Dra. Agnés Palou: «Es innegable que las vacunas son peligrosas»

Que las vacunas son peligrosas a pesar de los continuos desmentidos de quienes las promocionan es bien sabido por nuestros lectores; pues bien, en el nº 215 de Discovery DSALUD que se halla a la venta en kioscos la Dra. Agnes Palou -que trabajó como pediatra hasta su jubilación en el Instituto Catalán de Salud y ha tratado a miles de niños- nos ha contado en primera persona su experiencia. Es más, asevera que a veces es posible contrarrestar los daños causados por ellas asegurando que pudo rescatar así de una silla de ruedas a una niña afectada por la vacuna del virus del papiloma humano. Una interesante entrevista en la que explica cómo se hace.

VACUNAS

La doctora Agnes Palou trabajó como pediatra hasta su jubilación en el Instituto Catalán de Salud aunque sigue atendiendo niños fuera del sistema público; se trata por tanto de una profesional con amplia experiencia. Pues bien, es otro de los médicos que siguen sin entender cómo desde la Administración se sigue aseverando que las vacunas son seguras cuando sus efectos secundarios negativos están constatados. Como tampoco entiende la hostilidad contra la Homeopatía y la persecución de quienes la practican. De hecho asevera que la isoterapia de las vacunas puede contrarrestar a menudo los daños causados por las vacunas farmacológicas asegurando que ello le ha permitido rescatar de una silla de ruedas a una niña afectada por la del virus del papiloma humano.

Después de 40 años tratando a niños y tras jubilarse oficialmente de su puesto en el Instituto Catalán de Salud la doctora Agnés Palou siguer atendiendo en su consulta privada, estudiando e impartiendo charlas, especialmente sobre dos temas que muy pocos de sus colegas conocen bien: el uso pediátrico de la Homeopatía y el problema de las vacunas. Y es que se encuentra entre los médicos que no dudan en criticar el actual sistema de vacunación infantil. En cuanto a sus conocimientos sobre Homeopatía la razón de su defensa es simple: tres años después de conseguir la especialidad pasó una temporada en Francia, país en el que un amigo médico le animó a conocer la disciplina; y aunque dada su formación clásica convencional fue inicialmente reacia a admitir sus posibilidades cambió de opinión en cuanto constató su eficacia. De hecho decidió estudiarla a fondo aprendiendo incluso a elaborar remedios homeopáticos para una posible aplicación en países en vías de desarrollo. Conocimientos que ampliaría años después en España donde obtuvo el título de homeópata en la Universidad de Barcelona, recientemente retirado a causa de la «caza de brujas» emprendida hace un par de años en nuestro país contra la Homeopatía. Motivos más que suficientes para que quisiéramos tener una conversación con ella.

-Los miles de médicos que en Europa utilizan la Homeopatía -45.000 según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)– asisten perplejos a la demonización de esta disciplina en España. Sin embargo hace apenas unos años las universidades españolas impartían cursos y másters sobre ella y la Organización Médica Colegial (OMC) no solo la defendía sino que reclamaba la exclusividad de su ejercicio para los licenciados en Medicina y que se considerase su práctica terapéutica como «acto médico». El actual intento de considerarla una disciplina «no científica» no existía pues cuando usted empezó pero eran entonces muy pocos los médicos convencionales que la practicaban, especialmente en el ámbito pediátrico. ¿Cuál fue su experiencia?

-No tuve problema para compaginar la medicina convencional y la homeopática. Otra cosa es que hubiese pacientes que no quisieran consumir sus remedios porque no confiaban en la Homeopatía y por eso al principio la usaba básicamente para tratar problemas no complejos como la fiebre o los golpes traumáticos. Algo que en casos más complicados no era posible porque la Homeopatía requiere atender al paciente en profundidad y en el sistema sanitario no hay tiempo para dedicar a cada enfermo -de media- más de 10 minutos. Luego, con el tiempo, serían los propios padres los que me pedían que tratara a sus hijos con Homeopatía al saber que sus remedios son eficaces y además inocuos. Y como no había tiempo para hacer eso terminé recomendando a otros médicos homeópatas en los casos complejos.

En fin, la verdad es que pocos de mis colegas sabían bien lo que hacía pero les constaba que yo tenía uno de los gastos médicos más bajos de la provincia de Gerona. ¿Por qué? Pues porque no me limitaba a recetar fármacos sino que trataba a los niños modificando su alimentación y sugiriendo también tratamientos fitoterápicos, con plantas.

-¿Sugiere usted que hacer eso reduce los gastos sanitarios?

-Sin duda alguna.

-¿Y los casos más complejos de niños que otros pediatras tratan con fármacos?

-A aquellos padres que traían a sus hijos a mi consulta una y otra vez con los mismos problemas -alergias, bronquitis, anginas, rinitis, etc.- les acababa aconsejando que acudieran a algún colega homeópata en el ámbito privado. A mí, por lo que antes le he dicho, me resultaba imposible tratarlos así… aun sabiendo. El sistema sanitario público está y ha estado siempre saturado. Ciertamente eso implicaba para muchos padres tener que afrontar el gasto de los médicos privados pero al final lo agradecían ya que sus hijos mejoraban y no tenían que pasarse días y días en la consulta. Y claro, recetaba mucho menos y por eso el gasto en fármacos de mi consulta era menor. No olvidemos, por otra parte, que los remedios homeopáticos son más baratos.

-Con tantos años de práctica pediátrica tendrá usted una enorme experiencia con las vacunas…

-Evidentemente. Cuando yo empecé vi muchos casos de sarampión y rubeola, enfermedades que ahora un pediatra raramente ve. El primer calendario de vacunación infantil estuvo vigente de 1975 a 1979 y sólo se ponían las vacunas de la difteria, el tétanos y la tos ferina a los 3, 5 y 7 meses y la de la polio -que era oral- a los 3, 5, 7, 15 meses, 6 años y 14 años. Incluyéndose en 1978 la del sarampión a los 9 meses y en 1979 la de la rubeola.

Sin embargo a partir de entonces empezó a aumentar el número de vacunas. Cuando en 1981 comencé a poner la triple vírica (sarampión paperas y rubeola) el argumento principal era ¡tratar de impedir las bajas laborales que provocaba el cuidado de los niños enfermos! Poco después empezó a considerarse el sarampión como el «fantasma de los fantasmas» olvidando que las enfermedades infantiles tienen su razón de ser. Y hoy se alarma a la gente diciéndola que el sarampión puede provocar graves complicaciones. Lo que no se le dice en cambio -y está en el prospecto- es que también la vacuna puede ser causa de graves problemas; una encefalitis por ejemplo. Como tampoco se le dice que el sarampión es en realidad una enfermedad benigna. En todos mis años como pediatra no he visto jamás una complicación seria por sarampión.

Es más, las vacunaciones masivas han dado lugar a un grave problema que antes no existía: cuando uno sufre una enfermedad queda inmunizado de por vida; cuando se vacuna no siempre. Y padecer de mayor una de esas enfermedades infantiles es mucho más peligroso.

Además, las mujeres que se vacunaron de niñas y quieren luego quedarse embarazadas cuando ya tienen una cierta edad deben comprobar antes si tienen activos los anticuerpos del sarampión porque en caso de que no lo estuvieran su bebé estaría indefenso los primeros meses ya que durante ellos su inmunidad procede de los anticuerpos que recibe a través de la placenta.

-¿Y cuál ha sido el resultado real de ir aumentando el número de vacunas que se ponen a los bebés y los niños?

-Cuando empecé a trabajar poníamos pocas vacunas y prácticamente no había enfermedades alérgicas, bronquitis, dermatitis atópica o intolerancias alimentarias. Ahora, en cambio, pasa todo lo contrario.

Antes las enfermedades infantiles se superaban con paciencia, pero luego se optó por las vacunaciones masivas y hoy está constatado que el sistema inmunitario de los niños se ha ido trastornando. A mí me parece una barbaridad que a los 2 meses se le inoculen a un bebé 7 microbios infecciosos en el cuerpo -aunque estén inactivados- obligando a su organismo a generar unas defensas que la naturaleza nunca le obligaría a generar. Es completamente antinatural y para el niño supone un gran choque. Un niño jamás contrae al mismo tiempo la polio, el tétanos, la difteria, la tos ferina, la poliomielitis, la gripe y la hepatitis B. Pero desde que se ponen tantas vacunas a la vez son numerosísimos los casos de dermatitis atópica, bronquitis, otitis de repetición, alergias y asma. Hoy es habitual ver a niños que van con el Ventolín a todas partes.

-¿Y sus colegas no son conscientes de tan profundos cambios?

-Quedan pocos pediatras de mi edad en ejercicio que hayan vivido la primera época de las vacunas. Los más jóvenes han vivido siempre con ellas y les parece «normal» la frecuencia de estas patologías cuando no lo es.

-Se asevera que las vacunas han dado lugar a la proliferación de numerosas patologías…

-Y es verdad. El aumento de las vacunas ha ido en paralelo con un gran aumento de problemas y patologías neurológicas. Desde falta de concentración a autismo pasando por la hiperactividad. La vacuna del virus del papiloma humano ha provocado además en algunas niñas graves afectaciones de su sistema nervioso. Personalmente he visto unos cuantos casos y los cuadros clínicos son muy parecidos. Muchas niñas han perdido capacidades cognitivas y otras solo presentan intolerancias alimentarias pero algunas han quedado en sillas de ruedas. Y el asunto es lo suficientemente dramático como para que encima tengan que soportar que en los hospitales haya colegas que las traten como si fueran enfermas mentales. Como es igualmente anómalo que niños sanos se vuelvan autistas hacia los 18 meses de edad, cuando llevan ya muchas dosis de vacunas.

-Llevamos años denunciándolo en la revista así como en distintos organismos -incluidos los judiciales- sin que los médicos, las autoridades, los magistrados, los fiscales y los periodistas de los grandes medios hagan el menor caso. Dice usted que en su consulta da mucha importancia a la alimentación, algo que la mayor parte de sus colegas no valora porque no se estudia en las facultades de Medicina y nadie se lo ha explicado al acabar la carrera. ¿Ha notado que también hayan aumentado los casos de intolerancias alimentarias?

-Sí. De forma exagerada. Estando también en el centro del problema el trigo actual -cuya estructura nada tiene que ver con la de los trigos ancestrales -como la espelta y el kamut- y el abuso de aditivos. El gluten del trigo actual libera zonulinas, proteínas que modulan la permeabilidad de las células de la pared del tubo digestivo separándolas y permitiendo acceder a la sangre a moléculas que no deberían pasar Y cuando eso ocurre hay una reacción del sistema inmune. Es más, creo que muchos casos de asma, alergia, artritis, tiroiditis de Hashimoto y enfermedades autoinmunes se deben al paso constante durante años de productos indeseables a la sangre. Y, claro, luego dile a un adolescente de 12 años que no coma nada que contenga gluten; ni pan, ni bollería, ni pizzas, ni hamburguesas, ni galletas, ni madalenas, ni pasteles… Intolerancias que hace apenas dos décadas no existían. En muchas escuelas de Cataluña ya no se puede llevar al colegio un pastel hecho por la madre pero no se averigua por qué cada vez hay más niños que un día son intolerantes a las avellanas, otro al gluten, otro a la leche. Es rarísimo. 

NO SE TRATA DE CREER SINO DE VER 

Salvo que todos esos productos lleven un mismo componente añadido que sea el responsable. Hemos pasado pues en unas décadas de pocas vacunas y unas cuantas enfermedades comunes a muchas vacunas y enfermedades en aluvión y muy «raras»…

-Así es. Siendo las más llamativas las enfermedades del sistema inmunitario por exacerbación; porque no es normal que el sistema inmune reaccione como si fuera gas mostaza a alérgenos comunes como el polvo o las gramíneas. De hecho pienso -y no soy la única- que este mismo proceso de alteración del sistema inmune puede estar detrás de algunas de las patologías autoinmunes que se desarrollan con el paso de los años. Por eso cuando se me pregunta cómo es posible que haya hoy tantas de estas enfermedades contesto que en gran parte puede deberse a la gran cantidad de vacunas que se administran a los niños.

-¿Cómo reaccionan los pediatras jóvenes al escuchar sus planteamientos?

-Cuando trabajé en el centro de salud éramos tres pediatras, todos mayores. Y aunque yo no les expuse todo lo que ahora le digo los tres estábamos en contra de las vacunaciones masivas. Teníamos claro que se debía al poder de los laboratorios. No hablo sin embargo de ello con los médicos jóvenes porque he comprobado que han asumido con naturalidad y de forma acrítica la política vacunal… entre otras cosas .Salen «formateados» de la universidad.

-¿Ha tenido que polemizar mucho últimamente en defensa de la Homeopatía?

-A mi consulta vienen personas informadas y formadas que conocen y entienden la medicina natural y la Homeopatía así que con ellas no discuto. Y cuando me encuentro con algún médico pro-vacunas o anti-homeopatía guardo silencio. A fin de cuentas su único «argumento» es que ellos «no creen” en «eso». Como si habláramos de religiones y no de disciplinas con siglos de experiencia clínica. Podían responder que no conocen nada de ello, que carecen de experiencia para valorarlas e incluso añadir que les extrañaría que funcionen pero se limitan a decir que «no creen». Como si habláramos de dogmas de fe.

-¿Por qué cree usted que la Organización Médica Colegial ha emprendido una campaña tan agresiva calificando de pseudoterapias o pseudociencias toda medicina o terapia no convencional aun sabiendo que según la OMS las ejercen en Europa 145.000 médicos y 160.000 terapeutas no médicos?

-Lo que está pasando solo se explica si los grandes laboratorios están detrás de la operación. En cuanto a mis colegas es un simple problema de ignorancia. También yo estuve encima del caballo de la negación pero a base de ver los resultados que se obtienen me acabé cayendo y admitiendo la realidad. Las evidencias son irrefutables. Es pues un problema de «creencias». Nos pasa en todos los ámbitos. Y cuando nuestras creencias son muy fuertes y están muy asentadas es difícil cambiar de opinión y posición. De hecho la mayor parte de las veces uno decide «no moverse».

-¿Asume usted que la presencia de aluminio en las vacunas es uno de los principales desencadenante de la respuesta inmunitaria?

-Sí. El aluminio es un metal pesado muy tóxico para el sistema nervioso, máxime para un niño de menos de 3 años. En mi opinión la principal causa de la exacerbación del sistema inmunitario es el gran número de microbios inoculados que se introducen provocando una gran cantidad de anticuerpos, pero es evidente que el aluminio presente en las vacunas, contribuye a distorsionar el sistema nervioso y el inmunitario. Cada vez hay más trastornos del sistema nervioso en los niños: falta de concentración, hiperactividad, autismo… Detectados en niños que nacieron sin esos trastornos. Se buscan todo tipo de justificaciones pero yo creo que se debe a la cantidad de metales pesados que tienen en su interior. 

LA TERAPIA SECUENCIAL 

-Tenemos entendido que usted utiliza un método no convencional eficaz para afrontar los efectos secundarios de las vacunas. ¿Puede hablarnos de ello?

-Claro. Para las patologías post-vacunales sigo la escuela del médico suizo Jean Emilger del que en su momento me habló la doctora Montserrat Palacín. Me compré sus libros, los estudié y empecé a practicar la isoterapia de las vacunas o terapia secuencial. El Dr. Emilger consiguió excelentes resultados en el 100% de las personas -niños y adultos- que trató así pero no se puede comparar el número de vacunas que se aplicaban entonces con las que se ponen ahora. La cantidad de metales pesados y otros adyuvantes que reciben los niños es mucho mayor hoy.

-¿Pero en qué consiste la terapia?

-A grandes rasgos le diré que para Emilger la energía vital está sometida desde el nacimiento a un gran número de impactos físico-energéticos, la mayor parte de los cuales no acarrean consecuencias. Sin embargo hay algunos que dejan serios rastros físicos y energéticos; como los problemas surgidos durante el parto, la sobrevacunación temprana en un sistema inmaduro y la supresión de la inmunidad natural por tratamientos o a consecuencia de la vacunación farmacológica. Pudiendo agravar la situación impactos posteriores como traumatismos, hemorragias, choques psicológicos graves como la pérdida de un ser querido, agresiones, terapias médicas prolongadas o agresivas… Pues bien, el conjunto de todos esos impactos físico-energéticos forma una secuencia temporal específica para cada paciente. Así que el médico, a través de una adecuada anamnesis, puede elaborar el calendario secuencial de todos esos bloqueos a lo largo de la vida. Hecho esto lo que hay que hacer es tratar cada impacto utilizando los remedios apropiados del amplio arsenal homeopático pero en orden cronológico inverso; desde el más reciente hasta el nacimiento. Emilger hablaba de cuatro a ocho consultas por año para acabar obteniendo la recuperación del paciente aunque con los niños el tiempo de recuperación es menor. Se trata además de un tratamiento igualmente útil en las enfermedades crónicas. Y en el caso de otras patologías complementa los tratamientos facilitando la recuperación.

Así se hace en general pero por lo que se refiere a las vacunas el tratamiento consiste simplemente en dar al paciente diferentes diluciones homeopáticas de esa misma vacuna, para prevenir y tratar los posibles efectos secundarios. A ello se le llama Isoterapia. Recordemos que el principio de la Homeopatía es usar lo mismo que te ha hecho daño una vez diluido y dinamizado adecuadamente.

-¿Y elabora usted misma esas «antivacunas»?

-Podría hacerlo pero no es necesario porque actualmente hay en Europa laboratorios que ya tienen homeopatizadas las diluciones de las vacunas que están en el mercado; incluida la de la gripe de cada año. La única que aún no está disponible es la de la meningitis B.

En mi caso yo se las proporciono en la consulta a quienes las necesitan porque me he hecho previamente con ellas para no tener que entrar en el laborioso proceso de andar pidiéndolas en caso de necesidad.

-¿Cómo se aplica?

-Aplico diluciones de la vacuna homeopatizada a la 30, 200, 1000 y 10000 K. Veintiún días después de que el niño haya recibido la última dosis de la vacuna comenzamos la secuencia de las 4 diluciones de la vacuna homeopatizada. Lo ideal para que el tratamiento sea completo es dar con carácter preventivo dos días antes de la primera dosis de la vacuna farmacéutica una dilución a 200 K en gránulos de la vacuna homeopatizada, la misma que utilizaremos al final del ciclo de vacunación de cualquier vacuna, sea la triple vírica, la de la hepatitis B o cualquier otra. Así preparamos el terreno del organismo para la vacuna y sus posibles efectos desagradables.

-¿Y realmente se consigue así revertir problemas generados por las vacunas?

-A menudo sí. Una vez traté un caso muy espectacular; el de una niña con parálisis que era evidente se la había causado la vacuna del virus del papiloma humano. Tras recibir la primera dosis de la vacuna había sufrido «solo» una fuerte tortícolis pero tras la segunda acabó en un silla de ruedas. Cuando la examiné comprobé que tenía además serios problemas de intolerancias alimentarias. Pues bien, a las 24 horas de darle la última dosis de isoterapia -que es la más efectiva- ya pudo levantarse. Pasó de no andar a caminar. Momento a partir del cual la derivé a unos terapeutas de Barcelona que con métodos no convencionales la detectaron una importante intolerancia al gluten, algo que sin embargo negaron en el hospital al que luego fue llevada. Y ahí empezó el problema porque como antes dije es difícil convencer a un adolescente de que no tome gluten si en el propio hospital le dicen que no tiene intolerancia a él.

En otra ocasión atendí a una niña que había perdido muchísimo peso por problemas de intolerancia aparecidos nada más ponerse la vacuna que tras el tratamiento comenzó a recuperarse. Y en otra a un chico que se había vuelto autista y desarrollado comportamientos muy agresivos; su madre me diría que tras el tratamiento había perdido gran parte de su agresividad y eso ya es mucho.

-¿A su juicio cuál es la razón de que las vacunas afecten tan negativamente a unas personas y parezca no afectar a otras?

-Creo que es un problema de predisposición genética; de hecho en los casos de niños autistas que yo conozco a los que se ha realizado la prueba genética se les ha detectado hipersensibilidad tipo IV o reacción alérgica tipo IV al aluminio. Posiblemente cuando se vacunaba menos la acumulación de aluminio o mercurio era inferior y no se desencadenaba el problema. Aún así, si fuera la primera vacuna que reciben en su vida probablemente no llegaría a pasar lo que a algunas jóvenes les ocurre. Lo cierto sin embargo es que cuando reciben la vacuna del papiloma han recibido ya muchísimas otras vacunas antes. Con lo que con choques tan repetidos si además existe predisposición genética y una mala eliminación de metales pesados al final su sistema inmune explota. Lo que en cualquier caso me parece inadmisible es que nadie quiera escuchar a las madres de las niñas afectadas y encima se etiquete a sus hijas de histéricas. Una niña no se vuelve de golpe histérica ni se queda sin poder andar.

-¿Es usted partidaria de vacunar a los niños?

-Se trata de una decisión que deben tomar los padres pero no deberían consentir que se les vacune antes de que el bebé tenga 8 meses -edad a la que debería haber ya tomado suficientemente tiempo el pecho- aunque lo ideal sería que no se hiciera antes de los 3 años. A fin de cuentas su inmunidad no empieza a estar desarrollada hasta los 6 meses. Ahora bien, cuando un bebé recibe su primera vacuna experimenta un gran shock inmunológico por lo que yo propongo darle dos o tres días esa vacuna homeopatizada. Y a las tres semanas de la última dosis darle otra «antivacuna». Y, por supuesto, no vacunarle nunca estando enfermo.

-¿Y la antivacuna es eficaz cuando ha transcurrido mucho tiempo desde la aparición de los efectos secundarios?

-Sí; aunque cuanto más tiempo haya pasado más complicado será conseguir resultados. Con una persona adulta es más difícil porque a lo largo de su vida habrá vivido muchas situaciones estresantes, habrá estado enfermo varias veces y habrá tomado muchos medicamentos por lo que no resulta tan sencillo. Es preciso superar muchos bloqueos. Con los niños es más fácil porque tienen menos.

Emilger sí consiguió éxitos extraordinarios en adultos porque sabía detectar los problemas de toda una vida y los trataba secuencialmente aunque eso supusiera llegar hasta la vacuna de la viruela que le pusieron cuando era niño. Pero es verdad que a principios del siglo pasado no había ni tantas enfermedades ni tanta medicación.

-Siendo así, ¿la isoterapia no podría mejorar las enfermedades autoinmunes en general?

-Es muy difícil porque para ello hay que conseguir equilibrar el organismo eliminando los efectos de todos los tratamientos seguidos a lo largo de los años pero puede intentarse. En cambio a través de tratamientos homeopáticos si puede haber una gran mejoría.

-¿Por qué los médicos no le explican a la población los potenciales efectos negativos de las vacunas?

-Porque oficialmente se consideran muy raros y no se realizan inversiones para investigar sobre ellos.

-¿Y a su juicio han sido realmente las vacunas la causa de la desaparición de las principales enfermedades infantiles contagiosas?

-Se argumenta que es así apoyándose en el hecho real de que enfermedades infantiles como el sarampión, la rubeola o las paperas ya no son comunes pero no hay que ignorar que paralelamente a la vacunación hemos asistido al aumento de otras patologías como dije anteriormente. De todas formas yo pienso que quizás fuera bueno pasarlas. Tampoco olvidemos que otras ya disminuyeron mucho al terminar la II Guerra Mundial y mejorar notablemente las condiciones alimenticias e higiénicas de la población. La verdad es que los trabajos estadísticos nunca son concluyentes.

En Estados Unidos se prohibió durante diez años hacer estudios sobre la posible relación entre el autismo y las vacunas. Y se humilló y vilipendió a quienes así lo denunciaron como acaeció en el conocido caso del doctor Mark Geiger a quien le llegó a retirar la licencia para ejercer su propio colegio médico. Bueno, pues un tribunal acaba de concederle dos millones y medio de dólares de indemnización por los daños y perjuicios que le causó ese ataque.

-¿Y a su juicioqué sería más eficaz: cambiar el actual modelo de vacunas farmacéuticas por el de vacunas homeopatizadas o eliminar las vacunas?

-Entiendo que habría que reducir el número de vacunas e iniciar su administración más tarde aplicando antes y después isoterapia para prevenir y tratar los efectos secundarios. Actualmente no podemos hablar de la existencia de vacunas homeopáticas. Y permítame recordarle que hoy en día generalizar sobre la conveniencia de vacunar o no ha supuesto desgraciadamente que algún médico haya sido acusado de mala praxis en sus colegios médicos por lo que se trata de valorar cada caso en particular.

Hasta aquí la entrevista. Queremos agradecer públicamente que en los tiempos que corren la doctora Agnes Palou haya accedido a hablar de tan polémico tema. No tiene sentido -ni siquiera para quienes creen en la presunta eficacia de las vacunas farmacológicas- inocular simultánea y masivamente a bebés y niños con un sistema inmune sin desarrollar o muy poco desarrollado vacunas que contienen ADN de numerosos microbios infecciosos distintos -aunque sea atenuados- que además llevan los tóxicos coadyuvantes añadidos en las últimas décadas. Como carece de sentido que se lleve a tribunales -judiciales o deontológicos- a quienes se limitan a poner de manifiesto riesgos que están ampliamente documentados en numerosos trabajos publicados en revistas científicas. Especialmente cuando en esta revista -y lo hemos explicado ya muchas veces- no hemos conseguido encontrar en casi 20 años de trabajo un solo estudio científico publicado que demuestre que una vacuna -la que sea- previene realmente una enfermedad -la que sea-. Razón por la que una vez instamos a quienes afirman que sí existen -colegios médicos y autoridades sanitarias incluidas- a que nos hagan llegar esa información.

Antonio F. Muro

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215
Mayo 2018
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