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| ¿QUÉ
CURA LA MEDICINA CONVENCIONAL? |
La Medicina alopática, convencional o farmacológica
ha decidido autodenominarse últimamente "medicina
científica" en un intento de autoprestigiarse
y de marcar distancias con otras concepciones
de la salud y de terapias que, a su juicio,
no han "demostrado" sus fundamentos. Pero,
¿qué cura en realidad la Medicina científica?
Pues la verdad es que muy pocas cosas. La
mayor parte de lo que ofrece -excepción hecha
de la cirugía- son fármacos sintomáticos.
El ciudadano medio europeo -y el español,
en particular- desconoce muchos de los factores
que afectan al modo en que se ejerce el control
sobre su salud, su bienestar y su seguridad
por parte de los políticos, los gobiernos,
las autoridades internacionales y los grupos
de poder organizados que influyen en los anteriores.
Control que en ocasiones se hace de forma
solapada y secretista pero en otras de modo
tan abierto como arbitrario y antidemocrático.
A pesar de lo cual, conscientes de ello, en
un impresionante alarde de valentía, miles
de profesionales de la salud alternativa y
de disciplinas afines así como profesionales
de la medicina convencional pero simpatizantes
y defensores de los tratamientos naturales
desafían hoy el actual autoritarismo reinante
abriendo la puerta de sus centros, consultas
y clínicas a otras terapias, jugándose con
ello el tipo a sabiendas de que pueden ser
sometidos por ello a persecución, abrírseles
expedientes administrativos, imponérseles
sanciones económicas y ser objeto de denuncias
y juicios donde el poder judicial será utilizado
como arma arrojadiza contra ellos usando todo
tipo de artimañas jurídicas.
Y ello con la connivencia de unos políticos
incompetentes, quizás muchas veces ignorantes
de cómo se les utiliza pero ciertamente, de
un modo u otro, "casados" con los amos de
la industria que domina el mundo de la salud,
la sanidad y la medicina. Gente que se sirve
de todo tipo de ingenierías societarias, financieras
y jurídicas para instalar su poder en el interior
de las instituciones públicas con el único
fin de asentar su monopolístico modus operandi
y que, al tiempo, les permita actuar sin
competencia alguna en el gran mercado en que
se ha convertido la salud y la enfermedad.
Por ejemplo, mediante complejas actividades
que incluyen la cooperación de medios de comunicación
social sensacionalistas ávidos de escándalos
para vender morbo, la colaboración de pacientes-trampa
dispuestos a formular denuncias de todo tipo
valiéndose de falsedades, engaños y mentiras
y a los que se prometen importantes gratificaciones,
colegios médicos controlados y dispuestos
a expedientar, suspender o expulsar a los
elementos discordantes o indeseables para
el grupo y sus intereses, recomendaciones
a los miembros del clan para que boicoteen
publicitariamente a los medios de comunicación
independientes que no se sometan a sus deseos,
administraciones públicas dispuestas a expedientar
y sancionar a los profesionales díscolos y
a clausurar consultas, centros o cualquier
tipo de establecimiento... Y todo ello con
la complicidad de miembros corruptos de un
estamento jurídico que a veces juzgan "a la
carta" condenando sin prueba alguna a los
profesionales disidentes de la verdad oficial
mancillando así su reputación, su honradez
y su valía al igual que su imagen pública.
Por ejemplo, mediante acusaciones de "intrusismo",
ejercicio ilegal de la medicina, estafa...
Todo vale con tal de lograr el fin deseado:
la supresión de toda alternativa a la Medicina
alopática y farmacológica.
Algo que también se obtiene con el secuestro
de toda información relevante que pueda abrir
los ojos al ciudadano coartándole así su capacidad
de elegir.
Lo cual permite de paso idiotizar a la sociedad
civil y contentarla con un sistema público
de salud que es hoy bastante más que deficiente.
Claro que al hambriento siempre le parece
un manjar cualquier despojo que pueda llevarse
a la boca.
NO SE PREOCUPE:
ESTAR ENFERMO ES GRATUITO
¿Y qué es eso
de que si la Seguridad Social no funciona
correctamente tampoco es tan preocupante porque
es gratuita? ¿Gratuita? La pagamos entre todos.
Además, es un verdadero insulto a la inteligencia
de los ciudadanos y una ofensa grave intentar
hacernos creer que el sistema sanitario está
gestionado hoy al máximo de sus posibilidades
cuando la realidad es que se ha convertido
en el mayor ente despilfarrador de las arcas
públicas, con deficiencias que rozan lo delictivo.
Y eso es así aunque mañana aparezca de nuevo
toda la maquinaria mediática del país -en
su mayor parte controlada por el gobierno
de turno- para intentar maquillar el verdadero
estado en el que se encuentran la Sanidad
y la Medicina en general: colapso casi total.
Teniendo en cuenta lo cual es aún más sorprendente
e inexplicable la cantidad de recursos humanos
y financieros que se destinan a combatir -cada
vez con mas vehemencia- las medicinas complementarias
o alternativas. Es más, cada vez que un profesional
de la salud -y no digamos ya si se trata de
un médico- intenta incorporar a su "arsenal
terapéutico" un remedio natural, efectivo
y no tóxico para beneficio de sus pacientes,
de la sociedad en general y de la ciencia...
es engullido por el sistema en una serie de
círculos represivos de tal calibre y magnitud
que se le condena hasta llevarle a la aniquilación
total como profesional conduciéndole a él
y a su familia hasta la bancarrota, la cárcel
o el desempleo. Cualquier castigo es poco
para un disidente en el ámbito de la salud.
Esto, amigo lector, está ocurriendo constantemente.
No sólo fuera sino también aquí, en nuestro
país.
Y todo ello se hace en nombre de la necesaria
protección de los derechos de los ciudadanos
y de su obligación de velar por nuestra salud...
Claro que lo que nunca esperaron es que la
persecución de los elementos disidentes, lejos
de crear calma social, esté creando tensión,
angustia, crispación y nerviosismo.
La pregunta es simple: si la gente demanda
el uso de terapias complementarias o alternativas,
¿por qué en lugar de regularlas y asegurarse
de que su uso sea eficaz, controlado y competente
se las persigue e intenta prohibir? Por otra
parte, ¿qué absurda paradoja es esa que hace
que no se reconozca a muchos terapeutas su
profesionalidad pero se les permita cotizar
a Hacienda como parasanitarios? Es una auténtica
vergüenza, indigna de un país como España.
Nuestros gobernantes y médicos deberían explicar
por qué se sienten tan amenazados por el imparable
avance de las medicinas alternativas y dedican
tantos esfuerzos a reprimir su avance, por
otra parte imparable.
MIEDO A PERDER
EL MONOPOLIO
¿Tienen miedo
los guardianes de la ortodoxia médica de la
continuidad de la Medicina alopática como
la única, verdadera y universal?
La medicina organizada es un monstruo cuyo
peso, volumen y envergadura es actualmente
tan inmenso que cualquier cambio de dirección
o posicionamiento, por pequeño que sea, requiere
inmensas dosis de energía y recursos así como
importantes espacios de tiempo. Es tal su
lentitud que, en términos ordinarios, podríamos
decir que para un cambio, una remodelación
profunda de pensamiento y acción, necesitaría
decenios. Cambiar los puntos de vista de esta
medicina organizada requeriría un replanteamiento
de lo que se ha dado en llamar el "pensamiento
médico moderno" y, lo que sería mas importante,
cómo ese tipo de razonamiento y argumentación,
de interpretación de la realidad, de método,
en definitiva, se estructura y se explica.
Lo cual nos acercaría al entendimiento de
un hecho mucho más complejo y es el de que
si lo anterior es cierto -y todo parece apuntar
que lo es- los actuales métodos de tratamiento
y control de las enfermedades se revelan como
inadecuados, inefectivos e insolventes para
los fines a los que pretendidamente estaban
destinados. Y ello con la carga implícita
de que se han ejercido durante años a sabiendas
de todo lo anterior.
A nuestros gobernantes no sólo les sorprende
el "imparable" avance de las medicinas alternativas
sino que no se lo explican. Con lo que se
gastan en marketing vendiendo las bondades
de la sanidad pública y resulta que unos "intrusos"
son capaces de atraer hacia ellos enfermos
que no sólo esperan pacientemente ser atendidos
sino que, además, lo pagan todo de sus propios
bolsillos y con agrado. Con el hándicap de
tener que hacerlo a espaldas de sus médicos
de cabecera -muchos de ellos verdaderos guardianes
del orden jerárquico socio-sanitario y auténticos
policías políticos del Ministerio de Sanidad-
por miedo a no ser atendidos en el futuro
si algo les ocurriera (circunstancia ésta
que, aunque negada reiteradamente por las
autoridades, es bien conocida por muchos enfermos
que han sido objeto de mofa y tratamiento
descortés por sus médicos cuando alguno osaron
contarles que habían acudido a un profesional
no médico).
Y eso que el Ministerio de Sanidad y el Gobierno
deberían estar agradecidos a las medicinas
alternativas ya que éstas permiten al Estado
ahorrar costes al reducir el número de consultas
y el consumo farmacéutico. Como debería estar
contento el Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social gracias a la cantidad de días de baja
laboral que los profesionales de las medicinas
alternativas evitan con sus cuidados y tratamientos
porque son manifiestamente más resolutivos.
El simple hecho de evitar que un enfermo permanezca
seis meses de baja por un dolor lumbar mientras
espera a que le sean practicadas las pruebas
pertinentes para decidir qué hacer con él
bastaría. Porque muchas veces, mientras el
enfermo espera con la Seguridad Social semanas
-a veces, meses- sólo para saber qué le pasa,
hay terapeutas alternativos -osteópatas, quiroprácticos,
etc.- que le atienden y resuelven su problema
en pocos días.
Y ESTAMOS HABLANDO
DE REALIDADES
Tomemos como ejemplo
al Gobierno británico que reguló profesionalmente
la Medicina Osteopática en 1993. Luego, el
año 2000 entraría en vigor la llamada Acta
Osteopática que estructuraría el Consejo General
de Osteópatas, cuerpo profesional con regulación
propia al igual que en los años 50 se promulgara
el Acta Médica que hizo lo propio con la profesión
alopática.
Pues bien, actualmente existen en Gran Bretaña
3.092 osteópatas (1.721 varones y 1.371 mujeres)
que atienden globalmente a unas 24.000 personas
al día. Hablamos pues de ¡siete millones!
de consultas y tratamientos por año. Un promedio
muy importante teniendo en cuenta que los
tratamientos osteópatas... los pagan los usuarios.
Bueno, pues resulta que al tratarse la Osteopatía
de una terapia natural se minimizan los efectos
secundarios derivados del habitual consumo
de fármacos (4 de cada 10 ingresos hospitalarios
en Gran Bretaña se producen a causa de los
efectos secundarios de los medicamentos),
se evita la necesidad de tener que enviar
al paciente a evaluación especializada (depende
de los casos) y se ahorra el Estado el coste
de las investigaciones médicas, los análisis
de laboratorio y las intervenciones quirúrgicas.
Y también se reducen las listas de espera
y la potencial evolución de las enfermedades
hacia la cronicidad.
A LA DEFENSIVA
Un ejemplo de
la contradicción existente en la práctica
de la medicina moderna y en los sistemas sanitarios
establecidos, en lo que respecta a las medicinas
alternativas, es que se ataca sistemáticamente
cualquier opción que difiera de lo que ellos
han aceptado como válido dentro de sus propias
convenciones, tantas veces admitidas por consenso
a sabiendas de que no serían aceptables por
simple sentido común ni resistirían un mínimo
contraste analítico. A pesar de lo cual, atacan
las opciones terapéuticas distintas sin comprobar
siquiera si funcionan o no. Al mismo tiempo,
se intenta pasar absurdamente todo por el
filtro de los estudios clínicos controlados
-los "doble ciego"- rechazando de plano todo
lo que se ha contemplado previamente a la
implantación de este método. Y lo curioso
es que muchas de las técnicas terapéuticas
que se utilizan en Medicina convencional jamás
han pasado por esos mismos filtros.
Tomemos como ejemplo la cirugía de by-pass
coronario o la angioplastia mediante globo
(balloon). Son dos técnicas quirúrgicas que
han revolucionado en los últimos tiempos la
cirugía cardiovascular y endovascular dando
renombre a quienes las practican porque salvan
vidas. Bueno, pues jamás se han comprobado
frente a otro tipo de técnica alternativa,
ni a doble ciego, ni en ensayos clínicos de
tipo o clase alguna. A pesar de no ser técnicas
definitivas sino remedios paliativos en un
gran número de casos y que, de modo irremediable,
condenan al paciente a la dependencia de fármacos
y cuidados posteriores para mantener sus condiciones
de vida. Sólo se ensalzan sus bondades y se
presentan ante la opinión pública como grandes
logros y proezas de ese grupo privilegiado
de modernos héroes que pretenden ser los miembros
de la clase médica en general y los cirujanos
cardíacos en particular. Es decir, se practican
sin más a pesar de ser puramente experimentales
y no se ponen objeciones a su realización
ni se criminaliza a los cirujanos que las
practican persiguiéndoles hasta los tribunales
o acusándoles públicamente en la prensa cada
vez que un enfermo fallece como consecuencia
de un fracaso (lo que acaece en buen número
de ocasiones). Es evidente que hay dos raseros
para medir: uno para la Medicina convencional
y otro para los demás.
En suma, en contraposición a esta postura
transigente con los médicos "héroes", a los
que se mima y arropa, existe una posición
intolerante y represiva con los "falsos médicos"
que tratan de introducir técnicas "no probadas"
en ensayos clínicos multimillonarios... aunque
vengan empleándose desde tiempos pretéritos
-algunas desde tiempo inmemorial- con resultados
y experiencias múltiples sobradamente solventes
a través de los años y de miles de enfermos
y pacientes tratados. Terapias simples, baratas
y eficaces que están siendo suprimidas en
base a razonamientos disparatados o sin lógica
alguna, razonamientos que a la postre no se
aplican sobre técnicas y métodos de tratamiento
convencional mas peligrosas y con menos resultados
pero, eso sí, invariablemente más... rentables.
LA CONTRADICCIÓN
LLEVADA AL EXTREMO
Los prebostes
de la medicina convencional han atacado, calumniado
y denostado de manera sistemática cualquier
innovación o idea original que proviniera
de las fuentes de conocimiento de las medicinas
alternativas por el simple hecho de que no
reconoce a sus practicantes como "legítimos
médicos". Y, sin embargo, pretende conferir
a los médicos alópatas capacidad para operar
en el campo de las medicinas alternativas
a pesar de que su formación en ese ámbito
sea escasa o nula. Por esa misma razón, la
medicina alopática es responsable de no ser
capaz de obviar y erradicar de sus practicantes
y docentes ese obtuso prejuicio contra las
medicinas alternativas a las que califica
de prácticas carentes de ortodoxia, de método.
Ello cuando no son acusadas simplemente de
estafa e ilusionismo y sus practicantes tratados
como delincuentes.
Para quienes somos observadores de este importante
fenómeno de disgregación científico-médica
y de bipolaridad en los últimos tiempos, lo
anteriormente descrito tiene sin embargo una
lectura muy diferente de la que se nos ha
querido transmitir. Significa, sencillamente,
que en la medicina moderna existe una profunda
crisis.
El publico empieza a reconocer la importancia
de la visión global y de conjunto de los pacientes
como seres humanos y no como un conjunto de
síntomas indiferenciados o de órganos enfermos
de manera compartimentada e inconexa. Se empieza
a reconocer incluso el valor de la interculturalidad
a la hora de abordar la problemática de pacientes
concretos entendiendo que el diagnóstico y
el tratamiento de las enfermedades debe discurrir
por vías de múltiples direcciones y sentidos,
y no de un modo unívoco y lineal hacia ninguna
parte. Lo que fue considerado en su día como
una frívola visión y acercamiento a los enfermos
se ha tornado hoy en el mayor repertorio de
claves para la comprensión, tratamiento y
prevención de las enfermedades y los daños
sobre la especie humana causados por las mismas.
El paciente se siente desarraigado cuando
tiene que enfrentarse a pecho descubierto
con el sistema médico-sanitario y su enorme
complejidad, factor éste que ni siquiera es
bien comprendido por quienes lo administran.
El temor, la incertidumbre y el desamparo
se adueñan de todo aquel que cruza la puerta
de una consulta o un hospital, en mayor o
menor medida.
No obstante, la medicina moderna ha logrado
niveles de excelencia en el manejo de algunas
de las condiciones de salud que afectan al
ser humano tales como las emergencias, ciertas
infecciones bacterianas, los traumatismos
y muchas complejas y heroicas actuaciones
médico-quirúrgicas que a diario se realizan
en centros hospitalarios de todo el mundo.
Pero, al mismo tiempo, ha demostrado haber
fallado de un modo mísero en la promoción
de la salud y la prevención de la enfermedad
así como en el control y manejo de la cascada
de enfermedades nuevas y crónicas que llenan
las consultas de los médicos y hospitales.
Sucede además que la sanidad, la medicina
y los cuidados médicos caminan en regresión
respecto al nivel exigible y a la calidad
de los servicios que ofertan, al tiempo que
cuanto más pagamos pareciera que menos prestaciones
se nos ofrecen. Mientras, la Sanidad oficial
se precipita por una descendente de gastos
y presupuestos sin orden ni control y, por
tanto, insostenible.
¿EN QUÉ SE GASTA
NUESTRO DINERO?
El presupuesto
no es hoy empleado en la lucha contra las
causas que facilitan la aparición de las enfermedades
crónicas a pesar de que los cuidados de los
pacientes aquejados por éstas facturan más
del 75% del total del gasto en salud y sanidad
de este país. Es como si el planteamiento
fuera: usted no se preocupe ni se cuide y
sepa, además, que si enferma la sanidad pública
le cuidará haciéndose cargo de los gastos.
En resumen, estar enfermo le saldrá prácticamente
gratis. Vamos, que va a parecer que hasta
da gusto estar enfermo.
En cierto modo, la prueba más evidente de
que la medicina moderna se halla inmersa en
una profunda crisis -y, sobre todo, algo que
nos habla de la importancia y severidad de
la misma- es el hecho de que se hayan aceptado
como normales los actuales niveles de implantación
y evolución alcanzados por las enfermedades
tildadas como crónicas, aun sabiendo que existen
métodos sencillos y naturales de prevenirlas.
En 1988 el Cirujano General de los Estados
Unidos de Norteamérica -una figura lo más
parecida a nuestro Ministro de Sanidad pero
procedente del cuerpo profesional (militar
casi siempre)- subrayó en su informe anual
que las deficiencias y desequilibrios dietéticos
jugaban un rol esencial a la hora de valorar
los elementos y factores que predisponen a
la muerte prematura de los norteamericanos
y que, por tanto, recomendaba la recuperación
de la educación dietética y los cambios en
el estilo de vida y su promoción por parte
de los profesionales de la salud, la sanidad
y la medicina ya que era un factor preventivo
inexcusable. Este exhaustivo informe se apoyó
en un taxativo informe del Centro para el
control de las enfermedades que afirmaba que
el 54% de la enfermedad cardiaca, el 37% del
cáncer, el 50% de la enfermedad cerebrovascular
y el 49% de la aterosclerosis -en términos
de incidencia- podrían ser prevenidas con
meros cambios en el estilo de vida y en la
alimentación.
El porqué estos sencillos consejos, provenientes
además de la máxima autoridad en lo que a
Medicina se refiere en Estados Unidos pero
largamente ignorado y desoído por sus inferiores
jerárquicos, no se ha implementado en la salud
y sanidad organizadas se debe en su mayor
parte al hecho de que mientras los médicos
sigan teniendo su mayor fuente de ingresos
económicos, fama y reputación practicando
esta medicina de "rescate" (intervenciones
espectaculares pero dirigidas exclusivamente
a los síntomas) y ésta siga siendo el área
de prácticas que reporta mas beneficios a
la clase médica y no el ejercicio de la prevención
activa, ningún miembro de esa privilegiada
clase moverá ni un ápice de energía en otra
dirección que no sea la que ya han tomado.
¡Qué importa que diariamente se vean frente
a frente con todo tipo de pacientes para los
que la medicina tan sólo ha aportado un superficial
tratamiento de la sintomatología, independientemente
de la causa subyacente en el enfermo! Los
antibióticos, otrora la panacea de la curación
y el control de las infecciones, ven desvanecerse
su aura de omnipotencia frente a bacterias
cada vez más resistentes y agresivas, al tiempo
que sus efectos secundarios se multiplican
y nuevas infecciones para las que no existe
terapia siguen emergiendo. Enfermedades como
el SIDA o la fatiga crónica y sus síndromes
deberían ser toda una lección de humildad
para la medicina oficial que ni tan siquiera
se digna a reconocer su precariedad de conocimientos
y terapias aplicables a las mismas. Y todo
esto en un maremagnum de síntomas, síndromes
y "enfermedades" para las que sólo existe
una solución sintomática -y, por tanto, parcial-
que en ocasiones tan sólo retarda la aparición
de síntomas mayores y mas severos del proceso
pero que, desgraciadamente, en muchos otros
casos modifica incluso el curso de la enfermedad
llevándola a parajes desconocidos y sumando
factores a la gravedad de las dolencias como
la yatrogenia (daños derivados del uso de
los medicamentos que pretendían curar), hasta
el punto de transformar en irreconocibles
trastornos menos complejos, difíciles de definir,
diagnosticar y clasificar, empeorando esta
situación a cada paso.
EL ENFERMO VERTICAL
Actualmente hay
legiones de personas que sufren afecciones
de todo tipo. Desde la pérdida progresiva
y gradual de energía hasta la fatiga excesiva,
desde problemas digestivos hasta respiratorios.
Tanto adultos como niños sufren alergias,
reacciones de hipersensibilidad, cambios de
humor frecuentes, jaquecas, migrañas, dolores
musculares y óseos, ansiedad... Millones de
seres humanos integran un gigantesco grupo
que algunos han dado en denominar "los enfermos
verticales", personas que no se encuentran
tan enfermas como para estar postradas en
cama y que, no estando bien, incluso se consideran
"sanas" por el hecho de que muchos de los
que conocen y rodean se encuentran en un estado
tan poco saludable como el suyo.
Son los típicos pacientes que siempre se están
medicando en un constante flujo e intercambio
de fármacos de la más variada naturaleza y
diversidad: antidepresivos, antiinflamatorios,
tranquilizantes, analgésicos y demás farmacoquímicos
que acabarán produciendo dolencias que sumar
a las que ya presentan.
Muchos médicos ya se han percatado de que
algo está fallando en los planteamientos de
la medicina que practican cuando sus pacientes
presentan desórdenes del sistema inmunitario
y, por tanto, manifestaciones en forma de
dolencias que para un sistema inmune intacto
no representarían problema alguno. El resultado
de estas prácticas aberrantes es una dependencia
constante del tratamiento y del médico que
monitoriza los resultados y ajusta y reajusta
dosis, cambia prescripciones y se deshace
en intentar dar con la clave para el remedio
mientras los pacientes se hacen adictos consumidores
de medicamentos y servicios en un desesperado
intento de recuperar una salud que, desgraciadamente,
se encuentra hipotecada en ese círculo vicioso
del que es complicado -y tantas veces arriesgado-
salir.
Así se explica que encontremos pacientes que
creen que mediante el tratamiento de su sintomatología
están haciendo algo por la curación o el tratamiento
de su enfermedad. Está claro que nadie sostiene
que el tratamiento de los síntomas que las
patologías humanas producen sea algo equivocado.
Por supuesto que el control de los síntomas
es importante para aumentar la calidad de
vida de los pacientes -algo que legitima y
honra como propósito a las ciencias médicas-
pero es erróneo pensar que mediante el tratamiento
de los síntomas estamos actuando sobre la
enfermedad en sí misma y, por tanto, creamos
que estamos acercándonos a la solución de
los problemas intentando sólo minimizar los
daños que estos causan.
EL ORIGEN DEL PROBLEMA
A mediados del
siglo XIX, cuando se comenzaron a descubrir
los microbios causantes de enfermedades, se
desató toda una revolucionaria corriente de
pensamiento y acción científico-médica que
rivalizó fuertemente con las existentes teorías
sobre la salud y la enfermedad y cómo estos
fenómenos eran comprendidos y explicados.
Una defendía la entrada e invasión de gérmenes
patógenos en los tejidos como agentes causales
mientras los otros sostenían que esos agentes
tan sólo se comportaban como patógenos en
el momento en que las condiciones del entorno
en el que existían eran propicias para ello
y, por tanto, mientras el estado de salud
se mantuviese sano y en forma, es decir equilibrado,
esos agentes no representaban amenaza y peligro
alguno porque si no eran destruidos por los
sistemas defensivos, al menos se les relegaba
a un estado de latencia.
La "victoria" de la primera de las teorías
significaría el nacimiento de una nueva medicina,
con énfasis en la causa infecciosa de las
enfermedades en oposición al equilibrio armónico
de las fuerzas vitales interactuantes. Ello
propiciaría una potenciación de la medicina
como ciencia en constante expansión para el
estudio de las enfermedades y su tratamiento
a lo cual siguió una rápida sucesión de descubrimientos
como el microscopio, los cultivos bacterianos,
las vacunas, los rayos X y el descubrimiento
en los años 30 de la penicilina y las sulfamidas
revolucionando el tratamiento de las infecciones
por bacterias. Y desde ahí hasta los planteamientos
contemporáneos y actuales, donde existe una
relación directamente proporcional entre evolución
de la medicina como técnica, ciencia e investigación
y la pérdida de la visión de conjunto necesaria
para saber que el principal punto de partida
en lo referente a la conservación y restauración
de la salud debería de ser el correcto y equilibrado
funcionamiento de los mecanismos de balance
homeostático del organismo y sus componentes
mas íntimos: las células. Algo que, desgraciadamente,
es tenido como cuestión baladí por toda esa
miríada de científicos, clínicos e investigadores
empeñados en encontrar una molécula que de
verdad les muestre el primer paso, la piedra
angular de la medicina en su máxima expresión,
el secreto para encontrar el eslabón perdido
en el que la medicina, tal y como está concebida
en la sociedad moderna, cure por fin alguna
de las enfermedades que asolan como verdaderas
plagas a la raza humana.
CUESTIÓN DE ARMONÍA
Si la salud es
mucho más que la ausencia de enfermedad conviene
recordar entonces que el armónico funcionamiento
de nuestros sistemas y funciones ha de mantenerse
en armonía también con nuestro entorno. En
ese estado nuestros sistemas defensivos y
los mecanismos inmunitarios de que disponemos
pueden combatir y manejar todos y cada uno
de los peligros y amenazas que presenta la
vida, cualesquiera que sean sus agentes causales.
Conviene recordar que la salud positiva se
fundamenta sobre el conocimiento integrado
de los factores que componen al ser humano
holístico. Estructura, función y el gran misterio
de la mente, los sentimientos y las emociones
que nos gobiernan e interactúan constantemente
con los demás factores conformando algo tan
único y maravilloso como irrepetible: el ser
humano. Algo tan personal e intransferible
como cada persona, con sus rasgos diferenciadores
pero constituyente de ese gran conjunto evolutivo
que es la especie humana.
Si he de contestar a la pregunta original
inspiradora de este artículo se me antojan
grandes silencios como respuesta. Silencios
que permitan espacios de reflexión para que
se abandonen posturas inmovilistas y se replanteen
interrogantes vitales para la supervivencia
del hombre en un estado de verdadera y auténtica
salud y bienestar. Espacios donde las ciencias
sanitarias se encuentren para fundirse en
un manantial de conocimiento que aporte originalidad,
claridad, frescor y pureza a quienes deseen
beber de él con la seguridad de que cada cual
encontrará lo que busca: respuestas a sus
necesidades. Y de un modo particular y personal
quedará saciado y satisfecho como en una fuente
en la que cada cual bebe según la sed que
siente.
Para algunos, un sueño improbable. Para otros,
el único futuro posible.
José Manuel López
Doctor en Osteopatía
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