Lupus: el lobo no es tan malo como lo pintan

 

Hace algunos meses un lector nos pidió información sobre la enfermedad que se conoce comoLupus Eritematoso Sistémico, desesperado porque la padecía y los médicos a los que acudió no sabían ayudarle. Le prometimos investigar, lo hicimos y el resultado es este artículo elaborado por el doctor naturista Pablo de la Iglesia a petición nuestra. Confiamos en que tanto a él como a quienes padecen esta enfermedad de origen desconocido –más extendida de lo que parece- les sea de utilidad.

El Lupus Eritematoso Sistémico (LES) está considerada una enfermedad autoinmune cuya causa se desconoce y que produce lesiones en la piel y otros tejidos. Lupus significa lobo en latín y eritematoso quiere decir enrojecido. El nombre pretende definir pues a una enfermedad caracterizada por un enrojecimiento de la piel semejante a la que ocasionaría la mordedura de un lobo y que puede manifestarse en cualquier tejido del organismo (por esto último se dice que es sistémica). Básicamente es, pues, una enfermedad inflamatoria autoinmune. Es decir, que por alguna razón inexplicable el sistema inmunitario se “equivoca” y en lugar de combatir agentes agresores externos ataca a los propios tejidos.

Se trata, por otra parte, de una dolencia que se caracteriza además –como otras- por tener periodos de actividad –a los que se denomina brotes o crisis– y periodos de remisión, es decir, donde no se manifiesta.

Pues bien, el objetivo actual de la medicina no es sino el de prolongar al máximo posible los periodos de remisión ya que no puede hacer otra cosa mientras no se conozca qué provoca la enfermedad. En el caso de los enfoques naturales, sin embargo, se intenta también regenerar los tejidos dañados y lograr una remisión permanente. 

A QUIÉN AFECTA 

Aunque cualquier persona puede padecer el lupus, la mayoría de afectados son mujeres: siete de cada diez. En cuanto al comienzo de la enfermedad, hay que decir que se da con más frecuencia entre los 15 y los 30 años. También se habla de una posible condición hereditaria ya que es frecuente que varios miembros de una misma familia lo padezcan.

En cuanto a los brotes o crisis, parece haber varios factores desencadenantes: la exposición al sol y a los rayos ultravioletas, el estrés, algunos medicamentos, la infección por algún virus…

Se ha constatado también que algunas personas del mismo grupo familiar desarrollan otras enfermedades similares consideradas también de carácter autoinmune como la artritis, la esclerosis múltiple o la dermatitis. Lo que pareciera indicar que es posible que haya, efectivamente, algún elemento genético que provoque el desequilibrio del sistema de defensa del organismo.

Ahora bien, también se ha comprobado que algunas personas que conviven con los enfermos de lupus tienen una determinada variedad de anticuerpos contra los linfocitos y que ello se produce aunque no haya consanguinidad. De ahí que se entienda que podrían influir también en las enfermedades autoimunes factores medioambientales. 

LA IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACIÓN NATURAL

Llegados a este punto debo empezar diciendo que a la medicina alopática le ha llevado demasiado tiempo comprender la enorme importancia de la alimentación en el buen funcionamiento del organismo y del sistema inmunológico, en particular; y que, aún así, los consejos de los facultativos son excesivamente tibios en ese sentido.
Por mi parte, consciente de su trascendencia, resaltaré la importancia de incluir una alimentación variada e integral que contenga abundantes frutas y verduras -preferiblemente crudas-, cereales, legumbres, frutos secos, algas, pescados de mar y aceites vírgenes de calidad. En cuanto a las carnes -rojas y blancas-, lácteos y huevos deben contener la menor cantidad de grasa posible y ser consumidos con moderación. Los embutidos, golosinas, edulcorantes, azúcar blanco o gaseosas deberían eliminarse totalmente de la dieta. 

NUTRICIÓN ORTOMOLECULAR Y FITOTERAPIA 

Otra de las claves para controlar la enfermedad y devolverle al paciente su calidad de vida es la complementación nutricional y el uso de hierbas medicinales. Y estos son los elementos más importantes que debería contener un tratamiento para combatir el lupus:

*Aceite de pescado. Parece que todas las enfermedades autoinmunes detienen su proceso degenerativo si se toman dosis de 3 gramos de aceite de pescado durante tres semanas. Sólo este aspecto terapéutico de los ácidos grasos esenciales Omega 3 presentes en el aceite de pescado lo convierten en un recurso inestimable en el tratamiento. Existen estudios clínicos que demuestran la capacidad de estos nutrientes para lograr remisiones de la enfermedad.

He mencionado antes, además, la predisposición familiar -por razones genéticas o medioambientales- a padecer enfermedades autoinmunes. Pues bien, en mi opinión la carencia de ácidos grasos esenciales que conlleva la refinación de los aceites de mesa es el principal factor condicionante para despertar este tipo de patologías. Diré más: la carencia de ácidos grasos esenciales es, a mi juicio, el mayor problema de salud pública vinculado a la nutrición que existe en los países desarrollados. Por eso promover el consumo de aceites vírgenes, pescado y frutos oleaginosos podría marcar una diferencia históricamente significativa no sólo en la prevención de enfermedades autoinmunes sino también en otras de carácter epidémico como los trastornos cardiovasculares, el cáncer, la diabetes o el sida.

Por otra parte, cabe destacar la utilidad de los aceites de pescado en muchas condiciones asociadas al lupus como la nefritis, las alteraciones anímicas o la fatiga. 

*Cartílago de tiburón. Los mucopolisacáridos presentes en el cartílago de tiburón han demostrado ser importantes agentes inmunorreguladores. De ahí que una terapia adecuada que combine su ingesta con el aceite de pescado pueda incluso llegar a detener el proceso degenerativo.
Además, el cartílago de tiburón es muy útil para regenerar las articulaciones, habitualmente afectadas por esta enfermedad.

* Otras sustancias inmunorreguladoras de interés en el tratamiento del lupus son el Aceite de Prímula, la Morinda Citrifolia –Noni-, el Cetilmiristoleato, el Jengibre y el Metilsulfonilmetane (MSM). Una combinación inteligente de todas ellas reemplaza con ventajas y sin efectos secundarios el primitivo enfoque de los antiinflamatorios esteroides. 

* Nutrientes inmunoestimulantes. A diferencia de los antiinflamatorios esteroides utilizados generalmente, la naturaleza nos brinda sustancias antiinflamatorias que, inversamente a esas drogas, actúan como inmunoestimulantes. Se sabe que las crisis de las enfermedades autoinmunes aumentan tras una infección y los antiinflamatorios esteroides -tan utilizados para combatir la inflamación- tienen la desventaja de debilitar las defensas predisponiendo al paciente a nuevas infecciones dando además paso a un nefasto círculo vicioso.
Entre los inmunoestimulantes naturales que cabe recomendar para mantener al paciente alejado de cualquier infección destacan el Propóleo, la Uña de gato y el Zinc

*Alimentos antioxidantes. Los elementos antioxidantes no deberían faltar en la estrategia de salud de cualquier persona que desee mantener la vitalidad y, por tanto, mucho menos en la de quien padece una severa enfermedad.

Entre los antioxidantes convencionales se hallan las vitaminas A, C y E, el betacaroteno –provitamina A-y los minerales zinc, selenio ycobre así como –aunque menos conocidos- la coenzima Q10 y el ácido lipoico. En cuanto a las mejores hierbas antioxidantes para estos casos destacaría la corteza de pino marítimo y el extracto de semillas de uva, ambas con potencia antiinflamatoria adicional.
Cabe destacar que la nutrición antioxidante potencia sinérgicamente los efectos inmunoreguladores y antiinflamatorios de los elementos citados anteriormente. 

LA NECESARIA DESINTOXICACIÓN 

Es importante añadir que la autoinmunidad podría tener su origen en la toxicidad de nuestro terreno orgánico o que ese problema, al menos, agrave la situación. Y todos sabemos que si bien los intestinos deberían ser la alcantarilla del organismo lo cierto es que habitualmente son una verdadera cloaca. Una alimentación hipotóxica como la que antes hemos propuesto es, por tanto, una buena manera de mantenerlos saludables.

En cualquier caso, como en general se suelen encontrar tan contaminados no estaría de más hacerse una irrigación. Puede hacerla en casa con un irrigador de dos litros –se venden en farmacias- o, mejor aún, acudir a un profesional que realice un trabajo más profundo. Una hidroterapia de colon es muy saludable.

Como mantenimiento sería bueno tomar cada día una infusión de dos cucharadas de semillas de lino en ayunas; no sólo mantendrán nuestra regularidad intestinal sino que además nos aportarán otros nutrientes de interés. También podemos poblar nuestros intestinos con bacterias benéficas consumiendo jugo de chucrut o suplementos de acidóphilus.

Y como el hígado cumple un importante papel de apoyo en esta labor, estimulémoslo con infusiones de cardo mariano, alcachofa oboldo, o bien, tomando una o dos ampollas diarias de jugo de rábano picante.

LA CLAVE ESTÁ EN LAS EMOCIONES

Recuérdese en todo caso que, junto con las infecciones, el estrés emocional es el principal agente promotor de crisis. Por eso las herramientas de control psíquico para mantener en el enfermo una actitud adecuada son importantes y pueden llegar a marcar una significativa diferencia en su calidad de vida.
En ese sentido es bueno darse cuenta de que no existe el conflicto: somos el conflicto. Cuando nuestra experiencia asimila ese aprendizaje somos concientes de que toda esa energía que utilizamos focalizándonos en los problemas podríamos direccionarla con mucha más eficacia en la solución de los mismos.

Una mente serena ayuda muchísimo a ser más eficientes en un modo de “bajo consumo de energía”. Para ello podemos valernos de la constancia y de disciplinas como el yoga, la meditación, el tai chi o alguna actividad que nos recree y regocije el espíritu.

Es todo. Seguramente los lectores pensarán que no han encontrado en este texto la solución mágica para el problema del lupus pero puedo dar fe de que quienes se valen de los recursos aquí mencionados viven mucho mejor que quienes no lo hacen. Es más, si se animan a seguir estos consejos comenzarán a preguntarse después de un tiempo cuál es la razón por la que muchas personas no son informadas del valor de la medicina natural y sufren innecesariamente. Ojalá sean muchos los lectores y profesionales que se atrevan a ir más allá de las creencias establecidas y lo comprueben por sí mismos.

Dr. Pablo de la Iglesia

 

Este reportaje aparece en
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Octubre 2001
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