Consiguen que personas parapléjicas y tetrapléjicas recuperen movilidad

En pocos meses tres equipos estadounidenses -liderados por V. Reggie Edgerton, Kendall H Lee y Susan Harkema- y uno suizo -coordinado por Gregoire Courtine- han confirmado que la estimulación eléctrica con dispositivos electrónicos combinada con ejercicios de fisioterapia y entrenamiento locomotor permite volver a caminar -con ayuda y en entornos controlados- incluso ¡a personas parapléjicas y tetrapléjicas y! Una técnica de la que se hicieron eco numerosos medios de comunicación obviando -o ignorando- que la doctora española Almudena Ramón Cueto ya ha demostrado que con su Terapia de Activación Medular pueden recuperarse hasta tetrapléjicos sin necesidad de dispositivo alguno. Sus descubrimientos son pues mucho más avanzados e importantes pero en lugar de apoyo su trabajo ha sido bloqueado y puesto en duda por un inspector de la propia Agencia Española del Medicamento ¡que la ha llevado a los tribunales! Realmente kafkiano.

ALMUDENA CUETO

El primero de los trabajos a los que nos referimos se publicó en septiembre de 2018 por un equipo del Departamento de Biología Integrada y Fisiología de la Universidad de California Los Angeles (UCLA) coordinado por Reggie Edgerton en Journal of Neurotrauma con el título Non-Invasive Activation of Cervical Spinal Networks after Severe Paralysis (Activación no invasiva de las redes espinales cervicales después de una parálisis severa). Según se explica en él seis personas con graves lesiones en la médula espinal -tres de ellas completamente paralizadas- recuperaron tras varios años el movimiento de manos y dedos tras someterse a un procedimiento de estimulación eléctrica espinal no invasivo y no quirúrgico. Simplemente se les colocaron electrodos en la piel para estimular los circuitos de la médula espinal, método denominado “control motor habilitador transcutáneo” o tEmc que consiste en aplicar corrientes eléctricas -a frecuencias e intensidades variables- en distintas zonas de la médula espinal.

Tras solo ocho sesiones pudieron hacer cosas que no habían podido hacer en años -explicó Edgerton- Es la recuperación más grande reportada del uso de manos en pacientes con lesiones de médula espinal tan graves”. Según asevera mejoró asimismo con ello su presión arterial, la función de la vejiga, la función cardiovascular y la capacidad para sentarse erguido sin apoyo.

Casi todo el mundo creía -manifestó- que las únicas personas que se beneficiarían del tratamiento eran las que habían sufrido lesiones, como mucho, un año antes. Tal era el dogma. Ahora sabemos que tal dogma ha muerto porque todos nuestros pacientes llevaban paralizados más de un año». Edgerton añadiría: «Lo que estamos averiguando indica que el sistema nervioso es mucho más adaptable de lo que pensábamos y puede reaprender y recuperarse de una lesión grave”. Claro que eso ya se sabía: lo demostró Almudena Ramón Cueto logrando años antes que una mujer tetrapléjica se pusiera de pie y un tetrapléjico paralizado durante 12 años recuperara la movilidad de las caderas y de una pierna.

Los otros tres experimentos se basan en implantar quirúrgicamente dispositivos de estimulación epidural de la médula junto a un entrenamiento locomotor. Lo que se hace es aplicar una corriente eléctrica continua -a frecuencias e intensidades variables- en zonas específicas de la médula lumbosacra que es donde se localizan las densas redes neuronales que controlan en gran medida el movimiento de caderas, rodillas, tobillos y dedos de los pies. Algo que se complementa con rehabilitación física y entrenamiento locomotor para entrenar a la médula espinal y ésta “recuerde” cómo caminar, lo que se hace sujetando al paciente mediante un arnés y haciendo que mueva las piernas simulando caminar en una cinta hasta que consiga recuperar movilidad.

Uno de ellos se publicó el 24 septiembre de 2018 en Nature Medicine con el título Neuromodulation of lumbosacral spinal networks enables independent stepping after complete paraplegia (La neuromodulación de las redes espinales lumbosacras permite dar pasos de forma independiente después de un paraplejia completa) y lo dirigieron los investigadores de la Clínica Mayo (EEUU) Kendall H. Lee y Kristin Zhao. Se trata de un trabajo que describe cómo Jered Chinnock, de 29 años y con pérdida completa de funciones de cintura para abajo -tras un accidente en moto de nieve acaecido en 2013- había podido caminar 102 metros con ayuda de un andador de ruedas y la asistencia ocasional de sus entrenadores. Eso sí, tras 43 semanas de entrenamiento y estimulación eléctrica continua. El electrodo se le implantaría quirúrgicamente tras 22 semanas de terapia física en el espacio epidural -la parte más externa del canal espinal- por debajo del área lesionada conectándolo a un generador de pulsos situado bajo la piel del abdomen que se controla inalámbricamente. Chinnock pudo así caminar apoyado en un andador y colocando sus brazos en barras de apoyo laterales. El problema es que cuando la estimulación se acababa volvía a quedar paralizado. “Esto demuestra que las redes neuronales que hay por debajo de la lesión de la médula espinal aún pueden funcionar tras una parálisis”, explicaría el doctor Kendall.

El segundo trabajo lo efectuó un equipo de investigadores de la Universidad de Louisville en Kentucky (EEUU) dirigido por la profesora del Departamento de Cirugía Neurológica y directora científica del UofL Kentucky Spinal Cord Injury Research Center Susan Harkema y se publicó el 27 de septiembre en New England Journal of Medicine con el título Recovery of Over-Ground Walking after Chronic Motor Complete Spinal Cord Injury (Recuperación de la marcha sobre suelo tras una lesión crónica de la médula espinal). Los investigadores trataron a cuatro personas con lesiones traumáticas de columna de entre 2’5 y 3’3 años de antigüedad mediante estimulación epidural de la médula espinal y entrenamiento locomotor en cinta rodante y al final dos de ellos -uno con daño en la región cervical media y otro con daño en la región torácica alta- pudieron «caminar» con dispositivos de asistencia -sobre el suelo, no sobre una cinta rodante- tras 15 y 85 semanas respectivamente. Kelly Thomas -de 23 años- terminó pudiendo caminar con ayuda de un andador por las habitaciones y el patio trasero de su casa. Para Susan Harkema lo logrado «demuestra que años después de una lesión de la médula espinal puede aun lograrse cierta conectividad entre el cerebro y la médula espinal». Algo que igualmente había ya demostrado la Dra Ramón Cueto ¡hacía 3 años!

Cabe agregar que en los dos estudios citados se utilizó un dispositivo comercial de Medtronic diseñado para tratar el dolor mediante el envío de señales eléctricas a la médula espinal.

Y el tercer experimento lo efectuó un equipo del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana coordinado por Grégoire Courtine y se publicó el pasado 31 de octubre en Nature con el título Targeted neurotchnology restores walking in humans with spinal cord injury (La neurotecnología guiada restaura la capacidad de caminar en humanos con lesión de la médula espinal). Se trató de un experimento con tres pacientes con lesiones medulares no completas y diferentes niveles de deterioro motor en las piernas a los que no se aplicó una estimulación continua y global en la médula sino localizada en los pies y justo cuando hacían intención de caminar mediante un programa informático que, imitando las señales eléctricas naturales del cerebro, enviaba los pulsos eléctricos necesarios para facilitar los movimientos. ¿El resultado? Los tres recuperaron cierto control de los músculos de las piernas -paralizados durante muchos años- pudiendo uno de ellos volver a caminar con ayuda de muletas o un andador. El trabajo demuestra que la función neurológica recuperada persistió más allá de las sesiones de entrenamiento, incluso cuando se desactivaba la estimulación eléctrica. Lo más sorprendente es que se logró en poco tiempo ya que según Courtine pudieron caminar –sujetando sus cuerpos con un soporte- tras una sola semana de calibración y mejoró enormemente el control muscular voluntario a los cinco meses de entrenamiento. Dos de ellos terminaron pudiendo caminar solos con muletas -incluso se aventuraron a dar unos pasos sin ayuda- y el tercero –el de peor pronóstico- pudo mover sus piernas estando acostado. 

Y TAMBIÉN SIN DISPOSITIVOS ELECTRÓNICOS

Pues bien, todo esto tiene su raíz en los trabajos del Instituto de Investigación Cerebral de la Universidad de California de Los Ángeles (EEUU) coordinados por el Dr. Edgerton entre cuyos investigadores estaba -¡oh, sorpresa!- la doctora Almudena Ramón Cueto. De hecho participó en varios de los estudios allí efectuados entre 2008 y 2011 centrados precisamente en la estimulación de las fibras nerviosas pero también en la implantación simultánea en la médula de células adultas obtenidas de la glía envolvente del bulbo olfatorio ya que ello permite la regeneración axonal. De hecho está considerada una autoridad internacional en este ámbito pues los primeros trabajos experimentales publicados fueron los suyos. Es más, ha demostrado ya que funciona en cuatro especies de animales, incluidos primates.

En humanos el primero en conseguirlo -en 2014- fue el neurólogo británico Geoffrey Raisman, quizás porque a Almudena Ramón se le impidió seguir con sus investigaciones. Raisman, tras conseguir que un bombero polaco de 40 años llamado Darek Fidyka cuya médula espinal resultó seccionada dejándole paralizado de cintura para abajo volviera a caminar- reconoció que fue el trabajo de la Dra Ramón Cueto lo que impulsó su técnica e hizo posible el milagro. Poco más de dos años después del accidente Raisman inyectaría al bombero en el lugar de la lesión células extraídas de la glía envolvente del bulbo olfatorio -un centenar de microinyecciones- tras injertarle cuatro delgadas tiras de tejido nervioso del tobillo del paciente sobre una brecha de 8 mm a la izquierda de la médula espinal que sirvieron de vía para que las células de la glía volvieran a unir las fibras nerviosas seccionadas desde ambos lados por encima y por debajo de la lesión, utilizando los injertos de tejido nervioso para cerrar la brecha en la médula. Apenas en tres meses Fidyka comenzó a ganar músculo en la pierna izquierda recuperando sensaciones como las del calor y el frío a la vez que empezaba a sentir pinchazos. Al año, tras intensas sesiones de fisioterapia, era ya capaz de caminar apoyándose en unas barras paralelas y luego, tras recuperar la sensibilidad pérdida en ambas piernas, lo haría solo apoyándose en un andador. Hoy conduce su coche. Un éxito ante el que Raisman declararía: «Estamos en el inicio de la reparación de lesiones medulares y otro tipo de lesiones, incluyendo los accidentes cerebrovasculares. No hay razón alguna para creer que si el sistema nervioso puede autorrepararse en el caso de las ratas no vaya a ser así en el del hombre. Se ha abierto la puerta a un futuro enorme”.

Pues bien, al recibir la felicitación de Almudena Ramón por su impresionante éxito Raisman respondería con un email que decía: “Nosotros te reconocemos no solo como la primera sino también como la única que combina la glía envolvente del bulbo olfatorio y las SCW. Las felicitaciones son para usted por su trabajo pionero”. Y es que los trabajos de Almudena Ramón y el grupo de UCLA sobre el denominado Central Pattern Generator -núcleo en el que se encuentran las neuronas motoras lumbares responsables de activar la marcha- son la base incluso de los éxitos conseguidos hoy con los aparatos de estimulación eléctrica. La diferencia es que los investigadores antes citados apostaron por el uso de dispositivos electrónicos -la mayoría implantados quirúrgicamente- que forman parte de la nueva ”línea de negocio” en la que se ha entrado: la Neurotecnología, mientras que la investigadora española ha demostrado que pueden conseguirse excelentes resultados sin necesidad de dispositivo alguno. Según asevera basta una activación fisiológica dirigida a las vías neuronales aun existentes para conseguir la estimulación de los circuitos y que sea la voluntad del propio paciente mediante un trabajo de fisioterapia dirigido a la activación de estos circuitos específicos la que, gracias a la plasticidad neuronal, logre por sí misma una actividad motora «modulable».

Hablamos de un tratamiento que bautizó de hecho como Terapia de Activación Medular que no requiere en bastantes casos de trasplante celular y que en otros más severos podría concluirse con un trasplante autólogo de células adultas de la glía envolvente del bulbo olfatorio. “Lo habitual es que en las lesiones por contusión –explica- queden siempre algunas fibras intactas aunque no sean funcionales. Y si están conectadas pueden activarse mediante pulsos eléctricos. No con dispositivos sino haciendo que sean las fibras sensitivas que entran en la médula por debajo de la lesión las que generen esos pulsos eléctricos. Algo que es posible gracias a la enorme plasticidad del sistema nervioso”.

Se trata en suma de una técnica no invasiva ni necesitada de dispositivos implantados quirúrgicamente que realmente funciona como demostró en 2015 en Valladolid durante una conferencia titulada España, pionera y líder mundial en la recuperación de lesiones medulares en la que ante una audiencia especializada dio cuenta de los casos de tres personas tetrapléjicas que lograron recuperaciones motoras importantes: un niño de 7 años con lesión completa medular crónica de cuatro años y medio, una mujer con lesión subaguda de 8 meses y un varón con lesión medular crónica de 12 años. En los tres casos se obtuvieron mejoras relevantes -inesperadas, sorprendentes y únicas hasta ese momento- de sus funciones motoras y sensitivas. Acreditadas con videos grabados durante los meses de tratamiento y los diagnósticos previos y posteriores. Es más, el estado de los pacientes que trató era mucho peor que el de los casos que hemos comentado al principio de este texto pues presentaban lesiones medulares severas consideradas irrecuperables por sus centros de referencia: el Instituto Guttmann, de Badalona, el Hospital de Parapléjicos de Toledo y el Hospital Virgen de las Nieves de Granada. Además llevaban bastante más tiempo con la lesión medular; en un caso doce años.

Es más, a lo largo de 2018 estaba consiguiendo que con la aplicación de la Terapia de Activación Medular dos personas con lesiones severas comenzaran a experimentar recuperación de sus funciones motoras; siendo especialmente relevante el caso de un niño parapléjico de nacimiento que tras haber realizado rehabilitación en uno de los mejores centros de Alemania sin resultados estaba recuperando el control de esfínteres y movilidad en sus piernas. Hasta el punto de, sentado, dar patadas a una pelota a la orden de la fisioterapeuta, hacer sentadillas, ponerse de pie solo y comenzar a dar los primeros pasos. Y todo ello con unos medios que nada tenían que ver con los de los grandes centros de lesionados medulares del país.

Pues bien, de forma sorprendente e inesperada Almudena Ramón Cueto sería detenida en Valencia durante 48 horas -en mayo de 2018- junto a Eduardo Ruiz -director del Centro de Innovación Médica en Regeneración Medular (CIMERM) en el que ambos trabajaban- en el marco de una investigación policial por posibles delitos de estafa y contra la salud pública. Según se dijo había «engañado» a casi 200 personas prometiéndolas curar sus lesiones medulares, «falsas promesas» por las que se acusó a ambos -sin prueba alguna- de haber obtenido cerca de un millón de euros. Sin embargo en el momento de la detención no había ni afectados ni denuncia de paciente alguno. De hecho ocho meses después siguen sin aparecer los 200 pacientes supuestamente afectados a pesar de los esfuerzos de la Guardia Civil que ha buscado sin éxito entre sus pacientes a quien quisiera denunciar haber sido estafado (lo mismo que otros agentes hicieron por cierto en el Caso Bio-Bac). Como no se sostiene el presunto «delito contra la salud pública» ya que no hay ni ha habido afectados en su salud como terminó reconociendo primero el Ministerio Fiscal y posteriormente el Juzgado de Instrucción nº 14 de Valencia al que correspondió el caso.

UNA PERSECUCIÓN PLANIFICADA

¿Cómo se llegó pues al esperpento de llevar a los tribunales a una doctora en Medicina que recibió por su tesis doctoral el Premio Alberto Rábano, fue Junior Specialist en la Universidad de California, Visiting Faculty en el Miami Project to Cure Paralysis, investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y profesora en la Universidad Autónoma de Madrid que es funcionaria del Cuerpo de Científicos Titulares de Organismos Públicos de Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria del Sistema Nacional de Salud y de los Sistemas Públicos de la Comunidad Europea, consultora honorífica del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid, miembro de la Sociedad Americana de Neurociencia, miembro del Consejo Asesor de nuestra revista y autora de decenas de publicaciones científicas en prestigiosas revistas internacionales de referencia?

Hemos querido averiguarlo y todo comenzó el 28 de abril de 2016 con la inesperada visita a la sede en Elche del Centro de Innovación Médica en Regeneración Medular (CIMERM) del Jefe de Inspección de Industrias Farmacéuticas de la Consejería de Sanidad Valenciana Eliseo Francisco González Abellán a instancias de la Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) al que se le pidió que informara sobre la presunta elaboración en él de «un medicamento de terapia avanzada” no autorizado. Inexistente fármaco que, obviamente, no encontró. Allí lo que había eran simples complementos nutricionales aunque de venta exclusiva en farmacias… y aún así el inspector abrió un acta que daría lugar, en el momento oportuno, a un expediente sancionador. Un año después -concretamente el 27 de abril de 2017- el propio inspector –no la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)– denunció ante la Guardia Civil al CIMERM insistiendo en que en él se usaba “un medicamento no autorizado por las autoridades farmacéuticas que pudiera contener elementos constitutivos de ilícitos penales”. Como cabía esperar la Guardia Civil abrió una investigación con el nombre de Operación Summas y terminó llevando el caso a los tribunales correspondiendo las actuaciones al juzgado nº 14 de Valencia que el 23 de agosto de 2017 lo desestimó sobreseyendo las actuaciones. Según el auto ni se había cometido «ilícito penal alguno» ni existía «el más mínimo indicio de que María Almudena Ramón Cueto y Eduardo Ruiz Zmura, principales investigados, hayan llevado a cabo en esta ciudad una actividad que pueda determinar la existencia de una estafa, máxime cuando no existe en estos momentos ningún tipo de perjudicado».

La Guardia Civil reaccionaría dos veces solicitando nuevas diligencias el 21 de septiembre y el 2 de octubre que le fueron concedidas y tras analizarse lo presentado ni siquiera el Ministerio Fiscal apreció delito alguno por lo que el juzgado ratificó el sobreseimiento. No había indicios ni de estafa ni de delito contra la salud pública. La Guardia Civil volvió a insistir una vez más pero el 2 de noviembre, ante la falta de nuevas pruebas, el juzgado denegó su petición ratificándose en la decisión.

Sin embargo, como resultado de la inspección de abril de 2016 el juzgado nº 14 de Valencia se vio obligado a enviar al Juzgado nº 2 de Elche -el 13 de noviembre de 2017- los  folios 1 al 26 del atestado por hacer referencia a las instalaciones del Hospital IMED de Elche que dicha entidad había cedido al CIMERM

Pues bien, aunque en principio la jueza titular de ese juzgado debió haberse limitado a estudiar la posible infracción sanitaria del Hospital IMED de Elche ¡decidió volver a investigar los delitos ya estudiados y resueltos judicialmente en Valencia! Decisión cuanto menos judicialmente cuestionable que llevó a los abogados del CIMERM a pedir -en mayo de 2018- la nulidad de las actuaciones sin que a comienzos de 2019 haya habido pronunciamiento al respecto. 

¿COINCIDENCIAS, CASUALIDADES O CAUSALIDADES?

¿Qué está pues pasando? Recordemos que no es la primera vez que a Almudena Ramón se le bloquea su trabajo en vísperas de importantes resultados. En junio de 2006 el director del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia, Rubén Moreno Palanqués, ya decidió impedirle la entrada a su lugar de trabajo, después de que en él demostrara que su terapia era eficaz en animales restaurando la actividad neurológica las piernas de un mono –Chiqui- que tenía la médula espinal seccionada. Experimento con múltiples registros y grabaciones efectuadas durante varios días. Algo que nadie en el mundo había conseguido jamás en un trabajo, por cierto, en el que colaboró el investigador Gregoire Courtine antes citado. Testigos de tal éxito serían el Dr. Juan Moliner -Jefe de Neurofisiología Clínica del Hospital Peset de Valencia- y la Dra María Delgado -Jefa de la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital La Fe de Valencia-; como lo fueron la decena y media de profesionales que acudieron a la redacción de Discovery DSALUD a escuchar la ponencia que dio en ella donde pudieron visualizarse algunos de sus videos, los investigadores de la Sociedad Americana de Neurociencia a los que se presentaron los resultados y cerca de un centenar de neurofisiólogos de la Sociedad Española de Neurofisiología Clínica.

Lo grave es que Rubén Moreno no solo impidió la entrada de la doctora al centro sino que Chiqui fue sacrificado sin que a día de hoy se sepa aún qué fue de sus restos. Además el resto de los monos del experimento fueron «secuestrados» e, ignorándose la legislación sobre animales de experimentación, sacados fuera del centro. Una felonía que impidió la publicación de los resultados -aunque quedan los videos-, su presentación en congresos especializados y los testimonios de los testigos. Todo ello mientras ciertas empresas farmacéuticas trabajaban en aquellos momentos en un medicamento patentable elaborado a partir de células gliales modificadas genéticamente.

Cabe añadir que sólo unos meses después -en noviembre de 2006- el gerente del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, Miguel Ángel Carrasco, anunciaba que en dos años estarían en disposición de realizar los primeros ensayos clínicos en humanos para la recuperación de lesiones medulares y que la línea escogida sería la de “la llamada glía envolvente olfatoria» basada en los trabajos del director de la Unidad de Neurología Experimental, Manuel Nieto Sampedro. Estamos en 2019 y de lo anunciado hace doce años no se sabe nada.

Desmantelado el proyecto de Almudena Ramón Cueto y arrinconada para provocar su salida del CSIC el presidente del grupo Zeltia, José María Fernández de Sousa, anunciaría que Neuropharma -más tarde Noscira, filial del Grupo Zeltia– comenzaría en 2010 a investigar en otro laboratorio del CSIC una nueva terapia celular a partir de la que podría obtenerse un “producto inyectable” que, aplicado en una lesión medular, “restableciera” las conexiones medulares y permitiría volver a andar a parapléjicos y tetrapléjicos. Medicamento que iba a generarse a partir de células gliales olfatorias genéticamente modificadas en colaboración con el profesor del CSIC que trabaja en el del Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” de Madrid Jesús Ávila, coautor de una patente “para el desarrollo de líneas celulares clonales de glía envolvente olfatoria con capacidad regeneradora como potencial estrategia terapéutica para los casos de lesiones medulares” cuya titularidad (y posibles beneficios) ostenta el CSIC. Diez años después el medicamento sigue sin existir.

Hecha esta breve introducción queda por intentar entender cuál pudo ser el detonante que hizo que en 2016 un inspector de la Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) iniciase el procedimiento que acabó llevando a los tribunales al centro clínico donde Almudena Ramón Cueto estaba contratada para poder proseguir sus investigaciones una vez tuvo que abandonar el CSIC tras denunciar acoso laboral y cansada ya de las trabas que se ponían a su investigación. Y todo indica que se debió al tratamiento que en el CIMERM recibió un tetrapléjico que tras ser tratado en el Instituto Guttmann de Badalona desde agosto de 2013 hasta mayo de 2014 sin resultado positivo alguno optó por la Terapia de Activación Medular reclamando el coste del tratamiento a su mutua -UMIVALE-, colaboradora de la Seguridad Social. Porque fue esta, en su intento de evitar hacerse cargo del coste, la que en septiembre de 2015 se dirigió a la Agencia Española del Medicamento preguntando por «el trasplante de células de glía envolvente olfatoria” y no por la Terapia de Activación Medular buscando así su intervención. Y también, «casualmente», en agosto de 2015 se dirigió el Instituto Guttmann a la AEMPS a través de la Red Española de Terapia Celular (TERCEL) a la cual pertenece Guttmann.

Un dato importante porque el asunto llegó a los tribunales y el Juzgado de lo Social nº 17 de Valencia dictó el 15 de diciembre de 2016 una sentencia que describe en los hechos probados hasta la diferencia entre la Terapia de Activación y la Terapia de Regeneración. “La TAM (Terapia de Activación Medular) –afirma el juzgado- es una terapia independiente que si bien puede formar parte de la Terapia de Regeneración Medular, dependiendo de las características del paciente y de su lesión medular, también puede utilizarse de forma separada y de modo exclusivo”. El juzgado terminaría decidiendo que UMIVALE debía hacerse cargo de los gastos médicos aunque un fallo posterior de la Audiencia Provincial terminaría dando la razón a la aseguradora.

Como dato igualmente importante es que cuando UMIVALE y TERCEL piden a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios que intervenga, el presidente de la misma y Secretario General de Sanidad y Consumo era el Dr. Rubén Moreno, el exdirector del Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia que terminó con el proyecto de los monos de Almudena Ramón.

¿Va el lector completado el «puzzle» de este caso? Pues vamos a ayudarle agregando que la Red Tercel o Red de Terapia Celular está integrada por tres grupos de investigación y 382 investigadores. Y uno de esos grupos de investigación es el de Neurocel cuyo objetivo es “explorar la idoneidad de combinar estrategias neuroprotectoras y neurorrestauradoras mediadas por células para identificar nuevos enfoques terapéuticos para enfermedades neurodegenerativas” y está compuesto por 11 centros entre los que se halla ¡el Instituto Guttman de Barcelona! Y ya es casualidad que el responsable del programa de medicina regenerativa y terapias avanzadas del mismo, Joan Vidal, anunciara el pasado mes de noviembre de 2018 que una treintena de personas con lesiones medulares cervicales iban a participar próximamente en un ensayo clínico de tratamiento con estimulación eléctrica de la médula espinal..

En pocas palabras: es evidente que se potencia todo lo que permita hacer negocio con la enfermedad, sea com fármacos patentables –que de momento no han dado ningún resultado-, sea con dispositivos médicos comercializables. Y si para lograrlo hay que boicotear avances como los de la Dra Ramón que puedan impedirlo -por trascendentes e importantes que sean- se hace.

Terminamos indicando que quien quiera saber más del trabajo de la doctora Almudena Ramón Cueto, su trayectoria y los problemas que lleva afrontado en los últimos años tiene en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Afirman que los nervios dañados de la médula espinal ¡pueden regenerarse!, ¿Quieren bloquear la investigación sobre la regeneración de la médula espinal?, ¡Una persona con lesión medular completa logra andar! y Almudena Ramón Cueto: “Es posible recuperar funcionalmente a quienes padecen lesiones medulares graves aparecieron en los números 139, 140, 177 y 187 respectivamente.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
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