay grupos de estudios en diferentes universidades estudiando la aplicación de campos magnéticos estáticos para mejorar la funcionalidad cerebral y revertir el dolor crónico así como la espasticidad.

-Permítame una última pregunta: ¿cree que la terapia del Par Biomagnético terminará siendo aceptada por sus colegas?

-Las posibilidades terapéuticas de los campos magnéticos estáticos son un mundo por descubrir. Y teniendo en cuenta que se trata de una terapia con un coste ínfimo deberían hacerse más investigaciones; como mínimo ayudaría a mejorar la calidad de vida de muchos pacientes. Creo sinceramente que Isaac Goiz creó una técnica revolucionaria y ahora nos toca a nosotros proseguir sus estudios y ampliar su propuesta explicándola con rigor científico. Mi tesis doctoral solo es una pequeña parte ya que solo ha estudiado cómo afectan los imanes a la excitabilidad pero hay que medir otros efectos. Espero y confío pues que en un futuro próximo otros investigadores ayuden a dar soporte a esta técnica. Es solo cuestión de voluntad.

Jose Antonio Campoy

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