Extraen órganos a decenas de miles de personas para trasplantárselos a quienes pagan por ellos

¿Vale todo para conseguir un trasplante? ¿Se puede comprar un órgano a costa de la vida de un inocente? No es el argumento de La Isla, película de ficción donde los protagonistas son clones criados para servir con sus órganos a los originales en caso de necesidad. La realidad es mucho más escalofriante. Una investigación independiente encabezada por David Kilgour -ex Secretario de Estado de Canadá para la región Asia-Pacífico- y David Matas –abogado canadiense especializado en derechos humanos- concluye que en China se ha asesinado a decenas de miles de personas para extraer sus órganos e implantárselos a quienes pagan por ellos, la mayoría ciudadanos occidentales. Una matanza criminal que no hace reaccionar a la comunidad mundial.

¿Cuántos nos hemos preguntado alguna vez cómo fue posible el holocausto nazi y que la población alemana ignorara lo que estaba ocurriendo? Uno de los acusados declararía durante el juicio celebrado en Nüremberg que, sencillamente, no podía creerse que tamaño horror fuera verdad. Pero lo era. Y lo grave es que desde entonces el mundo ha asistido a otras horrendas matanzas perpetradas en muy diversos países sin que apenas nadie hiciera nada para detenerlas. Es más, las más flagrantes violaciones de los derechos humanos se cometen ya a los ojos de la luz pública de forma casi impúdica por quienes ostentan la fuerza suficiente como para imponerla… y no pasa nada. El país que se considera paradigma de la libertad, Estados Unidos, tiene aún secuestradas en la base norteamericana de Guantánamo a 430 personas de las 775 personas que llevó allí a partir del 11 de enero de 2002 a las que desde el principio privó de sus más elementales derechos y a muchas de las cuales, como se acaba de reconocer ahora, se les torturó teniendo la desfachatez de decir que carecían de derechos porque su base militar no es territorio norteamericano. Y tal atropello se ha permitido por la práctica totalidad de los dirigentes de los países que se dicen democráticos y respetan las leyes internacionales. No es el caso de Amnistía Internacional que pidió su cierre inmediato al igual que ha hecho el recién elegido Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. Como me dijo no hace mucho el director de esta revista, José Antonio Campoy, “es vergonzoso que nadie haya pedido aún que se juzgue como delincuentes a los miembros del Gobierno de George Bush”.

Pues bien, una ignominia mucho mayor aún está teniendo lugar en China ante el silencio cómplice y cobarde de la comunidad internacional. Porque resulta que en el gigante asiático existen numerosos campos de concentración -denunciados una y otra vez ante las Naciones Unidas- donde desde 1999 han sido internadas más de 800.000 personas, la mayor parte practicantes de Falun Gong según afirman cualificados investigadores independientes. Presos ilegalmente, sin proceso judicial, a los que se ha privado de todos sus derechos y que además –y esto ya clama al cielo- están siendo asesinados para extraerles sus órganos y trasplantárselos a quienes están dispuestos a pagar por ellos.

Se trata de un gigantesco y terrible genocidio que está teniendo lugar ante nuestros ojos y en pleno siglo XX –nos diría con indignación contenida Carlos Iglesias, abogado español especializado en la defensa de derechos humanos-. Los datos más prudentes indican que a día de hoy más de 50.000 personas han sido ya asesinadas para extirparles sus órganos, en algunos casos mientras aún estaban vivas, a fin de venderlos luego al mejor postor en el extranjero”.

De más está decirles que todo lo que van a leer en este artículo ha sido negado oficialmente por las autoridades chinas pero las conclusiones del informe independiente realizado por David Kilgour –ex Secretario de Estado del Gobierno de Canadá para la región Asia Pacífico, ex fiscal del Estado y ex parlamentario- y David Matas –abogado canadiense especializado en derechos humanos- son demoledoras y han sido presentadas ya ante la ONU.

De acuerdo con lo que sabemos ahora –relatan en el informe de fecha 6 de julio del 2006 que fue dado a conocer el pasado mes de noviembre en España sin que los periodistas se hayan hecho apenas eco-hemos llegado a la lamentable conclusión de que los alegatos son verdaderos. Creemos que ha habido y así continúa pasando hasta hoy una sustracción de órganos no voluntaria de practicantes de Falun Gong a gran escala. Llegamos a la conclusión de que el Gobierno de China y sus agencias en numerosas partes del país, particularmente hospitales pero también centros de detención y ‘Cortes Populares’, han asesinado desde 1999 a un número grande pero desconocido de prisioneros de conciencia de Falun Gong. Sus órganos vitales, incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas fueron prácticamente sustraídos simultáneamente de manera no voluntaria para venderlos a precios elevados, a veces a extranjeros, quienes normalmente tienen largas esperas para las donaciones voluntarias de tales órganos en sus países de origen”.

“Cuántas de las víctimas fueron condenadas por cualquier infracción, seria o no, en tribunales legítimos –añade el informe- no podemos estimarlo porque tal información parece no estar disponible ni para los ciudadanos chinos ni para los extranjeros. Nos parece que muchos seres humanos que pertenecían a una organización voluntaria pacífica declarada ilegal hace siete años por el presidente Jiang porque pensó que podía constituir una amenaza para la dominación del Partido Comunista de China han sido en efecto ejecutados por médicos para sustraer sus órganos. Nuestra conclusión no viene de una evidencia particular sino de ensamblar toda la evidencia que hemos considerado. Cada porción de evidencia que consideramos es, en sí misma, verificable y, en la mayoría de los casos, indiscutible. Y juntas pintan un cuadro abominable”.

De nuevo lo impensable, lo inimaginable se vuelve real ante nuestros ojos. “Los alegatos –señala el informe- también dicen que los órganos son extirpados de los practicantes mientras aún están vivos. Muchos mueren asesinados durante la operación de extirpación de órganos o inmediatamente después. Estas operaciones son una forma de asesinato. Finalmente se nos dice que los practicantes asesinados de esta manera son luego cremados. No se deja cadáver para examinar e identificarlo como fuente de un trasplante de órganos”.

FALUN GONG: LAS VÍCTIMAS IGNORADAS

El escándalo empezó en marzo del 2006 cuando un periodista chino -hoy exiliado en Estados Unidos- denunció que en el campo de concentración de Sujiatun se le extraían a los prisioneros sus órganos sin consentimiento. A partir de ese momento las informaciones comenzarían a acumularse. Fue entonces cuando la Coalición para Investigar la Persecución a Falun Gong en China (CIPFG), una organización no gubernamental registrada en Washington que tiene también representación en Ottawa (Canadá), solicitó a Kilgour en carta fechada el 24 de mayo de 2006 ayuda para investigar los informes que señalaban que instituciones estatales y empleados del Gobierno de la República Popular China habían estado -y quizás continuaban haciéndolo- extirpando órganos a numerosas personas, incluso estando vivas. Kilgur atendió el requerimiento, investigó el caso y fruto de su investigación es el informe que junto a David Matas acaban de finalizar y se han ocupado ya de presentar a los medios de comunicación de más de 20 países.

¿Y por qué se ceba el Gobierno chino en los practicantes de Falun Gong? Es más, ¿qué es el Falung Gong? Conocido también como Falun Dafa -que puede traducirse indistintamente como Ley de la Rueda o Gran Ley- tiene sus raíces en las tradiciones budista y taoísta y se trata de una práctica tradicional china del Qi-Gong -sistema milenario de ejercicios de respiración conocido como el “yoga chino”- que rediseñaría el profesor Li Hongzhi y cuyo objetivo es mejorar la salud de cuerpo y mente mediante la práctica de diversos ejercicios físicos así como de un determinado tipo de meditación. Sus seguidores le atribuyen profundos efectos curativos y alivio de la tensión además de mejorar la salud de forma integral.

El Qi-Gong (puede ampliar la información leyendo en nuestra web –www.dsalud.com- los artículos que publicamos sobre él en los números 34 y 75)había sido prohibido en China por Mao en 1949 a pesar de no ser un movimiento político ya que tenía un componente filosófico y, en cierto modo, espiritual pero en la década de los años ochenta la presión comunista se relajó algo y Li Hongzhi pudo registrar en 1992 su movimiento como Falung Gong en la Asociación de Estudios del Qigong. Con tal éxito que a mediados de los noventa declaró tener aproximadamente sesenta millones de practicantes algo que en 1999 corroboraría el propio Ministerio de Deportes chino al estimar esa cifra en setenta millones.

Cientos de miles de personas se daban pues cita a diario en los parques para practicarlo. Sólo en Beijing –es decir, Pekín- había más de 2.000 lugares donde la gente se reunía cada día. El Gobierno chino parecía incluso estar complacido con la creciente popularidad del Falung Gong debido a sus positivas consecuencias sociales ya que se habían reducido notablemente los costes sanitarios, según recoge el informe de Kilgour y Matas. Sin embargo la creciente popularidad del movimiento dio paso a su persecución. En marzo de 1988 fue designado Primer Ministro Zhu Rongji -cargo que ocupó hasta el 2003- y sólo dos meses después, en mayo, éste le diría a una periodista de la televisión estatal que el Falun Gong era una mera superstición. Poco más tarde el Partido Comunista Chino hizo publicar un artículo en la revista Ciencia y Tecnología para Jóvenes en el que se afirmaba de nuevo que el Falun Gong era una superstición y ¡un riesgo para la salud porque los practicantes podían rehusar los tratamientos médicos convencionales para enfermedades serias! ¿Les suena el argumento?

Así que a pesar de contar con decenas de millones de practicantes en julio de 1999 no sólo fue prohibido sino perseguido. La escritora Jennifer Zeng -que vivía entonces en Pekín y ahora lo hace exilada en Australia- aseguraría tras haber conseguido información clasificada que a finales de abril del 2001 se había arrestado ya a unos 830.000 practicantes de Falun Gong. Las medidas de fuerza, según recoge el informe de Kilgour y Matas, incluyeron la creación por parte del presidente Jiang de una fuerza especial (la Oficina 6-10) en cada provincia, ciudad, condado, universidad y departamento gubernamental con el exclusivo fin de “erradicar” el Falun Gong. Y para lograrlo centenares de miles de sus practicantes fueron enviados a prisiones y campos de trabajo forzado a partir del verano de 1999. De hecho, el informe del Relator Especial de las Naciones Unidad sobre Torturas señala que el 66% de las víctimas de torturas y malos tratos informados en China eran practicantes de Falun Gong.

Como el lector supondrá la investigación no ha sido fácil. Es evidente que no hay testigos presenciales de tan macabras actuaciones porque en el caso de la extracción de órganos para su venta el que no es víctima es verdugo. El resultado final de la investigación se ha basado pues, más que en pruebas irrefutables, en la suma de evidencias aportadas por la investigación de páginas web, estadísticas e información sobre trasplantes y testigos indirectos fiables.

Una vez nos reunimos con una testigo –explicaría Kilgour- que nos dijo que su esposo, cirujano, le había contado que él personalmente había extraído las córneas de aproximadamente 2.000 prisioneros de Falun Gong anestesiados en el nordeste de China durante dos años hasta que en octubre del 2003 se negó a continuar. El cirujano le dejó claro a su esposa que ningún ‘donante’ de córneas había sobrevivido a la experiencia porque otros cirujanos extrajeron otros órganos vitales y luego todos los cuerpos fueron cremados. La mujer no es practicante de Falun Gong”.

Especial importancia reviste también en el informe la información conseguida a través de conversaciones telefónicas preparadas y grabadas con hospitales de distintos lugares de China. Éste es el relato de una de esas conversaciones que se recogen en él y que se mantuvo el pasado 22 de mayo del 2006 entre “M” y el doctor Lu, uno de los médicos del Hospital Minzu de la ciudad de Nanning en la región autónoma de Guangxi:

-¿Pueden encontrar órganos de practicantes de Falun Gong?

-No hay forma de obtenerlos. Es bastante difícil conseguirlos ahora en Guangxi. Si no puede esperar le sugiero ir a Guangzhou porque es muy fácil para ellos obtener los órganos. Pueden buscarlos por toda la nación. Mientras están haciendo un trasplante de hígado pueden obtener el riñón para ti al mismo tiempo así que es muy fácil para ellos. Muchos lugares, cuando tienen poco abastecimiento, acuden a ellos a por ayuda.

-¿Por qué es fácil para ellos obtenerlos?

-Porque son una institución importante. Ellos contactan al sistema (judicial) en nombre de toda la universidad.

-¿Entonces ellos usan órganos de practicantes de Falun Gong?

– Correcto.

-Lo que usaban antes (órganos de practicantes de Falun Gong), ¿eran de centros de detención (es) o prisión(es)?

-De prisiones.

-¿Y eran de practicantes de Falun Gong saludables…?

-Correcto. Elegimos los buenos para asegurar la calidad de la operación.

-Eso significa que eligen los órganos ustedes mismos…

-Correcto.

-Generalmente, ¿qué edad tienen los proveedores de órganos?

-Normalmente alrededor de 30.

-¿Entonces ustedes van a la prisión a seleccionarlos?

-Correcto. Debemos seleccionarlos.

-¿Qué pasa si el elegido no quiere que le extraigan sangre?

-Seguro que nos dejará hacerlo.

-¿Cómo?

-Seguramente encontrarán la manera. ¿Qué le preocupa? Usted no debería preocuparse por ese tipo de cosas. Ellos tienen sus métodos.

-¿La persona sabe que se le quitarán los órganos?

-No, no lo sabe.

Según relata el informe a los practicantes de Falun Gong detenidos se les realizan sistemáticamente análisis de sangre y exámenes médicos de los que no disfrutan otros prisioneros. “Hemos escuchado tan considerable número de testimonios a tal efecto –puede leerse en el informe-que esos análisis existen más allá de toda duda. ¿Por qué? A los practicantes mismos no se les dice pero es inverosímil que el examen sirva para un propósito de salud. Por una parte, es innecesario analizar sistemáticamente la sangre de personas simplemente por una precaución de salud. Y por otra, la salud de los detenidos de Falun Gongno es tenida en cuenta en muchas otras formas. Es inverosímil pues que las autoridades quieran analizar la sangre de los practicantes de Falun Gong como medida preventiva de salud. El análisis de sangre es un prerrequisito para los trasplantes de órganos. Los donantes necesitan ser compatibles a fin de que los anticuerpos de los receptores no rechacen los órganos de los donantes”.

EL NEGOCIO DE LOS TRASPLANTES

Las piezas encajan en este trágico rompecabezas. “Hay muchos más trasplantes que fuentes identificables –puede leerse en el informe-. Sabemos que algunos órganos provienen de prisioneros ejecutados. Muy pocos proceden de donantes familiares voluntarios. Pero estas fuentes dejan enormes brechas en los totales. El número de prisioneros ejecutados y donantes voluntarios ni siquiera se acerca al número de trasplantes. El número de prisioneros ejecutados es, en sí mismo, no público. Esas estimaciones, cuando uno considera los totales globales de las ejecuciones, son inmensas pero distan mucho de las estimaciones totales de trasplantes”.

El informe analiza las cifras oficiales de trasplantes en China y descubre lagunas difíciles de justificar. Según los datos públicos en China se realizaron antes de 1999 unos 30.000 trasplantes. En el periodo de seis años que va de 1994 a 1999 se realizaron ya unos 18.500. Pues bien, según un informe del propio profesor Bingyi Shi -vicepresidente de la Asociación Médica China de Trasplantes de Órganos– en los siguientes seis años -del 2000 al 2005-, una vez iniciada la persecución contra los practicantes de Falun Gong, la cifra ascendió hasta los 60.000 trasplantes.

Las fuentes identificadas de trasplantes de órganos, es decir, donantes familiares voluntarios (los chinos rechazan la donación por cuestiones culturales) y personas con muerte cerebral han sido siempre muy pequeñas. Sirva como ejemplo que en el 2005 los trasplantes de riñón de familiares vivos constituyeron un 0,5% del total de trasplantes en todo el país. Y el total de donantes por muerte cerebral para todos los años y en toda China era de sólo nueve hasta marzo de 2006.

No hay indicación alguna de incremento significativo en cualquiera de esas categorías en los últimos años–señala el informe de Kilgour y Matas-. Presumiblemente las fuentes identificadas de trasplantes de órganos que produjeron 18.500 trasplantes de órganos en el periodo de seis años entre 1994 y 1999 produjeron el mismo número de órganos para trasplantes en el siguiente periodo de seis años entre 2000 y 2005. Eso significa que la ‘fuente’ de 41.500 trasplantes para el periodo de seis años entre 2000 y 2005 es inexplicable”.

Los relatos sobre el posible origen son reveladores: “Confirmación del Centro de Detención Mishan: el 8 de junio de 2006 -puede leerse en el informe- un funcionario del centro de detención de la ciudad de Mishan, provincia de Heilongjiang, admitió que en esa época el centro tenía al menos cinco o seis prisioneros de Falun Gongmenores de 40 años disponibles como proveedores de órganos. El Sr. Li, del centro, también dio detalles de la operación y de cómo seleccionar prisioneros de Falun Gongcomo proveedores de órganos para hospitales:

1) En ese momento este centro de detención particular seleccionaba a los proveedores de los órganos, no el hospital:

2) En el momento de la conversación el Jefe de Médicos Cui del centro de detención era el punto de contacto en cuanto a los proveedores de órganos.

3) Se tomaba sangre de los prisioneros seleccionados para ser proveedores de órganos y tales prisioneros no saben el propósito del examen de sangre.

4) El centro de detención tiene varios medios de obtener muestras de sangre de ‘donantes’ renuentes”.

Sin comentarios. Muestro a continuación la trascripción de una grabación que el lector puede encontrar en http://es.clearharmony.net/articles/200612/8215.html– y que fue realizada esta vez por la Coalición para Investigar la Persecución a Falun Gong en China (CIPFG):

“-¿Provenía el órgano del trasplante de hígado que su hospital realizó el 5 de agosto de una fuente viva?

-El trasplante para ese paciente de cirrosis de hígado fue un éxito. La fuente viva era del Centro de Trasplantes de Wuhan.

-¿El hígado de una persona viva para el trasplante asegura el éxito?

-¿Qué persona viva te daría un hígado? Todos son prisioneros. Si no los ejecutan, ¿cómo puede una persona viva voluntariamente darte su hígado? Una persona tiene sólo un hígado.

-Pero los hígados de los cuerpos muertos no pueden ser usados. En su publicidad dice “trasplantes de hígados vivos”.

-¿Están los prisioneros vivos antes de ser ejecutados o no lo están? ¿Entonces…?

-¿Entonces sus órganos son extraídos antes de que estén muertos o no?

-Sí, sí, sí. Puedes preguntar en el Centro de Trasplantes de Wuhan. Estoy muy ocupado… (la línea se corta)”

Otra de las líneas de investigación que llevaron a Kilgour y Matas a la conclusión de la existencia de campos de prisioneros como bancos de órganos fue el examen de las páginas webs, muchas de ellas lógicamente cerradas después de las primeras denuncias. Las web de ciertos hospitales en China publicitaban tiempos cortos de espera para los trasplantes de órganos. “Si tomamos en serio estas autopromociones de los hospitales -leemos en el informe-éstas nos indican que ahora mismo hay un número de personas vivas disponibles como fuentes de órganos casi a pedido. Los tiempos de espera para obtener órganos para trasplantes en China parecen ser mucho menores que en cualquier otro lado”.

En la propia web del Centro Asistencial Internacional de Trasplantes de China se afirmaba: “Puede tomar sólo una semana encontrar el donante (de riñón) compatible; el tiempo máximo es un mes.”. E iba más allá:“Si algo sale mal con el órgano del donante el paciente tendrá la opción de recibir otro de otro donante y que se le realice nuevamente la operación en una semana”.

La web del Centro Oriental de Trasplante de Órganos declaraba por su parte a comienzos de abril de 2006 que “el tiempo de espera promedio (para un hígado compatible) es de dos semanas”. Y la web del Hospital de Changzheng en Shanghai: “El tiempo de espera promedio para un proveedor de hígado es de una semana, entre todos los pacientes”.

En contraste, el tiempo de espera promedio en Canadá para un riñón era de 32,5 meses en el 2003 y en British Columbia aún mayor: 52,5 meses.

Si el periodo de supervivencia de un riñón es de entre 24 y 48 horas y el de un hígado de alrededor de 12 horas -concluye el informe-la presencia de un gran banco de ‘donantes’ vivos de hígado y riñón es la única manera de que los centros de trasplantes de China pueden asegurar esperas tan cortas a sus clientes”.

En suma, al final todo es un negocio en el que, consciente o inconscientemente, entran personas desesperadas que prefieren permanecer en la ignorancia sobre el origen del órgano que reciben; personas desesperadas, sí, pero de amplios recursos económicos.

En China el trasplante de órganos es un negocio muy rentable -asegura el informe-. Podemos rastrear el dinero de las personas que pagan por sus trasplantes de órganos hasta los hospitales concretos que los realizan pero no podemos ir más allá. No sabemos quién recibe el dinero que llega a los hospitales. ¿Están los médicos y enfermeras involucrados en la extirpación criminal de órganos remunerados con exorbitantes sumas por sus crímenes? Ésa fue una pregunta imposible de contestar para nosotros ya que no tuvimos forma de saber a dónde fue el dinero”.

Kilgour y Matas incluyen también en su informe la información sobre los precios que contenía la web de la Red Internacional del Centro de Asistencia de Trasplantes de China antes de ser retirada en abril del 2006. Estos son los precios de los trasplantes en dólares norteamericanos:

Riñón: 62.000 $
Hígado: 98.000-130.000 $
-Hígado-Riñón:160.000-180.000 $
Riñón-Páncreas: 150.000 $
Pulmón: 150.000-170.000 $
Corazón: 130.000-160.000 $
Córnea: 30.000 $

Dígame, amigo lector, ¿los pagaría usted sabiendo cómo se obtienen?

CENIZAS Y SILENCIO

Según contaría Kilgour en Madrid, cuando todo ha concluido y alguien vuela desde China a su país de origen satisfecho con su nuevo órgano los familiares de quien fue asesinado y vaciado -o primero vaciado y luego dejado morir- reciben una notificación indicando que su familiar se ha suicidado y su cadáver incinerado. Sólo en algunas ocasiones -muy pocas- los familiares han tenido acceso al cadáver. Y lo que vieron no hizo sino confirmar sus sospechas. “Familiares de practicantes de Falun Gong que murieron en prisión asegurarían haber visto en los cuerpos de sus seres queridos incisiones quirúrgicas y que les faltaban partes del cuerpo. Las autoridades no dieron ninguna explicación coherente para esos cuerpos mutilados”.

Un silencio culpable se extiende por los países occidentales. Eso sí, cada vez menos silencioso porque comienzan a abrirse paso las denuncias… pero cada vez más culpable dada la táctica del avestruz adoptada por los gobiernos.

Ésta es la historia. Tras la gran muralla china, además de tesoros de indudable belleza, se esconden situaciones que no pueden ni deben ser silenciadas. “Cuando el estado mata a seres humanos indefensos ya detenidos por sus ‘crímenes’ –termina diciendo el informe de Kilgour y Matas– es fácil dar el siguiente paso: extraer órganos a las personas sin su consentimiento. Ése es un paso que China, indudablemente, dio. Y una vez aceptado que se extraigan los órganos de los prisioneros ejecutados -sin su consentimiento- el siguiente paso se vuelve demasiado fácil y tentador: realizar la extirpación de órganos de otros prisioneros infamados, despersonalizados e indefensos sin su consentimiento. Especialmente cuando hay mucho dinero que sacar de ello. Instamos pues al Gobierno de China, más allá de lo que piensen sobre los alegatos aquí considerados, a que adopten los mecanismos necesarios para impedir cualquier nueva posibilidad de extirpación de órganos no voluntaria de practicantes de Falun Gong”.

LA AUDIENCIA NACIONAL INVESTIGA EL CASO

Agregaremos que la matanza china que acabamos de relatar ha sido denunciada ya ante los tribunales de 24 países por treinta abogados de todo el mundo que piden se exijan responsabilidades a los dirigentes del Partido Comunista Chino implicados. Y en nuestro país esa labor la ha asumido de forma voluntaria y altruista el abogado español Carlos Iglesias quien lleva presentadas ya tres demandas ante la Audiencia Nacional. Afortunadamente nuestro Tribunal Supremo ya se ha pronunciado -en sentencia de 20 de junio del 2006- dando luz verde a la Audiencia Nacional para que investigue las denuncias. Por tanto España se ha convertido en uno de los primeros países que va a investigar judicialmente lo que está ocurriendo en China. Hemos querido pues hablar con él de ello.

-Los practicantes de Falun Gong no están integrados en organización ideológica o económica alguna, no tienen estructura estable, carecen de líderes, no hay detrás un negocio y no realizan proselitismo. ¿A qué cree que puede deberse su persecución por los dirigentes chinos?

Es cierto, se trata de gente normal: amas de casa, funcionarios, militares, fontaneros, abogados… Cualquiera puede practicar al aire libre este método de armonización de cuerpo, mente y espíritu. De hecho se practica en más de 70 países de todo el mundo. Si uno acude cualquier domingo a mediodía al Parque del Retiro de Madrid, al Parque de la Ciudadela de Barcelona, al Parque de los Campos Elíseos de París o al Central Park de Nueva York seguramente podrá verlos haciendo ejercicios o meditando al aire libre. Y, sin embargo, algo tan inofensivo está siendo terriblemente perseguido en China. Se ha detenido a centenares de miles de personas para tenerlos como bancos vivos de órganos. Claro que en 1999 ya había entre 70 y 100 millones de chinos que lo practicaban mientras el número de afiliados al Partido Comunista Chino no llegaba a los 50 millones. ¿Fue eso lo que motivó la persecución? ¿El miedo a que se convirtieran en una organización que les disputara el poder? Porque imagínese tales cifras en la mente de una dictadura, tantos millones de personas fuera del control del partido. ¿Tuvo que ver además que se trataba de un movimiento en buena medida de orden espiritual cuya filosofía contrastaba demasiado con el materialismo comunista? ¿O se les eligió como proveedores de órganos porque en tanto practicantes del Falun Gong la mayoría goza de muy buena salud? Sea cual sea la respuesta lo cierto es que estamos ante una terrible matanza que el Gobierno chino oculta. Y todo indica que en estos momentos hay en China centenares de miles de personas detenidas ilegalmente en campos de concentración, vivas, sanas y cuyos órganos están siendo utilizados para ser trasplantados. En muchas ocasiones a extranjeros que abonan grandes sumas de dinero por esos órganos.

-¿Y cómo se explica la inacción de los dirigentes y medios de comunicación de los países occidentales?

China es una potencia económica mundial y en este momento está ejerciendo enormes presiones sobre los países de la Unión Europea y el resto de los países occidentales. El Partido Comunista Chino utiliza las expectativas económicas de los países occidentales en China. Hay acuerdos económicos muy importantes en juego. Recordemos la reciente compra por China de aviones Airbus. En España, por ejemplo, hay acuerdos con empresas estratégicas como Telefónica. Y recientemente bancos españoles se han hecho con el control de empresas en China. Incluso hemos firmado hace poco un acuerdo con China como socio estratégico llegando a firmarse un tratado de extradición. Sí, utilizan permanentemente los intereses económicos para silenciar cualquier actuación crítica en el ámbito de los derechos humanos. Y las evidencias son numerosas no sólo en España sino en todo el ámbito europeo.

-¿Está insinuando que China compra el silencio de Occidente?

Totalmente. Es exactamente eso lo que hacen. Y me preocupa que los gobiernos occidentales entren en ese juego y permitan que cada vez que se pretenda hablar de derechos humanos China lleve el diálogo a encuentros privados porque no quiere que salgan a la luz las terribles violaciones que allí tienen lugar. Siempre se niegan a que en las agendas oficiales aparezca en el Orden del Día ningún punto en el que se aborde abiertamente el problema de los derechos humanos. Es una condición que China ha impuesto a los países occidentales siempre y que éstos han terminado aceptando.

-¿Y no cree que podría llegarse a plantear, como medida de presión, un posible boicot a los Juegos Olímpicos del 2008?

De hecho hay diferentes grupos en Estados Unidos y Canadá que ya se están planteando el boicot en el supuesto de que China se niegue a permitir una investigación sobre el terreno de este asunto. No debemos olvidar que los Juegos Olímpicos son ante todo un símbolo de hermandad y resulta enormemente contradictorio que un país catalogado como el mayor violador de derechos humanos del mundo tenga el honor de albergar unas olimpiadas mientras acaecen allí las atrocidades denunciadas.

Francisco San Martín

 

Este reportaje aparece en
91
Febrero 2007
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