Mario Arnaldo: “5.700 fármacos afectan a la conducción y anulan los seguros al igual que el alcohol y las drogas”

Hace ahora 20 años nuestra revista dedicó un extenso reportaje a la manifiesta inseguridad de los coches de entonces publicando un amplio informe elaborado por el presidente de Automovilistas Europeos Asociados, Mario Arnaldo. Pues bien, hemos vuelto a hablar con él porque si bien los fabricantes han rectificado claramente hay otros problemas que no se afrontan y uno de ellos es el hecho de que si se aplicara la ley muchos conductores de más de 50 años no podrían conducir al estar polimedicados; grave asunto para la seguridad de las personas y la economía de los afectados porque las compañías pueden reclamar a los asegurados la indemnización que deban abonar a los afectados en los accidentes causados bajo los efectos del alcohol y las drogas ¡y éstas incluyen muchos medicamentos de uso común!

MARIO ARNALDO

La Directiva 2006/126 de la Unión Europea de 20 de diciembre de 2006 -recogida en el apartado 11 del Reglamento General de Conductores de la Dirección General de Tráfico- dice claramente que no puede expedirse ni renovarse el permiso de conducir “a ningún candidato o conductor que consuma habitualmente sustancias psicótropas, sea cual sea la forma en que puedan comprometer su aptitud para conducir sin peligro si la cantidad absorbida influye de manera negativa en la conducción. Y lo mismo cabe decir de cualquier medicamento o combinación de medicamentos que influya en la capacidad para conducir”.

En pocas palabras, nadie bajo tratamiento farmacológico puede conducir si el mismo afecta a la conducción pero la inmensa mayoría de quienes consumen los fármacos prohibidos lo hace.

Y hablamos de un asunto realmente grave porque según la memoria de 2018 del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses titulado Víctimas mortales en accidentes de tráfico el 43’4% de los 535 conductores que fallecieron el año pasado dieron positivo a alcohol, drogas y/o psicofármacos; un 61’2% a bebidas alcohólicas, un 44% a drogas y un 25% a algún psicofármaco lo que indica que algunos dieron positivo a más de una de esas sustancias.

Del alcohol y las drogas no farmacológicas hay suficiente información y la ciudadanía sabe en general a qué atenerse pero poca gente sabe que según el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos el 5% de los accidentes de tráfico que se producen en España están relacionados con el consumo de medicamentos y en nuestro país está hoy en tratamiento farmacológico el 17,3% de los conductores de los que más de una cuarta parte -el 26,4%- consume medicamentos en cuyos prospectos se dice claramente que pueden afectar a la capacidad de la conducción. Y lo llamativo es que según ese informe el 76,5% afirma no haber sido advertido de ello por sus médicos cuando se los recetaron.

Tales son las cifras oficiales solo que asimismo se sabe que hoy se automedica además entre el 25% y el 30% de la población… que tampoco conoce los riesgos que corre por ello. Los riesgos para él, para los afectados y para su economía porque en estos casos el seguro no cubre ni el daño del coche cuyo conductor afectado por el consumo de alcohol o fármacos haya provocado el accidente, ni los gastos de los médicos que su conducta haya provocado en terceros ni, por supuesto, los daños propios o los posibles desperfectos de la vía o el entorno.

Y según el proyecto europeo DRUID (Driving under the Influence of Drugs, Alcohol and Medicines) llevado a cabo por la European Monitoring Centre for Frugas and Drug Addiction y cofinanciado por la Comisión Europea -en el que España participó activamente- el 16,96% de los conductores analizados dio positivo a alguna sustancia psicoactiva: un 6,6% a bebidas alcohólicas, un 10,94% a drogas y un 1,98% a fármacos.

En cuanto a los medicamentos debemos decir que están clasificados por su influencia en la capacidad de conducir y hay 4 categorías que van de la «0» -en ella se incluyen los que no afectan al conductor- a la «3» -en la que están los que influyen de forma importante-. Así lo recoge el Documento de Consenso sobre Medicamentos y Conducción en España: información a la población general y papel de los profesionales sanitarios promovido por la Dirección General de Tráfico del Ministerio del Interior en mayo 2016.

¿Y cuáles son los fármacos peligrosos de la categoría 3? Pues los antipsicóticos, analgésicos opiáceos, antiepilépticos, benzodiacepinas, ansiolíticos, hipnóticos, sedantes, antidepresivos y antihistamínicos de primera generación. Claro que también afectan -aunque sea en menor grado- varios fármacos para los catarros, la gripe, los vértigos, las migrañas, los relajantes musculares, las afecciones oculares y algunos antineoplásicos e inmunomoduladores (vea el recuadro adjunto).

Por lo que se refiere a sus posibles efectos adversos son estos:

-Somnolencia o efecto sedante (se calcula que un 20% de los accidentes de circulación acaecen porque las personas se duermen al volante).

-Reducción de los reflejos al aumentar el tiempo de reacción.

-Alteración de la percepción de las distancias.

-Alteraciones oftalmológicas o de la audición.

-Estado de confusión y/o aturdimiento.

-Alteraciones musculares de carácter agudo (espasmos, calambres, incoordinación motora, etc.).

-Dificultad de concentración.

-Falta de coordinación.

-Hiperactividad e hiperreactividad.

-Desvanecimiento.

Cabe agregar que entre las medidas destinadas a informar de la influencia de los medicamentos en la conducción se encuentra el Real Decreto 1345/2007 que regula el procedimiento de autorización, registro y condiciones de dispensación de los medicamentos de uso humano y en él se establece que los que puedan reducir la capacidad para conducir o manejar maquinaria deben llevar en su etiquetado un pictograma específico: un triángulo equilátero rojo con el vértice hacia arriba y un coche negro en el interior sobre fondo blanco. Incluyendo en él el lema Conducción: ver prospecto.

¿Y qué fármacos deben llevarlo? Pues eso lo valora la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios que ha decidido incluirlo nada menos que ¡en 5.700! Eso sí, no sirve para prohibir conducir a quienes los toman, solo se les invita a leer los efectos negativos que pueden padecer si lo hacen. Así se exime a los fabricantes de cualquier responsabilidad legal.

Peliaguda decisión pues para quienes los consumen esporádicamente que se agrava en el caso de gran parte de los conductores de más de 65 años ya que muchos están polimedicados y el documento de consenso antes citado especifica claramente que “cuanto mayor sea el número de medicamentos que se consuman a la vez mayor es la probabilidad de experimentar efectos adversos y/o interacciones”.

Y entiéndase bien algo: no hay diferencia alguna entre «fármaco» y «droga». A afectos legales es lo mismo que usted conduzca bajo los efectos de la cocaína o la heroína que de un ansiolítico o un antidepresivo; algo que en los países anglosajones se entiende bien porque en ellos a los fármacos se les llama “drugs” (drogas). De hecho la agencia que en Estados Unidos se ocupa tanto de la seguridad de los alimentos como de la de los fármacos -así como de los aparatos médicos (humanos y animales), los productos biológicos y los derivados sanguíneos- es la Food and Drug Administration (FDA), es decir, la Administración de Alimentos y Drogas.

FALTA DE INFORMACIÓN

Pues bien, para profundizar en tan complejo problema hemos hablado con Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados (AEA), entidad sin ánimo de lucro independiente de las administraciones públicas y 27 años de existencia que se dedica a la protección de los derechos económicos y sociales de sus asociados en todo lo relacionado con el automóvil. Se trata de una asociación de prestigio muy conocida por sus campañas y pronunciamientos sobre todo tipo de problemas relacionados con la circulación que la ciudadanía conoce bien por casos como su denuncia de los radares más voraces, sus informes sobre las carreteras más peligrosas de España, el caos originado por la creación de Madrid Central, el asunto de los afectados por el caso Volkswagen o, más recientemente, su posicionamiento sobre la utilización de drones para poner multas. Y esta es la amplia entrevista que mantuvimos con él en la redacción que en breve se subirá a nuestra web para poder ser visualizada en Discovery DSALUD Televisión.

-Si le parece vayamos directamente al grano: ¿somos los conductores realmente conscientes de los peligros que tiene conducir bajo los efectos de los medicamentos?

-Creo que no. En España no existe ninguna sensibilidad respecto al problema que supone conducir habiendo tomado cualquier tipo de sustancia que altere nuestra percepción, nuestras condiciones psicofísicas. Claro que cuando se habla de conducción y drogas uno asocia el problema a las drogas ilegales y al alcohol pero es cierto que también muchos medicamentos provocan alteraciones en la conducción.

-En cuanto al tráfico y desde un punto de vista legal no existe distinción alguna entre drogas legales e ilegales luego está contraindicada la conducción bajo los efectos del alcohol y de la cocaína pero también de los ansiolíticos, los antidepresivos, los estimulantes, los antihistamínicos o los relajantes musculares -entre otros-, fármacos cuya venta y consumo son habituales entre la población a pesar de que pueden igualmente provocar un accidente, con o sin heridos y fallecidos. ¿Cuál es la responsabilidad legal de quien conduciendo bajo los efectos de un medicamento provoca un accidente?

-Exactamente la misma que si conduce bajo los efectos de las drogas. El código penal establece como delito conducir bajo la influencia del alcohol y de «sustancias estupefacientes». Y muchas veces se olvida que los componentes de algunos medicamentos -como los que ha citado- son derivados de los opiáceos. Es decir, desde el punto de vista legal no hay diferencia alguna aunque pueda haberla desde el punto de vista de percepción por parte del usuario. El problema es que pensamos que consumir un fármaco recetado por un médico no va a tener incidencia en la conducción pero sin duda la tiene. Los fármacos que afectan a la conducción anulan los seguros al igual que el alcohol y las drogas.

-¿Hay muchas personas en las cárceles por haber provocado accidentes tras consumir medicamentos?

-Por delitos de seguridad vial hay en estos momentos en España una población reclusa de unas 1.500 personas que, mayoritariamente, condujeron y provocaron graves daños bajo los efectos del alcohol. Sin embargo desde un punto de vista penal son muy pocas las condenas que se sustentan en el consumo de las drogas legales o medicamentos. La razón es que mientras para el alcohol está perfectamente tasada la cantidad que uno no puede superar si no quiere ser sancionado o cometer un delito en el caso de las drogas o medicamentos no hay determinada tasa alguna. Las drogas producen efectos de distinto tipo, hay diversas sustancias -unas depresoras, otras activadoras- y el comportamiento que provocan en el conductor puede ser diferente. Y sin una medida estándar para la prohibición es muy difícil sustentar una condena penal basada en probar que alguien estaba bajo los efectos de un medicamento en el momento de un accidente.

Hace muy poco el Fiscal Especial de Seguridad Vial, Bartolomé Vargas, pidió que un grupo de expertos mejorase el tipo de pruebas para conseguir mayor precisión científica en las analíticas cuantificando la cantidad de droga indicadora de influencia sobre la conducción. El fin es conseguir que pueda haber más condenas penales para quienes conduzcan bajo los efectos de las drogas legales pero, desde luego, hoy por hoy el problema está en determinar la tasa, en cuantificar a partir de qué cantidad y qué tipo de sustancia puede quedar afectada la conducción.

-¿Deberían exigirse análisis clínicos que permitan detectar el consumo de medicamentos -además del de las drogas ilegales- en los reconocimientos médicos obligatorios para obtener o renovar el permiso de conducir?

-Creemos que sí. No solo para detectar el consumo de medicamentos sino también el de enfermedades incompatibles con la conducción. No podemos pretender que a través del sistema de reconocimiento médico actual, que es un sistema de mínimos, puedan detectarse todas las enfermedades. Por tanto deberíamos incorporar analíticas -tanto de sangre como de orina- a las pruebas que hay actualmente: revisión de vista y oídos, presión arterial y percepción psicomotora. Debemos poder llegar a detectar enfermedades y los fármacos que conllevan que, muchas veces, sin esas analíticas sería imposible detectar. Copiando el modelo del sistema de reconocimiento médico de los pilotos de aeronaves, obligados a realizarse analíticas periódicas.

-¿Debería obligarse a los médicos a notificar a las autoridades de tráfico la detección de enfermedades incompatibles con la conducción?

-Entendemos que sí. De la misma manera que un facultativo tiene la obligación de informar a las autoridades sanitarias cuando se encuentra ante una enfermedad que puede provocar una epidemia creemos que con el consumo de ciertos fármacos existe un riesgo de salud pública, de riesgo para la vida de las personas. El problema es que habría que modificar varias leyes en España para elaborar una Ley Orgánica que unificara los intereses que hay en juego. Por un lado, la Ley de Protección de Datos y el derecho a la intimidad de las personas que no quieren que esa información personal salga de su círculo; en segundo lugar está el secreto profesional de los médicos. Y finalmente también es necesario tener en cuenta la seguridad y la vida de las personas. En ese sentido nosotros sí creemos que la información del médico a las autoridades debería establecerse como obligatoria; no solo por la protección de la seguridad en general sino incluso por la seguridad de los propios pacientes. Un médico que ve que su paciente no está en condiciones de conducir debería tener la obligación de comunicarlo para protegerlo.

-El coche sin conductor podría aparentemente ser la solución pero hasta entonces, ¿no habría que ser bastante más restrictivos a la hora de renovar el carnet de conducir teniendo en cuenta el beneficio que supondría para la sociedad?

-Pero no solamente con las personas mayores: ¡con todos los conductores! Por eso nosotros proponemos que se hagan análisis más exhaustivos, analíticas de orina y de sangre, no solo a las personas mayores sino también a las jóvenes con problemas psicofísicos a fin de evitar que conduzcan bajo los efectos de drogas o medicación. 

DISPOSITIVOS DE BLOQUEO 

-Técnicamente no hay una lista de medicamentos que impidan ponerse al volante. ¿Podría decirnos qué tipo de medicamentos son los que a su juicio más influyen en la conducción?

-Los derivados de los opiáceos, aquellos que pueden alterar el sistema nervioso central. Desde antihistamínicos y antidepresivos a las pastillas que la gente toma habitualmente para dormir y pueden alterar la conducción. Debemos ser conscientes de que la conducción es una actividad arriesgada y es incompatible con la ingesta de cualquier sustancia, de forma temporal o permanente. Habría pues que elaborar una lista.

En el caso del alcohol es muy claro: si se supera en sangre la tasa de 0’25 gramos por litro entre los conductores normales y la de 0’15 en los noveles se está cometiendo una falta que incurre en sanción pero si se superan los 0’60 lo que se está cometiendo es un delito. Sin embargo tanto en el caso de las drogas ilegales como en la de los medicamentos no hay una lista que establezca clara y legalmente cuáles son peligrosos. Algunos medicamentos advierten de los peligros para la conducción pero no son claros en afirmar que no se puede conducir bajo sus efectos. Y tampoco los médicos están siendo demasiado sensibles a la hora de cuestionar a sus pacientes sobre el tema de la conducción.

¿Son los psicofármacos los que más afectan a la conducción?

-Afecta a la conducción cualquier sustancia que pueda alterar el sistema nervioso central pero también toda la que provoca somnolencia. Y además de fármacos hay sustancias naturales de venta en herbolarios y supermercados que pueden afectar a la conducción. En este sentido tampoco se ha incidido, no se ha investigado sobre las sustancias incompatibles con la conducción que pueden ser de acceso fácil, de acceso común en herbolarios y parafarmacias. Porque resulta paradójico que se condene a conductores por no haber dormido, no por haber ingerido nada sino simplemente por no haber descansado lo suficiente. Se considera que incurrían en conducción temeraria por ponerse así al volante. Pues bien, tal tesis debería extenderse, por ejemplo, a todas las sustancias que producen somnolencia.

-Por lo que respecta al estudio e influencia de los medicamentos, ¿apuestan ustedes por la vía preventiva o por la penal?

-La solución no está en resolver el problema por la vía sancionadora -por vía penal- sino por la educación y por la investigación. Es necesario saber realmente cómo afectan a la conducción determinados fármacos. En ese sentido la industria farmacéutica tiene que contribuir más para mejorar las condiciones de seguridad vial. Además no solo hablamos de la conducción -que es una actividad más de la vida- ya que hay otras actividades que pueden verse afectadas; como la de alguien que trabaje en una imprenta, subido en un andamio o descargando cajas. Es necesario sensibilizar más sobre la incidencia del consumo de los fármacos en cualquier actividad.

-En Automovilistas Europeos Asociados apuestan ustedes por la incorporación obligatoria de «dispositivos» que impidan la circulación de conductores que hayan ingerido cualquier tipo de sustancia psicoactiva en vehículos de nueva matriculación dentro de la UE. ¿En qué consistirían?

-Los coches cada vez son más inteligentes y cada vez más pueden detectar e, incluso, evitar accidentes. Detectan por ejemplo que un neumático tiene baja presión o que no llevas puesto el cinturón de seguridad pero aún pueden ir más allá e impedir, por ejemplo, que una persona que no lleve puesto el cinturón de seguridad arranque su vehículo.

También existen dispositivos capaces de medir las condiciones psicofísicas de los conductores. Sería cuestión de introducirlos como obligatorios porque no son novedosos. Se pueden introducir dispositivos que al igual que sucede en los controles de carretera permitan medir las condiciones psicofísicas del conductor de tal manera que, antes de arrancar, tenga que hacerse su propio test de alcohol y drogas. Y si el sistema detecta que ha superado los límites establecidos bloquee el arranque del vehículo. Eso es apostar por la prevención. En materia de seguridad vial el Código Penal es un fracaso porque actúa a posteriori.

-¿Quiere decir que tendríamos que soplar en un dispositivo instalado en el interior del coche para que éste se ponga en marcha? ¿O se refiere a poner a algo portátil como poner un poco de saliva en un test?

-Hay ya muchos coches que incluyen el aplicador en la propia llave del coche: uno chupa la llave, la introduce y el sistema detecta sí supera la tasa de alcohol o drogas.

-¿Chupando la llave?

-Sí. En materia de seguridad vial está casi todo inventado. Lo que hay que hacer es lograr que tales mecanismos sean obligatorios. De la misma manera que se incorporó como obligatorio el cinturón de seguridad habrá que establecer un mayor control para impedir que una persona que ha consumido algún tipo de sustancia incompatible con la conducción pueda hacerlo.

-¿Y quién vigila que no sea otra persona distinta al conductor la que chupa la llave?

-Existe actualmente un dispositivo para el alcohol que lleva funcionando desde hace tiempo en muchos países de Europa, no como elemento obligatorio sino como elemento sustitutivo de las condenas para conductores sancionados por conducir bajo los efectos del alcohol. Su inventor me decía que para evitar que alguien sustituya al conductor en el momento de arrancar el sistema, después de pasar un tiempo le informa de que tiene obligatoriamente que aparcar y repetir la prueba. Y no tendría sentido que para arrancar utilizara a otra persona porque entonces tendría que acompañarle durante todo el viaje. Además no creo que esa persona se arriesgue a ir con alguien que no está en condiciones psicofísicas.

MAYORES POLIMEDICADOS

-Es bastante común que las personas de edad avanzada a las que se niega la renovación del carnet de conducir entren en depresión porque pasan a considerarse inútiles, casi un «estorbo» para la familia. Sin embargo tienen en muchos casos mermadas sus facultades y además gran parte está polimedicada consumiendo habitualmente psicoactivos. Y sabemos que es un problema que le preocupa a usted personalmente…

-Sí, porque hablamos de mi primer caso como abogado. Desde el punto de vista profesional fue un éxito pero desde el punto de vista personal un fracaso. Se trató de un conductor de avanzada edad, de más de 80 años. Como entonces no existían aún los centros para la renovación del carnet el informe médico lo hacía el médico de cabecera. Esa persona fue personalmente a renovar su carnet de conducir y la funcionaria de tráfico le indicó que antes debía hacerse unas pruebas que concluyeron que tenía cataratas y le negaron la renovación del carnet. Estuvimos batallando jurídicamente un año y al final conseguimos demostrar que tenía cataratas pero eso no le impedía manejar el coche. Yo era consciente de que además tenía otras deficiencias que podían causarle problemas y lo hablé con su familia pero su hijo me comentó que su padre le había dicho más de una vez que si le quitaban el carnet se moría porque era su vida. En fin, conseguimos la renovación de su carnet de conducir un viernes y al lunes siguiente me llamaron de la Dirección General de Tráfico para informarme de que mi cliente había fallecido en accidente de tráfico.

Aquella experiencia me enseñó que es necesario trabajar más en el tema de la conducción de las personas mayores teniendo en cuenta además que cada vez habrá más conductores de edad en nuestras calles y carreteras.

-¿Y qué puede hacerse?

-Tendremos que tomar la decisión de o bien no renovar a esas personas sus permisos de conducir o bien adaptarnos: adaptar el entorno, adaptar la conducción. Lo que no podemos hacer es mantener una actitud hipócrita y cuando vemos un accidente en el que está implicada una persona de edad decir simplemente: “Habría que quitarles el carnet de conducir a todos”.

Para tomar esa decisión primero hay que garantizar su movilidad. Y la movilidad es una cuestión de costes. Una medida que el Parlamento español aprobó y se quedó sin cumplir fue revisar la señalización vertical de las carreteras ante la evidencia de que el censo de mayores estaba aumentando. ¿Cómo? Haciendo las placas más grandes; pero no había presupuesto para ello al final no se cumplió.

Podemos también adaptar la ergonomía del coche para hacerlo más práctico. Hay ya pruebas para diseñar modelos para personas de mayor edad que incorporan por ejemplo una armadura pero dificulta su visibilidad al girar en los cruces.

En fin, hay que garantizar la movilidad vial de esas personas; a fin de cuentas abre nuevas oportunidades de negocio y al igual que han aparecido empresas dedicadas al cuidado de los mayores pueden surgir otras dedicadas a su movilidad.

Según los datos en los últimos 10 años el censo de conductores mayores de 65 años ha aumentado un 50% y la tendencia parece imparable; y si a los efectos constatados del envejecimiento -disminución de la vista, la audición, los reflejos, etc.- añadimos los provocados por los medicamentos, ¿no estaremos dejando conducir a “elementos peligrosos”?

-Muchas veces sí y por eso hay que actuar en varios frentes. Hay que concienciar a las personas mayores de los riesgos a la hora de conducir pero también hay que darles soluciones mejorando el transporte público para garantizarles la movilidad. Y puede que ello sea «fácil» en los núcleos urbanos pero no en las áreas rurales.

Hay una interesante iniciativa en Estados Unidos destinada a las personas mayores que permite que, desde el punto de vista económico, sea factible que alguien se jubile como conductor sin pensar que es el final de su vida útil. Es un sistema de voluntariado que en algunos casos incluye las donaciones de sus coches a cambio de que las personas beneficiadas hagan de conductores suyos cuando lo necesiten. Hay asimismo centros comerciales e incluso congregaciones religiosas que recogen a sus clientes o feligreses para que puedan acudir a sus centros o congregaciones. Y evidentemente el coche autónomo del futuro resolverá también parte de los problemas.

La solución pasa pues por garantizar la movilidad de las personas mayores y no por impedirles simplemente conducir al cumplir años o porque les hayan prescrito un medicamento incompatible con la conducción. 

¡OJO A LOS SEGUROS! 

-¿Cuál es la postura de las compañías de seguros a la hora de hacerse cargo de los daños personales y materiales provocados por una persona -mayor o no- que por influencia de un medicamento provoca un accidente?

-La ley que regula el Seguro de Suscripción Obligatoria excluye de la cobertura de la póliza los accidentes causados por quienes conducen bajo el efecto de drogas y medicamentos. La víctima de un accidente provocado por un conductor influenciado por ellos está protegida, la compañía va a indemnizar a los afectados pero lo que la gente ignora es que luego esa indemnización se la va a reclamar al conductor que haya provocado el accidente. Y tengo que decir que en estos momentos son muchos los medicamentos que están consumiendo los automovilistas que dan positivo en la prueba del test salivar ya que muchos son derivados de opiáceos y la simple presencia de esas sustancias puede hacer que la compañía quiera cobrar al conductor las indemnizaciones.

Falta claridad al no explicar que a veces no hace falta consumir cocaína sino un simple fármaco para que el conductor pueda perder ciertas coberturas y solo podría exonerarlo de responsabilidad un certificado médico que acredite que el medicamento lo prescribió un facultativo y no afecta a la conducción.

-¿Y no deberían las compañías de seguros explicar esto más claramente a los asegurados, especialmente a las personas de más edad?

-Sin duda. Las compañías de seguros deberían ser las primeras interesadas en hacer pedagogía y educar sobre los riesgos que supone conducir automedicado y cuando por prescripción médica se consumen sustancias que pueden afectar a la conducción. Porque su negocio consiste en que no haya siniestros y las personas de mayor edad están teniendo ahora mayores tasas de siniestralidad.

-¿La gente en general tiene claro qué cubre la póliza de seguros en el caso de los conductores subsidiarios? Me refiero a los casos en los que, por ejemplo, los padres dejan el coche a sus hijos o a un familiar o amigo…

-En absoluto. Y es un problema grave porque la ley y las compañías de seguros excluyen los daños provocados por todos los conductores que conduzcan bajo la influencia del alcohol o las drogas. Lo más importante en cualquier caso es que la responsabilidad no solo afecta al conductor ebrio, drogado o que ha ingerido una medicación incompatible con la conducción sino que también afecta al propietario del vehículo. Un ejemplo muy común es el del padre que presta a su hijo el coche, éste se va de copas y después tiene un percance, atropella a una persona o causa un accidente. A la víctima le va a indemnizar la compañía pero esa indemnización, ese dinero, se lo van a reclamar después al conductor… ¡y al propietario del vehículo!

Le voy a contar un caso del que tenemos constancia: un joven se fue de copas y provocó un accidente con resultado de una tetraplejia y 600.000 euros de indemnización; pues bien, como el joven era insolvente el padre perdió su casa.

En esto sí deberían incidir más las compañías de seguros: en explicar que el coche no hay que prestárselo a nadie. Y si aún así se lo prestamos a algún allegado, familiar o amigo hay que advertirle de que su conducción sea con “tasa cero”. De todo: ni alcohol, ni drogas, ni tampoco medicamentos.

-Y si el conductor al que se presta el coche no ha consumido ni alcohol, ni fármacos, ni drogas y aun así tiene un accidente, ¿cubre el seguro los daños propios y los de la parte contraria?

-Es evidente que en materia de seguros hay que mejorar la información al usuario. En el caso que me plantea el seguro obligatorio cubre los daños que causemos a terceras personas. Eso es así independientemente de cualquier circunstancia del conductor. El seguro a terceros siempre cubre a las víctimas y habrá cobertura sanitaria e indemnización para las personas afectadas. Cuestión distinta es, como dije antes, si ha habido consumo de alcohol o drogas.

En suma, si no hay ninguna circunstancia extraña, yo he dejado a mi hijo el coche y él incluso se lo ha dejado a un tercero que tiene el accidente las compañías deberán indemnizar a los terceros y no van a reclamarnos esa indemnización. Cuestión distinta es el seguro a todo riesgo, el que cubre los daños propios. En tal caso es necesario examinar cuidadosamente la póliza para ver lo que hemos firmado ya que hay pólizas que contienen clausulas limitativas que dicen que no cubren la reparación, por ejemplo, si en caso de accidente el conductor es menor de cierta edad o tiene pocos años de carnet.

-Permítame una última pregunta: ¿es a su juicio legal sancionar a través de drones?

-Nos parece dudosa la legalidad de las denuncias formuladas usando drones. Es una tecnología que celebramos se incorpore para la regulación del tráfico pero no para sancionar porque no ofrece garantía jurídica alguna. Según la ley solo tienen validez aquellas denuncias que han sido observadas directamente por un agente de la Guardia Civil. La observación directa es la única que la ley de tráfico reconoce con valor probatorio. Y en el caso de los drones Tráfico ha derivado la capacidad sancionadora a otros funcionarios, totalmente respetables pero que no tienen la condición de agentes de la autoridad. Por tanto sus sanciones no tienen valor legal como tampoco la tienen las formuladas por sistemas automatizados en los que un software identifica imágenes, las compara con un patrón y resuelve que un determinado conductor no lleva cinturón. Las sanciones no tienen valor jurídico salvo que estén tramitadas y formuladas por observación directa de un agente de la autoridad.

Antonio F. Muro
Recuadro:

Medicamentos que pueden afectar a la conducción

La web del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos tiene publicada una lista de principios activos que pueden afectar a la conducción dividida en tres apartados: Medicamentos que pueden afectar a la conducción, Posibles efectos y Recomendaciones. Nosotros vamos a limitarnos a reproducir el primero de ellos -el que da cuenta de los principios activos que afectan a la conducción y a qué órganos o sistemas afectan- indicando que los interesados pueden consultar el documento íntegro en www.portalfarma.com/Profesionales/campanaspf/categorias/Documents/medicamentos_conduccion.pdf

Relación manifiestamente incompleta que transcribimos tal cual aparece en el documento citado.

Principios activos farmacológicos que pueden dificultar la conducción según los órganos o sistemas afectados:

AL SISTEMA NERVIOSO:

Ansiolíticos/hipnóticos: Benzodiazepinas (BZD), Zopiclona, Zaleplon, Zolpidem, etc

Analgésicos opiáceos: Morfina, Codeína, Dextropropoxifeno, Tramadol, etc.

Antidepresivos: Antidepresivos Tricíclicos o AT (imipramina, etc.), Inhibidores de la Recaptación de Serotonina o ISRS (fluoxetina, etc)

Antiepilépticos: Topiramato, Lamotrigina, Fenitoína, Carbamazepina, etc.

Antiparkinsonianos: Levodopa, Pramipexol, Ropinirol, etc.

Antipsicóticos: Olanzapina, Risperidona, etc.

Anestésicos

Antimigrañosos: Sumatriptán, Rizatriptán.

Antivertiginosos: Flunarizina, Cinarizina. 

AL APARATO RESPIRATORIO:

Antihistamínicos (H1): Clorfenamina Difenhidramina, etc.

Antihistamínicos (H1 2ª generación): Astemizol, Azelastina, Fexofenadina, Loratadina Mizolastina, Terfenadina, Cetirizina, Elastina, etc.

Descongestión nasal.

Antitusivos: Dextrometorfano Codeína. 

AL APARATO DIGESTIVO Y AL METABOLISMO:

Antidiabéticos: Insulina, Antidiabéticos orales.

Procinéticos: Metoclopramida, Cleboprida, etc.

Estimuladores del apetito: Ciproheptadina, Pizotifeno, etc.

Antieméticos: Ondansetrón, etc. 

AL APARATO CARDIOVASCULAR:

Betabloqueantes: Propranolol, Atenolol, etc.

Antihipertensivos: Prazosina, Doxazosina, etc.

Antianginosos: Antagonistas del calcio (nifedipina, diltiazem, etc). Nitratos (dinitrato y mononitrato de isosorbida, etc)

Antiarrítmicos: Propafenona, Flecainida

Vasodilatadores periféricos

Antiagregantes plaquetarios: Dipiridamol 

AL APARATO LOCOMOTOR:

Relajantes musculares: Carisoprodol, Metocarbamol. Baclofeno Ciclobenzaprina, etc 

AL APARATO GENITOURINARIO:

Lisurida, Clomifeno, Antiespasmódicos urinarios. 

AL SISTEMA OFATLMOLÓGICO:

Colirios, pomadas oftálmicas, etc. 

A LA TUBERCULOSIS:

Isoniazida, Etambuto.

 

 

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