Utilizan a cientos de niños de un orfanato para experimentar fármacos con ellos

Un orfanato neoyorquino fundado en 1987 para hospedar a bebés con problemas que administraba la Oficina del Hogar Católico -dependiente de la Archidiócesis de Nueva York- se convertiría en 1992 en una clínica subsidiaria de la Unidad Pediátrica de Ensayos de Sida de la Universidad de Columbia al empezar a hospedar preferentemente a niños de madres drogadictas y pobres con los que se decidió experimentar nuevos tratamientos o hasta qué límite se podía aumentar las dosis de antiguos fármacos. Cientos de niños sufrieron tan horrible experiencia que llevó a muchos de ellos a agonías atroces y finalmente a la muerte. Todo ello en nombre de la ciencia médica. Hemos entrevistado a Liam Scheff, el periodista que en varios artículos de investigación contó en primicia tan dramática y vergonzosa historia.

Liam Scheff es un singular escritor y periodista de investigación que tras trabajar para The New York Press, Los Angeles Citybeat, LewRockwell.com, Boston´s Weekly Dig, Salvo, Hustler y el ya desaparecido Guerrilla News Network colabora actualmente con la Oficina de Justicia Médica y Científica (OMSJ) habiendo fundado ReducetheBurden.org. Y es desde hace años un conocido defensor de los derechos de los niños y adolescentes y del derecho al consentimiento informado de los enfermos. De hecho en el 2004 destapó un escándalo que dio la vuelta al mundo: la utilización de niños huérfanos o retirados a sus familias –bebés incluidos- para experimentar con ellos fármacos y dosis. Así lo hicieron en el Incarnation Children Center deNueva York investigadores de los Institutos Nacionales de Salud. Desde entonces Liam sigue denunciando la corrupción y la manipulación allí donde se produce. De ahí que actualmente trabaje en una serie documental sobre un centro denominado CEDU destinado a acoger “adolescentes problemáticos” -y que es a donde precisamente le enviaron a él hace ahora 20 años- mientras prepara su primer libro.

-A usted le consideraron “problemático” en su juventud y es evidente que lo sigue siendo porque cada vez molesta a más personas. Y aunque sabemos que ha escrito sobre política y otros temas hace algún tiempo que aborda cuestiones relacionadas con la Medicina y con la Ciencia en general; o, mejor dicho, con lo que usted denomina “cientifismo”. ¿Por qué le preocupan estos temas? ¿Y qué entiende usted por “cientifismo”?

-Mi web se llama Desafiando al cientifismo porque eso es lo que hago… o tengo la esperanza de hacer. La palabra cientifismo se refiere a lo que sucede cuando la Ciencia, que no debería ser dogmática sino un vehículo para la libre investigación, acaba atrapada en el Dogma. Culturalmente la Ciencia ocupó el lugar de la iglesia en los últimos tiempos del Medievo siendo desde entonces la encargada de dar respuesta a las eternas preguntas existenciales: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Y el sufrimiento?¿Hay vida después de la muerte? Hasta que un día la Ciencia decidió acabar con el misterio inherente a las religiones occidentales. Desde luego, alguien tenía que hacerlo: era inevitable. La Iglesia estranguló la expresión intelectual y social; y ello a pesar de que había creado en Europa una gran franja de estabilidad tras la caída del Imperio romano que sirvió para transmitir los tesoros del mundo antiguo –los filósofos y sus maravillosos tratados- a los monjes y sacerdotes conocedores de la lengua de los misterios: el latín. Pero Europa creció y la gente luchaba por sus libertades mientras el Vaticano se dedicaba a acumular riquezas a base de impuestos e indulgencias. Y claro, la gente se rebeló. Hasta los reyes y príncipes se cansaron de una Iglesia y un clero tan corruptos. Y es que ¡los filósofos se hacían preguntas “prohibidas”! De tal modo se erosionó la autoridad de la Iglesia.

Posteriormente, en la Edad Moderna, cuando el Vaticano abandonó el latín retirando así el último velo de misterio de la antigua tradición, quedó al descubierto lo limitadas y sometidas a condicionantes culturales e históricas que estaban las ideas contenidas en las biblias cristiana y hebrea. Y quede claro que no soy cristiano pero tampoco anti-cristiano ni anti-religión. Tengo mis propias creencias e intereses espirituales que son profundamente importantes para mí y que se apoyan en gran medida en la sensibilidad oriental. En cualquier caso, la religión tenía la autoridad absoluta en lo que se refiere a dar respuestas a las preguntas que durante mucho tiempo parecieron no tenerlas. Así que cuando “murió”, asesinada por la curiosidad humana, las ciencias ocuparon su lugar como principales “fuentes de verdad y sabiduría”. Y así es como aún hoy funcionan. La Ciencia es la nueva iglesia… sólo que es tan fundamentalista como aquélla. Juega con los datos de la misma forma que Santo Tomás de Aquino jugaba con la pregunta ¿Cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler? Muchas de las preguntas que la Ciencia se hace actualmente están tan llenas de asunciones como la pregunta de Santo Tomás. La idea de que la Ciencia es la “verdad” es un mito. No obstante nos volvemos hacia ella cuando queremos estar seguros de nuestro lugar en el universo. Es evidente: la Ciencia ha sido durante demasiado tiempo un dogma. Desde Giordano Bruno y Galileo pasando por Kristian Birkeland y Halton Arp hasta Peter Duesberg hay “hechos” que no se permiten cuestionar. Y eso no es Ciencia en absoluto: es Centifismo. La adoración por un lenguaje técnico que en realidad está vacío de respuestas cuando una auténtica valoración histórica de la Ciencia trasmite al lector una verdad incuestionable: “Los hechos cambian”.

-¿Qué le llevó a prestar atención al Incarnation Children Center? Explíquenos lo que encontró allí…

-Podría contarse brevemente así: una madre que tenía dos niños en ese centro intentaba conseguir ayuda para sacarlos y apartarlos de los fármacos que les estaban obligando a tomar. Y esa madre -a la que llamé Mona a petición suya- contactó con algunos críticos del SIDA en Nueva York pero nadie la ayudó. Entonces llamó a un número 800 anunciado por una activista californiana llamada Christine Maggiore en un momento –verano del 2003- en el que ella y yo manteníamos contacto ocasional por correo electrónico porque acababa de empezar a investigar y escribir sobre SIDA. Me pidió que la ayudara a investigar las quejas de Mona. Pero la razón por la que presté atención a este asunto fue que conocí a los niños que protagonizan la historia y especialmente a Shawn, el hijo adoptivo y sobrino biológico de Mona. Debía tener unos doce años cuando le conocí. Recuerdo que llevaba una cazadora vaquera enorme y unos pantalones hinchados. Demasiado grandes para su talla debido quizás a las drogas –es decir, fármacos- que le habían hecho tomar desde su infancia. Y bueno, sentí que podría haber sido yo cuando tenía su edad. Me recordó a mí mismo con su actitud de diablillo, con su comportamiento travieso y juguetón, un poco astuto, un poco bromista… pero sobre todo un joven que ha hecho y visto demasiado para su edad. Obviamente antes de conocerle yo había leído ya sobre los estudios clínicos que se estaban llevando a cabo en el centro y había entrevistado a Mona y oído su testimonio sobre los protocolos farmacológicos en el orfanato. La medicación era obligatoria y no se permitía rehusarla. “Si se negaban a ingerir los fármacos –me explicaría Mona-les metían un tubo por la nariz o la garganta para introducírselos. Y a aquellos que aún así se resistían les mandaban finalmente al cirujano para que éste les hiciera un agujero en el abdomen y les colocara un tubo de plástico por el que poder introducir los fármacos”.

Supongo que la creí cuando me contó aquello… por la forma en que lo contó. Pero realmente me costaba creerlo. Quiero decir que nunca había oído algo así y esperaba que fuese un malentendido, que alguien había necesitado realmente una operación quirúrgica por alguna otra razón. Así que lo investigué. Y lo que me encontré fue que esa práctica, llamada PEG –siglas de Percutaneous Gastronomy TubeTubo Gastrostómico Endoscópico-, existe y se recomienda efectivamente en los casos en que los niños se niegan a tomar los fármacos que se les prescriben. ¡Se describe en el Journal of Pediatrics y se utiliza en hospitales y orfanatos en los que los médicos quieren asegurarse de mantener a los niños en tratamiento! El lugar en el que lo he visto utilizar más recientemente es un orfanato ugandés llamado Mildmay.

-¿En algún tratamiento relacionado con el SIDA quizás?

-Sí. Un activista llamado Ricci Davis visita Uganda con frecuencia y grabó en video algunas entrevistas. Mildmay es una institución “caritativa” británico-africana para proveer de tratamientos antivirales a niños. Utiliza los fármacos antivirales y los tubos PEG para “mejorar la adherencia al tratamiento”. Tiene toda la información en mi web: http://reducetheburden.org/?p=2681.

Volviendo al orfanato neoyorquino le diré que el problema estaba en que los tratamientos hacían vomitar a los niños y les producían diarreas crónicas. Por eso se negaban a tomar los fármacos. Y ésas eran sólo las reacciones a corto plazo. Luego se supo que la toxicidad demostrada a largo plazo de su consumo incluía la supresión de la médula ósea y la destrucción de los glóbulos blancos, las células musculares y el hígado; es más, la grasa corporal se “derretía” y se depositaba en el cuello o en la espalda. A veces provocaba un extraño desarrollo del pecho en los niños. Y severos daños en el crecimiento. En fin, el caso es que cientos de los niños ingresados en el orfanato murieron. Se supo a raíz de una entrevista con un reportero de la emisora WBAI que preguntó sobre el destino de los cuerpos de los doscientos niños cuyas muertes habían sido reconocidas por el propio orfanato…

-Al Incarnation Center iban también a parar niños a cuyos padres se les había retirado la custodia. ¿Se trataba únicamente de hijos de padres drogadictos o incapacitados o encontró usted casos en los que simplemente a los padres se les había retirado la custodia por negarse a medicar a sus hijos? Y si fue así, ¿sabe usted si tal cosa sucede aún hoy en ése u otros países?

-Sí. Los había. Las autoridades norteamericanas pueden quitar la custodia a aquellos padres que se nieguen a que sus hijos reciban tratamientos pautados por médicos. E ingresarlos en centros públicos -como el Incarnation Center– bajo la custodia del estado e, incluso, del ayuntamiento. Y de hecho se hace a menudo cuando se trata de niños diagnosticados de SIDA. Hablamos evidentemente de médicos que en mi opinión sufren una especie de locura eugenésica. Son incapaces de entender que lo único que están logrando con sus enormemente tóxicos tratamientos es deformar los cuerpos de los niños y llevar a muchos a la muerte. Niños que presentan todos los efectos secundarios conocidos de los fármacos que reciben y sufren auténticas agonías que los médicos, en su ceguera, achacan al SIDA. Y todo porque han dado “positivos” a los llamados “test del VIH” cuando éstos no miden en realidad absolutamente nada. Los test del VIH, el Elisa y el Western Blot, son simplemente una estafa. Mire usted, nadie muere de SIDA; la gente muere de los fármacos que se usan para tratar a quienes se etiqueta de portadores del VIH o enfermos de SIDA.

Así que déjeme decirlo claro: los médicos de ese centro, en una especie de trance, se han convencido a sí mismos de que esos niños, al ser seropositivos, “van a morir de todas formas”. Así que cualquier cosa que hagan, cualquier tortura o deformación que les provoquen –incluso su muerte-, está “perdonado”. Creen estar al servicio de un “bien mayor”. Obviamente cuál es ese “bien” se trata de un misterio para mí. Y estoy seguro de que también lo es para los niños que sufren con tan absurda excusa.

-El psiquiatra Thomas Szasz llamaba a eso “terapeutismo” que, según él, es el último refugio de los canallas y define como “infligir castigos despiadados en nombre de tratamiento de enfermedades cuyos síntomas principales son la negativa a someterse a nuestra dominación”. ¿Sabe usted si el Incarnation Center es un caso único o esto está sucediendo hoy en otras partes de su país o en otros países?

-En Estados Unidos los experimentos en orfanatos no se reducen al que comentamos. Suceden por el todo país. John Salomón investigó y sacó a la luz esa información en varios reportajes publicados en el 2004 para Associated Press (www.ahrp.org/infomail/05/05/04.php). Creo que fue “liberado” de la agencia poco después; no sé si por haber investigado este caso pero es evidente que la prensa occidental odia hablar de ello…

En cuanto a otros países, no sé cuál es la situación en Europa pero infiero que la apuesta más segura para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos es África, China y algunas zonas de la India. Lugares que quedan fuera del camino trillado de periodistas curiosos en los que las atrocidades están a la orden del día.

-Utilizar a niños de cobayas es un asunto muy serio; implica una violación del Código de Nuremberg sobre experimentación con seres humanos. Pero es que además en este caso hablamos de niños diagnosticados con test chapuceros de nula credibilidad a los que, literalmente, se ha envenenado con fármacos demostradamente iatrogénicos. Eso sí, supongo que los responsables de todas estas tropelías tendrán las espaldas bien cubiertas. ¿Tiene usted información concreta sobre niños que hayan enfermado o muerto a causa de los tratamientos?

-La investigación sobre lo acaecido en el orfanato neoyorkino terminó oficialmente a principios de la década del 2000 pero cuando yo investigaba -entre 2004 y 2005- el Incarnation Center aparecía en la lista de “estudios en activo” de la web de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés):www.clinicaltrials.gov.

De hecho cuando entrevisté a la responsable médico del centro, la Dra. CatherinePainter, me habló de una “puerta trasera” para incluir niños en nuevos estudios. La estrategia era la de enrolar a los niños en estudios de hospitales vecinos aunque luego los fármacos se administraban en ese centro.
Se supone que la idea es que los “nuevos fármacos” son algo bueno y deberíamos alegrarnos de que los niños y huérfanos puedan tomarlos. No importa que los nuevos fármacos no sean seguros o que no sean “nuevos” en absoluto. Muchos laboratorios están simplemente reciclando viejos fármacos etiquetados con Caja Negra mezclándolos con otros en combinaciones y dosis distintas.

-¿Qué significa la etiqueta Caja Negra?

-La etiqueta Caja Negra es la más severa advertencia que la FDA –la agencia estadounidense del medicamento- puede colocar a un fármaco en mi país. Significa que puede mutilar o matar en las dosis prescritas normalmente. Bueno, pues todos los tratamientos para el SIDA están etiquetados como Caja Negra. Matan hongos y bacterias pero destruyen paralelamente el sistema inmune del paciente y, eventualmente, a éste.

-¿Cuánto tiempo lleva investigando este tema? ¿Ha habido tras sus denuncias alguna investigación oficial por parte del ayuntamiento neoyorkino, de la archidiócesis o de los responsables de la universidad?

-Comencé en el 2003 y lo dejé a finales del 2008. Bueno, hasta que ha llegado usted preguntándome sobre ello. En cuanto a la universidad, ¿quiere decir la Columbia? Hombre, este es su negocio. Seguro que están “orgullosos” de haber “ofrecido” esos “fármacos salva-vidas” a “niños necesitados”. La tasa de muertes no les importa. Ni los efectos colaterales. Eso se olvida cuando cuentan la historia a su manera. La archidiócesis tampoco ha hecho nada que yo sepa. Nadie ha hecho en realidad nada útil. Se trataba de niños abandonados por padres drogadictos o arrebatados de sus hogares en el barrio más pobre del Manhattan hispánico dominicano y en este caso pasa lo mismo que denunció James Baldwin cuando varias chicas son asesinadas en Birmingham: ¡a nadie le importa!.

-¿Cuál ha sido su experiencia durante el cara a cara con las personas que han cometido esas atrocidades?

-Esa gente no habla cara a cara. Contratan abogados. No responden preguntas y los medios no les hacen preguntas. Los periodistas idiotas del New York Times que pretendían cubrir la historia excluyeron las entrevistas con las madres del centro a las que yo convencí para que hablaran con ellos. Y excluyeron la entrevista con la directora del documental para la BBC, Milena Schwager, que sabía mucho sobre las madres y sus hijos. No utilizaron ni un solo historial médico, no miraron un solo informe de tratamiento de los niños, no mencionaron ni un solo efecto colateral de los fármacos en su reportaje. La reportera, Jenny Scout, me reconoció cuando la presioné durante un intercambio de correos electrónicos que ella “no recordaba” si se habían molestado al menos en entrevistar a la directora médica, a la Dra. Painter. ¡Patético!

-¿Cuál fue la reacción de los defensores de la tesis oficial del SIDA ante sus denuncias?

-Fui blanco de todo tipo de ataques. En reuniones y editoriales. Me difamaron y calumniaron a través de “testigos” que vinieron a hablar sobre el orfanato. Intentando enterrar todos los detalles. Primero trataron de decir que aquello no había sucedido jamás. Luego, cuando los contribuyentes de Nueva York pagaron una investigación amañada, fueron apareciendo datos y como se dieron cuenta de que éstos eran irrefutables –no pudieron esconder por ejemplo el rastro documental publicado que revelaba que muchos huérfanos habían sido utilizados en estudios con fármacos tóxicos- cambiaron de táctica y empezaron a hablar de los niños que habían salvado. El propio New York Times publicó esa frase: que no se sabía de ningún niño que hubiese muerto. Posteriormente comenzaron a filtrarse cifras de los inexistentes muertos: primero fueron 25 niños durante los estudios; después ochenta durante y después de los mismos. Y finalmente se reconoció que habían muerto unos doscientos.

-¿Qué ha querido decir con una “investigación amañada”?

-Sencillamente, contrataron al Instituto de Justicia VERA (www.vera.org) para tapar el escándalo. Pagaron ¡tres millones de dólares! para que realizara una “investigación” y durante la misma no se permitió consultar ¡ni un solo historial médico! Así que “concluyeron” que las muertes se habían producido “sin relación con los estudios”. Evidentemente era el único resultado al que podían llegar ya que creían -a pesar de las advertencias de la propia FDA y de los cientos de miles de pacientes muertos a causa de los medicamentos para el SIDA- que éstos son realmente “fármacos salva-vidas”. ¡Eso es el cientifismo!

-¿Qué impacto cree que tuvo su denuncia? Porque parece que los estudios en el Incarnation Center cesaron…

-¿Impacto? No lo sé. Quizás los Institutos Nacionales de Salud sean un poco más cuidadosos a la hora de utilizar huérfanos en Estados Unidos durante algún tiempo. Pero por nada del mundo querría ser huérfano en África hoy día. Porque la OMS, ONUSIDA, losCDC (Centros para el Control de Enfermedades) y los NIH (Institutos Nacionales de Salud) llegarán hasta donde haga falta para mantener el negocio.

-La BBC produjo un documental en el 2005 basado en su trabajo titulado Guinea Pig Kids (Niños cobayas) que aún puede verse en www.guineapigkids.com. ¿Participó usted en la realización del documental? ¿Cuál es su opinión sobre el resultado?

-Aporté la investigación original durante cuatro o cinco meses y ayudé a preparar algunas entrevistas. Hice un montón de trabajo de campo al principio. Después continuaron trabajando sin mí al mismo ritmo. Pienso que fue un documental honesto aunque no creo que profundizaran lo suficiente en el asunto de los test del VIH. Tal fue uno de los motivos para marcharme después de cederles la investigación. Tenían lo que querían de mí. Dicho esto creo que fue un trabajo competente y que la directora, Milena Schwager, hizo un buen trabajo.

-¿Y sabe qué reacciones produjo el documental?

-La verdad es que no. La gente se indignó al principio por el hecho de que el estamento médico pudiera ser tan grosero, tan criminal, tan brutal y despiadado. Pero entonces la mafia del SIDA –AIDSTruth (www.aidstruth.org)- comenzó un ataque sin tregua contra el documental, contra mí y contra el Dr. David Rasnick que aparecía durante cuarenta y cinco segundos hablando de lo tóxicos que son los fármacos etiquetados como Caja Negra. E hicieron parecer que la película no contaba realmente la verdad, que no se utilizan huérfanos en peligrosos experimentos con fármacos (aunque así fuese) o que los fármacos no son realmente tan tóxicos (aunque lo sean). Hicieron lo que se llama un “artificio de desinformación”: crearon un enredo, una gran cantidad de ruido y lanzaron un puñado de nombres a la gente… Y cuando la basura empezó a llover la gente sensible salió corriendo.

Cuando Jeanne Bergman y John P. Moore -del AIDSTruth- aparecieron comparando a los críticos del SIDA con los “negacionistas del holocausto” –ésa es una de sus tácticas preferidas- la gente ya no se molestó en averiguar quién decía la verdad. Porque ¿qué pasaría si mirabas aquello y descubrías que era verdad, que esa industria está realmente corrompida y podrida, que realmente estaban utilizando huérfanos como alfileteros, que realmente están matando gente con esos fármacos? Si reconoces lo que has descubierto también a ti te llamarán cosas horribles así que te das la vuelta y tratas de olvidarlo. Y así es como funciona AIDSTruth. Les encanta arrojar basura y amenazar a quien sea con el escarnio público si se atreve a criticar al establishment del SIDA. Pero rétales a que debatan el asunto en público ante las cámaras y siempre tendrás la misma respuesta: “NO”.

-Tenemos entendido que usted también colabora en la web Oficina de Justicia Médica y Científica (OMSJ). ¿Es así? En tal caso háblenos de ese proyecto.

-La OMSJ (www.omsj.org) se fundó por parte de un pequeño grupo de investigadores para ofrecer un lugar protegido, independiente y libre de censura con informaciones y análisis técnicos y financieros sobre ámbitos de la ciencia que se han corrompido profundamente con el dinero de los lobbistas, los paradigmas establecidos u otras influencias. La OMSJ es una agencia que pretende sacudir los cerrojos de esos procedimientos ocultos de la élite científica. También ofrece defensa legal a personas que han obtenido falsos positivos en los “tests de VIH”. La gran vergüenza del oficialismo del SIDA es que los “test de VIH” no son específicos, la interpretación de sus resultados no se ha estandarizado y arrojan reacciones positivas a todas las enfermedades relacionadas con la inmunosupresión de la misma forma que lo hacen en casos de consumo de drogas, embarazo, vacunación… Y la lista no se ha cerrado.

-¿Cuál es su posición actual en relación con el VIH/SIDA? ¿Cuál cree que es la mejor forma de actuar en relación con ello?

-Mi interés fundamental está en los “tests de VIH”, la severidad del diagnóstico y los limitados tratamientos que se ofrecen a los pacientes de SIDA. Estoy profundamente interesado en las terapias que reconstruyen los sistemas inmunes dañados. Los oficialistas del SIDA tienen que admitir que su teoría –que el “VIH” es un organismo que mata las células T- es falsa en los dos sentidos. No les gusta hablar sobre ello pero está quedando claro en la literatura médica que ambas asunciones son promesas rotas y fallidas. De este modo el SIDA es una compleja disfunción inmune con una variedad de causas que pueden tratarse habitualmente mediante terapias reconstructoras de la inmunidad y estrategias de tratamiento a largo plazo. La mayoría a base de antioxidantes naturales, prebióticos, ácidos grasos esenciales y antibióticos naturales. Como la vitamina C en altas dosis que además reconstruye el colágeno y la elastina de los tejidos dañados.

Lo importante aquí es que incluso la investigación oficial se ha percatado de que el SIDA no es lo que se dijo. Es algo complejo que no tiene una única causa y puede tratarse perfectamente. En muchos casos los diagnósticos de SIDA aparecen en zonas de graves enfermedades que deberían analizarse con atención. Precisamente creé la web ReducetheBurden.org (www.reducetheburden.org) para tratar con problemas de salud y apuntar soluciones a nivel médico en el campo del SIDA. Porque la época en la que se señalaba a la gente con el dedo y se decía “morirá de todas formas” sólo porque un falso test chapucero lo estableció así se ha acabado. Al menos así lo veo yo. Y lo mismo sucede con la adherencia forzosa a absurdos fármacos tóxicos.

-Una última pregunta: ¿en qué está trabajando en estos momentos?

-Estoy escribiendo mi primer libro que tratará sobre las revoluciones que se avecinan en el ámbito de la Ciencia. Muchas creencias serán pronto reemplazadas por nuevas formas de entendimiento que servirán para abrir los ojos a la gente y cambiar numerosos paradigmas.

Jesús García Blanca

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Diciembre 2010
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