Los menores de 2 años no deberían ni ver televisión ni exponerse a pantallas digitales

Los niños menores de 2 años no deberían ni ver televisión ni exponerse a las pantallas digitales y los de entre 2 y 5 años hacerlo menos de una hora al día. Tales son las principales conclusiones de un reciente estudio realizado por la Asociación Canadiense de Pediatría que acaba de publicarse con el título Tiempo de pantalla y niños pequeños: promoción de la salud y desarrollo en un mundo digital. Y eso incluye el uso de teléfonos móviles y tablets. Puede afectar muy negativamente a su desarrollo y no solo por estar sometidos a las radiaciones electromagnéticas que reciben, mayor cuanto mayor es el tiempo de exposición.

PANTALLAS BEBES

Muchos padres sonríen al ver la cara de sorpresa de un niño pequeño cuando se le enseña a deslizar con su dedito una imagen en el móvil o en la tablet y más cuando intenta hacer luego lo mismo sin conseguirlo con la imagen de una revista o un libro. Les parece divertido pero ignoran que además de ponerle en peligro por las radiaciones electromagnéticas que reciben sus ojos y cerebro aun en formación incide en su comprensión del mundo y en la interiorización de que determinadas acciones tienen un efecto inmediato y exigen una respuesta rápida. No somos conscientes de ello pero hemos puesto en manos de niños pequeños móviles y tablets sin que se nos haya explicado cuál es el impacto que su uso puede tener a edades tan tempranas. Sobre todo porque la constate multiplicación de dispositivos que usan pantallas digitales está haciendo que el tiempo de exposición a ellas aumente de forma exponencial; muy especialmente a causa de los videojuegos. Un problema al que se añade un hecho preocupante: cada vez hay más pantallas digitales con luces LED a pesar de que existen estudios científicos recientes según los cuales la exposición continuada a ellas ¡puede dañar las células de la retina!, especialmente en el caso de los infantes. Un auténtico problema porque se trata del tipo de iluminación mayoritariamente presente ya en las pantallas de televisión, ordenadores, móviles, smartphones, tabletas, lámparas, faros de coche, luces de freno, semáforos, luces navideñas… Dimos cuenta de ello en el reportaje que apareció en el nº 167 con el título ¡La iluminación LED puede dañar la retina! y puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com.

Algo que a quienes fabrican tales dispositivos les importa poco ya que potencian de muchas maneras su uso por los más pequeños. Tristan Harris, ex gerente de Google, reconocería en una entrevista concedida a la CBS norteamericana que los teléfonos y las aplicaciones están siendo diseñadas de hecho para captar y mantener la atención de los niños. “Se trata de una guerra por la atención -declaró-. No creo que los padres entiendan la complejidad de lo que sus hijos están haciendo. Se plantean algo así como “Bueno, utilizan estas herramientas como nosotros usábamos los primeros teléfonos para hablar de todo” pero es diferente: los teléfonos de la década de los setenta no tenían mil ingenieros rediseñándolos para trabajar con otros teléfonos y luego actualizarlos para ser cada vez más persuasivos”.

¿Y son realmente preocupantes los datos? Pues según los pediatras canadienses sí ya que según explican…

…el estudio TABLET efectuado en Reino Unido ha descubierto que aproximadamente el 51% de los bebés de 6 a 11 meses de edad ¡usa una pantalla táctil diariamente!

…la Active Healthy Kids Canada efectuó un trabajo -se publicó en 2014- según el cual los niños de 3 a 5 años pasan de promedio unas 2 horas diarias en distintos tipos de pantallas.

…el porcentaje del uso de dispositivos móviles entre niños de 2 a 4 años pasó en Estados Unidos del 39% en 2011 al 80% en 2013.

…un estudio realizado en Estados Unidos publicado en 2012 comprobó que los niños de 8 meses a 8 años viven en entornos en los que la televisión está encendida una media de casi 4 horas diarias en un día normal.

El Dr. Dimitri Christakis -del Seattle Children’s Hospital-, uno de los especialistas más reconocidos internacionalmente y autor principal de las pautas de la Academia Americana de Pediatría sobre el uso del «tiempo de pantalla», resume bastante bien el sentir actual de muchos profesionales de la salud: “Como investigador me preocupa el hecho de que estamos inmersos en un experimento descontrolado que puede afectar a la próxima generación de niños. Y si a un padre le preocupa que su adolescente sea adicto a su iPhone debe saber que su bebé es mucho más vulnerable y usa exactamente el mismo dispositivo. Y es más vulnerable porque la experiencia de hacer que algo suceda es mucho más gratificante para ellos”.

Pues bien, tratando de arrojar algo de luz sobre un problema que va a ir en aumento ya que la tecnología y las ventas avanzan más rápido que los estudios sobre su impacto es por lo que la Sociedad Canadiense de Pediatría ha efectuado una búsqueda bibliográfica sobre los efectos de estas pantallas en los niños menores de 5 años.

CEREBRO Y DOPAMINA 

Hablamos de una investigación según la cual entre el nacimiento y los tres años los cerebros humanos se desarrollan rápidamente y son particularmente sensibles a los estímulos del medio ambiente que les rodea dando lugar a la base permanente sobre la cual se construye toda la función cerebral. Para que las redes neuronales del cerebro se desarrollen normalmente durante ese período crítico un niño necesita estímulos específicos de su entorno exterior y son muchos los investigadores que señalan que los proporcionados por las pantallas no interactivas y las aplicaciones interactivas no son los más adecuados en los primeros meses.

Gran parte del problema radica en el hecho de que las tablets y los móviles inteligentes ofrecen decenas de estímulos sonoros y visuales al mismo tiempo a diferencia, por ejemplo, de la madre que lee un cuento a un niño. Porque ese mismo cuento narrado por una tablet o aparato similar aporta ya al niño simultáneamente palabras e imágenes en lugar de tener que tomarse tiempo para procesar lo que le cuenta su madre y visualizarlo internamente en imágenes lo que requiere cierto esfuerzo mental .Por eso los niños a los que se le cuentan historias mediante esos dispositivos se sienten menos motivados. El dispositivo «piensa» por ellos y, como resultado, es normal que su respuesta cognitiva sea más débil.

Además está la dificultad de relacionar mundo real y mundo virtual. “Lo que sabemos sobre los bebés que juegan con iPads -explica el doctor Christakis– es que no transfieren lo que aprenden al mundo real. Si le das a un niño una aplicación para jugar virtualmente a apilar bloques y luego le pones bloques reales delante para que lo hagan en la vida real ¡es como si nunca lo hubieran hecho antes! No es una habilidad transferible. No transfieren el conocimiento de dos dimensiones a tres”. Además la interactividad -aunque no sea debidamente comprendida por el niño- provoca respuestas inmediatas en la pantalla cuando en la vida real no es así. Con cada golpe táctil el niño provoca una respuesta de colores, formas y sonidos respondiendo su cerebro con una descarga de dopamina, neurotransmisor cerebral clave de nuestro sistema de recompensa asociado a sentimientos de placer.

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en San Diego (EEUU) coordinado por la Dra. Kara Bagot que forma parte de un estudio de 300 millones de dólares financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos sobre el desarrollo del cerebro está escaneando cerebros de adolescentes mientras siguen Instagram -aplicación popular en las redes sociales- y sus datos confirman que pasar tiempo delante de esas pantallas estimula la liberación de dopamina. Infiriéndose de ello que cuando un niño se acostumbra demasiado a una respuesta de estímulo inmediata aprende a preferir siempre la interacción ofrecida por una pantalla interactiva; es decir, busca la gratificación inmediata antes que  las conexiones menos satisfactorias del mundo real. ¿La consecuencia? Según Bagot «es más probable que actúe impulsivamente y use las redes sociales de forma compulsiva”.

Cabe añadir que para el desarrollo del lóbulo frontal -el área responsable de decodificar y comprender las interacciones sociales- la etapa más crucial es la primera infancia. Y su desarrollo depende de las interacciones humanas que se establecen en el mundo real. Luego cuanto más tiempo pasa un niño pequeño frente a una pantalla menos dedica a conversar y jugar con maestros y otros niños, a desarrollar sus habilidades empáticas. Y eso puede dar lugar a problemas de integración social que pueden agravarse en el futuro.

Evidentemente cualquier riesgo que pueda derivarse del uso de pantallas puede minimizarse con un adecuado control paterno sobre el tiempo y los contenidos a los que se accede. Y no hacerlo permitiendo un uso inapropiado dar lugar a problemas importantes.

RIESGOS COGNITIVOS Y PSICOSOCIALES

La Sociedad Canadiense de Pediatría recuerda además que la excesiva visualización de televisión así como el uso constante de dispositivos de pantalla con aplicaciones interactivas puede convertirse en una rutina que haga a los niños adquirir comportamientos sedentarios que propicien el sobrepeso y la obesidad.

Y aún hay más: el abuso de la televisión y de tales aparatos puede provocar problemas de sueño, sobre todo en los bebés de 6 meses a 3 años que usan dispositivos con pantalla táctil. El estudio TABLET que se está llevando a cabo en Gran Bretaña señala además que existe una asociación significativa entre la frecuencia del uso de la pantalla táctil y el tiempo que se tarda en dormir, la cantidad de tiempo que se duerme y la necesidad de dormir de día.

El trabajo canadiense agrega por su parte que ver demasiada televisión afecta negativamente al uso y adquisición de lenguaje, a la atención y al desarrollo cognitivo en los menores de 5 años al tiempo que reduce la cantidad y calidad de la interacción entre padres e hijos.

Es más, hay estudios que asocian tal exceso a un menor desarrollo de las habilidades cognitivas, especialmente de la memoria a corto plazo, la facilidad de lectura, las matemáticas tempranas y el desarrollo del lenguaje.

Por lo que al contenido se refiere se afirma que  las imágenes de violencia pueden afectar negativamente a la función cognitiva y que tales efectos pueden ser acumulativos. Agregando: “La incapacidad de los niños pequeños -especialmente de los menores de 2 añospara distinguir la realidad cotidiana de lo que sucede en la pantalla junto a sus esfuerzos por dar sentido a las experiencias de ambos tipos pueden interferir y alterar la función cognitiva”.

El estudio canadiense indica asimismo que existen evidencias sólidas de que los bebés y niños pequeños tienen dificultades para transferir el nuevo aprendizaje desde las representaciones en 2D de las pantallas a los objetos 3D de la vida real por lo que es poco probable que aprendan de las pantallas a esa edad. “En cambio –afirma el trabajo- aprenden intensamente a través de la interacción cara a cara con los padres y cuidadores. El aprendizaje temprano es más fácil, más enriquecedor y más eficiente en el desarrollo cuando se experimenta en vivo, de manera interactiva, en tiempo real y en el espacio, y con personas reales (…) Y los niños menores de 5 años aprenden mejor de las interacciones en vivo e intensas con miembros de la familia y cuidadores. Requieren un juego activo y un tiempo familiar de calidad para desarrollar habilidades esenciales para la vida; como el lenguaje, la autorregulación y el pensamiento creativo. Independientemente de la edad los niños no deberían tener que competir con las pantallas para obtener la atención de los padres”.

En cuanto a su posible impacto en las relaciones sociales existen estudios que ya hablan de problemas de comportamiento. El Dr. Christakis realizó un pequeño trabajo piloto con 15 niños pequeños a los que se dieron tres juguetes: primero una guitarra de plástico, luego un iPad con notas musicales y finalmente un iPad con una aplicación que recompensaba a los niños con luces, colores y sonidos. Pues bien, cuando el investigador pidió a los niños que le devolvieran los juguetes el 66% devolvió sin problemas tanto el juguete tradicional como el iPad que reproducía notas musicales… pero solo lo hizo sin rechistar el 45% en el caso del iPad que provocaba todo tipo de respuestas sonoras y visuales.

El estudio canadiense agrega que cuando los padres permiten a los niños de 1 a 4 años usar con frecuencia sus teléfonos móviles o tablets como recompensa o para que se distraigan se enfadan mucho cuando se los niegan.

Terminamos agregando que en 2016 se publicó en Psychological Medicine el trabajo Prospective associations between televiewing at toddlerhood and later self-reported social impairment at middle school in a Canadian longitudinal cohort born in 1997/1998 (Asociaciones prospectivas entre la televisión en la niñez y el posterior deterioro social en la escuela secundaria. Trabajo canadiense de cohorte longitudinal sobre nacidos en 1997 y 1998 según el cual hay una clara asociación entre la excesiva exposición a la televisión a los 2 años y la victimización, el aislamiento social, la agresión proactiva y las conductas antisociales en la infancia a los 13 años. “Los adolescentes con dificultades para relacionarse -se dice en el trabajo- corren el riesgo de tener a la larga problemas de salud -como depresión y enfermedades cardiometabólicas- y problemas socioeconómicos por bajo rendimiento o desempleo.” 

RECOMENDACIONES FINALES 

El informe de la Academia Canadiense de Pediatría finaliza con una serie de recomendaciones dirigidas a médicos, padres y cuidadores de niños pequeños. Son estas:

1) Hay que reducir el tiempo que pasan los niños viendo televisión o usando dispositivos con pantalla. No debiendo ver televisión ni usarlos los menores de 2 años y limitando el tiempo a menos de una hora diaria a los de 2 a 5 años. Hay además que asegurarse de que no los usen de forma rutinaria, de que no estén presentes durante las comidas, de evitarlos una hora antes de acostarse ya que inhiben la secreción de melatonina y de que no se vuelvan sedentarios. Y,

2) Hay que controlar su uso para reducir los riesgos. Para lo cual conviene estar con ellos mientras los utilizan, buscarles contenidos educativos e interactivos apropiados para su edad y enseñarles a controlarse y estar en calma estableciendo el tiempo máximo que pueden utilizarlos.

Elena Santos

Este reportaje aparece en
223
Febrero 2019
Ver número
Última revista
Último número Julio-Agosto 2020 de la revista mensual Discovery DSalud
239 | Julio-Agosto 2020
Cartas al director Editorial Ver número