Un equipo de científicos coordinado por
el investigador español Antonio Brú, miembro
del Centro de Ciencias Medioambientales -perteneciente
al Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC)- acaba de demostrar en un experimento
hecho en colaboración con investigadores del
Hospital Clínico San Carlos de Madrid que
basta administrar durante unos meses un potenciador
del sistema inmune que induzca en el cuerpo
la generación de neutrófilos para impedir
el crecimiento de tumores cancerígenos. Se
trata del mismo equipo que ahora hace un año
aseguró haber descubierto que el mecanismo
responsable del crecimiento tumoral es idéntico
en todos los tipos de cáncer lo que contradice
la actual creencia de que cada tumor exige
una terapia específica.
Pensábamos que a estas
alturas del año en la puerta del pequeño despacho
de
Antonio Brú en el Consejo Superior
de Investigaciones Científicas (CSIC) estarían
guardando respetuoso turno para hablar con
él las grandes luminarias de la oncología
nacional con
Mariano Barbacid a la
cabeza, numerosos investigadores y médicos,
las autoridades académicas que en las universidades
difunden las teorías ortodoxas sobre el cáncer,
los responsables del Ministerio de Sanidad
y Consumo, los nuevos dirigentes del CSIC,
los representantes de las asociaciones de
lucha contra el cáncer y los periodistas sanitarios
de los principales medios de comunicación.
Unos para informarse más ampliamente de su
descubrimiento y alguno incluso para aportar
financiación con la que apoyar lo que se vislumbra
como uno de los descubrimientos científicos
más importantes realizados sobre el cáncer
a nivel mundial en las últimas décadas. Descubrimiento
que en realidad es doble. Porque lo que el
equipo de Antonio Brú afirma haber descubierto
es que
todos los tumores cancerígenos
crecen siempre de la misma manera -con
independencia del órgano en el que lo hagan-
siguiendo un mecanismo común previsible y
que todos los cánceres se vencen "simplemente"
potenciando el sistema inmune del paciente.
Algo que obliga a replantearse urgentemente
-una vez más- los actuales tratamientos con
quimioterapia y radioterapia. Y hablamos de
una investigación bien documentada y publicada
ya en algunas de las revistas científicas
más prestigiosas del mundo.
Claro que si viviéramos en un país en el que
nuestros representantes políticos y la jerarquía
sanitaria dominante tuvieran realmente luces
para comprender lo que ocurre en el ámbito
de la salud y no estuvieran tan condicionados
por los intereses económicos y determinadas
creencias religiosas
Bernat Soria,
impulsor en España de la investigación sobre
células madre, no hubiera tenido que afirmar
con tristeza en un aeropuerto camino de Singapur
"¡Es curiosa la capacidad que tiene España
para decapitar sus propios proyectos!"
ASÍ
NOS VA
Eso explica también que Antonio Brú siga esperando
a que alguien se interese de verdad en su
propio país por lo descubierto. Porque en
el extranjero lo tienen bastante más claro
y ya han entrado en contacto con él numerosos
investigadores a título personal, miembros
del instituto Max Planck de Leipzig, de la
Academia de Ciencias de Moscú, de la Facultad
de Medicina de Houston y de varias universidades
e instituciones científicas europeas, norteamericanas,
israelíes y sudamericanas.
Claro que el trabajo desarrollado por Brú
y su equipo es un buen ejemplo del funcionamiento
de la investigación en nuestro país donde
los fondos los suelen tener unos y los resultados
otros. Además Antonio Brú, de 42 años, es
físico, no médico, farmacéutico, biólogo u
oncólogo. Y eso en un país donde la mayoría
de los oncólogos se caracteriza por su ignorancia
en el ámbito del cáncer -en la mayoría de
los casos no tienen éxito con sus terapias,
algo que ocultan con prepotencia y soberbia-
no se perdona y muchos, en lugar de valorar
sus descubrimientos en el ámbito científico
se limitan a observarle con desdén con la
simple alegación de que es un "intruso" en
su terreno.
Obviamente también a nosotros nos sorprendió
que un físico se hubiera dedicado a estudiar
el problema del cáncer y se lo hicimos saber.
Fue así como nos enteraríamos de que la razón
de su interés se inició con la muerte de su
abuela por un tumor hace ahora once años,
cuando al informarse de la enfermedad se sorprendió
de lo poco que se había avanzado en este campo.
Y fue así como supimos también que su decisión
de impulsar la investigación desde una óptica
multidisciplinar incorporando los conocimientos
de la Física y la Biología a los de la Medicina
tuvo que costearla ¡de su propio bolsillo!
Es decir, los descubrimientos de Antonio Brú
y de su equipo de colaboradores son personales
y no sólo son ajenos al trabajo que desarrolla
en el CSIC sino que este organismo no ha aportado
jamás un euro ni ayuda de ningún tipo.
De hecho, para salir adelante y costear el
proyecto Brú se dedicó -desde 1993- a trabajar
dieciséis horas al día -sus investigaciones
sobre cáncer las desarrollaba cuando salía
del instituto-, sin poder descansar siquiera
los fines de semana y sin tomarse apenas vacaciones.
Y encima esquivando las zancadillas que le
pusieron quienes pretendieron apartarle de
su objetivo cuando se enteraron de lo que
estaba haciendo y sobreviviendo a las traiciones
propias que suelen sufrir quienes navegan
en solitario.
Para la historia queda la nota de respuesta
que le remitió el anterior director del CSIC
cuando Brú le informó de sus descubrimientos
y pidió ayuda económica para publicar los
pormenores de su descubrimiento en una de
las revistas más importantes del mundo. Y
es que, como ya hemos explicado a nuestros
lectores en su momento, algunas de esas revistas
científicas
cobran a los autores por
publicar sus trabajos. ¡Por página publicada!
Obviamente Brú no quería publicar un extracto
de su trabajo sino las conclusiones del estudio
completas a fin de que el mismo pudiera valorarse
en su justa medida. Pues bien, ¿sabe el lector
qué se le respondió? ¡Que aprendiera a escribir
en menos páginas!
"Los millones que ha costado este proyecto
-nos diría- los he pagado de mi bolsillo.
Y no es que tenga un gran sueldo. No he recibido
un solo euro oficial. Añadiré que si hemos
tardado cuatro años en publicar nuestra tesis
es porque hubo mucha resistencia ya que lo
que afirmamos es en cierto modo difícil de
aceptar para muchos pues partimos de conocimientos
propios de la Física y, claro, cuesta creer
que desde el conocimiento de ecuaciones que
explican el comportamiento de sólidos haya
podido llegar a explicarse el crecimiento
tumoral y se haya llegado a consecuencias
clínicas y biológicas tan claras".
En suma, fue volviendo a endeudarse como Brú
pudo publicar su investigación. Afortunadamente,
su esfuerzo y el de su equipo tienen hoy el
reconocimiento internacional.
Cabe añadir que Brú intentó en varias ocasiones
que el CSIC amparara su investigación sin
conseguirlo. A pesar de lo cual el centro
difundió un comunicado arrogándose un mérito
que no le corresponde.
"Un estudio del
CSIC -decía la nota de prensa-
logra
frenar el crecimiento tumoral en ratones mediante
el estímulo de la respuesta inmunológica".
Y añadía: "El hallazgo demuestra que la respuesta
inmunológica del propio organismo podría lograr
detener el crecimiento tumoral". A pesar
de lo cual, a día de hoy tales resultados
no han despertado ningún interés en las autoridades
del CSIC. Veremos pues si los largos y costosos
estudios que se precisan ahora para completar
la investigación serán o no sufragados por
el Estado. Por supuesto, nos gustaría equivocarnos
pero dudamos mucho que Brú encuentre apoyo
a nivel oficial. El poder de las farmacéuticas
en la Administración sanitaria es enorme.
Y la incomprensión por los oncólogos de lo
que afirma, constatable.
LAS
MATEMÁTICAS DEL CÁNCER
Y es que a los especialistas en cáncer lo
que probablemente más les ha sorprendido de
la investigación de Brú -porque choca con
lo que les han enseñado- es saber que el crecimiento
tumoral no es aleatorio ni caprichoso sino
que está sometido a un proceso que puede formularse
matemáticamente ya que los tumores pueden
considerarse fractales (estructuras geométricas
que permiten describir procesos que aparentemente
son impredecibles pero que tienen un orden
oculto). Y eso que desde la formulación de
la Geometría Fractal -en la década de los
ochenta del pasado siglo- los científicos
han desarrollado un gran número de modelos
fractales para tratar de entender los fenómenos
naturales, desde dendritas de neuronas hasta
capilares pulmonares pasando por conchas marinas,
copos de nieve, árboles, tormentas eléctricas...
y, ahora, los tumores cancerígenos. Porque
fue esta sorprendente relación entre la geometría
fractal -con sus fórmulas matemáticas- y el
cáncer el inicio del descubrimiento de Brú
y de lo que puede anticiparse como una nueva
etapa en el tratamiento del cáncer.
-¿Cómo se le ocurrió abordar el estudio
del cáncer desde la perspectiva de la Física?
-En 1993 yo me dedicaba a estudiar los frentes
de hidratación en formaciones arcillosas.
Trabajaba en el proyecto español de almacenamiento
de residuos radiactivos de alta actividad
cuya idea era rodear los contenedores con
una capa de arcilla a fin de evitar que el
agua del macizo geológico donde fueran a ser
enterrados pudiera llegar hasta el interior
a través de alguna fisura, contaminarla y,
por ende, se contaminara el entorno. Yo estudiaba
el comportamiento de las arcillas desde la
geometría fractal y el análisis de escalas
que es uno de los campos de la Física Estadística
que ha experimentado mayor desarrollo en los
últimos 15 años. Bueno, pues resulta que en
aquellos procesos en los que el contorno de
crecimiento es rugoso pueden aplicarse una
serie de fórmulas para conocer la dinámica
y los mecanismos fundamentales de su avance
o crecimiento. Y yo estaba aplicando esos
conocimientos a las arcillas cuando en 1993
mi abuela falleció a consecuencia de un cáncer.
Fue entonces cuando me planteé conocer cómo
tenía lugar el crecimiento de un tumor y me
encontré con que no se sabía prácticamente
nada. Y sería esa falta de conocimientos lo
que me decidió a iniciar de manera privada,
junto a mi hermana
Isabel -en aquel
entonces médico del
Hospital Nuestra Señora
del Prado de Talavera y actualmente del
Centro de Salud de la Seguridad Social La
Estación de Talavera de la Reina- y la doctora
Isabel Fernaud -del
Instituto Ramón
y Cajal, dependiente del CSIC- la investigación
del mecanismo de crecimiento tumoral. A finales
de 1998 publicamos ya los primeros resultados
obtenidos sobre una línea celular de tumor
cerebral en ratas -concretamente de la línea
celular tumoral C6 de astrocitoma de rata-
en una de las revistas internacionales más
importantes de Física:
Physical Review
Letters. Con posterioridad, en enero de
l999,
The Lancet publicó nuestro trabajo.
Y me enorgullece decir que fue la primera
vez que apareció en esa revista un artículo
sobre cáncer elaborado desde la óptica de
la Física porque implicaba el reconocimiento
de que habíamos abierto una nueva línea de
trabajo a nivel mundial en el estudio del
crecimiento de tumores. Bueno, pues lo que
nosotros planteamos entonces y hemos confirmado
posteriormente es que la naturaleza fractal
de los contornos de los tumores permite usar
el análisis matemático para determinar la
dinámica de crecimiento de un tumor; permitiendo,
a su vez, la caracterización de los principales
mecanismos físicos responsables de su crecimiento.
Luego, tras los primeros resultados, decidimos
intentar hacer una clasificación dinámica
de los distintos tipos de cáncer pensando
que cada uno tenía su particular forma de
crecimiento. Y empezamos a probar con distintas
líneas de células tumorales. Probamos hasta
en quince líneas... y descubrimos que siempre
existía el mismo tipo de crecimiento, un mecanismo
único que realmente gobernaba todo el proceso
desde el punto de vista dinámico con unas
características morfológicas que se verificaban
en todos los casos: un mecanismo de estructura
de bordes por el que las células nuevas que
nacían en el borde del tumor, que era donde
se concentraba la mayor parte de la actividad
del mismo, iban a ocupar las concavidades
del borde del tumor. En otras palabras, comprobamos
que las células tumorales buscaban siempre
estar lo más rodeadas posibles de otras células
tumorales. Y ese mecanismo -que la ecuación
matemática decía que era el más importante-
lo comprobamos "in vitro" en todas las líneas.
-¿Puede explicárnoslo mejor?
-Verán, lo que descubrimos "in vitro" es que
la dinámica de crecimiento en todos los tumores
es igual, es decir, que existe un mecanismo
dominante que es el mismo para todos los tipos
de líneas celulares. Dicha dinámica posee
tres características que desde el punto de
vista matemático son en cierto modo equivalentes:
| 1)
|
Que
la mayoría de la actividad celular de
los tumores se concentra en la banda
externa de los mismos.
|
| 2) |
Que
se produce lo que denominamos difusión
superficial en el borde del tumor, es
decir, que las nuevas células provenientes
de la división de una de las células
del borde del tumor se mueven por él
hasta que encuentran una posición cóncava
en la que están rodeadas por un número
mayor de células que en la posición
en que se generaron. Y,
|
| 3)
|
Que
el crecimiento de la colonia cancerosa
es constante en el tiempo, excepto en
una primera fase (cuando hay pocas células)
en que el crecimiento, lógicamente,
es exponencial. |
Que la proliferación estuviera restringida
al borde de la colonia de células tumorales
significaba además que las células del interior
de la colonia no proliferan al mismo ritmo
que las de fuera, es decir, que existe un
mecanismo de inhibición celular de las células
cancerígenas; algo parecido (y posteriormente
vimos que prácticamente puede ser el mismo
mecanismo) a lo que se conoce para células
normales (no tumorales) como inhibición por
contacto. El siguiente paso fue confirmar
que este tipo de mecanismos también gobierna
el crecimiento del tumor "in vivo". E hicimos
muchas investigaciones sobre quince tipos
distintos de tumores de los cuales obtuvimos
distintas secciones histológicas constatando
que la mayor parte de la proliferación estaba
siempre restringida al borde del tumor. También
"in vivo" se verificarían las características
fundamentales de la dinámica de crecimiento
"in vitro", es decir, que el mecanismo era
el mismo que el que habíamos observado "in
vitro". Además los parámetros morfológicos
que medimos en las colonias se reproducían
también en el crecimiento "in vivo". De alguna
manera habíamos descubierto, pues, que hay
una universalidad dinámica en todo tipo de
proliferación celular... y también en la proliferación
tumoral.
-En tal caso, la teoría del crecimiento
exponencial de las células tumorales, base
de los actuales tratamientos contra el cáncer,
queda en entredicho...
-Uno de los conceptos que desde el punto de
vista matemático y físico no conseguía entender
era por qué si se reconocía que dentro de
un tumor cualquier célula es capaz de proliferar,
los tiempos de duplicación celular eran tan
diferentes de los de duplicación tumoral.
Los tiempos de duplicación celular son de
48, 72 horas... mientras los de duplicación
tumoral superan en algunos casos los cien
días. Eso no tenía lógica. Y lo que en realidad
ocurre, simplemente, es que no es verdad que
crezca todo el tumor sino que fundamentalmente
lo hace sólo su borde. Dicho de otra manera:
el crecimiento de un tumor de 2 centímetros
cúbicos -que se compone del orden de unas
109 células- no responde a lo que se espera
de los cálculos convencionalmente aceptados
por la cinética celular. ¡Hemos demostrado
que son muy diferentes! Según la cinética
celular para alcanzar ese volumen tumoral
a partir de una célula inicial son necesarias
sólo 32 duplicaciones pero la cinética real
tumoral, la demostrada en nuestros experimentos
a partir de una célula inicial, indica que
las células del borde acumulan ¡más de 800
duplicaciones! Esto explica, por ejemplo,
que tumores de dos centímetros cúbicos sean
tan malignos. Porque tras 32 duplicaciones
no es lógico que las células acumulen tantas
aberraciones cromosómicas pero en cambio,
tras ochocientas duplicaciones sí es posible.
Esto explica además otra infinidad de hechos.
Por ejemplo, que una metástasis sea mucho
más maligna que el tumor original. Y es que
las metástasis siempre vienen generadas por
células del borde que migran a otro punto
y la célula del borde siempre es mucho más
maligna y está mucho más degenerada que la
célula del tumor primario.
-Resulta paradójico que las nuevas células
tumorales busquen refugio en las concavidades
del borde del tumor donde la competencia por
los nutrientes es mucho mayor que en cualquier
saliente del mismo.
-Algo fundamental de nuestra teoría es que
demuestra que la auténtica competencia celular
no se debe a los nutrientes (como se suponía
hasta ahora y en lo que se basan las terapias
antiangiogénicas) sino al espacio. La universalidad
de la dinámica del crecimiento tumoral se
caracteriza porque la proliferación celular
tiene lugar casi exclusivamente en la frontera
del tumor y las células recién nacidas se
difunden a lo largo de la interfase del tumor
con el tejido del órgano que lo aloja antes
de que se establezcan en una posición fija.
Esta difusión busca situar las nuevas células
en las concavidades. Es cierto que está bien
establecido que sería en las convexidades
de la interfase del tumor donde las células
podrían lograr un mejor suministro de nutrientes
y de oxígeno. Además allí el pH es menos ácido
ya que una de las consecuencias de un número
alto de células tumorales en las concavidades
es la alta concentración de ácido láctico
que produce su metabolismo. Esta sería una
situación típica si lo que buscasen las celulas
tumorales fundamentalmente fueran los nutrientes.
Sin embargo, nuestros experimentos indican
que las células se mueven hacia las "menos
favorables" concavidades. Explicar esta "ilógica"
conducta requiere que allí haya alguna compensación
para la pérdida de suministros de nutrientes
y la supervivencia en un ambiente más hostil.
La razón final es que las nuevas células tumorales
encuentran allí más espacio para su duplicación
y están más "protegidas" de la presión provocada
por el tejido huésped y por la respuesta inmune
que trata de oponerse al crecimiento tumoral.
Esto es consistente con la observación de
que las interfases tumorales siempre son super-rugosas,
un modelo muy favorable para resistir la presión.
De acuerdo con esta forma de proliferar y
crecer, los tumores deben destruir primero
el tejido huésped para ser capaces de invadirlo
y ocupar el nuevo espacio libre. La matriz
extracelular es degradada por el entorno ácido
corrosivo creado por el metabolismo de las
células y por otras sustancias liberadas por
el propio tumor -entre ellas las metaloproteinasas-
porque el tumor necesita ir degradando el
tejido huésped para seguir creciendo. A ningún
físico le va a sorprender que se le diga que
una masa que crece en el universo lo que necesita
fundamentalmente, por encima de todo, es espacio.
Esto contrasta con la creencia común de que
los tumores invaden primero el tejido huésped
y después lo destruyen. Nosotros hemos demostrado
que es justo al revés.
Por tanto, viendo que el mecanismo fundamental
en el desarrollo del tumor lo constituye la
difusión en el borde del tumor de las células
tumorales entendimos que si lográbamos anular
ese mecanismo podríamos detener el crecimiento
tumoral. Y descubrimos que los encargados
de esa anulación ¡son los neutrófilos! y que
el organismo los envía allí donde se necesitan
sin necesidad de "dirigirlos" nosotros. Es
decir, el propio sistema inmune envía los
neutrófilos allí donde se necesitan. Así que
lo que hicimos fue inocular tumores en ratones
y producirles una gran neutrofilia para que
el organismo pudiera producir una gran afluencia
de neutrófilos alrededor del tumor. Y se comprobó,
como se puede apreciar en nuestro artículo
aparecido en junio pasado, que haciendo esto
se logran grandes resultados. El sistema inmune
está en condiciones de combatir un proceso
tumoral, obviamente siempre y cuando su estado
sea suficientemente bueno.
Como nuestros lectores saben son cada vez
más los científicos y médicos que desde hace
tiempo defienden -en contra de la ortodoxia
oficial- que la respuesta al cáncer está en
el propio organismo, que basta potenciar el
sistema inmune del enfermo para superar la
enfermedad y, por consiguiente, carece de
sentido recurrir a tratamientos agresivos
cuyo efecto secundario es precisamente una
disminución de esas defensas. Pues bien, esa
convicción cuenta ahora con el sólido respaldo
científico que le otorgan los estudios de
Antonio Brú y su equipo. Pero veamos el asunto
con mayor profundidad...
EL
SISTEMA INMUNE, LA RESPUESTA
Como acabamos de decir, teniendo en cuenta
los mecanismos de crecimiento tumoral descritos
antes por Brú los grandes protagonistas de
la defensa contra el cáncer pasan a ser los
neutrófilos, uno de los cinco tipos de glóbulos
blancos o leucocitos presentes en la sangre
de cuya producción se encarga la médula ósea
y que son considerados fundamentales para
la destrucción de bacterias y otros agentes
infecciosos por fagocitosis. Y es que los
neutrófilos, que actuando conjuntamente con
los otros cuatro tipos de glóbulos blancos
-linfocitos, monocitos, basófilos y eosinófilos-
son llevados rápidamente por el organismo
hasta los puntos de infección por determinadas
sustancias químicas que liberan los tejidos
inflamados e infectados, ¡son capaces de anular
el mecanismo de desarrollo del cáncer! Así
ocurrió al menos en el 80-90% de las células
tumorales de los ratones investigados... llegándose
en algún caso hasta el 100%, es decir, hasta
su desaparición completa.
-¿Cómo se les ocurrió que los neutrófilos
podían tener un papel tan primordial en la
lucha contra el cáncer?
-Supimos que eran los neutrófilos tras
estudiar todo tipo de terapias y porque conocíamos
las propiedades que debían tener las células
candidatas -indudablemente tenían que ser
algún tipo de células, eso sí lo teníamos
muy claro- ya que conocíamos el mecanismo
que tenían que anular. Observamos que cuando
intervenían los neutrófilos, aunque fuera
de manera involuntaria, se producían buenos
resultados. Y cuando no los había es porque
los neutrófilos no estaban apenas presentes.
Los neutrófilos son de por sí elementos fundamentales
de nuestro sistema inmune y hoy sabemos que
poseen determinadas características que les
convierten en fundamentales para enfrentarse
al crecimiento tumoral. Para empezar, pueden
aguantar el entorno ácido del tumor y por
tanto pueden estar en contacto íntimo con
las células tumorales. Además tienen bastante
masa y, como hemos podido comprobar, aparecen
siempre en todos los procesos tumorales, tanto
si existe terapia como si no. Así que tratamos
de ver si provocando una neutrofilia alrededor
del tumor, es decir, una presencia masiva
de neutrófilos, éstos eran capaces de "luchar"
en esas concavidades con las células tumorales
y detener su replicación. Inferimos luego
que la fórmula más sencilla para lograr la
neutrofilia era que la generara el propio
organismo estimulando la médula ósea. Lo probamos
en experimentos con ratones y vimos que, efectivamente,
se generaba una neutrofilia y el propio organismo,
al igual que cuando nos hacemos una herida,
se encargaba de llevar los neutrófilos allí
donde más se necesitaban: a la zona del tumor.
Bueno, pues también constatamos que en el
momento en que llegaban al tumor se posicionaban
en torno a él recubriéndolo y ello lograba
dos objetivos importantes: el primero, disminuir
el mecanismo de desplazamiento en el borde
de las células tumorales impidiéndolas así
llegar a "posiciones cómodas" para su duplicación;
y segundo, aumentar la presión en el interior
del tumor. En suma, los neutrófilos encapsulan
al tumor y le impiden crecer. Con lo que,
con el tiempo, se necrosa.
-¿Y resisten los neutrófilos la acidez
que suele haber en la zona tumoral?
-Sí, hemos comprobado que resisten bien
la degradación provocada por los mecanismos
tumorales. De ahí su eficacia.
-Todo esto parece indicar que el cáncer
sólo se desarrolla cuando tenemos las defensas
naturales bajas... y que basta con aumentar
la capacidad del sistema inmune para superarlo
cuando se manifiesta.
-Alguien escribió que
"Dios ha enseñado
al hombre a ser dios antes que a ser hombre".
Los seres humanos, sin embargo, nos creemos
obligados a inventar aparatos o moléculas
para enmendar lo que consideramos "fallos
de la naturaleza". Cuando no es así: la naturaleza
tiene sus propios mecanismos de reparación
y son efectivos y más que suficientes.
El organismo tiene capacidad de sobra para
acabar con las células cancerígenas, es decir,
con aquellas células cuyo mecanismo de duplicación
se encuentra dañado -debido a numerosas causas-.
Y de hecho lo hace miles de veces a lo largo
de nuestras vidas. Teniendo en cuenta que
el número normal de duplicaciones de nuestras
células a lo largo de la vida se calcula en
una cifra en torno a 1062 puede afirmarse
que el hecho de que a veces haya fallos y
se produzcan algunas células cancerosas es
absolutamente normal. Y sólo cuando el organismo
tiene las defensas bajas, cuando el sistema
está inmunodeprimido, las células cancerosas
son capaces de llegar a formar un tumor que
se desarrolle. En suma, por pura lógica, era
previsible pensar que si el cáncer es algo
natural la solución también debe ser natural.
Basta elevar las defensas del sistema inmune
para que el organismo se encargue del resto.
Eso es lo único que se precisa.
Lo que ocurre es que hay mucha gente que se
niega a aceptar que la lucha contra el tumor
pueda deberse a un efecto mecánico y no a
que los neutrófilos liberen alguna citoquina
u otra proteína. Es decir, alegan que no puede
tratarse de un efecto mecánico. Sin embargo,
lo que se ve en un tumor es un centro necrótico
-en algunas ocasiones (no siempre)-, una gran
banda de células en estado quiescente -que
no proliferan, que no se duplican-, una banda
proliferativa y una banda de neutrófilos.
Y si los neutrófilos liberasen sustancias
que directamente acabasen con las células
tumorales entonces la imagen sería un núcleo
proliferativo a resguardo de la sustancia
liberada por los neutrófilos, los linfocitos
-o lo que se quiera-, una banda de necrosis
y luego una banda de neutrófilos. El que sea
justo al contrario demuestra que no es un
efecto directo de una célula sobre otra, no
es una sustancia que llegue desde fuera: se
trata de un fenómeno mecánico en superficie.
-¿Y cómo inducir la neutrofilia?
-Hay diversas maneras de potenciar el
sistema inmune. Por ejemplo, inoculando factores
estimulantes de colonia (G-CSF y GM-CSF).
Se trata de unas sustancias que actúan sobre
la médula ósea provocando una mayor producción
de toda la línea "blanca" de la sangre. Es
decir, generan muchos más linfocitos, monolitos
o macrófagos, basófilos, eosinófilos y, sobre
todo, neutrófilos. Hoy se utilizan para intentar
recuperar el sistema inmune de los pacientes
que son sometidos previamente a Quimioterapia.
Obviamente, conocemos otros tipos de estímulos
para lograr ese efecto y no negamos que pueda
haber otros que desconozcamos pero nosotros
hemos comprobado que los factores estimulantes
de colonia tienen un efecto intenso, directo
y potente para estimular la médula ósea.
-Pues su descubrimiento podría explicar
la eficacia de algunas de las terapias alternativas
que se usan para tratar el cáncer y se basan
en aumentar las defensas... Nos consta, por
ejemplo, que el conocido Bio-Bac provoca
neutrofilia.
-Es cierto que la médula ósea se puede estimular
de diferentes maneras. Por ejemplo, cuando
uno examina la composición del
maitake
(grifota frondosa), conocido hongo japonés
del que se alaban sus propiedades antitumorales,
constata que hay sustancias en él que provocan
un proceso inflamatorio que estimula la reacción
del sistema inmune y la producción masiva
de granulocitos. De hecho, todas las terapias
que lleven a desencadenar un proceso inflamatorio
prolongado -por ejemplo, algunos venenos como
los de las arañas -que fue, por cierto, una
de las primeras alternativas que se nos ocurrieron-
provocan esa respuesta inmunitaria. Nosotros,
a lo largo de la investigación, nos planteamos
en algún momento estudiar cuál podría ser
la mejor manera de conseguir una inflamación
alrededor del tumor que produjera una neutrofilia
mínima en intensidad pero durante suficiente
tiempo -ambos son los factores básicos para
el éxito- como para combatir el tumor... pero
se trata de investigaciones que precisan de
muchos fondos. De momento hemos podido comprobar
sólo la eficacia de los factores estimulantes
de colonia que existen en el mercado.
-Sus experimentos, en todo caso, se han
efectuado exclusivamente en ratones. ¿Se plantean
ampliar la investigación en humanos próximamente?
-Hasta ahora no hemos contado con muchos
medios porque, como ya dije, toda la investigación
la he sufragado de mi bolsillo. Pero si creemos
en nuestra propia teoría el mecanismo fundamental
es independiente de la línea tumoral y de
si es en humanos o en animales. Así que ya
no se puede decir lo que se decía antes
:
"Si es usted ratón le podemos salvar pero
si es humano, no." Nuestros estudios demuestran
que esos mecanismos son los mismos en animales
y en humanos y la parte de la respuesta inmunológica
que se precisa también con lo que los resultados
deben ser los mismos que los obtenidos en
animales. Actualmente estamos ya trabajando
con personas y me atrevo a predecir que en
un periodo muy corto de tiempo tendremos los
resultados que avalen nuestra teoría y los
experimentos iniciales.
QUIMIOTERAPIA
Y RADIOTERAPIA
Ya en mayo del 2001 en
The Lancet Oncology
se llegó a decir, con motivo de la publicación
de los trabajos de Antonio Brú, algo tan importante
como esto:
"Podemos necesitar revisar las
actuales estrategias sobre radioterapia y
quimioterapia". Debemos decir, sin embargo,
que consciente de los recelos que genera su
revolucionario planteamiento entre los oncólogos,
Antonio Brú se mostró muy prudente sobre las
implicaciones de su trabajo al abordar este
tema. A pesar de lo cual sus afirmaciones
invitan a una profunda reflexión sobre el
futuro de esas terapias ya que es indudable
que reforzar el sistema inmune como solución
al cáncer no parece compatible con utilizar
como primer recurso terapias que destruyen
precisamente nuestras defensas orgánicas.
En todo caso, lo que es evidente es que el
reciente estudio multidisciplinar aparecido
este año en
Physical Review Letters con
las firmas de Antonio e Isabel Brú,
Sonia
Albertos y
José Antonio López García-Asenjo
ha abierto definitivamente el camino a
nuevas vías en el tratamiento del cáncer que
ya difícilmente podrá alguien cerrar.
-Permítanos una última cuestión: si tal
y como afirman ustedes el cáncer se produce
en presencia de un estado inmunodepresivo
no parece que las terapias que pasan por agudizar
este estado puedan ser eficaces. Es más, explicaría
su fracaso.
-Bueno, las terapias que se están aplicando
actualmente son las mejores posibles a día
de hoy lo que no está en contra de que nuevos
resultados permitan hacerlas mas eficaces
o sustituirlas en el futuro por otras mejores.
Una vez dicho esto, yo tengo la esperanza
de que nuestra teoría permita establecer muy
pronto una nueva línea terapéutica mucho mas
eficaz que las que hay ahora. Y para explicar
esto volvemos a la importancia de que sea
el borde el que crece o no. ¿Por qué la Quimioterapia
no obtiene prácticamente resultado con los
tumores muy grandes? Porque los productos
quimioterápicos matan las células que proliferan
en el borde, sí, pero cuando el tumor es ya
grande la banda proliferativa constituye un
número porcentual de células tan pequeño respecto
al tumor que es prácticamente como si le quitaras
la "cáscara". Y en el momento en que le quitas
esa capa lo que estás haciendo es volver activa
la siguiente capa que se encontraba en estado
quiescente y semiinactiva. En suma, se eliminan
sólo unas pocas células de la capa externa
y el tumor sigue activo y creciendo.
Es decir, sólo acaba con los tumores muy pequeñitos
en los que prácticamente todas sus células
se hallan en proliferación, cuando no existe
la banda proliferativa que surge cuando ya
hay un determinado número de células. Como
es efectiva en algunos tipos de tumores líquidos,
en algunos tipos de leucemias donde todas
las células están siempre activas porque no
existe esa competencia por el espacio que
tiene lugar en tumores sólidos. El problema
es que la quimioterapia ataca también la médula
ósea y debilita la respuesta del sistema inmune.
Por eso lo que nosotros entendemos que hay
que hacer es simplemente dotar al organismo
de la capacidad de responder correctamente
de nuevo a la presencia de un tumor. Se trata
de reactivar el sistema inmune y dejarle actuar.
En otras palabras, bastaría potenciar el sistema
inmune para superar el cáncer
.
Antonio
Muro y José Antonio Campoy