REPORTAJES
NÚMERO 5 / MAYO / 1999
   EL PETRÓLEO, PRINCIPAL CAUSA DE LAS ALERGIAS


Dos noticias recientes sobre el problema de las alergias han dejado hondamente preocupados a los especialistas y a las autoridades sanitarias ya que son varios millones los españoles afectados por este problema. La primera se refiere a una investigación llevada a cabo en Inglaterra según la cual en cuatro años más de la mitad de los europeos tendrán problemas alérgicos. La segunda relaciona la alergia con la polución causada por los derivados del petróleo. La importancia y gravedad de ambas noticias nos ha llevado a consultar el problema con el doctor Javier Subiza. 

El doctor Javier Subiza es actualmente coordinador del equipo encargado de vigilar la concentración de pólenes en el aire de nuestro país; su experiencia en este campo es, pues, considerable. De ahí que nos dirigiéramos a su clínica para confirmar o desmentir la gravedad de ambas informaciones.

-Doctor, se asegura que en unos pocos años la mitad de los europeos padecerán alergias causadas por la polinización. ¿Es verdad? De hecho, ya llama la atención que el aumento de las alergias en los últimos años haya sido tan impresionante...

-Es cierto. Ha habido un dramático aumento de enfermedades alérgicas en los últimos años. Por ejemplo, la alergia primaveral a los pólenes de las plantas, lo que se conoce como "fiebre del heno", es una enfermedad que era prácticamente desconocida en el siglo pasado. La primera descripción científica que existe fue hecha en 1819 por el médico inglés John Bostock, quien durante más de quince años estuvo buscando pacientes que, como él, presentaran los síntomas respiratorias primaverales. Y no encontró en ese tiempo más de veinte personas en toda Inglaterra que tuvieran el mismo problema. Casi cincuenta años después, en 1873, Charles Harrison Blackley, otro médico inglés, por cierto también alérgico al heno, llegó a la conclusión de que el causante del problema era el polen del mismo y describió la dolencia como un padecimiento raro que afectaba sobre todo a la clase aristocrática. Todavía en el año 1920, un estudio estadístico hecho en Suiza mostraba que la polinosis no afligía nada más que al 0.5% de la población. Las estadísticas suizas se han ido actualizando desde entonces y han permitido demostrar que cada cinco-diez años había un importante aumento de la prevalencia de la enfermedad, de tal manera que el último muestreo, realizado en 1993, arrojaba un total de más del 11% de personas afectadas de polinosis.

Y hablamos de la población en general porque si nos remitimos sólo a la infantil, por ejemplo entre los 12 y 13 años, comprobamos que en ciudades como Londres los casos llegan al 33%.

Por eso la predicción de que el problema va a afectar a la mitad de la población europea no es exagerada. De hecho, ese porcentaje casi se está produciendo ya en determinados grupos de edad, precisamente entre los más jóvenes, cuya condición van a mantener en los próximos años.

Pero no solamente sucede eso con la polinosis (alergia al polen); también estamos viendo el mismo incremento en otros tipos de alergia como puede ser a los ácaros e, incluso, el mismo asma bronquial. Está claro que, sobre todo en los países industrializados, hay un incremento dramático de personas afectadas por alergias, especialmente en las producidas por inhalación, como las polinosis o las reacciones al polvo de cualquier clase.

-¿Y a qué puede deberse este cambio tan drástico en cuanto al número de afectados?

-Hay una serie de hechos que hacen pensar. Primero, el que haya un aumento de la prevalencia, no sólo del asma bronquial sino también de las rinitis alérgicas, algo que ya nadie pone en duda. También está fuera de toda duda que más del 80% de los problemas de asma bronquial están producidos por una alergia y que, en este momento, un 7% de la población global y más del 10% de la infantil (lo que representa un total de casi tres millones de personas en España) padece asma. Además, los diferentes tipos de asma son cada vez más graves. Hasta el punto de que se ha convertido en la primera causa de ingreso hospitalario en los niños y la sexta causa de todos los ingresos a cualquier edad, además de ser la primera de absentismo laboral. La primera. Por delante de las gripes e incluso de los accidentes y del dolor crónico de espalda. En Estados Unidos, donde se dispone de esas estadísticas, se calcula que el coste de esta enfermedad en cuidados médicos, remedios y pérdidas de horas de trabajo supera los seis billones de dólares (unos novecientos mil millones de pesetas).

En cuanto al porqué de este aumento de asma y alergias se trata de "la pregunta del millón". Y posiblemente no haya una sola respuesta para conocer la causa sino que la misma sea consecuencia de una suma de factores.

-Hablemos pues de ellos...

-Bien, de lo que sí hay evidencia es de que en el aumento de la alergia a los pólenes uno de las cosas que más está influyendo es la contaminación. Estudios epidemiológicos recientes, tanto españoles como extranjeros, han probado que los problemas de alergia al polen son el doble de frecuentes en el ambiente urbano que en el campo a pesar de que las concentraciones de polen en el campo son mucho mayores.

En las ciudades de Leipzig y Munich, en Alemania, se hizo un estudio definitivo al respecto comparando la prevalencia de fiebre del heno en estas dos ciudades, relativamente cercanas pero separadas hasta hace unos años por el Muro de Berlín. Munich era, teóricamente, una cuidad no contaminada, sin industria importante y con la única fuente de polución representada por los automóviles. Por el contrario, Leipzig era una ciudad muy industrializada en la que la industria y las calefacciones funcionaban principalmente a base de carbón. Curiosamente, cuando se hicieron estudios de la prevalencia de la fiebre del heno antes de la reunificación alemana la incidencia en Leipzig era pequeña mientras en Munich era alta, como en el resto de las ciudades europeas. Tras la reunificación se quitaron los obsoletos sistemas de carbón de Leipzig y se consiguió una ciudad aparentemente menos contaminada en donde la fuente de energía predominante es el gasoil. Pues bien, a partir de aquel momento la incidencia de la fiebre del heno empezó a subir de forma espectacular.

Hay también estudios efectuados en Tokio por el famoso alergólogo nipón Miamoto en relación con la polinosis del cedro del Japón, observando que la prevalencia en las zonas próximas a las grandes autopistas es mucho mayor que en el resto del país y, por supuesto, mucho más alta que en las zonas boscosas y agrarias del sur.

Y hay muchos más ejemplos. Hace tres años se estudió la prevalencia de alergias al polen y a los ácaros en escolares que vivían en el centro de Londres y en la zona residencial al sur del Támesis. Bueno, pues encontraron que en el grupo que vivía en el centro de la ciudad, muy contaminado -sobre todo por humos de gasoil-, la prevalencia de esas alergias llegaba a un 34% en los niños mientras que en los que vivían en los barrios periféricos, menos contaminados, no llegaba al 20%.

-Luego todo parece indicar que la causa de las alergias, más que al pólen, se debe a la contaminación ambiental por los derivados del petróleo.

-Efectivamente. La causa del espectacular aumento de las alergias no se puede explicar por los pólenes ya que han estado siempre ahí y sus concentraciones son las mismas año tras año. En Madrid estamos midiendo las concentraciones de pólenes de gramíneas desde 1973 y no hemos observado que tengamos más de que las que teníamos entonces; en todo caso tienden a bajar ligeramente porque cada vez tenemos más ciudad y menos campo.

La causa, por tanto, apunta a la contaminación. Y además, concretamente a la contaminación por derivados del petróleo.

-¿Hay alguna prueba de ello?

-Sí. Tenemos pruebas de laboratorio que, por ejemplo, demuestran que las partículas procedentes del gasoil provocan, por un lado, que los pólenes sean cada vez más alergénicos; y, por otro, que los pacientes se sensibilicen con mucha más facilidad.

Se ha podido comprobar -en un trabajo también realizado en Japón- que ratones sometidos a la acción de pólenes contaminados por humos de gasoil procedentes del tubo de escape de un coche desarrollaban anticuerpos específicos en mucha mayor cantidad que las cepas de ratones sometidos a polen sin contaminar. Esto parece demostrar que hay algo en los derivados del petróleo que hace que la respuesta inmunológica sea mucho más virulenta. Y ese mecanismo es lo que se está estudiando en la actualidad.

Hay un estudio muy interesante hecho en humanos voluntarios por un norteamericano de procedencia hispana, Díaz Sánchez, que sometió a pacientes alérgicos al polen de Ambrosia (causa más importante de polinosis en EE.UU.) a provocaciones nasales con ese polen y a otros con el mismo polen pero mezclado con contaminantes de gasoil equivalentes a la dosis que podría inhalarse en 24 horas en una zona de contaminación media. Hizo lavados nasales al cabo de uno, cuatro y ocho días midiendo la cantidad de inmunoproteínas específicas (IgE) frente a ese polen en concreto. En el primer grupo se detectó un aumento moderado de esas proteínas mientras que en el segundo, provocado con polen mezclado con derivados del diesel, se detectaron concentraciones hasta 20 veces superiores.

Por otro lado, se ha visto que, sin necesidad de pólenes, la contaminación provoca inflamación en los bronquios, como se ha comprobado recientemente en Suiza en un estudio hecho sobre escolares no específicamente alérgicos con alteraciones del flujo respiratorio en relación directa con la contaminación atmosférica por derivados del petróleo. La importancia que esto tiene es que demuestra que la propia contaminación puede "preparar el terreno" para una reacción alérgica posterior debido a cualquier alergeno por una serie de mecanismos físicos y celulares.

-Lo malo es que, tal como están las cosas, habrá que pelear mucho por esas fuentes de energía alternativas no contaminantes. Pero mientras, ¿nos podría adelantar si esta primavera va a ser especialmente dura para los alérgicos al polen?

-Ya desde finales del pasado mes de Enero hemos tenido concentraciones muy altas de pólenes de cipreses y arizónicas que han llegado a afectar al 25% de las personas alérgicas de Madrid. Por eso en España, donde cada vez hay más árboles de este tipo en las ciudades, se ha sufrido un invierno malo. Ahora estamos en plena producción de otro polen, el del plátano de sombra, muy frecuente en casi todo el país y que describimos nosotros por primera vez. Afecta a casi un 50% de los pacientes de polinosis y es causa de gran número de crisis de asma bronquial. Este año concretamente se espera muy abundante. Como ha sido un invierno seco, sin embargo, se espera que las concentraciones de polen de gramíneas sean algo menores. No obstante, hay que remarcar que aunque se trate de años secos como este, el peor momento se da en los meses de Mayo y Junio, como se puede comprobar no sólo por la medida de concentración de pólenes sino por las ventas de antihistamínicos, máximas en estos dos meses. Y, como es lógico, el problema será mucho mayor en las ciudades que en el campo, especialmente en las de mayor contaminación. La causa está en el petróleo...

 

Andrés Rodríguez-Alarcón
 



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