Lo que genéricamente
se denomina cáncer -y que puede manifestarse
en un tumor sólido, una proliferación celular
como la leucemia, una úlcera carcinomatosa
o una necrosis tumoral- no es en realidad
una "enfermedad" sino un proceso biológico
natural que el cuerpo pone en marcha cuando
se sufre un shock traumático inesperado generador
de un "conflicto biológico". Conflicto que,
mientras no se resuelve, lleva al organismo
a responder con toda una serie de cambios
en sus células que pueden provocar diversas
patologías, cáncer incluido. Sin embargo,
cuando se soluciona ese conflicto -o conflictos-
de forma definitiva -y no sobrevienen recaídas
-recidivas- se entra en un proceso de curación
en el que al enfermo, una vez ha conocido
y comprendido el cómo y el para qué de su
enfermedad, le basta seguir una sencillas
medidas terapéuticas no agresivas para sanar,
entre las que no se descarta la cirugía).
Quien asegura todo lo que se explica en
la entradilla de este reportaje es el doctor
Ryke Geerd Hamer, probablemente el médico
más vilipendiado, atacado e injustamente perseguido
de las últimas décadas en Europa como ya explicamos
en el número anterior de la revista. Unas
aseveraciones que, sin embargo, están ampliadamente
fundamentadas y corroboradas por otros médicos
e, incluso, por instituciones universitarias.
Porque, afortunadamente, Hamer empieza a no
estar solo en su lucha por explicar qué es
el cáncer y cómo afrontarlo. Aunque nosotros
tengamos que manifestar que su afirmación
de que "todos" los cánceres tienen un origen
traumático debiera ser matizada y decir la
"mayoría".
Pero vayamos, tal como prometimos el mes pasado,
a explicar los descubrimientos y conclusiones
de Hamer. Descubrimientos que tendrían lugar
a raíz de un hecho dramático acaecido en su
vida: la muerte accidental de su hijo Dirk
de un disparo fortuito. Porque aquel inesperado
fallecimiento marcó tan profundamente a Hamer
y a su mujer Sigrid -también médico-
que al poco tiempo se manifestó en él un cáncer
de testículo y en su mujer un cáncer de mama.
Un nuevo drama que llevaría a reflexionar
al matrimonio Hamer y le haría preguntarse
si la muerte de su hijo no tendría relación
con la aparición de sus cánceres, si no habrían
somatizado su conflicto psíquico y emocional.
Aquello -como ya conocen los lectores que
nos vienen siguiendo- llevaría a Hamer, al
estudiar a fondo la génesis del cáncer, a
toda una serie de importantes descubrimientos.
Hoy su trabajo está plasmado en lo que ha
dado en llamarse la Nueva Medicina,
corpus doctrinal que permite entender no sólo
el origen y desarrollo del cáncer sino de
la mayor parte de las enfermedades. Y que
está resumida en lo que Hamer denomina las
Cinco Leyes Biológicas. Veámoslas brevemente
aunque, para comprenderlas en plenitud, habría
que comentarlas de forma más extensa.
1ª LEY BIOLÓGICA
La primera conclusión
o descubrimiento al que Hamer llegaría sería
que "el cáncer tiene su origen en un shock
traumático inesperado que se sufre en soledad",
un impacto conflictivo de contenido dramático
en el ámbito psíquico que le pilla a uno a
contrapié. Algo que, como decimos, a nuestro
entender es así en la mayor parte de los casos
pero no en todos. Los casos de niños en los
que se ha manifestado un cáncer por el simple
hecho de vivir al lado de torres de alta tensión
o antenas de telefonía móvil son un ejemplo.
Sin embargo, para entender en su justo término
lo que quiere decir Hamer, hay que aclarar
que también puede haber conflictos biológicos
tanto durante el desarrollo del embrión y
del feto como en el momento del nacimiento
(por ejemplo, por un parto traumático) y durante
la etapa inicial de la vida.
Obviamente, Hamer empezaría a sospechar la
relación shock traumático-cáncer al reflexionar
sobre su caso y el de su esposa. Así que,
aprovechando que trabajaba como jefe de servicio
en un hospital se dedicó a indagar si entre
los enfermos de cáncer que ingresaban en él
había habido shocks fuertemente traumáticos
poco antes de que la enfermedad apareciera.
Y constató que así era. Posteriormente se
daría cuenta además de que el tipo de problema
y, sobre todo, la forma en que se vive el
conflicto, también está relacionado con el
órgano que resulta afectado. Una relación
a la que decidió denominar "colorido" del
conflicto. Animado, decidió ampliar su investigación
y averiguar si esa relación no se produciría
también en pacientes con otro tipo de patologías
distintas al cáncer descubriendo que, en efecto,
muchos de los enfermos reconocían haber sufrido
determinados problemas antes de enfermar.
Y que, además, los habían somatizado de similar
manera, es decir, con las mismas patologías
o enfermedades en función del "colorido" del
conflicto.
Resumiendo, Hamer comprobó que en la práctica
totalidad de los casos de cáncer estudiados
las personas habían sufrido previamente un
fuerte conflicto. Y que, en función del tipo
de conflicto y de cómo vivieron el mismo -una
ruptura de pareja, la muerte de un ser querido,
el despido del trabajo, etc.- se veían afectados
unos órganos u otros. Circunstancia a la que,
insistimos, llamó "colorido" del conflicto.
Hamer, en cualquier caso, remarca la diferencia
que existe entre conflicto psíquico o emocional
y conflicto biológico. Para lo cual propone
5 criterios definitorios y, sobre todo, llama
la atención en que el contenido del conflicto
-pérdidas, separaciones, amenazas...- sean
conflictivas, dramáticas, vividas en soledad
y que nos cogen a contrapié.
EL CONFLICTO SE
PLASMA EN EL CEREBRO
Demostrada la
relación mente-enfermedad, Hamer se preguntaría
si en el cerebro, órgano regulador de la mente,
ese conflicto no se plasmaría también de alguna
manera. Es decir, si en los casos de enfermedad
-y especialmente de cáncer- no se vería en
él algo anormal si se hiciera un escáner cerebral
con un moderno TAC (Tomógrafo Axial Computerizado).
Así que, con el fin de constatarlo, se dedicaría
a partir de ese momento a hacer escáneres
cerebrales a todos sus enfermos comprobando
que aparecían en todos ellos una serie de
marcas en forma de diana (círculos con un
punto central). Sin embargo, sus compañeros
le "aclararían" que en realidad aquellas marcas
circulares eran fallos del sistema que se
habían bautizado como "artefactos" y que no
se correspondían con nada real. Es decir,
que se trataba de fallos corrientes en el
funcionamiento de la máquina porque ésta,
al emitir su radiación, lo hace en forma de
círculos. Y que, en consecuencia, no debían
tenerse en cuenta porque no reflejaban nada
real. Solo que a Hamer aquella explicación
no le convenció y se preguntó si esas "dianas"
no podrían deberse a alteraciones del campo
electromagnético del cerebro ocasionadas por
el conflicto. Y como se trata de un científico,
en lugar de especular decidió averiguar la
verdad. Para lo cual entró en contacto con
la empresa alemana Siemens, fabricante de
los aparatos, a fin de determinar con sus
técnicos si esas dianas eran realmente debidas
o no a fallos técnicos. La empresa, desde
el principio, negó que fuera así y accedió
a realizar conjuntamente con Hamer un protocolo
de investigación durante seis meses para demostrarlo.
Sólo que el estudio se interrumpió a los dos
ante la evidencia de los resultados: los llamados
"artefactos" no eran fallos del aparato. Luego
la causa tenía que ser otra. Y la demostración
de que tenía razón fue sencilla: colocar a
un paciente en cuyo escáner apareciese uno
de esos artefactos boca arriba y con la cabeza
apoyada sobre la nuca y, posteriormente, con
la cabeza de lado. Era obvio que si la diana
se debía a un fallo del aparato aparecería
en ambas placas en el mismo lugar. Pero si
reflejaba algo del interior del cerebro la
diana se desplazaría en la misma proporción
que se desplazaba la cabeza. El resultado
fue claro: la diana se desplazaba demostrando
que el aparato reflejaba algo del interior
del cerebro. Pues bien, a esas "marcas" que
reflejan el conflicto en el cerebro las bautizaría
como "focos de Hamer".
Algunos de sus detractores argumentarían que
si lo que plantea Hamer fuera cierto esas
"dianas" aparecerían también al realizar una
resonancia magnética nuclear (RMN), cosa que
no ocurre. Sin embargo, olvidan -o ignoran-
que la razón de que ello sólo suceda al efectuar
un TAC es que en la alteración de campo electromagnético
no hay "momento magnético del núcleo" y, por
tanto, al no haber vector de campo magnético
éste no puede ser captado por la resonancia
magnética nuclear. Y la razón para que no
haya "momento magnético" es que éste sólo
se produciría si el número de protones y neutrones
producidos en los núcleos atómicos situados
en el área enmarcada por la diana fuera impar
pero cuando se produce un conflicto emocional
la diana cerebral contiene un número par de
protones y electrones, razón por la que no
emite vector de campo magnético que pueda
ser captado por la RMN. Precisamente en esa
circunstancia se basa la RMN, en la captación
de esos momentos magnéticos.
Siguiendo el curso de sus investigaciones,
Hamer descubriría que los escáneres cerebrales
no sólo muestran a veces señales en diana
sino que también aparecen otro tipo de marcas,
redondas pero oscuras, que son identificadas
como edemas y que pueden verse en los focos
donde antes estaban las dianas. Pues bien,
según Hamer eso indica que el conflicto está
en vías de solución. Es decir, que si donde
antes había una diana aparece luego una mancha
oscura es señal de que el conflicto se está
resolviendo ¡y el órgano afectado en vías
de regeneración!
Hamer terminaría comprendiendo pues, al analizar
tantos casos, que un impacto psicoemocional
de las características definidas anteriormente
se plasma de inmediato en el cerebro y, prácticamente
de forma instantánea, en un órgano. Y que
el hecho de que el conflicto se manifieste
como un cáncer o como otra "enfermedad" depende
sólo del grado del mismo, de su intensidad.
Es decir, que el cáncer se desarrolla fundamentalmente
cuando se trata de un shock traumático de
alta intensidad que le pilla a uno completamente
desprevenido y que, además, se vive en soledad,
en aislamiento, sin compartir los sentimientos
y pensamientos con las personas de alrededor.
Al impacto inicial que pone en marcha el conflicto
biológico Hamer lo bautizaría -en recuerdo
de su hijo- como Síndrome Dirk Hamer (DSH).
Asimismo, constataría que la misma situación
puede desencadenar distintos tipos de cánceres
en unas personas y otras. Algo que, según
Hamer, depende del "colorido", es decir, de
la manera en que se vive y se siente esa experiencia
traumática (algunos investigadores comentan,
en este punto concreto, que quizás el hecho
de que el órgano afectado sea uno u otro no
dependa de lo que postula Hamer sino de que
el cáncer, simplemente, se manifiesta en el
órgano que se encuentra más debilitado).
LA DESAPARICIÓN
DEL CÁNCER
En suma, el cáncer
-y cualquier otra enfermedad equivalente-
no sería sino la respuesta con la que reacciona
el cuerpo ante un conflicto importante. Conflictos
conocidos y que, de forma general, la Psicología
del Comportamiento cataloga hoy dividiéndolos
en arcaicos, modernos e intermedios, según
el curso del proceso evolutivo de las especies.
Los conflictos arcaicos son los relacionados
con la nutrición y la protección -necesidad
de supervivencia y de protección de la integridad
del cuerpo y las vísceras vitales para la
vida- por lo que están regulados por el cerebro
reptiliano o cerebro antiguo. Los conflictos
más modernos corresponderían a los de desvalorización
y, sobre todo, los de territorio. Y los intermedios
a los de separación y de nido, aunque esta
división es relativa ya que los de "nido"
corresponden al periodo anterior.
¿Y por qué hago mención de esto?, se preguntará
el lector. Pues, sencillamente, porque sabiendo
mediante un TAC qué zonas cerebrales han sido
afectadas por el conflicto podemos prever
qué órgano u órganos probablemente se vean,
a su vez, afectados. Y no nos extenderemos
en este punto para no ser prolijos en aspectos
demasiado técnicos que no están al alcance
todos los lectores pero, con el fin de que
se entienda mejor, recogeré un caso planteado
por el propio Dr. Hamer. "Si una mujer
diestra de 40 años sorprende a su marido "in
fraganti" con una bella muchacha de 18 años
en el lecho conyugal lo más probable, si quiere
a su marido, es que tenga un conflicto de
tipo sexual. Pero también uno de desvalorización
en relación con su pareja por lo que seguramente
sufrirá descalcificación del hombro derecho.
Si la muchacha, sin embargo, no es una joven
bonita sino una prostituta el conflicto sexual
seguirá presente pero a él se añadirá un conflicto
de pareja -lo que puede ocasionarle un
cáncer en el seno derecho-, un conflicto
de territorio, uno de asco (de pensar que
la prostituta estaba en la cama del matrimonio),
lo que le puede llevar a una hipoglicemia."
Cabe añadir que algunos conflictos se
"graban a fuego" en nosotros. Y que a veces
basta sentir uno de los elementos del conflicto
para revivirlo por completo con la misma intensidad.
Por ejemplo, porque a nivel inconsciente nos
recuerda el hecho traumático el color parecido
del pelo en otra joven, la forma de la cara,
la figura, el olor corporal, el perfume...
De ahí la importancia que Hamer da a indagar
todos los elementos que originaron el conflicto
a fin de evitar que algún elemento suelto
pueda volverlo a activar. Una tesis que, por
cierto, comparten otros muchos expertos y
a la que dan una importancia trascendental.
Es el caso de Joaquín Grau, que tan
bien plasma en su excelente Tratado Teórico-Práctico
de Anatheóresis, obra que a mi juicio
debería ser de obligada lectura en todas las
universidades y que recomiendo a todo médico
que esté leyendo estas líneas.
En definitiva, ese hecho explica que un cáncer
aparentemente curado pueda volver a manifestarse
en el mismo órgano al cabo de un tiempo. Por
eso es muy importante diagnosticar el DHS
y los "raíles" o circunstancias acompañantes
que pone en marcha. A fin de cuentas, el cáncer
sólo desaparece cuando el conflicto queda
definitivamente resuelto.
Ahora bien, Hamer se encontraría con algo
que parecía echar por tierra su tesis: casos
en los que las personas aseguraban haber vivido
un conflicto -e, incluso, estar viviéndolo
en ese momento-, comprobar que el escáner
mostraba la señal correspondiente y, sin embargo,
constatar también que la persona, orgánicamente,
no tenía síntoma alguno. Y al revés, es decir,
personas que relataban haber vivido hacía
tiempo un conflicto, haberlo resuelto, no
haber tenido problema alguno durante esa fase
y que, justo tras resolverlo, les sobrevino
la enfermedad.
Un aparente contrasentido que conciliaría
su segunda ley o Ley del carácter bifásico
de las enfermedades que dice así: "Toda
enfermedad sigue una evolución bifásica cuando
el conflicto biológico que la dio origen ha
sido resuelto". Expliquémoslo.
2ª LEY BIOLÓGICA
En realidad, a
la "segunda ley de la Nueva Medicina"
se la conoce más como Ley de la Simpacotonía
y Vagotonía. Y viene a indicar que a todo
Síndrome Dirk Hamer (DHS) -es decir,
a todo shock traumático inesperado que te
pilla de improviso y se vive en soledad- sigue
siempre una etapa de simpacotonía o fase activa
del conflicto y otra de vagotonía o fase resolutiva
o curativa del mismo.
Dicho de otro modo: tras la vivencia de todo
suceso que ocasiona un conflicto biológico
el cuerpo pone en marcha un sistema para procesar
y resolver ese conflicto. A fin de cuentas,
tenemos un sistema biológico extraordinariamente
bien concebido para proteger la vida. En la
primera etapa, también llamada fase fría,
el organismo se prepara para enfrentar el
conflicto. Es el llamado periodo de simpacotonía
y es muy importante ya que permite a la persona
sobrevivir a pesar del gran impacto que acaba
de sufrir y movilizar sus energías para la
solución de su problema. Normalmente cambia
el carácter de la persona y suele estar irritable,
nerviosa y malhumorada. Come menos, duerme
poco -o no duerme-, adelgaza y las palmas
de las manos están muy frías.
A esa fase la sigue la de vagotonía o fase
caliente, terapia natural que ofrece la naturaleza
y que responde a la necesidad de descanso
absoluto a fin de permitir al organismo la
recuperación, tras la resolución del conflicto.
Y aunque en ella es donde empieza en realidad
la curación es la fase que, paradójicamente,
los médicos convencionales suelen identificar
con la enfermedad propiamente dicha puesto
que es cuando aparecen los primeros síntomas
físicos evidentes de la enfermedad. Síntomas
que pueden ir desde inflamaciones hasta, incluso,
tumoraciones cancerígenas, lo que depende
de la zona cerebral que se haya visto afectada
durante el shock traumático (luego veremos
esto).
En esta fase se edematiza -es decir, se hincha
de líquido y se inflama- tanto el Foco de
Hamer -en el cerebro- como el órgano afectado;
algo que puede comprobarse con un simple TAC.
Es un periodo en el que la persona siente
una gran fatiga y suele padecer sudoración,
fiebre, pérdidas de sangre y fuertes dolores.
Lo que tiene lugar hasta el día en que aparece
la crisis epileptoide -o crisis de curación-
que, dependiendo de la enfermedad, puede presentarse
como un punto de máximo agotamiento y/o de
fiebre muy intensa y que es el "momento de
la verdad" en caso de las enfermedades graves.
Hamer también descubrió que cada tipo de conflicto
desencadena una manifestación diferente. Así,
cuando hay conflictos que afectan a la motricidad
la crisis no es epileptoide sino epiléptica,
con las convulsiones conocidas. Asimismo,
constató que en la primera parte de la vagotonía
los síntomas son tolerables, en la segunda
se incrementan y en la tercera parecen alarmantes.
Es cuando se suele recurrir al médico, cuando
se hacen análisis y los valores sanguíneos
aparecen alterados. Los marcadores tumorales
(las pruebas que se hacen ahora para el cáncer)
pueden estar igualmente disparados si, en
este caso, el crecimiento celular se da en
los cánceres que proceden de la capa embrionaria
mesodérmica moderna y ectodérmica. Y claro,
los médicos se alarman. Sobre todo porque
no entienden que esos síntomas concretos son
los indicadores que el problema está resolviéndose,
no agravándose. El mensaje de ese proceso
biológico es "descansa, reposa, permanece
quieto". En suma, esa fase de crisis -epiléptica
o epileptoide- no es sino el sistema que utiliza
la naturaleza para evacuar los edemas a nivel
cerebral y orgánico, que es la situación más
peligrosa (caso de la neumonía, infarto de
miocardio, embolia pulmonar, estatus asmático...)
En esa etapa de vagotonía hay, pues, un breve
periodo en el que se vuelve al estado de simpacotonía
y tiene lugar una vasoconstricción -que aprieta
y ayuda a evacuar el edema-, especialmente
a nivel cerebral. Tras las crisis epileptoides,
dependiendo de la magnitud, la persona entra
en una fase de poliuria (emisión de gran cantidad
de orina durante un periodo de tiempo) y puede
también aparecer fiebre y sudoración, medios
naturales que el cuerpo tiene para enfriarse
(modular su temperatura). Se puede entonces
ayudar al organismo aplicando compresas frías
a nivel local y cerebral.
3ª LEY BIOLÓGICA
Conocida como
Ley del sistema ontogénico de los tumores
y enfermedades afines viene a decir que
cuando el DHS -o shock traumático inesperado
que se vive en soledad- "impacta" durante
la fase activa del conflicto en una zona perteneciente
al cerebro antiguo aparecen tumores en los
órganos que proceden tanto del endodermo como
del mesodermo antiguo (glándulas y capas protectoras
como la pleura, el peritoneo, la dermis...)
mientras que si impacta en una zona del cerebro
moderno lo que se producen son necrosis o
ulceraciones en los órganos relacionados con
el mesodermo moderno y ectodermo (huesos,
ganglios, piel, tubos excretores de las diversas
glándulas -bronquios, conductos biliares,
pancreáticos, píloro, curvatura menor del
estómago...).
Hay que aclarar a las personas poco duchas
en fisiología que cada órgano del cuerpo tiene
su -para entendernos- "relé cerebral", es
decir, su correspondencia con cierta zona
específica del cerebro humano. Y que éste
regula (ver dibujo) las tres capas u hojas
embrionarias: el endodermo, el mesodermo (antiguo
y moderno) y el ectodermo (el endodermo y
el mesodermo antiguo por el tronco cerebral
y el cerebelo, el mesodermo moderno por el
mesencéfalo y el ectodermo por la corteza
cerebral). Como hay que saber también que
cada una de esas tres hojas embrionarias se
relaciona con sus correspondientes órganos.
Esa es la razón por la cual de que el shock
se manifieste -o impacte- en una u otra área
cerebral dependa que el órgano dañado sea
uno u otro (y ello está en función, como ya
adelantamos, del "colorido" del conflicto,
es decir, de cómo se vive y afronta el problema).
Por lo que ese "daño" se "traducirá" durante
la fase activa -o de simpatoconía- en una
multiplicación celular o tumor si el conflicto
impacta en el endodermo o en el mesodermo
antiguo o bien en una necrosis o una úlcera
si impacta en el mesodermo moderno y ectodermo.
Y esto implica algo muy importante: es imposible
que un cáncer se propague entre órganos pertenecientes
a distintas hojas embrionarias por lo que
algunas de las metástasis diagnosticadas por
los oncólogos convencionales son absurdas.
En la Nueva Medicina el fenómeno de las metástasis
se explica de otra manera: corresponde a otros
conflictos que pueden aparecer antes, durante
y después del diagnóstico de la enfermedad
principal.
Hamer descubriría también que durante la fase
de curación -o de vagotonía- los tumores,
producto de la proliferación celular en la
primera fase, son eliminados por las micobacterias
(tuberculosis) mientras que otras bacterias
y virus producen todo lo contrario -o sea,
proliferación y "relleno celular"- cuando
existen necrosis o ulceraciones, producidas
en la primera fase de la enfermedad.
Es decir, que los llamados carcinomas y sarcomas
serían en realidad fases del proceso curativo
del organismo. Siendo esa acción positiva,
ese programa biológico natural de sanación,
paradójicamente, lo que los oncólogos, en
su ignorancia, combaten.
4ª LEY BIOLÓGICA
Formulada como
Ley del sistema ontogénico de los microbios
explica que tanto éstos como los virus son
indispensables en la fase de curación. Más
claramente: según Hamer, los hongos, ciertas
bacterias y micobacterias tienen como función
principal eliminar los tumores producidos
durante la fase activa mientras otros microorganismos
(bacterias) y algunos virus ayudan a restaurar
las necrosis o ulceraciones. Y, por tanto,
es una barbaridad combatirlos. Los virus,
por ejemplo, transportan las proteínas y sustancias
nutritivas que el organismo utiliza para rellenar
las úlceras. Esto explica, por ejemplo, que
sólo contraigan una "enfermedad viral" las
personas que llegan a una fase de resolución,
a una etapa de vagotonía. Y que nunca haya
infección por virus o microorganismo alguno
en la fase de simpacotonía. En suma, los microbios
ayudan tanto en la desaparición de los tumores
como en la reconstrucción de tejidos en las
úlceras y necrosis.
Hay que añadir que tras las crisis epileptoides
o de curación el cerebro conserva aún algo
de edema. Edema residual con un sentido biológico
muy profundo -especialmente en los casos donde
aparecen tumores- porque va a permitir que
se evacue o se enquiste la tumoración. Es
decir, dependiendo de la hoja embrionaria
donde esté asentado el tumor éste puede desprenderse
y ser evacuado o enquistarse quedando bien
delimitado. Ahora bien, hay personas que pueden
morir en esta fase. Eso depende de la gravedad
y del órgano lesionado. Por ese motivo es
muy importante conocer el momento del DHS
y cuándo acaeció la solución del conflicto
porque nos orientará en relación a la gravedad
de la sintomatología. En el caso, por ejemplo,
del infarto de miocardio -que corresponde
a una enfermedad no estrictamente cancerosa
tal como la entendemos convencionalmente-
porque si el "conflicto de territorio" ha
durado más de nueve meses puede ser mortal.
Por ese motivo es tan importante prevenir,
o bien actuar con cautela ante estas situaciones.
Cabe añadir que en las crisis de curación
el enfermo se encuentra muy fatigado. Es una
fase exudativa en la que el cuerpo limpia
o expulsa lo que no necesita. Y como requiere
mucha energía para terminar de reparar y limpiar
la zona dañada se impone un descanso -fase
de vagotonía- imprescindible. Una fase en
la que el paciente debe estar muy bien cuidado
porque se halla muy sensible y receptivo siendo
por ello muy vulnerable a caer en otro conflicto
biológico. Evidentemente, en esta fase puede
haber mucho dolor, como ocurre en el cáncer
de huesos porque el periosteo -la capa que
recubre el hueso-, que es la única que está
enervada, se comprime debido al edema y eso
es extremadamente doloroso. Es una fase, pues,
en la que paciente debe entender bien que
lo que le está pasando es natural y tener
paciencia. Suele durar entre mes y mes y medio.
Una punción, golpe o fractura en ese momento
puede romper el periosteo y extender el callo
óseo por los alrededores de la zona, situación
que será diagnosticada de osteosarcoma.
5ª LEY BIOLÓGICA
Denominada Ley
de la quintaesencia o de comprensión del sentido
de la enfermedad viene a resumir que ésta
no es sino un programa especial que pone en
marcha la naturaleza y tiene un profundo sentido
biológico. Y es el de que detrás de los malestares,
dolores y demás trastornos existe un mecanismo
de la naturaleza que nos brinda la oportunidad
de recuperarnos y revalidar esos programas
especiales. Que basta comprender la situación
y comprendernos para iniciar y trabajar en
nuestra curación. Y ello es así porque se
parte de la base de que la psique integra
todas las funciones que alcanzan al comportamiento
y sus conflictos, se concibe al cerebro como
un "ordenador" que controla esas funciones
y se comprende que los órganos expresan los
resultados de la integración de estos sucesos.
El cerebro, además, programa la psique y,
en una relación dinámica, se programa a sí
mismo.
Y viene también a decir que en las enfermedades
no hay nada "benigno" o "maligno" sino sólo
un profundo sentido de la naturaleza que se
refleja en los ritmos de normatonía, simpacotonía
y vagotonía. Que la enfermedad tiene siempre
un sentido profundo. Es más, desde el punto
de vista científico-nosológico se trata de
un suceso teleológico (con una finalidad)
que se cumple con un sentido completo. Por
eso cuando una persona logra solucionar plenamente
el conflicto que le ha provocado su mal-estar
el problema de salud que tiene termina resolviéndose.
En caso contrario, en cambio, el organismo
no podrá completar su trabajo de autosanación.
En suma, y como tantas veces hemos dicho en
esta revista, Hamer ha constatado nuevamente
que tanto la enfermedad como la curación dependen
de nosotros mismos. Aunque no lo queramos
asumir.
José Antonio Campoy
Para
más información:
Joaquín Grau
Centro de Terapia Anatheóresis
:
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Tlf.: 91 522 89 09